Capítulo 22. Relámpagos mortales.
Instantes después, se escuchó un zumbido unos metros más adelante del auto y los shinigamis aparecieron. Susanna los saludó en cuanto cerró la cajuela, notando el cambio en el atuendo de Ronald y Grell.
- Wow… te ves más serio que de costumbre –dijo refiriéndose al rubio.
-Es parte del disfraz –dijo mientras guiñaba un ojo y se ajustaba la corbata que, por primera vez llevaba puesta de manera correcta, el saco abrochado y zapatos negros.
-Y tú… ¡oh por Dios! –ella volteó a ver a Grell, quien llevaba un pantalón rojo, con una camisa blanca arremangada a tres cuartos, una palestina del mismo color del pantalón y una boina que hacía juego. Su cabello estaba amarrado en una cola de caballo– tu escogiste el atuendo ¿verdad?
-Por supuesto, querida- dijo el pelirrojo con orgullo- no todos los días puedo usar tendencias de moda en el trabajo…¿te gusta cómo me veo, Sebas-chan? –de inmediato corrió hacia donde estaba el demonio de pie.
-Y tú… te ves igual que siempre –dijo al ver a William, quien vestía su usual atuendo con una expresión seria.
-Lamento no llenar tus expectativas… -se acomodó las gafas.
-No, no me refería al… -no terminó la frase porque vio que la mirada del shinigami le sonreía con un chispa especial, aprovechando que Grell estaba muy entretenido con el demonio y Ronald admirando el auto último modelo- ¡ash! Muy gracioso… –rio y le dio un suave golpe en el brazo sin que ninguno de los demás presentes viera su interacción.
-Bien –dijo Sebastian, llamando la atención de todos con un aplauso- ya que estamos todos, repasemos le plan: la señorita Susanna se hará pasar por la hija de un importante empresario petrolero. Nosotros seremos sus guardaespaldas y Grell será el estilista. ¿Trajiste lo que te pedí, Spears? –lo miró con un ligero gesto de desprecio, que el shinigami respondió de igual manera.
-Los auriculares están en esta caja –la puso sobre el cofre del auto- al igual que tus gafas.
-Bien, entones sólo falta que la señorita se cambie y …. Yo también –se acercó a Susanna y tomó el porta trajes. ¿Necesita que le ayude? –preguntó con inocencia.
-Ni se te ocurra… es más... quiero a todos mirando para el otro lado, y yo… yo me iré detrás de esos arbustos…. –caminó unos cuantos metros y se escondió detrás de los matorrales, asegurándose de que todos estuviesen volteados hacia el otro lado.
La fila de shinigamis se veía muy solemne mientras miraban el paisaje, esperando a que la chica se cambiara de ropa y pocos segundos después Sebastian empezó a caminar, pero antes de que diera más de 3 pasos, unas pinzas de podar le impidieron el paso.
-¿A dónde crees que vas, rata inmunda? –William dijo con un tono severo.
-Debo cambiarme de traje… -explicó el mayordomo, tratando de hacerse el desentendido.
-Puedes hacerlo detrás de alguno de esos arbustos del otro lado, tampoco es que no interese ver cómo lo haces –su tono de voz era firme y de inmediato Grell hizo un sonido de desaprobación.
-Habla por ti… -el demonio contestó y después caminó hacia otros arbustos más alejados.
-Estúpido demonio –murmuró para sí mismo y Ronald comenzó a reí en voz baja después de ver la escena. Poco después, Sebastian regresó y se paró junto a los shinigamis, también volteando hacia el otro lado de donde Susanna se estaba cambiando, esperando pacientemente a que ella regresara.
Cuando Susanna regresó, llevaba puestos unos shorts muy cortos con un estampado de pequeñas flores de colores, una blusa sin mangas color marfil a la moda y unos tacones que combinaban. No era su estilo de ropa habitual, pero necesitaba aparentar.
-No me siento muy cómoda… -dijo mientras se desataba el cabello para que cayera sobre sus hombros.
-Te ves bien –dijo Ronald muy animado- creo que encajarás a la perfección si sigues tu papel.
-Si tú lo dices… -los shinigamis se acercaron al auto para ponerse los auriculares y después todos se pusieron las gafas de sol, especialmente hechas por Lawrence Anderson – bien, desde ahora soy Karen, ustedes son mis guardaespaldas, lo boletos están en mi bolso y mm…. Creo que todo está en orden.
