Lila salió a toda prisa tras Chat noir. Estaba relativamente satisfecha de cómo se había desarrollado su conversación con él frente a Alya y Marinette, pues aunque había tenido la impresión de que el chico se había esforzado por pararle los pies, ella se había ocupado de que quedara suficiente margen como para jugar al equívoco y mantener su versión acerca de su estatus de amante secreta.

Había estado atenta a cada detalle, observando con placer el gélido escrutinio al que los había sometido Marinette durante la escena, y también la mirada pensativa de Alya. Después de la montaña rusa de emociones que le había deparado la mañana, que la había llevado a lo más alto cuando tuvo a su rival tendida en el suelo, llorando con desesperación, y la había dejado caer después con la seca reprimenda de Lepidóptero, su mente no había dejado de maquinar.

Sabía que el villano estaba particularmente interesado en akumatizar a Marinette, que nunca había llegado a caer en sus garras; aquella condenada mosquita muerta parecía tener la fortuna de su lado, y siempre lograba escapar. Por mucho que había puesto Lila de su parte, con todo aquel asunto de las acusaciones que habían terminado desencadenado su expulsión, la azabache había conseguido librarse de alguna manera de un plan que parecía perfecto. Pero eso no había hecho más que reafirmarla en su propósito de hacer lo posible por verla caer.

Luego, para colmo, Adrien había intercedido por su amiga, mostrándole un lado firme y protector que hasta entonces había permarecido oculto a sus ojos, y Lila había comprendido que la situación requeriría de un planteamiento más refinado si deseaba salir de todo aquello victoriosa e indemne. Se había enfrentado a Marinette de poder a poder, y había perdido. La siguiente vez lo haría por la espalda, y dando el todo por el todo: lanzaría un ataque del que ya no se pudiera levantar, y del que nadie pudiera echarle la culpa. Afortunadamente, la italiana sabía que contaba tanto con el talento como con los pocos escrúpulos necesarios para asegurarse el triunfo, aunque para ello tuviera que aliarse con el hombre que llevaba meses aterrorizando París.

Miró a un lado y a otro, pero Chat noir parecía haber desaparecido como por ensalmo en un abrir y cerrar de ojos. Tampoco es que tuviera interés en alcanzarlo, realmente; le bastaría con poder asegurar más tarde que lo había hecho.

Cuando empezó a contar aquellas historias sobre su relación con el héroe no había calculado que llegaría a sacarles tanto partido. Las había comenzado a difundir en parte por mera diversión, y en parte porque contribuían a aumentar su prestigio, asegurándole largos momentos de protagonismo. Enseguida se había dado cuenta de lo mucho que irritaban a Marinette, lo que había supuesto un aliciente extra. Y cuando esto había dejado de ocurrir, y la azabache había cambiado su actitud, su instinto la había llevado a descubrir un dato todavía más jugoso: aquellos dos idiotas se querían. Y ella iba a ocuparse de hacérselos pagar bien caro.

Lila deseaba volver a ver llorar a su rival, mientras que Lepidóptero quería akumatizarla y convertirla en instrumento para sus planes: su obra maestra, como le gustaba decir. El villano ambicionaba los prodigios de la creación y la destrucción, y ella se conformaba con el collar de Volpina. Estaba segura de que uniendo aquellos puntos de interés comunes, serían capaces de llegar a un acuerdo, y triunfar en sus propósitos. Esbozó una sonrisa perversa; estaba realmente impaciente por que comenzara la pelea.

Cuando regresó a clase tras dar un largo paseo por los alrededores, comprobó que los asientos de Alya y Marinette continuaban vacíos: las chicas no se incorporaron hasta la última hora, intercambiando entre ambas miradas fugaces pero significativas. Las dos pasaron la clase totalmente distraídas; y la propia Lila, por su parte, también.

Cuando por fin sonó el timbre y los alumnos se preparaban para marcharse, abordó a la periodista aprovechando que esta había quedado algo rezagada con respecto al resto de sus amigos.

