--¿Lepidóptero?
El villano parpadeó, sorprendido, una vez y luego otra más, convencido de que sus oídos le engañaban. Aquella no era la voz que esperaba escuchar en su mente. Aquella era...
--¿Lila? ¿Qué demonios...?
--¿Qué ha ocurrido? ¡He visto que el akuma abandonaba a Chloé cuando estabas a punto de vencer! ¡Tienes a Chat noir a tu merced! No podemos dejarlo escapar. ¿Puedo hacer algo para ayudarte? Si me das poderes, yo...
--¡Apartarte de mi camino, chiquilla estúpida! Eso era lo único que debías hacer esta vez --estalló, golpeando el suelo con su bastón en un intento por disipar su ira.
--Pero, yo...
El rostro de Lila se contrajo en una mueca de angustia. Había esperado agradecimiento y parabienes, y se había encontrado a cambio con un agrio rapapolvo. ¿Cómo podría recuperar su favor? Gimió, avergonzada y confusa, con la mente maquinando a toda velocidad. ¿Se habría percatado él del interés de Chat noir en Marinette? ¿Cómo podían sacarle el mejor partido a esa debilidad?
Lepidóptero agachó la cabeza entre una nube espesa de mariposas blancas que, asustadas por su arrebato, habían alzado el vuelo. Respiró profundamente, tratando de recuperar el autocontrol, y eludiendo a duras penas la tentación de castigar a la italiana con una cruel descarga de dolor a través de su conexión telepática. Después de todo, su intención había sido ayudarlo; y quizás aún podía aprovechar su predisposición a su favor. Pensó con rapidez, buscando improvisar un plan alternativo. Quizás, si ella...
--Está bien, Lila; sé que pensaste que interceptar el akuma era nuestra mejor opción --concedió, con voz melosa--. Y ahora te convertirás en mi instrumento, otra vez.
--De acuerdo --asintió ella, más tranquila tras escuchar su tono conciliador--. No volveré a fallar. He pensado que podríamos...
Pero no tuvo tiempo de decir más. Desconsolada, notó cómo alguien le tiraba de la chaqueta donde se había alojado el akuma, escuchó el sonido de unas tijeras desgarrado la tela, y la mariposa negra fue nuevamente liberada.
Lila miró a su alrededor, todavía algo confusa. Tras haber purificado el akuma, Ladybug arrojaba su Lucky charm al aire para que la oleada de magia reparadora hiciera su efecto. Ahí estaba su odiada heroína, con una leve sonrisa iluminando su rostro, tan orgullosa como siempre. Como si no hubiera tardado una eternidad en aparecer, ni hubiese estado a punto de permitir que Chat noir asesinara a una civil, con la que además estaba implicado sentimentalmente, sellando la perdición de ambos.
La escrutó con rabia, hasta que las mariquitas la rozaron disipando de golpe el fuerte dolor de cabeza que le había dejado el encontronazo con Chat, y se percató de que el chico se había agachado junto a ella y había colocado una mano gentilmente sobre su hombro.
--Lo siento, Lila. Siento haberte golpeado, aunque no recuerdo bien lo que ocurrió, y supongo que tú tampoco --murmuró, abatido.
Mientras tanto, Ladybug se había acercado a Alya, tendiéndole el brazo para ayudarla a levantarse. Apretó su mano, aliviada tras la angustia de saberla herida de gravedad. En realidad, lo que necesitaba era abrazarla; pero como heroína debía mantener la pose invulnerable de siempre, segura de sí misma, entera y algo distante. Al escuchar la alarma de sus pendientes, sonrió a su amiga, murmuró una disculpa, hizo un gesto en dirección a Lila y Chat noir, y salió dispuesta a regresar enseguida y darle el abrazo que merecía como Marinette.
Cuando pudo estrecharla al fin, la morena rio ante su efusividad.
--Alya, no sé bien qué ocurrió desde que recibí el dardo envenenado, pero menos mal que Ladybug y Chat noir han podido solucionarlo todo. ¡Menudo susto me llevé cuando te vi en el suelo al despertar! Y para colmo él insistió en ponerme a salvo, y ni siquiera me pude acercar a ver cómo estabas, y...