-En marcha
Sebastian arrancó el auto y se dirigieron a St. Andrew's road , donde muchos autos lujosos comenzaban a estacionarse y algunos jóvenes vestidos con ropa de marca y lentes de sol se acercaban al muelle. Más que un embarcadero parecía la entrada a algún afamado club nocturno.
Susanna bajó del auto en cuanto Sebastian le abrió la puerta y el resto de sus "guardaespaldas" la rodeaban, acompañados de su estilista. Con paso firme y un tanto vanidoso, caminó hacia la entrada, donde había un guardia que se encargaba de verificar los pases de entrada y a los asistentes. Era un tipo corpulento que medía casi dos metros y tenía el cabello largo, como si fuera guitarrista de alguna banda de metal. Vestía de negro y tenía tatuajes en los brazos.
-Boleto… -dijo el guardia de la puerta.
-Toma… -Susanna se lo dio y continuó caminando con actitud displicente, hasta que el miso guardia le llamó.
-Tiene que registrarse y sus acompañantes no pueden entrar.
-¡Ay, o sea, no te pases! ¿no sabes quién soy yo?... soy Karen Van Der Veen, y sin mi escolta no voy a ningún lado –su actitud fue engreída y altanera.
-Disculpe señorita… sólo le pediré que se registren…. –ella escribió el nombre de todos en el libro de registros que estaba junto al muelle, mientras el guardia veía con recelo a cada uno de sus acompañantes, en especial de Grell- él no es parte de su escolta…
-¡Ay, obvio no! … es mi estilista. No lo iba a dejar en casa para un evento así, dah…
-La fiesta es en un barco ¿tienes idea de cuánta humedad habrá?... –Grell se acercó al guardia- además, debo cuidar que el maquillaje de la señorita Karen esté impecable. Debe estar presentable para las fotos.
-Mm… está bien… -gruñó el guardia y los dejó pasar. Evidentemente no era la primera "hija de papi" que llegaba al evento.
Una vez dentro del barco, Susanna se sentó en uno de los sillones que había alrededor del bar. Poco a poco el lugar comenzaba a estar más concurrido y no era la única que traía a su escolta personal, sólo que por lo general sólo llevaban a un guardaespaldas.
Cansada de esperar a que el barco levantara anclas y se moviera, Susanna volteó a ver a sus acompañantes. Grell estaba sentado junto a ella, mirando a su alrededor y limándose las uñas con pinta de estar aburrido. Mientras tanto, Ronald se veía un poco tenso, ya que tenía a William junto a él, observándolo de cerca para que no perdiera el profesionalismo. Además debían mantener la actitud de rigidez y severidad propia de las escoltas. Sebastian estaba muy serio, mirando a su alrededor como si algo estuviese a punto de ocurrir, pero en realidad sólo se sentí incómodo de estar trabajando con el shinigami de cabello oscuro. Ambos se lanzaban miradas amenazadoras de cuando en cuando. Harta de eso, Susanna decidió distraerlos un poco.
-Sebastian… -el de inmediato la volteó a ver- ¿podrías traerme algo de tomar?...
-Desde luego ¿qué desea?
-Hace calor, así que una margarita suena bastante bien.
-Señorita… -dijo de manera persuasiva y se inclinó para susurrarle la oído- le recuerdo que no estamos de visita social.
-Tienes razón. Estamos a punto de… encargarnos de esos dos asuntos endientes –hizo una pausa y sonrió pícaramente- que sea una margarita doble, entonces… es una orden –antes de que el mayordomo pudiera objetar y él sólo se limitó a mirarla con un poco de hartazgo mientras Ronald sonreía de manera triunfal.
Pasaron un par de minutos y Susanna se entretuvo con su margarita mientras hacía tiempo para que el barco zarpara y cuando lo hizo, la fiesta comenzó. Había música electrónica, bebidas, comida y un gran ambiente entre los asistentes. También había un animador que estaba encargado de hacer concursos.
-Creo que deberíamos hacer tiempo… -ella dijo de repente, al ver la tensión en el rostro de William, que no estaba para nada cómodo en ese lugar
-Tal vez sea una buena idea mezclarse un poco –respondió Sebastian con calma.
