Capitulo 5. El Crimsom Cherry

Esa misma noche, Susanna regresó a casa para descansar. Eran casi las 11 y estaba cansada, así que sólo cenó una taza de té en su estudio.

-Aquí tiene, señorita ¿está segura de que o desea algo de comer?

-No, gracias –tomó un sorbo y se quedó pensativa- ¿Sebastian? Nunca me has contado sobre el cómo llegaste a mi familia. Siendo un demonio, supongo que buscabas a alguien dispuesto a hacer un contrato para… quedarte con su alma… pero ¿por qué siempre con la familia Serafer? –el mayordomo la miró sonriendo y aparentando cierta ternura

-Ellos me llamaron, tanto su bisabuelo como su abuelo, me invocaron y les ofrecí lo mismo que a usted.

-Hay alguna razón en específico para quedarte con nosotros?

-La hay, pero es… confidencial y difícil de explicar.

-¿Pero siempre ha sido así? ¿Buscabas una razón para venir a este mundo? –hubo una pausa y ella dijo para sí- supongo que ni siquiera a un demonio le gusta pasar los días en el infierno, rodeado de flamas y…. – en eso Sebastian rió – ¿dije algo gracioso?

-No, señorita, pero el infierno no es como lo pintan y aunque no estamos rodeados de fuego y tormentos, debo admitir que disfruto más el mundo humano.

-¿Y antes de llegar a mi familia? ¿En dónde estabas? –sentía curiosidad por saber algo más de él.

-Con otro contratista. Él fue quien me dio este nombre y desde entonces lo conservo.

-Entonces le tenías con mucha estima – la expresión en los ojos de Sebastian cambió y se mostró desconcentrado e incluso vulnerable por un fracción de segundo. De inmediato Susanna supo que había tocado alguna fibra sensible en el demonio, si es que eso era posible de alguna manera.

-Digamos que aprendí mucho sobre los humanos durante nuestro contrato –volteó a verla con seriedad- señorita, se ve muy cansada. Tal vez debería retirarse a dormir –sonrió de manera falsa, tratando de ocultar el efecto que le producían sus pensamientos.

-Creo que tienes razón –terminó su té y caminó hacia su cuarto, recordando el cambio la mirada de Sebastian. En definitiva había aprendido algo más sobre él.

Un par de días después, casi a las 12 PM, cuando la clase de contabilidad empresarial estaba terminando...

-… y entonces, basándose en los números estimados que obtuvimos con el análisis pasado, vamos a compararlos con los resultados reales y la diferencia, ya sea de superávit o déficit, serán lo que tenga que trabajar dentro de la empresa. Le recomiendo que… - de repente la puerta se abrió y Sebastian se asomó, ocasionando un gesto de frustración en el profesor.

-Disculpen que interrumpa… Sr. Ferguson… Milady, han habido noticias respecto a la investigación que me pidió que hiciera. Me temo que es un asunto urgente… -sus ojos estaban fijos en ella y le transmitían mucho más que sus palabras, por lo que Susanna entendió de inmediato de lo que se trataba.

-Entiendo…. Sr Ferguson, lo lamento mucho pero me temo que debemos terminar la clase por hoy. Se trata de un asunto que requiere mi atención inmediata y no pudo postergar. Le ruego me disculpe.

-Comprendo. Continuaremos con la lección pasado mañana. Por favor, haga el análisis y espero un reporte para la próxima clase –dijo mientras guardaba el plumón que usaba para hacer anotaciones en el pizarrón blanco.

-De acuerdo. Muchas gracias. Sebastian, por favor acompáñalo hacia su auto mientras comienzo con los preparativos.

-Entendido. Mientras tanto, lea estos documentos por favor –le dio un folder con un par de hojas, fotografías y mapas, mismos que ella comenzó a leer en su escritorio. Minutos después Sebastian regresó y cerró la puerta tras él, acercándose a la chica que estaba sentada en la silla del escritorio, dándole la espalda a la puerta.

-Ivan Reznik…

-El sr. Reznik se hace llamar Igor Rodich en estos días por razones de seguridad, por eso me tardé en encontrarlo, le ruego me disculpe.

-Parece que desde hace unos días ha estado muy ocupado y se dedica al tráfico de influencias en los puertos… eso me suena a contrabando.

-Eso parece. Y por lo que veo es un cliente asiduo del "distinguido" club Crimsom Cherries.

-Oh…. ¿es acaso un lugar que frecuentas? –dijo con sarcasmo mientras veía la reacción de Sebastian.

-De verdad espero que no me tenga en ese concepto, señorita –dijo como si estuviera ofendido, causando que ella se riera.

