Adrien llegó a su casa y se dejó caer sobre la cama, abrumado. ¡Era ella! Al fin había encontrado a Ladybug. Tanto buscar, tanto elucubrar... Y al final resultaba que siempre había estado a su lado. Además, Marinette le correspondía: era todo tan maravilloso que ni siquiera podía creer que fuera verdad.
Una vez lo supo, no le resultó difícil asimilar a las dos chicas que le habían hecho perder la cabeza en una sola. ¿Era posible que su corazón lo hubiera sabido antes incluso de ser consciente? Siempre supo que había algo especial con Marinette, pero ambos se habían empeñado en llamarlo amistad; hasta que la otra noche, un simple beso había bastado para desatar el deseo. Y, ahora, sabía que todo eso no eran más que distintas caras del mismo amor.
Adrien se sentía eufórico; ella, como siempre, se esforzaba en mantener la cabeza más fría. Sin embargo, no podía evitar derretirse entre sus brazos. Y en esos momentos, al chico le parecía encontrarse a las puertas del mismísimo paraíso.
Al final, aquella mañana no se habían atrevido a faltar a más horas de clase, sobre todo para no despertar las sospechas de Lila, pues no dudaban que la italiana aprovecharía cualquier ocasión para malmeter con sus compañeros y chivarse al señor Agreste de que la azabache resultaba una mala influencia para su hijo. Sin embargo, apenas fueron capaces de prestar atención: había demasiadas cosas en las que pensar.
Ambos habían estado de acuerdo en que era necesario aclarar cuanto antes la situación tanto con Kagami como con Luka. Ambos terminarían con sus relaciones, aunque llevarían su amor en el más estricto secreto hasta que fuera el momento adecuado. No lo compartirían, ni siquiera, con sus mejores amigos.
Y, desde luego, tendrían que ser especialmente cuidadosos con el tema de sus identidades como héroes. Por lo pronto, ella le había pedido que no hiciera ningún comentario al respecto a través del móvil. Eso le había parecido sensato, e incluso sencillo, en aquel instante, pero debía confesar que ahora le picaban los dedos de la necesidad de contenerse para no preguntarle las miles de dudas que le surgían al pensar sobre muchos de los momentos que habían compartido. ¿Por qué se le había declarado como Marinette mientras lo rechazaba como Ladybug? ¿Era Luka el chico del que estaba enamorada en aquel entonces? ¿Cómo se las arregló para ser Ladybug y Multimouse al mismo tiempo? ¿Nunca sospechó de él?
Era ya muy tarde cuando renunció a dormir. Llamó a Plagg, que parecía estar esperando con impaciencia a que eso ocurriera, y saltó por los tejados decidido a hacer una nueva visita a su dama.
Como había sospechado, ella tampoco dormía, sino que estaba fuera contemplando las estrellas. En cuanto lo vio ahogó una exclamacion, y lo hizo pasar a toda prisa.
--Gatito, ¿estás seguro de que conoces el significado de la palabra discreción? --rezongó.
Sin embargo, la rapidez de su reacción, el brillo de sus ojos y el rubor de sus mejillas le hicieron pensar que, quizás, se había asomado justamente para esperarlo, sabiendo que no resistiría la tentación de irla a ver. Espoleado por esta idea, y por los recuerdos de su encuentro nocturno anterior, se acercó para acallar sus protestas a besos.
Marinette se dejó mimar, entrelazando sus manos tras la nuca del chico, y disfrutando de la mirada que le dirigió él al notar cómo ese gesto resaltaba sus pechos. Sin embargo, de alguna manera, ella parecía desenvolverse con más timidez que la otra vez.
--Casi no me puedo creer que seas tú --susurró.
--Garras fuera --se limitó a invocar él sin dejar de besarla.
Y, efectivamente, en menos de tres segundos, era Adrien el que degustaba sus labios, y sus manos desnudas las que acariciaban su piel, provocándole una oleada de agradables escalofríos.
--Te quiero --susurró a su oído, terminando de conquistarla una vez más.
--Y yo a ti --respondió ella, aunque había miedo en el fondo de sus ojos.
