Capítulo 2. El mismo diablo a su servicio
Cuando Susanna comenzó a despertar, lo primero que sitió fue el cuerpo adolorido y la luz apenas entrando por la cortina de su cuarto. De inmediato reconoció el techo y las sábanas a su alrededor, pero había algo extraño…. Algo que no cuadraba en el ambiente de la habitación y cuando pudo abrir los ojos, además del dolor y la extraña sensación en el cuello, se dio cuenta de que no estaba sola.
-Buenos días señorita ¿cómo se siente? –un sujeto con un traje casual de color negro estaba junto a su cama y le sonreía con gran cordialidad.
-¿Sebastian? –en seguida lo reconoció pero ¿qué rayos?
-No intente levantarse. Debe descansar… -el demonio se acercó a ella e impidió que se levantara. Llevaba con él un vaso con un líquido anaranjado.
-¡Mi papá!...el no debe saber que…-Sebastian la volvió a recostar tras el intento de la chica por salir corriendo del lugar.
-Descuide, le he explicado todo… o al menos la versión oficial y con censura. El cree que soy un enviado de parte de su familia biológica, especialmente despachado para cuidar de usted antes de que herede la empresa.
-La empresa… -se llevó la mano a la frente- esto es demasiado para digerir…. Y además tengo nauseas.
-Es normal, milady… ayer estuvo secuestrada, fue golpeada con brutalidad y estuvo expuesta a por lo menos un par de drogas. Beba esto, es suero. Necesita estar hidratada, la pérdida de sangre la dejó débil.
-¿En qué carajos me he metido? –ella parecía estar muy confundida.
-No piense en eso ahora. Mejor duerma un poco más. Yo le informaré a su padre que se encuentra mejor. Quizá venga a verla, así que… sólo revele la información necesaria, no necesita saber nada del contrato ni… -la miró por un instante- ni de todo lo que sucedió ayer –su voz se volvió sombría.
-Debo estar llena de moretones… y… me duele todo…no quiero que me vea así –hizo una pausa en la que recapacitó sobre lo que había pasado y volteó a ver a Sebastian horrorizada- ¡Eres un demonio!… qué rayos…-se movió hacia el otro extremo de la cama, en posición defensiva- esto no puede estar pasando, no eres una buena persona, ni siquiera eres una persona. Sólo estás aquí por mi alma, no puedo confiar en ti… -Sebastian hizo un intento por hacer que la chica se recostara, pero estaba demasiado alterada y se rehusó a que la tocara. Sin más remedio, se apartó un poco y comenzó a decir.
-Hicimos un contrato y le he ofrecido mi ayuda incondicional. No debe temerme, no le haré daño. Sus órdenes son absolutas y no pretendo lastimarla den ninguna manera –sonrió, mostrando amabilidad e intentando transmitir confianza.
-No te creo –Sebastian rió al escuchar eso y le mostró la marca que estaba en la palma de su mano. Era como un pentagrama de color negro que comenzó a brillar de un color morado oscuro. Sus ojos también brillaron, eran de color rosado intenso, haciendo que su rostro se viera aún más atractivo y aterrador.
-Esta es la firma del contrato. Si no cumplo con las condiciones, el contrato se deshará y… no obtendré lo que quiero –su sonrisa era pícara y dejaba ver unos afilados colmillos- le garantizo que no le haré daño y la cuidaré mientras cumplo mi parte. Ahora… su papá viene en camino, relájese un poco y por nada del mundo se quite esa venda del cuello.
Hasta ese momento Susanna se hizo consciente de que tenía vendas en los brazos, el cuello y los pies. En verdad debía estar hecha un desastre y tan sólo de acordarse le dieron ganas de llorar, pero no le quedó otra opción más que quedarse en silencio y parecer fuerte frente a su padre. Casi de inmediato se escuchó un golpe en la puerta. Instantes antes de que ésta se abriera, Sebastian tomó un par de guantes negros de cuero que le quedaban a la medida y se los puso, ocultando así el sello del contrato y sus uñas negras. Cuando la puerta se abrió el padre de Susanna entró. Estaba muy preocupado por la chica, pero cuando la vio despierta se relajó y la abrazó.
-Creí que no te volvería a ver –el hombre, que era algo mayor, la abrazó y le salieron lágrimas de los ojos. Lo mismo pasó con ella, quien le lanzó una mirada fulminante a Sebastian para que saliera del cuarto.
Minutos más tarde, cuando el momento emocional pasó, Sebastian subió con una charola y sobre esta había una jarra de té y dos tazas puestas de manera impecable. En cuando lo vieron entrar por la puerta del cuarto de Susanna, éste sonrió.
