Marinette apenas acababa de apoyar el trasero en su asiento cuando la puerta de la clase se abrió con violencia, haciéndola dar un respingo. Inmediatamente, una chica akumatizada penetró por el umbral, y se dirigió, directa, hacia ella.
--Dupain-Cheng --ladró con voz estentórea--, tú me has robado el aprecio de los demás, quedándote con un cariño que no te correspondía. Te crees mejor que nadie, ¿verdad? Pues ahora vas a probar un poco de tu propia medicina.
Adrien reaccionó con rapidez, levantándose y preparándose para proteger a la chica en cuanto pudiera comprobar en qué consistían los poderes de la villana. Por ahora, solo había podido ver que sostenía un objeto largo, fino y negro entre sus dedos, ¿sería, tal vez, una especie de varita mágica? ¿Brotaría un rayo de su extremo?
--¿Chloé? --murmuró la azabache. No entendía qué podía venir ella a reclamarle, pero su aspecto resultaba bastante similar al que había tenido como Reina avispa, aunque toda vestida de oscuro y con un patrón sobre su rostro que recordaba a un rastro de lágrimas de frustración.
--Soy Reina amarga. Y ahora te va a tocar a ti probar el sabor del desprecio que mereces. ¡Abriré los ojos a Adrikins y a los demás con mi poder, para mostrarles tu verdadera cara!
Todos los alumnos se movían con precaución, tratando de escapar de la atención de Reina amarga sin alterarla. Adrien se apartó del pupitre, buscando espacio para esquivar lo que quiera que pretendiera hechizarlo, e hizo un ágil quiebro cuando la chica se llevó aquella extraña varita a los labios, sopló con fuerza, y un minúsculo dardo oscuro surgió de la punta. ¡Una cerbatana!
También evitó la segunda descarga, que cuando él se agachó pasó silbando sobre su cabeza, y llegó hasta una sorprendida profesora Mendeleiev, que se había asomado desde detrás de su mesa para ver lo que estaba ocurriendo, clavándose en su frente.
La mujer bizqueó un poco, desconcertada, tratando de ver qué era lo que le estaba causando aquel molesto picor, y luego se irguió, amenazadora, cuando el veneno comenzó a extenderse.
--Señorita Dupain, es usted una alumna atroz. ¡Merece ser castigada! Debería aprender de la Reina --aconsejó, dedicándole una ceremoniosa reverencia.
Chloé se limitó a sonreír con amargura antes de volver a concentrarse otra vez en Adrien. Los alumnos, nerviosos, se dispersaron huyendo en dirección a la puerta, tratando de quitarse de en medio. El rubio saltó entre unos y otros, evadiendo los dardos como podía; uno de ellos alcanzó de refilón a Iván, y este se unió a la profesora, increpando a Marinette mientras ella intentaba apartarse.
--Eres una amiga terrible, ¡nunca se puede contar contigo! Solo la Reina tiene derecho a humillarnos con sus desplantes.
El siguiente en ser alcanzado en medio del caos de jóvenes que corrían fue un alumno de otro curso que se asomó a la puerta con curiosidad al escuchar aquel escándalo.
--Humm, así que la culpable eres tú, esa chica tan antipática, y terriblemente fea...
--¡Eh! --protestó ella--. ¿Y tú qué tienes contra mí, si ni siquiera te conozco?
Reina amarga lanzó una exclamación frustrada cuando Adrien volvió a lograr apartarse a tiempo, y su dardo impactó en Nino, cuya expresión reflejó una ira intensa.
--Te odio, Marinette. ¡Eres insoportable! --gritó el DJ con agresividad--. No te soporto, siempre con tus tonterías y tus patética torpeza. ¡Por supuesto que no eres digna del amor de Ad...! --Alya lo empujó con fuerza para que no siguiera hablando, y él se giró para lanzar a la villana un beso volado mientras la miraba con adoración.
Marinette comenzaba a sentirse agobiada con tantas personas increpándola, y no pudo evitar dirigir una mirada dolida a su amigo a pesar de saber que hablaba bajo la influencia del hechizo.