A Marinette le había costado un buen dolor de cabeza intentar asumir que su compañero gatuno, el bromista desenfadado e impulsivo aficionado a los juegos de palabras, era también su siempre correcto y encantador compañero de clase (y el amor de su vida, para más señas). Y, a decir verdad, si las implicaciones de aquello en cuanto a su pasado habían hecho a su cabeza dar vueltas, eran las que tenían que ver con el futuro las que le producían mayor desasosiego.
Adrien acarició su mejilla con ternura.
--¿Qué te preocupa, Milady? Recuerda que ya no tiene por qué haber secretos entre nosotros, ni tienes que cargar todo ese peso tú sola sobre tus hombros.
--Tienes razón --suspiró ella, apoyándose en su pecho.
Se pensó un instante cómo plantearlo todo, mientras él dibujaba caminos en su espalda, relajándola.
Tomó aire, lo miró a los ojos, y se dispuso a desnudar su corazón.
--Como Marinette y Adrien me preocupan las cosas normales: no deseo que Kagami y Luka sufran...
--Bueno, por mi parte, tengo algunas novedades sobre eso. A pesar de que le dije que me parecía más conveniente que nos viéramos frente a frente, ella ha preferido aclarar las cosas por mensaje.
Tomó su teléfono móvil del bolsillo trasero de su pantalón, dispuesto a mostrarle los textos que habían intercambiado.
--Pero Adrien, esa conversación es entre vosotros dos, y es privada. ¿Seguro que quieres que la lea? ¿A ella no le molestará?
--No creo.
Marinette se asomó a la pantalla, curiosa.
A- Había pensado en vernos un rato antes de la gala del sábado. Me gustaría que habláramos, y pudiéramos aclarar unas cuantas cosas entre los dos.
K- Pues no esperes al sábado; dispara ya. Creo que intuyo lo que me vas a decir, y, sinceramente, prefiero arreglarlo cuanto antes.
K- Y me parece que este medio es igual de bueno que cualquier otro.
A- Como veas. No me gustaría que hubiera malentendidos, y a través de mensajes se pierde información.
K- Por mi parte, me comprometo a ser clara y directa. Y tampoco es como si tú fueras un experto interpretando lo que tienes justo frente a tus narices.
Marinette entrecerró los ojos, molesta. No andaba falta de razón, pero no le parecía necesario ser tan brusca.
A- Ouch.
K- ️ Es así.
K- ¿Vas a cortar conmigo?
A- Sigo sin estar seguro de lo nuestro. Y no querría hacerte daño por nada del mundo, pero debo ser sincero, o será peor.
K- Así que todavía estás enamorado de ella.
A- Así es. Pensé que podría pasar página, pero en realidad no deseo hacerlo. Lo siento de verdad.
K- Tú sabrás lo que haces. Eres libre de tropezar con la misma piedra cuantas veces desees; yo no pienso insistir en que cambies de objetivo, ni voy a esperarte más.
A- Lo siento. Eres una chica estupenda, Kagami.
K- Ya. En fin, supongo que esto era una posibilidad. Te agradezco que hayas sido sincero, y te deseo suerte.
K- Aunque ella ya parece haber elegido: se hizo a un lado para dejarnos a solas, y se le ve bien con él.
K- Pero está claro que a veces el corazón no atiende a razones lógicas.
A- Exacto. Lo lamento.
K- No te preocupes, no te guardo rencor. Así que, quieres dejar de disculparte en cada frase, por favor?
A- Sí; lo s... Oh.
Marinette le devolvió el teléfono, y él le dedicó una sonrisa de circunstancias.
--¿Ves? No creo que Kagami vaya a sufrir demasiado por nuestra ruptura. Es una chica fuerte y decidida; no la imagino llorando por mí.
--Apuesto a qué le importa más de lo que quiere aparentar --replicó ella con suavidad--. ¿Y qué es todo eso de tropezar con las misma piedra, y de no querer... Olvidarme?
--Verás, la primera vez que me acerqué a Kagami fue después de uno de tus rechazos. Como Ladybug, quiero decir. Estaba muy deprimido, y me desahogué con ella. Como no podía aclararle por quién sufría, supongo que asumió que se trataba de ti --sonrió con tristeza--. Al final, va a ser verdad lo de que a ella se le da bastante mejor que a mí ver lo que tiene frente a su nariz.
Marinette asintió despacio.
--Era difícil imaginarlo. Yo tampoco fui capaz.
