Capítulo 26.

Lovefool. (William)

Al siguiente día, temprano por la mañana, Grell caminaba por los pasillos del despacho. En cuanto llegó al lobby, le dieron un mensaje del Supervisor, mismo que le pedía reportarse a su oficina en cuanto llegase, y así lo hizo.

-¿Me llamaste, Will? –el pelirrojo se asomó por la puerta de la oficina de su jefe

-Grell Sutcliff… pasa –esperó a que Grell cerrara la puerta tras él y se sentara en una de las sillas frente a su escritorio- supongo que estarás al tanto de la muerte del padre de Susanna.

-Will, querido… las noticias viajan muy rápido en este negocio. Sobre todo si están relacionadas con esta investigación que estamos haciendo –dijo con orgullo.

-Y es precisamente por ello que ciertas cosas no deberían saberse… ¿qué tanto sabes sobre la muerte del padre de Susanna?- lo miró con severidad y Grell se arrepintió de inmediato el haber alardeado.

La información que tenía había sido gracias a Ronald, quien a su vez la había obtenido de una de sus amigas, así que todo era de manera extraoficial y por eso podrían meterse en aprietos.

-¡Nada, sólo lo que nos has comentado y lo que está en los informes oficiales!... –se apresuró a decir, pero la mirada de William lo ponía intranquilo.

-Recuerda que todo lo relacionado a esta investigación debe ser manejado con la mayor discreción. El Enlace es un asunto muy serio y que nos afectaría a todos. No queremos generar pánico… los únicos que saben sobre esto son los Altos Mandos, Ronald y tú, así que no quiero ningún tipo de fuga de información ¿entendido? Todo es confidencial.

-…Sí…

-Es por eso que debo asignarte una tarea especial –ajustó sus lentes y bajó la mirada por un instante. Pensaba en cómo explicarle a Grell lo que debía hacer, sin que sus intereses personales fuesen tan obvios- Susanna es una pieza importante en todo este embrollo. Tal vez sea la única que pueda detener enlace, pero necesitamos más información y a raíz de la muerte de su padre me temo que ha dejado todo en un segundo plano, cosa que no nos conviene en lo más mínimo.

-¿Will? –Grell parecía un poco confundido, pero no pudo ver detrás de las palabras de su jefe y antes de averiguar si había algún otro motivo oculto, William continuó hablando.

-Necesito un informe sobre el estado de Susanna, así que te enviaré a la residencia Serafer para que eches un vistazo. Cualquier anomalía en su conducta o en la de ese demonio deberás reportármela ¿entendido?

-¡Por supuesto! –dijo con gran ánimo y de inmediato se levantó de su asiento- antes de partir debo asegurarme de que mi cabello esté impecable para ver a…- antes de terminar la frase recordó que seguía en la oficina de William- eh… es decir… debo estar presentable ante cualquier circunstancia y….

-Honestamente… creo que no debo recordarte cuán serio es esto.

-Entendido. Nos vemos después –y antes de salir de la oficina le lanzó un beso al Supervisor, quien de inmediato sintió un desagradable escalofrío, pero un par de segundos después se recargó en su silla, satisfecho por lo que acababa de hacer.

En efecto, parte de su trabajo requería mantener a la chica bajo vigilancia, pero debía admitir que él mismo sentía una gran curiosidad y preocupación por Susanna. Por otro lado, sabía que Grell no pondría objeción alguna o cuestionaría sus órdenes, en especial si se trataba de estar cerca de Sebastian… a diferencia de Ronald, quien habría hecho un par de preguntas incómodas y que, para ser franco, no estaba listo para contestar ni tenía la menor intención de hacerlo.

Varias horas después, Grell regresó con el reporte. En cuanto apareció en la dimensión de los shinigamis se apresuró para llegar a la oficina de William, quien había pasado la mañana ordenando la información que había recopilado hasta entonces para presentarla a los Altos Mandos.

William estaba muy concentrado y tardó unos momentos en contestar al llamado en su puesta.

-¿Will, estás ahí? –se escuchó una voz chillona desde el exterior.

-Adelante… -esperó a que el pelirrojo entrara- ¿qué noticias traes? –dejó de lado la pluma con la que estaba escribiendo y miró al otro shinigami con gran expectación.

-Quisiera traerte buenas noticias, Will querido, pero oh Dios… si hubieras visto lo que yo vi…

-¿Ocurrió algo? –se preocupó el Supervisor.

-¡Esa chica es un completo desastre! Casi no salió de su cuarto en todo el día… y cuando lo hizo, fue sólo para asomarse a la terraza y llorar desconsolada. Creo que ni siquiera advirtió mi presencia. Claro está que hice lo mejor para pasar desapercibido –después hizo un ademán que expresaba cierta indignación- durante todo el tiempo que estuve ahí ella estuvo en pijama, desaliñada y por su fuera poco, bebiendo algo que parecía ser brandy. Por el modo en el que bebía, diría que era alcohol barato, pero lo dudo mucho… parecía una muñeca de trapo. Veía hacia el vacío por un largo rato y lo único que indicaba que seguía viva eran las lágrimas que caían por sus mejillas. Una imagen nada grata.

