De vuelta a casa, en el taxi que me habían pedido desde la recepción del hotel me apunté en el móvil un recordatorio para contar al resto de la pandilla la vuelta de Emmett y en la medida de lo posible quedar todos y vernos. Por supuesto que el recordatorio incluía el pasar a recoger mi ropa, si bien creo que esto no se me iba a olvidar.

Nada más bajar del taxi las sensaciones de bienestar con las que había salido del hotel fueron dejando paso a las dudas y a los remordimientos. Esa noche me costó bastante conciliar el sueño y mis preocupaciones, las que me producían insomnio, iban de lo vivido esa noche a que necesitaba dormirme sin demora ya que al día siguiente tendría que estar a primera hora en la oficina.

Afortunadamente por la mañana me desperté al oír el despertador y aún con cara de sueño estuve a mi hora en el trabajo.

La reunión que tenía la pasé con más pena que gloria y conseguí no dormirme en la penumbra de la sala de reuniones mientras un directivo con voz monótona y un discurso aburrido pasaba diapositivas. A las 12 de la mañana por fin estaba en mi puesto tras un café doble.

De nuevo las dudas me acechaban. Lo de la noche anterior había sido glorioso, o así lo recordaba. Sin embargo era algo de lo que no podía presumir. Suponía que a cualquiera que lo contara en mi entorno cambiaría, y mucho, el concepto que tenían de mí. He de decir que siempre había sido de los que presumen de sus conquistas. En esta ocasión el conquistado era yo, y mi conquistador un hombre.

De hecho, incoscientemente ese día sentía mayor afinidad con un compañero de trabajo, Garrett, que es gay. Pero yo no lo era, o eso pensaba. Incluso, pretendiendo reafirmar mi virilidad, me acerqué por Administración para hablar unos temas intrascendentes con Maggie, la que consideramos chica buenorra de la empresa y de las pocas mujeres a las que no había conseguido tirarme tras intentarlo. Al poco rato de estar allí hablando, los dos teníamos cara de no saber realmente qué estaba haciendo yo allí. Ella supuso que querría intentar ligármela otra vez más y yo fui plenamente consciente de que si en ese momento tuviera que elegir algo que hiciera que se me levantase la polla no iba a ser el escote de Maggie.

La cosa se presentaba más seria de lo que creía, pensé mientras volvía a mi mesa. Ni el ver el escote de Maggie me hacía dejar de pensar en la polla de Emmett.

Comenzaron a llegar las respuestas del grupo de whatsapp que tenemos los de la pandilla. Mayoritariamente todos se alegraban y sólo algunos confirmaban que a las 8 de la tarde, hora a la que había fijado para quedar, estarían en "la sede", el café donde siempre nos reuníamos. Otros cuantos se excusaban debido a obligaciones familiares o laborales. Responder a varios de ellos hizo que por momentos desterrara de mi cabeza el monotema de esa mañana. Aún así, me surgía la duda de cómo me trataría yo con Emmett. Incluso con toda la gama de de remordimientos que tenía, de haberle visto a solas no hubiera descartado besarle, pero delante de toda esta gente, sería dejar caer un mito. Y es que aún después de haber tenido la polla de Emmett en el culo y suspirar ahora por tenerla otra vez mi reputación como ligón de chicas me seguía importando.

Planeé, con acierto, quedar un rato antes con Emmett en el hotel para acompañarle al café. Podría aclarar cómo íbamos a tratarnos delante de la gente, ya que tenía cierto temor a que airease lo de la noche pasada.

Sin pena ni gloria, entre dudas y líneas de código (soy programador) pasó mi jornada laboral, y a las 7 de la tarde estaba a la puerta del hotel. Entré y pregunté en recepción por él. La recepcionista, muy amable, tras llamarlo me pasó el teléfono y muy escuetamente le dije a Emmett que estaba esperándole en el lobby del hotel. Por contra, él insistió en que subiera.

