Capítulo 9. Noche de fiesta.
Unas horas después Susanna despertó y lo primero que notó fue que Sebastian ya no estaba junto a ella. Parecía seguir bajo el efecto del calmante, así que agarrándose de las paredes y el barandal logró bajar hacia la cocina, donde Abby la esperaba con las galletas que había preparado.
-¡Señorita Susanna! Que bueno que haya desertado ¿cómo se siete?
-Me siento… desubicada y confundida... ¿qué pasó? –se sentó en una de las sillas del desayunador.
-Pues… -Abby dudó un poco antes de responderle- al parecer tuvo un ataque de pánico y se puso muy mal. Fer y Sebastian tuvieron que darle un calmante.
-¿Así de mal? No me acuerdo de nada, sólo de que estaba en el estudio y… después estaba en mi cuarto –miró a Abby con un poco de angustia y pena.
-Yo no lo ví, pero escuché cómo gritaba y me preocupé mucho –un poco de angustia se asomó por sus ojos y recordó lo que Fer les había dicho, así como la desconfianza que le había mostrado a Sebastian, entonces trato de cambiar el tema - ¿no tiene hambre? No comió nada el día de hoy, así que le preparé las galletas que le gustan.
-Muchas gracias –Susanna sonrió de manera amplia; tenía hambre y estaba segura que un par de galletas con leche le sentarían muy bien. Mientras comía Abby sonreía aliviada por verla mejor y de repente hizo un comentario que tomó a la chica desprevenida.
-Sé que es difícil adivinar lo que pasa por la mente de Sebastian, pero estaba muy preocupado –comenzó a explicar, pensando que quizás la actitud del mayordomo, siempre formal e inmutable podrían causar desconcierto en los demás, como sucedía con Fer y no quería que lo mismo sucediera con Susanna- a veces parece insensible, pero estaba claramente afectado por lo que pasó y estuvo casi todo el día junto a usted, pendiente de que no le sucediera otra cosa.
-¿En… en verdad? –la chica se conmovió por un instante; la idea y concepto que tenía sobre su mayordomo, eral a de su verdadera naturaleza de demonio y el hecho de que se preocupara por ella le causaba alegría… pero la idea latente de que él sólo estuviese preocupado por el bienestar de su "cena" regresó pronto a su mente.
-Sí –una enorme sonrisa apareció en su rostro- apenas hace unos minutos salió al jardín.
Como ya era costumbre, Sebastian salía por las tardes, justo después del anochecer al amplio jardín de la propiedad para asegurarse de que todo estuviera en orden con las cámaras de seguridad y alambrado. También buscaba a gente sospechosa en los alrededores o posibles merodeadores que comprometieran la seguridad del lugar.
Toda la inspección le llevaba casi media hora y cuando terminó, caminó de regreso a la casa pero se detuvo junto al pequeño estanque que adornaba la parte de atrás de inmueble y sonrió para sí, volteando con ojos risueños.
-Sé que nos ha estado observando. Tal vez ella no lo note todo el tiempo, pero su presencia no pasa desapercibida para mí, señor Spears.
-Lamento la inconveniencia, aunque no tenía intención de hablar con un animal rastrero como tú… -comenzó a decir con un tono de voz monótono, pero Sebastian lo interrumpió.
-¿Y entonces, cuál era su intención? Si me permite mencionarlo, en el tiempo que llevamos de conocernos, no me he alimentado de un alma con quien no tuviera un contrato ¿o será acaso que a la que vigila es a mi señorita, Susanna? –el shinigami acomodó sus lentes en cuanto escuchó las palabras de Sebastian. Era verdad, la chica le resultaba intrigante y tal situación le parecía refrescante después de años de monotonía en su arduo trabajo. No era cosa de todos los días encontrarse con personas tan peculiares y podía esperarse cualquier cosa de aquellos que realizaban tratos con demonios, sin embargo esa no era la única razón por la que los estaba observando.
-Si mal no recuerdo, la última vez que nos encontramos, tu contrato con Ciel Phantomhive trajo como consecuencia numerosas muertes y eso significa más trabajo para nosotros, por lo que me veo obligado a investigar si en esta ocasión será lo mismo.
