Capitulo 4. Encuentros peculiares.
Las cortinas de la habitación de Susanna estaban apenas abiertas, sólo lo necesario para iluminar el oscuro cuarto. Pasaba del medio día y la chica estaba tendida en la cama. Dormía con profundidad, pero era un sueño inducido por la impresión del día anterior. Sebastian estaba junto a ella, sentado en una silla junto a la pequeña mesita donde había preparado una jarra de té. No le quitaba los ojos de encima, como si intentara visualizar el más mínimo gesto que hiciera la chica y le indicara que estaba a punto de despertar. Llevaba así varias horas. La noche anterior, después de ver las imágenes que le mostró, se sintió mal; había sido como un despertar a su verdadera naturaleza y la respuesta inmediata de su cuerpo fue quedar inconsciente, aunque Sebastian la hizo dormir por algunas horas más. Lo necesitaba.
Cuando por fin ella hizo una mueca y se dio la vuelta sobre la cama, el mayordomo supo que había despertado y comenzó a preparar todo para servirle el té. Era posible que después de la impresión necesitara algo más fuerte, así que alistó una pastilla. Sólo por si acaso.
Susana abrió los ojos con lentitud, recobrando la consciencia de a poco, reconociendo el lugar y cuando volteó miró a Sebastian, que le sonreía de manera casual, como si nada en el mundo estuviera mal y todas aquellas cosas que le mostró la noche anterior fueran parte de una fantasía oscura. Pero ella sabía que no era así, que por alguna razón el sólo pretendía e intentaba así convencerla de que las cosas no eran tan complicadas y difíciles.
-Dime que lo que tienes ahí no es sólo té… -sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Me temo que sí, pero tengo una pastilla que le puede ayudar, aunque no se lo recomendaría mucho.
-¿Qué hora es?
-Las dos de la tarde.
-Bien… entonces tráeme un whiskey –Sebastian estuvo a punto de objetar, pero los ojos de la chica lo detuvieron- es una orden- entonces el mayordomo salió del cuarto y poco después volvió con lo que se le había pedido
-Sé que no me va a hacer caso, pero debo decirlo…. Acaba de despertar, no debería ingerir alcohol con el estómago vacío.
-Por Dios, son las dos de la tarde, no las ocho de la mañana. Además… necesito una explicación para todo lo que vi ayer –hizo una pausa y bebió del vaso- mi familia… era parte de una especie de sociedad secreta…
-Así es.
-Y cuando lograron llamar a… esa cosa.
-Un ángel caído.
-Creí que los ángeles caídos se habían convertido en demonios –ella estaba muy confundida; muchas cosas que hasta el momento había considerado como verdades absolutas se desmoronaban de a poco.
-No todos los ángeles caídos se convirtieron en demonios. Algunos tan sólo se quedaron… aparte. Nunca nos han considerado dentro de su misma categoría –dijo con cierta chispa de indignación en su voz.
-El… o ella, les dio lo que necesitaban, al parecer. Todo me parecería fantástico si no fuera porque sé de primera mano que ese tipo de invocaciones es posible, pero hay que dar algo a cambio. Según entiendo, ellos obtuvieron algo de poder; algún tipo de don.
-Así es. Y éstos en algún momento desatarán su potencia por completo –Sebastian dijo con mucha seriedad.
-¿Pero qué es lo que buscan? Todas esas explicaciones parecían muy filosóficas, y lo entiendo, pero ¿qué rayos es lo que buscan? ¿qué quieren lograr? Debe ser algo relacionado con otro… ¿ámbito? Es decir, algo más que esta esfera física en la que estamos.
-Así es. Ignoro lo que busquen, pero estoy seguro de que está relacionado con el mundo de las tinieblas o el ocultismo, como ustedes lo llaman. Y ese don del que hablaron en las visiones es algo de lo que usted ya ha experimentado con anterioridad. Todas esas visiones de cosas extrañas y que nadie más parecía ver, eran parte de su potencial como heredera de tal don.