En todo el camino desde la recepción hasta la puerta de su suite mi mente estaba deshojando una margarita: le beso, aunque no está bien; no le beso, aunque me apetece... Cuando llamé a su puerta no hubo lugar a más dudas. Tiró de mi mano y cerrando súbitamente la puerta me plantó un beso muy corto en los labios, como un piquito.

-Vaya. Que efusivo estás -dije haciéndome el sorprendido.

- Ha sido un impulso... perdona -respondió disculpándose.

-Estas perdonado -respondí al tiempo que me acercaba a darle otro a él.

Emmett sonrió y sin darle más importancia se giró para mostrarme mi ropa limpia que ya le habían subido de la lavandería. Recordé que la que él me prestó la había dejado en mi casa. Hablamos de cómo haríamos para devolvernos mútuamente las ropas. Por una parte yo no podía llevarme la mía a la quedada, ¿Qué pensaría el resto de amigos?, así que quedamos que tras la cena pasaríamos por mi casa, recogeríamos la suya y volveríamos al hotel a por mi ropa. A pesar de los remordimientos que me quedaban pensé que esto me brindaba la oportunidad de volver a estar a solas.

Antes de salir le pedí que no se mostrase mas cercano a mí de lo que en nuestra juventud estábamos. Por supuesto él asumía que lo de la noche pasada era algo privado y que nada trascendería.

Desandamos el camino de la noche pasada durante el cual le fui contando más o menos el aspecto de los que habíamos quedado, ya que supuse que él los recordaba con la imagen juvenil de los 18 años, pero algunos de ellos no eran ni la sombra de lo que fueron.

Según llegábamos al café vimos en la puerta a Jessica, una de las chicas del grupo. Estaba fumando con su marido. Nada más saludarla miró a Emmett con cara de deseo, y no es extraño. La que a sus 18 años era un bomba, ahora era toda una señora con mas redondeces de las deseadas embutida en un vestido con poca clase. Mike, su marido, en comparación con Emmett era un viejo decrépito vestido con un traje gris y aburrido y una corbata ajada. Por contra Emmett vestía también con traje, pero de Armani y sin corbata. Eran la noche y el día.

Hablamos un poco y pasamos al café. Ya esperando dentro estaban Tayler, Jasper, Ben y Lauren. Tayler, al igual que Mike, tenía un aspecto de cuarentón a pesar de no haber llegado a esa edad. Los pocos cabellos que le quedaban en la cabeza comenzaban a adquirir tonos grisáceos. Jasper era el que quizás mejor se conservaba, aparte de mí, claro (la modestia nunca ha sido una de mis virtudes). Su vestimenta era mas juvenil, vaqueros y un polo. Tayler había pasado de ser el deportista de la pandilla al que más kilos acumulaba en su cintura. Alguna vez nos contó que se debió a una chica que le dejó, pero todos creemos que se trata de que el único deporte que hace a diario es lo que anda del ascensor a la puerta de su coche.

Por último, saludó a Lauren, que a pesar de no haber destacado de joven por su belleza, estaba entrando en la madurez poniéndose cada vez más interesante. Conservaba sus curvas y sus facciones no habían perdido la chispa de juventud. Posiblemente Carl, su pareja, tuviera que ver en eso ya que, dicen las malas lenguas, por las noches es muy fogoso.

Y en medio de esta pandilla de casi maduros estaba Emmett que a pesar de tener la misma edad parecía fuera de lugar. Tuvo que demostrar una paciencia infinita contando su vida pero sobre todo respondiendo a las pregunas de cómo hacía para mantenerse así de bien.

Jasper era el único que parecía no estar tan interesado en lo que dijera Emmett y se mantenía un poco al margen, al igual que yo. Mientras hablábamos de otras cosas ya que al ser el otro soltero de la pandilla a veces quedábamos los dos para tomar algo.