-Desde luego. No podría imaginar al mismísimo Supervisor de la División de Gestión y Envío de observando los comportamientos de una humana por razones que no sean laborales –el tono de Sebastian fue sarcástico, pero nunca perdió la compostura y William, como siempre se comportó a la altura, sin cambiar su seria expresión.
-Honestamente, demonio… haces que las cosas suenen más complicadas de lo que son, a tu conveniencia -se dio la vuelta y comenzó a alejarse- hasta luego.
Sebastian siguió su camino hacia la casa, mirando su reloj y apresurándose para comenzar con los preparativos de la cena.
Al día siguiente, Sebastian entró con una gran sonrisa al cuarto de Susanna. Iba a despertarla y a darle buenas noticias. Durante la noche anterior, hizo indagaciones químicas con la información de la nitroglicerina que obtuvo, logrando recopilar información útil para encontrar a Kraig Schneider.
Después de entrar, se acercó a la cama de la chica, quien todavía seguía profundamente dormida y muy despacio colocó su mano derecha sobre su hombro y susurró.
-¿Señorita? es hora de despertar.
-No… no quiero –dijo dándose la vuelta hacia el otro lado de la cama.
-Oh, es una pena que no quiera despertar, ya que tengo nueva información sobre el paradero del sr. Schneider… -dijo con cierto pesar en su rostro, sabiendo lo que su comentario ocasionaría en la chica.
-¿Qué dices? –ella se sentó en la cama- ¿qué averiguaste?
-Al parecer uno de sus principales socios, Alphonse Turner es gran amigo del Secretario de Estado para Asuntos Exteriores.
-Vaya, la crema y nata de Inglaterra. Y yo que pensé que sería diferente en otro país.
-Se sorprendería de ver todas las cosas en común que tienen los diferentes continentes… -sonrió y miró a Susanna levantándose de la cama, dispuesta a seleccionar su ropa del día.
-Sería pertinente investigarlos, tal vez nos den una locación o alguna pista de dónde se encuentre Schneider.
-Efectivamente. Hoy por la noche hay una fiesta; es el aniversario de la Oficina de Comercio e Inversión y el Ministro tiene planeada una celebración muy elegante con representantes de las diferentes industrias en Inglaterra.
-Excelente. Debemos infiltrarnos y… -entró al vestidor para ponerse una bata de baño y después se asomó por la puerta corrediza- ¿a qué hora es la fiesta? ¡No me digas que es por la mañana!
-Es hoy por la noche. A partir de las 7… prepararé el baño –dijo acercándose a la chica y entrando al baño para encender la regadera- Aún tiene mucho tiempo.
-Podríamos entrar por el techo del lugar, o hacernos pasar por…
-No será necesario –ella entró al baño y lo miró con una expresión de duda- como cabeza de AstraZeneca, tiene usted una invitación personal al evento.
-Oh… lo olvidaba –dijo un poco apenada.
-Pero debemos ir a comprarle un vestido de acuerdo a la ocasión. La última vez que fuimos de compras, sólo fuimos por trajes sastre y ropa de oficina. Le avisaré a Thomas y después de desayunar iremos –ella asentó y comenzó a desamarrarse la bata, pero antes de quitársela miró al mayordomo, que continuaba de pie junto a la regadera, acomodando las toallas y mirándola con discreción.
-¿Te importaría? –miró a Sebastian y después hacia la puerta
-Disculpe, creí que necesitaría ayuda… -Susanna alzó una ceja en señal de desaprobación- tal vez el Diazepam sigue haciendo efecto… -la mirada de la chica se hizo más severa- la esperaré en el comedor con su desayuno listo –sonrió de manera coqueta y salió del baño.
Y así fue, después de desayunar salieron de comprar, en busca de un bonito vestido de noche para la fiesta. Ir de compras no era de las actividades favoritas de Susanna, pero desde que Sebastian había llegado a su vida, eso cambió. El mayordomo se encargaba de hacer las cosas divertidas para ella, ya que discutía con los empleados de la tienda respecto a la calidad de las telas, los colores y el talle que le hacían.