-La herencia de la que me hablaste hace unos días ¿ahora está por completo despierta?
-Estoy convencido de ello. Debe saber que su vida ha cambiado para siempre. Y le recuerdo que lo hizo desde el momento en que yo la contacté, aunque estaba destinada a ello.
-Todo parece sacado de una novela de fantasía. Estas cosas no suceden; alguien ya se habría percatado de ello.
-Usted más que nadie debe comprender que hay fenómenos inexplicables para la humanidad; milagros, fantasmas, apariciones y desapariciones, pero todo en este mudo tiene explicación, es sólo que la verdad es tan complicada, tan antigua y tan real que los humanos deciden no creerla y enterrar todos aquellos vestigios de la verdadera historia, al grado de convertirse en superstición y fantasía –Sebastian comenzó a explicar y su voz de volvió grave y sutil; diferente a la que siempre usaba y por primera vez Susanna estuvo segura de hablar con el demonio dentro de él- La verdad es que seres como nosotros existimos, lo hemos hecho desde el inicio de los tiempos pero ustedes deciden ignorarnos porque así lo quisieron, porque le convino a su egoísmo. Yo creo que tuvieron miedo; temor a estar indefensos y ser inferiores a los demás seres, por eso buscan poder. Pero su tatarabuelo lo entendió muy bien: no lo son. De todas las creaturas, ustedes son los únicos que pueden llegar a la salvación y tienen la libertad de renunciar a ella, como usted lo hizo al hacer el contrato conmigo. Y eso, señorita, es un gran poder y todo eso sin mencionar lo que consiguió ese grupo de siete hombres que acaba de presenciar. Ellos no sólo renunciaron a su salvación, sino que a la del resto de su familia e hicieron una alianza con los ángeles caídos.
-¿Esos ángeles de las leyendas de antaño?
-Esos mismos.
-Yo… -Susanna bajó la mirada hacia las sábanas que estaban sobre sus piernas. Su mente estaba casi en blanco, con excepción de la palabra "no". Fue lo que pudo pensar entonces. No quería hacerlo. Nunca pensó que sería tarea fácil, pero se enfrentaría a cosas que la rebasan por mucho. Tenía miedo.
-Es normal que quiera huir, pero ya no tiene otra opción –Sebastian dijo mientras le servía un poco de té. Ella sitió unas tremendas ganas de llorar, pero previno que las lágrimas se formaran en sus ojos al pellizcarse la pierna a través de la pijama. Ese pequeño dolor la llevó a poner los pies en la tierra.
-¿Por quién me tomas?... sí, es un asco. Lo sé. Es una herencia que no quisiera tener. Mi alma estaba condenada desde un principio, a menos que muriese de una forma violenta y ahora tú serás el que se quede con ella, así que hagamos que valga la pena. Esos hijos de puta deben morir y voy a disfrutar ver como se retuercen en su agonía, así como ellos lo hicieron con mi familia. Alguien tiene que hacer las cosas, y a mí me tocó la responsabilidad –dijo con cierta amargura en su voz- Me voy a bañar.
Se levantó de la cama y se dispuso a ir al cuarto de baño, dejando tras la cama destendida y la pastilla calmante en su mesita de noche. Tras seguirla con la mirada, Sebastian sonrió, hizo una pequeña reverencia y salió del cuarto.
-Jeje... sabía que si me quedaba con la familia Serafer mi recompensa llegaría eventualmente- su rostro se oscureció y sus colmillos se asomaron tras la sonrisa.
Minutos después, después de darse un baño, vestirse y decidirse a actuar, Susanna salió de su cuarto buscando a Sebastian, quien estaba haciendo los preparativos para la hora de la comida.