--¡Ey, chica! Frena, ¿quieres? Todo está bien, y Chat hizo bien en sacarte de aquí en cuanto pudo. Es a él a quien deberías estar abrazando: también ha sufrido mucho con toda esta situación, ¿sabes? --le dedicó un guiño cómplice que dejó a la azabache boquiabierta.
Al girarse se encontró de frente con la mirada de Chat noir, que sintió tan intensa como si pudiera atravesarla. Dolor, arrepentimiento, pesar y... amor. Se quedó inmóvil, abrumada, sin saber qué hacer para confortarlo sin revelar más de la cuenta. Pero la enorme sonrisa de Alya le hizo temer que quizá fuera demasiado tarde.
--Tengo que confesarte un secreto --susurró la periodista--. Y a lo mejor tú tienes algo que contarme también.
--Alya, no sé lo que estás insinuando exactamente, pero te aseguro que no...
--No me dio, Marinette. Reina amarga nunca me alcanzó: solo lo fingí para tratar de echaros una mano sin que ella me amenazara. Así que recuerdo muy bien lo que pasó, y lo que él te dijo en todo momento --interrumpió Alya, hablando a su oído.
Marinette abrió la boca y la volvió a cerrar, sintiendo como sus mejillas enrojecían de golpe. Luego se cubrió la cara con las manos, preocupada porque parte de su secreto hubiera sido revelado.
--Oh, no... Ya sabía yo que todo esto no era una buena idea --gimió.
--Vamos, chica, no dramatices. Solo yo lo sé, y te aseguro que no saldrá de mi boca. Pero tienes que aclararme muchas, muchas cosas, y, sobre todo... ¿no te molesta compartir sus atenciones con otras chicas? --hizo un gesto hacia Lila.
--No, él y Lila no... ¡Argh! Te cuento luego con calma.
Chat noir parecía desesperado por reunirse con ella, pero Lila no estaba dispuesta a soltarlo así como así. La italiana echó una mirada de reojo, y cuando comprobó que las otras dos chicas se acercaban hasta ellos, se colgó del cuello del héroe en lo que pretendía hacer pasar por un arrebato espontáneo. Él mantuvo los brazos a ambos lados, sin rodearla, sonriendo con incomodidad, hasta que se decidió a darle unas tímidas palmaditas amistosas en la espalda.
--Oh, Chat noir, volvería a protegerte una y mil veces. En cuanto me vi libre de ese horrible hechizo que me obligaba a odiar a Marinette, y vi que el akuma iba directo hacia vosotros, no me lo pensé un instante --hizo una coqueta caída de ojos--. Ya sabes que... te aprecio.
--Te agradezco de nuevo que nos salvaras, Lila. Y también hiciste un buen trabajo resistiendo ante Lepidóptero hasta que Ladybug pudo intervenir. Su máscara brillaba ante ti con furia, pero no llegaste a caer bajo su influjo.
--Exacto. Saber que te estaba protegiendo me dio fuerzas para no dejarme llevar por sus palabras.
--Bien hecho. Emm... ¿Puedes... soltar mi cuello, por favor?
--Oh, sí, claro, por supuesto --se retiró, fingiendo apuro--. Lo siento, me dejé llevar. No todos los días tengo la oportunidad de estar tan cerca de mi héroe favorito. Solo en ocasiones... especiales --le dedicó un guiño, acompañado de una sonrisilla pícara.
--Bueno, que yo sepa, tú y yo nunca... Quiero decir, que no tenemos ninguna relación especial --quiso dejar él bien claro ante la mirada de hielo que clavó Marinette en su rival.
--Claro, a eso me refiero. Sé perfectamente que solo soy una entre tantas... admiradoras, y ya sabes que me parece bien.
Él la miró horrorizado, sabiendo que si hasta él había pillado la capciosa insinuación, era que esta tenía que ser realmente clara. Dudó sobre qué decir, consciente de que se enfrentaba a toda una maestra en ese juego.
--No sé bien a qué te refieres; yo no tengo admiradoras --optó por ser directo. Aquello no se podía tergiversar, ¿no?
--Exacto. A eso me refería: ninguna admiradora en absoluto. Ni siquiera yo --asintió con fuerza, esbozando una medio sonrisa cómplice.