--¡Cuidado, Alya, no dejes que te alcance! --advirtió Adrien--. Creo que la magia es más poderosa cuanto mayores sean los sentimientos positivos hacia Marinette.
Aprovechando que la villana estaba distraída persiguiendo a la aspirante a periodista, Adrien logró ganar la puerta. Dirigió una intensa mirada a Marinette para transmitirle fuerzas, pero era más consciente que nunca de lo crucial que era rescatarla para que pudiera volver como Ladybug y atajar de una vez el problema. Y para eso, también hacía falta Chat noir.
"Solo recuerda quiénes somos. No importa nada más"
No tardó ni dos minutos en regresar, convenientemente transformado. Ya habían salido casi todos los alumnos; solo quedaba el abigarrado grupo de hechizados rodeando a Marinette, acosándola con sus comentarios crueles y sus imprecaciones, ante la mirada satisfecha de la villana, que los observaba con los brazos en jarras.
--Y ahora vas a ser tú misma la que puedas ver con tus propios ojos la miserable alimaña que eres. Y me temo que vas a pasar un mal rato --soltó una carcajada cruel--. Mírate: eres tan insignificante que ni siquiera Ladybug y Chat noir se molestan en venir a salvarte.
Justo en ese instante, el héroe gatuno se abalanzó sobre Chloé con rabia, sin perder el tiempo en bromas ni anunciar su llegada de otra manera. La tomó por sorpresa, haciéndola rodar por el suelo, y aprovechó la inercia para rescatar a su chica de la marabunta, tomándola en brazos y corriendo para ponerla a salvo. Mientras, la Reina gateaba por el suelo tratando de recuperar su arma perdida.
--No hagas caso a esas patrañas, princesa. No importa lo que ellos hagan, ni lo que digan. Esta noche, en nuestra cita, prometo decirte un millón de cosas bonitas para compensar --sonrió, guiñando un ojo.
--¡Chat! --lo riñó ella, mirando alrededor, aunque él había hablado en voz baja.
--Tranquila, princesa, esos no parecen estar escuchando. --Los que habían estado acosándola se habían quedado estáticos al perderla de vista, y permanecían con los brazos colgando y la cabeza baja, como robots que se hubieran quedado de golpe sin batería--. Y, en todo caso, lo olvidarán en cuanto venzamos y todo regrese a la normalidad. Confía siempre en quiénes somos: lo demás, no tiene importancia.
Cruzaron el umbral, y Reina amarga fue detrás, cerbatana en ristre, protestando indignada sobre la inutilidad de sus esbirros hechizado y amenazando con despedirlos. Solo unos segundos más tarde, Lila se arrastró para salir de debajo de la mesa donde había estado escondida, y los siguió también. Todavía continuaba dándole vueltas a lo que había escuchado; así que no se había equivocado, después de todo... aquellos dos tenían una relación más estrecha de lo esperado, o al menos una cita donde algo así podría comenzar. Estaba segura de que era un dato al que sacaría partido, pero todavía necesitaba más información. Si todo salía bien, podría llegar a ser una jugada maestra, que le permitiría hacer daño a la vez a dos de las personas que más odiaba en el mundo: Marinette, y Ladybug.
Se apresuró a ir tras ellos, y casi choca de frente con Alya, que era la única que no se había puesto a salvo en alguno de los puntos de reunión, seguramente con la intención de obtener noticias de primera mano para el Ladyblog. Bueno, podía lidiar con ella también.
--¡Huye, Lila! Yo voy tras ellos.
--Te sigo. No voy a dejarte sola ante el peligro.
--Ni a mí, ni a tu amante, ¿no? --puntualizó Alya con una sonrisa cómplice.
--¡Alya! Tendremos que ser muy discretos. Lo entiendes, ¿verdad?
--¡Claro, chica! No te preocupes, mantendré la boca cerrada.