Poco a poco fueron llegando algunos más y Emmett de nuevo tuvo que contar parte de su vida, aunque se le veía feliz por volver a contactar con los que fueron sus amigos de los 14 a los 18 años. Varias veces recorrimos las paredes del café repasando algunas de las anécdotas que quedaron inmortalizadas en las fotografías que lo decoraban.

Habrían pasado 3 rondas de cervezas y una hora y media más o menos cuando algunos empezaban a disculparse por que se tenían que ir. Las obligaciones familiares no les permitían quedarse más tiempo aunque les encantaría. Todos, al despedirse, emplazaban a Emmett para quedar el fin de semana con más tiempo.

Después de media hora de despedidas quedamos en el café Jasper, Angela, Ben, Emmett y yo. Angela había sido la última en llegar y supongo que le parecía precipitado irse al tiempo que los demás, aunque llamó a su marido para que fuera preparando la cena para su hijo ya que ella llegaría algo más tarde a casa.

Por fin a Emmett se le ocurrió ir a cenar algo. Mientras Angela decía no quería llegar muy tarde a casa, Ben recibió una llamada.

-Una ronda más y me voy -dijo Ben.

-La jefa, no? -dijo riendo Jasper.

-Ufff, no la había avisado y esta buena! -contestó Ben.

-Bueno, por un día no pasará nada, ¿no? los imaginaba mas liberados -preguntó Emmett en un tono que me pareció tan sugerente como el que empleó la noche anterior.

De nuevo el magnetismo de Emmett empezó a causar efecto.

-Que coño! Es cierto! -dijo Ben cogiendo el teléfono para avisar a su mujer que tardaría.

-Pero no tardaremos mucho en cenar, verdad? -preguntó Angela dando a entender que también se quedaría un rato más.

A Jasper no le esperaba nadie en casa, yo esperaría hasta última hora con Emmett... a nosotros no tenía que convencernos ya que nadie nos esperaba y a ambos nos agradaba estar con Emmett.

Cogimos nuestras cosas y salimos del café. En vez de al restaurante del día anterior nos dirigimos a otro que es algo mas sencillo y que está mas cerca del café.

Ya en el restaurante pedimos unas raciones y en cuestión de una hora estábamos fuera. Tanto Angela como Ben se despidieron asegurando que había sido un placer volver a ver a Emmett y que el fin de semana, si quedábamos, ya nos veríamos con más tiempo, a veces creía que ambos tenían algo.

Secretamente yo estaba esperando que Jasper decidiera despedirse también, pero mis esperanzas se desvanecieron cuando propuso ir a un pub cercano a tomar la última.

Emmett aceptó de buen grado y mientras nos dirigíamos al pub notaba como entre Jasper y Emmett hablaban de un modo mas cercano. De hecho notaba que Jasper a veces me obviaba.

¿Qué coño me pasa?, pensé, ¿Esto son celos?. Si no lo eran se parecían mucho. Emmett lo intuyó y trató de meterme en la conversación. La cara de Jasper no era de amigos, precisamente, cuando vió que Emmett me incorporaba a la que creía su conversación.

Después de varias cervezas lo normal es que las ganas de orinar lleguen. Emmett, a pesar de parecer un superhombre, en esto no era distinto a los demás y sintió necesidad de ir al aseo. Mientras, nos quedamos Jasper y yo en la barra.

-Hombre, creo que debes tener cuidado porque creo que Emmett es gay y me da la impresión de que quiere algo contigo -dijo Jasper tratando de asustarme.

-¿Jorge? -pregunté yo cínicamente-, No. ¿Qué te hace pensar eso?

-Créeme... los huelo a distancia. Yo que tú me iría cuanto antes si no quieres verte en una situación embarazosa.

-Anda. -contesté-, no tengas tanta paranoia. Es un tipo agradable, sin más.

Mi negativa a irme causó que Jasper se sintiera un poco jodido. Pensé que el magnetismo que me había hecho caer en brazos de Emmett el día anterior estaba causando el mismo efecto en Jasper, pero que supiera, Jasper podría estar harto de cualquier cosa menos de tías, ya que no le conocía relaciones con ninguna desde hacía años.