-Es normal que se sienta deprimida… -lo interrumpió William, tratando de convencerse que no era una situación tan grave.

-Eso es estar más que deprimida. Espero que no haga una estupidez –William se sintió alarmado, pero hizo lo posible por que no se notara, y de cualquier modo Grell parecía estar pensando en otra cosa- por otro lado, Sebas-chan estaba tan radiante y guapo como siempre. Es tan paciente y acomedido con esa chica… parece que se honestamente se preocupa por ella… ¡Qué envidia! –de pronto, la mirada amenazadora del Supervisor hizo que el pelirrojo dejara de hablar.

-No confío en esa bestia descarriada como para que cuide de ella… no si las cosas están como dices que están…

-La mitad del tiempo está así, la otra mitad duerme y no se despega de sus audífonos. Para ser honesto, creo que sólo estamos perdiendo tiempo para detener al Ángel Caído.

Después de que Grell terminó de dar su informe, William se quedó muy pensativo y alarmado por el estado mental de la chica. Lo último que quería es que lidiara de manera incorrecta con todos los problemas que tenía encima, así que decidió ir a visitarla y corroborar la situación por sí mismo.

El perder a su padre debió haber sido una experiencia muy traumática para Susanna y la había dejado sin nadie en quién respaldarse o a quién acudir si se sentía mal, y el shinigami no estaba dispuesto a permitir que Sebastian pretendiera ocupara ese lugar; podría tomar ventaja del asunto y echar a perder toda posibilidad de detener el Enlace. Todo por su apetito voraz.

En cuanto William llegó a la residencia Serafer se apresuró a buscar a Susana, quien convenientemente estaba bajando del auto con una bolsa de supermercado que indudablemente contendría alcohol y comida chatarra. Caminaba con lentitud hacia la casa, pero de inmediato advirtió su presencia y antes de que ella pudiese decir algo, él se apresuró a llamarla.

-Susanna… ¿estás bien? –la voz de William era de preocupación, pero al mismo tiempo era seria y solemne.

-No… -su voz sonaba más ronca que de costumbre, producto de tanto beber y llorar.

-Si quieres hablar, yo… -ella lo interrumpió.

-Quiero estar sola, gracias- dijo mientras entraba a la casa.

-Entiendo, pero recuerda que puedes llamarme. No importa la hora –hizo una pequeña pausa y miró hacia la ventana del estudio del segundo piso, desde donde Sebastian los observaba con recelo- no confío en las intenciones de ese demonio y podría aprovecharse de la situación…

-¿Y qué me dices de ti? –de pronto la actitud de la chica cambió y lo miró con exasperación- ¿puedo confiar en tus intenciones?... o mejor dicho ¿cuáles son tus intenciones, William? ¿qué pretendes? –su mirada fue inquisidora y se clavó en los ojos del shinigami, quien estaba muy sorprendido. No se esperaba esa reacción por parte de la chica y su rostro no pudo ocultarlo. Incluso dio un pequeño paso hacia atrás.

-Susanna yo… -por fin dijo, pero aunque logró pronunciar un par de palabras, continuaba casi anonadado. Hubo silencio por un instante y de pronto la expresión de Susanna cambió.

-Perdóname… -ella suspiró y miró hacia el suelo. No sabía bien por qué le había preguntado eso, o mejor dicho, lo sabía bien. Desde hacía tiempo sentía algo por William y él mismo parecía hacer lo mismo, pero nunca había sucedido algo entre ellos y esa era una de las frustraciones de la chica. Sin embargo, no había razón para sacar el tema; no era el momento de atacarlo con sus propios demonios internos, pero quizás el dolor y su inestabilidad le habían hecho una mala jugada- no quise decir eso yo… no es el mejor momento –por fin lo miró a los ojos.

-No te preocupes –él parecía haber cambiado de actitud y su primer instinto fue poner esa barrera emocional que tantos años había usado como escudo. Estaba entrando a un sendero que no estaba seguro de querer recorrer, o que en realidad temía hacerlo. Además, se dio cuenta de que los ojos de Susanna estaban rojos y comenzaban a humedecerse. Ella estaba a punto de llorar, pero él no podía hacer nada al respecto; acababa de haber sido rechazado, así que sólo se ajustó los lentes e hizo una pequeña reverencia para despedirse - te veré después.