-Claro que no, eres casi un ángel… y bien este lugar es un… club de mala muerte, supongo.

-Es un prostíbulo.

-¡Maravilloso! Entonces… prepara todo, Sebastian. Nos vamos de visita social.

-Como usted ordene, Milady.

A partir de las 6 de la tarde, Sebastian y Susanna siguieron a Ivan Reznik por toda la ciudad, comenzando por una visita a la oficina aduanera en Londres, para luego ir a su despacho y después hacer una escala en un afamado restaurante, donde se reunió con unos socios. Lo siguieron con sigilo en el auto, aprovechando que no tenía una gran escolta; sólo estaba acompañado de quien parecía ser su chofer.

Ivan Reznik era un tipo corpulento de escaso cabello rubio y cara regordeta. Su mirada era repulsiva a través de sus azules ojos que no vacilaban en seguir a cualquier chica que pasara cerca de él. Fumaba habanos todo el tiempo y vestía un traje azul que, aunque parecía ser caro, era de muy mal gusto.

Reznik entró al restaurante junto con sus socios que lo esperaban en la entrada, mientras Sebastian estacionaba el auto unos cuantos metros atrás, en un lugar donde pudieran ver cuando saliese.

-Parece ser un tipo bastante nefasto, incluso sin saber su pasado, se puede adivinar que es un desgraciado.

-Bien, así no le dará remordimiento matarlo –la sangre de la chica se congeló tras el comentario de Sebastian y miró el arma que tenía sobre las piernas. Estaba consciente de que el acabar con los enemigos de su familia y sus planes eran lo mismo y que ambos implicaban asesinar a unas cuantas personas, sólo que nunca le quiso poner un nombre a lo que de verdad estaba haciendo y eso era justo lo que el comentario del mayordomo buscaba.

¿Sería capaz de jalar el gatillo?... Sebastian estaría ahí en caso de no poder, pero incluso un titubeo podría significar arrepentimiento, o que no estaba preparada para todo ello. El rostro de Susanna parecía consternado, estaba distraída con esos pensamientos y el mayordomo estudiaba cada cambio en su cara, como si la estudiara. Al darse cuenta de la mirada pendiente del demonio, disimuló tanto como le fue posible y exclamó.

-Lo sabré hasta que lo haga… -se quedó en silencio uno instantes, mirando hacia el restaurante, aunque sabía que el tipo no saldría en al menos unas dos horas… dos largas horas que tendría que pasar con Sebastian, cuya presencia no dejaba de parecerle incómoda. Tal vez un poco de platica aligeraría el ambiente- esto de seguir gente se te da bastante bien ¿lo habías hecho antes?

-Desde luego ¿qué tipo de mayordomo sería si no pudiese seguir a una persona y espiarla? –dijo sonriendo.

- Lo dices como si fuera lo más normal del mundo… -de pronto su tono cambió, como si de repente el remolino de sentimientos encontrara una escapatoria con su voz- dime algo, Sebastian … mi alma cambiará con esto que voy a hacer. Nunca volverá a ser la misma; se va a deformar ¿eso te importa? Es decir ¿así lo prefieres?... ¡¿arrebatarle de apoco la bondad y pureza a mi alma?! -hubo silencio y tensión en el ambiente. Ella no esperaba respuesta alguna y se limitó a mirar por la ventana en espera de que Reznik saliera, hasta que la voz de Sebastian.

-Pura, inocente, despiadada o como la maldad más profunda, de cualquier forma me parece exquisita. La esencia de lo que puede ser y su sola presencia son lo que la hacen atractiva para mí, Milady –Sebastian sonó más serio que nunca, una mezcla entre sinceridad y la seducción propia de un demonio. Sus ojos rosas, brillantes y felinos clavados en Susanna, quien no volteó a mirarlo quizás por temor o por orgullo. No lo averiguaría.

Y así, entre silencios y comentarios acerca del plan, dos horas pasaron. El objetivo era sacarle información a Ivan Reznik. Era fundamental que obtuvieran el paradero y detalles sobre los demás socios: Soler, Schneider, Crawford, Janssens and Guillot, para así cazarlos uno a uno y terminar con todo. Además, Sebastian le advirtió que, por la naturaleza del conflicto, era posible que algún ente o situación extraordinaria se suscitara, por lo que debían estar alerta al máximo.

Cuando por fin salió el hombre regordete, subió a su auto acompañado de su chofer y un guardaespaldas.

-Y por fin, para culminar la noche una visita al Crimsom Cherry…. Enciende el auto, Sebastian.

