--No sé cómo demonios me he dejado convencer para venir hasta aquí --masculló Marinette con irritación.
--Confías mucho en Chat noir, ¿verdad? --Alya colocó una mano sobre el hombro de su amiga en actitud solidaria.
--Claro que sí. Estoy convencida de que es sincero conmigo. No aparecerá, y Lila quedará en ridículo --se cruzó de brazos, altiva.
--Escondeos tras ese muro; Chat debe de estar a punto de llegar --replicó la aludida con seca seguridad.
Ambas chicas se agacharon tras el murete, asomando apenas entre las plantas que lo adornaban para otear el horizonte con atención. Estaban en la azotea de Lila, donde aquella aseguraba que se había citado con el héroe gatuno.
Marinette resopló, molesta.
--Creo que me largo de aquí.
--Espera un momento más, por favor.
Justo cuando estaba a punto de levantarse para llevar a cabo su amenaza, un gesto de la italiana, que saludaba con la mano hacia un tejado cercano, la detuvo. Alya tironeó de su brazo para que volviera a ocultarse. Y a los pocos segundos, Chat noir aterrizaba con elegancia felina en el barandal.
--Hola, gatito --Lila lo recibió con tono zalamero, haciendo que Marinette apretara los dientes con fuerza.
--Hola, princesa --contestó él, esbozando una sonrisa seductora.
Alya apretó con fuerza el hombro de su amiga, mirándola con preocupación al escuchar al chico llamarla con aquel apelativo que sabía que compartían. Lila las miró de reojo con disimulo antes de continuar.
--¿Qué hiciste al final con Marinette? --preguntó, juguetona--. ¿Seguiste adelante con tu plan de conquistarla, o decidiste portarte bien y dejar de jugar con sus sentimientos?
--Oh, vamos, ¿ya estás celosa otra vez? --rio él, enarcando las cejas--. Recuerda que entre nosotros no hay compromiso. Ya sabes que hay otras: lo que haga o deje de hacer con ella no te debería importar.
--Lo sé, Chat. Pero Marinette es mi amiga, y lo que haces está mal. Además, algún día todo esto podría volverse en tu contra --cruzó los brazos sobre el pecho, frunciendo los labios.
--Estás preciosa cuando te enfadas, cariño --se limitó a decir él, acercándose para besarla, aunque ella apartó la cara, dándole la espalda--. Venga, olvídate de Marinette. Hoy solo estamos tú y yo...
--¿La dejarás en paz? ¿O acaso ya conseguiste seducirla? --habló sin volverse.
--Esa chica es un caramelito demasiado dulce como para renunciar. Un caramelo que pienso desenvolver y devorar de arriba abajo todas las veces que desee. Pero ayer no pude visitarla al final, y me quedé frustrado, y caliente... Así que necesito mimos.
Se acercó con andares de depredador, rodeó a Lila con sus brazos apegándose a su espalda y recorrió sus curvas, acariciándolas voluptuosamente. Sus garras enguantadas de negro se deslizaron por su cuerpo, rodeando su fina cintura y deteniéndose con descaro en sus pechos, que masajeó hasta hacerla jadear, mientras comenzaba a mordisquear su cuello. El breve sollozo ahogado, rápidamente interrumpido, que se escuchó tras el murete, contribuyó a excitar a la chica aún más. Separó las piernas para disfrutar mejor del atrevido contacto, que ya buscaba su sexo sin recato, y emitió un largo suspiro de placer ante sus atenciones.
--Necesito desfogarme con mi amiguita más caliente. Hoy te haré gritar como nunca --prometió él, con la voz cargada de deseo.
--¿Por qué la quieres a ella, pudiendo tener a tantas otras? --insistió Lila con voz entrecortada, comenzando a restregarse contra él.
--Es linda, dulce, y tan inocente... Tener para mí solo a ese angelito me resulta una idea muy excitante. Yo la enseñaré a disfrutar... Y la haré gemir para mí. Pero, mientras tanto...
Lila se giró para quedar frente a frente, y se besaron con lujuria, casi con violencia, sus lenguas enredándose en ardorosa lucha. Ella lo rodeó con las piernas, sintiendo su dureza en su centro, y él atrapó su labio inferior entre los dientes mientras amasaba sus pechos con fiereza
--Destrozarás su corazón --protestó ella sin dejar de frotarse, meciendo sus caderas contra él hasta elevar insoportablemente la temperatura.
--Y a ti voy a destrozarte ahora mismo, contra esta pared --replicó él con voz ronca, ardiendo en deseo.
--¡Basta ya! --gritó Marinette, con el rostro bañado en lágrimas.