Y antes de las lágrimas salieran, ella se dio la vuelta y entró a la casa, seguida por la mirada del shinigami, quien desde donde estaba de pie la observó por un momento más antes de marcharse, sin saber que del otro lado de la puerta ella estaba en el suelo llorando. Sus piernas no pudieron sostenerla más y se dejó caer al piso mientras las lágrimas mojaban el mármol blanco, mismo que golpeaba con todas sus fuerzas. Lo suficiente para que un moretón apareciera en sus nudillos minutos después.

Aquella tarde el shinigami terminó su trabajo en tiempo record. Logró bloquear esos pensamientos invasivos y se concentró por completo en el reporte que debí elaborar. No era tarea fácil, pero el enfrentarse al torbellino dentro de su cabeza y lo sentimientos que esto conllevaba era todavía más difícil, así que concentró toda su energía en completar sus labores.

Una vez terminado, regresó a su apartamento. En cuanto abrió la puerta se aflojó la corbata y colgó el saco en el perchero detrás de la puerta. Después se acercó a uno de los muebles de la sala, tomó un vaso y una botella con líquido ambarino en su interior y se sirvió un trago. Después, con toda la pesadez que sentía desde hacía horas antes se dejó caer en el sillón y bebió un sorbo, sintiendo como el líquido raspaba su garganta. Sería cuestión de minutos antes de sentirse un poco más relajado. Quizás menos si bebía más aprisa, pero sabía que le sería difícil conciliar el sueño esa noche, así que decidió no apresurarse y se quitó por completo la corbata.

Suspiró y miró hacia la ventana. Todo estaba oscuro y un farol que iluminaba la calle estaba justo al lado de su apartamento, dejando ver el firmamento carente de luna. Frío y distante simple vista, tal como debía ser la dimensión de los shinigamis.

Volvió a pensar en Susanna y sintió que la frustración se volvía un peso dentro de su pecho. No tenía forma de llamarla, pero de seguro sucumbiría al deseo de comunicarse con ella a través de una paloma de mensajera. Lo haría, pero sería más tarde; una vez que el alcohol hubiese hecho más efecto. ¿Pero qué le diría?

Aquella pregunta que ella le había hecho hacía varias horas retumbaba en su cabeza como si acabara de escucharla hacía unos segundos ¿Cuáles eran sus intenciones? Eso no lo tenía en claro, pero por supuesto serían mucho mejores que las de aquel demonio que se hacía pasar por mayordomo.

Sin embargo, en cuanto pensó eso último se sintió culpable al jactarse de poder hacer un juicio moral tan severo ante la situación, siendo que ni siquiera él mismo sabía lo que debía hacer o el trasfondo de sus acciones. O tal vez sí lo sabía, pero no lo aceptaría tan fácilmente y eso era lo que hacía difícil todo ese asunto. Tomó otro trago de su vaso y se terminó el líquido sólo para verter más licor en él y relajarse un poco más. Lo necesitaba.

Pensó en Susanna y el cuánto le gustaba observarla, su rostro y las expresiones que se pintaban en él. No era la primera mujer por la que se sentía atraído, pero era la única por la que estaba dispuesto a aceptarlo. Ya había pasado demasiado tiempo como para que se tratara sólo de atracción física; había algo más.

Y de pronto William frunció el ceño al recordar que ese demonio era una presencia constante, siempre presente al lado de la chica, a menos que ella le ordenase lo contrario en ese juego de pretender seguir órdenes de un mortal. Todo para que al final el pudiese quedarse con su alma. La sola imagen le causaba enojo y repulsión. Fue entonces que la idea de ayudarla apareció en su mente, sin embargo sería difícil. Sebastian no era un demonio común y haría cualquier cosa para cobrar su premio.

Pero por más que quisiera auxiliarla, no podía hacerlo. Sus manos estaban atadas por su trabajo y se lamentó por eso, ya que sabía que el demonio convertiría en un obstáculo entre él y Susanna. En ese momento supo lo que quería y requirió de tres vasos de brandy y toda su valentía para aceptarlo.

Despacio recargó su cabeza en el respaldo del sillón y volvió a mirar por la ventana. Temió por la vida de la chica y maldijo el no tener suficiente tiempo para estar con ella; para conquistarla… pero de inmediato un sentimiento de enojo lo invadió. Se estaba adelantando mucho y sabía que Susanna se molestaría si él hiciera algo en contra de Sebastian; después de todo ella le tenía aprecio al mayordomo, quien de manera tan hábil había sabido ganárselo.

De cualquier modo, sería muy difícil para él verla morir o ser testigo de cómo el demonio se quedaba con su alma y la devoraba.

Las palabras de Susanna volvieron a retumbar en su cabeza. Esa situación tampoco era justa para ella y por un segundo William se sitió un poco egoísta. Estaba consciente de los mensajes que sus acciones podrían mostrar y como buen caballero que era, debía aceptar las consecuencias.

