Capitulo 6. Consuelo y confrontación.
Sin razón aparente Susanna cayó inconsciente en los brazos de Sebastian, pero antes de hacerlo señaló hacia la ventana del cuarto, justo detrás del cadáver de Ivan Reznik.
-Señorita… -de inmediato volteó a ver a la ventana, donde un muchacho con cabellos rubicundos y gafas miraba su reloj con impaciencia. De inmediato lo reconoció y antes de que iniciara algún tipo de conflicto, cargó a la chica, se llevó la pistola y corrió hacia el auto para regresar a la mansión. Su prioridad era el bienestar de Susanna y no podía permitirse que algo saliera mal.
Momentos después el muchacho de anteojos entró al lugar y utilizando una podadora recogió el cinamatic record de la chica y el hombre muerto en el piso.
-Ivan Reznik, nacido el 15 de Noviembre de 1965. Fecha de fallecimiento, 4 de mayo de 2015. Causa de muerte: hemorragia ocasionada por heridas de proyectil de arma de fuego. Cerrado… me sorprende que no haya muerto por alguna ETS hace unos años…
El muchacho tomó una pequeña libreta que tenía en el bolsillo del saco y dio un repaso a la lista.
-Bien, parece que es todo por hoy… pero debo informarle al Supervisor que tenemos un demonio suelto. Rayos, espero que eso no me ocasione horas extras de trabajo… -después suspiró y salió por la ventana dando un brinco, sin reparar mucho en la identidad del demonio o de la chica que había matado a esas dos personas.
Al otro día por la mañana, ya de vuelta en la casa, todos estaban preocupados por Susanna, quien todavía no despertaba y se encontraba en su alcoba bajo el cuidado de Sebastian. No se había separado de ella ni un momento y tenía un gesto serio y confundido, algo extraño en el mayordomo.
-¡Abby! ¿Ya despertó? –un muchacho rubio subía las escaleras con prisa.
-No, aun no, Fer…creo que deberíamos conseguir a un doctor pero….
-¿Qué fue lo que pasó ayer? –el muchacho se acercó a Abby, quien estaba recargada en la pared del pasillo cerca del cuarto de Susanna.
-No podía dormir anoche, tenía un mal presentimiento así que fui a la cocina por un vaso de leche y en la madrugada escuché el ruido del auto estacionándose y escasos momentos después, Sebastian entró con la señorita en brazos… -su tono se volvió más serio y fijó los ojos en Fer, haciéndole saber la gravedad del asunto- los dos tenían sangre en sus ropas, pero ninguno estaba herido.
-¿Estás segura? –la postura del muchacho cambió y sus ojos cafés mostraron una chispa que no tenían antes.
-Sí… yo me encargué de cambiar las ropas de la señorita… ya sabes que ella nunca permitiría que Sebastian, o algún otro hombre lo hiciera –trató de relajar la tensión con una pequeña risita- así que él me dijo que la limpiara y le pusiera la pijama mientras él se cambiaba en su dormitorio. No estaba herida…
-¿Pero? –Fer de inmediato se dio cuenta del titubeo de Abby.
-Pero tenía una ligera quemadura en la mano, como si le hubieran caído pequeñas brasas.
-O pólvora… -la chispa en sus ojos volvió a aparecer y se quedó mirando al piso por un instante, como recordando algo- ha comenzado… -después de una pausa, levantó la voz para demostrar su enojo y golpeó la pared- ¿y qué carajos estaba pensando Sebastian? ¿Dónde está el excelente mayordomo que aparenta ser ese imbécil? –volvió a golpear la pared y de pronto una mano se posó en su hombro.
-Calma, muchacho. Sebastian sabe lo que hace, debemos confiar en él- el sr. Haggard calmó al muchacho con su tono serio y autoritario- si llegara el día en que no cumpliera con su deber, yo seré el primero en cruzar unas cuantas palabra con él.
