Capítulo 27. Ruta de William.
Invitados y números.
Al llegar a los laboratorios de AstraZeneca, Sebastian ya esperaba a Susanna en la entrada. No les tomo mucho tiempo llegar allí, pero al parecer el mayordomo tardó todavía menos en llegar. La reunión con el jefe de proyecto de investigación sobre el lupus duró casi una hora y la chica estaba muy complacida por los resultados, ya que no sólo habían logrado desarrollar un medicamento que se vendería a precios accesibles, sino que habían logrado inducir la remisión de la enfermedad en un 75% en un grupo de 150 pacientes.
El rostro de Susanna se iluminó ante la noticia, en especial porque los pronósticos de los científicos y doctores eran bastante alentadores y tal vez a mediano plazo, la cura contra la enfermedad podría ser una realidad. Sólo hacía falta continuar financiando la investigación y la chica se haría cargo de asegurarlo creando un fideicomiso.
Al salir de la reunión regresaron a la residencia. El sr. Haggard conducía el auto y Fer iba junto él en el asiento del copiloto, mientras Sebastian y Susanna iban en el asiento trasero. El viaje fue silencioso en un principio, hasta que el mayordomo comenzó a hacer conversación.
-Supongo que estará contenta, señorita.
-Muchísimo –ella le sonrió y miró hacia la ventana- al mi conciencia está un poco más tranquila.
-Además creo que la pasó muy bien hoy con el Sr. Spears ¿no es verdad, Señorita? –añadió Fer de manera inocente, pero sabía bien que eso no le causaría gracia al mayordomo; había pasado ya varios meses observándolo y por supuesto que se había percatado de las "atenciones especiales" que tenía para con la chica, así que sonrió con satisfacción al notar el cambio en la actitud de Sebastian y la mirada de reproche del señor Haggard.
-¿Con el señor Spears? –Sebastian arqueo la ceja y la miró como si esperase una explicación.
-Sí… estaba en la Iglesia de San Juan evangelista y me lo encontré… -ella explicó intentando escapar de la mirada insistente del mayordomo y con el tono de voz más casual que pudo- y después fuimos a tomar una copa. Nada del otro mundo.
-Vaya, qué casualidad… -era obvio que la imagen de William y Susanna juntos no le agradaba para nada.
-Y por cierto… mañana irán los shi… -ella se frenó antes de seguir hablando, al recordar que no estaba sola con el demonio- Grell, Ronald y William irán a la casa para hablar de negocios- ahora Sebastian parecía estar un poco molesto y su cuello se tensó, así que la chica se apresuró a explicar- es necesarios que dialoguemos con ellos, sabes que no podemos resolver esa situación si no es de forma colectiva.
-Me apena mucho ver que no confía en mis habilidades para resolverlo… entre otras cosas… - sus ojos de demonio brillaron por un instante y su expresión cambió radicalmente.
-Sabes muy bien que no es eso Sebastian –se mordió el labio y volteo a hacia la ventana para ver el camino de regreso a casa.
Susanna comenzó a sentir culpa al ver la expresión en el rostro de Sebastian. Nunca lo había visto así y aunque sabía que era un experto en el arte de la manipulación, y que sin duda esta era una de sus mejores actuaciones, le causaba pesar ver su apuesto rostro lleno de decepción, así que se repitió mentalmente que no debía caer en el engaño. Sin embargo, muy dentro de ella se preocupaba por él; se había encariñado con el demonio, a pesar de lo peligroso que esto fuera.
El resto del día la pasó encerrada en su estudio arreglando todo para el fideicomiso que dejaría para invertir en investigaciones médicas. No deseaba pesar en otra cosa y por suerte para ella, Sebastian no se apareció por el resto del día, más que para avisarle que la cena estaba lista y del resto se encargó Abby. El demonio había tomado cierta distancia aparentemente, pero en realidad él tenía otros planes
Al siguiente día, Susanna despertó al escuchar la voz de su mayordomo llamándola. Era una voz dulce que se escuchó junto a ella y la chica abrió los ojos poco a poco para encontrarse con el rostro de Sebastian a corta distancia del de ella, sonriendo y con un aura diferente.
