Gabriel todavía abrazaba a su hijo con fuerza cuando notó que había alguien intentando llamar su atención.

--Vamos --dijo una suave voz femenina --. Tenemos que actuar con rapidez si deseamos tener alguna oportunidad de que esto salga bien.

Se giró hacia la chica, que resultó ser una nueva heroína. Llevaba gafas de sol, el pelo recogido en una coleta alta que caía a su espalda como la cola de un caballo, y su traje combinaba tonos negros con un radiante azul celeste. En la mano portaba un paraguas cerrado, y en el rostro una expresión entre conmovida e impaciente.

Adrien palmeó el hombro de su padre en ademán consolador antes de deshacer el abrazo.

--Tenemos que irnos.

--¿A dónde?

El chico se encogió de hombros, como si aquello no importara.

--A donde ella diga --se limitó a afirmar con confianza.

--¿La conoces? --murmuró Gabriel, todavía reticente.

Adrien le dirigió una mirada extrañada, como si se le estuviera escapando algo que era evidente.

--Es ella, papá; solo está usando otros prodigios --explicó.

--Muy perspicaz, gatito --rio la chica.

--Vamos... reconocería a Milady en cualquier lugar y circunstancia --aseguró él con un deje de burla en la voz, y ella tuvo que usar toda su voluntad para contener la incipiente carcajada.

Los guio hasta donde aguardaba Nathalie, ya destransformada, junto a Lila y Alya, y abrió un amplio portal hasta el templo de los Guardianes. Todos lo atravesaron para desembocar en una pequeña habitación cuadrada y desierta; en cada una de sus paredes se abría una puerta enmarcada en madera, todas barnizadas de diferente color.

Los demás quedaron atrás, y solo avanzaron Marinette --aún transformada en Unix-- y Gabriel, atravesando la puerta roja para entrar en una sala amplia e igualmente vacía, sutilmente decorada en tonos carmesíes y dorados, en la que destacaba un único portalón inmenso.

--Los Guardianes están preparados para escuchar sus motivos, señor Agreste. Esta es su verdadera oportunidad de luchar por recuperar a su esposa. No la desaproveche.

--¿Qué es esto? ¿Una especie de juicio?

--Puede llamarlo audiencia, si eso le hace sentirse mejor.

Él buscó en el semblante de la muchacha alguna pista sobre lo que podría esperar, pero su gesto era grave, y los espejos de sus gafas de sol solo le devolvieron su propio reflejo. La imagen de un hombre confuso, derrotado, perdido y, a pesar de todo, esperanzado.

Tragó saliva con dificultad, pensando en que, al menos, había una oportunidad: no sabía si por él o por su hijo, pero al menos Ladybug no se habían limitado a recuperar los prodigios perdidos y a ponerlo en manos de las autoridades. Tenía que aferrarse a aquello. Tenía que conseguirlo.

--Estoy preparado --afirmó, imprimiendo a su voz más seguridad de la que realmente sentía.

--Bien, pues avance. El portón se abrirá para usted.

--¿No vienes conmigo? --inquirió, sintiéndose súbitamente atenazado por el pánico.

--Debe hacer esto solo --dijo ella con rotundidad. Sin embargo, luego pareció apiadarse de su miedo, y le dirigió un susurro confidencial a la vez que lo empujaba hacia adelante--. Los Guardianes que encontrará al otro lado de la puerta son los portadores de los prodigios de la justicia, el karma y el destino. Sea humilde, sea sincero, sea íntegro, y lo logrará.

Gabriel cerró los puños con decisión, elevó el rostro y avanzó al frente, hacia la puerta cerrada, dispuesto a golpearla con ímpetu para pedir que le franquearan el paso.

--Oh, vamos... ¿Así atiende a mis consejos? --él se detuvo y miró sobre su hombro con incertidumbre--. Seré más clara, entonces: ¡humildad, por favor! Incline esa dura cabezota ante ellos, y no caiga en sus provocaciones. Esto es una prueba, y no será sencilla.

--Pero, ¿qué debo demostrar? --farfulló él, perdido.