Chat noir se apartó, sobresaltado, casi dejando caer a su amante, y la miró con los ojos como platos.
--¿Esto... no es lo que parece? --probó a decir, con escasa convicción.
--¿Cómo has podido, Chat? ¡Cómo has tenido la desfachatez de jugar conmigo de esa manera!
--Pero, princesa...
--¡No te atrevas a volver a llamarme así! --bramó ella, histérica.
--Vamos, vamos, no te pongas así. Todos hemos disfrutado con el juego, ¿no es así? --alzó las manos frente a él, conciliador--. ¡No digas que no te lo has pasado bien conmigo! Siempre podemos renegociar los términos, y...
--Eres despreciable --sentenció Alya, acercándose para consolar a su amiga, que lloraba a mares. Lila solo observaba todo con fingida pena.
--Joder, ¿tú también aquí? Esto no va contigo, Ladyblogger.
--Si haces daño a Marinette te enfrentas a mí también --aseveró la morena.
--Pero si no le hago daño, ¿verdad, princesa? Si yo la trato muy bien, y ella se deshace con mis caricias... --aseguró, con una medio sonrisa lobuna en los labios--. Tendríais que verla, con ese lindo rostro encendido mientras la toco...
--¡Cállate de una vez! Te odio. ¡Te odio! --lloró Marinette, furiosa, dolida y avergonzada.
Cayó de rodillas, cubriéndose la cabeza con las manos mientras sollozaba sin consuelo. Alya se agachó a su lado para abrazarla. Y Volpina sonrió en su escondite, sabiendo que el momento había llegado.
--Ya --instó mentalmente a Lepidóptero.
El akuma se desprendió sin dilación de su colgante y voló hacia la chica postrada, agitando delicadamente sus alas negras. La verdadera Lila lo contempló con satisfacción, mientras su propio reflejo, y la ilusión de Chat noir, se desvanecían en el aire. Justo en ese instante, el akuma hizo blanco sobre la desesperada Marinette, penetrando en su bolso. La chica se levantó de inmediato, apartando a Alya, y no tardó ni un segundo en aceptar el poder que Lepidóptero le ofrecía para vengar su despecho.
--¡No, Marinette! ¡Resiste!
Su cuerpo menudo pareció crecer mientras el resplandor morado la envolvía. Cuando la luz mágica dejó de brillar, revelando de nuevo su figura, el cabello oscuro flotaba, suelto, y el vestido era ahora blanco y vaporoso. Un pañuelo, también blanco, cubría sus ojos.
--Yo no soy Marinette. Soy Princesa justicia. Y ya he encontrado a los primeros culpables que debo condenar --su voz sonaba aterradoramente fría.
Sin embargo, tanto Lila como Chat noir parecían haberse esfumado sin dejar rastro. Princesa justicia señaló a Alya con el dedo, y ante su desconcierto sacó un puñado de polvo reluciente del pequeño bolsito, ahora de un blanco prístino, que llevaba al cinto, y lo sopló hacia su rostro. La morena, al respirarlo, se cuadró frente a ella de inmediato, con el cuerpo rígido y la mirada respetuosamente baja, a su merced.
--Ve a buscarlos para que se sometan a mi implacable juicio. Si es necesario, haz ruido hasta que los héroes vengan a detenerte. Eso traerá ante mí al menos a uno de los acusados.
Alya asintió, con expresión pétrea. Oteó los alrededores, y comenzó a buscar, destruyendo todo lo que estimó que podría ocultar a los culpables. Y, como la Princesa había previsto, Chat noir no tardó en aparecer, mirando todo aquel destrozo con desconcierto.
--¿Qué está ocurriendo aquí, señorita? --inquirió, severo, como quien riñe a un crío revoltoso--. ¿Alya, eres tú? --se sorprendió al verla de frente.
La morena se lanzó enseguida a por él, sin perder un instante en hablar. El hechizo le proporcionaba fuerza, velocidad, y una agilidad sorprendente, volviéndola una rival peligrosa; además, Chat noir, con la imagen de la chica agonizando en el suelo tras un zarpazo suyo durante la pelea con Reina amarga todavía fresca en su retina, se resistía inconscientemente a atacarla con la contundencia que la situación hubiese requerido. En cuanto cometió un error, Alya pudo atraparlo y arrastrarlo frente a Princesa justicia, que esperaba sentada, muy erguida, en una especie de sitial gigantesco. El chico ahogó una exclamación ante la imagen, estudiando aquel rostro frío y ciego frente a él.
--Chat noir, se te acusa de alta traición, por seducir con mentiras y romper el corazón de una inocente en tu propio beneficio --enumeró Princesa justicia con dureza--. ¿Tienes algo que aportar en tu defensa?