El alcohol comenzaba a hacer efecto y tuvo una sensación de calidez que hacía mucho tiempo no tenía. Por primera vez en muchos años… décadas… se sentía vivo, como si no estuviese dentro del prolongado letargo a la espera de su redención.

También se sintió solo. Siempre lo hacía, pero era raro que sintiese la necesidad de remediarlo, ya que por lo regular lo aceptaba como parte de su penitencia. Se autocastigaba, como si el ser un shinigami no fuera suficiente castigo. Quién sabe cuántos años más seguiría así, y ese pensamiento lo frustraba.

Alguien prácticamente inmortal como él y una mortal cuya vida podría terminar pronto, sólo terminaría por lastimarlo y aunque por un momento consideró alejarse para siempre, pensando que tal vez sería lo correcto y menos dañino, quería protegerla, estar cerca de ella y escuchar su voz hablándole sobre cualquier cosa. Fue entonces que tomó un papel y comenzó a escribir una nota.

Al terminar se acercó a la terraza y sintió el aire fresco golpeando su cara, pero no se distrajo mucho con ello, sino que se apresuró a tomar a la paloma blanca que yacía al interior de una jaula de metal; su propia mensajera dispuesta a hacer llegar la nota a su destinatario. Volvió entrar a la casa y con cuidado amarró el papel a la pata del ave y después volvió a salir a la terraza y la soltó, observando cómo se alejaba en el cielo nocturno.

Continuó mirando hacia el horizonte por un par de minutos y luego regresó al sillón en donde había estado sentado, ya un poco más relajado. Tal vez sería capaz de conciliar el sueño después de todo.

Mientras eso ocurría, Susanna estaba sentada en la terraza de su cuarto con la mirada perdida hacia el jardín. Estaba cansada de llorar y auto compadecerse. Sabía que no podía darse el lujo de estar así por mucho tiempo, pero al menos logró desahogarse por unos días. Eventualmente lograría acostumbrarse a la pérdida.

Estaba exhausta, pero no tenía ganas de dormir. Temía que las pesadillas la atacaran mientras intentaba descansar, así que se relajó en la silla y encendió su mp3 en un intento por despejar su mente.

De pronto notó que una paloma blanca se acercaba a ella y se preguntó si esas aves acostumbraban volar por las noches, pero cuando se posó junto a ella supo que no era una paloma normal. Llevaba un mensaje y de inmediato se imaginó de quién era.

Dudó un poco antes de tomar el papel. Esa tarde había sido grosera con el shinigami, así que temía que el mensaje fuera severo o frío, pero no se arrepentía del todo el haberle hablado así. Había algo de verdad en ello, aunque tal vez pudo haberlo externado de manera diferente.

"Susanna: perdona mi comportamiento impreciso. No he querido importunarte de ninguna manera con mis acciones, sin embargo no puedo evitar preocuparme por tu bienestar. A ese grado me importas"

Al siguiente día, después de la una de la tarde, Susanna decidió dar un paseo por la ciudad. Era tiempo de distraerse un poco y qué mejor opción que acompañar a Fer a hacer un par de diligencias al centro de la ciudad.

-Me encargaré de que el auto esté listo y podemos marcharnos en cinco minutos, señorita –comentó Sebastian cuando escuchó la idea de la chica, pero ella respondió con una negativa.

-Iré sola con Fer y el señor Haggard. No hace falta que vayas con nosotros –él la miró de forma persuasiva, pero ella continuó hablando- si sucede algo te enterarás más rápido que nadie, así que no hay de qué preocuparse –señaló la marca del contrato en su cuello- nNo quiero que me acompañes. Es una orden.

-Entendido. Como usted ordene –hizo una pequeña reverencia y siguió a la chica con la mirada. No podía desobedecer sus órdenes, pero sin duda se las arreglaría para compensar el tiempo perdido.

Susanna no habló durante la primera parte del viaje y de vez en cuando Fer o el señor Haggard la veían por el retrovisor para asegurarse de que estuviera bien. No habían tenido mucho contacto con ella desde el día del funeral, cuando le dieron el pésame y estaban preocupados por ella.

Un par de minutos después, la chica se animó a hacer plática con los dos hombres.

-¿Y a dónde vamos?

-Vamos a Upper Addison gardens ¿ha ido alguna vez?

-No… en realidad no he tenido mucho tiempo de visitar la ciudad desde que llegué. ¿Cómo es ese lugar? ¿es muy popular?

-En realidad no tanto, pero hay un lugar en donde venden artículos especializados de electrónica. Digamos que son cosas poco comunes y difíciles de conseguir… pero que por alguna razón Sebastian se empeña en usar… y descomponer también.

-¿Sebastian? Pero qué… oh… ¿vamos a comprar contrabando? - dijo con cierta ironía en su voz.