--El argumento en el que se basa su defensa para justificar todas las atrocidades que ha perpetrado es que haría cualquier cosa por recuperar a Emilie. Si ese "cualquier cosa" incluye sembrar el caos, akumatizar inocentes, poner la vida de su asistente en peligro e incluso instarla a que recupere el prodigio de la destrucción de entre las cenizas de su propio hijo, asumo que también incluirá estar dispuesto a hacer algunas renuncias, y sobre todo a tragarse su propio orgullo --su voz se había vuelto dura.

Gabriel apretó los dientes y agachó la cabeza, conteniendo una exclamación al ver que las hojas de la puerta se abrían suavemente ante él tras su gesto de sumisión.

--Buena suerte --la escuchó susurrar a su espalda.

Sintió la boca seca cuando el portón volvió a cerrarse tras él con un seco estruendo, cuyo eco reverberó ominosamente entre las paredes. Apenas se atrevió a elevar la mirada, para encontrarse de frente con aquellos que lo juzgarían, y que podrían tener entre sus manos la solución para revivir a Emilie.

Había una especie de gran mesa de madera, oscura y muy labrada, colocada sobre una pequeña tarima que mantenía a los Guardianes, aun sentados, unos centímetros por encima de él. Tras la mesa, tres sitiales. Y en cada uno de ellos una persona acomodada, una mujer y dos hombres, a cada cual más anciano. Junto a ellos flotaban sus respectivos kwamis. A sus espaldas, gruesos cortinajes de color granate completaban la decoración.

La mujer ocupaba la posición central. Sus ojillos, negros como carbones, brillaban sepultados entre una miríada de arrugas. Los labios, finos y severos, se fruncían en una mueca de disgusto. Su voz, al hablar, sonó cascada pero firme.

--Soy Ylena, portadora de Flamma, kwami de la justicia --señaló a la pequeña criatura con forma de salamandra--. Habla, y escucharemos.

Luego tomó la palabra el hombre a su derecha, y por último el de su izquierda.

--Soy Indra, portador de Kronnos, kwami del karma --este, con forma de largo uróboro, se enroscó en su cuello--. Habla, y valoraremos.

--Soy Fait, portador de Noorna, kwami del destino --esta, aracniforme, se balanceó en su hilo, mirándolo un centenar de veces con sus grandes ojos compuestos--. Habla, y decidiremos.

Gabriel cambió el peso de una pierna a otra, incómodo en su posición de suplicante, sin saber bien cómo comenzar. Carraspeó para aclarar su voz.

--Durante un viaje, mi esposa y yo encontramos por azar los prodigios perdidos de la mariposa y el pavo real. Este último estaba dañado, y utilizarlo minó su salud hasta sumirla en un coma mágico del que llevo más de un año tratando de despertarla infructuosamente. Deseo... ruego su ayuda para traerla de vuelta.

--¿Por qué medios lo ha intentado hasta el momento? --inquirió Fait con suspicacia.

--Por todos los medios a mi alcance --reconoció escuetamente Gabriel.

Ylena se puso en pie de golpe, como activada por un resorte, apoyando los puños sobre la mesa e inclinándose hacia delante para encararlo, sus pequeños ojos brillando con tanta intensidad como brasas ardientes.

--Es una manera curiosa de expresarlo, señor... Lepidóptero --escupió el nombre con desprecio--. ¿No cree que está omitiendo cierta información de interés?

--Bueno, yo...

--¡Pesan graves acusaciones sobre sus hombros, mi señor! --interrumpió la anciana con vehemencia--. Yo de usted, me lo tomaría muy en serio.

--No era mi intención ofenderlos. Sé que he actuado mal... Pero ha sido por amor y por desesperación, ¡nunca por ambición o maldad!

El kwami de la justicia revoloteó alrededor de su portadora, canturreando entre dientes:

--Los tontos, y los malvados, siempre encuentran motivos para la autocompasión. Y eso vuelve su corazón de piedra, de piedra...

Ylena hizo un gesto, y Fait desplegó un larguísimo pergamino.

--Aquí se recogen las faltas de las que tenemos constancia. ¿Necesita que le refresquemos la memoria con una lectura pormenorizada?

--Lo que quiero saber es si estoy condenado de antemano --se desesperó él.

Ahora fue Indra el que se levantó. Tenía unos ojos verdes y suspicaces, y una medio sonrisa poco tranquilizadora.