Aparte, yo tenía que recoger mi ropa, y aunque sólo fuera por eso, tendría que permanecer allí con Emmett, aunque no nos engañemos, la ropa me daba un poco igual. Lo que realmente deseaba era lo de la noche anterior.

Emmett volvió del aseo y percibió que algo había pasado entre los dos ya que el ambiente estaba tenso. Comenzó nuevas conversaciones pero muy inteligentemente la fue llevando a un punto que casi saltaban las chispas entre Jasper y yo para averiguar de qué se trataba.

-Pero chicos. ¿Qué les pasa? -pregunto Emmett de sopetón.

-Nada -contesté muy secamente.

-No te preocupes, Emmett -dijo Jasper cogiéndole disimuladamente de la mano-, son cosas nuestras.

Ver como le cogía la mano fue para mí una auténtica puñalada. Tenía que reaccionar, y rápido. Se adueñó de mí un sentimiento de pertenencia que me hizo desvelar lo que quería tener oculto.

-Además, ya nos tenemos que ir pronto, ¿no, Emmett? Tenemos que recoger tus ropas de mi casa.

Ahora era Jasper el que me mirada con cara de querer estrangularme, aunque percibía en su cara un ligero gesto de sorpresa, aunque poco a poco los ánimos se fueron calmando. Al poco rato la conversación volvía a ser cordial pero Jasper la estaba llevando a la vida de Emmett en Londres.

-Tu eres gay, ¿verdad? -preguntó de repente Jasper a Emmett.

Emmett y yo nos quedamos petrificados. Yo le miraba mientras él dudaba si contar la verdad o disimular. Se produjo un tenso silencio roto al final por Em.

-¿Y qué pasaría si lo fuera?

-No pasaría nada. Yo te entiendo -dijo Jasper que parecía insinuársele.

-¿Y si no lo fuera? -volvió a preguntar Emmett.

-Una pena -dijo Jasper sin ser consciente de que yo estaba al lado.

Vaya! Ya comprendía todo. Jasper también había cruzado la acera e intuyó desde un primer momento la orientación sexual de Emmett, y por eso quería en todo momento que los dejara a solas. No obstante, cuando se dio cuenta de mi presencia ahí pareció querer disimimular lo que había dicho pero tanto mi cara como la de Emmett mostraban claramente que nos habíamos dado cuenta.

-Es un decir -dijo Jasper tratando de disimular.

-No sé si esto te vale como respuesta -dijo Emmett justo antes de darme un beso en los labios.

Ahora la cara de Jasper era la que mostraba sorpresa. Yo por mi parte me molestó un poco esa reacción de Emmett, ya que no sólo decía que él era gay sino que daba por hecho que yo también. Le miré con cierto enojo pero la sonrisa que me dedicó hizo que se me pasase.

-Entonces... ustedes... -preguntó Jasper señalando alternadamente a uno y a otro.

-Oyee -contesté sin darle tiempo a hacerlo a Emmett- Me dará la impresión que tú también eres gay.

Sin querer había asumido que yo era gay cuando ni yo mismo no tenía claro eso.

-No pienses cosas raras -terció Emmett-. Sólo hemos, ¿cómo se decía? ¿echado una cana al aire?

-Sí, eso -dije.

-Pues qué suerte has tenido-dijo Jasper señalándome.

Los tres echamos a reir. La conversación ya se distendió por completo y Jasper se soltó y contó historias que le habían ocurrido. Hacía ya tres años que descubrió que prefería una polla a un coño y desde entonces lo había mantenido en secreto. Emmett y yo, casi quitándonos la palabra de la boca, le contamos la situación que nos llevó a lo de la noche anterior.