-Buen día señorita. Es hora de despertar.
-¿Qué hora es? –todavía estaba muy adormilada.
-Son las ocho. Recuerde que hoy tenemos una reunión especial al medio día, pero tal vez quisiera aprovechar la mañana para hacer algo… ¿Ir de compras, tal vez? –de inmediato la chica rio.
-¿De compras? Estás bromeando ¿verdad?
-O tal vez pasear un poco –abrió las cortinas del cuarto- es un día hermoso y debería aprovecharlo. Además, he preparado el desayuno tradicional de su país –sonrió al ver que el rostro de Susanna se iluminaba con ilusión- ¿le gustaría desayunar en el jardín?
-Claro –se levantó de la cama- tomaré un baño y después bajaré al jardín.
-Estaré esperándola… -y después salió del cuarto, justo después de lanzarle una mirada seductora y cerrar la puerta tras él.
Susanna no tardó mucho tiempo en bañarse y se apresuró para vestirse de manera casual. Al salir del vestidor esperaba ver a Sebastian junto a la puerta, pero en cambio se encontró con Abby, que estaba haciendo la cama.
-Buenos días señorita ¿ha dormido bien?
-A… Abby…sí, bastante bien, gracias. ¿Tu cómo estás?
-Muy bien, gracias… desde temprano Sebastian nos ha estado instruyendo para hacer el desayuno y los bocadillos del medio día para sus invitados –Susanna arqueó una ceja- ah, y por cierto, él está en el jardín esperándola. Espero que disfrute sus alimentos.
-Lo haré, gracias.
Sonrió de manera amable y bajo las escaleras mientras se preguntaba qué tramaría Sebastian. Al salir al jardín se encontró con una mesa decorada de manera muy alegre. Había un pequeño jarrón con flores junto a un vaso de jugo, una taza de café y un plato grande con un platillo que hacía muchos meses que no veía. De inmediato una gran sonrisa apareció en su rostro y volteó a ver al mayordomo, quien estaba de pie junto a la mesa sosteniendo una servilleta cual somelier.
En lugar de portar su habitual uniforme de mayordomo llevaba un traje negro con camisa y corbata del mismo color, sólo que no llevaba saco y sólo vestía un chaleco sobre la camisa, haciéndolo ver un poco más informal que de costumbre, pero elegante y gallardo.
-Tome asiento, señorita –sonrió.
-Gracias… -y tomo un sorbo del jugo de naranja. Estaba delicioso y la comida olía excelente. Al probar el primer bocado la nostalgia la invadió y miro a Sebastian muy sorprendida- esto sabe igual que si lo hubiese preparado mi mamá. ¿Cómo…?
-¿Qué tipo de mayordomo sería si no pudiera complacerla con un simple desayuno? –se inclinó hacia ella con la excusa de servirle café- a estas alturas ya debería saber que mis habilidades son excepcionales –le susurró en el oído con una coqueta sonrisa en el rostro y después adoptó actitud solemne- además, antes de venir a Londres hablé con su padre sobre sus gustos culinarios y me proporcionó el recetario familiar.
-Vaya, que guardadito te lo tenías –bromeó y continuó desayunando.
Todo aquello logró poner de buen ánimo a Susanna y después del desayuno accedió a dar un breve paseo por la ciudad.
Una vez en Londres, el sr. Haggard estacionó el auto frente a un frondoso parque, y Sebastian acompañó a Susanna dar una caminata. La presencia del demonio era difícil de ignorar, pero gracias a que llevaba un atuendo más casual del que acostumbraba, la chica pudo sentirse más cómoda; no iba caminando junto a su mayordomo y bajo las miradas indiscretas de los transeúntes, sino que paseaba junto a un apuesto caballero… uno que constantemente tenía los ojos fijos en ella.
-¿Por qué tan callado? –de pronto ella habló.
-Ninguna razón en particular, señorita. Tan sólo supuse que querría pasar una mañana tranquila, considerando lo ruidosos que pueden ser sus invitados del medio día –el respondió con una gran amabilidad que no correspondía a la intención de su comentario, haciendo reír a la chica.