-Lo que estamos buscando hoy son un par de cables, un regulador automático y una fuente de poder para arreglar la barda eléctrica que se descompuso con la tormenta de hace unos días –él hizo una pequeña pausa- mis contactos del MI6 resultan útiles, después de todo –ella rio un poco y un momento después llegaron a su destino.

-Venga conmigo, señorita. Lo último que queremos es que se pierda –el muchacho dijo con amabilidad.

-Oh, Fer. Créeme, perderme es la última de mis preocupaciones. Además… Sebastian tiene -pensó un momento y luego miró a Fer con una sonrisa- un sexto sentido para encontrarme.

-De cualquier modo, señorita –le sonrió cálidamente y caminó junto a ella- es mejor recorrer las calles de Londres acompañado si es la primera vez que visita esta parte de la ciudad –ambos continuaron caminando. El Sr. Haggrd tuvo que dejar el auto unas calles alejadas del establecimiento al que iban, por cuestiones de seguridad y falta de estacionamiento, así que el trayecto les dio oportunidad de charlar un poco.

Fer era un muchacho simpático y animado, aunque a veces sus ojos reflejaban parte del oscuro pasado que tenía y al mismo tiempo lo hacía más sensible para ciertos comportamientos, por lo que se mostraba protector hacia la chica. Sabía lo traumático que habría sido para ella perder a lo que quedaba de su familia en tan poco tiempo y en circunstancias tan sospechosas.

-Sé que tal vez no sea asunto mío pero… ¿cómo se encuentra, señorita? hemos estado preocupados por usted, pero… -de repente rio un poco, como si se hubiera acordado de algo- me alegro que haya querido salir hoy.

-Muchas gracias Fer –ella contestó con una sonrisa muy sincera- la vida continúa y debo terminar con lo que empecé. Ahora que he perdido tantas cosas, estoy más determinada a hacerlo, si no… todo habrá sido en vano.

-Recuerde que estamos de su lado. Si necesita algo, sólo dígalo… aunque sólo sea charlar. Estamos a su disposición y no sólo por ser sus empleados; en verdad simpatizamos con usted y su familia. Incluso desde antes de que usted llegara a la casa, las esperábamos con ansias y Sebastian nos mantenía informados sobre su paradero. Estábamos tan contentos de que la familia Serafer aún tuviera un sobreviviente… y dispuesta a defender el legado.

-En verdad te lo agradezco, Fer. Y lamento los inconvenientes que les ocasiono.

Susanna habló de manera diplomática, pero estaba conmovida por sus palabras. No estaba segura hasta qué punto Fer, Abby el Sr. Haggard estaban al tanto de la situación, pero se sentía agradecida de su discreción y lealtad; tendrían que ser demasiado ingenuos como para no darse cuenta de que ella había asesinado al menos a dos personas en los últimos meses.

Cuando por fin llegaron a la tienda, Susanna se sorprendió mucho. No era para nada como se la había imaginado; pensó que sería un lugar dentro de un oscuro callejón y con guardias de seguridad, pero cuando entraron a una tienda de coches a escala y a control remoto, se sorprendió mucho.

Al entrar echo un rápido vistazo a su alrededor y Fer se acercó al mostrador para preguntar por el dueño, quien de inmediato mandó al empleado a hacer un par de mandados mientras él buscaba lo que Fer le había pedido.

-¿No es lo que esperaba, verdad? –preguntó Fer detrás de ella.

-No… imaginé algo muy diferente –dijo mirando a su alrededor y del otro lado de la ventana pudo ver una iglesia casi en frente de la tienda en donde se encontraban. No se había percatado de que estaba allí, que lo que veía era el patio trasero, pero ahora que la había visto sintió tremendos deseos por entrar- Fer creo que… me apetece ir un momento a aquel lugar.

-Sí, claro. Tómese su tiempo –dijo un poco consternado, pero cuando vio de qué se trataba se tranquilizó.

Hacía apenas un par de días había estado en una iglesia, sin embargo la sensación de serenidad y paz al estar allí fue muy diferente a la última vez que había estado en uno. Tal vez por la razón que la situaba en ese lugar, o por todo lo que había pensado desde entonces.

Se trataba de la iglesia de San Juan el Bautista en Holland Road, un hermoso templo con estilo gótico y la solemnidad que este imponía. El olor a incienso la cubrió en cuanto entró y las altas columnas de piedra se extendían hasta el altar, dando la impresión de que el pasillo de en medio era larguísimo.

Se sentó en una de las bancas y de pronto sintió unas tremendas ganas de orar. Sabía que era tarde para ello, sin embargo era algo que necesitaba su alma, al menos para buscar paz. Necesitaba pedir perdón por la muerte de su padre, por la de aquellas personas usadas como sacrificios humanos y por aquellas víctimas de la explosión en AztraSeneca. Todas ellas causadas de alguna una otra forma por ella, por sus actos y falta de previsión.

