Capítulo 23. Un baile, un regalo y una disyuntiva.
Otro relámpago cayó en la estructura del barco, esta vez dañando los fusibles y cables que estaban resguardados en el techo del barco. Sin dudarlo ni un minuto, y al ver lo peligrosos que eran esos cables de alta tensión, Susanna usó la cuerda de la que estaba amarrada para colgarse y no tocar el agua, ahora llena de corriente eléctrica.
Por suerte para ella, Ricardo Soler no corrió con la misma fortuna, y al no poder moverse por las cuerdas en las que se había enredado, no pudo evitar ser arrastrado por un trozo de madera que se acercaba hacia los cables de alta tensión. En ese momento, cada superficie mojada del barco estaba electrificada, haciendo eso una trampa mortal.
Segundos después comenzaron a escucharse alaridos provenientes de donde Ricardo Soler había sido arrastrado. El hombre estaba siendo electrocutado y Susanna sólo pudo observar, sintiendo un poco de repulsión al darse cuenta de que en realidad se alegraba de quitarse otro peso de encima. Poco a poco los gritos desaparecieron y la figura quemada de aquel hombre fue lo único que quedaba.
Comenzó a salir humo del cuerpo de aquel hombre y su piel cambió de color como si estuviese quemándose por dentro. Sus brazos tenían ahora un tono amarillento casi café y su rostro parecía un enorme moretón con heridas apenas abiertas. La espantosa imagen del hombre quemado e hinchado se quedaría en la mente de Susanna por el resto de su vida. Ella casi pudo ver cómo ese último aliento lo abandonaba, en medio de una mueca de dolor y lucha por salvarse.
Una especie de gas dorado salió de su cuerpo y se dirigió hacia Susanna, quien lo absorbió automáticamente. Segundos después, Sebastian apareció sobre el poste donde la cuerda que la sostenía estaba amarrado.
-Señorita… lamento que haya tenido que presenciar eso… -dijo mientras la sostenía de los brazos y desamarraba la cuerda, teniendo cuidado que no tocara el agua electrificada.
-Sebastian… -atinó a decir- creo que… no será de las peores imágenes que veré –trató de contener las lágrimas- ¿Dónde está Crawford?
-Está en otro bote con Grell – la voz de Ronald se escuchó, mientras el chico aterrizaba junto al cadáver- huy… este sí que se tostó… -dijo con una chispa de humor demasiado negro.
-Vamos, entre más alejados de aquí estemos, será mejor –entonces el mayordomo tomó a la chica en brazos y saltó hacia el bote salvavidas en el que se acercaba Grell.
-¿Están bien? –preguntó el pelirrojo.
-Sí… por ahora sí ¿qué sucedió en la fábrica? –Susanna dijo con un poco de frialdad; aún con la imagen de aquel hombre electrocutado.
-En cuanto aparecimos ahí, los guardias comenzaron a dispararnos. Por supuesto, las balas no pueden hacernos daño, así que nos encargamos de dejar inconscientes a unos cuantos y dirigirnos a la entrada principal para que ustedes pudiesen entrar sin ser descubiertos. Después, de la nada apareció un demonio tipo D. Fue entonces que los vi mientras brincaban hacia el barco, tan galante como siempre, Sebas-chan…. Y tuve que deshacerme de ese demonio. Por suerte, Ronald me ayudó. Ojalá todos los demonios fueran como tú –le coqueteó al mayordomo y fue entonces que se percató de la quemadura en su rostro- ¡¿Pero qué te pasó?!
-Alkahest… -dijo el demonio con tono serio y el rostro de Grell mostró una enorme sorpresa-… ignoro cómo pudieron conseguir algo así…
-No podemos tomarlos a la ligera –dijo el shinigami con un tono serio, relativamente inusual en él y refiriéndose a esos sujetos. La chica comprendió que no se trataba de cualquier sustancia. Desde que vio lo que le hizo a Sebastian lo supo, sin embargo no era momento de hacer preguntas… todavía no.
-No, pero estoy seguro de que este hombre nos dará muchas respuestas –el demonio contestó mientras se aseguraba de que Aidan Crawford estuviera bien amarrado. Aún estaba inconsciente.