-Tienes razón, Ron ¿me acompañas? –el shinigami sonrió y ambos se fueron a perderse ente los asistentes la fiesta, tras las miradas inquisidoras de Sebastian y William. La verdad era que Susanna ya se había cansado de la tensión entre ellos y el silencio incómodo. Alejarse de ellos fue una buena idea.
Como era de esperarse, poco tiempo después Ronald terminó junto a la pista de baile platicando con algunas chicas que lo rodeaban y Susanna un poco alejada de la fiesta, intentando ver a lo lejos la fábrica en donde estarían esos sujetos.
En eso, un muchacho se acercó y comenzó a charlar con ella. Parecía un chico amigable, pero era un poco evidente que estaba pasado de copas. Minutos después, los shinigamis y el demonio se acercaron con la excusa de que, como buenos guardaespaldas que eran, debían cuidarla pero en cuanto ella lo notó, los miró con severidad, enviándoles un mensaje de que no debían entrometerse. Aún así, ellos permanecieron cerca y con cada minuto que pasaba, estuvieron más a la expectativa de cómo llegarían hasta la fábrica.
-Necesitamos crear una distracción –dijo Sebastian pensativo, mientras William continuaba con su gesto serio y se aproximaba a Susanna.
-Yo me encargo… - caminó hacia la chica, quien seguía hablando con ese muchacho que intentaba coquetear con ella. Discretamente se paró detrás de él y abrió un seguro de metal que parecía estar cerrando una puerta.
-Y entonces… ¿me das tu teléfono? Quizás después de la fiesta podamos ir a otro lado.
-¿Mi teléfono? Pues… -en eso el chico se recargó en lo que parecía ser una terraza del bote, pero resulto ser la puerta que William había abierto y cayó al agua en cuestión de segundos. En seguida una chica que estaba cerca gritó a todo pulmón "alguien se cayó por la borda" y comenzaron los gritos de pánico entre los asistentes. Susana miró sorprendida al shinigami, quien con mucha habilidad se las arregló para tomarla del brazo y alejarla del tumulto que comenzaba a formarse.
-Necesitábamos una distracción… -fue lo único que dijo, con un singular aire de inocencia que logró sacarle una sonrisa a la chica. Pronto todos estuvieron reunidos en la parte trasera del yate, ahora desierta porque todos estaban atentos al muchacho que se había caído. Los motores se habían apagado y era una excelente oportunidad para escabullirse sin que alguien se diera cuenta.
-Todo listo –dijo Sebastian mientras alistaba un bote salavidas y lo aventaba al río- nos vemos dentro de la fábrica.
-Bien… -dijo William y en un santiamén, lo shinigamis desaparecieron.
-¿lista?
-Sí… -ella respondió y el mayordomo la cargó y saltó hacia el bote. Después tomó los remos y tan rápido como pudo se acercó a la fábrica, donde los shinigamis y se habían encargado de distraer a los guardias y atraerlos hacia la entrada principal, dejando el muelle vacío para que ellos entraran.
Una vez en tierra firme, Susanna pudo notar que el pequeño maletín que traía Grell estaba en el piso, junto con un guardia inconsciente. Con cuidado, abrió el maletín y tomó la pistola que había dentro.
-Me puedo imaginar lo que sucedió aquí…. De prisa, debemos encontrar a esos infelices.
Cuando entraron a la fábrica, el lugar se veía lejos de estar abandonado. Había contenedores de trailer como los que había en los muelles donde estaba Kraig Schneider. Parecía que al menos dos de ellos tenían gente adentro, pero los demás estaban vacíos… o esas personas ya estaban muertas.
En el suelo había runas dibujadas, junto con frases en latín y arameo antiguo; todo escrito con precisión y en un color rojos muy sospechoso. Tal vez sería sangre mezclada con otra cosa. Había un pentagrama en el centro y alrededor varios espejos y frascos con el líquido morado que había utilizado Schneider para invocar a esos demonios. Despacio, Susanna se acercó y tomó uno de ellos, aún con las protestas de su mayordomo.
-Sería conveniente saber lo que es. Podría ayudarnos en algo.
-Está bien, pero deje que lo guarde yo –él tomó el frasco y lo metió en su bolso- por seguridad.