No sabía si lo hacía a propósito, pero le divertía el verlo discutir con ellos y perder la paciencia al considerar las afamadas marcas como epítomes del mal gusto. Cuando terminaba de debatir con ellos, regresaba con Susanna, haciendo un comentario como "es por esto que prefiero que su ropa sea hecha a la medida, los gustos comunes de los diseñadores de hoy dejan mucho que desear". Además de eso, él siempre estaba atento a lo que la chica quería o necesitaba, al grado de pensar que tal vez podía leer su mente. Si tenía sed, Sebastian se acercaba y le ofrecía un vaso con agua. Si tenía hambre su siguiente parada era algún restaurante, si estaba cansada, una silla aparecía detrás de ella con Sebastian listo para ofrecerle chocolates o helado, acompañados de algún comentario que la hiciera reír.
Con un mayordomo así las compras eran, después de todo, una agradable experiencia y por supuesto, el hecho de que cada vez que Susanna saliera del vestidor con una prenda nueva, la mirada Sebastian la recorriera con tal intensidad que casi lo podía sentir tocándola… no tenía nada que ver….
Cuando por fin encontraron algo de su agrado y adecuado para la fiesta, regresaron a la casa, justo antes de la hora de comer y dos horas antes de que llegara la maquillista.
-Señorita, me he encargado de llamar a una profesional para que se encargue de su peinado y maquillaje. Mientras tanto, me encargaré de darle un toque final a su vestido- dijo Sebastian antes de dejar pasar a la estilista.
En cuanto estuvo lista, la chica esperó con paciencia a que Sebastian llegara con su vestido. Estaba sentada en la silla de su tocador, mirándose en el espejo y muy complacida con el trabajo de la estilista. Poco después llegó el demonio con la prenda, llamando a la puerta antes de entrar.
-Traigo su vestido. Espero que los arreglos sean de su agrado, pero si encuentra algo que no le guste, hágamelo saber. Estamos a tiempo para hacer modificaciones.
-Gracias, Sebastian. Me lo pondré de inmediato –sonrió muy complacida con el excelente trabajo de su mayordomo; nada se le escapaba, ni siquiera el más mínimo detalle.
-Claro. Si necesita ayuda, llámeme- dejó el vestido en sobre la cama y antes de salir del cuarto, miró a la chica- disculpe que no me haya encargado personalmente de su maquillaje y peinado, pero si me permite decirlo, ha quedado bellísima.
-gr…. Gracias… -eso sí no lo esperaba, pero el mayordomo había salió de la habitación antes de poder decir otra cosa.
Susanna comenzó a ponerse el vestido, ansiosa por ver las modificaciones que Sebastian hizo. Desde que lo había visto en la boutique le había encantado, así que no podía esperar más para vérselo puesto.
Era un vestido azul rey que dejaba ver el hombro izquierdo y parte de la pierna derecha mientras caminaba, aunque si su memoria no le fallaba, la abertura de la pierna era un poco más discreta cuando se lo probó. Era largo, adecuado para la noche y tenía detalles en brillantes en el costado derecho. Sebastian se las había arreglado para ajustarlo a la figura de Susanna incluso sin tomar medidas, de modo que ahora el vestido lucía más, sin embargo había un pequeño detalle: el cierre. Sí, era imposible subirlo sin ayuda.
-Que conveniente… -suspiró e hizo una pausa antes de llamar al demonio- ¡Sebastian, sé que tienes algo que ver con este cierre!
Un par de segundos pasaron antes de que el mayordomo entrara al cuarto, ya arreglado de acuerdo a la ocasión: vistiendo por completo de negro con un traje a la medida, una corbata de seda un poco más delgada de lo habitual y el saco cerrado por un solo botón. Aunque no llevaba chaleco, el atuendo se veía muy elegante.
-¿Necesita ayuda con el cierre? -Sebastian se acercó a ella con paso firme, pero parecía caminar en cámara lenta mientras la chica observaba cómo su atuendo le quedaba tan bien y cómo el color negro contrastaba con sus ojos rojos y su pálida piel. Se paró justo detrás de ella y con un movimiento delicado, subió con lentitud el cierre del vestido, mientras uno de sus dedos recorría la espalda de Susanna, apenas rozándola.