Al igual que a Emmett le ocurrió un rato antes, ahora era yo el que tenía que pasar por el aseo. Tardé lo mínimo posible ya que veía a Jasper capaz de arrebatarme a mi hombre. Y efectivamente, cuando llegué estaban más cerca uno del otro de lo que yo les dejé.

- Oye! Jasper. ¿Acaso me lo quieres quitar? -dije riendo.

-Pues sí, para qué te voy a engañar.

-Chicos... bajen la voz que el camarero esta escuchando -interrumpió Emmett.

La cara del camarero ciertamente era un poco extraña al ver como tres maricones estaban en su pub ligando. Por si acaso, decidimos que lo mejor era irnos de allí.

Ya en la calle Emmett me hizo un gesto que entendí como que quería que los tres nos enrollasemos. Con Emmett bien, pero Jasper no me atraía en absoluto, así que mi cara hizo un gesto de desagrado. Pero Emmett estaba lanzado y girándose plantó un beso en la boca a Jasper que no se lo esperaba en absoluto. Al ver que le besaban en plena calle (había gente no muy lejos) Jasper se apartó un poco.

-Emmett... esto en privado, que en público mejor no -dijo Jasper.

Acto seguido se giró hacia mí y me dio otro. Yo le aguanté el beso, quizás pensando que se trataba de una competición por ver con quién se quedaba. Cuando terminó el beso Emmett estaba exultante.

-Vámonos los tres a mi hotel -dijo.

-¿Los tres? -pregunté yo algo desilusionado de tener que compartirlo- ¿No prefieres que nos vayamos tu y yo solos?.

-No, por favor -me contestó con cara de corderito degollado.

-Bien -contesté resignado.

-Guay! -dijo Jasper agarrándo el trasero de Emmett.

Esta vez no fue el paseo pausado de la noche anterior. Los tres caminábamos rápido con ganas de llegar al hotel cuanto antes. En poco mas de 20 minutos estábamos allí. El recepcionista, el mismo de la noche anterior, nos miró con algo de curiosidad. La noche anterior tenía una explicación que yo subiera a su habitación, pero esta noche no había. Supongo que el hecho de que Emmett se hospede en una de las suites mas caras del hotel hizo que no dijeran nada.

Al llegar a la habitación, tras varios sobeteos en el ascensor, los tres entramos en tromba. Jasper inmediatamente se lanzó a besar a Emmett que le correspondió haciéndome señas para que me uniera, al tiempo que se despojaba de la chaqueta de su caro traje y la tiraba sobre una silla.

Me acerqué a ellos y colocándome tras Emmett comencé a soltar los botones de su camisa mientras mi mano se iba paseando por la parte de su piel que quedaba liberada. Jasper se despojaba de sus ropas sin dejar la boca de Emmett. Cuando se agachaba para quitarse el pantalón Emmett se giró y su lengua fue a parar al fondo de mi boca. Ahora era Jasper el que quitándole la camisa sobaba su cuerpo mientras no paraba de alagarlo.

Eché una mirada fugaz al cuerpo de Jasper. Bien proporcionado y con la musculatura algo marcada, aunque algo menos que yo, pero con vello. No era mucho, pero sí un poco, lo que me echaba para atrás.

A estas alturas Emmett me había despojado de la camisa y estaba centrado en besar mi cuello al tiempo que con sus dedos apretaba mis pezones, mientras Jasper, desde atrás, le desabrochaba el cinturón y bajaba su pantalón.

Según vi caer su pantalón mi mano saltó disparada a su pene y al instante noté como la mano de Jasper se situaba al lado de la mía. Emmett ya comenzaba a suspirar sintiéndose tocado a dos manos.

Me fui arrodillando y bajé el slip mientras apartaba la mano de Jasper. El pene de Emmett saltó en todo su esplendor frente a mi cara. Yo ya salivaba deseando meterme esa polla en la boca. Al poco rato tenía a mi lado a Jasper pidiéndome poder probar la polla de Emmett.

-Vamos, chicos, que hay para los dos -dijo Emmett riendo.

