(Advertencia: a efectos de este fic, los personajes son mayores de 16 años)
Marinette apretaba nerviosamente los puños, tratando por todos los medios de ignorar la animada conversación que se desarrollaba a unos pasos de donde ella se encontraba; pero la voz aguda e irritante de Lila lograba colarse de alguna manera en sus oídos, interrumpiendo sus pensamientos. Y el resto de chicas también estaban armando un buen jaleo, entusiasmadas con el cariz que tomaba la conversación.
--Todas habéis escuchado los rumores, ¿verdad? ¡Pues son totalmente ciertos! Chat noir se ha cansado de los rechazos de Ladybug, y recorre los tejados de París en busca de otras gatitas más... cariñosas --afirmó la italiana, en tono confidencial.
--¿De verdad crees que se ha rendido con ella? --cuestionó Rose, frunciendo el ceño.
--Lo sé de buena tinta. Primero, por mi amiga Ladybug; y, desde anoche... También por él.
--¿Has hablado con Chat noir? --se interesó Alya.
--¿Hablar? Oh, querida; hemos hecho más que eso --Lila se apartó el pelo con gesto coqueto, esbozando una sonrisa traviesa.
--¿Qué quieres decir? --preguntó Alix, boquiabierta--. Es decir, ¿quieres decir lo que creo que quieres decir? --farfulló, gesticulando con los brazos.
--Chicas, lo que os estoy contando es totalmente secreto, ¿de acuerdo? --bajó la voz, echando una mirada de reojo a Marinette, que seguía concentrada en su cuaderno.
--No saldrá de aquí, tranquila --afirmó Alya, conspiradora.
--De acuerdo. Pues, desde anoche, soy una de las amantes del héroe de París --aseguró con orgullo--. Él quiere más compromiso, pero yo no estoy interesada. Hemos quedado en mantener una relación libre, y... apasionada --sonrió abiertamente, encantada con la reacción que sus palabras habían provocado en las demás.
Alix agitó las manos, Alya se cubrió la boca, entusiasmada, Juleka asintió con fuerza, y Rose suspiró profundamente, soñando con románticos encuentros clandestinos bajo la luna.
--¡Pero Lila! ¿En serio? --Alix fue la primera en reaccionar--. ¡Tienes que contarnos más cosas! ¿Cómo ocurrió todo? ¿Qué tal...? ¡En fin! ¿Qué tal fue?
--Sisisisisí... ¡Queremos saber! --se unió Alya--. ¿Es buen amante? ¿Era tu primera vez?
--Claro que no es el primero --exclamó Lila con desparpajo--. Y es un amante excepcional. ¡Os aseguro que ese gato galante supo hacerme maullar bien alto!
Marinette cerró el cuaderno de golpe, murmurando por lo bajo. A Lila no le pasó desapercibido su malestar, y elevó el tono, dispuesta a seguir metiendo el dedo en la llaga.
--Tendríais que ver el cuerpazo que tiene bajo ese traje. Y su... --hizo un gesto con las manos para no nombrar la palabra en alto--. ¡Es tan grande que pensé que no me iba a caber!
Marinette resopló, pensando que ya había tenido más que suficiente; toda aquella historia le resultaba tremendamente irritante. Pensar en Chat noir --su Chat noir-- entre las piernas de Lila hacía bullir su sangre. Se levantó con brusquedad dispuesta a alejarse cuanto antes, y no se dio cuenta de que alguien pasaba a su lado justo en ese instante.
--Ouch --se quejó al chocar, mientras Adrien la sujetaba para que no cayese.
--Buenos días, Marinette. ¿Qué les pasa a las chicas? ¿Qué mentiras les está contando Lila esta vez? --susurró junto su oído antes de soltar su brazo.
--Pues no sé si será otra mentira --meneó la cabeza, molesta--. Pero anda presumiendo de que anoche se acostó con Chat noir.
--¿Con Chat noir? --se sobresaltó Adrien, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
Desde luego, eso no se lo esperaba; y no sabía muy bien cómo le hacía sentir. Por un lado, le resultaba en cierto modo halagador que hubiera inventado algo así; además, por los gestos y las risas parecía que estaba dejando por las nubes las habilidades amatorias de su alter ego. ¿Se pondría celosa Ladybug si escuchara un rumor así? Por otro lado, las patrañas continuas de Lila le resultaban insoportables, y más si afectaban a Marinette.
