Adrien estaba, definitivamente, nervioso. Durante las mañanas, en clase, tener a Marinette tan cerca y no poderla tocar se le antojaba una auténtica tortura. Además, algunas miradas suspicaces por parte de Alya le hacían sospechar que el éxito alcanzado en su propósito de disimular sus sentimientos hacia su compañera no era, ni mucho menos, total.

Sentía con claridad su presencia tras él; la escuchó reír con disimulo de alguna broma de su mejor amiga, y una multitud de escalofríos recorrieron su espalda. La noche anterior no había aguantado más la tentación, y le había hecho una visita furtiva al filo de la medianoche, cuando ya todos dormían; y el recuerdo de aquel precioso cuerpo estremeciéndose entre sus brazos, del tacto sedoso de su piel bajo sus labios, de su sonrisa perversa cuando había comenzado a acariciar su torso, y luego su mano había descendido un poco más... Uf, desencadenaba toda una tormenta de de sensaciones y anhelos en su interior.

Consciente de que sus mejillas ardían, trató de desviar el hilo de sus pensamientos. Llevaba toda la semana aguardando con impaciencia a que llegara el viernes, y con él su cita "especial", y ahora el viernes había llegado y comenzaban a atenazarle los nervios. Debería llevarle flores, ¿verdad? ¿Y dónde podría conseguirlas, si estaría acompañado por el gorila y Nathalie hasta la tarde, y no tenía a nadie en quien poder delegar algo así? Pasó las manos por su cabello, resoplando con frustración. Quería que aquel momento fuera perfecto para los dos; y no tenía muy claro cómo lograrlo con los recursos de los que disponía. Aunque, hasta el momento, no habían necesitado ningún elemento externo para que todo fuera perfecto: solo ellos dos, dejándose llevar en ocasiones por su lado más dulce, y en otras por el más salvaje.

Solo esperaba que a Lepidóptero no se le ocurriera interrumpir su cita con una nueva akumatización. La semana había sido, en general, tranquila: apenas se habían tenido que enfrentar a la demonización rutinaria del sr. Ranvier el miércoles, y resolver el jueves un corto enfrentamiento con SadLover, un chaval que había discutido con su pareja por un simple malentendido, y que había entregado la fotografía donde se había colado el akuma sin apenas oponer resistencia en cuanto su chico lo perdonó, enternecido porque que aquel pequeño disgusto lo hubiera convertido en villano "por amor". Había gente que tenía ideas curiosas sobre el romanticismo...

Él estaba convencido de que aquellos enfrentamientos cortos y sencillos les habían venido bien como piedra de toque antes de tener que afrontar retos más complicados: por ahora, se habían desenvuelto con seguridad en la pelea, manteniendo la profesionalidad, sin que el hecho de conocer sus identidades y haber profundizado su relación sentimental hubiera supuesto cambios notables en su dinámica como equipo. Eso lo había tranquilizado, y sabía que a ella también.

No le había costado demasiado contener sus sentimientos en aquel contexto; después de todo, llevaba mucho tiempo haciendo precisamente eso cada vez que se encontraban tras los antifaces. Desde que había comenzado a salir con Kagami, se había asegurado de mantener cuidadosamente las distancias. Y ahora que debía hacerlo precisamente por el motivo contrario, por no dar pistas a Lepidóptero sobre su floreciente amor, no se le hacía tan cuesta arriba.

Pero lo de coincidir con ella en clase era harina de otro costal. Y a pesar de que trataba de consolarse pensando en que aquella misma noche la tendría para él solo, aquella idea no hacía más que contribuir a que su corazón se desbocara cada vez que sentía la presencia de la chica en las cercanías.

Escuchó cierto revuelo entre sus compañeros, y trató de concentrarse en lo que estaba diciendo la señorita Bustier. Ah, sí; tocaba aquel ejercicio que tanto le gustaba, que consistía en decir algo agradable sobre un compañero. ¿Por qué tanto alboroto? Escuchó a Marinette resoplar a su espalda, mientras se levantaba para dirigirse al frente de la clase junto con la pareja que le había tocado. Que no era otra que Lila Rossi.

