Capítulo 11. El muelle y la bodega.

La sonrisa de Sebastian era triunfal y mientras caminaba hacia la puerta y Susanna lo seguía con la mirada, curiosa por saber qué tipo de mercenarios había contratado.

-Me complace informarle que, como parte de la herencia, su abuelo le dejó a tres empleados muy capaces.

Fer, Abby y Thomas esperaban ansiosos afuera del estudio, listos para entrar en cuanto Sebastian les diera la indicación. Uno a uno, entraron al despacho y se pararon en frente del escritorio de la chica, quien se mostró sorprendida al verlos desfilar con una gran sonrisa y determinación en sus ojos.

-Creí que sólo Thomas había conocido a mi abuelo.

-Todos los hicieron, aunque Thomas lo conoció más de cerca. Durante sus últimos años, su abuelo se encargó de dejar a su familia bien protegida y para ello contrató a estos dos chicos –el mayordomo comenzó a explicar- Thomas siempre ha sido el encargado de seguridad, conoce la ciudad como nadie y será nuestro chofer para la ruta de escape el día de hoy.

-Será un placer, señorita –Thomas sonrió con amplitud.

-Ferdinand trabajó con anterioridad para el MI6. Formaba parte de la división de ingeniería, electrónica e inteligencia, así que él se encargará de detectar cuántas personas hay en ese muelle, su posición y movimientos.

-Pero… -el gesto de sorpresa en la chica fue muy grande- Fer ¿cuántos años tienes?

-Sé que aparento una edad menor –dijo riendo- pero en realidad tengo 35 años. Su abuelo me contactó cuando decidí renunciar del MI6, después de una experiencia… traumática –su voz se ensombreció al recordarlo.

-Después, su abuelo encontró a Abby, quien sufría de amnesia y se encargó de que recibiera un entrenamiento especial. Es especialista en CQC, así que ella irá con nosotros y nos abrirá paso para encontrar al sr. Schneider y recuperar los documentos.

-Por fin un poco de acción –Abby parecía muy emocionada al respecto.

-Yo nunca… -Susana se quedó sin palabras- nunca esperé que ustedes...

-Su abuelo nos encomendó proteger el legado de los Serafer, y siempre fue muy generoso con nosotros –Fer parecía muy solemne- así que nos parece justo ir tras aquellos que intentan destruir a su familia, los mismos que terminaron con él. Es lo menos que podemos hacer

-Se los agradezco…

Abby estaba muy emocionada y tanto Fer como Thomas parecían compartir sus sentimientos. Por su parte, Sebastian miraba con satisfacción la escena. Al parecer, los años de anticipación por fin estaban dando frutos. Haber sido el consejero de Richard Serafer le había dado prospectiva en su actual contrato.

Sin perder más tiempo comenzaron a trazar el plan. Los conocimientos de Fer en espionaje resultaron de gran ayuda para no dejar espacios vacíos por los que pudieran ser atacados. Idearon una ruta que lo llevaría directamente con Kraig Schneider y un plan para distraer a los guardias y alejarlos del muelle. Por supuesto omitieron todos aquellos detalles que pudieran revelar la identidad de Sebastian o indicaran que algo sobrenatural pudiese estar involucrado.

Al atardecer dos autos salieron de la propiedad de los Serafer. Uno era conducido por Thomas, quien llevaba también a Abby y a Fer con un gran equipo electrónico compuesto de dos laptops, un par de gadgets, binoculares infrarrojos y un botiquín bien equipado. En el segundo auto iban Sebastian y Susanna con un par de armas. Eran unos 45 minutos de camino, así que tenían tiempo para repasar el plan.

-¿Cuándo pesabas decirme que estaban entrenados para cualquier emergencia? –no estaba molesta con el mayordomo, incluso tenía una diminuta sonrisa en los labios, pero era evidente que había ocultado la identidad de los tres empleados.

-Esperaba el momento adecuado –el parecía estar relajado mientras mantenía los ojos en el camino y conducía hacia el muelle.

