Cuando llegó a la intimidad de su habitación y se destransformó, pudo poner remedio a sus inquietudes más acuciantes. Sin embargo, su cabeza siguió dando vueltas sin parar, sin dejarlo descansar.

¿Qué me pasó? ¿Por qué nunca me había dado cuenta con tanta claridad de lo mucho que me atrae Marinette? No puedo seguir con Kagami después de esto; hablaré con ella. Espero que perdone mi indecisión; nunca he querido hacerle daño. ¡De verdad, lo he intentado! Pero es que, con Marinette, todo fluye, todo encaja... Aunque no tanto cuando trata con Adrien. ¿Y si no le gusto? ¿Podré conquistarla como civil? Pero, además, ¡ella está con Luka! ¿O no? No se acostaría conmigo si lo quisiera a él, ¿verdad? Es todo demasiado complicado

Cuando llegó a clase al día siguiente tenía la mente embotada; apenas había logrado pegar ojo. Al entrar, vio que la imagen era muy parecida a la del día anterior, pero con una diferencia: aunque las chicas reían y cotilleaban alrededor de Lila, entusiasmadas con sus nuevas historias, Marinette, sentada aparte, ya no parecía molesta, sino que lucía una mueca entre sarcástica e indiferente.

Pensó en acercarse a ella y comentarle que se alegraba de que ya no la incomodaran las absurdas invenciones de Lila sobre su aventura con Chat noir. Dio dos pasos hacia delante, y entonces la chica levantó la mirada y le sonrió, provocando que su mente se quedara totalmente en blanco. Un centenar de sensuales imágenes desfilaron en su mente, dejándolo sin habla. Y en lugar de la broma que pensaba hacer, solo brotó de sus labios un balbuceo incoherente, mientras sus mejillas ardían sin querer. A pesar de todo, ella lo miró con aprecio.

--¡Buenos días, Adrien! ¿Estás bien?

--Sí, sí. Muy bien. No tan bien como tú, claro, que estás realmente bien. Pero bien, gracias --calló, sintiéndose tremendamente ridículo.

--Sí, estoy bien --asintió la azabache--. Tienes razón: las historias de Lila no tienen pies ni cabeza. Es una tontería dejar que me afecten.

--Exacto --respondió él, comprobando aliviado que, al menos, era capaz de manejar las palabras de una en una.

Se sentó al lado de su amiga, evitando su mirada. Los recuerdos seguían asaltándolo sin piedad, y cada vez se sentía más acalorado.

--¿De verdad que estás bien, Adrien? Parece que tienes un poco de fiebre.

Su mano, pequeña y fría, se posó en la frente del chico, que la miró con una intensidad que le cortó la respiración. ¿Qué estaba ocurriendo allí?

--Hola, Adrien. Marinette...

Un seco saludo los sacó de su ensimismamiento.

--¡Kagami! Hola. No te esperaba. Parece que me he levantado con un poco de fiebre, y Marinette lo estaba comprobando. Pero creo que estoy mejor.

--Pues espero que no hayas pillado un resfriado.

--Seguro que no va a más.

--Bien, pues yo... --dudó unos segundos, pero decidió continuar aunque estuviera Marinette presente--. Como me escribiste diciendo que querías verme --recalcó-- iba a proponerte quedar el viernes. Antes, me será imposible. Pero he pensado que el viernes podríamos ir al cine después de esgrima, y luego a tomar un zumo. ¿Crees que Gorila podrá acompañarnos?

--¿El viernes? ¿No puedes antes?

--Lo siento, tengo la agenda llena. Aunque me gusta verte impaciente --sonrió, y Marinette perdió la mirada en el suelo.

--No... Sí.. --se aturulló Adrien--. Lo que quiero decir es que el viernes a última hora no voy a poder quedar.

--¿Ah, no?

--No, porque ya quedé. Con Marinette --la señaló con un gesto de la mano, sobresaltándola--. Porque tenemos que terminar un trabajo de clase, ¿sabes? De ciencia.