-Les he traído un poco de té -Sebastian comenzó a servir el líquido caliente en las dos tazas, con una gran meticulosidad digna de los más refinados mayordomos europeos. Ahora llevaba un traje formal hecho a la medida con camisa y corbata, todo de color negro, incluyendo los guantes que se había puesto minutos antes. El saco estaba abrochado de uno de sus botones, resaltando su figura y haciéndolo verse más serio y formal.
-Gracias… Sebastian, quiero que me expliques a detalle lo que sucede –preguntó el padre de la chica, con gran preocupación en el rostro mientras Susanna tenía un gesto de angustia; ¿qué podrían explicarle sin que sonara sospechoso? Además el padre no sería fácil de engañar con cualquier excusa.
-Sí señor. Comprendo lo angustiado que se ha de sentir y lo vaga que fue mi explicación con anterioridad. Es por eso que he traído el té, para que se relaje un poco y le pueda contar toda la historia… es posible que toque fibras sensibles pero… -tanto padre como hija escucharon con mucha atención lo que Sebastian estaba punto de decir- Susanna es descendiente de una familia muy importante en Europa; el apellido Serafer quizá no sea muy sonado, pero hoy en día ella es la única descendiente y heredera de "AstraZeneca", una compañía…
-Farmacéutica –interrumpió el padre, muy impresionado con la explicación e intentando hacer conjeturas.
-Así es… hace poco el abuelo de la señorita Susanna… Richard Serafer falleció y yo fui enviado a buscar a su descendencia. Al parecer los padres de la señorita fallecieron al poco tiempo de que ella naciera. Verá, el padre huyó años antes de su nacimiento y vino a este país con el fin de alejarse de ese ambiente en el que vivía en Inglaterra. Tiempo después conoció a una chica, se casaron y tuvieron un hija, pero había demasiados intereses económicos y de poder en juego, así que fueron perseguidos y obligados a dar a Susanna en adopción -hubo una pausa- hasta donde sé, para proteger a la niña, la dieron en adopción y es cuando usted, señor, apareció en escena y junto con su difunta esposa, adoptaron a la niña. Le agradezco que la hayan mantenido segura por tanto tiempo –puso su mano derecha en el pecho e hizo una pequeña reverencia, acentuando la formalidad de su agradecimiento como todo un diplomático- pero me temo que esas personas que… -hubo un pequeño silencio cuya razón sólo la chica pudo comprender; Sabastian estaba "arreglando la versión"- tienen intereses económicos, buscan a toda costa hacerse con los derechos sobre la empresa. Es por eso que ayer intentaron secuestrar a su hija. Suerte que pude rastrearla a tiempo y, junto con un fuerte operativo de seguridad, pude localizarla.
Tras decir eso, el señor se quedó sin habla; nunca había sido un hombre de muchas palabras, pero en ningún momento pensó que su hija fuera a tener ese tipo de pasado. Durante esos instantes, Susanna se preguntó si la historia era lo suficientemente creíble y miró a Sebastian con ojos de angustia. Pasara lo que pasara, él no podía saber la verdad.
-Comprendo –por fin dijo el padre- ¿te hicieron algo? –miró a su hija, con ojos de terror ante la idea de que le hubieran hecho más daño.
-Por suerte sólo me golpearon y… -miró al mayordomo- Sebastian me llevó al hospital –el hombre se quedó en silencio otra vez, como si estuviera ordenando toda la información en su mente y de repente preguntó con tono de angustia.
-¿Susanna tendrá que irse lejos? –deseó con todas sus fuerzas que Sebastian le dijera lo contrario y se notó en la melancolía de sus ojos.
-Me temo que sí –contestó el mayordomo, justo antes de que la chica dijera algo- debe hacerse cargo de los asuntos familiares.
-¡Pero…!
-Descuida hija… -su padre la vio con ojos muy tiernos, un gesto que dejo asombrado a Sebastian- comprendo…
-¡Nunca mencionaste que tuviera que irme de aquí! Creí que… -hizo una pausa después de reclamarle a Sebastian y después volteó a ver a su padre- no te voy a dejar, papá.
-No puedo ir contigo… -dijo el padre con desánimo y de repente un brillo apareció en sus ojos- llegó el momento que siempre temí… pero si vienes a visitarme y hacemos videoconferencias una vez por semana, no será tan malo.
-Y estoy segura de que podrás visitarme cuando quieras –la chica abrazó a su padre y le lanzó una dura mirada a Sebastian, quien comprendió de inmediato y volvió a salir del cuarto.