-Que conveniente…

-Hay ciertas cosas que es mejor postergar –la vio con una mirada seductora y una sonrisa en el rostro, mientras ella sólo lo miró de manera casual. No estaba dispuesta a seguirle el juego al demonio; no le daría ese placer.

La bodega junto al muelle parecía estar abandonada. Desde afuera todo estaba oscuro, así que dejaron los autos a una distancia moderada y después de ponerse unos audífonos para comunicarse, caminaron hacia el lugar. Sebastian hizo unos cuantos trucos para abrir la cerradura de la entrada principal, el escenario que apareció frente a sus ojos era lejos de lo que se habrían imaginado: un montón de cajas y contenedores apilados, de todos tamaños y colores. Cada una estaba marcada con un símbolo extraño que indicaba su contenido.

Había unas cuantas luces que iluminaban la parte de afuera de la bodega, donde estaban los contenedores. Eran tal vez 300 metros de camino hacia la puerta, y tuvieron que ser muy sigilosos para que los guardias no los vieran. Una vez que estuvieron bien escondidos en uno de los contenedores, Fer se encargó de enviar un par de drones para causar un pequeño incendio del otro lado de la explanada. De inmediato los guardias se movilizaron hacia esa zona, donde justo después de apagar el incendio, esos mismos drones se encargaron de lanzar un somnífero para dormirlos.

Cuando Fer dio la señal, con mucho sigilo Sebastian, Susanna y Abby se acercaron más a la bodega, cuidando sus pisadas para no hacer ruido y listos para cualquier cosa. Las dos chicas llevaban una pistola en la mano, mientras que el mayordomo sólo se aseguraba de guiar el camino con su actitud de seguridad y profesionalismo digno de un agente del SWAT. Por su parte y mediante el auricular, Fer les indicaba cuantos hombres armados había y en qué posición estaban, así podrían avanzar más rápido y utilizar el elemento sorpresa; cuando era necesario, Abby se encargaba de noquear a los guardias para abrirles paso.

Era una bodega amplia y oscura en su totalidad, a no ser por una luz que brillaba a lo lejos, en uno de los extremos. Conforme se acercaban a ésta, se escucharon voces masculinas, aun ininteligibles. Parecía que uno daba indicaciones mientras los demás hacían esporádicos comentarios al respecto, pero lo más escalofriante eran los gritos ahogados que de escuchaban al fondo de la bodega, como si un puñado de personas estuviera pidiendo auxilio.

En cuanto se acercaron lo suficiente para escuchar a los encargados de la bodega, se escondieron detrás de una enorme caja, intentando escuchar la conversación mientras Sebastian hacía un ademán para que las dos chicas guardaran silencio; quizás dirían algo importante o relevante a la búsqueda de los demás blancos.

-De ahora en adelante quiero un operativo de seguridad en los alrededores de esta bodega. No quiero correr riesgos con la mercancía, además el asesinato de uno de nuestros socios nos ha puesto en alerta a todos. Tenemos razones para pensar que nosotros somos lo siguientes- dijo un hombre de mediana edad, cabello rubio y ojos azules con actitud altanera, vistiendo un traje azul marino muy elegante. Puso unos papeles sobre la mesa detrás de él y miró con severidad a los que lo rodeaban.

-Sí señor.

-Quiero al menos a veinte hombres armados cuidando esto. Otro embarque desde Marruecos llegará en seis días y otro proveniente de Holanda, en dos semanas. No necesito decirles lo importante que es, ni tampoco lo que les pasará si le sucede algo. Y pase lo que pase, la prioridad de ahora en adelante serán los embarques y yo. Lo demás se puede ir al diablo ¿entendido?

El hombre siguió hablando sobre la logística de lo que se manejaba en la bodega, pero ninguna información relevante apareció en su plática; nada que los hiciera llegar al paradero de Crawford o Soler, entonces Susanna hizo un ademán a Sebastian para que se acercara.