Marinette asintió con rapidez, al entender que Adrien necesitaba que lo cubriese por algún motivo.

--Lo siento, pero es importante para las notas, y es el único día que pudimos cuadrar --aseguró, mientras el rubio asentía, agradecido.

--Está bien --la japonesa se encogió de hombros--. Nos veremos en la gala benéfica del sábado, entonces.

Se acercó para despedirse de su novio con un beso, que el chico le devolvió sin entusiasmo, y agitó la mano en respuesta al adiós de Marinette. Cuando se alejó, la azabache encaró a Adrien con el ceño fruncido y exclamó:

--¿Acabas de mentirle a Kagami? ¿Qué está ocurriendo aquí?

Él bajó la cabeza.

--Sé que me he portado fatal. Pero tengo que decirle algo que no va a gustarle nada, y me acobardé. Y el viernes...

Se rascó la nuca, avergonzado, entendiendo que no sería adecuado continuar. Pero... realmente necesitaba soltarlo, aunque fuera a ella. Necesitaba su consejo, aunque no podía darle toda la información, ni confesarle que estaba directamente implicada también.

--Realmente he quedado con alguien el viernes --murmuró, completando la frase.

--¿Con otra chica? --se escandalizó Marinette--. ¡Pero Adrien! Nunca te creí capaz de hacer algo así.

--Lo sé. Es horrible, ¿verdad? No sé qué vas a pensar de mí --se tapó la cara con las manos--. Pero realmente necesito consejo.

--Está bien. Podemos saltarnos la clase, si quieres.

--Gracias, Marinette.

--Para eso están los amigos --repitió ella, como tantas veces.

Amigos... --pensó él--. Si supieras lo que hicimos anoche...

La tomó de la mano para conducirla a la zona de taquillas, donde podrían disfrutar de algo más de privacidad, y se arrepintió de inmediato cuando un intenso escalofrío recorrió su cuerpo al tocarla.

--Verás --empezó, cuando ambos se sentaron--. En primer lugar, tengo que confesarte que comencé a interesarme en Kagami intentando olvidar un amor imposible, a una chica que no me ve de la misma manera que yo a ella. Y Kagami es estupenda: es preciosa, y tenemos muchas cosas en común. Así que creí que podría llegar a enamorarme de ella.

--Estáis hechos el uno para el otro --musitó la azabache en tono neutro.

--Eso es lo que ella suele decir. Y yo también llegué a pensarlo. Sin embargo... Me temo que no siento por ella lo que debería. Y eso me hace sentir fatal, porque ella merece mucho más, y sé que mi indecisión la hiere. Y ahora es cuando viene lo peor --tomó aire--: hay otra chica. El otro día nos vimos... Y surgió algo. Y con ella no me costó, ¿sabes? No pensé en mi amor del pasado, y ni siquiera en Kagami. Solo quería más: besarla, acariciarla, tenerlo todo de ella. Y no es solo algo físico, ¿sabes? Creo... Creo que, esta vez, sí que me estoy enamorando. --No se atrevió a mirarla al decirlo.

Marinette sentía un nudo en la garganta, y no sabía qué demonios responder. Primero, le había sorprendido que hubiera un amor no correspondido que olvidar. ¿Él no amaba realmente a Kagami? Y lo de que hubiera una tercera chica misteriosa implicada, una con la que le había sido infiel a su novia, y por la que comenzaba a sentir algo importante, era más de lo que podía soportar. Aunque... Un momento. ¿Cómo juzgarlo, si ella había hecho exactamente lo mismo? Salir con Luka sin olvidar a Adrien, y terminar teniendo sexo con Chat noir. ¡Incluso tenían una cita el viernes!

--Adrien, no sé qué decir. Pero te entiendo, creo. Yo también tengo un amor que dejar atrás, y pensé que Luka era el adecuado para pasar página. Sin embargo, también me corroe la duda. Y también... He besado a otro chico.

Adrien enrojeció hasta las orejas al recordarlo. ¿Solo besado, mi princesa? Creo que no me lo estás contando todo.

--¿Y qué piensas hacer?