Chat noir trataba de despistar a Chloé el tiempo suficiente como para dejar a Marinette a salvo en algún lugar adecuadamente discreto. Sin embargo, no resultaba sencillo: Reina amarga no lograba alcanzarlos con su magia, pero ellos tampoco eran capaces de escabullirse. Buscando algún espacio amplio que les diera juego para protegerse de sus dardos, terminaron llegando al laboratorio de química. Alya y Lila entraron detrás.
--¿Qué hacéis aquí? ¡Marchaos, es peligroso! --gritó Chat al verlas.
Enseguida tuvo que volver a concentrarse en esquivar los ataques de la villana y en proteger a Marinette también. Miró hacia todos lados, buscando una salida, intentando pergeñar un plan. Las otras dos chicas se separaron, buscando refugio bajo las mesas.
--¿Dónde estará Ladybug? --se preguntó Chloé en voz alta--. ¡Ah, claro! Hasta ella debe de tener claro que no vale la pena molestarse en proteger a este gusano insignificante; ¿no crees, Marinette?
--Estoy convencido de que Milady vendría si pudiera --gruñó Chat--. Incluso si eso supone tener que escuchar tus estupideces, Reina amargada.
--Oh, vamos gatito; en cuanto mi veneno te alcance, cambiarás de opinión.
Llevó la cerbatana a sus labios, y Chat volcó una de las mesas justo a tiempo para que les sirviera de escudo. Algunos dardos se clavaron en la madera, y otros continuaron su vuelo.
Aprovechando la ocasión, el chico tiró de la mano de Marinette para levantarla, y corrió hacia la puerta con ella en volandas mientras Chloé recuperaba el aliento. Estaba apenas a un paso de la salida cuando algo se enredó en su tobillo, haciéndolo tropezar; la chica se escurrió de entre sus brazos, y su cabeza fue a chocar contra la pata de metal de uno de las mesas, haciéndola gemir de dolor. Chat masculló una maldición cuando reparó en que había sido Lila la culpable de su caída, y que ahora se dirigía hacia Marinette para increparla; seguramente, la habría alcanzado un dardo perdido. Y ahora tenían un problema más.
--No te soporto, con tu pinta de mosquita muerta, siempre interfiriendo en los planes de los demás. Pero por fin ha llegado el momento de que Reina amarga te de tu merecido.
Chat la apartó de un empellón, preocupado al ver que Marinette no lograba levantarse, todavía conmocionada por el golpe que se había dado. Además, Chloé volvía al ataque. Desesperado, tuvo que renunciar a mantenerse cerca de la puerta para lograr evitar que sus ataques alcanzaran a cualquiera de los dos.
Además, Lila continuaba ayudando a la villana, sin dejar de lanzar alabanzas para ella e insultos para la azabache, quien además continuaba terriblemente mareada. Para colmo de males, Alya se unió poco después, actuando con tanta intensidad como había temido.
Cuando esto ocurrió, las carcajadas crueles de Chloé resonaron con fuerza, mientras observaba el espectáculo con expresión satisfecha.
--¡Te odio, Marinette! No sé cómo he podido perder el tiempo a tu lado, y más pudiendo aspirar a tener la amistad de una persona tan magnífica como la Reina.
Sin embargo, pronto comprobaron que la vehemencia de Alya tenía, para ellos, muchas más ventajas que inconvenientes: la morena saltaba de un lado a otro con tanto ímpetu, amenazando a su amiga o tratando de abrazar a Chloé como si se tratara de una fan enloquecida, que no permitía a la villana moverse con libertad, ni le dejaba campo libre para tratar de lanzar sus dardos.
Un salto, dos saltos, y Chat pudo tomar de la mano a Marinette y correr hacia la puerta, mientras la periodista se colgaba del cuello de Chloé por enésima vez, desesperándola. Echó un vistazo sobre su hombro para localizar a Lila, y justo al girarse de nuevo la vio de frente, esbozando una sonrisa maligna. Protegió a su amada tras él, sabiendo que al dejar de ver a su objetivo el hechizo la paralizaría, y se dispuso a arrollarla sin contemplaciones en cuanto eso ocurriera.
Sólo que no ocurrió.
--¿A dónde crees que vas, gatito? --preguntó Lila, burlona, antes de elevar la mano para arañar su mejilla.