Pasaron algunos días y las heridas de Susanna sanaron poco a poco, pero algo en ella había cambiado. El trauma era demasiado grande y procuraba enterrar los recuerdos de su secuestro en el fondo de su cabeza. Quería olvidar el olor de esa bodega y las manos sucias de ese sujeto a punto de abusar de ella. Además tendría por el resto de su vida un par de cicatrices en el torso que le recordarían lo que estuvo a punto de pasar.
Tenía problemas para dormir y las pesadillas seguían asechándola, aunque había sido un alivio para ella el dejar de ver siluetas extrañas por la noche. La última vez que las vio fue dos días después del secuestro y algo le decía que Sebastian tenía algo que ver en todo eso.
Trataba de alejarse de todo ello mientras encontraba difícil acostumbrarse a su nueva realidad, en especial si esta incluía a un mayordomo que la seguía a todas partes, eso sin mencionar su extraña actitud y presencia por demás sobrenatural.
A menudo recordaba las palabras de Sebastian, tan solemnes e inesperadas:
-El contrato que tenemos me hace su humilde servidor hasta el día en que usted termine con aquellos que intentaron matarla. Si desea algo sólo debe pedirlo; no refutaré ninguna de sus órdenes, siempre y cuando usted la exprese como tal y su vida no peligre.
Sí, ella había vendido su alma con su libre albedrío, pero no podía evitar sentir temor por lo que vendría y además tenía miedo al estar junto a un demonio la mayor parte del día; una creatura sobrenatural, infernal y que es la pura maldad encarnada, el diablo mismo a su servicio, o al menos esas son las creencias.
Había llegado a un acuerdo con Sebastian, al menos en términos funcionales y para mantener las apariencias con su padre: el mayordomo la acompañaba durante el día y por la noche se retiraba a donde fuese que se estuviera alojando. La verdad era un poco distinta; cuando caía la noche y después de fingir irse, Sebastian revisaba los alrededores de la casa, en busca de gente sospechosa y pasaba la mayoría de la noche en el tejado, justo sobre la habitación de la chica por si hubiese alguna amenaza y también para jugar con los gatos que pasaban por ahí.
Susanna hizo lo posible por mantener su vida cotidiana. Sabía que pronto debía despedirse de todo aquello, así que optó por no interrumpir sus clases, además eso le ayudaba a olvidarse del secuestro, al menos por unas horas.
-¡Ya te dije que puedo ir a mi clase sola! –la chica dijo mientras tomaba su mochila.
-Señorita, creo que no hace falta decirle todos los riesgos que puede correr, además de…
-Está bien, pero al menos déjame manejar -dijo tomando las llaves del auto, dándose por vencida.
-Accederé a eso, pero recuerde que cuando vayamos a Inglaterra…
-Para eso falta mucho tiempo…
La chica salió de la casa, esperando a que Sebastian la acompañara. No tenía otra opción que acostumbrarse a él, por más incómodo que le resultara. Su vida había dado un giro inesperado; de un día para otro pasó de ser una persona común, a ser la heredera de una poderosa compañía y parte de una familia marcada con un pasado oscuro que la acechaba, y para colmo debía irse a vivir a Inglaterra, un lugar muy lejos de su país, dejando a todos sus amigos y hasta entonces, familiares atrás. Eso sin mencionar la constante y angustiosa culpa de haber vendido su alma al diablo; una parte de ella ya no era suya, estaba en espera de ser arrebatada y no podía dejar de pensar en que quizá hubiese sido mejor dejarse morir antes de hacer el contrato.
Por suerte, Sebastian le había concedido un plazo de mes y medio para que terminara con sus pendientes y pudiera asimilar todo. Tiempo era lo que ella necesitaba y su nuevo mayordomo estaba dispuesto a concedérselo, pero llegada la fecha, debería ir a Inglaterra y hacerse cargo del negocio familiar, mientras encontraba pistas respecto al pasado de su familia biológica y terminar con el contrato.
La idea de que Sebastian fuera un demonio fue algo que le costaría asimilar, pero de alguna forma él lo hacía fácil, ya que el tipo actuaba como si fuera humano… la mayoría del tiempo… el hecho de que no comiera ni durmiera era algo que parecería sospechoso ante cualquiera, por lo que la chica le ordenó que actuara lo más normal posible y eso incluía dejar al mínimo sus demostraciones de "poder", excentricidades y la constante batalla porque el hombre no pareciera extrañamente irreal. Incluso su porte era un tanto sospechoso; nadie podría tener una postura tan recta y parecer relajado al mismo tiempo.