-¡Con que es eso! pues ellos no me parecen ruidosos. Por el contrario, son bastante amenos… -hizo una pausa- al igual que tus comentarios –sonrió.
-Lo tendré en mente –hizo una pequeña reverencia y continuaron caminando mientras él le contaba sobre la historia del barrio en donde se encontraban, hasta que un ladrido llegó a los oídos de la chica.
-¿Escuchaste eso? –volteó a su alrededor- viene de esa tienda de mascotas. ¡Vamos!
Sebastian la siguió, aunque no de muy buena gana, ya que se trataba de un perro y la idea de que Susanna decidiera adquirir uno le causaba un poco de repugnancia.
En cuanto entraron a la tienda el olor particular de shampoo para mascotas y croquetas llenó las fosas nasales de la chica, quien tenía una gran sonrisa en el rostro. Siempre le habían gustado los animales, pero desde su llegada a Londres no había podido convivir mucho con ellos.
Se trataba de una tienda en donde algunos animales estaban fuera de sus jaulas para que la gente pudiera convivir con ellos y Sebastian no dio más de dos pasos cuando un gato gris brincó a sus brazos.
-¡Pero qué belleza! –exclamó el demonio, cuya actitud cambio de manera radical y sus ojos parecían brillar de embelesamiento al acariciar al gato- ¿qué hace alguien como tú en este lugar? Estoy seguro de que muchos adorarían tenerte en su casa –la gatita maulló.
La escena le pareció muy cómica a Susanna. Sabía que Sebastian tenía una extraña fascinación por los gatos, y pocas veces había sido testigo de su interacción con ellos. Un temible y a veces perverso demonio prácticamente babeando por un gato. ¿Quién lo diría?
Ella definitivamente no olvidaría esa escena y decidió darle gusto al mayordomo, dejándolo jugar un poco con el gato. Echó un vistazo alrededor de la tienda y se entretuvo con un amigable perro que se le acercó.
Varios minutos después se acercó a Sebastian, quien seguía jugando con el gato gris y después se acercó a la puerta.
-Vámonos, Sebastian. No quisiera llegar tarde a esa reunión –él la miró con ojos melancólicos y después le volvió a hablar al felino.
-Lo siento mucho, pero debemos despedirnos… -su voz era formal, como si no le estuviese hablando a un animal pero fue interrumpido por la risa de Susanna.
-Descuida, ella viene con nosotros –y entones le mostró un collar rosa que acababa de comprar en la tienda.
-¿Lo dice en serio, señorita? –de pronto la miró como si fuera el ser más radiante del planeta.
-Claro… no soportaría que mi mayordomo estuviera todo el día con semblante lúgubre y melancólico porque tuvo que separarse de una gatita… –le sonrió y salió de la tienda. En alguna ocasión escuchó a Sebastian decir que uno de sus antiguos contratistas no le permitía tener gatos porque era alérgico, así que quiso darle gusto en algo que de verdad apreciara. Caminó un par de metros bajo la sorprendida mirada del mayordomo- ¿con ésta ya cuántos son?... ¿seis gatos en la casa? –rio al echarle en cara que su secreto no estaba tan bien guardado.
Una vez que regresaron a la residencia Serafer, Susanna aprovechó para verse en el espejo y verificar que estuviese presentable. Un gesto de vanidad alentado por la ligera sensación de nervios al pensar que pronto llegarían los shinigamis… que llegaría Will. Se acomodaba el cabello cuando de repente fue sorprendida por una voz detrás de ella.
-Se ve bien tal como está… en realidad, bien es quedarse corto–al voltear, se encontró con Sebastian, quien la observaba con una expresión que no pudo leer del todo. Parecía demasiado alto detrás de ella, pero quizás era su actitud y la forma en la que sus ojos la miraban. Atentos a cualquier reacción de su parte, casi hambrientos.
-Gracias –atinó a decir y después cambió el tema- ¿y dónde está nuestra nueva huésped?