Cuando terminó se paró frente a ella, la miró a los ojos por un segundo y sin despegar sus ojos de los de Susanna, tomó su cabello por un instante; lo justo para rodear su cuello con una mascada del mismo color de su vestido y después dijo en voz baja.
-No queremos que la marca de nuestro contrato sea vista por alguien más –no estaba tan cerca de la muchacha, pero ella pudo sentir su respiración en la frente mientras hablaba.
-Claro… -fue lo único que puedo decir
-¿Le agradó el vestido? –sonrió con amabilidad.
-Sí. Es de verdad hermoso –ella recorrió el vestido con la mirada, mirándose otra vez en el espejo.
-Como era de esperarse, le queda de maravilla –Sebastian sacó de su bolsillo unos guantes de cuero negro y se los puso específicamente para ocultar la marca del contrato en su mano y mientras lo hacía comenzó a decir- repasemos el plan, señorita.
-En cuanto lleguemos entrarás conmigo a la fiesta. Debemos estar seguros de que no hay personas… indeseables.
-Bien, pero descuide, si su vida corriera peligro yo lo sabría de inmediato. Es parte del contrato. Después de eso, me escabulliré hacia el estacionamiento y revisaré la caseta del valet parking para buscar los autos del señor Turner, el Ministro de Asuntos Exteriores y el Ministro de Comercio.
-Así es. El GPS debe tener información de los lugares que frecuentan más. Después, quiero que revises esos lugares y veas si hay algo sospechoso.
-Entendido, señorita. ¿Nos vamos? –caminó tras ella en dirección al garaje- y por cierto, me tomé la libertad de empacar una muda de ropa más casual, en caso de que la necesite…
Sebastian condujo el lujoso auto hacia la fiesta. Era en un edificio de tres pisos; un salón exclusivo de Londres que albergaba eventos de todo tipo, en esta ocasión la celebración por el aniversario de la Oficina de Comercio e Inversión. Había muchísimos autos ahí, cada uno esperando ser recogido por el valet parking y dejando en la entrada a empresarios, políticos y personalidades de los negocios en Inglaterra.
El mayordomo bajó del auto y se apresuró para abrirle la puerta a Susanna, quien tomó su mano y después su brazo para entrar al salón, bajo la mirada de muchos invitados que parecían reconocerla como la cabeza de AstraZeneca, o que sentían curiosidad por ella.
-Voy a dar un pequeño recorrido por el lugar. Tráeme un whiskey en las rocas y en el camino busca si hay alguien sospechoso.
-Sí, Milady –caminó hacia la barra, examinando a todas y cada una de las personas del lugar. Todos parecían estar muy ocupados socializando o haciendo lobbying. En cuanto tuvo el vaso con whiskey en sus manos regresó con Susanna- aquí tiene. No encontré nada sospechoso, sólo un par de hombres que parecen estar interesados en usted.
-Oh, vaya. Entonces sería bueno comenzar a socializar –dijo con una amplia sonrisa en el rostro.
-Le recomendaría mantener un perfil bajo. Necesitamos que su presencia sea reconocida, pero tampoco queremos levantar sospechas.
-Aja…. –tomó un sorbo del vaso y miró a su alrededor- parece una fiesta bastante aburrida.
-Así son este tipo de eventos. Será mejor que se acostumbre.
-No tengo otra opción –suspiró y continuaron conversando por un par de minutos, hasta que la mayoría de los invitados parecían estar ahí y los Ministros del gobierno llegaron- es hora, Sebastian. Deja el auto aquí por si llegan a notar algo. No quiero levantar sospechas innecesarias.
-Entendido ¿la veo aquí en cuanto termine?
-Aquí te espero –hizo un gesto para que Sebastian le entregara el boleto del estacionamiento y le sonrió- buena suerte.
-Gracias, señorita.
Y entonces ella lo siguió con la mirada, viendo como desaparecía entre la muchedumbre y en la salida del lugar. Después decidió dar otro rondín por el lugar y saludar a algunas personas que conocía de las juntas y eventos de la empresa, así como socios que también habían asistido a la fiesta.
Después de un rato, Susanna se acercó al bar, lista para pasar el resto de la noche embriagándose para no aburrirse en la tediosa y superficial fiesta. Tal vez caminaría por el salón de vez en cuando para hacer acto de presencia, pero sin duda regresaría por un refill en su copa, justo como estaba haciendo en ese momento, pidiéndole al barman otro whiskey en las rocas.