Parecía que Jasper y yo estábamos compitiendo por ver quién agradaba más a Emmett y éste disfrutaba enormemente de vernos a los dos peleando por comerle la polla. Pero al poco rato se apartó un poco y nos dijo que nos fuéramos hacia la cama. Nos despojamos de la ropa que aún nos quedaba y pude ver la polla que se gastaba Jasper, que era igual en longitud a la mía aunque algo mas gruesa.

Como Jasper me ganó esta vez la partida y fue el primero que consiguió tomar la polla de Emmett, éste me empujó a la cama y sin darme tiempo a más se lanzó a comerme la mía. Tras él iba Jasper sin despegarse de su pene.

Unos minutos estuvimos disfrutando de esa cadena de mamadas hasta que fue Emmett quien dijo de cambiar posiciones. Él se la comería a Jasper y yo haría lo propio con Emmett. Por escrúpulos, pasé mi mano por todo su pene como quieriéndo limpiar la saliva de Jasper, pero tras esto engullí casi con avaricia su polla.

Al poco rato de estar mamando noté como Jasper se acercaba peligrosamente a mi polla. No me agradaba demasiado, la verdad, pero tan concentrado estaba en deleitar la polla de Emmett que lo dejé hacer y un instante después pude notar como sus labios comenzaban a rodear mi pene. Así situados formábamos un triángulo de lamidas y mamadas.

Supongo que Emmett querría comprobar hasta qué punto lo mío era con él o con cualquiero otro hombre, ya que de nuevo propuso cambiar de posición.

Ups! Ahora me tocaría comerme la peluda polla de Jasper, que aunque mas pequeña y asequible que la de Emmett, no estaba tan libre de vello.

Le miré con cara de suplicar que dijera otra cosa. Un gesto suyo me dejó claro que quería eso. Jasper se había separado de mi polla y se había cambiado de posición dispuesto a saborear de nuevo el pollón de Emmett, que comenzaba a cambiar su posición. Yo estaba más remiso a hacerlo pero la insistencia de Emmett venció mis resistencias.

Como quien va a comer algo que no le gusta, con mi boca trataba de abarcar con los labios la polla de Jasper pero sin tocarla con la lengua, cosa que se me hacía imposible. Cerré los ojos para no ver el vello que tenía a un centímetro de mi cara. Emmett, viéndome hacer de tripas corazón, como agradecimiento comenzó a comerme la polla de un modo que me calentó mucho, tanto que me olvidé de lo que yo tenía en la boca y por fin así consiguió que le mamase la polla a Jasper completamente.

Aguantamos en esta posición unos minutos y yo comenzaba a excitarme más de la cuenta. Por como me estaba chupando, notaba que Emmett también estaba cerca de correrse así que decidimos parar un instante para enfriar el ambiente un poco. El único que puso cara de fastidio fué Jasper que parecía no saciarse.

Emmett se levantó de la cama y del minibar sacó tres copas. Abrió una botella de champagne frances y nos llenó las copas que después nos dio.

-Vamos a brindar por un buen polvo -dijo.

-Por eso! -contesté chocando mi copa con la suya.

-Por sus pollas! -dijo Jasper brindando.

-Mejor por todas las pollas del mundo -dijo Emmett ya desbocado.

Nada más decir eso y dar un sorbo, comenzó a derramar lo que quedaba de su copa sobre su pecho. Tanto Jasper como yo entendimos que quería que le lamiésemos el cuerpo. Como compitiendo, nos lanzamos sobre él para degustar su piel con sabor a champagne.

Emmett se dejaba hacer con cara de inmensa satisfacción ya que al tiempo que nuestras lenguas se coordinaban para recorrer su cuerpo, lo que no era lamido era acariciado por cuatro manos ansiosas de la suave piel de Emmett.

-El que primero se haga con mi polla será el primero en follarme -dijo Emmett entre jadeos.

