Capítulo 28. Ruta de William.

Disfraces.

La decisión de formar equipos para visitar cada locación ya estaba tomada. Solo hacía falta ver quién iría a cuál lugar, y eso sin duda sería la parte más divertida para Susanna.

-El parque y el cementerio serán de fácil acceso, pero el estadio y la escuela van a ser un poco más complicados –la chica se quedó pensativa, intentando inventar una excusa para meterse en la escuela.

-Lo del estadio se puede solucionar fácilmente, ya que hay recorridos turísticos en el estadio al menos tres veces por semana –comentó Ronald- y podría haber algo parecido en la escuela… -y entonces ella caminó hacia el escritorio y encendió la computadora. Parecía estar muy atenta y concentrada.

Mientras tanto, los shinigamis discutieron sobre cómo infiltrarse en el estadio y el cementerio, mientras Sebastian los observaba con recelo y después se acercó a Susanna sin que esta se diera cuenta.

-¿Qué está buscando señorita? –le susurró al oído y ella no pudo evitar sobresaltarse. No se esperaba que el mayordomo fuese a aparecer detrás de ella- disculpe, no quise asustarla –sonrió de manera coqueta. Un gesto que sin duda buscaba tocar alguna fibra sensible dentro de ella, pero que al mismo tiempo buscó irritar a William, quien desde su asiento lo miraba fijamente, dándole a entender que no dudaría en actuar si este hiciera algo para molestar a la chica.

-¡Con un demonio! a veces parece ninja… estoy buscando cuando comienzan los cursos en London Oratory School –ignoró al mayordomo y se acercó a la pantalla para ver bien las fechas- las clases no comienzan aún…

-Eso significa que las oficinas de admisión estarán abiertas… -señaló el demonio mientras ponía su mano sobre su barbilla, señal de que estaba planeando algo.

-Claro… ahora sólo necesitamos conseguir un niño… -bromeo y todos la miraron al mismo tiempo- ¿Qué?... es una broma ¿de dónde carajos vamos a sacar a un niño que nos quiera ayudar y…?

-Tal vez el niño no sea tan imprescindible. Podríamos ir sólo a pedir informes –sugirió Ronald- ¡lo tengo! –y de pronto una sonrisa pícara apareció en su rostro y miró a su jefe y después a Susanna- ustedes pueden hacerse pasar por padres de familia.

-¡¿Qué?! –se escuchó al unísono en el estudio. Al parecer todos los presentes consideraron que su idea era un poco extravagante.

-¿No sería más fácil que ustedes se aparecieran ahí por arte de magia? –preguntó la chica un poco sonrojada.

-No del todo –William se aclaró la garganta- no es sólo aparecerse en el sótano y ver si tienen algún tipo de túnel; es hacer una inspección de todo el lugar.

De pronto hubo silencio. Todos pensaban una opción para llevar a cabo su cometido, pero necesitaban una excusa factible y que pudiese engañar al staff del colegio. No pasaron más de dos minutos cuando Grell añadió.

-No es una mala idea. Todos podríamos ir a pedir informes y…

-Claro... todos juntos. Eso no es nada sospechoso –Susanna comenzó a perder la paciencia.

-¡Hey! ¿Qué estás insinuando? –el shinigamis de cabello rojo se levantó de su asiento pero fue interrumpido por Sebastian.

-Podría hacerme pasar por un profesor que va a una entrevista de trabajo…

-¿En verdad?

-Sí. Una tarea tan fácil no será problema para mí. Me encargaré de elaborar los papeles necesarios y programar una entrevista con el director. Ya he hecho eso antes y no ha habido dificultad alguna –dijo con orgullo.

-¡Bien, entonces está arreglado! –exclamó Ronald- entonces él irá a una entrevista y ustedes dos irán también a pedir informes de la escuela para inscribir al pequeño Bill… -apenas podría contener la risa ante la idea cuando vio el rostro sonrojado de Susanna y la tensión en todos los demás.

-¿Y por qué no puedo ser yo quien vaya con Will? –Grell se apresuró a reclamar- yo sería una excelente esposa para él, ¿verdad, querido? –se acercó a su jefe con intenciones de abrazarlo, pero este lo golpeó con su death scythe y añadió.