-A la orden.

El camino hacia el burdel duró unos cuantos minutos. El lugar, que no disimulaba su naturaleza, estaba escondido entre varios callejones del barrio viejo de Londres, así que tanto el mayordomo como la chica tuvieron que seguir a Reznik a pie, con cuidado para que no notaran sus presencias. Las luces neones del lugar podían cegar a cualquiera y el rosa chillón se reflejaba en los charcos que había en la calle, delatando a toda persona que se acercara.

-Milady, me temo que si seguimos caminando nos descubrirán. Sugiero que entremos por el techo.

-De acuerdo, busquemos una escalera y… ¡Waaahh! –con todos los movimiento fríamente calculados, Sebastian tomo a Susanna en sus brazos y brincó de manera sobrenatural hasta uno de los techos aledaños al burdel. Ella no tuvo más remedio que rodearlo con los brazos y rezar por no caerse, cosa que al mayordomo le causó mucha gracia y después de una discreta risita dijo.

-No es necesaria tal cosa, no la dejaré caer y me temo que en este punto las oraciones son inútiles -dijo mientras aterrizaba en un tejado, casi hincándose para conservar el equilibrio y acercar su rostro al de Susanna- pero siéntase libre de dejar sus brazos alrededor de mi cuello –una sonrisa pícara iluminó su rostro mientras ella refunfuñaba por estar indefensa ante él.

-Lo único que impide que te atraviese con una bala es que de seguro las voy a usar todas en Reznik…

-Eso y su temor a las alturas….

-Apreciaría mucho que dejaras de ser tan insolente –dijo aferrándose más fuerte a él mientras el brincaba por los tejados hasta alcanzar el iluminado techo del burdel, pareciendo tan solo una imperceptible sombra en lo oscuro de la noche llena de neblina.

Cuando Sebastian por fin bajó a Susanna esta lo miró de manera fulminante. De haber podido, lo había aventado por la orilla del edificio, a fin de cuentas ¿qué tanto daño le podría hacer una simple caída a un demonio?

-Bien, necesitamos una manera de entrar –la muchacha observó sus alrededores- ahí hay una puerta –caminaron hacia ella. Estaba cerrada con un gran candado.

-Permítame – el mayordomo tomó el candado, sacó del bolsillo una pequeña llave y después de moldearla un poco con gran facilidad, abrió la cerradura- adelante- hizo un gesto para que la chica pasara.

-Ahora sólo tenemos que buscar a ese malnacido –el sonido de la música y las vibraciones de la misma hacían que fuera casi imposible escuchar sus voces; una ventaja para el momento de obtener la información de Reznik.

Bajaron las escaleras del lugar. Había un gran número de cuartos en los últimos dos pisos y sus largos pasillos albergaban un sinfín de puertas, algunas cerradas y otras abiertas de par en par. Por fortuna, no había nadie cerca, así que su presencia no fue advertida por algún trabajador del lugar.

-Debemos encontrarlo. No debe estar muy lejos.

-Venga –Sebastian le hizo una seña para que se acercara a una cortina que separaba uno de los pasillos de una especie de balcón que daba al club- este no es un lugar adecuado para usted, Milady –dijo al ver a un par de bailarinas exóticas en la pista de baile, haciendo su espectáculo con los tubos que estaban instalados desde el piso hasta el techo, rodeados por mesas donde varios hombres bebían toda clase de licor, fumaban cigarros de dudosa procedencia y abrazaban de manera posesiva a las chicas que se sentaban en sus mesas.

-Nada de esto es adecuado para mí… –se asomó por el barandal, con cuidado de que nadie la viera y momentos después encontró a su objetivo- ¡ahí está!

-Sí, está hablando con esa chica y… parece que han llegado a un acuerdo… déjeme escuchar –hizo un gesto como si estuviera tratado de oir lo que decían- sí… subirán al segundo piso… la última habitación. Parece que es el lugar designado para esa chica y… serán 400 libras por una hora, y el precio incluye… –se detuvo antes de mencionar lo que "incluía", justo cuando Susanna hizo un gesto con la mano para que dejara de hablar e intentó ocultar su sonrojo con una risa.

-Esperemos a que suba, después tú te harás cargo del chofer y el guardaespaldas. Reznik es mío.

-Entendido –caminaron hacia el pasillo con cautela y para evitar ser vistos se metieron a una de las habitaciones vacías.

-Bonito lugar… ideal para una cita…. –ella miró a su alrededor-

-Así es ¿quisiera saber lo que incluían esas 400 libras?