-Quiero que consigas toda la información posible sobre ángeles caídos, rituales relacionados y archivos de mi familia que se puedan relacionar con lo que buscamos…. – dijo con determinación y un brillo de ira en sus ojos; esta vez sabía lo que estaba buscando. Por fin había llegado el momento que Sebastian había estado esperando, el instante justo en el que la motivación, determinación y el carácter de la chica se enfocaran en llevar a cabo su cometido y su alma comenzara a tomar la forma que él anticipaba desde un principio.
-Sí, Milady.
Una hora más tarde, Sebastian llegó un una enorme cantidad de libros en sus brazos, mismo que puso sobre el escritorio del estudio de Susanna
-Para comenzar, aquí hay una recopilación de los rituales de antaño relacionados con invocaciones, ángeles y sacrificios. Le sugiero comenzar a buscar con esto mientras yo busco en el sótano los viejos archivos. Me parece que sus antepasados escribían diarios y deben estar ahí. Esta casa tiene demasiados escondites. Será mejor comenzar a buscar.
-Gracias. Y mientras bajas al sótano, por favor dile a Abby que me suba una jarra con café. Creo que estaré aquí un por mucho tiempo. Y que nadie más me interrumpa.
El día pasó y Susanna continuó encerrada en el estudio, investigando.
-¿Señorita? –el mayordomo llamó a la puerta, asomándose para ver si la chica estaba bien.
-¿Sí? –ella dijo por inercia. Estaba demasiado metida en los libros que estaba leyendo como para preocuparse por otra cosa.
-Son casi las 11 de la noche y me temo que no ha comido nada –dijo entrando al estudio con una charola que tenía algo de comer.
-¡¿Las 11?! Demonios…. –dijo y Sebastian rió un poco ante el comentario.
-Debería comer algo.
-Sí, creo que tienes razón –se levantó del escritorio y se sentó en el sillón, tomando el sándwich que Sebastian le había llevado- ¿encontraste algo?
-Además de algunos diarios, hay un par de cosas que podrían interesarle en el sótano. Debería bajar a ver mañana por la mañana.
-Sí… -le dio una mordida el emparedado y se quedó pensativa- ¿cómo pudiste mostrarme tantas imágenes? Se veían tan… reales.
-Algunas ventajas de mis poderes y muchas imágenes fueron cortesía de ciertos… contactos –dijo arqueando la ceja, recordando a cierto personaje de cabello rojo que le había dejado ver un par de cinematic records hacía unos cuantos meses.
-¿Contactos? –dijo con curiosidad.
-Así es. Pero esa es una historia para otro momento. Por ahora, debería terminar de cenar e irse a dormir. Mañana puede continuar con su investigación después de las clases.
Un par de días pasaron y la chica logró recopilar la información deseada. Su conocimiento sobre los rituales que se habían efectuado para invocar al ángel caído eran significantes, al igual que la información que había recopilado pareció haber despertado más sus sentidos, al grado de poder distinguir algunas sombras y residuos energéticos en todos lados; tal vez espíritus o el reflejo de otra dimensión. Fuese lo que fuese, sentía cada vez menos temor de lo sobrenatural y más empatía con el mayordomo, que poco a poco se las había arreglado para ganar su plena confianza.
Lunes por la mañana y después de un fin de semana largo. Por obvias razones no muchas personas estaban contentas ese día en los laboratorios de AstraZeneca; algunos trabajadores de se veían contentos y sonrientes, su semblante se notaba descansado, pero algunos otros parecían estar de mal humor, como si hubiesen querido que el fin de semana durara al menos un día más.
-Sebastian, recuérdame que debemos establecer áreas de recreo para los trabajadores y… quizá algunos ajustes en sus itinerarios.
-Desde luego, señorita.