--¿Sabe quién podría haber curado a su esposa sin que todo esto fuera necesario? --Gabriel negó con la cabeza, e Indra chasqueó la lengua antes de pronunciar un nombre que lo dejó helado--. Wang Fu. El antiguo Guardián de los prodigios del zodiaco chino siempre tuvo un talento especial para la sanación.

Kronnos liberó la punta de su cola para soltar una breve risa irónica.

--Wang Fu --coreó a su portador--. El mismo al que usted atacó con crueldad, hasta que se vio obligado a ceder su cargo, perdiendo la memoria y con ella las habilidades que hubieran solucionado sus desvelos.

--Sus propios actos lo condenaron, no nosotros --sentenció Indra, acariciando la cabecita reptiliana de su kwami.

--La fuerza del karma en estado puro: las consecuencias de nuestros actos siempre acaban por alcanzarnos. No nos negará que la situación encierra cierta belleza poética... --dijo este, entrecerrando los ojillos con placer ante el contacto.

El rostro de Gabriel estaba totalmente lívido. Apenas podía creerlo: en su empeño por salvar a Emilie, había terminado por condenarla. Las lágrimas se agolparon en sus ojos, y un amargo sollozo sacudió su pecho.

Ylena pareció conmoverse al ver su sufrimiento, y su expresión se suavizó al hablar.

--No desespere. Estamos aquí para exponer los hechos y buscar soluciones, no solo para castigar sus errores. Aún existen algunas posibilidades de sanar a su esposa. No resultarán sencillas, y el precio será elevado; pero podrá usted elegir si está dispuesto a pagarlo o no.

--Gracias. Yo... les escucho --intentó recomponerse Gabriel.

--Lo primero que debemos aclarar --intervino Fait-- es que las consecuencias de haber formulado su deseo tal y como pensaba hubieran sido absolutamente catastróficas, así que debería agradecer a los muchachos que se hayan opuesto a sus intentos con tanta eficacia como voluntad.

--Después de todo lo que ha ocurrido, la posibilidad de retornar al pasado y revertir los errores en su origen es totalmente inviable. El tejido de la realidad no lo soportaría --aclaró Indra--. Lo más que podemos ofrecerle es una sanación mágica, pero todo lo acontecido durante este tiempo no se borrará.

Gabriel asintió despacio.

--De acuerdo.

Ylena levantó un dedo admonitorio.

--Volver a la vida a alguien destinado a consumirse es un asunto muy serio. Como sabe, el equilibrio deberá restablecerse con una pérdida equivalente. El trato más sencillo es este: la vida de su hijo por la de su esposa.

--No --zanjó Gabriel, rotundo--. No puedo aceptar eso. ¿Cuál sería el trato complicado?

--Podemos rebajar el nivel de apego del sacrificio con otro tipo de concesiones.

--Intentémoslo --pidió él, esperando que concretase a qué se refería exactamente.

--De acuerdo. Perderá usted toda su fortuna: su dinero, su empresa, su mansión. Deberá empezar de cero --indicó Indra.

--No tengo problema con eso.

--Puede olvidarse también de gozar del respeto y aprecio de la sociedad parisina, como en la actualidad --añadió Fait.

--Pueden meterse su aprecio por donde les quepa --terció Gabriel con un gruñido.

--Nos queda el asunto de la vida, entonces. Una igualmente valiosa, pero que no le duela a usted tanto... --Ylena estudió la expresión ansiosa de Gabriel--. Se me ocurre una que cumpliría las condiciones: la de Nathalie, su asistente --sentenció.

--No... No hay trato. Quiero otra opción.

--Ella... o Ladybug. No hay más alternativas.

Un desagradable sudor frío bañó la espalda de Gabriel.

--¿Ladybug? --repitió con un hilo de voz.

--Ella es la otra persona cuyo sacrificio restauraría el equilibrio --asintió Ylena.

--Escoja a la niña --propuso Indra--. Al fin y al cabo, ha sido su enemiga durante todo este tiempo.

El hombre meneó la cabeza, horrorizado con la idea. Había sido fácil odiarla tras el antifaz, pero ahora sabía quién era. Marinette Dupain-Cheng, con sus coletas y su rubor y su sonrisa. Con sus ganas de ayudar a todo el mundo. Y, además, Adrien la amaba: no podía devolverle a su madre y arrebatarle a su novia a cambio. ¡Lo odiaría por ello! Y con razón. Por todos los demonios, si no era más que una chiquilla. No podía condenarla y dejar que pagara con la vida sus propios errores.