--Alya, tengo que hablar contigo, ¡es importante! --se retorció las manos con nerviosismo, fingiéndose ansiosa--. Es sobre Marinette --bajó la voz hasta convertirla en un susurro--. Pero ella está convencida de que me cae mal, y si se lo cuento, ¡no me creerá!

--Espera, Lila; ve más despacio ¿de qué se trata todo esto?

--¿Podemos hablar en privado? --pidió.

--Claro; podemos ir al vestuario. Ya no habrá nadie allí.

Caminaron en silencio, y al llegar la italiana miró hacia todos lados antes de cerrar la puerta.

--Es algo que me ha contado Chat.

--¿Sobre Marinette? --se sobresaltó Alya.

--¡Sí! Ese Casanova gatuno está empeñado en conquistarla. Se ha encaprichado con ella, y me temo que sea capaz hasta de mentirle para lograrlo.

--¿De verdad te ha dicho eso? --Alya frunció el ceño, evaluándola con la mirada.

--Sí. Me estaba esperando fuera cuando salí. Me pidió disculpas por haber sido tan seco conmigo mientras ella estaba delante, pues le ha asegurado que entre nosotros no ha pasado nada, y necesitaba disimular; luego, presumió de que la tiene a sus pies --negó con la cabeza--. Y ya sabes que entre Chat y yo no hay compromiso, pero me pareció cruel que no sea sincero con ella solo por darse el placer de tenerla antes que ningún otro. Se lo dije, y él se burló de mí pensando que estaba celosa, ¡pero te juro que no es así! Solo es que no me parece bien lo que está haciendo con ella.

--No sé si deberíamos meternos en esto...

--Alya, piensa en cómo se sentirá ella cuando averigüe que la engaña. ¡Le ha dicho que está enamorado de ella, y que no hay más chicas! ¿Te puedes creer qué desfachatez? Y lo peor... --hizo una pausa dramática, disfrutando de la expectación creada.

--¡Suéltalo de una vez, por favor!

--Tienen una cita esta misma noche.

Alya se tapó la boca con la mano. ¡Entonces, era cierto que Chat noir le había contado todo aquello a Lila! Porque, de otra manera, la chica no podría haber sabido lo de la cita. Tenía que avisar a Marinette. ¡Y cuando pillara a ese gato pulgoso, se iba a enterar!

--Alya, tenemos que hacer algo --continuó la italiana--. Intenta hablar con ella, ¿de acuerdo?

--No sé si me creerá --dudó la morena, recordando lo confiada que se mostraba su amiga en que el chico le decía la verdad.

--Yo tampoco estoy segura, y menos viniendo de mí; es posible que, si se lo cuento, se limite a reírse en mi cara, a enfadarse, o incluso a darme un puñetazo. ¡Ya sabes la manía que me tiene!

--Bueno, Lila, después de todas las horribles mentiras que contaste sobre ella aquella vez...

--¡Pero eso era por mi enfermedad! --lloriqueó--. Y ahora ya tengo mi medicación ajustada, y no me ocurre. Llevo tiempo queriendo compensarla por todo lo que pasó: y ahora tengo la oportunidad por fin.

--Espero acertar con esto --cedió Alya, marcando el teléfono de su mejor amiga. Tras una decena de tonos, la llamada se cortó--. No coge el móvil --señaló.

--Sigue intentándolo. ¿Sabes a qué hora quedaron? Iré hasta su casa para intentar ver a Chat noir cuando llegue, y hablar de nuevo con él, a ver si entra en razón.

--Lila, necesito que me des alguna prueba más de todo esto. Marinette parece estar bastante colada por él: ¡no me va a creer!

--Pues, como último remedio, le tenderemos una trampa a Chat para que vea con sus propios ojos de qué pie cojea ese gato descarado --exclamó Lila con decisión.

--A las nueve. Quedaron a las nueve.

Chocaron puños, prometiéndose seguir en contacto, y Alya se dispuso a continuar tratando de localizar a Marinette antes de que fuera demasiado tarde.

Lila sonrió, satisfecha de cómo marchaba su plan por el momento. Fue hasta su casa, se encerró en su habitación, y acometió la siguiente fase: contactar con Lepidóptero.