Por otro lado, ella siempre guardaba sus reservas cuando se trataba de hablar con Sebastian. Su verdadera identidad siempre estaba en una esquina de la mente de la chica y de forma automática una barrera invisible se levantaba entre ellos. Él se daba cuenta de ello, pero no hizo nada al respecto; tenía demasiado tiempo por delante para que la chica confiara en él y decidió ganársela poco a poco, además eso agregaba emoción a su juego.
Cuando llegaron al instituto de idiomas, Sebastian se bajó del auto para abrirle la puerta y comenzó a hacer conversación.
-Me alegro de que esté tomando lecciones de alemán. Entre más idiomas hable, será mejor para las reuniones de negocios, aunque yo siempre estaré a su disposición en caso de que necesite un intérprete.
-Vaya… ¿hay algo que no puedas hacer? –dijo con tono aburrido. A esas alturas ya se había acostumbrado a la relativa omnipotencia del demonio.
-Desde luego: cualquier cosa que vaya en contra de sus órdenes, señorita –había un poco de coquetería dentro de su gesto; era como si Sebastian intentara impresionar a cualquiera que se le acercara, y esa actitud fastidiaba a Susanna, sobre todo cuando ponía actitud de galán.
-Me lleva el demonio…. –dijo con hartazgo.
-Efectivamente…. –dijo con una sonrisa pícara en el rostro.
-Sebastian… -lo miró con una expresión colérica- cállate –el sólo asintió y sonrió de manera angelical mientras seguían caminando hacia la escuela de idiomas- te veo aquí en un par de horas ¿ok?... –el mayordomo asintió con la cabeza y la siguió con la mirada mientras Susanna subía las escaleras del a escuela.
En definitiva, ese nuevo contrato sería algo diferente y al mismo tiempo lo mantendría entretenido por un tiempo. Quién sabe qué cosas sucederían esta vez y eso era justo lo divertido del asunto: cada contratista era diferente y las condiciones cambiaban cada vez, pero en el caso de Susanna, él sabía muy bien cuál sería el desenlace de todo; lo había planeado desde hacía mucho tiempo y sólo restaba ver cómo evolucionaba su presa y cuánto tiempo le tomaría reclamar su alma.
Mes y medio se fueron como el agua, tiempo que Sebastian aprovechó para acostumbrarse a los gustos y caprichos de la chica. Al principio fue difícil porque ella no salía de su cuarto. Después del secuestro fue difícil que saliera de casa, además no confiaba en él y lo evadía cada que podía; se ocultaba bebiendo, aprovechando que su padre salía a trabajar. Fue entonces que el demonio se dio a la tarea de averiguar qué comida le gustaba, qué pasatiempos tenía y qué lugares frecuentaba, organizando reuniones con sus amigos y llevándola a museos, ya que le encantaba la historia. También iban a exposiciones o al cine, haciendo que poco a poco ella se abriera con él; ganándose su confianza de a poco.
Parecía que ella guardaba mucho rencor después de lo que pasó, pero había una naturaleza buena dentro de ella, misma que no se reflejaba tan a menudo, pero era latente en su alma y Sebastian lo notaba.
Por fin el día de partir hacia Inglaterra llegó. Susanna no pudo dormir la noche anterior y muy temprano por la mañana un taxi estuvo frente a la puerta de la casa, esperándolos para llevarlos al aeropuerto.
La despedida de Susanna con su padre fue, al igual que cualquier otra despedida, muy triste. Ambos lloraron y se abrazaron. Se hicieron muchas promesas para mantenerse en contacto y visitarse tan pronto fuera posible. Las palabras ahogadas en la garganta de la chica expresaron la gratitud que tenía para con él, quien a pesar de lo que fuera, había sido su padre desde que ella era un bebé. Y justo antes de partir, el padre miró con recelo a Sebastian y le dijo algo en voz baja, asegurándose de que la chica no lo escuchara.
Las cosas no volverían a ser iguales. Susanna no sabía si volviera a ver a su padre. Quizá todo acabaría pronto y su alma sería reclamada por el demonio, o la distancia los alejaría al grado de casi olvidarse el uno del otro… quizás no lo volvería a ver y eso le partía el corazón.
Llegaron al aeropuerto local, donde un jet privado, propiedad de la empresa los esperaba listo para emprender el viaje.