--Eso me consuela, dado que eres una de las personas más inteligentes que conozco --eso era cierto, y además le encantaba verla enrojecer cuando le dedicaba algún piropo.
--Yo también he hablado con Luka. He ido a verlo esta tarde.
Adrien se tensó involuntariamente al escucharlo. No lo admitiría ni en cien años, pero la posibilidad de que hubiera habido besos en aquella despedida le hacía sentir algo celoso.
--Y, ¿cómo fue?
--Bien, supongo. Luka sabía de mis dudas, y de mis sentimientos por ti. ¿Sabes lo que decía el maestro Fu sobre aceptar las renuncias como parte de la vida? Pues creo que él es capaz. Estaba triste, claro; pero ha entendido mis razones, y me ha dado su apoyo. Como siempre --susurró.
--Luka es un gran tipo.
--Lo es.
--No estarás celoso, ¿verdad?
--¿Un... poquitín?
--¡Pero si el amor de mi vida eres tú, y siempre has sido tú!
--¿No me rechazabas por Luka?
--¡Te rechazaba por... Adrien! Osea, a ti, por ti mismo.
El chico exhaló un suspiro, sintiendo sus celos desvanecerse. Meneó la cabeza; era una situación tan estrambótica --ambos rechazándose mutuamente por ser fieles al alter ego del otro-- que casi resultaba divertida.
--Hemos sido un par de ciegos, ¿eh?
La abrazó con fuerza. La sensación de estrechar su cuerpo entre sus brazos, de acariciar su cabello, de notar los latidos de sus corazones resonando al compás, le parecía increíble hasta el punto de no comprender cómo había sido capaz de sobrevivir hasta ahora sin ella.
--También me preocupa lo que dirá tu padre cuando sepa que salimos --añadió Marinette en un susurro.
--No me importa --respondió él, sin soltarla--. Osea, creo que mi padre tiene buena opinión de ti, y sin duda tenéis temas comunes de los que hablar; así que no creo que ponga problemas por que salgamos, siempre que nos ajustemos a sus horarios, y que mi rendimiento no baje. A lo que me refiero es a que esto no es negociable: siempre me he esforzado por cumplir sus expectativas, pero en esto el que decide soy yo. Espero que lo acepte y nos apoye, pero si no, pelearé lo que haga falta. No voy a renunciar a ti.
--Valoro mucho que digas eso. Pero preferiría tomarlo con calma, ¿sabes? Mantener el secreto por ahora también con él.
--Como prefieras, princesa. Pero ten por seguro que jamás permitiría que nos separase.
Lo dijo muy serio. Sabía que su padre podía ser tremendamente controlador, e intimidante, y quería transmitirle seguridad a Marinette: realmente, estaba dispuesto a llegar hasta donde hiciera falta para defender la relación que estaban iniciando. Pero también comprendía que todo sería más sencillo si aguardaban al momento adecuado para planteárselo a Gabriel Agreste.
--Y luego... --continuó la chica-- están mis preocupaciones como Ladybug. Y aquí es donde la cosa se complica realmente.
--Entiendo que estés preocupada, aunque ya sabes que yo siempre he sido partidario de conocer nuestras identidades. Estoy seguro de que sabremos convertir todo esto en una ventaja, bichito; y seremos extremadamente cuidadosos para sortear los posibles riesgos.
Ella meditó un instante. El maestro Fu le había dado mucha importancia a la necesidad de guardar el secreto, pero él ya no estaba. No había sido algo voluntario, pero había ocurrido; y había resultado además una maravillosa sorpresa. Realmente, necesitaba apoyarse en él: era demasiada carga para sus hombros. Y, visto en perspectiva, no conocer sus identidades también los había puesto en algunas situaciones complicadas. Por ejemplo, cuando se habían empeñado en proteger a su versión civil mientras esperaban la llegada de su compañero heroico. O cuando había ofrecido a Adrien el prodigio de la serpiente, sin saber que eso implicaba renunciar a la presencia de Chat noir. Tomó aire antes de continuar.
--Verás, hay algunas cosas que sabes, pero también hay otras que no te he contado aún. Cosas... preocupantes. Incluso diría que aterradoras --bajó la voz.
--Te escucho.