Se recargó en la barra y miró a su alrededor, entonces se fijó en un pequeño grupo de personas que estaba junto a la ventana unos escasos diez metros de ella. Eran alrededor de cuatro chicas coqueteando con un muchacho que no parecía tener más de treinta años. Lo había visto en otro lugar, pero no recordaba dónde. Estaba vestido con un elegante traje negro con chaleco y corbata del mismo color, muy de acuerdo a la ocasión, sólo que el nudo de la corbata estaba un poco suelto. Continuó mirándolos y notó que el muchacho tenía parte del cabello rubio y otra parte de un tono más oscuro. Llevaba unas gafas modernas y juveniles, detrás de las cuales se asomaban sus ojos de shinigami. Ahora lo sabía, era el mismo que había ido por el alma de Ivan Reznik y su presencia sólo podía significar una cosa: alguien moriría esa noche en la fiesta.
De pronto el chico se dio cuenta de que Susanna lo estaba viendo y se disculpó con las chicas para acercarse a ella, que hacía lo posible por evitar su mirada.
-Hey, yo te conozco –dijo el chico con una sonrisa en el rostro y tomando una de las copas de champagne que había en la barra.
-¿Algún asunto con Ivan Reznik? –se animó a decir.
-¡El mismo! ¿Entonces sabes quién soy? –su sonrisa se amplió aún más y parecía emocionado.
-Eres un shinigami –Susanna dijo en voz baja y con un tono de precaución, no sabía las intenciones del chico.
-Mi nombre es Ronald Knox –extendió la mano para estrechar la de la chica- y tú eres Susanna Serafer ¿no es así?
-Así es… -estrechó su mano y sintió un poco de temor al darse cuenta que el chico sabía su nombre.
-Descuida, no vengo por ti. De hecho aún falta casi media hora para que recolecte el alma por la que vengo, pero quería aprovechar y disfrutar un poco de la fiesta –tomó un sorbo de su copa- no todos los días puede uno asistir a un evento así.
-No sabes cómo me alegra escuchar eso… no me siento preparada para dejar este mundo todavía. Tengo asuntos pendientes –dijo ella riendo un poco
-Algo he escuchado de eso, pero descuida. Tu nombre no está en las listas… al menos no en las de esta ni la siguiente semana –dijo con mucho ánimo, pero ella pareció angustiarse un poco- lo siento, no pretendo asustarte. Te diré un secreto –dijo acercándose un poco más- a decir verdad tu nombre fue quitado de la lista hace unas cuantas semanas por el mismo Supervisor de la División de Gestión y Envío, así que no tienes por qué preocuparte. Las decisiones del jefe son definitivas –Ronald guiñó su ojo derecho y entonces a Susanna recordó esa primera plática que había tenido con un shinigami.
-¿William T. Spears?
-Así es… pero no repitas su nombre –dejo la copa vacía sobre la barra- dicen que si lo repites tres veces, aparece detrás de ti y a decir verdad no quiero alguna reprimenda de su parte o trabajar horas extras.
-Me imagino que no es muy fácil tenerlo como jefe –por fin se relajó; parecía que Ronald no era para nada como William ni como Grell- además se ve que la estás pasando bien en esta fiesta –Susanna miró al grupo de chicas que murmuraban mientras la veían a ella y al shinigami conversando.
-No me puedo quejar. No tenían a quién enviar; el otro candidato defendió a capa y espada su tarea de vigilar y seguir a… -hizo una pequeñísima pausa- …alguien más, y a pesar de las protestas de mi jefe, terminaron enviándome aquí. Aunque a decir verdad, creí que iba a ser muy diferente- miró a su alrededor.
-Opino lo mismo… A este paso tendrás que recolectar más almas que hayan muerto de aburrimiento –dijo con sarcasmo.
-¡Muy buena! –el chico comenzó a reír y tomó otra copa de champaña- hey ¿por qué no vienes conmigo?
-¿Te quieres llevar mi alma? ¿o quieres que te acompañe a recolectar la de hoy? –dijo bromeando y tomando otro trago de su whiskey.