-¿Lista señorita?... no volverá en mucho tiempo. Aquí comienza su nueva vida –Sebastian dijo mientras le ofrecía su mano para subir las escaleras y abordar. Ella no lo había notado hasta entonces, pero por primera vez desde que lo conoció, lucía como todo un mayordomo; vestía un pantalón negro con saco estilo frac del mismo color, acompañado por una inmaculada camisa blanca, guantes blancos, un chaleco de un tono gris muy oscuro y la corbata que terminaba de dar el toque serio y elegante era también negra, delgada y con un nudo perfecto. Pensó que tal apariencia lo hacía ver incluso más atractivo.
-Vamos –Susanna aceptó su ayuda para subir al jet. Ese sería un viaje largo y tedioso, pero al menos tenía varias horas para poder dormir y eso fue lo que hizo la primera parte del viaje. Descansar era justo lo que necesitaba. Ya no tenía tantas pesadillas, pero seguía sin dormir bien, así que en cuanto despego el avión, sus ojos se cerraron. La segunda parte del viaje consistió en una serie de recomendaciones por parte del mayordomo, quien no parecía cansarse de dar indicaciones y explicaciones sobre la nueva vida de la chica. Parecía conocer todo sobre la familia Serafer y los usos y costumbres de la clase empresarial inglesa. También hizo otra recomendación.
-De ahora en adelante, en lugar de usar una venda para ocultar el sello del contrato, podría usar una mascada o bufanda. Así sólo se verá como un accesorio característico de usted.
Desde luego, ocultar esa marca en forma de pentagrama sería buena idea, aunque podría pasar como un tatuaje al estilo rockero, pero quizás no era lo más adecuado ante la clase empresarial inglesa.
Fueron unas largas 10 horas de viaje sin escalas y sin mucho que hacer. Cuando por fin llegaron y el jet aterrizó, Sebastian fue el primero en salir del avión. Quería asegurarse de que todo estuviera en orden. Pronto, la chica lo siguió y juntos bajaron la escalera que los llevaría a la pista de aterrizaje,
-Como le venía comentando en el avión, todos los arreglos han sido hechos para que tome posesión de su nueva casa y a partir de pasado mañana tomará un curso intensivo de administración, inglés, etiqueta, negociaciones… pero antes, debemos ir de compras urgentemente.
-Espera ¿qué tiene de malo mi inglés? –ella dijo indignada
-Nada, es sólo que… por cuestiones prácticas, sería mejor cambiar su acento un poco -ella le lanzó una mirada fulminante- su acento no tiene nada de malo, en realidad es bastante bueno, pero para los empresarios europeos es mejor que…
-Superficialidades…. Está bien. No me queda otra opción. Pero algo me dice que vas a disfrutar eso… -dijo al ver la sonrisa pícara en el rostro del mayordomo.
-¿Qué puedo decir?... disfruto mi trabajo.
-Muy gracioso…
-Y en cuanto a la etiqueta…
-¿Además insinúas que no se comportarme? –ella lo dijo en broma; sabía que no era una perita en dulce, pero la respuesta de su mayordomo la irritó.
-Basándome en mis observaciones durante nuestra estancia en su país, diría que puede haber mejoras… y muchas.
-¿Qué dijiste? -ella lo miró otra vez de una manera severa y cada segundo que pasaba se enojaba más porque Sebastian no quitaba de su rostro su sonrisa pícara y burlona.
-¡Sebastian! ¿acaban de aterrizar y ya estás haciendo enojar a la señorita? –una voz masculina sonó ceca del hangar. Era un hombre alto y con canas que estaba parado junto a un Rolls Royce phantom color gris.
-Señorita Susanna, me complace presentarle a Thomas Haggard, quien será su chofer y jefe de seguridad de hora en adelante –la chica lo miró con recelo y después volteó a ver a Sebastian como si esperara una explicación ante la situación- permítame informarle que el sr. Haggard ha estado encargado de la seguridad de la familia Serafer desde hace unos 20 años. Sobra decirle que conoce bien a su familia y era el hombre de mayor confianza de su abuelo –esto último lo dijo con un tono persuasivo.
-Mucho gusto, señor Haggard –estrechó su mano- disculpe usted mis reservas pero… supongo que comprenderá la situación en la que me encuentro.
-Descuide señorita, encantado de conocerla –la miró con detenimiento y sonrió- perdone, pero no puedo evitar notar que se parece mucho a su abuela, la señora Eleanor cuando tenía su edad… pero al parecer tiene el carácter de su abuelo, además de esa mirada tan característica de él.
-…gracias - ella sonrió, pero se sintió nostálgica por dentro. Nunca antes había escuchado un comentario así, ni estaba acostumbrada a ello; ya lo había aceptado, nunca se parecería físicamente a alguien de su familia porque era adoptada. Pero ahora, las cosas eran diferentes… muy diferentes.