La azabache tomó la palabra en primer lugar, como si deseara que el trago pasara lo más rápido posible.

--Lila, hoy me gustaría felicitarte por tu extraordinaria creatividad, y tu capacidad de contar historias que dejan a todo el mundo con la boca abierta --sonrió sin mucho humor.

Vaya, eso no había estado mal: se las había arreglado para decir algo positivo, pero al menos los tres implicados sabían que se refería a las mentiras que había estado esparciendo sobre su supuesto romance con Chat noir.

La italiana no tardó en responder, con su habitual sonrisa falsa.

--Marinette, hoy me gustaría destacar de ti que, pese al mal momento que sabemos que debes de estar pasando, nunca hayas perdido el buen humor --miró de soslayo a Juleka--. Desde luego, tu entereza es admirable.

Adrien apretó los puños, entendiendo la velada acusación que le hacía al dar a entender que su ruptura con Luka no le había afectado lo suficiente. Cuando ella pasó a su lado para volver a ocupar su asiento, alargó su mano para rozar la de la chica en un intento por confortarla y mostrarle su apoyo, pero la retiró con presteza al ver que Lila observaba su gesto con el ceño ligeramente fruncido.

Desde luego, Lila estaba desconcertada. Había observado con satisfacción lo molesta que parecía Marinette al escuchar sus historias sobre Chat noir, y se había lanzado a explotar aquel filón con entusiasmo, convencida de que había dado con un punto débil de su rival, aunque sin entender muy bien el motivo. Sin embargo, de un día para otro, todo parecía haber cambiado: su rival ya no se alteraba por mucho que ella adornara el relato de sus apasionados encuentros con el héroe de París, y se la veía más segura y relajada, como si incluso cuando la sonrisa no llegaba a aflorar a sus labios permaneciera brillando en su interior. Parecía... ¿Enamorada?

Aquello le resultaba extraño. El lunes había estado a punto de lograr hacerla estallar, el martes ya nada parecía afectarla, y a partir de ahí, a pesar de haber roto con su novio, parecía más segura que nunca. Para colmo, Adrien no dejaba de mirarla con adoración, e incluso juraría que lo había visto sonrojarse al hablar con ella. Había estado atenta a aquel cambio por si podía significar algo que pudiera usar en su beneficio, y se había sorprendido al comprobar que Marinette ya no tartamudeaba en presencia del rubio, a pesar de que las atenciones del chico para con ella parecían haberse multiplicado. Y ahora lo había visto tratar de rozar su mano al pasar, sin que ella hubiera organizado ninguno de sus numeritos habituales de emocionada torpeza al sentirlo.

En resumen: Marinette destilaba una nueva seguridad en sí misma, y su actitud con Adrien había cambiado hacia una confianza más madura justo cuando él parecía comenzar a buscarla con mayor insistencia, aunque manteniendo la discreción. Por otra parte, sus mentiras sobre Chat, que tanto la alteraron el primer día, ahora la hacían sonreír con sorna antes de perderse en sus propias ensoñaciones. Y el pobre Luka, con el que acababa de romper, ni siquiera parecía jugar un papel determinante en todo aquel cambio. Tendría que estar atenta, muy atenta; pues la posibilidad que venía a su mente era, quizás, demasiado increíble. Por lo pronto, necesitaba ver cómo interactuaban Marinette y Chat noir. Y creía saber cómo conseguirlo.

En el receso de clases se acercó a Juleka y Rose.

--¡Hola, chicas! Juleka, ¿cómo está tu hermano?

--¿Luka? Bien. ¿Por qué lo preguntas? --murmuró la chica.