Susanna y el mayordomo caminaron por los pasillos del laboratorio de la compañía farmacéutica. Tendrían una importante junta con los jefes de proyecto y la presentación de nuevos productos. Poco a poco, ella se había estado involucrando en los proyectos de la empresa y comenzó a destinar parte de las ganancias para la investigación de enfermedades raras y otras obras de beneficencia hospitalaria. Eso causó revuelo entre los socios de la compañía, pero significó un nuevo reto para los médicos y científicos que trabajaban ahí.
Por su parte, Sebastian se entretenía mucho con las decisiones y cambios que ella hacía en la empresa. En su experiencia con el mundo de los humanos, había notado ciertos patrones en la conducta de los empresarios y personas con poder. Lo mismo había notado con las personas ordinarias y las reacciones sociales le entretenían de gran manera, al grado de causar una que otra disputa en sus ratos libres, como pasa tiempo. Pero esto había quedado en el pasado; los emperadores se habían extinto hace mucho y ahora su atención estaba fija en otras cosas. Cuestiones que le aseguren ganancias personales.
Y sin embargo sonreía mientras recordaba sus fechorías pasadas. Cuando regresó al presente, notó que la chica era la única que permanecía en aquella sala de juntas.
-Tierra llamando a Sebastian… ¿me escuchas? –ella dijo mientras le hacía señas desde su silla.
-Mil disculpas, señorita… parece que me perdí en mis pensamientos.
-¿Sucede algo malo?
-Nada, es sólo que sus cambios en la empresa me recordaron algo de mi pasado y me preguntaba… -tenía una diminuta sonrisa en los labios, pero sus ojos se veían acusadores mientras preguntaba- ¿a qué se debe tanto altruismo?
-¿Altruismo? –lo miró como si fuera un bicho raro- para nada, es sólo una obligación social.
-Interesante, y sus acciones tienen lógica, de acuerdo a los estándares humanos.
-¿Vas a comenzar con ese numerito de superioridad?
-No pretendo enfadarla pero no puedo evitar pensar que quizás esté haciendo esto en un último intento por redimirse y, tal vez salvar su alma…
-¿Ahora la haces de psicólogo?
-¡Otro mecanismo de defensa! ¡que interesante!
-Con un demon…. ¡rayos! –se desesperó al darse cuenta de la ironía de su comentario- Guárdate tus comentarios, porque cada vez suena más atractiva la idea de comprar un perro... –de inmediato la sonrisa burlona del mayordomo se borró de su rostro- o quizás dos... deberíamos pasar por un alberge de camino a casa ¿qué opinas?
-Creo que no debería tomar decisiones precipitadas.
-Espero no verme orillada a eso. Pero vámonos, tenemos trámites que hacer hoy.
-Bien señorita… sólo recuerde que, aunque intente salvar su alma, ya no hay nada que pueda hacer –Sebastian siguió a Susanna con la mirada, al tiempo que sus ojos se colorearon de rosa; esa actitud proactiva por hacer actos bondadosos y correctos le divertían al mayordomo, quien sabía a la perfección que la chica intentaba dejar un legado positivo y no tan dañino. En un principio creyó que era para compensar el que hubiese vendido su alma, o que intentara salvarla de alguna forma, pero después se dio cuenta de que ese tipo de acciones eran hechas sin tales intereses; sólo porque de alguna forma quería aportar algo bueno al mundo, y un alma así sería más divertido de corromper. Dejar una mancha oscura en algo tocado por la luz le producía un gran placer.
Ese mismo día hubo que hacerse cargo de algunas diligencias legales con el departamento de migración y tenía otra cita a las 5 de la tarde. Sólo se trataba de una entrevista para obtener la nacionalidad; trámites engorrosos que debía cumplir antes de tomar completa posesión de AstraZeneca. Más tarde, por la noche debía visitar las oficinas centrales de la empresa con el fin de familiarizarse un poco más con ella, pero antes decidió pasar por un café a uno de los establecimientos cercanos a un parque que le había llamado la atención desde hacía varios días. Era un lugar rodeado de color verde y con cierta atmósfera de tranquilidad que provocaba quedarse ahí sentado, disfrutando de la calma.