-Suba al auto, es hora de que conozca su nuevo hogar- Thomas hizo una leve reverencia mientras se acercaba al auto, de alguna forma indicándole a la chica que ese era el inicio de una vida en su totalidad nueva y llena de cosas a las que se tendría que adaptar.
Justo antes de subir al auto y dejando atrás lo llamativo y lujoso que era, Susana dio la última ojeada al avión que los había traído a Inglaterra y al cielo azul sobre ellos; le decía adiós a su relativa libertad.
El camino hacia la nueva casa fue largo; casi una hora en la que la chica decidió encender su ipod y escuchar música mientras observaba el paisaje por la ventanilla, aunque por unos momentos se distrajo con el interior del auto, que era precioso, con tapicería impecable y blanca, detalles y tableros de caoba y en la parte trasera el asiento tenía un pequeño separador de piel que la mantenía alejada de Sebastian, quien la miraba de reojo de vez en cuando, asegurándose de que no necesitara algo o sólo con la esperanza de que quisiera conversar. Susanna casi no habló con él durante el viaje en avión, había sido el mayordomo el que había hablado la mayoría del tiempo, explicándole las costumbres del nuevo país, los itinerarios que debería seguir y algunos consejos sobre cómo debería presentarse ante cualquier persona que conociera.
Los deberes del mayordomo eran, ante todo, cuidar de ella y facilitarle la vida cotidiana en lo que pudiera; el deber del demonio era encontrar y ayudarla a destruir a todos aquellos que habían acabado con su familia. En otras palabras, hacer que su parte del contrato se cumpliese y así apoderarse de lo que en verdad quería.
El paisaje era precioso. El verano ya había comenzado y los árboles lucían verdes y alegres en contraste con la fría imagen que Susanna tenía de Inglaterra.
-Se ve hermoso ¿no es así? –Thomas dijo, tratando de hacer plática.
-Nunca había estado en otro país… creo que podría acostumbrarme a un paisaje así – la chica sonrió un poco mientras se quitaba lo audífonos y guardaba el ipod en su bolso- con el tiempo…
-Y espere a ver el jardín. Estoy seguro de que le encantará y tan pronto esté instalada, si usted lo desea puede dar un paseo por los alrededores.
-Claro, me encantaría.
-En cuanto lleguemos me encargaré de hacer los preparativos –Sebastian sonrió al decir eso último
Cuando por fin llegaron a la casa, lo primero que Susanna observó fue que todo parecía irreal, como sacado de una película. Tan pronto se acercaron a los terrenos, una enorme reja eléctrica con un escudo heráldico en la parte superior; era un escudo con dos alas. La puerta se abrió para darle paso al coche y un sendero de piedras casi azules se abrían paso en medio de los verdes prados rodeados de arbustos con diferentes formas, todas ellas hechas en espiral y delineadas a la perfección.
El auto se detuvo justo en frente de una gran mansión hecha de piedra y con arquitectura clásica y fuertes influencias del gótico. Los techos eran casi negros, contrastando con el gris claro de la piedra que rodeaba a la edificación. Era de tres pisos y al menos unas 8 habitaciones. Susanna estuvo a punto de bajar del auto, pero Sebastian se adelantó a abrirle la puerta y ayudarla a bajar.
-¿Cómo…?... –estuvo a punto de preguntar; un instante lo vio sentado casi junto a ella y al otro estaba abriéndole la puerta. Siendo el demonio que era, no era de extrañarse su velocidad-olvídalo…
-Señorita… - la siguió con la mirada mientras baja del auto- bienvenida a su nuevo hogar- le sonrió e hizo una seña para que ella mirara hacia la mansión, que lucía impresionante a simple vista.
Susanna se quedó sin habla por unos momentos. Quiso estudiar el lugar para familiarizarse, pero por más que lo intentara, sabía que le llevaría tiempo. Era un lugar demasiado grande y por lo visto lujoso como para ser real… el choque con la realidad comenzó a ser más bizarro que factible. Por un momento creyó que estaba soñando, hasta que una voz femenina sacó a la chica de sus pensamientos y su estado de contemplación.
-¡Ya llegó!... ¡Fer, ven. La señorita acaba de llegar! –casi de inmediato salió de la casa una chica que no pasaba de los 25 años, rubia con el cabello recogido en una coleta, ojos verde oscuro y un traje clásico de mucama. Parecía muy sonriente y contenta de haberlos visto llegar. Se apresuró a bajar los pocos escalones que había justo en la entrada y se acercó al auto.