--O puede escoger a su asistente. Piense que ella nunca ha dudado en poner su vida en juego para ayudarlo --intervino Fait--. Prácticamente, se la ha ofrecido. Además, al final lo traicionó...

Nathalie. Siempre a su lado, desviviéndose por servirlo. Siempre fiel, manteniendo la cordura incluso cuando la suya terminó de diluirse; la mujer que había cuidado de Adrien durante aquella época tan difícil con aprecio maternal. Recordó cómo lo había apoyado, su mirada cálida tras los cristales cuadrados de sus gafas. No sabía si su decisión final podría catalogarse de traición, pero él desde luego no podía traicionarla a ella tan gravemente, sacrificando su vida.

--No puedo, ¡no puedo! --cayó de rodillas, sollozando sin control--. Lo siento, Emilie. No puedo.

Los tres kwamis volaron hacia él, bailando en círculos a su alrededor.

--Vamos, escoja a una --instó Kronnos.

--Diga un nombre, y sellará su destino --exigió Noorna, la araña.

--La niña, o la mujer.

--Una vida por otra...

Ya no sabía cuál hablaba, los ecos de sus voces agudas mezclándose en su mente.

--Escoja, elija, señale...

--Y regrese para abrazar a su esposa...

--... Y preparar un funeral.

Gabriel se sujetó la cabeza entre las manos para no seguir escuchando, incapaz de pronunciar una sentencia tan cruel.

--No puedo... Emilie, no puedo hacerlo. Perdóname, mi amor.

Ylena emitió un largo suspiro satisfecho, bajó del estrado y acarició su cabello cano, consolándolo.

--Vamos, hijo, levántese. Todo ha terminado ya. Ha superado la prueba --anunció, sonriendo con sinceridad.

Gabriel levantó la mirada sin atreverse a creer que siguiera habiendo una oportunidad. Los tres ancianos habían abandonado su ademán severo, y ahora lucían expresiones mucho más amables. Las arrugas se acumulaban junto a sus ojos al sonreír. Y la portadora de la justicia le tendía una pluma que desprendía un suave brillo irisado.

--¿Qué...?

--Solo colóquela sobre el corazón de su esposa: el daño causado por el prodigio del pavo real se revertirá.

--Pero... ¿Y el precio? ¿Nadie morirá a cambio?

--El prodigio la dañó, el prodigio la despierta. El círculo está cerrado. Ha causado mucho sufrimiento, y con sufrimiento acaba de pagar. Y su decisión, o más bien su incapacidad para tomarla, ha demostrado que aún queda suficiente humanidad en su pecho como para merecer otra oportunidad --explicó la anciana.

--A partir de este momento, deberá saldar el resto de su deuda ayudando tanto como pueda a todos los que perjudicó --añadió Indra--. Eso sí: le recomiendo que no escatime, o a su próxima reencarnación le espera una vida harto complicada...

La pesada cortina granate que decoraba la pared se removió, y Adrien surgió tras ella, corriendo a abrazarle. Marinette caminó detrás, pero mantuvo la distancia, sonriendo enternecida por el final feliz de todo aquel montaje. Tikki, Plagg, Kaalki y Fluff orbitaban alrededor de ambos chicos como pequeños satélites multicolores.

--Sabía que lo lograrías, papá. Sabía que podía confiar en ti.

--Vosotros dos, ¿estábais al corriente de lo que iba a suceder?

--Perdóneme por todo este montaje, señor Agreste; era necesario para comprobar que su alma no estaba totalmente perdida, y que era merecedor de la ayuda de los Guardianes del templo.

--Te perdono gustoso --resopló él--; es más, te estaré eternamente agradecido, señorita Dupain; pero, por favor, regresemos cuanto antes junto a Emilie.

--Puedes llamarla Marinette, papá --sonrió Adrien--. Después de todo, vais a ser familia cuando nos casemos.

Ella le miró, totalmente colorada.

--Bueno, me refiero en el futuro, claro, y si tú quieres... --tartamudeó Adrien--. ¿Me he precipitado? Es que lo de la madre de tus nietos me parecía muy fuerte, y... está bien, ¡no me mires así! Iremos paso a paso.