Era tan absurdo pedir perdón a esas alturas… pero su propia mortalidad se lo demandaba y la culpa sería su penitencia por el resto de sus días; hasta que el demonio se llevase su alma…

Suspiró con nostalgia y miró uno de los vitrales en el costado de la iglesia. Se preguntó sobre la verdad detrás de todo aquel asunto del Enlace. Todo parecía ser sacado de una novela fantástica, pero estaba segura de que no era así y más que nunca sintió la fortaleza necesaria para afrontar lo que viniera. Para enfrentar a sus enemigos y no permitir que un ser como el ángel caído se quedara con la victoria. Perdió la noción del tiempo al pensar eso y de pronto sintió que alguien se sentaba junto a ella.

Cuando volteó a ver de quién se trataba se encontró con el rostro calmado del William, quien la miraba con serenidad y una pizca de preocupación en sus ojos verdes.

-Veo que estás más calmada.

-Así es –una sonrisa apareció en la comisura de sus labios. Se había alegrado de verlo, aunque sintió un poco de vergüenza por su comportamiento del día anterior e hizo su mayor esfuerzo por actuar de manera casual- en este momento me siento… en paz.

-Es bueno escuchar eso –el shinigami se relajó y miró hacia el vitral que Susanna había estado viendo momentos antes. Ambos permanecieron en silencio por un rato, hasta que la chica se animó a decir.

-A decir verdad… -su mirada pacífica pronto se volvió traviesa- me es imposible decidir si debo estar sorprendida porque no haya caído un rayo en el momento que entraste a la iglesia, o si debería esperar a que un halo saliera de tu cabeza…

-Honestamente… ¿en verdad eso es lo que piensas? –él suspiró con hartazgo y se acomodó los lentes- creo que debo recordarte que los shinigamis no somos particularmente… -de pronto Susanna comenzó a reír- ¿qué es tan gracioso? Estoy tratando de explicarte que… -ella rio un poco más fuerte y antes de que el pudiera decir algo más, se escuchó a una señora mayor pidiéndoles que guardaran silencio.

-Disculpe –ella se encogió de hombros y se tapó la boca para reír un poco más.

-Tal vez deba continuar con mi explicación en otro lugar ¿qué dices? –se levantó de la banca y esperó a que Susanna lo siguiera.

Al salir del templo, Susana le avisó a Fer que iría a caminar un momento con William y que le avisaría el lugar y la hora para que él y el Sr. Hahhard fuera a recogerla. El muchacho sonrió y miró como el shinigami se alejaba junto con Susanna. Desde la primera vez que lo vio, pensó que era un hombre demasiado serio y frío, pero esa imagen se borró de inmediato cuando vio el cambio en su actitud al estar junto a Susanna.

-Nunca había venido a esta parte de Londres -comentó la chica mientras caminaba junto al shinigami- en realidad ni siquiera había oído hablar de este lugar

-Este lugar no es precisamente turístico, pero es ampliamente conocido por los habitantes de la ciudad. Casi imposible pasarlo por alto –y de pronto vio como ella lo miraba con cierto reproche y no continuó con el comentario. En cambio suavizó un poco su voz y dijo- pero tiene una atmósfera serena que podría gustarte.

Y entonces cambió el ritmo de sus pasos y se puso del lado derecho de la chica, de modo que él estuviese del lado exterior de la banqueta y ahora ella caminase del lado del a pared. Al notarlo, Susanna sintió una leve sonrisa formándose en sus labios y lo miró con curiosidad, aunque él pareció no darse cuenta de ello, al igual que sus acciones parecían no haber sido premeditadas. Para él había sido lo más normal del mundo y para ella un gesto de caballerosidad casual que le fascinó, y que al mismo tiempo le hizo pensar en cuántas cosas hacía Will de manera cotidiana y que parecían ser de otro tiempo y otra época, pero a la vez lo hacían ver más atractivo de lo que ya era.

Continuó mirándolo de reojo por un par de minutos, sonriendo de manera sincera y al darse cuenta de ello, se sonrojó un poco y agradeció que el shinigami tuviese los ojos clavados en el camino y no en ella. Habría sido un poco vergonzoso.

Un par de metros más adelante, William posó su mano izquierda en la espalda baja de Susanna, apenas tocándola, pero indicándole que debían entrar en un pequeño establecimiento que ella no había visto hasta el momento.

-Es aquí –entonces él abrió la puerta y dejó que la chica pasara.

-Gracias –en cuanto entró al pequeño bar, se dio cuenta de que era un lugar más amplio de lo que parecía y lo primero que llamó su atención fue el sonido del piano en el fondo, junto con una melancólica voz femenina que cantaba jazz clásico.