Chat noir cerró la boca. Ella le había dado la razón con excesiva vehemencia, como si no fuera sincera en realidad, sino que hubiera entendido a su petición de cubrirle las espaldas. Consciente de que cualquier cosa que dijera podía ser utilizada en su contra, decidió callar. No pensaba que Marinette desconfiara de él, pues conocía de sobra la habilidad de Lila para urdir patrañas; pero no podía evitar sentirse molesto porque diera esa imagen de él ante Alya. La periodista estudiaba alternativamente las expresiones de los tres, con los ojos entrecerrados, dándose golpecitos sobre el labio inferior con el dedo índice. Parecía estar dándole vueltas a alguna idea loca, y eso nunca era buena señal.
--Debería marcharme ya --retrocedió, nervioso, y se alejó tras dedicarles una corta reverencia.
--Yo también me voy --se excusó enseguida Lila.
Las dos amigas los vieron marchar.
--Vaya, menuda prisa parecen llevar. Y la escena entre los tres ha sido la mar de... curiosa.
--No hay nada entre ellos, Alya --gruñó Marinette--. Sólo lo dice por darse importancia.
--¿Le has preguntado a él? --su amiga asintió--. Y ahora, ¿vas a aclararme lo que hay entre vosotros dos?
--Bueno, no sé... No es... Nada importante.
--Oye, sé que, dadas las circunstancias, quizá no sea algo bonito de recordar. Pero lo cierto es que, cuando Chat estaba bajo la influencia del dardo de Chloé, habló de amor, de besos, del tacto de tu piel --la azabache enrojecía más a cada palabra, hasta que sus mejillas tomaron el color de las cerezas--. Eso, a mí, me suena a algo bastante intenso.
--Está bien --claudicó Marinette. Después de todo, podía confiar en Alya. Y le sentaría de maravilla poder sincerarse con ella, aunque solo podría ser en parte--. Nos hemos visto unas cuantas veces, en mi balcón. Y ha habido besos, e incluso un poco más.
--¿Te has acostado con él? --preguntó, curiosa.
--¡No! Aún no.
--¡Te brillan los ojos! Eso es que tienes planes de hacerlo --se entusiasmó Alya.
--Habíamos quedado esta noche, cuando mis padres salgan, y...
--¡Wow, qué pasada! ¡Mi mejor amiga va a liarse con el héroe de París!
--¡Calla, Alya! Por dios, podría oírte alguien. Y ya has visto lo peligroso que puede llegar a ser todo esto, ¿no? Tiene que ser un secreto, ¡o terminaré por estar en el punto de mira de Lepidóptero!
--Es cierto, es cierto. Debéis ser muy precavidos, y discretos. Por supuesto, puedes contar conmigo para guardar el secreto. Por cierto, ¿fue por él por quien cortaste con Luka? ¿Y qué ocurre con Adrien? ¿Pudiste olvidarlo al fin?
Pero Marinette necesitaba tiempo para encontrar las respuestas adecuadas, así que no siguió hablando. Y todavía se estaban dando un largo, cálido y silencioso abrazo cuando entró Nino como un vendaval, seguido de cerca por Adrien.
--¡Nena! Pero, ¿cómo se te ocurre meterte en estos líos? Vale que quisieras cuidar de Marinette, pero ¡ya estaba Chat noir para eso! Y él tiene un traje mágico que lo protege, no como tú --agitó el dedo ante su chica para dar más peso a sus palabras.
--Lo siento, pero no podía dejarla sola. Y no me arrepiento de haber ayudado en lo que podía; ¡si no hubiera intervenido, podría haber sido mucho peor!
--¿No te alcanzó Reina amarga? --se interesó Adrien, a pesar de que creía saber la respuesta.
--No. Pero fingí que me había dado para poder entorpecer sus movimientos --aclaró, orgullosa.
Adrien ahogó una exclamación de sorpresa, e intercambió una mirada preocupada con Marinette, tratando de recordar si había dicho algo inconveniente confiando en que todo sería olvidado al purificar el akuma. También se sintió fatal al tomar conciencia de que la había atacado con violencia mientras ella estaba en plena posesión de sus facultades, y que ese terrible acto quedaría en su memoria. Sin embargo, la chica no parecía especialmente afectada por ello.
--Espero que no te pusieras en peligro --continuó abroncándola Nino, con los brazos cruzados sobre el pecho.
--Oh, no más de lo necesario --aseguró ella con desparpajo.