-Cuando nos deshicimos de ese demonio, ayudamos a William a recolectar almas. Eran cientos de ellas. En realidad, el continúa con la recolección, pero insistió en que viniéramos a ayudarte. Además de que Ronald debía recolectar el alma de Ricardo Soler. Una espantosa muerte, si me lo preguntan.
-Ya veo… ¿y qué sucedió con Crawford?
-Pues verá… -comenzó a explicar el demonio- cuando me acerqué a él, intentó eliminarme con una serie de rayos; él tiene el don de la atmosferokinesis , pero no tuvo suerte con eso, y en cuanto el barco comenzó a hundirse más, corrió y se aventó por la borda. Naturalmente, fui tras él y logré amarrarlo con una cuerda que flotaba cerca de ahí, y cuando salí pude ver que Grell se acercaba, así que lo subí y me apresuré a ir con usted. Lamento mucho que haya pasado por todo eso.
-Descuida no me pasó nada y… ahora tenemos un prisionero de guerra que puede darnos información –ella dijo al ver al hombre inconsciente del otro lado del bote.
-Regresemos a tierra firme cuanto antes –Grell comenzó a remar de regreso a la fábrica.
Casi una hora más tarde, y después de hacer los arreglos pertinentes, regresaron a la fiesta. Antes de llegar, Sebastian llamó al Sr. Haggard para que le indicara a Fer y Abby que debían cambiarse. En cuanto entraron al sótano, Susanna volvió a ponerse el disfraz y la máscara que llevaba antes de que todo comenzara. Sebastian se encargó rápidamente del maquillaje y en cuestión de cinco minutos volvió a tener el aspecto que tenía antes de abandonar la fiesta.
-¿Qué pasó con la quemadura en tu rostro? –preguntó con curiosidad.
-No es correcto que un mayordomo luzca tan deplorable frente a su señorita.
-Sí, pero… ¿cómo?
-Tan sólo es que soy un mayordomo endemoniadamente hábil –sonrió con picardía y caminó hacia la puerta del sótano que daba directo adentro de la casa.
Minutos después la chica salió al jardín con tanta naturalidad como si no hubiese sucedido nada, pretendiendo que la fábrica, la tormenta y la imagen de Ricardo Soler electrocutado nunca sucedieron. Así las cosas serían más fáciles, y además de llevar puesta la máscara ornamental, se puso aquella que la haría la anfitriona más alegre y atenta que podía ser.
Se acercó a los inversionistas y socios de AstraZéneca, comentando lo maravilloso que había sido el ballet y lo talentoso de los bailarines, así como de lo emotivos que habían sido los videos del aniversario de la empresa; puras mentiras que estaban ensayadas con anterioridad.
Una fiesta de máscaras nunca pareció ser mejor opción. Todos pretendían ser lo que no eran y la emoción estaba en no ser reconocidos. Una pequeña y frívola fantasía que logró cautivar a todos los presentes por varias horas.
Susanna se acercó al bar y pidió una copa de vino. No era la bebida de su preferencia, pero era quizás un poco más efectiva que cualquier otra y más ad hoc a la situación. Después se acercó con otro grupo de invitados, quienes aprovecharon para elogiar la fiesta y a ella misma como anfitriona… el mismo discurso por décima vez en la tarde. Para entonces Susanna ya se había acostumbrado, pero de repente alguien llamó su atención desde lejos.
Era Sebastian, cuyos ojos y porte podría reconocer detrás de cualquier disfraz, sobre todo con esa intensa mirada con la que la estaba observando: seductora y coqueta, al igual que su sonrisa. Casi podía imaginarse lo que le diría en esos momentos, el tono de voz con que lo haría y cuánto disfrutaría el verla en situaciones sociales de las que no podía huir.
Ya estaba acostumbrada a sus jugueteos, en ocasiones sádicos, pero que también le causaban diversión, así que contestó el gesto con una mirada igual, mientras coquetamente se acomodaba el cabello y hablaba con los invitados. Por supuesto, él no se quedó atrás, ya que mientras supervisaba que todo estuviese en orden con la fiesta, continuaba observándola con insistencia, tratando de llamar su atención y mientras ella no lo veía… tal vez la expresión correcta era "comiéndosela con la mirada".