El lugar no estaba muy concurrido. Había apenas unas quince personas en las mesas y la decoración a pesar de ser sobria, era acogedora y cálida, en tonos rojizos y acabados de madera. Los cuadros de la pared, con posters y fotografías de cantantes de los años 20's y 30's parecían llevarlos a otro tiempo.

Una vez que se sentaron, Susanna sintió un vuelco en su estómago al sentirse en una cita; los pequeños adornos de mesa con velas que iluminaban medianamente a su alrededor daban una sensación de intimidad que le pareció muy adecuada para la atmósfera, y aunque le había encantado el lugar, la tentación de pensar en el shinigami como algo más que un amigo estaría en su mente de manera constante.

-Me encantó este lugar… ¿vienes seguido por aquí? –ella preguntó de la manera más casual que pudo.

-En realidad…. –él ajustó sus gafas- es la primera vez, pero vi el lugar en varios cinematic records y me pareció que podría gustarte.

-¿Lo dices en serio? –ella arqueó una ceja y comenzó a reír.

-Sí ¿por qué? –parecía un poco confundido.

-No, por nada… -entonces bajó la mirada y se acomodó el cabello- es agradable el lugar. Además el jazz me gusta mucho. Gracias.

-No tienes nada que agradecer y… -se acercó un mesero para darles la carta y después se alejó- ¿qué te gustaría tomar?

-Creo que… me inclinaré por un Martini.

-Bien –y entonces William hizo una seña para que el mesero se acercara- un Martini para la señorita y… yo quisiera una copa de Sanguiovese–hubo silencio por un instante y de pronto él la miró con actitud seria- no pensaste que de verdad fuera a suceder eso en la iglesia ¿verdad?

-¿Cómo? –ella estuvo confundida por un instante, pero de inmediato recordó su comentario de hacía unos minutos y comenzó a reír- en realidad no… hubiese esperado eso de Sebastian… -él respingó- pero tampoco sucedió nada cuando entró a una iglesia, así que…

-Honestamente… espero que no me tengas en el mismo nivel que a ese espectro del infierno –su cuello y hombros parecieron ponerse tensos.

-¡Por supuesto que no! Tú eres… -y no pudo terminar la frase. En realidad no sabía que decir, ni cómo decirlo-…diferente –casi enseguida después de haber dicho eso, el mesero llegó con lo que habían ordenado, poniendo punto y aparte a la conversación.

La chica que cantaba en el pequeño escenario del bar continuaba allí, pero la melodía había cambiado. Era un poco más melódica; el piano la acompañaba y por un instante, Susanna creyó conocer la canción, pero fue un pensamiento fugaz, ya que se distrajo con sus alrededores. Había cambiando el ambiente de lugar para volverse un poco más animado y Susanna se relajó al notarlo. Sentía como si estuviese de regreso en casa, en una salida casual con un amigo… un amigo por el que se sentía muy atraída.

-Me preguntaba si… habías recibido mi mensaje –William preguntó de manera cortés. Era obvio que lo había recibido; su mensajero era implacable, pero quería indagar al respecto de manera sutil.

-Sí, lo recibí –lo miró a los ojos y luego bajó la mirada- pero para ser honesta no supe qué responder, yo… no debí decir lo que dije ayer. Estabas preocupado por mí y yo sólo hice las cosas más difíciles. Perdóname.

-Soy yo el que te había pedido disculpas y quisiera saber si aún estás molesta conmigo… o mi presencia te molesta de alguna manera –de pronto, Susanna sintió como si estuviese hablando con un hombre de otro siglo. Era demasiado formal y cortés, pero detrás de esos ojos verdes se podía ver que estaba angustiado, lo cual le pareció algo muy dulce- si es así, debes saber que nunca ha sido mi intensión molestarte, sin embargo tu bienestar es de gran…

-Will, no estoy molesta contigo –lo interrumpió- ¿cómo podría estarlo después de todo lo que has hecho por mí? –lo miró a los ojos con sinceridad, luchando contra las ganas de tomarlo de la mano- es sólo que de repente todo se volvió abrumador y mis sentimientos demasiado intensos. La muerte de mi padre me hizo ver todo de otro modo y creo que sacó lo peor de mí. Me apena que me hayas visto así.

-No digas eso. Eres humana después de todo. Es algo natural -él la miró con ternura y paciencia; sabiendo que era mucho más que eso. Su esencia misma era la que la hacía ser de esa forma y aquello le fascinaba. Le intrigaba y al mismo tiempo lo inquietaba. Ella le recordaba lo que era ser humano- pero no quisiera que te hicieras daño.

-Lo sé… -sonrió y se distrajo con el palillo que sostenía la aceituna de su Martini- pero me siento mucho mejor y… dicho eso, salud por un nuevo comienzo –sonrió y brindó con el shinigami, quien le siguió la corriente, sintiendo que un peso se le quitaba de encima al verla más calmada y por la oportunidad de pasar tiempo con ella.