-London Oratory School es una institución muy tradicional y conservadora. Por obvias razones dudo que tu idea funcione… Grell Sutcliff –hizo una pausa- sin embargo, podrías infiltrarte también como profesor –volteó a ver a Sebastian con el rostro inexpresivo, pero sin duda era una pequeña venganza por lo que hizo hacía unas horas en el sótano- podrían ir ustedes dos juntos a la entrevista, como buenos colegas…

Sebastian frunció el ceño y sintió como una pequeña vena se hinchaba en su frente mientras Grell se abalanzaba sobre él con gran entusiasmo y le lanzó una letal mirada a William, quien parecía estar complacido con lo que acababa de hacer. Tal parecía que los únicos conformes con el plan eran Ronald y, hasta cierto punto, el Supervisor.

Dos días después, el plan para infiltrarse en London Oratory School estaba a punto de comenzar. Eran las diez de la mañana cuando dos shinigamis aparecieron en la puerta de entrada de la residencia Serafer, pero a diferencia de otras ocasiones, Grell llevaba un atuendo que, aunque era extravagante, se veía profesional y consistía en unos pantalones y corbata rojos con camisa blanca, y un suéter negro. Algo que iba muy de acuerdo a su personalidad.

Por su parte, William iba con las mismas ropas profesionales de siempre y Susanna, quien iba vestida con un atuendo clásico y elegante de madre de familia; llámese un conjunto en rosa coral con una discreta blusa blanca, lo miró con incredulidad y arqueó una ceja.

-¿En verdad piensas ir así? –dijo como si fuera un leve reclamo.

-¿Qué tiene de malo? –dijo casi ofendido y antes de que pudiesen decir algo más, apareció Sebastian detrás de ellos con un atuendo clásico de profesor: traje negro que en lugar de llevar chaleco, llevaba un suéter del mismo color, camisa blanca y una corbata que combinaba con el resto del atuendo. Su cabello estaba peinado hacia atrás y llevaba unos lentes que lo hacían ver intelectual y complementaban el look. Se veía muy atractivo y de inmediato los ojos de Grell brillaron.

-Adelántense. Los veremos en la escuela en media hora –dijo Susanna mirando a Sebastian con una expresión seria y antes de que éste pudiera decir algo al respecto, ella se puso de puntillas, tomándolo del hombro y le dijo en el oído- es una orden –y después le dio un pequeño empujón para que saliera junto con Grell.

Una vez que los dos "profesores" hubiesen salido de la casa, ella volteó ver a William con cierta desaprobación.

-Will, no te ofendas pero pareces burócrata, no un padre de familia –el abrió la boca para decir algo, pero al ver la determinación en el rostro de la chica se detuvo- creo que podemos hacer un par de modificaciones.

-¿Qué tipo de modificaciones? –arqueó la ceja.

-Ya verás –le guiñó el ojo coquetamente y lo miró de arriba debajo de modo poco sutil, causando que el shinigami se pusiera un poco tenso… o nervioso… intentó no ponerle adjetivo y casi de inmediato se escuchó como la chica alzaba la voz mientras caminaba hacia la cocina- ¡Fer!... ¡Fer! ¿dónde estás? –después se asomó y le dijo al shinigami –toma asiento en la sala, en seguida voy- y entonces volvió a desaparecer.

William hizo lo que Susanna le dijo, suspirando y sintiendo ansias por no llegar tarde a la cita en la escuela. Sin embargo esa sensación no duró mucho porque Susanna regresó en poco tiempo, trayendo consigo una camisa a cuadros de color azul.

-Bien… creo que Fer y tu son la misma talla –le dio la camisa- con esos pantalones que traes y esta camisa, se verá más casual… no me veas así, no tenemos tiempo –dijo ignorando la mirada de reproche de William y jalándolo del brazo para que entrara al baño a cambiarse.

Cuando salió su parecía una persona diferente; alguien más relajado. No llevaba el saco ni la camisa blanca y sus guantes habían desaparecido. En cambio vestía esa camisa azul con cuadros pequeños y la corbata puesta.

-Mucho mejor pero… esto se tiene que ir- y ella se acercó para quitarle la corbata, pero se detuvo cuando fue consciente de lo cerca que estaba de él y lo sugestivo que podía ser lo que estaba a punto de hacer.

Susanna se puso nerviosa y dio un paso hacia atrás mientras él disfrutaba con su reacción. Nunca la había visto así y desde luego supo el porqué de su actitud, sin embargo no dijo nada para alterarla más y con movimientos precisos se desabrochó la corbata. Después procedió a arremangarse las mangas para completar el estilo "casual-elegante". No estaba tan perdido en esas cuestiones de moda, sólo que no les deba mucha importancia.

Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo más, Fer se acercó a ellos y con una gran sonrisa exclamó.

-¡Vaya, que cambio!... creo que le queda mejor la camisa al Señor Spears que a mí ¿no lo cree, señorita? –no pudo perder la oportunidad de meterle un par de ideas a la chica, aunque se lamentó porque Sebastian no se encontraba allí para rabiar un poco.

-Yo… debemos irnos... –y caminó hacia la puerta- muchas gracias, Fer -y entonces salió de la casa y se dirigió al garaje, seguida por William que hizo un gesto de agradecimiento al muchacho y se acercó a la chica, quien ya lo esperaba junto a un precioso Betley azul eléctrico- ¿quieres manejar? –le sonrió y le ofreció las llaves.

-Por supuesto –ocultó una pequeña sonrisa que comenzaba a asomarse en su rostro y se acercó a la chica para abrirle la puerta. Después él entró al auto, encendiéndolo y mirándola con ternura- aquí vamos.

El camino hacia el colegio fue un poco largo, pero para ellos pasó demasiado rápido; iban afinando los últimos detalles de su historia, de modo que no fuera tan sospechosa para el director.

William estacionó el auto lo más cerca que pudo de la escuela y después ambos caminaron hacia la entrada. Susanna tomó aire antes de entrar. Nerviosa porque todo saliera bien, pero también preocupada porque su interacción con el shinigami no fuera demasiado tensa. Al notar esto, William se acercó un poco a ella y en voz baja le dijo.

-Todo saldrá bien. Sólo ten confianza.

Y después de eso la tomó de la mano de manera casual; como si fuera lo más natural del mundo. William pensó que ese era un gesto por completo ajeno a él. Algo que nunca haría, sin embargo su mano se sintió muy cálida en contacto con la de Susanna. Su piel estaba unos grados más abajo que la de un humano normal, así que el contraste con la de la chica le resultó agradable. Como si fuera lo correcto.

Por su parte, Susanna estuvo a punto de sonrojarse, pero eso pasó rápido y tomar la mano del shinigami la llenó de seguridad para continuar con la actuación. Caminaron por el pasillo de entrada y ella lo miró con una amable sonrisa, admirando su apuesto rostro y olvidándose de lo demás por un segundo; dejando su mente volar… hasta que una voz masculina se escuchó a lo lejos.

-¿Señores Spears? –no, no habían podido inventar un nombre más original- son ustedes ¿verdad?

-Sí –Susanna sonrió al ver que un hombre mayor se les acercaba.

-Mucho gusto, soy el director Cole- los saludó estrechando su mano, haciendo que finalmente se soltaran- me da gusto que hayan decidido considerar nuestra institución como una opción para su hijo. Vengan conmigo para que les hable de la escuela y los panes de estudio…-ella sonrió de la manera más natural que pudo y junto con el shinigami caminaron siguiendo al director.

La charla duró casi una hora. El director era alguien muy comprometido con su trabajo y los valores del colegio, por lo que pasó la mayoría del tiempo hablando sobre la filosofía de la escuela, los valores, logros académicos y el tipo de perfil que buscaban para sus alumnos.

Una vez terminada con la charla y haber pasado la pequeña entrevista a los supuestos padres de "Billy", dieron un pequeño tour por las instalaciones del colegio.

La escuela era muy grande y había un sinfín de salones, laboratorios y jardines. Era una institución verdaderamente completa y seria, que incluso resultaba un poco intimidante a simple vista.

Mientras caminaban por el lugar, tanto Susanna como William se fijaron en cada pequeño detalle, y hacían preguntas sobre qué tan seguido hacían remodelaciones en el inmueble, buscando una probable modificación que pudiese conectar el campus con el Stamford Bridge, sin embargo no encontraron nada relevante.

-¿Y qué edad tiene Billy? –preguntó el director.

-Él tiene siete años –ella respondió, agradeciendo mentalmente el tiempo que tuvieron para ensayar la historia ficticia.

-¡Vaya! Es un pequeño todavía –hizo una pausa- Señora Spears, si me permite decirlo… usted se ve muy joven.

-Oh, es que… me casé muy joven. Casi cuando comencé la universidad –le sonrió a William.