--Bueno, solo me preocupo por él. Después de que Marinette le rompiera el corazón, es lo menos que puede hacer una amiga. Y yo a ella no la juzgo, ¿eh? Seguro que tendrá sus motivos, por más que Luka la adore y sea absolutamente encantador; muy claro debe de tenerlo para estar tan tranquila, e incluso... feliz.

--Hacían una parejita tan encantadora... --suspiró Rose, llevándose las manos entrelazadas al pecho.

Juleka se encogió de hombros.

--Luka está bien. Algo triste, como es lógico; pero él no es egoísta, y estoy segura de que le conforta saber que Marinette está tranquila con la decisión que ha tomado.

--Entiendo. Después de perseguir durante tanto tiempo a Adrien, supongo que se sintió confundida cuando comenzó a salir con Kagami. Estoy segura de que no tuvo mala intención al tratar de olvidar su decepción utilizando para ello a Luka, y que no pretendía hacerle daño a pesar de saber que él sí alberga sentimientos sinceros por ella. El amor es complicado --se llevó la mano a la frente, teatral.

--Lila, me consta que ellos siempre han sido sinceros entre sí. Los dos. Han roto, pero continúan siendo amigos y hablando a diario; él está bien, y la sigue apoyando --zanjó Juleka--. Gracias por preocuparte, pero no es necesario.

Lila mantuvo la sonrisa como pudo, aunque la furia la invadía por dentro: había pensado que la hermana de Luka sería vulnerable a sus insinuaciones, y que podría manipularla hasta lograr que fuera akumatizada e intentara vengarse de Marinette por hacerle daño al chico. Habría sido una jugada redonda; pero no había funcionado. Así que tendría que improvisar alguna alternativa.

Se despidió rápidamente con cualquier excusa al ver pasar a Chloé en dirección al servicio. Fue tras ella, e hizo tiempo lavándose las manos con parsimonia mientras la rubia retocaba su maquillaje. Aquí llegaba su segunda oportunidad, y debía asegurarse de aprovecharla.

--Me alegra que te estés tomando tan bien el interés de Adrien en Marinette --la abordó por fin.

--¿Mi Adrikins? ¿Interés en esa simple? Por favor, él es más sensato que eso.

--¿De verdad no te has fijado? --se sorprendió Lila--. Además, ella lo ha dejado con su novio. Y no estoy segura de que sea casualidad.

--¿Así que la panadera ha encontrado novio, y encima lo ha dejado escapar después? Pues tampoco sé si creérmelo. Y Adriancito, que yo sepa, está con esa estirada de Kagami --arrugó la nariz con disgusto.

--Bueno, a mí tampoco me cae bien, pero al menos Kagami está a su nivel --bajo la voz, como si confesara un secreto--. Sin embargo, temo que Marinette pueda tener intereses ocultos, y aprovecharse de su posición para trepar.

--Nah, esa boba realmente bebe los vientos por él. Pero Adrien solo la ve como una amiga. No es algo que me preocupe --aseguró, elevando la nariz.

--¿Estás segura? Porque yo ya lo he pillado varias veces comiéndosela con los ojos. Y ya sé que ella no parece ser una de esas aprovechadas, pero luego pienso que su sueño es ser diseñadora de moda, y que él es hijo de quien es, y tan inocente... No sé, no sé. Algo me huele mal en todo este asunto.

Chloé abrió mucho los ojos, dándole vueltas a aquella idea. Luego hizo un gesto evasivo con la mano.

--Bah, eso es ridículo. Altamente ridículo.

A pesar de aquellas palabras, Lila sonrió, disfrutando del placer que siempre le proporcionaba ese glorioso momento en el que percibía que el veneno inoculado comenzaba a extenderse y hacer su efecto.

--Bueno, si tan segura estás, ponlo a prueba. Dile algo desagradable a Marinette en su presencia, y ya verás cómo reacciona --se dio la vuelta y se marchó, dejándola pensativa. Su apuesta ya estaba hecha, y tenía la impresión de que si Chloé pinchaba, el rubio saltaría.