Después pasó junto a ella, apenas rozando su mano para que lo mirara y acomodó su corbata; algo que sabía que a ella le encantaría, ya que aunque no lo dijera, adoraba las corbatas y esa pequeña acción le daría a la chica al menos un par de ideas sobre qué hacer con la vestimenta de su mayordomo.
Ese jugueteo continuó por unas dos horas, hasta que Susanna decidió que ya había tenido suficiente de charlas superficiales con los invitados y se tomó un descanso.
Sostenía una copa de vino en su mano; era la quinta que tomaba y no sería la última. El día había sido demasiado intenso y el siguiente sería parecido, pero en ese momento, se relajaría lo más que pudiera; no podía parecer tensa frente a todos esos invitados, después de todo.
Estaba un poco alejada de los invitados; había tenido suficiente de la superficial y tediosa tarea de socializar con todos ellos y se encontraba de pie, viendo a la orquesta tocando. Ella había escogido el repertorio que debía tocarse durante la fiesta y en ese instante sonaban los Platters; uno de sus clásicos favoritos, así que cerró los ojos y se imaginó estar dejos de ahí, en otra época, otras circunstancias y…
-¿Susanna? –la voz de un hombre sonó junto a ella; inconfundible y con ese bonito acento londinense que tanto le gustaba escuchar.
-Will… -abrió los ojos y sonrió ampliamente, quitándose la máscara- no te había visto en toda la tarde… o noche.
-No creí que esto fuera tan efectivo –él miró la máscara en su mano.
-Un poco, pero creo que te reconocería donde fuera…
-No me digas… -la miró de una manera muy singular- a decir verdad, en cuanto llegamos nos aseguramos de que no hubiera nada sospechosos y después tuve que regresar a la oficina. Ronald y Grell permanecieron aquí.
-Ya veo… ¿dándoles la tarde libre?
-Algo así… -volteó a ver al shinigami rubio del otro lado del jardín, charlando animadamente con un par de chicas y a Grell intentando seducir a otro de los invitados- supongo que de vez en cuando pueden tomar un descanso. Hemos trabajado horas extra las últimas dos semanas.
-Me alegro de que hayas venido… incluso tú podrías disfrutar de un descanso alguna vez –le sonrió- ¿quieres una copa de vino? –después de que él asintiera, llamó a uno de los meseros para que se acercara.
-Gracias –le dijo al muchacho mientras tomaba una copa- salud… por la señorita, que pronto cumplirá años y que… se ve muy hermosa con ese vestido.
-Y por el caballero que la acompaña –sonrió y brindaron.
-Me alegro de que todo haya salido bien y… no te haya pasado nada. Era una situación peligrosa –tomó otro trago de su copa.
-Sí. Ahora sólo tendremos que interrogar a ese sujeto y… después ir tras el que falta.
-Así es… -la miró y notó su aspecto solitario y meditabundo- disculpa, creo que ese tal vez no sea el mejor tema de conversación para tu fiesta de cumpleaños. Mejor dime ¿cómo es que en un evento para una chica de tu edad toquen este tipo de música? ¿es producto del azar o de tu buen gusto musical?
-No sé si tomar eso como un cumplido o no –dijo bromeando y él le sonrió con los ojos- digamos que… mi madre adoptiva era aficionada a ese tipo de música, al igual que mis tíos, así que desde pequeña me gusta este grupo. Después de que mi madre muriera, cuando yo era muy pequeña, sus discos eran lo que me hacía sentirme acompañada.
-Este tipo de música y una mascarada… es como ir a otra época. Hace mucho que no veía algo así.
-Me imagino… y eso que no llegamos a tiempo para escuchar el Invierno de Vivaldi. Toda una lástima –ella sonrió y terminó de beber el vino de su copa. Hubo un momento de silencio entre los dos, en el que ella continuaba viendo a la orquesta y a los invitados; algunos de ellos bailando, otros conversando y otros tantos comiendo y bebiendo. De repente comenzaron a tocar Unchained Melody; versión original- ¡esta canción me encanta! –dijo emocionada y grande fue su sorpresa cuando vio la mano del shinigami sin guantes, invitándola a bailar- ¿en serio?