-No, no me atrevería llevarme a alguien que no esté en la lista ¿sabes la cantidad de papeleo que hay que presentar por algo así? –dijo como si fuera una plática casual y un gesto de aversión- tengo otras tres almas que recolectar en unas dos horas –miró su reloj- casi tres, y es en un concierto de música electrónica ¿qué dices, vienes conmigo?
-¿En verdad? –Ronald asintió y sonrió, ansioso por escuchar la respuesta de la chica- ¡está bien! Podríamos ir en mi auto.
-¡Bien!... entonces te veo en el lobby en… -otra vez miró su reloj- quince minutos.
-Trato hecho. Te espero ahí –dicho eso, Ronald se fue caminando hacia una de las escaleras del lugar, que de seguro llevarían a donde estaría el alma que debía recolectar. Exactamente quince minutos después Ronald bajó por las escaleras principales con una mano metida en el bolsillo y con toda la actitud para ir de fiesta- ¿estás listo?
-Cuando usted quiera, señorita.
Entonces ambos salieron de la fiesta y en cuanto se subieron al auto, Susanna miró su bolso, donde estaba su celular, dudando si debía contactar a Sebastian pero no lo hizo. Hacía días que ansiaba tener un poco de diversión, romper las reglas y salir de fiesta, así que esta era una excelente oportunidad que no dejaría ir, incluso si era a expensas de la preocupación del mayordomo; nada con lo que él no pudiese lidiar. Justo antes de arrancar encendió el radió y subió el volumen.
-¡Timber de Ke$ha! Tú si sabes…
-Para comenzar con el ambiente festivo –pisó el acelerador.
-Y para contribuir, mira el souvenir de la fiesta –sacó una botella de tequila de su saco.
-Creo que nos vamos a llevar muy bien, Ronald –dijo con una gran sonrisa y condujo hacia el lugar del concierto siguiendo las indicaciones del shinigami.
Cuando llegaron al lugar, estacionaron el auto donde pudieron, ya que estaba lleno de coches y gente caminado. El concierto era en una explanada gigante, y a lo lejos había casas de campaña para los espectadores. Al parecer el evento duraría más de una noche. En cuanto bajaron del coche la música retumbó en sus oídos, pero no en un alto volumen, ya que aún estaban un poco lejos del lugar.
-Necesito un lugar para cambiarme –ella abrió la cajuela y tomó la muda de ropa que Sebastian había empacado.
-Oh… ¿qué te parece allí? –el muchacho señaló un lugar oscuro con muchos arbustos.
-Perfecto. Avísame si viene alguien… -en seguida pensó que habría sido mejor idea cambiarse en el baño del salón de fiestas, pero incluso eso era parte de la emoción de escaparse de fiesta con un completo desconocido; hacía mucho tiempo que no hacía ese tipo de locuras, de esas cuyas consecuencias no le importaban, ni eran muy trascendentes.
Por suerte para ella, no hubo mayor complicación con el cierre del vestido; al parecer sólo era complicado ponerse la prenda, no quitársela. Que conveniente… Después de cambiarse de ropa y guardar el atuendo formal en el auto, caminaron hacia el concierto. Esta vez no llevaba una mascada o bufanda para ocultar la marca en su cuello. Suerte que podía pasar por un tatuaje.
-¿Oye, esa es la marca del demonio? –preguntó el shinigami muy intrigado.
-Si lo dices así, suena peor de lo que es… pero sí, es el sello.
-Wow ¿y escogiste dónde ponerlo? –la chica asintió y vio la expresión entusiasta de Ronald- parece un tatuaje de esos que brillan en la oscuridad. Y con ese diseño, podrías decir que es gótico…
-¿Verdad que sí?... sólo esperemos que nadie sepa de cuestiones ocultas o tendré que inventarme una excusa…
Con cada paso que daban, además de sentir el alcohol haciendo sus efectos, la música sonaba más fuerte. En la entrada tuvieron que sobornar al guardia para que los dejara entrar sin boleto, pero una vez dentro la energía de los espectadores se sentía a flor de piel. El escenario estaba adornado con una elaborada escenografía con motivos de fantasía.