-Quiero que consigas una muestra de esa nitroglicerina. Deshazte de los guardias que sean necesarios pero si puedes, sólo amárralos y no hagas ruido. También necesito esos papeles de la mesa, esa es la prioridad –volteó a ver a la otra chica- Abby, tu encárgate de noquear a los guardias que estén cerca de ese idiota ¿entendido? Necesitamos distraerlo. Cuando terminemos con él veremos de donde vienen esos gritos. Tal vez sean testigos de lo que está pasando aquí.

-Sí, Milady… -en un abrir y cerrar de ojos el mayordomo desapareció mientras Susanna le indicaba a Abby que la siguiera y en cuanto diera la señal, debía encargarse de los guardaespaldas de Schneider.

Dos minutos después, Susanna empezó a caminar mientras indicaba con la mano que el plan debía comenzar.

Uno a uno, los guardias fueron cayendo y Fer les hacía saber cuántos quedaban en la zona. Mientras Abby dejaba inconscientes a algunos, Sebastian derribaba a otros cuantos y los amaraba con las cuerdas que encontró en el lugar. El blanco estaba de espaldas, revisando las listas del embarque que recién había llegado.

-Kraig Schneider… no creí que fuera tan fácil encontrarte solo… -dijo Susana con voz burlona mientras avanzaba hacia el hombre rubio, apuntándole con una pistola.

-¿Quién demonios eres? –el hombre preguntó muy sorprendido de que la chica estuviera frente a él, pero al notar que sus guardaespaldas eran derrumbados poco a poco y tras mirar bajo la luz a la chica, se dio cuenta de lo que pasaba- entonces es verdad… eres tú... la última de los Serafer -el hombre comenzó a reír mientras metía su mano derecha en el bolsillo de manera casual- no creí que tuvieras las agallas para venir a mi dominio y acabar con mis guardaespaldas. Debo admitir que es un movimiento audaz, sí… pero aquí termina todo… menos para ti, cariño –le sonrió a Abby que se paraba junto a Susanna, apuntándole al sujeto con la pistola- tu podrías venir a ser parte de mi escolta personal, alguien con tus habilidades sería muy útil. Además, en un par de minutos estarás desempleada…

-Suenas muy seguro para alguien que tiene un arma apuntada hacia él –Susanna miró a Abby- o que está rodeado por completo –refiriéndose a Sebastian, quien acababa de tomar los papeles y estaba atrás de Kraig Schneider.

-Oh… trajiste a tu escolta personal… interesante, pero lamento que este plan no funcione. Verás, el problema de Ivan eran sus debilidades. No podría evitar irse de putas unas cuantas veces a la semana y digamos que se estancó en su propia mediocridad, pero los demás no… nosotros nunca estamos solos…

Al decir esto sacó de su bolsillo un teléfono celular que en seguida cayó al piso y acto seguido uno de los contenedores de la parte de atrás explotó. Al principio, la cara de horror en Susanna y Abby fueron provocadas por esa detonación, pero después se dieron cuenta de que los gritos provenientes del fondo de la bodega se habían terminado… esa caja fue volada con todo y las personas que habían dentro.

Y aprovechando el momento de confusión, Schneider aventó al piso un pequeño frasco con un líquido morado. Sus ojos se volvieron blancos por unos instantes y palabras incomprensibles abandonaron su boca. Todo pasó tan rápido que ninguno tuvo tiempo de reaccionar, a excepción de Sebastian, quien de inmediato apareció detrás de Susanna para alejarla de ese espeso líquido que comenzaba a expandirse por el suelo.

-Abby, corre a buscar a Thomas. Necesitamos la ruta de escape cuanto antes. Y lleva esto contigo –el mayordomo gritó y le aventó los documentos- Que el área esté despejada. ¡Lo mismo para Fer! – el demonio no sabía con exactitud qué era el líquido morado, pero el hedor que desprendía no podía significar nada bueno; era el mismo olor de los estanques del inframundo y además de proteger a Susanna, no quería que Abby presenciara lo que estaba a punto de ocurrir. Llevaba en brazos a la chica de cabello castaño para alejarla de aquel líquido, pero al mismo se adentraba más en la bodega.