--No sé de lo que hablas --el chico se encogió de hombros--. ¿Puedes explicarte mejor? --trató de ganar tiempo, mirando de soslayo a su alrededor en espera de que Ladybug apareciera pronto.
--Engañaste a Marinette Dupain-Cheng haciéndola creer que la amabas, mientras te acostabas con Lila Rossi y otro número indeterminado de amantes --dijo ella en tono monocorde.
--Eso no es cierto; son todo patrañas inventadas por Lila --se defendió él, tan sorprendido como indignado--. Yo la amo de verdad, a ella y a ninguna otra. ¡Jamás haría algo tan rastrero!
--¿Cómo te atreves a negarlo? --vociferó la chica demonizada, levantándose de golpe--. Marinette escuchó tus burlas y contempló tu traición con sus propios ojos. ¡Y estos se apagaron para siempre! --se arrancó la venda de un tirón, mostrando sus cuencas vacías, del color del hielo.
--¡Marinette! --se horrorizó el chico dando un paso atrás--. ¿Eres tú? ¿Eres tú, mi amor, mi princesa? --repitió, incrédulo.
--Ella ya no está; solo estoy yo para hacerle justicia --su tono era bajo y peligroso, y se afiló aún más al escuchar aquel apelativo cariñoso--. ¿No tienes nada que decir en tu defensa?
--¡Ya te he dicho que te amo de verdad, y que todas esas acusaciones carecen de sentido! --se desesperó él --. No sé quién intenta engañarte y hacerte daño, ¡pero desde luego no soy yo!
--Basta --Princesa justicia hizo un gesto brusco con la mano--. A la vista de las pruebas presentadas, y de tus ridículos intentos de defenderte con más mentiras, a pesar de la contundencia de estas, se te declara culpable. ¡Prepárate a recibir tu castigo! --gritó.
Levantó los brazos hacia el chico, que la observaba petrificado por el horror. Pero no pudo culminar su sentencia, pues la cuerda del yo-yo de Ladybug se enredó en sus muñecas, impidiéndole lanzar su ataque definitivo.
--¿Pero qué has hecho ahora, Chaton? --inquirió Ladybug.
Princesa justicia se liberó de un tirón y se encaró con la heroína. Llevó la mano al bolso, impregnándola de polvo brillante, lanzándose hacia su rival para intentar convertirla en su fiel servidora, como había hecho con Alya.
--¡Cuidado, no dejes que te toque! --advirtió Chat.
La pelea entre las dos arreció, ambas atacando y esquivándose, concentradas.
--Está realmente furiosa --jadeó Ladybug--. ¡Creo que tienes algunas cosas que contarme, gatito!
--¡Te juro que no he hecho nada malo, Milady! Por favor, intenta no hacerle mucho daño --gimió al ver que la heroína golpeaba a Marinette con fuerza.
--¿Sabes dónde puede estar el akuma?
--No tengo ni idea. ¿En la bolsa de la que saca ese polvo brillante, tal vez?
--Es posible. ¡Lucky charm! --recogió el objeto y lo observó, confusa--. ¿Un pintalabios? ¿Para qué puedo necesitar yo uno de estos? --se preguntó, mirando alrededor en busca de ideas.
Lila resopló tras el muro donde seguía escondida, sin perder detalle de lo que sucedía ante ella. Bueno, la pelea sería más complicada contra los dos héroes a la vez que por turnos, pero ahora ambos prodigios estaban a su alcance.
Se frotó las manos, convencida de que Lepidóptero estaría satisfecho con su labor. Contempló con deleite como Princesa justicia los ponía en aprietos una y otra vez, volcando en Chat toda la rabia de su corazón dolorido, y su sonrisa se hizo más amplia: casi podía acariciar su recompensa con la punta de los dedos.
*
Lepidóptero se encontraba en ese instante en pleno desconcierto. A la señal de Volpina, había liberado a la chica de su akuma para hacerlo volar hacia una destrozada Marinette. Estaba convencido de que, en cuanto la mariposa surcara de nuevo el aire, al igual que había pasado en la anterior ocasión, la tristeza que albergaba el corazón roto de la azabache reluciría como un faro, atrayéndola. Sin embargo, parecía incapaz de percibir las emociones negativas que sabía que tenían que estar ahí, y no comprendía el motivo.
Maldiciendo en voz alta, abandonó su guarida para buscar a su fiel asistente.
--¡Nathalie! --la llamó a voz en grito, aún transformado.
--¿Qué ocurre, señor? --se sobresaltó ella.