--Alya, esto es peligroso. Hay protocolos para los civiles, y están para obedecerlos: debemos ponernos a resguardo y dejar actuar a los héroes --Adrien habló con más dureza de la que pretendía, con la preocupación y el arrepentimiento atenazando su garganta.
La aludida frunció el ceño, molesta porque su amigo se uniera a los reclamos de su novio.
--Como tú, ¿no? Que saliste corriendo bien rápido sin volver la vista atrás --acusó, con los brazos en jarras.
--¡Es que Chloé iba a por mí! Y si me hubiera alcanzado... No quería verme obligado a gritarle todas esas mentiras horribles a Marinette --bajó la cabeza, consciente de que al final sí que lo había hecho, y de la peor de las maneras posibles. Necesitaba hablar con su chica, saber lo que había pasado, disculparse, abrazarla con fuerza y borrar las malas palabras a besos.
--Bueno, tengo que reconocer que tu teoría sobre la intensidad era correcta; así que, si temías gritarle cosas terribles... ¿es porque la aprecias mucho en realidad? --inquirió Alya con suspicacia.
Adrien enrojeció intensamente, eludió su mirada y se llevó la mano a la nuca, sabiendo que no era el momento de confesar aún su interés, con las rupturas de ambos tan recientes.
--Claro que la aprecio mucho, Alya. Muchísimo. La considero una de mis mejores amigas --abarcó con un gesto a Nino y a Marinette.
--Te has puesto muy colorado --indicó ella, poco dispuesta a soltar su presa una vez había encontrado un hilo del que tirar.
--¿Porque hace... calor? --probó Adrien sin mucha convicción.
--Porque ella te gusta --lo señaló, acusadora.
--¡Alya! --se sobresaltó Marinette, apurada.
--Bueno, normal, ¿no? --balbuceó el rubio--. Marinette es una chica encantadora, y muy bonita. Habría que estar ciego para no fijarse en ella.
--Um, pues hasta hace poco habría apostado sin dudar a que ciego justamente es lo que estabas --murmuró Alya.
--Por favor, déjalo ya --intervino Marinette--. No le hagas caso, Adrien, y vamos a clase de una vez.
--¿A clase? Yo no tengo la cabeza como para soportar a la profesora Mendeleiev después de todo lo que hemos pasado --rebatió él.
--¿Hemos? --se burló Alya--. Vamos, Agreste, que tú habrás estado muy preocupado, pero las que hemos estado a punto de morir somos nosotras. Así que volved a clase como niños buenos mientras Marinette y yo descansamos en la enfermería para recuperarnos, que además tenemos un montón de cosas importantes y urgentes de las que hablar.
--No te preocupes, Adrien; todo está bien. Te prometo que hablaré contigo más tarde.
El chico, resignado, se tragó la protesta que había comenzado a formular, asió del brazo a un enfurruñado Nino y ambos salieron, dejando solas a las chicas.
--Vaya, vaya... ¡Así que ahora resulta que Adrien está interesado en ti! ¿Pero él no está saliendo con Kagami? ¡Y tú tienes un lío con Chat noir! ¡Qué fuerte me parece todo esto!
--Bueno, él y Kagami ya no están juntos; por lo que yo sé, han decidido dejar lo suyo en amistad.
--¿Y qué me dices de Chat y sus paseos por los tejados? ¿Lo vuestro es algo sin compromiso, o va a dejar sus conquistas por ti?
--Alya, todo eso que ha contado Lila sobre él no son más que invenciones. Llevamos muy poco tiempo viéndonos, pero no hay otras chicas.
--Y, cuéntame... ¿Qué tal saben los besos de un héroe? ¿Estás impaciente por llegar a más? ¿De verdad estás convencida de que Lila miente?
--Saben muuuy bien; no veo la hora de que llegue esta noche; y sí, estoy segura. Chat me ha dado su palabra, y yo confío en él.
--¡Pero bueno! ¡Esto es tremendo!
--Y secreto, recuerda. ¡Pero no como los de Lila, que esparce sus rumores e invenciones a los cuatro vientos!
--Tranquila, nadie lo sabrá por mí. Prometido --se quedó mirando a su amiga con asombro--. Wow, chica; menuda racha llevas. Dime, ahora que Adrien entra en juego... Entre Luka y él, ¿con quién te quedarías?