-Oh, Mafer decidió dar un paseo por el jardín –él sonrió sin moverse de su lugar, como si sus palabras dieran algo por completo distinto a su actitud y a Susanna le dio la impresión de que se estaba acercando más a ella.
-¿Mafer? ¿Qué clase de nombre es ese para un gato?
-Parecía ser el adecuado… aunque me sería imposible explicar su significado.
-No me digas… -estuvo a punto de dar un paso hacia atrás cuando sonó el timbre de la casa- ¡deben ser ellos! –entonces lo rodeó y caminó hacia la puerta para recibir a sus invitados, dejando a Sebastian con el ceño fruncido.
En cuanto Abby abrió la puerta, se encontró con tres peculiares individuos a quienes ya había visto en diferentes ocasiones. Dos de ellos vestidos con traje negro y uno con saco rojo. El más joven de ellos sonrió y se apresuró a saludar.
-¡Hola!... Abby ¿verdad?
-Así es –sonrió amigablemente- adelante, señores. La señorita Susanna los está esperando –les indicó que asaran
-¡Oh, vamos! No me digas señor, no me veo tan viejo o… -y entonces la voz severa del Supervisor se escuchó.
-Ronald Knox, te recuerdo que estamos en asuntos oficiales.
-¡Ups! Lo siento, señor…
-Honestamente… -se acomodó las gafas- ¿cuántas veces debo…? –no terminó porque algo, o alguien más llamo su atención y su actitud pasó de ser severa a algo más tensa y nerviosa- ¡Susanna! Buenas tardes
-Hola –sonrió ampliamente- pero no se queden ahí, pasen. Vamos al estudio del segundo piso –les indicó mientras los veía pasar frente a ella. Ronald con una risita muy peculiar y Grell mirando a su alrededor.
-Me pregunto si estará por aquí… ¡Sebas-chan! Que apuesto te ves con esa ropa–dijo el pelirrojo con gran emoción, aunque no se abalanzó sobre el demonio, ya que la presencia de su jefe lo limitaba un poco.
-Buenas tardes –saludó el mayordomo con actitud solemne y evidentemente hipócrita, sobre todo cuando volteó a ver a William- Señor Spears… -el shinigami de cabello oscuro estuvo a punto de decir algo, pero antes de que pudieran seguir interactuando, Susanna camino hacia las escaleras, apresurándolos para que fueran hacia el estudio. Quería evitar cualquier tipo de discusión entre los dos… en la medida de lo posible.
Al llegar al estudio, se encontraron con que Abby había dispuesto una pequeña mesa con bocadillos, té helado y caliente para los invitados. Todo estaba dispuesto de manera cuidadosa y sobriamente adornado con un pequeño arreglo floral. En cuanto lo vio, Susanna se sorprendió; no esperaba algo así y de pronto el demonio le susurró al oído.
-Me encargué de que todo estuviese listo para sus "distinguidas" visitas.
Todos se pusieron cómodos; de alguna u otra manera, sabían que pasarían al menos un par de horas allí, así que los tres shinigamis se sentaron en uno de los sillones y la chica se dispuso a sentarse en uno individual casi junto a William, quien contestaba las coquetas sonrisas de la chica con su mirada, pero esto no duró mucho, ya que Sebastian se puso de pie entre los dos asientos con la excusa de estar ceca de ella en caso de que necesitara algo.
Los ojos verdes de William miraron al demonio con enojo y hartazgo, y al ver tal cosa, Susanna supo que sería una reunión larga, tediosa y por demás tensa, gracias a las actitudes y egos de ambos seres sobrenaturales.
Sin perder más tiempo, comenzaron a discutir sobre la última información que obtuvieron. Susanna les contó sobre el interrogatorio, por supuesto omitiendo las partes violentas y el cómo murió Aidan Crawford. De cualquier modo, ya lo debían haber visto en el cinematic record, así que no hacía falta hablar de ello. Explicó lo que él dijo sobre la numerología como aliada de esos sujetos y sobre la mención de un lugar preciso, así como energía y los desastres naturales como un ensayo de lo que vendría.