Pensó en Marinette, en cómo la había retado. En su estúpida sonrisa, y en cómo brillaban los ojos de Adrien, y ahora también los de Chat noir, cuando la miraban. En la manera en la que había frustrado sus planes, en la voz del villano rebosante de ira mientras invadía su mente. Concentró su odio y su rabia, formando una bola candente en su pecho, hasta que la notó a punto de estallar.

Bufó con desagrado, acumulando toda la energía negativa que era capaz de atraer, que no era precisamente una cantidad despreciable. Abrió los ojos por fin, esperando ver la mariposa oscura aletear hacia ella; y alcanzó un nuevo umbral de frustración cuando comprobó que no estaba. ¿Es que Lepidóptero no sentía su llamada? ¡Estaba segura de que tanta negatividad debía de brillar en el espacio psíquico como un auténtico faro! ¿O acaso la estaba ignorando a propósito?

Elevó un grito de rabia, dejando que su enfado surgiera de su interior en un estallido brutal, que la llevó a arrojar al suelo de golpe todo cuanto había sobre su escritorio.

--¡Lepidóptero! ¿No me oyes? --se desesperó--. ¡Tengo información importante! Tengo la clave para akumatizar a Marinette. ¡Necesito que me des poderes!

Sin embargo, no hubo respuesta alguna. Renegando en voz baja, recordó como ella misma se había burlado de Chloé cuando Ladybug dejó de atender a su llamada. Desde luego, ella no pensaba caer tan bajo como para continuar insistiendo así; ya se le ocurriría otra manera.

Se entretuvo recolocando lo que había tirado al suelo, maquinando alternativas en tensa calma, hasta que cayó la noche. Comprobó su teléfono: Alya tampoco había logrado dar con Marinette. Intercambiaron unos cuantos mensajes, y le informó que trataría de dar con Chat noir. En realidad, lo que más le interesaba era conseguir alguna fotografía, por si Lepidóptero le pedía pruebas, o por si podía servirle para chantajearlos de alguna manera. Suspiró; la vida era dura, pero emocionante, cuando una tenía la suficiente ambición.

Se apostó en las cercanías de la panadería, dispuesta a armarse de paciencia. Miró el reloj: ya casi eran las nueve, así que el chico estaría a punto de llegar. Al rato salieron Tom y Sabine, y ella se puso en tensión, sabiendo que el momento estaba cerca. Pero no había alguno movimiento en la terraza, y en la habitación solo se adivinaba el resplandor de una luz tenue. ¿Dónde demonios se había metido ese gato?

Casi estaba a punto de marcharse cuando le llegó un mensaje de Alya.

Alya: He logrado hablar con ella, pero no me ha creído

Alya: Se ha enfadado bastante conmigo por irle con habladurías

Lila: En realidad no la culpo

Lila: Chat noir sabe ser realmente convincente cuando quiere

Lila: Están juntos? No lo he visto llegar

Alya: Marinette estaba con jaqueca y han dejado la cita para la tarde del domingo, cuando sus padres vuelvan a salir y puedan estar a solas

Alya: Estaba descansando, por eso no atendía al teléfono

Lila: Tenemos margen, entonces

Alya: Pero no nos cree! Cómo podríamos demostrárselo?

Alya: Tendría que verlo con sus propios ojos, o volverá a enfadarse y a acusarnos de mentir

Lila: Puedo tratar de quedar con él y que nos vea juntos

Lila: Aunque le cause dolor en el momento, a la postre será mejor para ella saber la verdad

Alya: Tienes razón

Alya: Además, ha sido muy borde conmigo. No hay otra solución

Lila: Te aviso cuando sepa hora y lugar

Alya: Vamos a desenmascarar a ese gato mentiroso!

Alya: Quién habría pensado que esto terminaría así :(

Lila sonrió con sorna. Efectivamente, si todo salía bien, eso era precisamente lo que esperaba conseguir: que tanto Chat noir como Ladybug terminaran sin máscara, y sin prodigios.