--Vais en serio, por lo que veo --intervino Gabriel--. Está bien, Marinette. Por mi parte, bienvenida a nuestra familia.

Ella hizo una pequeña reverencia, aún coloradísima.

Antes de abandonar el templo se reunieron con los demás. Todos ellos habían sido interrogados por los Guardianes para evaluar la mejor solución para cada uno.

Como resultado, Alya había obtenido una invitación para visitar la biblioteca del templo e investigar el conocimiento ancestral que atesoraban, aunque también se le impuso un hechizo que le impedía revelar nada de aquello ni voluntaria ni accidentalmente. Además, se había ratificado sin reservas la decisión de Ladybug de contar con ella como portadora cuando fuera necesario, y la habían felicitado por su papel en el desenlace de la historia, haciéndola henchir su pecho con orgullo.

Nathalie había sido completamente curada de los efectos negativos de la utilización del prodigio dañado, y se le había propuesto que pasara una larga temporada entre los monjes a modo de compensación por sus errores del pasado, utilizando su talento para la gestión en la compleja labor de poner al día la institución tras el largo periodo transcurrido fuera del mundo. Y la rapidez con la que la mujer había aceptado no tenía absolutamente nada que ver con que su interlocutor, el portador del prodigio del león, fuera tan arrolladoramente atractivo, ni que le hubiera dedicado aquellas sonrisas seductoras mientras besaba con delicadeza el dorso de su mano. O, al menos, eso era lo que ella repetía para sí misma con convicción.

A Lila la había entrevistado el portador del kwami de la verdad, que había terminado con un buen dolor de cabeza. Finalmente, sabiendo que no era de fiar, había decidido dormirla para realizar algunos reajustes en la memoria de la chica, borrando completamente sus últimas experiencias para que no fuera capaz de recordar la identidad de ninguno de los portadores. Además, se había permitido una pequeña licencia, utilizando un hechizo que le provocaría a la italiana una fuerte jaqueca cada vez que faltara a la verdad.

Se despidieron de los Guardianes, y Marinette volvió a fusionar a Kaalki y Fluff para transformarse en Unix y poder retornar a París, justo al momento en el que habían partido, para evitar en lo posible paradojas temporales.

*

Lila abrió los ojos y bostezó, frotándose los párpados para despejarse. Estaba en la azotea de su casa, aguardando la visita de Alya y Marinette para poner en marcha su maquiavélico plan, y debía de haberse quedado dormida. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que algo no encajaba: ¡ya no estaba akumatizada, ni tenía el poder de Volpina! ¿Qué demonios había ocurrido durante su inoportuna siesta?

Para colmo, sus "amigas" acababan de llegar, así que le tocaría improvisar.

--¡Hola, chicas! --saludó con una falsa sonrisa--. Qué lástima que hayáis tardado tanto: Chat noir justo se acaba de ir --frunció el ceño al notar una fuerte punzada en la sien--. ¡Auch! Y a mí me duele una barbaridad la cabeza.

--No te preocupes, Lila; ya nada de eso me importa. Chat noir es libre para salir con quien desee. En realidad, solo he venido para darte las gracias --dijo Marinette con una enorme sonrisa.

--¿Las gracias?

--Sí. Verás, preocupado por los rumores que te has dedicado a extender, Adrien ha venido a verme. Hemos hablado largo y tendido, y me ha confesado sus sentimientos de una manera tan dulce que no me he podido resistir. ¡Ahora, estamos saliendo! Así que Chat noir y yo hemos decidido dejar lo nuestro en amistad.

--Oh, pues no sabes cuánto me alegro. ¡Ay, mi cabeza, cómo duele!

--Deberías descansar --aconsejó Alya, falsamente preocupada.

--¿De verdad estáis saliendo Adrien y tú? --su pregunta sonó como un gimoteo incrédulo.

--Es un encanto --suspiró Marinette--. Quizás no sea el mejor momento paea comenzar algo con él, pero ya hemos perdido mucho tiempo, y no deseamos esperar más. Es oficial: estamos juntos.

--¡Vaya! Luka, Chat noir, ahora Adrien... Menuda carrera que llevas, amiga --criticó Lila, mordaz.