Casi detrás de ella salió un muchacho que aparentaba ser más joven de lo que de verdad era, con algunas pecas en las mejillas y cabello castaño claro que en las puntas se veía rubio. No era muy largo, pero usaba una pequeña cinta de color negro para mantenerlo alejado de su rostro, tal como jugador de soccer en pleno partido. Incluso parecía que acababa de regresar de correr o hacer algún tipo de ejercicio, ya que estaba sudando. Sus ojos eran de color café oscuro y tenía una expresión amigable e inocente.
-Señorita, permítame presentarle a Abygaeil, el ama de llaves de la casa
-Mucho gusto, señorita Susanna –la chica rubia se acercó a la recién llegada para estrechar su mano- puede decirme Abby. Bienvenida, la estábamos esperando –era muy sonriente y parecía muy entusiasta.
-Mucho gusto…. –contestó, un poco aturdida con la energía de Abby.
-Y él es Ferdinand, encargado de mantenimiento y reparaciones de la casa –Sebastian señaló al otro muchacho.
-Es un placer, señorita –se acercó a saludar con solemnidad- cualquier cosa que necesite no dude en pedirlo… y disculpe mi atuendo, estaba terminando de instalar las cortinas en su habitación.
-Muchas gracias, Ferdinand.
-Dígame Fer, señorita. Nos alegra mucho que por fin haya llegado –el muchacho sonrió, transmitiéndole a Susanna una gran sensación de paz al sentirse bien recibida por sus futuros empleados.
-Bien, primero creo que debería ponerse cómoda e instalarse en su nuevo cuarto y después podremos comenzar con el tour por la casa. Y en lo que terminamos con ello ¿qué desea cenar esta noche, señorita? –Sebastian dijo mientras veía su reloj de bolsillo
-Lo que sea está bien. No tengo ninguna preferencia por el momento.
-Bien… Abby, hazte cargo de ello. Una pasta con queso estará bien.
-¡A la orden! –la chica corrió hacia el interior de la casa.
-Fer, ayúdanos con las maletas por favor. Señorita, venga conmigo –el mayordomo parecía tener todo bajo control y calculado a la perfección.
La casa era enorme y estaba decorada al más fino gusto, con estilo clásico, pero combinaba la modernidad y la sobriedad, haciendo que se viera elegante. Desde luego, muchos de los adornos y pinturas habían pasado de generación en generación con los Serafer.
-La decoración ha permanecido tal cual como la dejó su abuelo, pero siéntase en libertad de cambiarla a su gusto –explicó el mayordomo mientras subían las escaleras, como si estuviera leyendo la mente de la Susanna.
De inmediato se dirigieron a la habitación de la chica. El tour podía esperar hasta que se instalara, aunque durante el trayecto, Susanna comenzó a memorizar los cuartos y características de sus alrededores.
-Esta será su habitación –dijo Sebastian mientras abría una doble puerta y se paraba junto a ella, indicándole a Susanna que pasara y justo detrás de ella venía Fer, cargando las maletas. La primera impresión fue que era un lugar un poco frío, pero ideal para descansar. La cama estaba posicionada en medio de dos ventanales que dejaban entrar la luz del sol, además había un balcón con cómodos sofás en él. El piso era de duela de madera y la cama queen size tenía en ambos lados mesitas de noche con lámparas y frente a éstas una alfombra de color gris claro que combinaba con las paredes de tono oscuro. También había un gran espejo al lado de una puerta que daba al vestidor y al baño. Una pequeña mesa estaba posicionada en una de las paredes del cuarto, casi junto a una cómoda y un par de sillones que parecían ser muy cómodos. Era una habitación espaciosa y con mucha luz. Tal vez le faltaba su toque personal, pero no había nada que objetar respecto al diseño del lugar
-Me… me encanta –sonrió mientras veía a su alrededor; una amplia y genuina sonrisa después de tanto tiempo.
- El Sr. Sebastian nos mandó instrucciones para preparar su habitación –dijo Fer poniendo las maletas a un lado de la mullida cama- también especificó qué que las cortinas fueran oscuras y dobles para que usted pueda dormir bien.
-…Gracias… -lo volteó a ver con un poco de arrepentimiento en sus ojos. Siempre había tenido a Sebastian en un mal concepto, y cómo no si era un demonio, pero poco a poco había demostrado que estaba para ayudarla; que al menos le importaba un poco, y no se merecía su total desprecio.