-Thomas tiene razón, Fer. Además, Sebastian no se ha separado ni por un instante de su lado. Es evidente que está preocupado, aunque nos demuestre lo contrario.
-Exacto… y quizá necesite un descanso. Iré a ver cómo están las cosas. Les pido que mantengan la calma, en especial tú Fer –la voz de Thomas era persuasiva y autoritaria. Algo conocía sobre Fer y sabía bien que debía mantener tranquilo al muchacho.
Después caminó hacia la habitación de Susanna y tocó la puerta con suavidad. No hubo respuesta, así que la abrió con lentitud. Sebastian estaba sentado en una silla del lado izquierdo de la cama. Las cortinas apenas abiertas, sólo para dejar para un poco de luz y calidez en el frío cuarto. Ella seguía inconsciente, o en un sueño muy profundo y Sebastian la observaba con detenimiento.
-Sufrió un terrible dolor, por eso está agotada- dijo el mayordomo sin apartar la vista de ella mientras Thomas se acercaba a él- aunque esa no es la razón por la que sigue… así…
-Después de lo de ayer, no la culpo por no querer despertar –Sebastian lo miró sorprendido- deberías descansar un poco. Yo cuidaré de ella.
-Debo investigar algo –después de una pausa el demonio contestó. Parecía haber recordado algo y de inmediato se puso de pie- tardaré una hora. Mientras tanto…
-Sí, sí… no le quitaré los ojos de encima. Descuida, a eso se ha dedicado mi familia desde hace décadas. Ahora vete, tienes algo importante que hacer.
-Regreso en una hora.
Dicho eso, Sebastian se apresuró a salir de la casa, no sin antes dar la instrucción a Abby para que lo contactara en caso de que Susanna despertara.
Usando su velocidad demoniaca, Sebastian corrió hacia la ciudad con una sola idea en la cabeza: comprender que es lo que en realidad escondían esas personas que cazaban a la familia Serafer, y no sólo eso, era imperativo averiguar con qué tipo de fuerzas se estaban metiendo. Esta vez su contratista se enfrentaba a un ente que, con las herramientas necesarias, podría llegar a ser de verdad problemático.
Cuando por fin llegó a la oficina de Ivan Reznik, se encontró con que el edificio había sido, coincidentemente, víctima de un incendio por un corto en la instalación eléctrica ¡que conveniente!
Al parecer toda evidencia de las conexiones de Reznik se habían perdido, pero Sebastian logró adentrarse en el edificio en ruinas. Todavía había humo saliendo y vapor de agua por todos lados. Incluso la temperatura era alta. Había escombros por todos lados y las escaleras se caían en pedazos, pero él se las ingenió para subir al quinto piso, donde al parecer estaba la oficina principal.
Había algunos documentos quemados y mojados. La mayoría eran cenizas, pero Sebastian pudo juntar una buena cantidad de papel para descifrar. Con cuidado tomo los trozos mientras sus ojos brillaban tratando de leer debajo de la ceniza y las manchas de tinta corrida. Algunos fragmentos eran entendibles, otros no tenían remedio, así que el resultado fue un confuso rompecabezas como nombres, lugares, términos en latín y la palabra "enlace" que aparecía muchas veces en los documentos, pero en ninguno se explicaba su verdadero significado.
Todo apuntaba a que Schneider tendría más información sobre los planes y, sobre todo, los métodos que usarían para contactar de nuevo con el ángel caído. En cuanto juntó toda la información posible, guardó los papeles y regresó a la casa, decidido a contarle sus hallazgos a Susanna en cuanto despertase.
Justo después de una hora de marcharse, Sebastian entró al cuarto esperando encontrar todo como lo dejó, y así fue, con la diferencia de que Fer y Abby estaban también ahí y Susanna parecía estar dormida. Incluso se había dado la vuelta en medio de las sábanas. Seguro no tardaría en despertar.
-¡Sebastian! En verdad tardaste una hora… -dijo Thomas sorprendido- parece que en cualquier momento despertará.