--Lo siento mucho por Luka, que es un encanto, pero me temo que Adrien es mi primer amor, y eso pesa mucho en mi corazón.
--Y eso nos deja a dos príncipes a tus pies. ¡Dios mío! ¿Adrien Agreste, o Chat noir? ¡Difícil elección!
Marinette rio con ella. No podía evitar estar preocupada, pues era consciente de que la mejor forma de que un secreto continúe siéndolo es no compartirlo con nadie; pero también le resultaba terapéutico poder compartir sus problemas amorosos con su mejor amiga. Aunque a Alya le faltarían varias de las piezas clave que daban sentido al complejo puzzle, sin duda sería una buena referencia para ayudarla a decidir cuál de las relaciones era más inteligente hacer pública.
--Dos príncipes para una princesa --suspiró Alya, dramática--. El héroe, valiente y descarado, y el guapo modelo juvenil, dulce y encantador. ¿A cuál descartar? ¿A cuál elegir?
--Es difícil. Por una parte, está Adrien. Llevo mucho tiempo enamorada de él, hemos profundizado nuestra amistad...
--Es verdad, ¡ya puedes hablarle sin tartamudear! Y, además, es rico --añadió con una sonrisa traviesa.
--Venga ya, ya sabes que eso es más un problema que otra cosa. Tener un padre tan estricto, una agenda tan cargada, un guardaespaldas que lo acompaña a todos sitios... Ojalá no fuera todo tan complicado.
--Pues elige a Chat noir. Aunque afirmas que las historias de Lila no son ciertas, sigo pensando que tiene pinta de ser buen amante.
--Lo es. Bueno, hasta donde hemos llegado... --reconoció, volviendo a ruborizarse.
--Ay, mañana quiero informe completo a primera hora de la mañana, ¿eh? Aunque no sé si... Él parecía bastante afectado por lo que pasó, y ni siquiera habéis podido despediros apenas, y Lila ha salido corriendo tras él... ¿No estás ni un poco preocupada por eso? ¿De verdad has madurado tanto de golpe, o qué está ocurriendo aquí?
Marinette se encogió de hombros, mientras su amiga la miraba con admiración. Sin embargo, era fácil estar tranquila: era imposible que Lila se hubiera reunido con Chat noir, dado que Adrien había regresado enseguida. Pero eso no se lo podía aclarar.
--La verdad es que yo también tengo muchas ganas de aclarar las cosas con él. Lo conozco, y sé que se estará torturando con la idea de haberme fallado --bajó la cabeza--. A ambos nos preocupa mucho que lo nuestro pueda llegar a oídos de Lepidóptero y este lo utilice en su contra. Solo espero que no se haya percatado durante la pelea; supongo que él percibe a través de la persona akumatizada, y no creo que Chloé se fijara en eso. Pero no estoy segura, y tengo miedo. Es peligroso. Y no será seguro hasta que el villano sea derrotado.
--Tienes razón. Podéis esperar hasta entonces... O puedes probar mientras tanto con Adrien. Ya que estás, yo me acostaría con ambos antes de decidirme.
--¡Alya!
--¿¡Qué!? ¿Acaso se te ocurre otro criterio mejor para decidir?
--Eres incorregible.
--Y tú, amiga, por lo pronto, ¡tienes una ciiita! ¿Qué te vas a poner? ¿Tienes los preservativos que te di? ¿Quieres más?
--¡Me estás poniendo nerviosa!
--Bah, saldrá todo fenomenal. Y, en caso de que no, recuerda que todavía te quedaría otro príncipe en la recámara.
Las dos estallaron en carcajadas: sentaba bien liberar tensión. Marinette suspiró, pensando en su príncipe; menos mal que podía quedarse con sus dos versiones, porque tener que escoger entre Chat noir y Adrien hubiera sido, realmente, una complicada elección.
Bueno, pues de momento van capeando el temporal, con la involuntaria colaboración de Lila. Eso sí: el secreto de Chat noir y Marinette ya no es tan secreto, la italiana ha conseguido que sus mentiras no queden totalmente desmontadas frente a Alya, y la periodista, por su parte, ha puesto a Adrien en un aprieto.
La telaraña se sigue desplegando; ¿podrán escapar la próxima vez?
Butercup