Todo aquello parecían ser conceptos aislados, o en su defecto, muy difíciles de relacionar, sin embargo, la expresión seria de Grell denotaba que se trataba de algo muy serio, y con voz ronca comenzó a decir.
-Eso quiere decir que ya tienen fecha para traer al ángel caído y hacer el enlace. Ahora sólo tenemos que descubrirla… que el rastro de migajas nos lleva a la numerología. Lo mismo con la locación. Debieron haber planeado esto desde hace tiempo y a estas alturas ya todo debe estar puesto en marcha.
-Espero que no sea muy tarde –dio Ronald con preocupación.
-Me parece que hay un par de libros de numerología en el sótano –la chica dijo de manera casual- creo que nos podrían servir. Voy a buscarlos.
-Te acompaño –William se apresuró a levantarse de su asiento.
-Sí, gracias –trató de disimular una sonrisa que comenzaba a dibujarse en su rostro- no tardaremos mucho… mientras tanto, ¿por qué no revisan los mapas de la ciudad en busca de probables locaciones? Sebastian conoce bien los puntos donde se concentra más energía.
El demonio entrecerró los ojos y la miró con cierta sospecha, misma que Susanna ignoró de manera deliberada y salió del estudio junto con William, dejando a Ronald y Grell discutiendo y buscando en los mapas los posibles lugares donde podría llevarse a cabo la invocación.
La chica guió a William hacia la entrada del sótano que se encontraba dentro de la casa y este la siguió con paso firme, mirando los detalles en la decoración de la casa, mismos que llevaban al menos un dos generaciones así, dándole un toque serio y formal.
-En verdad vives en una casa decorada con muy buen gusto. Es elegante y…
-Fría… -ella terminó la frase y lo miró de una manera muy peculiar- a decir verdad, el único lugar donde me puedo sentir en casa es mi habitación. El resto del lugar es demasiado... o mejor dicho, está moldeado al gusto de mi abuelo.
-Entonces debo entender que no te sientes del todo cómoda.
-La mayoría del tiempo no, pero tengo demasiadas preocupaciones como para angustiarme por eso –hubo una pausa- además, es temporal…
El silencio que siguió después de sus palabras fue incómodo. Ambos sabían a lo que ella se refería y mientras William sentía un nudo en el estómago al pensarlo, ella se reprochaba por haber tocado el tema. No era precisamente la manera en la que quería pasar ese tiempo a solas con él.
Abrieron la puerta del sótano y un escalofrío recorrió el cuerpo de Susanna. Siempre que visitaba aquel lugar era la misma sensación y las sombras que parecían estar ancladas ahí observaban cada uno de sus movimientos. Ella sólo podía ignorarlas; no tenía sentido el enfrentarlas o tratar de comunicarse con ellas. Podía ser riesgoso y el tan mencionado don familiar podría convertirse en una maldición, si no es que ya lo era.
De manera involuntaria, sus manos comenzaron a temblar en un acto reflejo al sentir la atmósfera del lugar y aquello se notó más cuando sostuvo la linterna que estaba colgada en la entrada del lugar. La oscuridad inundaba a su alrededor, a excepción de ese pequeño umbral iluminado por la lámpara.
De pronto una sombra se acercó mucho a ella y la chica no pudo evitar sentir miedo, pero una mano tocó su hombro de manera gentil.
-Yo también las veo –dijo William en voz baja, casi con ternura- son inofensivas. Sólo nos observan –y después tomo la linterna de la mano de Susanna y caminó junto con ella hacia donde estaban los libros- además, no dejaría que te suceda algo –su voz fue firme e hizo que Susanna se sintiera segura y protegida, con una sensación cálida que iba desde su abdomen hasta su garganta, dejándola sin palabras.
Cuando por fin llegaron a los libreros, en la parte más oscura y lúgubre del sótano, allí donde más sombras se habían congregado, ambos buscaron los libros de numerología. No sería tarea fácil, ya que no estaban ordenados y parecían estar mezclados los textos de alquimia con los de rituales mágicos y demonología… era lo que había leído William cuando volvió a sentir ese nudo en el estómago y volteo a ver a la chica.
