Palabra: dedos.


Asuntos pendientes

Just like the match you strike to incinerate
The lives of everyone you know
And what's the worst you take
From every heart you break
And like the blade you'll stain
Well I've been holding on tonight

Helena, My Chemical Romance


Hay una partida de búsqueda, un grupo que se dedica a revisar todas las pistas que tienen, que busca todos los testigos. Los tres intentan descansar un poco antes de unirse —necesitan estar frescos y no le sirven a nadie si sólo va a caer dormidos a la primera de cambio— porque las doce horas en carretera los dejaron acabados. No fue de sus mejores decisiones. Pero tampoco tenían otra.

Katsuki está más tenso que de costumbre, lo que ya es decir. Se da cuando cuándo Denki busca su mano y la aferra un segundo antes de soltarla —en especial porque, cuando tiene puesto todo el traje, las granadas estorban—. Sus dedos de estiran, buscando el contacto de nuevo, pero es apenas un roce.

—Vamos a encontrarlo. —Denki sonríe, seguro de sí mismo.

Katsuki elige creerle.

Peinan Fukuoka de norte a sur y de este a oeste. Nadie tiene información, nadie sabe nada. Nadie ha visto ni una sombra de Hawks desde hace más de dieciséis horas. Todo el mundo asegura que es extraño porque los civiles están acostumbrados a verlo sobrevolar la ciudad o a verlo sentado en los techos de cualquier lugar mientras habla por teléfono.

Pasan la mitad del día de un lado para otro, de una junta a otra, de un interrogatorio a otro, de una pista falsa a otra pista falsa. Hasta que alguien dice que vio algo en unas bodegas viejas que nadie usa y justo cuando se dirigen hacia allá empiezan a derrumbarse, una por una.

La partida de búsqueda se convierte en una partida de rescate.

Sacan a más de diez civiles de entre los escombros. Katsuki busca a Hawks. No sabe por qué lo busca con tanto ahínco, por qué necesita encontrarlo vivo. Su cerebro insiste en que es sólo su jefe, pero sabe que no es lo único. Le dio una oportunidad cuando la mitad de las agencias no querían lidiar con él ni con su poder, mucho menos con su reputación. Además es un buen héroe.

Joder, es el número dos. Katsuki todavía tiene un trecho por delante si quiere superarlo.

A lo lejos, ve a Tokoyami. Probablemente está haciendo lo mismo.

Le ruega con la mente que aparezca y que aparezca vivo. Más le vale no morirse es el número dos, no puede morir en un derrumbe.

Al final lo encuentra.

Él sólo, apartado de los demás.

Todavía está vivo, pero se le cierran los ojos.

—¡Hawks! —Se deja caer de rodillas junto a él. Necesita ser capaz de evaluar la situación. Hay más plumas entre los escombros que en la espalda de Hawks. Muchas más. Y las que efectivamente están en su espalda están torcida, inservibles; algunas, las más pequeñas y nuevas, sangran—. ¡Hawks!

El héroe abre los ojos.

—Por qué tenías que ser tú, joder —murmura.

Katsuki lo ignora, busca el comunicador que tiene.

—Necesito un equipo de primeros auxilios. Urgente. Encontré a Hawks. —Manda sus coordenadas exactas, porque sabe que está alejado del derrumbe principal y de donde están rescatando a la mayoría de los civiles—. ¿Qué tanto puedes moverte? —pregunta.

Se da cuenta de su estupidez demsiado tarde, cuando Hawks señala como tiene una pierna rota y otra bajo los escombros, probablemente rota también. Katsuki examina sus posibilidades, pero no puede mover la roca en la que está atrapado Hawks, no él sólo.

—No te gastes, chico, sé cuánta sangre he perdido —espeta el héroe—. Son demasiado tardados.

—Había mucha gente —dice Katsuki. No es una justificación, no es nada. Es sólo una explicación que llega demasiado tarde.

—Lo sé. —Hawks cierra los ojos.