No parecía haber nadie por ahí, pero se escuchaba el gran alboroto que había afuera; guardias corriendo y disparos por todos lados. De repente una alarma comenzó a sonar y varios sujetos armados salieron desde una oficina en el segundo piso.
Antes de que los vieran, Sebastian se encargó de ocultarse junto con Susanna detrás de una caja justo detrás de las escaleras y en cuanto hubieron salido los guardias, le hizo una señal para que subieran en silencio y le susurró.
-Hay alguien más en esa oficina. Pueden ser ellos –continuó caminando y Susanna tomó su pistola con más fuerza.
En cuanto subieron, el demonio abrió la puerta de la oficina, sorprendiendo a Ricardo Soler y Aidan Crawford. De inmediato, se escuchó un tremendo rayo cayendo sobre el techo de la fábrica y el cielo comenzó a nublarse; el cambio de clima había sido repentino y extraño. Un escalofrío recorrió a espalda de la chica y de inmediato les apuntó con su arma, pero fue inútil porque lo que sucedió después la dejó demasiado sorprendida como para reaccionar: mientras el Sr. Crawford salía sosteniendo su maletín, la imagen del otro sujeto pareció multiplicarse, al punto de que había seis de ellos rodeando a Sebastian y Susanna.
-Recuerde, es sólo una proyección –el dijo mientras se posicionaba en frente de la chica para protegerla.
-Lo sé, pero…. ¿cuál es cuál? –ella continuó sosteniendo el arma y disparó un de las figuras, esperando dar con el correcto, o al menos descartar a una de ellas.
Enseguida el hombre comenzó a reír y sin que se dieran cuenta, tomó un frasco con un polvo azul brillantes, el cual no se asemejaba a nada que ella hubiese visto antes. Con un rápido movimiento lo lanzó al rostro del mayordomo. Parecía ser espeso, pero mientras volaba por el aire se podía ver que era tan solo polvo. Sebastian logró bloquearlo con el brazo, pero de repente exclamó por el dolor que le produjo el contacto con su piel. De inmediato, la expresión de Ricardo Soler cambió. Al principio parecía estar sorprendido y un poco asustado, pero después comenzó a reír.
-Al final del día, tú has hecho lo mismo que nosotros hacemos –le dijo a la chica- tienes un demonio a tu lado…
-¡Silencio! –volvió a disparar y el hombre junto con sus proyecciones salieron corriendo, cada uno por una salida diferente - carajo… ve tu por la ventana y yo…
-No será necesario –dijo el mayordomo mientras caminaba hacia el escritorio, tomando los papeles que habían dejado- el verdadero se fue por la puerta, al igual que el Sr. Crawford.
-¿Estás bien? –dijo al ver lo que parecía ser una quemadura en su rostro. Se acercó a él con preocupación.
-No se preocupe por mí. Es una herida superficial. Ese polvo era una muy rara variedad de metales combinados y que puede dañar las formas humanas de cualquier tipo de ente. En el caso de los demonios, causa quemaduras. Nada de qué preocuparse.
-Vamos tras él –dijo después de mirarlo con recelo, buscando algún indicio de que la herida hubiese sido seria.
Corrieron por la escalera y cuando regresaron a la fábrica abandonada, la puerta trasera estaba abierta y un motor se escuchó a lo lejos. Había comenzado a llover e incluso la visibilidad era poca en medio de tal tormenta que amenazaba con lanzar rayos sobre cualquiera que no estuviese guarecido. Justo al lado del muelle, Ricardo Soler corría mientras hablaba por su teléfono; debía estar llamando a alguno de sus socios, o a más guardias de seguridad. Se apresuraba para subir a un yate que lo esperaba para arrancar a la mayor velocidad posible.
Sobre la embarcación, Aidan Crawford parecía estar haciendo un tipo de conjuro, porque sus ojos se tornaron blancos. Pronunciaba decía palabras incomprensibles y tomó un frasco con un líquido morado, pero antes de terminar con el encantamiento, Grell lo golpeó, interrumpiendo lo que estaba a punto de hacer, pero lo que no fue capaz de evitar fue la invocación de un demonio que salió del suelo donde el líquido morado escurría. El demonio era como lo que Schneider había invocado, pero eta vez no estaban en desventaja.