-Sí… su expresión es más relajada que antes… -el mayordomo sonrió- creo que es hora de comenzar a preparar la comida para cuando despierte.
-¡Yo me encargo! Ven conmigo, Fer –dijo Abby halando del brazo al muchacho que veía a Sebastian con recelo.
-Bien. Thomas ¿podrías hacerme un favor?...
Minutos después Susanna volvió a moverse, esta vez sus gestos indicaban que se despertaría pronto. Después de verla abrir los ojos todos los días, Sebastian sabía a la perfección cuándo estaba a punto de despertar, así que se puso de pie junto a ella y esperó a que abriera los ojos.
Poco a poco la chica fue despertando y comenzó a reconocer el cuarto con la mirada. Después miró a Sebastian y ladeó un poco la cabeza, como si fuera a decir algo, pero un gran dolor la invadió y entonces comenzó a recordar todo. De inmediato se llevó las manos a la cabeza y las lágrimas salieron de sus ojos en un llanto que al principio fue mudo, pero rápido convirtió en un alarido de agonía.
-Calma, Milady… -Sebastian se acercó más a ella.
-¿Cómo?... ¿cómo pude?... ¡no, no así! –se sentó en la cama, aun sosteniendo su cabeza y llorando a todo pulmón, gritando palabras ininteligibles.
-Ya, ya... –Sebastian se sentó y la abrazó para consolarla por un momento- ya sucedió, no lo puede cambiar.
-¡Y tú lo disfrutaste! ¡Maldito bastardo, aléjate de mí! –intentó inútilmente separarse él mientras lo golpeaba en el pecho y los brazos.
- Señorita, recuerde el contrato… yo sólo soy una herramienta para acabar con ellos…
-No me arrepiento de lo que hice, pero no sé cómo pude hacerlo. Esa no soy yo- hizo una pausa para ordenar sus ideas y lidiar con el dolor de cabeza- y lo volvería a hacer, pero… no sé cómo –al final no tuvo más remedio que rendirse y sollozar mientras el mayordomo la consolaba. A pesar de que sus intenciones fuesen tan solo llevadas por el deseo de quedarse con su alma, era el único ser que de manera incondicional estaría junto a ella hasta el final; hasta la perdición.
Además, había algo en el abrazo de Sebastian que la tranquilizó. Al igual que la mayoría de las cosas que estaban pasando, no pudo explicarlo, pero mientras el acariciaba su espalda un gran alivio la invadió, como si diminutas vibraciones la invadieran poco a poco con el pasar de los segundos y de repente se sintió tranquila; llena de dudas, miedos e inseguridades, pero no al grado de romper a llorar en cualquier momento. Quizás sólo necesitaba desahogarse con alguien de confianza, que supiera lo que había pasado.
Unos cuantos de días pasaron y Susanna no quiso tocar el tema. El dolor de cabeza duró dos días y Sebastian no lo tomo como una simple coincidencia, así que comenzó a investigar por su cuenta mientras observaba con mucho cuidado a la chica. Decidió distanciarse un poco, limitándose a estar con ella sólo cuando lo llamaba y para realizar sus labores de mayordomo. El resto del tiempo lo dedicó a investigar y observarla desde las sombras.
Susanna caminaba por el jardín pensando en todos los recuerdos que aún estaba muy frescos. Sentía como si las energías la hubieran abandonado. Escuchar la frase "Deus est mortuus et nos occidimus eum" despertó algo en ella, algo que no quería recordar y que le daba nausea, además de llenar su cuerpo de adrenalina como ninguna otra cosa. Necesitaba tiempo para aceptar lo inevitable, ésta vez todo parecía ser real y sin escapatoria. Creyó haber asimilado su situación con anterioridad, pero no fue así; en apenas unos meses había ganado y perdido todo de manera voluntaria. La cuestión era ¿cómo debía seguir adelante?