--Lo que tú opines me importa un pimiento, Lila --replicó la azabache sin perder la sonrisa--. Nosotros ya hemos aclarado las cosas con quienes las debíamos aclarar.

--Hoy es un gran día --dijo Alya, palmeando con entusiasmo la espalda de su mejor amiga--. Marinette y Adrien juntos por fin, ¡y dentro de un rato, en el Ladyblog, tendré la mejor exclusiva que jamás hubiera podido soñar!

--¿Ah, sí? ¿Puedes adelantarme algo? --preguntó Lila con curiosidad.

La morena alzó el índice para hacer un firme gesto negativo.

--Ni de broma. Solo estate atenta a mi blog dentro de una hora, más o menos.

Se despidieron, dejando a Lila con las sienes doloridas y al borde de un ataque de rabia. Respiró profundo, tratando de calmarse. Hasta que lograra contactar de nuevo con Lepidóptero, todavía le quedaba una carta que jugar para intentar borrar al menos una de aquellas odiosas sonrisas.

Tomó su teléfono móvil y marcó el número de Gabriel Agreste. Tardó cerca de veinte minutos en lograr que alguien respondiera.

--Señorita Rossi...

--¡Por fin, Nathalie! Tengo que hablar con el señor Agreste. ¡Esa trepa promiscua de Marinette Dupain-Cheng está a punto de conseguir embaucar a su hijo, y...!

--El señor Agreste está ocupado y no se puede poner. Además, ya disponíamos de esa información, o mejor dicho de una versión más coherente de la misma, y me alegra informarle de que la relación entre Adrien y Marinette goza de su total apoyo y aprobación.

--¿Cóóómo? ¡Pero si esa chica es una terrible influencia para él!

Se escuchó movimiento al otro lado de la línea, y la seca voz de Gabriel sustituyó a la de su asistente.

--Señorita Rossi, ya le ha dicho mi asistente, y yo le reitero, que Adrien cuenta con mi permiso y mi bendición para salir con la señorita Dupain. Como ose molestarlos, o llega a mis oídos cualquier queja o rumor que me haga sospechar que está usted enredando o malmetiendo, tomaré medidas contundentes. Buenas tardes.

La chica rugió de rabia cuando la llamada se cortó.

--¡No saben con quién se están metiendo! ¡Me las pagarán! --presa de la ira, gritó con fuerza.

Vigiló por si había algún akuma llegando presto a aprovechar la intensidad de sus sentimientos negativos, pero nada se agitaba en los alrededores. Con un gruñido, volvió a desbloquear su móvil al reparar en la notificación que la avisaba de que el Ladyblog estaba transmitiendo en directo.

En la pantalla, una Alya absolutamente pletórica saludaba en primer plano. A su espalda, Ladybug y Chat noir, sonrientes, intercambiando miradas de complicidad. La heroína se adelantó cuando la periodista advirtió que iba a hacer un anuncio importante, tomó aire y comenzó a hablar.

--Ciudadanos de París, nos alegra comunicar que el día que tanto hemos esperado ha llegado por fin. Lepidóptero ha sido derrotado, y ha entregado los prodigios que obraban en su poder. Ya no habrá akumas oscuros sobrevolando los cielos, ni sentimonstruos amenazando la tranquilidad de nuestra ciudad. El peligro ha sido conjurado.

--¿Se conoce la identidad de los villanos? --inquirió Alya, profesional.

--No ha quedado constancia. Hemos llegado a un acuerdo, y los prodigios han sido entregados en un punto neutral. No obstante, las autoridades seguirán investigando por si pudieran llegar a pedirles cuentas por su responsabilidad civil.

Lila ni siquiera podía creerlo. Se mesó los largos cabellos, gimiendo de frustración. Su día, definitivamente, no podía empeorar. O eso pensaba. Porque un entusiasmado Chat noir reclamaba su instante de protagonismo en la pantalla.

--Milady, ¿no vas a contar lo demás? --rogó, poniendo ojitos.

--¿Lo demás? --indagó Alya, divertida --. ¿A qué te refieres, Chat noir?

Ladybug le dirigió una mirada de advertencia a su compañero.

--Me dijiste que ya podríamos contarlo --susurró--. ¡Ya sabes! Lo nuestro... --juntó los dedos índice y pulgar de ambas manos, dibujando un corazón.