-Tentador, pero no gracias -ella trató de permanecer seria pero luego comenzó a reír- Por favor Sebastian, no es momento para tus bromas. ¿ya subieron?

-Ivan Reznik y la chica están a punto de entrar al cuarto. Los otros dos hombres caminan detrás de ellos, a unos cuantos metros. Parece que van a hacer guardia en el pasillo.

-Excelente. No hagas ruido y deshazte de ellos.

-Como usted ordene, pero antes tome esto –le dio la llave que tenía en el bolsillo- puede serle útil.

Sin esperar más, Sebastian salió del cuarto y corrió hasta el segundo piso, donde el guardia y el chofer estaban encendiendo sus cigarros. Con toda naturalidad se acercó a ellos, vistiendo una mirada malévola y burlona. En su mano derecha llevaba un par de cuchillos de plata que hacían contraste con sus guantes blancos.

-¿Y tú quién carajos eres? ¡vete de aquí!

-Lo siento, pero tengo un deber que cumplir…

-¿Qué demo…? –alcanzó a decir uno de ellos y no le dio tiempo de utilizar su arma porque un cuchillo le atravesó el cráneo. Lo mismo sucedió con el otro tipo, quien ya se había lanzado sobre Sebastian, pero el mayordomo era más rápido y en cuanto cayeron al piso se encargó de meterlos a una de las habitaciones, recuperó los cuchillos, los limpió con mucho cuidado y se aseguró de que la chapa estuviera rota para que no los encontraran tan rápido.

Por su parte, Susana subió al segundo piso con cautela. Sacó la pistola que traía en la funda amarrada a su cintura y se preparó para entrar a la habitación. Nunca antes había hecho algo semejante; un par de visitas al gotcha o videojuegos con pistolas diferían mucho al enfrentarse a una situación real, con toda la tensión que implicaba y con los riesgos al máximo.

Cuando dio con la habitación sacó la llave que le había dado Sebastian y con mucha cautela abrió. Al principio sólo movió un poco la puerta, esperando algún tipo de protesta, pero no hubo nada, sólo se oía el murmullo de un hombre y una mujer dentro del cuarto. Parecía que sólo estaban hablando, lo cual fue un gran alivio para Susanna, quien no le apetecía para nada encontrarse con una escena de sexo.

Cuando por fin abrió la puerta, lo hizo con toda la valentía que logró juntar y las manos le temblaron al apuntarle a la pareja que estaba sentada junto a una mesa, al parecer inhalando algún tipo de droga.

-Ni se les ocurra moverse –titubeó un poco, pero fue suficiente para asustar a la prostituta, quien gritó y se llevó las manos al rostro.

-¿Que carajos quieres?... ¡Dave, Nick!... encárguense de esta basura ¿crees que con una pistolita podrás asustarme, niña? –la voz del tipo le resultó repulsiva a Susanna, quien seguía con las manos temblorosas- ¿y bien?... ¿o es que acaso quieres jugar también…? –se puso de pie y se acercó a ella con actitud amenazadora ella.

En cuestión de instantes algo dentro de Susanna despertó; una especia de flashback; una corazonada que la hizo reaccionar de manera violenta y efectiva, como si supiera qué hacer con exactitud y lo que la movía a actuar fue el tremendo odio que sentía por el tipo, un odio alimentado por generaciones y que pareció tomar forma en ese momento, o tal vez era la adrenalina acumulada.

-Igor Rodich… o mejor debería decir, Ivan Reznik…

-¿Quieres que me asuste porque sabes mi verdadero nombre?

-No, de eso me encargaré más tarde. No des un paso más –dijo con voz seria y con los ojos llenos de rabia- anda, ve y siéntate junto a tu cita.

-¿O si no qué?

-¡O si no esto! – acabó con su paciencia y le disparó en un pie. Era la primera vez que disparaba contra una persona. La adrenalina la invadió y sintió algo más al ver que estaba herido, mientras gritaba de dolor y la otra chica lloraba histéricamente- te dije que no te acercaras.

-¡Perra maldita!

-¿Quieres otro?... rápido, siéntate en esa silla… y tú, no te muevas de allí.

-¿Quién eres?

-No veo razón para decirte quién soy, pero estoy dispuesta a hacerlo si respondes a mis preguntas –sonrió un poco… eso que sintió hacía apenas unos instantes fue un repulsivo placer al ver que el hombre se retorcía del dolor y lo mismo sintió cuando vio el temor en sus ojos. Susanna Serfer había despertado… y Sebastian observaba desde la entrada al cuarto, complacido ante la escena. Cerró la puerta tras él y se acercó.

-Amárralos….