-Ustedes encárguense de ellos, nosotros nos ocuparemos del demonio –gritó el shinigami pelirrojo mientras atacaba al ser gris encapuchado con su sierra eléctrica.
-Es nuestra oportunidad… -dijo Sebastian al ver que el yate comenzaba a zarpar- brinque sobre mi espalda –le dijo a Susana, quien hizo lo que éste le indicó, abrazándose de el con los brazos y piernas. En cuanto estuvo seguro de que estaba bien sujeta, el demonio comenzó a correr hacia el yate y cuando llegaron a la orilla del muelle, dio un gran salto de varios metros que logró llevarlos hacia el yate.
Una vez en el pequeño barco, Susanna corrió a buscar cualquiera de los dos sujetos, pero primero se encontró con uno de los guardias, que era el que manejaba la embarcación. En cuanto los vio entrar por la cabina, éste sacó su pistola para atacarlos, pero Sebastian apareció detrás de él y le rompió el cuello en cuestión de segundos.
Como si fuera un muñeco de trapo, el guardia cayó al piso detrás de Susanna apareció Ronald Knox.
-Parece que el primero ha caído –y se acercó al cadáver para recolectar su cinematic record.
-¿Dónde están los demás? –ella preguntó con curiosidad.
-¿William y Grell?... ellos se hacen cargo del demonio que apareció en la fábrica y… también de recolectar lo cinematic records de esas personas en los contenedores -miró su reloj en cuanto terminó con el alma del guardia- debo irme…. Los veo en unos minutos –y salió corriendo de la cabina, dejando a Susanna un poco confundida.
-¿Señorita?- Sebastian trató de llamar la atención de la chica- debemos localizar a esas dos sujetos.
-Sí, vamos –abrió la puerta en la parte posterior de la cabina, entrando a los camarotes, donde esperaba encontrar a esos dos tipos.
No podían estar muy lejos, y de ser necesario, quemarían la nave para deshacerse de ellos. La tormenta comenzaba a empeorar y el yate se movía con las olas y el aire, haciendo difícil el caminar derecho.
En cada habitación que entraban, Sebastian revisaba todos los posibles escondites en donde esos sujetos podrían haberse metido, pero no encontraron nada, hasta que Ricardo Soler apareció detrás de ellos, sorprendiéndolos.
-No es él. Es una proyección –se apresuró a decir el mayordomo- si hubiera sido él, le habría disparado –la proyección volteó a verlo de manera retadora y después desapareció, sólo para reaparecer a unos metros más alejado.
-Nos está llevando a una trampa… pero es la única opción que tenemos –la chica corrió detrás de él mientras el demonio la seguía, asegurándose de que no hubiera algo que la dañara o atentara contra su vida.
Por fin salieron de los camarotes y estaban en la borda. Había una espantosa tormenta que nublaba la visibilidad. Aidan Crawford parecía estar haciendo otro tipo de encantamientos. Estaba rodeado por unas diez proyecciones de su socio. Con un poco de duda, Susana continuó avanzando hacia ellos, pero súbitamente Sebastian se lanzó sobre ella, salvándola de una pesada caja fuerte que el verdadero Ricardo Soler acababa de lanzar.
-Va a tener que hacer algo mejor que eso –dijo el mayordomo. Un gran hoyo se había hecho en el piso del barco. Las maderas se habían dañado y el piso parecía estar a punto de levantarse.
-¿Ah sí?... ¿y qué tal esto? –el hombre gritó desde el techo del yate, sujetándose de una de las cuerdas que sostenían las velas del barco.
En cuestión de milésimas de segundos, el cielo tronó en un estruendo que dejó los oídos de la chica zumbando por varios minutos. Y de repente, Sebastian la cargó para huir del rayo que caía junto a ellos. La descarga eléctrica había hecho otra perforación en el yate, una muy profunda que logró traspasarlo en su totalidad; sería cuestión de minutos antes de que se hundieran.
Sebastian llevó a Susanna adentro de una cabina, donde por el momento estaría seguros y con una voz autoritaria, la chica comenzó a hablar.
-Muy bien. Quiero que te acerques a Aidan Crawford. Sea lo que sea que esté haciendo, tiene que ver con esta horrible tormenta –se quitó el empapado cabello de la cara- yo me encargaré del sujeto del techo.