-¿Por qué no? –una diminuta sonrisa apareció en su rostro y ella pensó que se veía muy apuesto. Iba vestido como siempre, con su impecable traje negro y la corbata perfectamente acomodada, pero esa noche había algo diferente que a ella le llamaba la atención más que de costumbre. Por un segundo pensó que se trataba de sus hormonas haciendo de las suyas pero después se convenció de que era algo más.
Entonces ella tomó su mano, dejando su copa y máscara en una banquita que había cerca y se acercó a él. La mano derecha de William la tomó por la cintura mientras la izquierda tomaba su mano. No era un excelente bailarín, pero lo lento de la canción ayudó a disimular mucho, y de cualquier forma ella no lo notó; estaba fascinada con la música y su corazón palpitaba fuerte al sentir la cercanía del shinigami, su calidez contagiándola mientras se acercaba más y recargaba su cabeza sobre su pecho, escuchando sus latidos acelerándose mientras lo hacía; sonrió para sí cuando lo notó.
William luchó por mantener su mano quieta sobre la cintura de Susanna, pero después de un momento le fue imposible y además de atraerla más hacia él, su dedo índice comenzó a acariciarla con delicadeza. Lo mismo sucedió con su otra mano, que lentamente jugueteaba con la de la chica, sintiendo la suavidad de su piel mientras bailaban al lento compás de la canción. El aroma del perfume de Susanna lo embriagó, cerró los ojos para hacer la sensación más intensa y de repente nada más le importó; al menos por un instante logró olvidarse del trabajo, las horas extras y la pila de reportes sobre su escritorio. Se sintió feliz.
Al terminar se mantuvieron así de cerca por un instante. La fiesta y las personas a su alrededor desaparecieron hasta que William se dio cuenta de la indiscreta mirada de Ronald, quien desde lejos alzaba su copa, brindando en señal de complicidad. De inmediato le regresó el gesto con una mirada irritada y rompió el contacto visual, separándose de Susanna.
-Gracias por el baile, pero creo que es hora de irme.
-¿Tan pronto? Pero si acabas de llegar…–ella intentó convencerlo con su mirada de que no se fuera, pero no lo logró.
-Me temo que sí. Pero… -tomó otra vez su mano y la besó como todo un caballero. El suave contacto de sus labios sobre la piel de la chica fue algo nuevo para los dos- …feliz cumpleaños, Susanna.
-Gra… gracias –se sonrojó y lo siguió con los ojos mientras desaparecía entre los invitados. Permaneció así por unos minutos. Después suspiró y fue por otra copa de vino, o algo más fuerte. Lo necesitaba.
Susanna siempre había disfrutado muchísimo las fiestas, pero esta vez era diferente; sus amigos no estaban con ella, estaba lejos de casa y se sintió fuera de lugar en la celebración. Después de que William y los shinigamis se fueran, y sus esperanzas por divertirse un poco junto con ellos, caminó hacia el fondo del jardín, lejos de la fiesta. Se detuvo donde apenas se podía escuchar la música, y decidió sentarse en una banquita que había cerca.
El cielo estaba despejado, lo que indicaba que Aidan Crawford seguía inconsciente; si estuviera despierto una tormenta habría arruinado la velada. Al menos no debía preocuparse por eso. De pronto sintió una briza de aire perfumado y reconoció ese aroma, incluso antes de ver una silueta masculina caminando hacia ella.
-¿También te aburrió la fiesta, Sebastian?
-Me temo que no tiene nada de interesante si usted no está ahí –se acercó a ella.
-Estoy segura de que podrías encontrar algo que hacer, como cuidar que el sr. Giggs no se embriague demasiado.
-A su edad creo que puede cuidarse solo… ¿me permite sentarme?
-Adelante –ella respondió, sus ojos viendo el reflejo de las luces de la celebración- es difícil creer que hace unas cuantas horas estábamos a punto de ser electrocutados en un yate en medio del río Támesis.
-Será mejor que lo crea, porque tengo dos sorpresas para usted.
-¿Sorpresas? –ella lo miró con incredulidad.
-Sé que hoy no es su cumpleaños, pero aprovechando que la sí lo es… -metió la mano en su saco y tomó una pequeña cajita de terciopelo negro.