--Está bien, ¡está bien! Tú ganas --concedió ella, poniendo los ojos en blanco--. Chat noir y yo, ahora que los villanos han sido derrotados, hemos decidido dar un paso más en nuestra relación --confesó, ruborizada.

Los comentarios en el blog, que ya se sucedían incansablemente, estallaron en un sinfín de entusiasmadas felicitaciones, llenándose de corazones multicolores. Ambos héroes miraban sonrientes a la pantalla que Alya les mostraba, agradeciendo el cariño que los mensajes transmitían; ella, tímida, y él totalmente encantado.

--Chicos, como podéis comprobar en los comentarios, entre nuestros seguidores hay dos demandas que se repiten una y otra vez: la primera, si sería posible mostrar los prodigios recuperados.

Ladybug carraspeó suavemente, negando con la cabeza.

--Lo lamento, pero no es aconsejable mostrar las joyas al público por motivos de seguridad.

--Bien, lo comprendo. La seguridad es lo más importante --convino la periodista--. El segundo... ¿Podríais sellar vuestro anuncio con un beso? ¿Por favor, por favor, por favor? --rogó, uniendo las palmas de las manos.

La heroína parecía a punto de volver a negar cuando su compañero tomó la iniciativa, entrelazando sus manos con las de ella y mirándola intensamente a los ojos. Finalmente, la chica, enternecida, unió sus labios con los del chico, primero con pudorosa reserva, y luego con mayor entusiasmo a medida que se dejaba llevar...

El móvil de Lila se estrelló contra el suelo, haciéndose pedazos. Al menos, aquel terrible dolor de cabeza que la asaltaba por momentos le daría la excusa perfecta para dejar de asistir a clase. Simplemente, no se sentía con fuerzas para lidiar con el previsible entusiasmo de sus compañeros tras la avalancha de noticias; y menos aún para tener que ver juntos y felices a aquellos idiotas de Adrien y Marinette.

*

Poco más tarde, en la imponente mansión Agreste, "aquellos idiotas" se abrazaban, felices y emocionados, mientras Gabriel lloraba en brazos de su esposa, totalmente restablecida.

--Estás con nosotros, Emilie. Estás bien... --repetía, tomando su rostro entre las manos para estudiar su sonrisa como si todavía no se lo pudiera creer.

--Me parece mentira que haya pasado tanto tiempo --murmuró ella, volviéndose hacia su hijo.

--Han pasado muchas cosas, y no todas serán fáciles de contar. Solo espero que puedas perdonarme --susurró Gabriel.

--Ya habrá tiempo para hablar de todo. Lo importante es que estamos juntos de nuevo --aseguró Adrien, feliz.

--Estás tan guapo, y tan grande... --Emilie hizo un gesto a su hijo para que se uniera al abrazo familiar.

--¿Sabes, mamá? Yo también tengo muchísimas cosas que contarte --tomó aire, entusiasmado--. Llevo ya bastante tiempo yendo a clase con mis compañeros en vez de estudiar solo en casa, ¡y tengo muchos amigos! --tendió la mano hacia Marinette para que se acercara también--. Y ella... Esta chica tan preciosa es mi novia --sonrió, dedicándole una mirada que destilaba amor.

--Me alegra mucho conocerte, señorita. Y más aún saber que haces tan feliz a mi hijo.

Gabriel exhaló un largo suspiro. Había muchas cosas que aclarar, secretos que mantener, y excusas que hilar para explicar el regreso de Emilie a la opinión pública. Al menos, Nathalie le había prometido apoyarlo, compaginando su labor en el templo de los Guardianes con la gestión de su nueva fundación benéfica. Pero eso ya sería mañana.

Hoy, no pensaba dejar que nada, absolutamente nada, rompiera su burbuja de felicidad.

FIN


Y aquí acaba esta peculiar historia, que empieza justo como suelen terminar otras tantas: con la revelación de las identidades. ¡Espero que la hayáis disfrutado!

¿Qué os apetecería que suba a continuación?

1-One shot post Oblivio

2-Historia sencilla con toque de lemon

3-Historia más basada en los shipps, también con lemon (y música)

4-Otro malvado plan de Lepidóptero aliado con Lila :)