Y la azabache parecía realmente incómoda tras escuchar esta en particular. Recordó, enternecido, cómo se había declarado a su versión heroica. Aunque sabía que había pasado página rápidamente tras su obligado rechazo, aquellos rumores parecían molestarla de verdad. ¿Quizá todavía sentía... algo? Sintió un cosquilleo en el estómago y cierto calor en las mejillas al pensarlo.
--Claro que es mentira --afirmó con seguridad, intentando que la sonrisa de la chica volviera a aflorar.
--¿Tú crees? --lo interrogó con la mirada, y él asintió--. Bueno, supongo que es lo más probable, conociendo los antecedentes de Lila.
--Y también los de Chat noir, ¿no? No creo que las mentirosas traicioneras sean su tipo. No sé si habrá otras chicas en su vida --se encogió de hombros--, pero ella seguro que no.
--Tienes razón. En fin, mientras no sea con Lila, por mí como si ese gato presumido se acuesta con medio París --farfulló a media voz, cruzando los brazos sobre su pecho.
--Claro, ¿por qué debería importarte eso? --no pudo evitar replicar él, con una sonrisa deliberadamente inocente.
--Exacto. Venga, vamos a clase.
Durante la jornada, las historias picantes de Lila continuaron siendo el centro de atención, y Marinette, por más que se esforzara en disimular, parecía cada vez más irritada. Adrien intentó hablarle de otros asuntos para desviar su atención, e incluso en un momento se decidió a colocar la mano en su muslo en un gesto que pretendía resultar tranquilizador, pero que solo consiguió hacer que ella se apartase como si su contacto le quemara, con las mejillas del color de las cerezas. Estaba claro que aquello no podía arreglarlo como Adrien: ¿quizá debería visitarla como Chat noir, y tranquilizarla al respecto?
Esa tarde se le hizo larga. Kagami y su madre estuvieron de visita en la mansión Agreste, y él se ocupó de atender a la joven mientras Tomoe estaba reunida con Gabriel. Hablaron, jugaron un rato de videojuegos, y tocó el piano para ella. Resultaba agradable tener compañía, aunque tenía la impresión de que la japonesa esperaba algo más de él, algo que todavía no se sentía capaz de darle. Esperaba que tuviera paciencia, y que no se hartara pronto de aguardar, porque de momento no deseaba llegar más lejos: se limitó a compartir algunos besos dulces en los labios, y a prometerle que pronto quedarían para salir al cine o a algún lugar divertido, y ella pareció contentarse con eso.
Sin embargo, se descubrió varias veces con la mente en otro sitio, pensando en unos claros ojos azules en lugar de los que lo miraban de frente, bellamente rasgados y de color café. ¿Cómo sabrían los besos de Marinette? Se despidió con cortesía después de la cena, hizo a toda prisa los deberes pendientes, y esperó hasta asegurarse que no había ruido alguno en la casa. Entonces, se transformó y salió a través del amplio ventanal.
Saltó por los tejados hasta llegar a los alrededores de la vivienda de Marinette, sin tener muy claro si la encontraría despierta a una hora tan tardía, maldiciendo internamente no haber tenido tiempo de idear ningún plan, o de inventar una excusa creíble para justificar su visita. Pensó en volverse atrás, pero vio la luz de su cuarto encendida, y su figura recortada entre las sombras, apoyada en la baranda, y se sintió irremediablemente atraído, como una polilla a una lámpara. O, más bien, como un gato a un puntero láser. El caso es que, algunos saltos más tarde, y aún sin una idea clara de lo que le iba a decir, aterrizó a su lado con una reverencia.
--Así que es verdad --dijo ella a modo de recibimiento.
--¿El qué? --preguntó el chico, sin entender a qué se refería.
--Qué recorres los tejados al filo de la medianoche, como un gato sin dueño --Lo señaló con el dedo, entre divertida y acusadora.
--Estaba... --ahora era cuando realmente echaba de menos la excusa adecuada para justificarse--. Estaba comprobando que todo estuviera tranquilo. Y te vi, y pensé en saludarte --se justificó.
--¿Has quedado para patrullar con Ladybug?
--No, he salido solo. No tenemos por qué hacerlo todo juntos, ¿sabes? Somos compañeros, no una pareja --todavía le dolía un poco el corazón al decirlo.
--Entiendo --suspiró ella--. Así que... ¿Hay... otras chicas?
Chat noir la observó, sin saber bien qué decir. No quería hacerle daño, pero tampoco traicionar a Kagami.