-Susanna… -ella lo miró a la expectativa de lo que iba a decir- lo que dijiste hace un momento… -algo le impedía ordenar sus pensamientos- no lo puedo aceptar. Me niego a hacerlo. Debe haber una manera… podemos buscar alternativas o… -Susanna nunca había visto esa expresión de angustia en los ojos del shinigami, quien continuaba luchando por encontrar las palabras correctas, pero al final fue inútil y sólo suspiró, diciendo casi en susurro- te mereces una vida completa.
-Will... -se acercó más a él, sintiendo unas tremendas ganas de abrazarlo, no sólo por lo que sentía por él o lo que acababa de decir. Era el hecho de que él sabía bien cuál sería su destino y que era prácticamente el único que podría comprender su angustia.
Casi sin darse cuenta, Susanna movió su mano para tocar el brazo del shinigami y acariciarlo, esperando poder abrazarlo, y de pronto apareció una brillante luz junto a ellos.
-Oh, aquí están. Se me ocurrió que tal vez necesitarían más iluminación y un poco de ayuda para encontrar esos libros –era Sebastian, quien con una sonrisa triunfal había aparecido de improvisto.
Ella sólo miro hacia el suelo y suspiró, reuniendo todas sus fuerzas para no golpear al inoportuno mayordomo. Por su parte, el shinigami miró hacia el techo y luego hacia el demonio, mostrándole una de sus miradas más letales.
-Me pregunto si una rata inmunda como tú conoce el significado de la palabra imprudente…
-Oh, señor Spears… -dijo Sebastian riéndose de manera encantadora- lo conozco perfectamente pero… ¿qué me dice usted de la expresión "NI EN UN MILLÓN DE AÑOS"?
-Oigan… –Susanna por fin habló, interrumpiendo la discusión- creo que he encontrado uno de los libros –dijo mientras tomaba un volumen que estaba junto a ella.
-En efecto. Este libro podría ayudarnos mucho. Hay al menos otros seis en este estante de aquí… -el mayordomo se acercó a otro librero y tomo varios libros, mientras Susanna y William continuaban buscando en otro librero.
Al final consiguieron once libros sobre numerología y dos más que hablaban sobre los campos energéticos en Londres. Nada mal para comenzar a indagar dónde se llevaría a cabo la invocación del ángel caído, o en el peor de los casos, el enlace.
Cuando los tres estuvieron de regreso en el estudio, Grell y Ronald notaron la tensión entre ellos y aunque se morían de curiosidad por saber qué había ocurrido y el por qué Sebastian había bajado tan aprisa hacía unos minutos, ninguno de los dos hizo comentario alguno.
En cuanto los libros estuvieron sobre el escritorio, cada uno escogió dos y comenzaron a buscar datos relevantes. También utilizaron lápiz y papel para hacer anotaciones y combinaciones numéricas. Pasaron casi dos horas en esa tarea y de vez en cuando alguien hacía algún comentario o rellenaba su taza de té y en todo momento Sebastian estuvo al pendiente de los movimientos de Susanna, quien procuraba estar cerca de William, sin mucho éxito debido a que no estaban solos y a que el demonio se las ingeniaba para interrumpir.
De repente, a Susanna le dio la impresión de que no llegaban a ningún lado y arrojando un libro hacia el escritorio, exclamó.
-¡Rayos! ¿Por qué carajos es tan complicado entender esto de la numerología?
-Tienes razón –Ronald se recargó en el asiento del sofá e hizo una mueca de cansancio- y si a eso le sumas que hay infinitas posibles combinaciones, no tenemos un panorama muy alentador.
-No del todo. Creo que he encontrado algo importante –William habló, pero no apartó los ojos del texto que estaba leyendo.
-¿Qué encontraste? –ella se sorprendió.
-En la numerología cada número tiene un significado y…
-Señor Spears, ¿sería usted tan amable de decirnos algo que no sepamos ya? –Sebastian dijo con hartazgo
-Guarda silencio, demonio…. –hizo una pausa y continuó- si se trata de fechas, podríamos dividir los números en dos pares y una cifra de cuatro, misma que debe ser 2015, refiriéndose al año, claro está.