Aguardó cerca de la puerta del baño, sabiendo que Chloé no tardaría en reaccionar, y la siguió con disimulo cuando salió y se dirigió directamente hacia donde estaban Adrien y Marinette, charlando con Nino y Alya respectivamente.

--Vaya, Dupain-Cheng; ya me he enterado de que vas por ahí presumiendo de que tienes un novio.

--No sigas por ese camino, Chloé, hazme ese favor; que no estoy de humor para soportar tus tonterías --gruñó Marinette, molesta.

--Ohh, es verdad, que no te ha durado mucho la cosa; no me extraña que ese pobre chico se haya cansado tan rápido de soportarte. Es más, lo que más increíble me resulta es que alguien haya sido capaz de fijarse en ti.

Alya abrió la boca, indignada, dispuesta a saltar; pero volvió a cerrarla cuando comprobó que Adrien se le adelantaba.

--Chloé, te estás pasando. Déjala en paz de una vez, ¿de acuerdo?

La rubia cruzó una mirada indecisa con Lila, que puso los ojos en blanco.

--Vamos, Adrikins, sabes que tengo razón. ¿Quién podría fijarse en esta perdedora?

--Pues cualquiera que tenga buen gusto --saltó Adrien con vehemencia.

--¿Buen gusto? No me hagas reír. Yo no le veo ninguna virtud.

--Pues debes de estar ciega, Chloé. Marinette es una chica increíble, encantadora y... --el chico se dio cuenta de que había subido el tono de voz, y de que todos lo miraban sorprendidos por la pasión que destilaban sus palabras, y rectificó justo antes de añadir preciosa, sabiendo que debía cambiar el adjetivo por otro más neutro, menos comprometedor--. Y tiene muchísimo talento. Marinette es la mejor amiga que cualquiera pueda desear --añadió en voz baja, volviendo a refugiarse en la misma manida excusa de siempre.

--Me decepcionas, Adrikins. Ya hablaremos en otro momento --aseguró a su espalda, pues el chico ya se había dado la vuelta para marcharse hacia el aula, seguido por sus amigos.

Lila se colocó junto a Chloé, viéndolos marchar.

--¿Ves? Te dije que saltaría, y que Marinette lo tiene totalmente manipulado.

--Bueno, pero ha dicho que es su amiga, no que... --balbuceó Chloé, dudosa.

La italiana colocó la mano en su hombro, consoladora.

--Entiendo que estés disgustada, Chloé. Sinceramente, no esperaba que Adrien pudiera llegar a ser tan cruel.

--¿Cruel?

--Podía haberla defendido sin necesidad de hacerte daño, pero se ve que la cosa es todavía peor de lo que temíamos. Realmente, no había ninguna necesidad de restregarte lo "talentosa" --remarcó la palabra, como sacando punta al dardo que estaba a punto de clavar-- que es Marinette, y recordarte que tu propia madre fue capaz de alabarla, e incluso proponerle que viajara con ella a Nueva York en lugar de pedírtelo a ti, ¡su propia hija! --exclamó, teatral, comprobando con satisfacción que los ojos de Chloé se cristalizaban de golpe.

--Yo... --bajó la cabeza, y luego apretó los puños con rabia.

--Deberías pararle los pies a Marinette, ¿sabes? Primero te roba el cariño de tu madre, luego el de Adrien... ¿Qué será lo siguiente? --le dio unas palmaditas en la espalda, felicitándose internamente por su jugada al sentirla temblar.

Desapareció rumbo al aula, dejando a Chloé atrás. Pensó que, si aguzaba lo suficiente el oído, podría escuchar el aleteo de la mariposa que desencadenaría la tormenta. Estaba ansiosa por comprobar cómo se comportaría Marinette cuando Chat noir llegara para protegerla. Observaría de cerca a la chica, al héroe y también a Adrien; su instinto le decía que si mantenía los ojos bien abiertos podría descubrir datos interesantes.

"Y, entonces, me aseguraré de borrar de un plumazo esa irritante sonrisa interior..."