Por su parte, Abby tomó los papeles sabiendo que eran de suma importancia, dispuesta a protegerlos con su vida. Corrió entre las cajas, haciéndose camino hacia la salida e ignorando el humo que comenzaba a aparecer dentro del lugar. Por su parte, Fer se le iba indicando el camino mientras veía con sus binoculares y junto con Thomas se apresuró a encender el auto para acercarse más al lugar.

Intentó darle direcciones Abby, pero de repente sus binoculares no mostraron nada más; parecía que una espesa niebla hubiese invadido la bodega.

Segundos después de que Abby se marchara, Sebastian dejó a Susanna sobre una de las pesadas cajas de madera, donde pudo ver que del piso salieron dos seres terroríficos, como salidos de una película de terror o un videojuego de miedo. Eran dos individuos con piel grisácea, encapuchados y con cadenas en sus extremidades. Medían casi dos metros y sus ojos eran por completo rojos. En lugar de hablar emitían lamentos graves que le pondrían la piel de gallina a cualquiera. El líquido espeso pronto se convirtió en humo que parecía estar muy caliente y en cuanto entró en contacto con una de las cajas de madera, se prendió y el fuego comenzó a expandirse poco a poco.

-¡Qué carajos! ¿acaso son abominaciones que vienen a… comernos? ¡Tenemos que salir de aquí! –Susana alcanzó a decir después de la impresión.

-No son abominaciones, señorita… -Sebastian dijo con tono de indignación y hartazgo- son demonios clase D… -en cuanto fue consciente de la situación su actitud cambió y dijo muy alarmado- y sí, sería conveniente huir… son muy agresivos.

En cuanto los demonios se incorporaron, enfocaron sus miradas a los guardias que estaban amarrados y se dirigieron a ellos. Mientras tanto, dentro de la bodega el fuego comenzaba a consumir las cajas y Abby, quien apenas había salido de la bodega se dio cuenta de que no tenían mucho tiempo, así que corrió lo más rápido que pudo para llegar al auto con los papeles.

Los demonios parecían estar distraídos con los guardias y sus ojos, además de verse amenazadores, parecían hambrientos y no hacía falta mucha imaginación para adivinar lo que querían hacer. En ese momento una pinza extensible golpeó a uno de ellos, justo el que estaba más cerca de los inconscientes guardias.

-¡No!... de ninguna manera permitiré que demonios como ustedes devoren un alma durante mi turno… -William apareció justo a tiempo para evitar que otra cosa les pasara a los guardias- no estoy dispuesto a trabajar horas extras por culpa de estas bestias descarriadas –murmuró para sí y golpeó al otro demonio con gran habilidad, dándole espacio para ponerse en posición de ataque- espectros del infierno –dijo con gran repugnancia.

Su trabajo original era aprehender a cierto individuo, evitar que algún demonio devorara las almas de aquellas personas y después recolectar los cinematic records, pero cuando le encomendaron esa tarea, pensó que se trataría de Sebastian; nunca creyó que fueran dos demonios tipo D con los que tenía que lidiar, eso sin mencionar que Michaelis también merodeaba por ahí.

Llegó unos minutos antes de la muerte de los guardaespaldas y hasta que llegara el momento exacto debía distraer a esos demonios, tarea que no le resultó del todo fácil debido al gran poder que tenían, sin embargo aún los podía controlar. La cuestión era que, si no lograba noquearlos antes de la hora marcada, tendría problemas recolectando las almas.

Los ataques de su death sythe eran precisos y sus movimientos fluidos, dignos del Supervisor que era, sin embargo ambos demonios lograron golpearlo un par de veces y justo un minuto antes de que fuera hora de recolectar las almas, dos ventanas se rompieron y por ellas entraron sendas figuras a toda velocidad; una sombra negra y otra de color rojo se posicionaron en frente de los dos demonios que rugían e intentaban golpearlos.