--Algo así --reconoció.
Ella se giró, dándole la espalda, y él no pudo evitar recorrer su cuerpo con la mirada. Llevaba un pijama corto y ceñido, blanco con pequeños lunares rosas. El borde de sus braguitas se marcaba bajo la fina tela, pero no había sujetador. Las manos le hormiguearon del súbito deseo que lo asaltó de retirar aquella camiseta de un tirón para dejar sus pechos al descubierto. ¿Qué demonios le estaba pasando? ¡Él no era de esa clase de tipos!
--¿Tienes... amantes? --preguntó ella, mirándolo sobre su hombro.
--Ya sabes, soy un gato muy sexy --bromeó, relamiéndose sin querer al imaginarla a ella entre sus brazos.
--¿Lila Rossi es una de ellas?
--¿Estás loca? No me acercaría a un kilómetro de esa chica, si pudiera evitarlo.
Ella sonrió, y la tensión de su espalda se relajó en parte. Él contempló su nuca, y el perfil de su cuello, fascinado. La brisa traía el aroma dulce de la chica hasta su nariz, y empezaba a costarle pensar. Su cuerpo se movió por voluntad propia hasta alcanzarla. Colocó las manos en su cintura, pegado a ella desde atrás, y la sintió temblar a su contacto.
--¿Te molestaría, princesa? ¿Que hubiera estado con ella? ¿Que tuviera... amantes? --susurró a su oído, haciéndola girar para encararla, y poder ver sus ojos.
Ella jadeó al sentirlo tan cerca, inclinado sobre sus labios. Sus respiraciones se mezclaron, y su mente se desconectó. Sin más, de repente, estaba besándolo, sintiendo su boca cálida, su ávida lengua provocándola sin recato, el sabor embriagador de su saliva. Las garras del chico recorrieron sus costados, haciendo que sus piernas se aflojaran. Rodeó su cuello con los brazos, respondiendo a su desafío con pasión.
Chat noir abandonó sus labios para mordisquear su cuello, mientras amasaba sus pechos sobre la fina tela. Un fuego intenso recorrió el cuerpo de Marinette, que respondía a cada caricia con una entrega inusitada.
El chico se sentía incapaz de detenerse mientras ella siguiera buscándolo, como si su cerebro se hubiera desconectado y su instinto se hubiera hecho con el control. No había dudas ni vergüenza, no sentía culpa: no se planteó si aquello estaba bien o mal. Simplemente se dejó arrastrar por la marea de sensaciones que los envolvía a ambos, embriagado por el placer que descubría junto a Marinette, por el tacto de aquel cuerpo menudo y firme, por la melodía que componían sus suspiros.
Ella gimió al notar las manos del chico colándose bajo su ropa, acariciándola, recorriendola, atreviéndose incluso a tentar su húmeda entrepierna, haciéndola jadear; jamás había sentido nada tan fuerte, tan excitante, y lo peor era que deseaba más. Descubrir el placer que podía darle aquel compañero al que tantas veces rechazó, y al que ahora se rendía sin que él fuera consciente de que al fin la tenía a su merced. ¿Sería para él solo una amante más?
Agobiada de repente por esa idea, apoyó las manos en su pecho para apartarlo, y él se detuvo de inmediato. Ambos se miraron, con las respiraciones agitadas y el deseo brillando en sus ojos.
--Lo siento --dijo él con suavidad--. ¿He ido muy rápido? ¿Estás bien? ¿Quieres que paremos?
Ella bajó la cabeza.
--No has hecho nada malo. Solo es que... No sé si quiero ser una más de tus amantes.
Él ahogó una carcajada.
--¿Una más? ¿De verdad te has creído todo eso? No hay amantes, Marinette. Aunque sí hay una chica en mi vida civil con la que me planteo salir. Pero ni siquiera a ella la he besado de esta manera. Eres la primera chica que... que me ha hecho perder el control.
--¿Nunca has acariciado así una chica? --preguntó Marinette con timidez.
--Nunca he tenido una piel tan suave y deliciosa bajo mis garras; nunca he tocado a otra chica así --aseguró él con seriedad.
--Yo tampoco... Nunca he... --balbuceó ella.
--¿Y quieres que sea conmigo? ¿Quieres que aprendamos juntos?
Ella asintió despacio, lo tomó de la mano y lo condujo al interior de la habitación. Le hizo un gesto para que aguardase, y rebuscó en un cajón hasta encontrar un preservativo --agradeciendo mentalmente a Alya por su previsión-- y se lo tendió, con las mejillas encendidas.