Chat noir notó el corte rasgar su piel, y miró horrorizado que no habían sido sus uñas lo que había utilizado para herirlo, sino uno de los dardos. Luego solo sintió una ira y un asco inmensos haciendo bullir su sangre. Miró a la chica que llevaba de la mano, y perdió el control.
Marinette dio un paso atrás, impresionada por lo que leía en sus ojos: un odio tan inmenso como supo que era en realidad su amor.
--Marinette... --escupió su nombre--. Eres odiosa. No sé con qué magia me tenías engañado, pero no entiendo cómo pude pensar que te amaba. Recuerdo tus besos y solo quiero vomitar; pienso en el tacto de tu piel, y me dan arcadas. No eres digna. Nunca lo fuiste. No eres digna ni siquiera de respirar el mismo aire que yo.
--¡Vamos, acaba con ella! --lo animó Lila, alborozada.
La italiana trató de contenerse, manteniéndose en el papel de hechizada que había fingido para tener vía libre de expresar su maldad manteniendo el control de sus actos. Porque no deseaba olvidar un solo instante de su triunfo si acaso la magia de Ladybug (¿dónde estaría la heroína?) llegaba a repararlo todo.
Lo sabía: Chat noir la amaba. Y, cuando pasara el efecto del veneno de Reina amarga, vería lo que le había hecho a su chica y enloquecería, convirtiéndose en presa fácil para Lepidóptero, bien para arrebatarle su prodigio, o bien para akumatizarlo y lanzarlo contra Ladybug. Esperaba que su colaboración le valiese obtener un prodigio para ella sola tras el triunfo del villano: quizás, el collar de Volpina.
Los ojos de Marinette, llenos de lágrimas, se clavaban en las pupilas rasgadas de Chat, que habían tomado la apariencia de pozos oscuros que conducían a un verde infierno. Él sujetaba el cuello de la chica entre sus manos, mientras ella manoteaba débilmente, indefensa. Antes había jugado un rato con ella al gato y al ratón, persiguiéndola, lanzándole zarpazos, sonriendo para sí mismo de algún chiste que solo él parecía entender. Alya lo había estado molestando, metiéndose en medio con descontrolado entusiasmo, tal y como había hecho con Chloé; pero él no tenía la paciencia ni la magnanimidad de la Reina, y la había despachado de un terrible zarpazo, dejándola herida en el suelo.
--Espera, gatito --indicó Reina amarga con displicencia, atendiendo a las instrucciones de Lepidóptero le daba--. Sujétala para que pueda clavarle uno de mis dardos; quiero que ella misma sufra viendo la horrible persona que es.
El chico la sujetó hasta que recibió el disparo, observando cómo su mirada de oscurecía a medida que la ponzoña se extendía por sus venas.
--Adiós, bichito. Nunca fuiste digna de mí. Nunca fuiste digna de ser quien eres --susurró con crueldad, dejándola caer desmadejada al suelo, mientras ella comenzaba a sumirse en una espiral autodestructiva de desesperación.
--Ahora, dame tu prodigio --exigió la Reina a Chat noir.
--No --se limitó a decir él con una medio sonrisa sarcástica, peligrosa.
La máscara de Lepidóptero brilló furiosamente sobre el rostro de la chica.
--¡Pero no quiere! Y yo no pienso acercarme un paso a esa bestia. ¿Has visto lo que le hizo a Alya?
Lila, intuyendo una nueva oportunidad de hacer méritos ante Lepidóptero, se lanzó contra Chat por sorpresa, tratando de arrebatarle el anillo. Él ni siquiera se inmutó: se limitó a golpearla con fuerza con un movimiento preciso de su brazo, haciéndola morder el polvo al primer impacto.