Yo antes incluso de oír el premio por chupar su polla me lancé a ella, así que lo de follarle lo oí cuando su glande estaba siendo recorrido por mi lengua.

-No es justo! -dijo Jasper.

-Ahhh! haberte dado mas prisa -dije sacando mínimamente la polla de Emmett de mi boca.

Con su polla en mi boca, muy lentamente Emmett fue acercándose a la cama. Dejé de comérsela para que se fuera situando. Se puso a cuatro patas en el centro de la cama hudiendo su cabeza en la almohada.

-Dame un poco de lubricante -dijo señalando a la mesilla.

Cogí el bote y espací un poco por su ano y en mi polla. Tras esto me situé detrás y apunté mi polla a su rico ano. Contrariamente a lo de la noche anterior, al estar muy lubricados (creo que por mi falta de experiencia eché de más) mi polla, con el mínimo empujón, se fue enterrando en su culo y él suspiraba con cada centímetro que iba entrando. Tardé poco en tener toda mi polla dentro de él.

Noté de pronto como en mi ano Jasper derramaba un poco de lubricante. Queriendo desechar la idea de que me follara comencé a moverme follando a Emmett, por ver si con mi movimiento le impedía que me follase a mí. Pero con mucha delicadeza se fue situando detrás de mí y eran mis propios movimientos de salida del culo de Emmett los que hacían que fuera notando la punta del pene de Jasper en mi ano.

Me agaché casi tumbándome sobre Emmett, lo que permitió que Jasper profundizara más. Sentía un ligero dolor aunque en mi polla sentía como el ano de Emmett la abrazaba. esa dualidad de dolor-placer fue tornando en un par placer-placer. Jasper me agarraba de la cintura y muy suavemente iba follándome el culo, acompasando los movimientos que hacía para enterrar mi polla en el de Emmett.

Me sentí como el jamón del bocadillo... el que mejor lo pasaba! Oleadas de placer me venían de mi polla y de mi ano al tiempo que mis jadeos sobresalían de los de mis compañeros de polvo. Consecuentemente, me estaba excitando hasta límites cercanos al orgasmo.

-Ufff... me voy a correr! -dije.

-Yo estoy cerca -dijo Jasper que me clavaba su polla con fuerza.

-Vamos a parar, chicos -terció Emmett instándonos a parar un momento.

Los tres nos levantamos un rato para enfriar un poco los ánimos, aunque las manos recorrían las pollas indistíntamente mientras planeábamos quien estaría en medio del sandwich esta vez. Jasper quería clavarsela a Emmett y mi culito, aunque ya dilatado, se sentiría muy bien si recibiese la polla de Emmett.

Así pues me tocó hincarme a cuatro patas en la cama. Emmett se situó detrás de mí y no fue necesario que me lubricara ya que al poco rato tenía su polla dentro de mí. Noté un poco de dolor por el mayor tamaño de Emmett pero al poco rato se disipó y pude sentirme lleno y disfrutarlo. Notaba la presión que, tras Emmett, hacía Jasper. Al poco rato, las embestidas de Jasper me las trasladaba Emmett a mí y al tiempo, con su mano, masturbaba mi polla y besaba mi cuello.

Este vaivén maravilloso duró unos minutos hasta que notaba como Emmett empezaba a convulsionarse. Unos segundos después escuché los alaridos de Jasper que se corría en el culo de Emmett empujando fuertemente. Al notar Emmett la leche en su ano se debió excitar más de lo que ya estaba porque noté como se derramaba dentro de mí.

Sentir su leche calentita dentro de mi ano me puso a mil, aunque aún me faltaba un poco para correrme. Así se lo hice saber a mis compañeros que deshaciendo el trenecito me voltearon y se turnaban para mamarme la polla. Tener dos bocas comiéndote es una sensación que recomiendo. Sus caras de vicio hicieron que tuvieran que esperar poco. Entre gemidos me corrí llenándoles a ambos las caras de semen.