-¡Señor! Parece que comenzó la fiesta sin nosotros.

-Will, querido… sabes que por ti iría al mismo infierno, pero este no era el tipo de demonios que tenía en mente…

-Grell Sutcliff, Ronald Knox, distraigan a esos demonios –dijo William al notar la presencia de los dos shinigamis- es inminente que recolecte las almas de esos hombres que acaban de morir y capturar a Kraig Schneider por todo el desbalance que ha causado con las almas últimamente…

Ambos llegaron al lugar como refuerzos y con el fin de completar una misión encomendada por los altos rangos del Despacho de shinigamis. Al escuchar eso, Susanna se alarmó y Sebastian aprovechó para bajarla de la caja. El calor de las llamas comenzaba a ser sofocante y se expandía de a poco.

-Escucha, seré yo quien termine con Schneider. Has tiempo mientras me encargo de eso, es una orden.

-Entendido, señorita… -dijo con solemnidad mientras hacía una pequeña reverencia y dejaba a la chica en el suelo, dispuesto a distraer a William, que intentaban ir tras Schneider.

Tal vez con deshacerse de los guardias que aún estaban amarrados y acercare a ellos lo lograría. Miró a su alrededor, había fuego por todos lados, y William peleaba con uno de los demonios encapuchados. Parecía que se habían separado para distraer a los shinigamis y luchaban peligrosamente cerca de una de las cajas de nitroglicerina, así que Sebastian decidió intervenir para evitar una explosión.

Tan rápido como sus piernas se lo permitieron, la chica salió corriendo tras Schneider. El muy cobarde se había escondido detrás de unas enormes cajas de madera que tenían contrabando en su interior. La estaba esperando con un revolver apuntándole, listo para disparar en cuanto apareciera frente a sus ojos, pero ella ya se lo esperaba, así que corrió hacia él, disparando Smith and wesson .45 directo a la pierna de Schneider, quien de inmediato soltó un gran grito, no sin antes dispararle a Susanna, quien recibió la herida de bala directo en el muslo. Ahora los dos estaban heridos, pero por un instante, el enojo y la ira de la chica pudo más y se aproximó a él caminando con gran determinación.

-¡Hija de Puta!

-Que amabilidad… soy Susanna Serafer, señor Schneider. Gracias a sus pequeños amigos –miró a los demonios que a lo lejos peleaban con los shinigamis y Sebastian- vamos a tener que hacer las cosa rápidas… -le dio otro balazo en la pierna que aún le servía para evitar que huyera otra vez- necesito el paradero de sus socios. Sabe de quienes hablo.

-¡Vete al demonio! Si no hubiera sido por la traición de tus antepasados, las cosas serían muy diferentes.

-Exacto, pero el hubiera no existe así que antes de que te vuele los sesos ¿tienes alguna información para mí? –Susanna jugueteó con su pistola mientras esperaba a que Schneider dijera algo.

-Jódete… ni siquiera sabes el poder que corre por tus venas y pretendes terminar con nosotros.

-Y supongo que no estás dispuesto a explicármelo ¿verdad?... no me hagas perder el tiempo–le apuntó directo a la cabeza.

-Esto no será fácil. Incluso si acabas con nosotros, no podrás hacerlo con "él". Tú, tus estúpidos trucos y los idiotas de tus guardaespaldas, por más hábiles que puedan ser, no serán competencia para él. No sabes con quien te estás metiendo y en cuanto él te tenga en su poder, serás su esclava para el resto de la eternidad –el hombre escupió esas palabras de una manera vil, como si lanzara una maldición; quizás lo había hecho- sí… -rió un poco- tu alma estará condenada, al igual que la de todos los miembros de tu inmunda familia, a menos que alguien aproveche el que seas una mujer y…

-¿Vas a salir con un comentario machista? Wow, de verdad esperaba algo más. Lo que dices no tiene sentido y...Lo siento, ya tengo una cita para el resto de la eternidad… mi alma le pertenece a alguien más, así que "él" tendrá que hacer fila… ¿seguro que no quieres decir algo más antes de morir?