--He pensado mucho en el maestro Fu y en su sacrificio, ¿sabes? En cómo tuvo que renunciar al amor durante casi toda su vida para no poner en peligro a Marianne...
--Pero nosotros somos Ladybug y Chat noir; ya estamos en peligro. Podremos protegernos mejor juntos que por separado.
--Espero que tengas razón --suspiró--. Pero... ¿Has pensado que, cuando todo acabe y renuncie a mi papel como guardiana, perderé la memoria también? No recordaré nada de esto; ¡te olvidaré también a ti! --sollozó.
Él la acarició con ternura, tratando de confortarla a pesar de que esa idea hacía que se le encogiera el corazón. Pensó con rapidez, buscando argumentos para conjurar esa angustia.
--No lo olvidarás todo: solo lo relacionado con nuestro papel de héroes. Y yo pienso formar parte de todas las facetas de tu vida, ¿sabes? Además, todavía faltan al menos cien años para que eso ocurra. Y yo estaré a tu lado para ayudarte a recordar lo necesario.
--¿Harás eso por mí?
--¡Por supuesto! Es más, ya sé lo que voy a hacer --aseguró, con una sonrisa pícara--: te contaré las cosas a mi manera.
--¿A tu manera?
--¡Exacto! Aprovecharé para narrar la historia como debería haber sido.
Ella alzó una ceja, interrogante, mientras la sonrisa de Adrien se hacía cada vez más amplia.
--Pues eso: te contaré cómo te enamoraste locamente de mí desde la primera vez que me viste con mi súper-sexy traje gatuno. Todas las veces que insististe en conquistar mi corazón, a pesar de que yo te rechazaba una y otra vez...
--¡No te atreverás! --interrumpió ella.
--...Convencido de que no podía haber hueco en mi corazón más que para mi amada, la dulcísima y tierna Marinette --continuó sin prestarle atención, hasta que la chica estampó la almohada en su cara, dispuesta a hacerlo callar.
Él se defendió, riendo, hasta que pudo atraparla contra el colchón y comérsela a besos. Sus manos se deslizaron, intrépidas, por su cuerpo. Cuando se miraron, con las respiraciones agitadas, él hizo lo posible por recuperar la seriedad.
--No temas, Milady. Te contaré la verdad. Pero recuerda que aún falta un siglo para tener que preocuparnos por eso.
Marinette buscó de nuevo sus labios, enternecida. Resultaba extraño ver a Adrien en el papel bromista y desenfadado de Chat, y también en el de seductor descarado, se dijo al notar cómo había bajado las manos hasta su trasero. Pero le quedaba bien. Era extraordinario poder compartir aquella confianza, ser plenamente ellos el uno frente al otro, hablar con libertad de todos sus temores. Aunque todavía quedaba el más duro por plantear.
Se dejó arrastrar por los besos y caricias todavía un rato más, hasta que reunió voluntad para continuar hablando. Él asintió despacio cuando la notó preparada, con los ojos clavados en los suyos, alentándola.
--Y supongo que ahora es cuando me cuentas lo peor.
--Verás, hace un tiempo Bunnix vino a buscarme desde el futuro, porque al parecer algo de lo que había ocurrido durante ese día desembocaría en un verdadero desastre más adelante --comenzó ella--. Tuve que acompañarla hasta allí, y la línea de tiempo alternativa que me mostró... Era realmente terrible --se estremeció al recordarlo.
--¿Tan, tan terrible?
--Más. Puedes creerme.
--¿Había vencido Lepidóptero?
--Lepidóptero estaba muerto. Él, y muchísimos parisinos más. La palabra que mejor lo describe es... apocalipsis.
--¿Qué ocurrió? --se alarmó él--. Si Lepidóptero había muerto, ¿quién hizo todo eso?
Ella bajó la cabeza, dudando sobre qué decir.
--Un akumatizado. Uno con un poder brutal.
--Intuyo que no me lo estás contando todo, princesa --levantó su barbilla para que volviera a mirarlo, pero ella no fue capaz.
--No sé si quiero hablar de ello.
--Como prefieras, Marinette. Estaré a tu lado cuando te sientas preparada. Pero me gustaría poder compartir esa carga contigo.