-¡Y los otros dos serán el día y el mes! –exclamó Grell.
-Exactamente. Cada día tiene un significado diferente y la energía en cada uno de ellos cambia de igual manera. En la antigüedad, las bodas se celebraban los días cuatro, ya que el número significa fortuna y felicidad –William se veía muy serio mientras explicaba, pero lo hacía con mucha paciencia.
-¿De ahí viene la tradición de los viernes 13 de mala suerte? –pregunto Ronald mientras su jefe asentía.
-Veamos –Sebastian tomó el calendario que había en el escritorio y comenzó a ojear las páginas del mes de agosto- ¿qué significa el 2?
- Más que in significado, representa fortaleza y feminidad -contestó William leyendo del libro – y si lo que necesitan es fortaleza mezclada con algo que simbolice el inicio o la fundación de algo, podría ser cualquier día que sumado diera como resultado el número 4.
-¿Sumado? -Susanna parecía estar confundida.
-¡Por supuesto! –Grell exclamó y tomó una libreta junto con una pluma de su chaqueta y comenzó a escribir una fecha- si sumas una fecha, por ejemplo 2 de agosto de 2015, sumarías 2+8+2+1+5, lo que daría como resultado… 18, y por último 1+8, es nueve… que significa… -miró a William como esperando a que él lo explicara.
-El nueve es simplicidad y potencia la neutralidad.
-Ahí está. Ahora veamos… -continuó el pelirrojo- las fechas próximas que suman el número 4 es…. 6 de agosto, 15 de agosto…
-Espera ¿dijiste 6 de agosto? –Ronald dijo con cierto interés –Grell asintió- ese día es el partido de…
-¡Chelsea contra Manchester United! –Susanna exclamó.
-¡Sí! –Ronald la vio con alegría en los ojos- ¿te gusta el fútbol?
-No, en realidad no mucho… pero hay un jugador del Chelsea que me gusta mucho y siempre estoy al pendiente de sus noticias… y ahora que lo pienso, no sería mala idea mover un par de influencias para conocerlo… ¿por qué no se me ocurrió antes? –sonrió para sí misma y después se apenó y bajó la mirada al ser consciente de las miradas acusadoras de los presentes, a excepción de Ronald, quien pareció tomárselo con gracia.
-Que haya un partido de futbol ese día no puede ser coincidencia. Si tuviera que adivinar, diría que ese día será el escogido para hacer el ritual –explicó Ronald.
-¿Y por qué piensas eso? –Grell parecía incrédulo.
-Aidan Crawford mencionó algo sobre energía ¿no es así?... pues la numerología no es lo único que la canaliza. En realidad, las personas también lo hacen, y qué mejor que un evento multitudinario, lleno de euforia y emoción, como lo es un partido de fútbol, para usarlo como potenciador.
-En ese caso, creo que tenemos nuestra fecha… -Sebastian sonrió y apuntó algo en el calendario- al igual que nuestro lugar…
El demonio caminó hacia uno de los libreros donde había un par de papeles enrollados, entre ellos un detallado mapa de Londres. Después lo extendió sobre el piso y sin ningún problema ubicó Stamford Bridge, estadio oficial del Chelsea FC. Usó un plumón rojo para marcar el lugar y después trazó un par de líneas que lo conectaban a distintos sitios aledaños: Brompton Cementery, London Oratory School, Hyde Park y la estación Fulham Broadway.
Tanto los shinigamis como Susanna lo miraron con curiosidad y sin comprender lo que hacía, hasta que William se quedó pensativo y se acercó para mirar el mapa con detenimiento y después comenzó a explicar con mucha seriedad.
-Por supuesto… son lugares desde los que podríamos entrar para detener la invocación. Hyde Park me parece una excelente opción, ya que está a cierta distancia y habrá mucha gente… lo suficiente como para pasar desapercibidos –siguió con su dedo las líneas de las calles para calcular cuánto tiempo tardarían en llegar a aquel lugar.