Susanna estaba sentada en una banca del parque Clapham Common, en un punto estratégico donde podía ver la fuente y daba la espalda a la cafetería donde Sebastian había ido a comprarle un Capuccino. El lugar le traía recuerdos de su país natal y esa sensación de calma que le hacía tanta falta. Estaba escuchando música por sus audífonos cuando vio a una persona de pie a unos metros de ella. Era un hombre alto, delgado y vestía un impecable traje negro.
Parecía ser un hombre muy serio y mantenía la misma expresión mientras la observaba. En cuanto hicieron contacto visual ella sintió un impulso por quitarse los audífonos. Sus ojos tenían un color inusual que la hipnotizó por un instante y después el hombre se acercó.
-¿Me puedes ver? –su voz era grave, serena y su acento inglés muy marcado,
-Claro que te puedo ver, no eres invisible –ella dijo con tranquilidad, pero su curoiosidad se despertó ante el comentario.
-Eso es extraño en verdad. Los humanos normales no pueden vernos a menos que nosotros así lo queramos –dijo mientras se ajustaba los lentes que llevaba.
-Créeme, mi vida es menos que normal y es una habilidad familiar –dijo suspirando y el hombre se paró frente a ella.
-Mi nombre es William T Spears y soy un shinigami –le entregó una tarjeta.
-¿Cómo un grim reaper?... interesante. Mi nombre es…
-Susanna Serafer, lo sé –la chica se sorprendió al escuchar eso, pero no se sintió insegura.
-¿Me estás vigilando?
-Si contesto a esa pregunta, deberás hacer lo mismo por mí –ella asintió con la cabeza y William hizo una pausa mientras se sentaba junto a ella- señorita, lamento informarle que, desde hace un tiempo usted se encuentra en nuestra lista de almas por recolectar.
-¿Almas por recolectar? … suena como si se tratara de manzanas, no de almas. Pero entiendo. Supongo que mi alma debe estar a punto de dejar este mundo –William se sorprendió por la respuesta y la tranquilidad con la que la chica tomó su comentario- ¿y sabes algo? si debo morir en este momento, lo haré. Hubiera sido mejor hacerlo en medio de un suceso extraordinario o algún tipo de cuestión trascendental pero ahorita no tengo fuerzas para eso… después de lo que he hecho y vivido, supongo que no merezco tal cosa, sin embargo tengo un asunto pendiente y no me gustaría morir en este momento- el shinigami la miró con atención, muy intrigado por la actitud de la chica ante la muerte y algo de ella llamó su atención- es extraño. Nunca pensé entablar una plática con la muerte en persona y nunca creí que fuera posible hacerlo, pero desde que era pequeña puedo presentir y ver muchas cosas sobrenaturales, sólo que decidía ignorarlo y ahora que soy por completo consciente de lo que hay a mi alrededor, nada me parece extraordinario, en especial dentro del medio en el que me desenvuelvo, y todo es tan extraño, que la muerte sería un alivio.
-Cuéntame más acerca de ese medio –William mostró mucho interés en la charla.
-Sólo puedo decir que… por situaciones ajenas a mi persona, me vi obligada a administrar la empresa de mi familia y todos los días siento una terrible desilusión al ver el tipo de personas que controlan este mundo, tanto que da asco. Supongo que tú verás estas cosas a diario…
-Cada vez que recolectamos el ama de alguien vemos su pasado.
- Interesante…. Entonces, seguro entiendes a lo que me refiero –William asentó con la cabeza- sé que he hecho infinidad de cosa erróneas en mi vida, pero al menos hay una cosa de la que nunca me voy a arrepentir, y eso es que gracias a mi empresa, puedo apoyar la investigación de varias enfermedades. Al menos eso es algo positivo ¿no?... y es extraño que te cuente estas cosas. Ni siquiera te conozco, sólo sé que eres la muerte.