-Pero señorita, eso la haría un blanco fácil para…
-No. Ellos me necesitan para completar el ritual. Además, estoy segura de que al ver a un demonio acercándose a él, los rayos irán dirigidos a ti. Es una orden
-…Está bien… -dijo a regañadientes- pero si en algún momento su vida corre peligro…
-Sí, lo sé… tu intervendrás. No te preocupes, estoy lista para asumir cualquier consecuencia de mis actos –se acercó más a él y tomó su rostro- no quiero que comprometas tu integridad física ¿entendido? –dijo mientras sus dedos recorrían el contorno de la quemadura en su rostro con ternura y entonces él sonrió.
-Como usted ordene, señorita –él tomó su mano y después hizo una pequeña reverencia.
-A la cuenta de tres, tu irás hacia Crawford y yo con el otro…. Una…. Dos… ¡tres! –gritó mientras corría hacia el otro lado del yate, donde había una escalera hacia el techo del barco.
Durante el trayecto se agarró de un barandal, para no caer, mientras las imágenes de Ricardo Soler se amontonaban alrededor de ella, pero simplemente las ignoró; sabían que no era él. Durante ese momento de determinación, no supo qué era, pero algo dentro de ella le indicaba cuál era la proyección y cuál el real.
Con mucho trabajo logró subir al techo; entre lo mojado que estaban las escaleras, el yate moviéndose y el fuerte aire, fue todo un logro llegar a la cima. Una vez ahí, tomó su pistola con fuerza, esperando a que el verdadero individuo que buscaba apareciera. Pasaron unos momentos y lo único que había ahí eran las proyecciones que aquel hombre. Buscó por todo el techo y se asomó detrás de una estructura de metal que sobresalía, pero en cuanto se agachó, sintió un movimiento detrás de ella y después un fuerte golpe en la cabeza…
Mientras tanto, Sebastian caminaba con paso firme hacia Aidan Crawford. El rostro de terror que puso en cuanto lo vio acercarse hizo que el demonio se regocijara y sonriera mostrando sus afilados dientes. Una imagen que resultó ser más aterradora debido a la quemadura en su rostro. De pronto, sintió como una serie de rayos caían alrededor de él, en forma de amenaza, pero eso no le importó.
-¡Aléjate de mi! –gritó el hombre con cabello rubio, sin obtener respuesta- te lo advierto… -dijo mientras intentaba alejarse de Sebastian, sin atreverse a darle la espalda y apresurándose con la esperanza de perderlo, y de repente hizo un gesto muy singular, como si su mirada se perdiera por un instante y un rayo cayó sobre el demonio.
-Me temo… -dijo mientras alzaba su brazo, lanzando una llamarada que evitó que el rato lo tocara desde su mano- … que eso es imposible. Ha sido una orden de mi ama –sonrió de manera cínica mientras se retiraba el guante quemado, dejando ver el sello del contrato.
-No me hagas daño… ¡puedo darte almas!... tantas como quieras. Esos contenedores estaban llenos de personas. Podrías tener esas y más…
-No me interesan las almas de poca calidad. Además, por ahora sólo me interesa una… entre otras cosas que me impiden aceptar su oferta… -se acercó más a él, pero de repente un fuerte movimiento hizo que el barco crujiera de manera estrepitosa y comenzara a hundirse.
Por su parte, Susanna veía borroso, y le era difícil enfocar bien tras el duro golpe que Ricardo soler le había propinado, situación que éste aprovechó pasar una soga por sus brazos y colgarla desde una de los postes.
-¡Ah! –ella gritó de dolor, y después lo miró con odio.
-¿Creías que nos ibas a vencer, niña? –caminó sobre uno de los postes, sosteniéndose de las cuerdas para no caerse- las cosas no son así. ¿Acaso crees que no te mataré?... lo puedo hacer sin ningún remordimiento –se acercó a su oído gritando.
-¡Me necesitan para hacer el ritual!
-Corrección… necesitamos a una mujer. Si te mato ahora, sólo deberíamos esperar una generación más para que otra mujer nazca, y yo absorbería tu poder… junto con los demás que nos has robado –ella se sorprendió muchísimo y el rió- en efecto, no tienes idea de cómo funciona esto. Cada que matas a uno de nosotros, te quedas con su poder; con ese don que ha pasado de generación en generación. Por supuesto, no tenías forma de saber eso. No puedes usarlos, eres una mujer.