-Como usted diga –se les acercó para cumplir la orden mientras ella les seguía apuntando la pistola hacia ellos, esta vez sin titubear y con todas las intenciones de usar las balas que le quedaban.

-Veo que has estado ocupado, Ivan. Es bueno aprovechar el tiempo, esos contactos en las aduanas y puertos… tus padres estarían orgullosos –Sebastian se paró junto al hombre herido después de amarrarlo.

-Pero… ¿quién eres? –dijo bastante impresionado. No esperaba que alguien le dijera tales cosas.

-¿Quién soy?... creo que lo podrás adivinar… dime ¿dónde están los demás? –hubo silencio y Susana miró a Sebastian mientras asentía con la cabeza, señal para que lo golpeara- podemos ayudarte a recordar ¿los nombres Soler, Schneider, Guillot, Crawford y Janssens te son conocidos?

-¡No puede ser! –de repente comenzó a reír- no creí llegar a ver este día… tal vez no sea yo quien termine contigo y recobre eso que usurparon tus estúpidos antepasados, pero ten por seguro que alguien más lo hará. No tienes idea de en lo que te has metido, comenzando por el hecho de que Janssens-Guillot es la misma persona.

-¿Y dónde están?-era verdad, no sabía que eran la misma persona, pero poco a poco iba obteniendo más información.

-¿Crees que te lo voy a decir?

-¿Quieres una muerte rápida? Habla. Si deseas morir lenta y dolorosamente, puedes quedarte callado….

-"No tienes idea de lo que es esto… El vendrá por ti y el enlace estará más cerca que nunca" –Ivan no habló para nada, pero su palabras sonaron fuertes y claras en la cabeza de Susanna, quien se veía desconcertada- ¿ahora lo ves?... esto es más de lo que puedes aspirar a controlar, niña idiota- al decir esto, Sebastian lo tomo del cuello, clavando sus negras uñas en su piel para hacer dolorosos cortes.

-El…. Entonces hay 5 en total… ¡el ángel caído!

-Así…. Es… -dijo con trabajos- sólo es cuestión de juntar los elementos… aunque creas que vas a ganar… sólo estás haciéndole las cosas más fáciles…

-¿Dónde está Soler? ¡O Schneider! –le disparó nuevamente, esta vez en un costado- ¡contesta! –se escucharon los gritos de dolor.

-Schneider…el… el puerto….

-Perfecto. Eso es todo lo que necesito.

-"Estás firmando tu sentencia… y aunque adquieras el poder, no es para ti" –otra vez le habló con la telepatía- "Deus est mortuum et nos occidimus eum" –de inmediato las memorias de su secuestro regresaron a Susanna, quien abrió más los ojos mientras éstos se llenaban de lágrimas. Dio dos pasos hacia él y le disparó en el rostro y en la cabeza repetidas veces, deformándolo por completo. Después volteó a ver a Sebastian, quien tenía las manos manchadas de Sangre y la miraba con seriedad- terminamos… - dijo con voz entre cortada mientras dejaba atrás al cadáver y miró a la aterrorizada chica junto a la mesa- no quiero que haya testigos…. –y sin dudar le disparó con la última bala que le quedaba. Era como si Susanna no fuera ella misma. Esa actitud se había desatado de repente y la agresividad parecía encontrar una salida cuando usaba el arma y la sangre corría.

La escena dejo a Sebastian sin palabras por un instante, no por los actos en sí, sino por el cambio de Susanna, pero antes de poder reparar más en el asunto, notó un aire frío que inundó la habitación y de inmediato la chica gritó y se agarró la cabeza son fuerza, como si algo le hubiera atravesado el cráneo.

-¡AH!

-¡Milady! ¿está usted bien? –Sebastian se apresuró para atraparla antes de que cayera al piso. Estaba a punto de desmayarse y tiró la pistola al suelo.

-Sebastian…. –señaló a la ventana del hotel- es uno… de esos sujetos… -y perdió el conocimiento.

Notas de la autora:

¡Hola a todos!

Capítulo 5 y la primera escena de acción, de muchas. Espero no haya estado muy violenta porque… se pondrá peor… no, la verdad es que no, aunque por algo está en M el fanfic... veremos qué pasa para el siguiente capítulo y por qué se desmayó Susanna.

Muchas gracias por continuar leyendo la historia y que tengan un excelente fin de semana ¡buenas vibras!

Masha Rue: Así es, va a ser entramado muy interesante, lleno de misterio y cosas ocultas. Además los shinigamis aparecerán mucho ; ) muchas gracias por seguir la historia y dejar comentario, de verdad me alegro mucho de leerlos.