Él lo tomó sin dejar de mirarla, perdido en sus ojos, su rostro, su cuerpo, pensando que era la cosa más linda que había visto jamás.
--¿Quieres... Hasta el final? --musitó, sintiendo que lo atenazaban los nervios.
Ella volvió a asentir. Muy lentamente, con tanta sensualidad como parsimonia, se despojó del pijama, quedando desnuda ante sus ojos. Él la observó con devoción, con ternura, con deseo, sin atreverse a avanzar para no romper el hechizo. Así que Marinette volvió a tomar la iniciativa, tomando las manos del chico y colocándolas sobre sus pechos.
Chat noir se deleitó de nuevo con la suavidad de su piel, que acarició y recorrió a besos y pequeños mordiscos. Ella trató de corresponderle, pero cuando buscó el modo de desabrochar su traje, no fue capaz de encontrar cierre alguno. Lo miró, sorprendida, y él soltó una risilla frustrada al entender lo que aquello implicaba.
--¿Necesitabas alguna prueba más de que este gato no tiene amantes? Por lo que se ve, ni aunque quisiera, podría --bromeó, llevándose la mano a la nuca.
--¿Tienes que destransformarte para... seguir? --Marinette se mordió el labio, expectante.
--No puedo hacer eso --rebatió él--. Confío en ti, claro; pero es demasiado arriesgado. Incluso sin querer, podrías reconocerme.
--¿Te conozco sin la máscara? --se sorprendió ella.
--¿Ves? Ya he hablado de más. Nos hemos visto... alguna vez. No le des más vueltas, por favor. Sería peligroso para ti conocer mi identidad.
--Se te da bien lograr que sea incapaz de pensar. Puedes seguir haciéndolo, si te parece bien --pidió Marinette, coqueta.
Él no se hizo de rogar, acercándose a ella con una medio sonrisa, dispuesto a lograr arrancar nuevos suspiros, jadeos y gemidos de aquellos lindos labios. Se llenó del tacto de su piel, se deleitó con su perfume, se atrevió a explorar sus zonas más sensibles, se embriagó con su sabor. Descubrirla era fascinante: grabó en su memoria cada una de sus reacciones, de sus sonidos, de sus palabras. Simplemente, sintió que, a pesar de su inexperiencia, sabía cómo tocarla para hacerla enloquecer, como si de alguna forma extraña fuera capaz de intuir el recuerdo de cosas que todavía no habían sucedido entre ellos. Sintiéndolo inevitable, tomó lo que le ofrecía, pecando a su lado sin remisión. Y supo que volvería a buscarla una y mil veces.
Marinette luchaba por contener sus gemidos, perdida en una tormenta de placer. Después de que el chico la llevara al éxtasis con sus caricias y sus besos más íntimos, se acurrucó entre sus brazos, agotada y temblorosa.
--Ojalá pudiera devolverte aunque fuera una parte de todo lo que me estás haciendo sentir. ¡Quiero tocarte, quiero besarte, y no puedo! --protestó, frustrada.
--Bueno, puedes besarme --rebatió el chico, buscando su boca.
--No donde yo quiero --dijo ella, deslizando la mano por su torso hasta acariciar su duro miembro.
--Y ahora es cuando maldigo de veras la suerte del gato negro...
--Espera, ¿y si apagamos la luz, y busco algo con lo que vendar mis ojos?
Él dudó, irremediablemente tentado. Y estaba a un pequeño paso de caer en la tentación, cuando los sobresaltó un ruido.
--¡Son mis padres! No pensé que llegaran todavía --corrió a ponerse el pijama, apremiando a Chat para que se levantase.
--Será mejor que me vaya, entonces --dijo él con resignación.
--Vuelve el viernes, ¿de acuerdo? A partir de las nueve. Es cuando van a clases de baile. Tendremos tiempo para los dos --le guiñó un ojo, con una sonrisilla traviesa.
--Cuenta con ello, Marinette --se acercó para darle un último beso.
Salió por la trampilla, y echó un vistazo sobre su hombro antes de marcharse.
--Te echaré de menos, princesa --añadió.
Saltó por los tejados, sintiendo el aire fresco contra su cara y el corazón palpitando a un ritmo totalmente nuevo.
--Marinette... --murmuró para sí, ahogando un suspiro--. Marinette.