-¿Eso qué tiene que ver?
-Sólo los varones de nuestras familias pueden hacer uso de esos dones. Pero descuida, no soy ningún tipo de misógino. En realidad, el papel que una mujer juega es mucho más importante, ya que gracias a ella el ángel caído podrá completar el enlace. Si mueres ahora, no sólo será una victoria para los nuestros; yo personalmente tendré más poder que Demian y estaré a la cabeza de todo esto –el barco seguía hundiéndose y los camarotes se inundaban poco a poco.
-Espero que disfrutes de los fracasos porque… será imposible que me mates.
-¿Por qué? ¿por ese demonio que tienes como aliado? Lo dudo mucho. ¿Sabes algo? ellos se alimentan de almas y nosotros tenemos muchas para ofrecerle. Tu sólo puedes brindarle una… -caminó hacia el otro lado del tubo, asegurándose de que la cuerda que sujetaba a Susanna estuviera firme y le apuntó con la pistola, pero un estrepitoso movimiento de la embarcación impidió que le disparara.
Ricardo Soler cayó e intentó agarrarse de las cuerdas que tenían amarrada a Susanna y sostenían las velas, pero sólo logró enredarse con ellas. No pudo ayudarse de sus piernas tampoco porque el barco empezaba a voltearse y la superficie estaba demasiado resbalosa; había agua por todos lados.
A unos metros de distancia, se escuchó como alguien caía al agua y Susanna se preguntó si habría sido Sebastian o Crawford. Poco después alguien más también cayó, y la chica sólo pudo imaginarse qué es lo que estaría sucediendo, pero al ver que Soler estaba amarrado y con pocas esperanzas para soltarse, comenzó a moverse, intentando desamarrarse, pero sería imposible sin ayuda. Por suerte, la posición del barco a punto de hundirse la ayudó a piar firme por unos momentos.
Otro relámpago cayó en la estructura del barco, esta vez dañando los fusibles y cables que estaban resguardados en el techo del barco. Sin dudarlo ni un minuto, y al ver lo peligrosos que eran esos cables de alta tensión, Susanna usó la cuerda de la que estaba amarrada para colgarse y no tocar el agua, ahora llena de corriente eléctrica.
Notas de la autora:
¡Otra escena de acción! Me gusta mucho escribir este tipo de textos, aunque a veces me emociono demasiado… espero que les haya gustado y…lamento mucho el cliffhanger… xD… no, la verdad no… ¡tengo que dejarlos picados! Si no, ¿cómo van a leer el próximo capítulo?, en especial porque la actualización tardará más de lo acostumbrado. Estoy preparándome y estudiando para presentar un examen de admisión para la maestría, así que actualizaré una vez al mes al menos)… pero sólo será por los próximos dos capítulos… o hasta abril, dependiendo del tiempo que tenga, pero no se preocupen. No abandonaré la historia. De hecho, ya estoy por terminarla, sólo que me he llevado el doble de tiempo por aquello de la división de tramas entre Sebastian y William.
En cuanto pueda, actualizaré y trataré de hacerlo al menos cada dos semanas. Por cierto, quiero pedirles su opinión. Por cada capítulo uso una o dos canciones para inspirarme. Me gusta ponerle banda sonora a lo que escribo y me preguntaba… ¿qué les parecería si hiciera una playlist del fanfic en youtube?
Koisshi Saotome Ackerman: Aquí comienza a quitarse el frío, aunque donde estoy trabajando parece un refrigerador. Incluso sospechamos que son los espíritus chocarreros. Estoy trabajando en un museo, al menos de aquí a julio, que comience la maestría (crucemos los dedos y vayamos de rodillas a la basílica!). Lo bueno es que con el frío uno se conserva más joven. Es algo así como congelar carne… Y… disculpa por la intriga. Sé que este capítulo te habrá dejado en las mismas. Sorry… aunque sí es bastante divertido imaginarse que los lectores se quedan picados. Se los compensaré, lo prometo. *cof cof* Habrá lemon… *cof cof* así que espero redimirme con eso.
¡Saludos! Y nos leemos próximamente.