-¿Y por qué no simplemente entramos al estadio como aficionados?... eso sería más fácil –preguntó Susanna alzando una ceja.
-Me temo que no sabemos a detalle cuáles son los planes de ese individuo. Tampoco estamos seguros si el ritual se llevará a cabo ahí. Sugiero que utilicemos otra entrada y establezcamos una ruta de salida –contestó William con tono serio, indicativo del sin fin de pensamientos que comenzaron a formarse en su cabeza.
-¡Es obvio que el ritual se hará allí! -Grell se quejó y se sentó en el sillón- lo mismo sucedió con las pasadas invocaciones. Schneider usó las 200 almas de los contenedores e hizo el embrujo a pocos metros. Lo mismo tenían planeado hacer Soler y Crawford. Deben estar a una distancia corta.
-En eso tienes razón –William se puso de pie y ajustó sus gafas- sugiero recopilar información acerca de ello y revisar en nuestros archivos en busca de otras entradas al estadio o modificaciones recientes en el sótano del estadio. Susanna, me gustaría que nos reuniéramos nuevamente en cuanto tengamos la información necesaria –le dijo con cierto aire de formalidad pero utilizando un tono de voz amable mientras la veía con cierta duda en los ojos, tratando de decirle algo más.
-De acuerdo… –ella sonrió levemente y antes de decir otra cosa, Sebastian se puso frente a ella con un gesto serio mirando al shinigami.
-¿Y en cuánto tiempo será eso? Una investigación así podría tomarles días. Tal vez sería más fácil utilizar otros métodos o recurrir a alguien más… apto…
-¡Hey! –de inmediato Ronald alzó la voz, mirándolo con cierto enfado- ¿con quién crees que estás hablando? Los shinigamis somos más rápidos y efectivos de lo que piensas, demonio.
-En efecto… pero como era de esperarse-la expresión del Supervisor se volvió más rígida y fría, dirigida exclusivamente en contra de Sebastian- eso no es algo que una alimaña como tú lo sepa –lo miró con ojos de pistola por un instante y luego miró a Susanna, suavizando su mirada- ¿por qué no nos dividimos para investigar todos los puntos? Así podríamos tener resultados en dos días como máximo.
-Me parece muy bien, William –se acercó a él, ignorando a Sebastian por un instante- necesitamos que alguien vaya al estadio, que alguien más vaya al cementerio, otro a Hyde park y otro a la escuela de oratoria.
-Excelente idea. Tenemos cuatro locaciones y somos cinco. Sugiero que para seguridad de la señorita, ella no vaya sola a ninguno de estos lugares.
-Bien pensado, Sebastian. Entonces nos organizaremos de la siguiente manera… -y de pronto, una mirada pícara apareció en los labios de Susanna.
Notas de la autora:
Hola a todos. Aunque el capítulo tuvo un momento muy denso de explicaciones y esas cosas, me divertí mucho imaginando a Sebastian interrumpiendo justo en el momento adecuado. ¿Acaso creían que se iba a dejar ganar tan fácilmente? El también tiene un par de cartas bajo la manga. Y les adelanto… una de ellas es de lo más ingeniosa.
Por cierto, las locaciones en Londres las dejé con su nombre original, en la medida de lo posible, ya que en casos como London Oratory School, la traducción se presta a confusión.
Koisshi Saotome Ackerman: ¡Hola! ¿cómo van los incendios de escritorio? por suerte yo nunca he ocasionado uno, pero soy un poco torpe y hace unos días se me cayó la uña del dedo gordo de un pie (maldito alcohol…). ¡Y sí! Es tan divertido hacer rabiar a Sebastian y que vea que no siempre puede salirse con la suya y por otro lado, William es un amor con patas. Creo que tengo un crush… aunque claro, la ruta de Sebastian va a tomar un giro interesante… muajaja. ¡Saludos!
Nasel: No sé cuándo vayas a leer esto pero… 1.- sé que este capítulo te recordó a los chicos del ENCyM xD y 2.- gracias por tus comentarios. ¡Te extraño!