Mientras tanto, en la dimensión de los shinigamis, el Supervisor de la División de Gestión y Envío trabajaba en su oficina. Llevaba un par de horas frente a su escritorio examinando informes y haciendo anotaciones al respecto.
Su expresión era seria como de costumbre, pero había algo diferente en él; un gesto apenas perceptible que denotaba más irritación y fastidio que lo normal. Desde que Ronald Knox regresó de su última misión, mandó a pedir un informe especial desde otro país con el fin de estar al tanto de las actividades de Susanna Serafer, quien había estado en su lista de espera para morir desde hacía un par de meses.
Las sospechas de William eran ciertas: la señorita Serafer había hecho un contrato con un demonio. Es por eso que había evitado su muerte la primera vez, y aunque no se arrepentía de la decisión que él mismo había tomado al dejarla con vida, le pareció irritante la ironía en todo ello. Además, le enfurecía todavía más el hecho de que el demonio con quien ella había hecho el contrato era nada más y nada menos que Sebastian Michaelis, a quien irremediablemente se volvería a encontrar.
En cuanto terminó de escribir sus notas, ordenó su escritorio y se dirigió a Londres, transportándose casi de inmediato a un verde jardín que estaba cuidado a la perfección y tenía árboles y arbustos podados en forma de espiral. Las flores alrededor estaban a punto de brotar, pero William no tenía tiempo para apreciar tales cosas y se enfocó en localizar a cierta persona que, después de dar unos cuantos pasos por el lugar, encontró. De inmediato se escondió detrás de un árbol para observarla por unos momentos. Iba cabizbaja por el jardín, tratando de ignorar cierta presencia con todas sus fuerzas, hasta que le fue imposible.
-Sé que estás ahí ¿ya llegó mi hora de morir, William? –miró hacia el horizonte.
-Desde el primer momento en el que te vi, supe que había algo distinto en ti; un aura poco usual, pero nunca imaginé que fuera el resultado del pacto con un demonio… Susanna Serafer –el shinigami se dejó ver y salió de su escondite detrás de un arbusto grade.
-Así es. Vendí mi alma creyendo que era una solución.
-Nunca podré entender cómo es que algunas personas son tan estúpidas como para cambiar algo tan valioso como su alma y todo por un simple deseo… -caminó hacia ella
-Los humanos no conocemos el verdadero valor de las cosas hasta que las perdemos y el alma no es una excepción. Es como si la esperanza se fuera de manera repentina –miró hacia el cielo y sintió un nudo formándose en su garganta. Por su parte, William la estudiaba con detenimiento, en busca de algún indicativo de arrepentimiento o al menos una reacción visceral, en cambio ella se quedó en silencio.
-No estoy seguro de que comprendas el alcance de lo que hiciste. Eso sin mencionar a las dos personas que mataste –acomodó sus gafas y puso un gesto de notable disgusto, mismo que se notaba en su tono voz
-Lo dice la muerte en persona –lo miró con serenidad.
-Honestamente… los demonios son creaturas detestables, alimañas en el universo que se alimentan de almas y cuyas intenciones son siempre egoístas. Engatusan y atraen a las personas con promesas dulces, escondiendo sus verdaderas intenciones hasta que caen en la oscuridad, donde muestran su verdadero rostro, una cara que esconden con gran habilidad y por obvias razones –hizo una pausa- y veo que has caído en sus garras. Creí que tenías más fuerza de voluntad.
Una chispa se encendió dentro de ella. Ya bastante tenía con sus propios pensamientos tortuosos como para estar aguantando las críticas de alguien con aires de superioridad ¿quién se creía que era?... sí, era un shinigami, pero eso no le daba el derecho de juzgarla ni de pretender conocerla.