-Es un placer señorita –se limitó a decir el mayordomo, quien para entonces ya conocía los hábitos de sueño y preferencias de la chica: una habitación oscura era lo ideal para que ella pudiese conciliar el sueño y no fuese molestada por esas visiones que en ocasiones tenía.
-Supongo que querrá desempacar y tal vez descansar un momento. Si lo desea, después puedo darle un tour por el resto de la casa –Fer tenía una sonrisa amigable y le transmitió confianza a la recién llegada.
-Me encantaría.
-La dejaremos sola unos minutos. Si necesita algo, llámenos. Estaremos en la planta baja, afinando algunos detalles –dijo Sebastian mientras salía en compañía de Fer y cerrando la puerta tras él.
Susanna tomó unos momentos para sentarse en la cama y contemplar a su alrededor. Parecía que el cuarto había sido recientemente remodelado y quedó fascinada con el vestidor que tenía: un amplio espacio donde cabrían infinidad de vestidos, blusas, pantalones y otras prendas. El baño no se quedaba atrás. Era grande y tenía una amplia tina junto a una ventana donde se podía ver el jardín de la gran casa. Un hermoso espectáculo que de seguro se vería hermoso por la noche.
Desempacar todas sus pertenencias podría esperar y decidió comenzar con el tour por toda la propiedad, mismo que fue guiado por Fer, quien parecía conocer cada rincón del lugar, empezando por los recovecos de la casa hasta el estacionamiento, pasando por los frondosos y coloridos jardines y un pequeño estanque a espaldas de la casa. El lugar parecía estar rodeado por una gran barda que estaba electrificada en la parte superior, previniendo que alguien entrara sin permiso. Además había cámaras casi por todos lados, garantizando aún más la seguridad del lugar.
Todo estaba perfectamente limpio y en su lugar. La sala y el comedor tenían hermosas pinturas clásicas que variaban desde el estilo impresionista hasta las mejores obras de Van Gogh. Al parecer la familia Serafer se había dedicado con anterioridad a coleccionar cuadros. El comedor eran muy amplio, quizá para unas 20 personas y la sala era enorme, con mullidos sillones y una chimenea en una de las paredes, misma que combinaba con la madera oscura de los muebles, y en esa misma pared, muchísimos retratos de su familia, aunque dejaría las fotos para después.
Todo estaba decorado con un excelente gusto y los adornos se notaban lujosos y finos, cada uno en su lugar y ambientando la casa a modo de que no pareciera museo, si no que transmitiera un mensaje acogedor y amigable para cualquiera que entrara al lugar.
Al siguiente día, Sebastian llevó a Susanna de compras. Era imperativo que tuviese un amplio guardarropa que le permitiera estar presentable en cualquier ocasión, sobre todo si se iba hacer cargo de la compañía farmacéutica.
Al principio la idea de las compras no fue nada divertida. Lo que ella menos quería, era estar rodeada de gente en un país que no conocía y escogiendo ropa, pero Sebastian era demasiado persuasivo y por lo general obtenía lo que quería y aunque Suasanna luchara con todas sus fuerzas para oponérsele, había batallas que tenía perdidas desde el inicio. Por lo menos había logrado evadir los discretos coqueteos del mayordomo, mismos que no le caían en gracia para nada; era demasiado engreído para su gusto y desde el principio ella tuvo en claro que ceder ante tales cosas sólo le restaría autoridad, sin mencionar que elevaría aún más el ego de Sebastian.
A cambio de tener paciencia y hacer todas las compras necesarias, Susanna decidió sacarle un poco de información al demonio, así que en cuanto terminaron y Sebastian llevó las cosas al auto, dieron un paseo por el centro comercial, sólo caminando mientras charlaban.
-Cuando nos conocimos me dijiste algo sobre una herencia familiar que estaba despertando ¿qué quisiste decir con ello?
-Fue esa noche que regresaba a su casa, lo recuerdo… -dijo pensativo, adoptando una actitud seria- no creí que me pusiera atención.
-Tengo memoria para los detalles.
-A veces me recuerda a su abuelo –dijo sonriendo y después de una pausa la miró de una manera muy intensa, como si fuera a tratar un tema demasiado serio; una actitud que ella nunca había visto en Sebastian. Incluso estuvo segura de que sus ojos brillaron por un segundo.
¿Qué sería esa herencia de la que habló?
Notas de la autora:
Hola a todos. Gracias por leer este segundo capítulo, espero que les haya gustado. Estoy pensando e subir un capítulo por semana, así que habrá actualizaciones constantes ¿qué opinan?
¡Que tengan buen fin de semana!