-Debemos deshacernos de esto –dijo Ronald destapando la botella de tequila, que ya tenía poco líquido y dándole un trago- ¿quieres lo último?
-Gracias –ella la agarró y se terminó lo que quedaba del aguardiente- ¡vamos!
-No te separes de mí ¿ok? De todas formas, te buscaré entre la multitud en caso de que te pierdas –ella lo miró con cierta confusión ¿cómo podría encontrarla entre tanta gente? –estos ojos de shinigami nos permiten ver más cosas que el ojo común no puede –le guiñó el ojo y se acercaron al público del concierto.
La música llenó sus oídos y sus ropas se movían con la vibración de las ondas sonoras. Incluso el suelo parecía vibrar un poco y el ambiente era de euforia y felicidad. Había muchísima gente y todos brincaban con los brazos en el aire, al compás que el DJ les ponía. Muchos gritaban de la emoción, otros cantaban las canciones que tenían letra y otros más movían la cabeza marcando el ritmo.
Era la primera vez que Susanna iba a un concierto de ese tipo y aunque con anterioridad había ido a muchos otros, la atmósfera era muy diferente. Parecía que el lugar irradiaba energía y las luces que brillaban desde el escenario lucían más con la oscuridad de la noche. Bailarinas con ropas neones se movían en el escenario y a lo lejos rebotaban pelotas de playa llevadas por las olas del público; incluso aventaban condones inflados y brasieres.
-¡Reload! ¡Esta canción me encanta! –la voz de Susanna a penas se escuchó.
-¡A mí también! –dijo Ronald con todas sus fuerzas para que lo escuchara, pero no tuvo éxito y ambos rieron mientras brincaban al compás de la canción y gritaban la letra de la misma.
La cabeza de Susanna daba vueltas y la marca del contrato en su cuello también parecía vibrar con la música. No sabía si era por el volumen, el tequila que había tomado, el lejano olor a mariguana o un conjunto de todas, pero se sentía feliz y llena de energía. Sabía que al día siguiente sus piernas dolerían como nunca, pero eso no la detuvo para bailar y brincar junto con Ronald.
Exactamente a las 12:45 de la mañana el shinigami miró su reloj y se acercó a la oreja Susanna, tomándola del hombro.
-Ya casi es hora de ir por esas almas ¿me esperas aquí?
-¿Tardas mucho?
-No, puedo ir y regresar en 15 minutos… además no habrá mucho alboroto. Sobredosis es la causa de muerte y los 3 chicos están en sus tiendas de campaña.
-…Aquí te espero… –ella dijo poniendo cara de desconcierto al ver la naturalidad con la que el Ronald se expresaba
-No tardo.
El shinigami se alejó con gran facilidad, parecía tener una gran habilidad para esquivar a la personas brincando y abrirse paso hasta salir de la muchedumbre, aunque estaban cerca de una de las salidas. Pocos minutos después Susanna comenzó a sentir un mareo que reconoció de inmediato. El alcohol surtía efecto y no pudo evitar sonreír cuando lo sintió. La siguiente canción era una de sus favoritas y brincó con todas sus fuerzas, mientras sentía el sudor escurriendo por su cuello y espalda, refrescando la marca del contrato que desde hacía unos minutos se sentía muy caliente. Por un instante todos parecieron suspenderse en el tiempo y después en cámara lenta, miró cómo el grupo que estaba junto a ella intentaba levantar a uno de sus integrantes para acercarlo al escenario y cómo otro grupo de muchachos más delante de ella la miraban con insistencia, tratando de llamar su atención.
Una nueva canción comenzó y de repente sintió una mano rodeándola por la cintura de manera posesiva, acercándose poco a poco por detrás, sintiendo su respiración en la nuca y unos labios pegándose a su oreja izquierda, enviando escalofríos por toda su columna. Por un diminuto instante su corazón dio un vuelco y escuchó una voz masculina…
Notas de la autora:
¡hola, hola!
Capítulo 9 ¿qué tal? Para escribir esto me inspiré en un concierto de música electrónica al que fui hace unos meses. Me la pasé súper y no pude evitar pensar que ir con Ronald hubiera sido de lo más divertido. Y bien ¿quién será la persona que se acercó a Susanna?