-¡Cállate! –gritó de repente- pretendes saber mucho sobre los humanos, sobre cómo sentimos, cuando es evidente que no tienes idea de cómo es en realidad. No eres humano, así que no hables por nosotros ¡Por un momento ponte en mis zapatos! Imagina que de un día para otro tu vida, tu historia y origen cambian in previo aviso, que todo lo que habías creído era mentira y lo que nunca quisiste creer es verdad. Después de eso estás secuestrado, golpeado y humillado, a pocos segundos de ser violado y ultrajado, todo por razones que apenas comprendes… y la muerte ya no es una opción que esté en tus manos -sus ojos se llenaron de lágrimas y de la garganta de William salió un sonido de sorpresa, misma que se reflejó en sus intensos ojos verdes-… y justo en ese momento recuerdas esa oferta… esa escapatoria y solución- hubo una pausa en la que Susana reunió fuerzas para que su voz no se cortara y el llanto no la interrumpiera- sé que lo que hice no está bien, que es una atrocidad y un enorme pecado a los ojos de cualquiera, pero si por ese sacrificio puedo terminar con ésta cacería contra mi familia y evitar que… -no le revelaría todo lo que sucedía, así que escogió sus palabras- la balanza cambie para mal, estoy dispuesta a aceptar las consecuencias. Escúchame bien: soy responsable de mis propias elecciones y decisiones, buenas o malas. Me atendré a las consecuencias, te guste o no. Sé bien que hay muchas cosas en juego y vidas de por medio, y por eso debo terminarlo a mi manera. Estoy dispuesta a cargar con ello.
William se quedó en silencio, aún con las palaras de Susanna retumbando en su cabeza. Era verdad, no era un ser humano y no sabía la desesperación que ella sintió; tal vez alguna vez lo supo de tal desesperación y sentimientos, pero eso había sido olvidado hacía mucho, antes de convertirse en un shinigami. Recordarlas o volverlas a sentir no era una opción, su trabajo no se lo permitía y así es como debían ser las cosas y aunque era una idea que repasaba todos los días al llegar al trabajo, hacía casi dos siglos que no recordaba el verdadero significado de aquellas reglas.
-Lamento haberte importunado de esa manera –dijo reconociendo que quizás no era el mejor momento para enfrentarla- no era mi intención –hizo un pequeño gesto de reverencia con toda la formalidad y etiqueta que lo caracterizaban, sólo que esta vez era sincero. Después comenzó a alejarse y antes de desaparecer volteó a ver a la chica- sólo te pido que mientras estés a su mando, esa escoria no se apodere de otra alma… detestaría trabajar horas extras porque no pudo controlar su apetito.
-No tiene de qué preocuparse. Mientras nuestro contrato esté vigente, no buscaré otras almas. Con esta es suficiente y es la única que deseo –Sebastian apareció detrás de ellos con un gesto serio y a la defensiva. Había sido testigo de toda la escena y no estaba para nada contento.
-Me preguntaba si nos encontraríamos otra vez, Sebastian Michaelis. Parece que el destino nos vuelve a juntar. Con permiso y hasta pronto –y entonces el shinigami desapareció.
-¿Se encuentra bien, señorita? –su rostro se mostraba preocupado.
-No, pero eso ya no es novedad… al menos el dolor de cabeza se ha ido.
-Me alegro de escuchar eso… ¿desea que vaya tras él?
-No… déjalo –vio hacia la dirección donde William había desaparecido- regresará –Sebastian la miró con algo entre indignación y sorpresa. Notó que no era la primera vez que William T Spears se encontraba con Susanna y por alguna razón eso no le agradó para nada y después de unos momentos comenzó a decir.
-Señorita, he estado investigando y… ahora comprendo lo que sucedió. ¿Podría acompañarme a la casa?
Susana asintió con la cabeza y caminó delante de él, dirigiéndose a la estancia del primer piso, donde Sebastian había estado ordenando documentos y revisando libros de diferentes temas, desde psicología hasta metafísica. El lugar parecía desordenado, pero había algo placentero en todo ese desorden y no era sólo el olor a libros viejos y polvo. Parecía que todo tenía una razón de ser y sólo Sebastian sabía a ciencia cierta qué era lo que estaba buscando. La chica se sentó en uno de los sillones de cuero negro, esperando a que el mayordomo explicara lo que había encontrado.