-¿Es en serio? –el asintió mientras se la daba- gracias –su expresión mostraba lo sorprendida que estaba y en cuanto la abrió se encontró con una cadenita que tenía un dije con una forma muy singular: parecía ser una especie de anzuelo, pero era más ancho y estaba hecho de planta. En el centro tenía una piedra de color azul eléctrico muy brillante.
-Era de su madre… -Susanna se quedó atónita al escucharlo- cuando comencé a buscarla, pensé que el mejor lugar para empezar sería el lugar donde murieron sus padres, y fue ahí donde la encontré.
-No sé qué decir… -sus ojos se pusieron llorosos y por un segundo le dio pena que él la viera así, entonces evitó su mirada y continuó viendo el dije, que tenía grabadas las palabras "mi último aliento" pero ¿qué significarían?
-No estoy seguro del verdadero significado –el comenzó a explicar como si le estuviese leyendo la mente- pero sé que fue un regalo de su padre para su madre. La piedra era de la familia Serafer. Por lo que su abuelo me informó, cuando Uriel huyó se llevó un par de cosas, entre ellas esa piedra que…. Después le obsequió a su esposa, como puede ver en la fotografía que está en la caja –de inmediato ella quitó el cojín protector de la caja, dejando ver una pequeña foto de sus padres, en donde claramente se veía que su mamá lucía el collar.
-¡Es verdad!... pero ¿también encontraste ahí la foto…?
-No. Después de encontrar el collar, seguí el rastro y las pistas. Eventualmente di con una fotografía. Por desgracia es lo único que queda de ellos…
-Un dije y una fotografía –se quedó pensativa mientras leía otra vez el grabado del collar- de verdad te lo agradezco –Susanna le sonrió de un modo que él no había visto nuca; con esperanza y aprecio, sin mencionar lo conmovidos que se veían sus ojos y la mirada sincera que logró cautivarlo por un par de segundos, sin poder evitarlo- si no fuera por ti, no sabría nada de ellos… e incluso en las circunstancias en las que te conocí, me alegro de haberlo hecho. Gracias.
Sebastian se quedó mudo; atónito ante el efecto que había tenido en él. No era el hecho de que le diera las gracias o que pareciera haber bajado la guardia frente a él, sino todo lo que causó esa mirada, ese gesto en su rostro. Sin duda eran terrenos desconocidos e inesperados para el demonio, pero los disfrutaba. Su victoria estaba más cerca que nunca, casi podía tocarla, pero ésta vez tendría un sabor diferente y aunque no podía pensar en un término humano adecuado para ello, estaba ansioso de ver sus planes cumplidos.
Antes de que Sebastian pudiera decir algo, o hacer algún comentario, hubo un tronido en el cielo: el espectáculo de fuegos artificiales acababa de comenzar.
-¡Wow! No sabía que…
-Esa era la segunda sorpresa ¿qué tipo de mayordomo sería si no pudiera organizar una celebración adecuada?
Sebastian sonrió con orgullo y se levantó de la banca, tomando el collar de las manos de la chica y con un movimiento habilidoso se lo puso por debajo del otro collar que tapaba la marca del contrato y después le susurró al oído- …feliz cumpleaños…
Notas de la autora.
¡Hola! Por fin actualizo. Lo sé, me he tardado un poco, pero después de abril todo regresará a la normalidad. Lo prometo. Por lo pronto espero les haya gustado esta actualización. Oficialmente hemos llegado a tres cuartos del a historia, y a partir del siguiente capítulo habrá una gran sorpresa y un experimento, así que espérenlo con ansias. Además, la historia tendrá más romance…y drama.
Por cierto, estoy en busca de algún artista o diseñador para que este fic tenga portada ¿Saben de alguien? He tenido problemas encontrando a alguien que haga la ilustración… (y eso que no es de a gratis…)
Koisshi Saotome Ackerman: Actualicé lo más rápido que pude, usted disculpe… y es que también ya me andaba ganando la historia y las actualizaciones jeje. ¿Cómo va el teléfono? Tal vez debas dejarlo que descanse más para que no quiera aventarse al café xD yo así ando todas las mañanas. ¿Volví a dejarte picada? … creo que este capítulo no tiene tanto cliffhanger. Necesitaba dejarlo un poco concluido y… el próximo capítulo verás por qué (ahora sí te dejé picada verdad?! xD) ¡Saludos!