-¡Nunca! ¡Deus est mortuus et nos occidimus eum!

-¡Ah! – Susanna se sostuvo la cabeza, intentando inútilmente detener las imágenes de cuando estuvo secuestrada. Miró hacia el techo esperando que voltear la cabeza le permitiera respirar mejor, pero el dolor del a bala en su pierna penetrante y agudo, al igual que sus recuerdos. La fina línea entre realidad y memorias eran más difusa que nunca.

Al ver la reacción de la chica, Kraig Schneider aprovechó para arrastrarse hacia la puerta trasera de la bodega, esperando poder llegar a tiempo, mientas que los gritos de Susanna se escuchaban por toda la bodega, llamando la atención de los shinigamis y Sebastian, quien estaba seguro de que no estaba en peligro de muerte, pero esos lamentos sólo podían significar que tenía otro ataque de estrés postraumático.

De inmediato Sebastian se apresuró a golpear al demonio y lanzarlo hacia el otro lado de la bodega, donde su gemelo combatía con Grell y Ronald. Después, con paso rápido corrió hacia Susanna, percatándose de que William no estaba por ningún lado y entonces sus ojos se abrieron como platos…

La sensación de ira invadió a Susanna y la sed de venganza nubló sus pensamientos, haciendo que caminara con lentitud y enojo hasta Schneider, en un arrebato colérico ocasionado por sus propios recuerdos y la repugnancia de los mismos.

Siguió el rastro de sangre, y cuando por fin lo encontró, sin decir palabra alguna le disparó en el rostro, tórax y estómago mientras las lágrimas salían de sus ojos. Los balazos sonaban por toda la bodega, junto con el sonido de algunos golpes a lo lejos, producto de la lucha con los demonios. Después, una luz brillante cegó a Susanna, haciendo que se tapara los ojos, todavía en el frenesí que acababa de experimentar.

Del pecho de Schneider salieron unas sombras bien definidas y que asemejaban cintas de película y William, que ya corría hacia donde Schneider iba a morir, se apresuró a recolectar su alma. No pudo evitar que Susanna lo asesinara, pero su alma no escaparía.

-Kraig Schneider. Nacido el 3 de abril de 1960, muerto el 6 de junio de 2015. Sin eventos importantes. Completado - segundos después el brillo desapareció y el shinigami pegó un sello en el libro que llevaba en la mano, mismo que se desvaneció después de unos segundos- alma correctamente recolectada….

El shinigami miró a Susanna, que estaba sentada con la espalda recargada en una de las cajas del lugar, lejos del fuego que por el momento, parecía mantenerse controlado. Había sido testigo de lo que había sucedido; era evidente que la chica no era ella en esos momentos: sollozaba con la pistola en la mano y se tapaba los oídos, como si quisiera enmudecer voces inexistentes que la hacían sufrir. Además de eso, pudo ver una especie de humo dorado que se dirigía hacia ella, pero sólo por una fracción de segundo.

William volvió a tener ese extraño sentimiento de compasión y querer protegerla; su estado le parecía insoportable y sus ojos gritaban la palabra "ternura" mientras la veía ahí sentada. Entonces se acercó y puso una rodilla en el piso, acercándose despacio hacia ella para que no se alterara más y después con un tono serio pero suave comenzó a decir.

-Susanna… soy yo, William. Mírame a los ojos.

-No… no quiero… ¡no quiero que me hagan daño esos hombres! – tiró la pistola y se abrazó a sí misma mientras las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Estaba muy alterada, su cuerpo temblaba y sudaba frío, aunque ya había dejado de gritar.

Mientras tanto Sebastian se acercaba a ellos con toda prisa, preocupado por su contratista y sus violentas reacciones, además de no estar seguro de lo que haría William en esa situación; no sabía si la atacaría por cumplir su trabajo o arremetería contra ella pero la duda fue respondida rápido, en cuando los vio junto a una de las cajas: la chica en pleno ataque de nervios y el shinigami… ¿consolándola?