-Hasta ahora no habíamos tocado el tema, pero es de suma importancia que me diga qué fue lo que pasó con Ivan Reznik –ella lo miraba con toda la tranquilidad que le era posible- pude notar que hubo momentos de silencio y pausa entre su diálogo y coincidentemente sus pupilas se dilataron, su forma de hablar cambió e incluso su comportamiento, señorita. Eso me llevó a pensar que hubo algo más que no pude escuchar ¿El Sr. Ivan era telépata? –La voz de Sebastian era formal y rígida, denotando la seriedad del asunto.
-Sí. Era como si, esas palara estuvieran de repente dentro de mi cabeza. Mencionó algo sobre un enlace y sobre poder, un poder que aunque obtuviera, no podría usar y después…. Después esas palabras en Latín….
-Deus est mort…
-¡Calla! –de inmediato se tapó los oídos en forma defensiva.
-Mil disculpas- dijo al ver la reacción de la chica, aunque sus palabras habían estado planeadas a la perfección, buscando ese resultado en ella- aun no comprendo los planes o que es lo que buscaban esos sujetos al relacionarse con el ángel caído, pero Thomas me ayudó a conseguir algunas cartas de su abuelo y tengo razones para pensar que cada uno de esos individuos tiene algo en especial; una pieza, digamos que los hace necesarios para traerlo físicamente a este plano y eso la incluye a usted.
-¿Un rompecabezas? –dijo cuando al fin se reincorporó- entonces la pista que tenemos es: un telépata, un enlace, cuyo significado aún está por develarse y una frase de Nietzsche.
-Así es, y si pudiésemos descubrir qué habilidad tienen los demás, comenzando por usted, sabremos qué es lo que planean o al menos qué es lo que necesitan para traer al ángel caído. Por otro lado, al principio creí que su dolor de cabeza había sido ocasionado por ese shinigami que apareció en el Crimsom Cherry, pero después se me ocurrió otra cosa. Tal vez fue causado por la reacción de su habilidad frente a la de Reznik. O quizás… -Sebastian la miro con los ojos clavados en los suyos y sin parpadear.
-¿Qué cosa? –ella parecía confundida, como si no comprendiera el por qué su mayordomo la miraba de esa forma.
-Interesante…. –se puso una mano en la barbilla, como si estuviera repasando los hechos.
-No comprendo.
-Creí que tal vez usted habría absorbido las habilidades de Reznik, pero me parece que no.
-Algo sucedió, eso es un hecho y debemos saber qué fue… vayamos a las oficinas corporativas de AstraZeneca. Algo me dice que puede haber algo en los archivos de mi abuelo.
De inmediato fueron a las oficinas. Era ya muy normal para los empleados del lugar el a Susanna y Sebastian rondar pos los pasillos. Le gustaba estar cerca de los trabajadores, sin importar el nivel. Le importaba la empresa y no pensaba en echar en saco roto el legado de su familia.
Al llegar al despacho de su abuelo, la chica miró a su alrededor, escogiendo un lugar por dónde comenzar y le indicó a Sebastian, quien parecía un poco distraído, que la búsqueda comenzara.
Ambos invirtieron la tarde en buscar algún indicio de información en despacho del abuelo, ahí en los archivos más viejos y empolvados. Cualquier cosa ayudaría, así que en un par de cajas metieron las fotografías, cartas y apuntes que parecían importantes o sospechosos. Antes de salir del lugar, Sebastian se detuvo frente a uno de los cuadros colgados en la pared.
-Si te gusta tanto, por qué no te lo llevas –dijo Susanna con una pequeña sonrisa- siempre que venimos te interesas en él, así que…
-Señorita, yo no podría... un simple mayordomo como yo –dijo con toda la ceremonia posible, manteniendo la fachada de mayordomo, pero en el fondo lo había tomado por sorpresa.