A la mañana siguiente, se dispuso a poner en marcha su plan B para contactar con Lepidóptero, frotándose las manos con deleite al pensar en la dolorosa lección que prepararía para Marinette, y además con la colaboración de su mejor amiga. Esta vez, no podía fallar.

Caminó decidida hacia el margen del río, hasta que localizó a la persona que buscaba. Se acomodó a su lado en el banco, observando a las palomas picotear las migas que el hombre arrojaba a sus pies.

--Preciosos animales, las palomas --comentó, haciendo que el señor Ranvier levantara la cabeza de inmediato.

--Preciosas, e inteligentes. Mis fieles amigas --respondió con amabilidad, feliz de encontrar quien las apreciara en su justa medida.

--Lástima que el ayuntamiento no opine lo mismo. ¡He escuchado que las quieren eliminar de la ciudad!

--¿Eliminarlas? --se alteró él.

--Acabar con ellas. Con veneno, creo.

--¡No se atreverán!

--Pues hay mucha gente presionando para ello, ¿sabe?

--Malditos desalmados...

--Y que lo diga. ¿Sabe lo que escuché decir? ¡Que deberían soltar gatos para cazarlas!

--¡No me lo puedo creer!

--Como oye. Y yo imagino esos pobres cuerpecitos despanzurrados por sus garras, y quiero llorar...

--¡Y yo gritar! ¡Esto es indignante, repugnante! ¡Un asesinato, una tragedia!

El tono fue subiendo sin cesar, mientras Lila asentía con una sonrisa comprensiva, que se amplió al ver el akuma llegar. Con toda calma, lo atrapó con la mano para hacerlo entrar en su colgante una vez más.

--Lepidóptero --saludó.

--¿Señorita Rossi? Esto de interceptar a mis preciosos akumas antes de que alcancen su objetivo se está convirtiendo en una costumbre realmente molesta.

--Presta atención --continuó ella, ignorando sus protestas--. Sé que deseas demonizar a Marinette Dupain. Y yo tengo información interesante, y un plan, para conseguirlo.

--Te escucho...

--Tengo evidencias de que Chat noir tiene una relación sentimental con ella. Y mi querida Chloé no presta atención a los detalles, o más concretamente a nada que no sea ella misma, así que es probable que ayer no pudieras percatarte de ello a través de sus ojos.

--Hummm, interesante. El amor --pareció escupir la palabra-- siempre es un punto débil, que puede llevar a cometer errores, o a hacer auténticas locuras. Especialmente cuando anida en un joven corazón.

--Muchas de nuestras amigas creen que soy yo la que tiene una relación con él. Pero Marinette piensa que miento, y confía en su fiel gatito --dijo con voz burlona.

--Y tú estás pensando en usar tus poderes como Volpina para mostrarle lo equivocada que está --sonrió con crueldad--. Dado que sois enemigas, ser testigo de la traición de su amado, y precisamente contigo, romperá su corazón en un millar de pedacitos...

--Exacto. Cuando ella esté destrozada, será totalmente vulnerable a tu influjo.

--El akuma saldrá de ti para poseerla a ella...

--... Y podrás utilizar su rabia para lanzarla contra el verdadero Chat noir.

Las carcajadas del villano resonaron en la mente de Lila, haciéndola sonreír a su vez. Se despidió con un gesto del señor Ranvier, que seguía rumiando su indignación sin darse cuenta de lo que había sucedido justo a su lado, y se dirigió en busca de algún lugar discreto en el que aceptar el poder que le ofrecía Lepidóptero para convertirse en Volpina por fin.

Cerró los ojos mientras el resplandor violáceo reptaba por su cuerpo, con un placentero cosquilleo.

--¿Quién habría pensado que la dulce Marinette pudiera ser engañada de esta manera por su amado? Oh, amiga... Me aseguraré de prepararte un buen espectáculo.


Pues Lepidóptero estaba aún un poco reticente a escuchar a Lila tras su error, pero ella no es de las que se rinden, y tiene sus recursos. ¿Qué os ha parecido su estrategia para contactar?

Finalmente, se salió con la suya, y ya tiene a su disposición el poder de Volpina. El tiempo de las ilusiones y las mentiras está a punto de comenzar...

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