La chica guardó silencio mientras William la observaba con detenimiento; por primera vez en muchos años, dudó acerca de su decisión como shinigami, pero entonces vio una pulsera que la Susanna tenía en la mano. Era una banda de plástico color morado que tenía algo escrito, pero no pudo leerlo con claridad por la posición en la que la mano de la chica, puesta sobre su regazo, sin embargo ella se dio cuenta de lo que pasaba.
-¿Te gusta? Es una pulsera de una de las campañas que dirijo. En realidad es la más importante para mí… es para hacer investigación y buscar una cura contra el lupus, que es una enfermedad…
-Autoinmune. Lo sé –William la miró mientras se arreglaba los anteojos- he recolectado el alma de muchas personas con esa enfermedad… -algo cambió en la mirada del hombre de traje negro
-Me imagino –se quitó la pulsera y se la regaló- toma… yo tengo muchas más. Lo que me importa es el significado –hubo una pausa y William se quedó mirando la pulsera y después al cielo, con la misma actitud pensativa que tenía desde hacía unos minutos. La chica suspiró e hizo una mueca de pesar- que extraño puede llegar a ser el…
Sus palabras fueron interrumpidas cuando William se levantó de la banca y comenzó a alejarse de la chica, arreglando otra vez sus lentes.
- Hasta luego, Susanna Serafer.
-Creí que… iba a morir –ella lo vio con expresión de duda.
-No lo harás. Al menos no el día de hoy, o en un corto plazo –siguió caminado
-Pero…. ¿no ibas a preguntarme algo?
-Contestaste mi pregunta antes de haberla formulado. Hasta luego señorita.
William se despidió con un gesto muy caballeroso y usó su death schyte para subir a un techo aledaño y desaparecer, dejando a Susanna con una gran incógnita y una expresión de duda en su rostro que duró hasta que otra voz masculina sonó en sus oídos.
-¿Sucede algo Milady?
-Nada… es sólo que –ella se quedó viendo hacia la dirección donde el shinigami despareció, todavía inmersa en sus pensamientos, pero rápido tomó consciencia de su entorno- ¿sí había capuccino?
-Desde luego, pero mil disculpas, señorita… al parecer el chico del café no sabe cómo manejar la caja registradora –dijo mientras le pasaba amablemente el café que acababa de comprar.
-¿Qué hubiera pasado si mientras no estabas algo me hubiese ocurrido? -dijo mientras tomaba el envase y tomaba un sorbo de café.
-Lo dudo mucho, señorita. Si su vida corriera peligro, me hubiera percatado de inmediato… el contrato que tenemos me hubiera alertado de tal cosa –dijo mientras sonería- ¿ha pasado algo en mi ausencia?
-No. Tan sólo una interesante plática con un individuo muy peculiar…
Después de beber su café, ambos caminaron hacia el auto para continuar con sus tareas pendientes, mientras desde el otro lado de la ciudad William T Spears hacía algunas anotaciones en su libro de la muerte.
"Susanna Serafer, muerte postergada debido a su utilidad para la humanidad. Su apoyo a la investigación contra cierta enfermedad, resultará en el hallazgo de la cura para la misma."
Notas de la autora:
Hola, este fue el cuarto capítulo y la historia comienza a ponerse más interesante, además las complicaciones van a comenzar y Sebastian hará de las suyas. Gracias por continuar leyendo el fic, espero les esté gustando y nos leemos la próxima semana.
Un agradecimiento a mi amiga Nina, quien se encargará de postear los capítulos, ya que me iré por cuestiones de trabajo a otra ciudad y no me permitieron llevar la computadora, pero habrá actualizaciones puntuales.
Masha Rue: ¡Muchas gracias por el review! Sí, quise hacer algo diferente e inesperado. Me da gusto que te haya gustado y en este capítulo ya sale Will. La historia tendrá mucho de él : )
¡Saludos!