-Calma, mírame –William la tomó del rostro para que fijara sus ojos en él y antes de que ella pudiera gritar aún más o tener otro arranque, los ojos del shinigami lograron sostener la mirada de Susanna- fija tus ojos en los míos –los sollozos de la chica disminuyeron- estamos en una bodega en Londres. Te aseguro que nadie te hará daño, pero necesito que te calmes ¿de acuerdo? Respira profundo y concéntrate en mis ojos –algo en su voz sonaba diferente y aunque al principio parecía alarmado por su estado, eso desapareció pronto y fue sustituido por un tono curiosamente amable para tratarse de William- bien, ahora dime ¿recuerdas cómo me llamo?

-Wi… William –la chica pareció volver en sí.

-Así es, Susanna ¿y qué estamos haciendo aquí?

-Schneider…. He venido a matarlo…. –sus ojos se abrieron más y parecía estar sorprendida, como si acabase de despertar en medio de la noche y darse cuenta de que continuaba en su cuarto, sana y salva… excepto porque estaba en una bodega en llamas, con un par de demonios peleando contra un dos shinigamis y ella acababa de matar a un hombre- William... ¿qué…?

-Señorita, estaba preocupado por usted –Sebastian brincó hacia ellos.

-¿Preocupado tú? –el shinigami se puso de pie y acomodó sus gafas; su voz había vuelto a ser la de siempre.

-Hice lo que me pidió pero en cuanto la escuché gritar… -ignorando el comentario del shinigami, Sebastian la ayudó a ponerse de pie y le dio la pistola que yacía en el piso, notando el balazo en su pierna- está herida…

De repente, a unos metros de ellos las cajas empezaron a incendiarse y un demonio aventó una bola de fuego directo a Susanna, pero antes de que la alcanzara el mayordomo se apresuró para levantarla por la cintura y llevarla a un lugar seguro.

-Schneider está muerto, sólo queda deshacerse de los demonios –dijo Susanna con algo de trabajo al hablar. Le dolía mucho la herida en la pierna. Llegaron a un contenedor alto, a salvo de los demonios y William los seguía.

-Honestamente, dudo que esa pistola que llevas sea de algo útil en este momento –alcanzó a decir el shinigami antes de lanzarse para atacar con su death scythe a uno de los demonios, pero antes de poder golpearlo, la creatura oscura hizo aparecer una lanza de color dorado; era un arma larga que resplandecía con cada movimiento y tenía jeroglíficos grabados en la superficie.

-¡Esa lanza! –Grell gritó.

-Es la lanza de Gungnir –William le aclaró al otro shinigami, como si estuviera advirtiéndole sobre un gran peligro y evidentemente sorprendido. Después corrió a reagruparse con ellos.

Entonces el demonio encapuchado intentó con todas sus fuerzas alcanzar al shinigami de cabello negro, que era demasiado veloz, pero no pudo anticipar el movimiento del otro demonio, que venía justo detrás de él y que con una de sus garras intentó volarle la cabeza.

Grell gritó en cuanto vio lo que sucedía. William saltó y se libró del zarpazo, pero la lanza lo alcanzó a golpear en el brazo y cayó al piso, bajo la mirada preocupada de los shinigamis y Susanna, quien los observaba desde más lejos, mortificada al verlo desaparecer entre el humo que inundaba el lugar.

Notas de la autora.

Sí, y sé… ¡Will!

¡¿Qué le va a pasar a William?! Esperemos que no sea una herida muy grave, o que al menos salga con vida de la bodega… y justo cuando empieza a mostrar interés en Susanna… No me golpeen pro favor.

Cualquier sugerencia es bienvenida. Espero que les esté gustando la historia, que se va a poner más tensa con todo lo que va a suceder con esa lanza y los shinigamis rondando por ahí.

¡Nos leemos la próxima semana!