--No lo sé --respondió ella--. Así que me temo que no soy la más adecuada para aconsejarte, aunque sí para entenderte.

--Aunque no lo creas, eso me ayuda. Que me comprendas, y me escuches sin juzgarme. Puedo preguntarte... ¿Crees que al final seguirás con Luka, o intentarás algo con el chico nuevo que has conocido? --trató de indagar, ansioso por saber su respuesta.

--No puedo seguir con Luka, no merece algo así. Pero tampoco tengo futuro con el chico nuevo: es imposible --reflexionó un instante, como si cayera en la cuenta de algo--. Aunque nuevo no es la palabra adecuada, quizá; antes de esto, yo lo había rechazado muchas veces.

Ahora fue el turno de Adrien de sorprenderse.

--¿Tú a él?

--Sí. Pero... Es algo muy complicado de explicar. Y no puedo extenderme más, porque implica a otras personas.

--¿Y volverás a quedar con él?

--Eso... Es un secreto --dijo la chica, comenzando a arrepentirse de haber hablado de más.

De repente, Adrien tenía la cabeza hecha un auténtico lío. Según ella, había rechazado muchas veces a Chat noir antes de ceder; pero, que él supiera, había sido Marinette la que se le había confesado, y él quien no había podido corresponderle en ese momento. Realmente, solo había una chica que podría decir eso. Una chica, y quien estuviera detrás de su máscara. Abrió la boca, asombrado. Pero eso... ¡Era imposible!

--¿Milady? --balbuceó.

--¿Cómo has dicho? --se extrañó ella.

--Nada. Que no sé lo que surgirá de todo esto para ninguno de los dos, pero que espero que disfrutes al máximo de tu cita el viernes --le dedicó un guiño y una sonrisa pícara--. Ahora, será mejor que volvamos a clase --aunque dudaba que pudiera concentrarse.

--Espera --Marinette se acercó para mirarlo de cerca, asombrada. Allí había algo que no encajaba, a no ser... ¿Sería acaso posible que...? Él sostuvo su mirada, conteniendo la respiración--. ¿Cómo sabes cuándo quedé... con él?

--Tú me lo dijiste --afirmó Adrien.

--No lo hice.

--Claro que sí: dijiste que volviera el viernes --se acercó más, hablando prácticamente junto a sus labios--. Cuando tus padres estén en clase de baile --susurró.

Marinette abrió los ojos desmesuradamente, incapaz de hablar, y él dudó de repente, llevándose la mano a la nuca.

--A no ser que prefieras no seguir adelante ahora que puedes poner nombre a todos las protagonistas de mi historia --agachó la cabeza, sin atreverse a mirarla.

Ella alzó su barbilla con cuidado, mirándolo con la emoción humedeciendo sus ojos, y lo besó con dulzura, haciendo su corazón saltar.

--¿Estás loco? Claro que quiero seguir adelante. También me gustas mucho con esta ropa, aunque nunca había encontrado valor suficiente para decírtelo. Y, además, parece mucho más fácil de quitar --sonrió al ver su expresión ante aquellas palabras--. Mi gatito. Mi bromista. Mi visitante de media noche. ¿En qué lío nos estamos metiendo? --suspiró, algo preocupada. Todavía tenía mucho que asumir, y había mucho de lo que hablar. Pero no pensaba renunciar a aquella cita.

--No te preocupes. Todo saldrá bien --prometió él, abrazándola--. Todo saldrá bien.

--Por lo pronto, pienso disfrutar al máximo de la cita del viernes. Luego ya habrá tiempo para pensar.

--¿Ves? Al final no era mentira que había quedado contigo.

--Pues ya me contarás qué tipo de lección de ciencia tenías en mente estudiar...

--Hay muchas cosas que me gustaría aprender a tu lado.

--Perfecto; prometo que seré una alumna aplicada.

--Milady...

--¿Humm?

--¿Crees que sería muy grave si usamos el prodigio del conejo para viajar ya hasta el viernes?

--Ni lo pienses, Chaton; ni lo pienses...