-Tómalo como un pequeño agradecimiento –le guiñó un ojo y salió del lugar, pero desde afuera se escuchó su voz- y no me hagas decir que es una orden –tras esto, Sebastian se tensó. Aún había muchos comportamientos de Susanna que le eran inesperados, pero volvió a mirar el cuadro y suspiró antes de descolgarlo con una diminuta sonrisa en su boca- por cierto… ¿estás usando loción? creí que… alguien como tú no necesitaría usar loción –ella preguntó mientras caminaba por el pasillo hacia el elevador.
-Es de esperarse que el mayordomo de la familia Serafer lleve una de las más finas lociones ¿qué tipo de mayordomo sería si no pudiera estar a la altura de la situación? –él dijo con orgullo mientras las puertas del elevador se cerraban frente a ellos.
-Pues fue una buena elección. Me agrada.
El día era soleado en la dimensión de los Shinigamis y la oficina central veía desfilar con prisa a un gran número de trabajadores, quienes con sus death scythes en mano se dirigían a realizar sus deberes. Otros cuantos tecleaban con rapidez los reportes que debían ser entregados y nadie parecía tener un minuto de descanso, a excepción de cierto muchacho de cabellos rubios y gafas a la moda que caminaba sin prisa alguna por uno de los pasillos del lugar. Llevaba con él un folder con el reporte terminado de su último trabajo e iba en dirección a la oficina de su jefe, trayecto durante el cual saludaba con entusiasmo a las chicas que se cruzaban por su camino.
-¡Hey, Angelique! ¡Qué bien te ves el día de hoy! ¿Sigue en pie nuestra cena del viernes?
-¡Oh, Ronald! Tú nunca cambias. Claro que sí ¿pasas por mí a las 7?
-Por supuesto. Para esa hora ya habré terminado mi trabajo- dijo con orgullo el muchacho.
-Entonces nos vemos el viernes –dijo la chica que caminaba en dirección contraria al chico- por cierto, el Sr. Spears preguntó por ti hace algunos minutos. Deberías apresurarte.
-¡Rayos! ¡Muchas gracias y nos vemos el viernes! –de inmediato la expresión de Ronald cambió y apareció un brillo especial en sus ojos mientras apresuró el paso hacia la oficina de su Supervisor.
Al llegar, llamó a la puerta esperando la indicación para entrar. Nunca le había gustado visitar la oficina de William, siempre que lo hacía salía con horas extras de trabajo, cosa que detestaba más que otra cosa. Cerró detrás de él después de entrar y se aproximó al escritorio de su jefe, quien ya había regresado de su breve visita a Londres y estaba sentado revisando otros informes que parecían ser viejos.
-¡Buen día, señor! ¿Cómo está? Veo que con mucho trabajo como… -dijo con mucho ánimo antes de ser interrumpido por William, cuyo tono de voz denotaba su impaciencia con el rubio.
-Ronald Knox… confío en que hayas traído tu informe completo y sin errores.
-¡Desde luego! Aquí está –dejo el folder sobre el escritorio- como le dije, es aquel demonio de hace algunos años.
-¿Algunos años? –William parecía sorprendido- ¿es que acaso no lo mencionaste en reportes de la última década?
-¿Eh? ¡No, para nada! –dijo con preocupación y tratando de no echarse la soga al cuello- me refiero a que es ese demonio que nos causó algunos problemas el… pues el siglo antepasado… ¡wow, cómo pasa el tiempo! –William lo miró con recelo por un instante, buscando algún indicio de que le chico hubiera omitido detalles de su trabajo, pero al no encontrar nada tomó el reporte para comenzar a leerlo.
-Debemos ser cuidadosos, señor Knox. Si en sus próximos trabajos se encuentra con esa alimaña, quiero que lo informe de inmediato.
-Entendido… ¿ya me puedo retirar?