Al igual que se turnaban para extraer mi semen lo hicieron para dejar mi polla reluciente y a continuación uno a otro se lamieron sus caras para degustar los restos de mi corrida.

Yo a estas alturas estaba derrumbado en la cama con los ojos casi cerrados. A los pocos segundos ambos se dejaron caer uno a cada lado. Entre suspiros de satisfacción nos abrazábamos exhaustos.

Unos minutos más tarde Emmett se levantó para ir al baño. Jasper seguía tumbado a mi lado pero se giró hacia mí.

-De haber sabido esto antes, te hubiera tirado los trastos... -me dijo.

Me quedé callado sin saber qué decir. El cuerpo suave y depilado de Emmett me atraía mucho. El de Jasper no tanto.

-¿Con tanto pelo? -contesté-, No.

-Mañana por la noche me cuentas -respondió de un modo un tanto enigmático mientras se acercaba a besar mi cuello.

Tengo que reconocer que besa bien ya que mi polla, flácida tras mi corrida, comenzaba a coger cuerpo. En ese momento entró Emmett en la habitación.

-Chicos... creo que tendremos que irnos. A ver si me van a llamar la atención en el hotel por dormir aqui varias personas.

En parte tenía razón. Hacía algo mas de una hora habíamos subido tres personas a una habitación para la que sólo había, en teoría, un huésped.

Jasper y yo pasamos fugazmente por la ducha mientras Emmett se vestía y nos esperaba. Una vez todos vestidos salimos de la habitación, aunque antes de llegar al ascensor tuvimos que volver por que habíamos olvidado mis ropas que dejé la noche antes a lavar.

En la recepción del hotel Emmett decidió que el día siguiente vendría a mi casa a por sus ropas, ya que estaba cansado y a la mañana siguiente tenía pensado levantarse muy temprano para hacer unas visitas.

Jasper y yo nos cogimos juntos un taxi ya que ambos vivimos cerca. En el taxi no hablamos nada, aparte de dar la dirección de destino al taxista, naturalmente.

Cuando llegamos a un punto intermedio de la casa de ambos y bajamos del taxi tocaba despedirnos. Yo dudaba de cómo hacerlo, pero Jasper lo tenía muy claro. Una vez el taxi giró la esquina y comprobó que la calle estaba desierta me plantó un beso que me sorprendió pero correspondí.

-Bueno, ¿Mañana nos vemos? -preguntó.

-Sí, creo -dije algo dubitativo.

-Oye... te propongo una cosa.

-Dime.

-¿Te gustaría que me quitase todo el vello del cuerpo?

Me quedé un poco sorprendido de su pregunta. Sin duda eso sería un paso necesario para allanar el camino, una vez que Emmett volviese a Londres, para que los dos tuvieramos sexo. Se le notaba con ganas de agradar y ciertamente lo estaba haciendo.

-Sí, estarías mejor.

-Ok. Mañana me depilo por completo, pero a cambio tú también.

-¿Yo?

Sé que cuando Emmett se fuese echaría de menos una polla, y tener a Jasper tan cerca y depiladito sería de gran ayuda. Para este plan perfecto sólo era necesario que yo hiciera lo mismo. ¿Y por qué no hacerlo?

-Bien, bien, lo haré -dije.

-Hummm, lo vamos a pasar bien -dijo justo antes de darme otro beso y salir casi corriendo en dirección a su casa.

Yo me puse a andar en dirección a la mía cavilando sobre lo ocurrido. Me deslizaba peligrosamente hacia algo desconocido. Ya no es que Emmett me gustase, que era algo que podría considerar como una excepción, sino que la idea de hacérmelo con Jasper era algo que también me atraía. Y sin embargo, la única preocupación por todo esto era por el qué dirán.

Llegado a mi portal traté de dejar de lado estos pensamientos y centrarme en lo que me había hecho disfrutar tanto. Al fin y al cabo, al día siguiente Emmett vendría a mi casa a por sus ropas y Jasper había quedado en verme.