Mientras, Marinette estaba hecha un ovillo sobre el suelo, llorando. En su mente solo había hueco para el odio por sí misma, la duda, la culpa, las ganas de terminar con todo. Levantó la cabeza, dispuesta a rogar a Chat que pusiera fin a su sufrimiento, pues sentía que no merecía otra cosa. Vio a la Reina, brillante, magnífica, y la embargó la vergüenza por haber osado contrariarla alguna vez. Sus emociones negativas eran tan potentes, y estaba tan indefensa... Lepidóptero, con una sonrisa maléfica, decidió aprovechar la oportunidad y cambiar de objetivo.
La mariposa negra abandonó la cerbatana de Chloé, que volvió a convertirse en el bolígrafo que había sido. La rubia boqueó, sorprendida, viéndola alejarse volando.
Lila soltó una exclamacion. ¡No se lo podía creer! ¿Qué demonios estaba pasando? Trató de incorporarse, contemplando cómo el akuma soltaba a su presa justo cuando ya creía que todo estaba hecho, que los planes de Lepidóptero habían comenzado a dar frutos por fin. ¿Qué habría ocurrido que lo había echado todo a perder? ¿Acaso Chloé había sido lo suficientemente fuerte como para deshacerse de la influencia del villano? Y, lo más importante, ¿podría ella hacer algo para arreglarlo? Abrió bien los ojos, buscando en su mente una nueva perspectiva. Y tomó una decisión.
Chat noir despertó del sueño mágico en cuanto Reina amarga desapareció, dejando paso de nuevo a una confusa Chloé. Miró a su alrededor tratando de entender qué había pasado, y su corazón se estrujó con fuerza al contemplar el panorama. Alya, herida en el suelo, con un profundo zarpazo surcando su abdomen, que subía y bajaba en estertores mientras la chica luchaba por respirar. Y Marinette postrada de hinojos, con los ojos arrasados en llanto, muy pálida, y con las marcas amoratadas de sus dedos alrededor del cuello. Tuvo la certeza de que había sido él quien había provocado todo aquel sufrimiento, y un frío helador lo recorrió de arriba abajo, haciéndolo temblar con violencia. Un sollozo desgarrado escapó de su garganta.
Ella alargó la mano para tomar la suya, y sus miradas se encontraron.
--No eras tú, Chat noir --susurró, con la voz rota--. Nada de lo que pasara importa, mi amor. Sólo recuerda quién eres de verdad, y confía en ti, en nosotros. Podemos arreglarlo.
Un leve movimiento llamó la atención del héroe y pudo ver como el akuma que parecía haber abandonado a Chloé volaba ahora hacia Marinette. Instintivamente, casi sin pensar, la cubrió con su propio cuerpo para protegerla.
La mariposa aleteaba directa hacia su objetivo, cuando vio que otra persona se interponía de repente en su trayectoria. La inercia del movimiento la llevó hasta él, e inevitablemente se fundieron en uno. En su guarida, Lepidóptero enarcó una ceja: ¿qué voz le respondería al hablar? ¿Tendría a Princesa justicia, o a Chat blanc? Cualquiera de las dos opciones le daría un poder grandioso, imparable. Y entonces solo le quedaría esperar a que llegase Ladybug.
El sonido de sus risas hizo que lo rodeara una nube de mariposas blancas. Sentía la victoria más cerca que nunca; había sido derrotado en un centenar de batallas, pero nada de eso importaba ya. No importaba lo lejos que hubiera estado antes, porque ahora se sentía muy cerca de tener a los héroes a sus pies. No importaban los medios, si los prodigios le servían para reparar sus errores y cambiar el pasado. Cuando lo hubiera conseguido, no le importaría nada más.
Nota de la autora:
Me gustaría agradecer sinceramente la acogida que está teniendo esta historia, y disculparme porque es mi primera irrupción en esta plataforma y aún no domino del todo algunos asuntos... Así que de vez en cuando me ocurren cosas raras con el formato, las correcciones o los reviews. Sobre todo, quiero que sepáis que me hacen mucha ilusión vuestros comentarios.
Con respecto a la historia, os advierto que me ha quedado bastante intensa, así que espero que no me odieis por ello. Si las cosas llegaran a ponerse realmente feas, recordad que hay mucha magia en el ambiente, y que cada problema tiene su solución. Probablemente.
Butercup