-Sí, sí, adelante –hizo un gesto con la mano para indicarle que saliera.
Ronald se dirigió a la puerta, echándole un vistazo a la oficina antes de salir. Era el mismo lugar de siempre, con la misma decoración sobria e inmaculada de hacía muchos años y pensó que un poco de distracción era lo que le faltaba a su estirado jefe. Estaba a punto de abrir la puerta cuando de repente por ahí apareció una figura con larga cabellera roja y vestimenta del mismo color, extravagante como acostumbraba y una voz chillona que exclamaba.
-¡Will! Oh Will, querido. Traigo lo que me pediste –entró con lo que parecía ser un carrito de biblioteca con una buena cantidad de cinematic records.
-¡Sutcliff sempai!
-Hola, Ronald. No estarás haciendo rabiar otra vez a mi querido Will ¿verdad?
-Oh no, para nada. Sólo vine a entregar un reporte y…
-Señor Knox –dijo el Supervisor con voz persuasiva- me parece que tiene trabajo que completar y… Grell Sutcliff… ¿trajiste todos los cinematic records?
-Desde luego, Will. Todos los de la lista están aquí –dijo acercándose al shinigami de cabello castaño, tratando de abrazarlo pero fallando en el intento porque William se paró de la silla para examinar los libros- ¡Oh, Will! Me encanta cuando te haces el difícil…
-Grell Sutcliff… contrólate por favor y continúa con tus deberes. Tengo mucho trabajo –dijo lanzándole una mirada amenazadora antes de tomar asiento para continuar con su trabajo.
-Pero… está bien, Will. Te veré después –y antes de salir de la oficina le guiñó un ojo y le mandó un beso con la palma de su mano.
Caminó hacia su cubículo cuando se topó con Ronald, quien estaba recargado en una de las paredes del pasillo, con las manos recargadas en su cabeza y pensativo.
-Entonces… ¿te mandó por esos cinematic records?
-Creo que no es de tu incumbencia…
-Tal vez no, pero creo saber la razón de esa investigación que está haciendo. Cuando regresé de mi último trabajo, me pidió un informe detallado al respecto y estoy seguro de que tiene algo que ver con ese demonio de cabello negro…
-¡Sebas-chan! –de inmediato el rosto de Grell se iluminó y dio un brinco, pero en cuanto recobró la compostura se acercó al muchacho rubio- dime todo lo que sabes…
Mientras, dentro de su oficina William comenzaba a examinar los cinematic records que el pelirrojo le llevó. Su gesto denotaba seriedad, como siempre, pero había algo más en su expresión. En sus años de experiencia había aprendido a detectar cualquier indicio de problemas y posibles alteraciones en el balance de las almas, y tal parecía que algo grande se acercaba. Además, Susanna Serafer tendría que ver con todo aquello y eso lo tenía intranquilo por distintas razones, entre ellas la última plática que tuvo con la chica, así como el historial de su apellido.
Nota de la autora:
¡Holi! Este fue el capítulo 6 ¿qué les pareció? Creo que ya todo va tomando forma, pero vendrán cosas más interesantes, cómicas, dramáticas, sobre ocultismo y muchas sorpresas más. Por lo pronto parece que Fer sospecha algo y que los shinigamis tendrán mucho trabajo…
¿Se imaginan a Sebastian usando loción?... la verdad es que incluí eso por términos prácticos y que se verán más adelante en la historia ; ) pero la pregunta de hoy será: ¿qué loción creen que deba usar nuestro querido Sebas chan? (la opinión de la autora, saldrá la próxima semana)
Masha Rue: ¡Shinigamis! También soy fan de todos ellos, así que te aseguro que saldrán mucho en la historia. ¡Pinky promise! Y no… Angela/Ash quedó(aron…?) atrás… este ángel caído dará mucho más miedo y va a complicar las cosas demasiado.
Saludos, felices vacaciones, fin de semana o lo que les acomode.