Ella miró su Martini como si fuera la cosa más interesante del mundo; pensativa y William aprovechó para observarla un poco más. Más que estudiarla, tenía una mirada intensa, pero dulce y el tono verde de sus ojos era un poco más claro. La expresión en su rostro decía más de lo que él habría hecho; delataba sus pensamientos y parte de lo que sentía por ella, pero de repente ella pareció más alerta y miró hacia donde estaba aquella cantante en el bar.

-¿Es esa Lovefool? –sonrió y pareció muy sorprendida.

-¿Disculpa? –el cambio repentino de la chica lo dejó un poco anonadado y se ajustó los anteojos con un poco de ansiedad. En verdad no sabía a lo que se refería la chica.

-¡Sí es!…. love me, love me, say that you love me… -William estuvo a punto de decir algo, pero a decir verdad estaba muy confundido y las palabras se ahogaron en su garganta. Al notarlo ella comenzó a reír- estoy hablando de la canción…. Se llama lovefool… ¡es un excelente cover!

-Oh…

-En verdad vives en otro mundo, Will –sonrió y continuó viendo a la chica cantando- pero incluso tú podrías disfrutar de la buena música.

-Lo hago… -escuchó la canción por un momento- el arreglo es bastante interesante… -pero antes de que pudiera continuar, el teléfono celular de la chica sonó.

-Disculpa… -contestó- ¿sí? Sebastian… estoy bien, no tienes que estar preocupándote por… -al escuchar de quién se trataba, William hizo una mueca de disgusto y tomó un sorbo de su vino- ¿en verdad?... wow, eso es increíble… ¿ahorita?... –esta vez fue ella quien hizo un gesto de desaprobación- está bien. Sólo dame media hora y te veré en los laboratorios –entonces colgó el teléfono y miró al shinigami con angustia.

-¿Sucede algo? –tenía una ligera idea de lo que se trataba.

-Pues… esas investigaciones sobre el lupus que he estado financiando han dado resultados importantes… -de inmediato cambió su actitud- ¡no es que eso sea malo! Para nada… es sólo que debo marcharme para hablar con el encargado de la investigación.

-Entiendo… -bebió un sorbo de su copa y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. La cura de esa enfermedad era la razón por la que había permitido que viviera, en primera instancia, y le pareció irónico que tuviese que marcharse por ello- espero que todo salga bien.

-Tengo un par de minutos antes de que Fer venga por mí y…. ¿te parece si mañana hacemos una pequeña reunión para discutir el tema del enlace?

-¿Al mediodía estaría bien? –adoptó su actitud seria y ella asintió con un poco de tristeza en los ojos. Lamentaba mucho el no poder pasar más tiempo con William y sentía que había perdido una buena oportunidad de acercarse más a él, además de haber acabado con el momento- entonces te veré mañana y… ¿crees que podríamos continuar con esto en otra ocasión? –pregunto con timidez. No estaba segura de su reacción.

-¡Por supuesto! –contestó de inmediato y pareció animarse un poco- el día que tú quieras. Sabes cómo contactarme. Mientras tanto, trataré de ampliar mi acervo musical –bromeó con ella, aunque su actitud no combinaba mucho con sus intenciones, ya que nunca perdía la compostura y solemnidad.

-Está bien –entonces miró su celular; era Fer, quien la esperaba afuera del bar- debo irme ya.

-Susanna… -él dijo antes de que la chica se levantara de su asiento. Por un segundo su brazo pareció traicionarlo y estuvo a punto de tomar la mano de la chica, pero se detuvo antes de hacerlo- cuídate.

-Tú también, William -ella le sonrió de la manera más dulce que pudo y salió del bar.

El shinigami permaneció en el lugar por unos minutos más; mientras terminaba su copa de vino y volvía a saborear los momentos que acababa de pasar con Susanna. Ansiaba tener más momentos así.

Notas de la autora.

¡Hola a todos!

Antes que nada… (y para los seguidores de la playlist del fanfic), la canción que en mi mente sonaba durante la escena cuando Will estaba en su apartamento debatiéndose sobre qué hacer sobre Susanna, era "give me love" de Ed Sheeran. En cuanto a la canción del bar, es Lovefool, versión de Postmodern jukebox. ¡Es genial! Es como escuchar música de los años 20's pero con canciones modernas.

Koisshi Saotome Ackerman: ¿Cómo rayos se causa un incendio con la secadora de cabello? xD bueno, el otro día casi tiro un extintor y ya mero hacía fiesta de espuma… Lo sé… Sebastian es el rey de las interrupciones "oportunas" (para él). Y francamente es divertido hacerlo rabiar. Habrá bastante de eso en la ruta de Will… muajajaja. Saludos a la familia :D

Espero les haya gustado el capítulo y nos leemos la próxima actualización, que por cierto estará muy interesante. ¡Saludos!