—¡Mantente consciente! —le grita Katsuki—. ¿Cuál es la herida más grave?

—¿Todas? —Hawks sonríe. Sigue teniendo la sonrisa de un niño—. Fui un idiota. Ella tenía… en su cabello…

Katsuki adivina, porque ve un pedazo amarrado en la muñeca de Hawks, todavía.

—Cables —murmura.

Siente un cosquilleo en sus dedos, recordando los huesos rotos.

—Amenazó a los civiles —sigue Hawks. Bien, se dice Katsuki, que siga hablando, está bien. Le corta un pedazo de tela del pantalón, ayudándose de pequeñas explosiones en sus manos, y hace un torniquete improvisando para evitar que de su muslo siga saliendo sangre. Pero está el problema de las alas—. Mató a…

—Lo sé.

Su asistente.

—Creo que perdí la cabeza —admite Hawks.

¿Por qué tardan tanto los primeros auxilios? Katsuki intenta hacerle otro torniquete a un lado del vientre, donde tiene otra herida, pero la posición en la que está Hawks lo hace casi imposible.

—No te gastes, chico, sé cuanta sangre he perdido.

—¡Aguanta un poco más!

—No. —Hawks alza una mano, buscando el rostro de Katsuki. Él se queda congelado. La mano nunca lo alcanza pero, en vez de eso, descansa en su brazo—. Siempre supe que me pasaría peleando. No importa. Dile a… a… Tokoyami que… lo siento.

—¡No! ¡SE LO DIRÁS TÚ Y ME IMPORTA UNA…!

—Quizá me faltó enseñarle cosas. —Hawks suena cansado. Apenas parece importarle que Katsuki esté intentando evitar que se desangre más—. Da igual. No importa.

—No te vas a morir.

Hawks sonríe.

—No importa. —Una pausa—. ¿Crees que hay algo después?

—¿Reencarnación? ¿Vida eterna? ¿Esas estupideces? —Katsuki se encoge de hombros—. Lo que importa es el ahora.

—Si hay algo más allá —dice Hawks y a Katsuki le sube en pánico y el nerviosismo—, hay alguien con quien quiero hablar. —No quiere que se le muera ahí. No puede. No puede hacerle eso. Nadie gana si no puede salvar a alguien y ya son demasiadas veces las que no puede salvar a alguien y no puede sumar a Hawks a la lista. No puede—. Tengo asuntos pendientes.

—¡No te atre…!

Unas manos lo apartan. Varias. Es un equipo de rescate. Hawks todavía respira cuando lo apartan un poco. Quiere ayudar, pero cuando sus manos empiezan a soltar pequeñas explosiones que apenas si puede controlar no lo dejan. Entiende por qué. No es idiota. Sólo ruega que lo salven. No puede atreverse a morirse ahí, así. No puede. No después de que Katsuki lo haya encontrado y haya intentado evitar que saliera más sangre de su cuerpo.

No puede.

No puede.

No puede.

Siente una mano en su hombro. Es Eijiro.

—Los civiles están a salvo —le dice.

Katsuki asiente, pero nunca deja de ver en dirección a Hawks.

No puede morirse. No en ese momento.

Deja de mirar cuando Eijiro intenta abrazarlo —cosa que es imposible y ridícula con los trajes de ambos—. Pasan quizá unos minutos más hasta que Eijiro vuelve a abrir la boca.

—Lo siento —murmura.

Katsuki oye ruido blanco.

—No lo digas —pide. Suelta más rabia que tristeza—. No quiero saberlo.


Palabras: 1125.

1) (Raquel, ya sé lo que me dijiste ayer, PERDÓN). Tengo planeado este desmadre como desde hace diez capítulos y bien que me costó llegar a él. Les dejo mi taza para que dejen sus lágrimas.

2) Hay un guiño Hot Wings muy angst en la historia. Porque nunca no tengo ganas de escribir cosas para la lloración.


Andrea Poulain