--Necesito ver qué está ocurriendo en la azotea de la casa de Lila. ¡Muéstramelo enseguida!
Nathalie se apresuró a consultar en su tablet en dispositivo de vigilancia que habían montado para controlar a la italiana, y se la tendió inmediatamente a un ansioso Lepidóptero. Este amplió la imagen y ahogó una exclamación.
Aunque él hubiera perdido el contacto con el akuma, este parecía haber logrado alcanzar su objetivo. Princesa justicia peleaba contra Chat noir y Ladybug, y además se desenvolvía con solvencia, espoleada por sus propios deseos de venganza.
Sin embargo, sin comunicación, no sabía cómo impulsarla a arrebatarles los prodigios una vez los derrotase, y, lo más importante, a entregárselos a él. No entendía lo que estaba ocurriendo, por qué no era capaz de sentir al akuma, ni hablar telepáticamente con la chica demonizada: pero sí veía claro que ahí había una oportunidad que no debía ser desaprovechada, y que tenía que actuar con rapidez.
Sin mayor dilación, salió de su casa ante la mirada sorprendida de Nathalie, y corrió hacia donde se desarrollaba la pelea asegurándose de ocultarse frente a las miradas indiscretas. Al llegar a su destino, comprobó que el combate estaba en pleno apogeo, y se detuvo tras una esquina para observar con discreción, manteniendo el factor sorpresa, esperando al momento perfecto en el que su intervención pudiera proporcionarle el triunfo definitivo.
Princesa justicia había conseguido agarrar a Ladybug, y la mantenía inmovilizada contra su cuerpo. Chat noir parecía haber comenzado a abandonar sus reticencias, e intentaba golpearla para que soltara a la heroína, mientras Alya, hechizada, se aferraba a su bota para entorpecer sus movimientos. Finalmente, su compañera pudo revolverse para zafarse de la tenaza de Princesa justicia, y corrió hacia la pared cercana con lo que parecía un pintalabios destapado en la mano.
El cuerpo de Lepidóptero se tensó, preparando el salto que lo llevaría hasta donde estaba la chica vestida de rojo para atraparla de improviso. Ella le daba la espalda, ocupada al parecer en garabatear algo sobre la superficie encalada. Sin embargo, no llegó a moverse: la cuerda del yo-yo de la heroína se enrolló sobre su cuerpo, mientras el hombre contemplaba boquiabierto aquella nueva aparición. Se giró sin comprender hacia donde la otra Ladybug había terminado de escribir su mensaje: en enormes letras de color carmín, podía leerse GAME OVER.
En ese instante, antes de que pudiera reaccionar, las esposas moteadas que eran el verdadero Lucky charm se cerraron sobre sus muñecas, y la sonrisa burlona de Chat noir junto a él avivó su rabia todavía más. Lila gritó de indignación un poco más allá, al ser atrapada por Rena rouge, que amarró sus manos con un pañuelo para asegurarse de que se estuviera quieta y no molestara.
--¿De verdad intentaste engañarnos utilizando ilusiones, Lila? --le dijo--. ¡Vamos! No eres más que una aprendiz comparada conmigo. ¿Te ha gustado el espectáculo que preparamos para ti? --señaló con un ademán hacia el frente, y Princesa justicia y los dobles de Ladybug y Chat noir hicieron una cortés reverencia antes de desaparecer--. Mucho mejor, sin duda, que esa ridícula peliculilla erótica de serie B con la que pretendías romper el corazón de Marinette.
--Aunque tengo que reconocer que el actor que escogiste era realmente guapo --Chat guiñó un ojo, burlón.
--Haz los honores, Chat noir --pidió Ladybug, poniendo los ojos en blanco.
El chico rodeó a Lepidóptero, que forcejeaba inútilmente con las esposas, y arrancó con un leve tirón el prodigio de la mariposa, que el villano llevaba prendido en la corbata.
--Nooroo, eres libre por fin --musitó Ladybug con emoción contenida--. Y nosotros también.
Por fin el villano había sido derrotado, y su identidad quedaría expuesta. Exhaló profundamente, preparándose para afrontar lo que vendría después.
Solo que nada podría haberla preparado para lo que sucedió a continuación.
Bien, pues finalmente sí que había un complejo plan para desenmascarar a Lila y tender una trampa a Lepidóptero: con la inestimable ayuda de Rena rouge, consiguieron que el villano mordiera el anzuelo con mandíbula de hierro.
Lo que ellos no saben, pero nosotros sí, es lo difícil de asimilar que va a resultar para Chat noir el rostro que esconde la máscara de Lepidóptero, y sus motivos para portarla.
¡Fuerza, Adrien! Estamos contigo.
Butercup
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