--Eras tú, Adrien; o, más bien, Chat blanc --barbotó ella, angustiada--. No sé qué ocurrió para que pudiera akumatizarte, ni para que perdieras así el control --dijo, con lágrimas en los ojos y un temblor incontenible en la voz--. Solo sé dos cosas: que conocías mi identidad, y que me dijiste que fue nuestro amor el causante de aquella tragedia. Que fue nuestro amor el que destruyó el mundo.
Él la abrazó con todas sus fuerzas, impactado por aquella revelación. Un sinfín de preguntas se acumulaban en su mente, aunque aquella melodía que su madre le cantaba para espantar las pesadillas se sobrepuso de repente a todo lo demás, impidiéndole pensar con claridad. "Un gatito en el tejado..." Tuvo que contenerse para no tararearla.
--Ey, vamos... Pudiste solucionarlo todo, ¿no? Eso jamás va a pasar.
--Fue muy duro verte así, Adrien --sus hombros se agitaron, mientras suaves sollozos escapaban de su garganta.
--Shhhh, vamos... Ya está todo bien, ¿verdad? Tú me vencistes, como siempre haces; y espero que me patearas el culo tan fuerte como sin duda merecía. Y luego, tu maravillosa magia reparó todo. --Una sombra cruzó por su rostro, y murmuró, preocupado--: No te hice daño, ¿verdad? Por favor, dime que no te hice daño --suplicó.
--Lo importante es que todo terminó bien --evadió la pregunta, sin mirarlo de frente.
--Por favor. Necesito saberlo --rogó.
--Adrien, la Ladybug de esa línea temporal también cayó. Por eso fue necesario que interviniera Bunnix: para cambiar las cosas desde el pasado.
Adrien cerró los ojos tratando de contener las lágrimas. Aquella idea lo destrozaba por dentro; jamás habría podido imaginar un destino tan cruel. Una condena eterna en garras de la oscuridad, enloquecido por la culpa, sabiendo que la mujer a la que amaba había perecido por su culpa. La única que lo podía salvar.
--No fallaremos, cariño. Eso nunca pasará --trató de recomponerse él tras unos segundos interminables de silencio espeso, casi sólido.
--Lo sé. No podemos permitírnoslo.
Adrien la estrechó entre sus brazos y acarició su cabello con dulzura, sintiendo como sus fuerzas flaqueaban. Le dolía intensamente el pecho al imaginar aquel terrible escenario, y la culpa desbordaba, devastadora. ¿Cómo... Cómo había podido ser capaz de hacer algo así?
--¿Podrás perdonarme? --preguntó, con la voz rota.
--No hay nada que perdonar --aseguró ella--. Todo eso no llegó a pasar, y no dejaremos que pase jamás. Solo... No dejes de abrazarme, ¿de acuerdo?
Él asintió con fuerza, con un nudo atenazando su garganta. Toda aquella conversación le había hecho entender muchas cosas; pero ella... Ella lo había vivido, lo había visto con sus propios ojos, se había enfrentado al horror, y lo había salvado. Los había salvado a ambos. Y estaba entre sus brazos, a pesar del miedo. Confiaba en él, y había compartido su carga, tal y como le había pedido.
Se besaron con desesperación, dejando que las lágrimas de ambos se mezclaran.
--Perdóname, mi amor. Perdóname por todo. Y gracias por confiar en mí; te prometo que estaré a la altura.
Poco después, la voz de Sabine pidiendo a su hija que apagara ya la luz les recordó que había llegado el momento de despedirse.
--Qué ganas tengo de que llegue el viernes y podamos estar un buen rato juntos, a solas y sin interrupciones --resopló Marinette.
Adrien, ya transformado en Chat noir, acarició su mejilla mientras asentía, todavía luchando por recuperar la sonrisa.
--Yo también, princesa. Adoro estar contigo, poder hablar, compartir todo lo que hasta ahora no hemos podido...
--Gatito, yo creo que hoy ya hemos hablado suficiente. Lo que yo quiero... --se acercó a escasos milímetros de su boca--. Lo que yo quiero es que el viernes... hagamos el amor.
Le dio un corto beso de despedida y se giró, dejándolo con la miel en los labios y el corazón desbocado.
Porque ambos eran héroes, y cargaban sobre sus espaldas una enorme responsabilidad. Pero también eran dos jóvenes enamorados descubriendo el mundo de la mano.