-Así es. Hace ocho años –la abrazó con su brazo izquierdo y explicó con seriedad, cosa que no era congruente con el afectuoso movimiento que acababa de hacer- el tiempo pasa muy rápido…

-Demasiado y… -entonces vio como a lo lejos Sebastian y Grell iban caminando junto con otro profesor.

-Vaya, que coincidencia. Parece que son los nuevos maestros de nuestra institución… -hizo un gesto para que se acercaran a ellos.

En cuanto Sebastian vio que William estaba abrazando a Susanna, un resplandor causado por sus ojos de demonio apareció en sus pupilas, pero lejos de soltarla, el shinigami caminó hacia el con mirada retadora y Susanna supo que, de no ser porque estaban en público, se habría desatado una batalla campal.

-Señores Spears, les presento al profesor Michaelis y al profesor Sutcliff.

-Mucho gusto –ella sonrió y después de mordió el labio para que no se le escapara una risita nerviosa.

-Estaba dándoles un recorrido por las instalaciones a los profesores –añadió el hombre que acompañaba a Grell y a Sebastian.

-¡Qué coincidencia! Nosotros estábamos haciendo lo mismo, sólo nos falta pasar a ver las canchas de rugby y futbol.

-Qué lástima. Nosotros estábamos terminando. Nos veremos después, señor director… hasta luego –se despidió el profesor y tanto el demonio como el shinigami pelirrojo siguieron su camino, no sin antes lanzarle una mirada de reproche a William y a Susanna, respectivamente.

La chica sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Sin duda se enfrentaría a algún reclamo por parte de su mayordomo.

El recorrido por el colegio continuó por algunos minutos más y, sin haber encontrad indicios de que pudiese haber una entrada subterránea allí, "los señores Spears" salieron del colegio. La tensión ya había pasado y habrían retomado sus verdaderas identidades mientras se acercaban al coche, guardando nuevamente cierta distancia entre los dos.

Sin duda ella lo había disfrutado, incluso a pesar de la tensión y lo extraño que pareció ser al principio, sin embargo le sorprendió mucho la actitud de William. La seriedad del shinigami siempre la había dejado intrigada.

En cuanto a William, en la superficie parecía tan reservado como siempre, pero no le desagradó para nada el contacto que tuvo con la chica, aunque lo que más disfrutó fue tomarla de la mano, ya que fue un gesto sincero; no había sido forzado por las circunstancias, sino que estas habían sido la excusa perfecta para hacerlo. Ya llevaba tiempo queriendo acercarse más a ella pero por alguna u otra razón no había podido hacerlo. Tal vez ese sería el día en el que por fin lo lograra.

Ambos pensaban cosas similares mientras caminaban hacia el coche cuando una bellísima chica de cabello negro ondulado apareció frente a ellos, a varios metros de distancia. Tenía un cuerpo que toda chica envidiaría y cualquier hombre desearía. Llevaba un vestido morado ajustado y que exaltaba sus atributos justo en los lugares correctos. Tenía una mirada seductora, casi soberbia y sus ojos eran de un café muy peculiar, casi caoba y miraban coquetamente a los hombres junto a los que pasaba, quienes sin dudar un segundo volteaban a verla. Era como si hubiese salido de una revista de modelos, pero era demasiado real.

Susanna notó que se estaba acercando a ellos con una gran y coqueta sonrisa, pero antes de poder hacer comentario alguno, vio cómo se acercaba a William y lo rodeaba con los brazos, dejándola atónita.

-William, cielo ¿cómo estás? Que coincidencia encontrarnos aquí –estaba demasiado cerca del shinigami y este de inmediato trató de apartarla de él de manera educada y un poco perplejo.

-Disculpa… ¿te conozco? –estaba confundido y la miró con detenimiento. Había algo en ella que le parecía familiar e indudablemente fuera de lugar.

-Oh, pero qué bromista eres… -rio seductoramente- desde aquella noche no puedo dejar de pensar en ti. Sé que fue sólo hace unos días, pero parece que fue ayer cuando estrenamos la cama de mi departamento en Manchester–de inmediato Susanna se sorprendió y alzó las cejas, aunque más que estar sorprendida, sintió un nudo en la garganta y unas repentinas náuseas por la gran desilusión que acababa de sentir- oh, disculpa.. ¿tú eres…? –la desconocida por fin le habló a Susanna mientras abrazaba el brazo de William, quien estaba también desconcertado, pero con un gesto serio mientras observaba a la chica con cierta sospecha.

-Yo… -dijo casi atónita, pero después sonrió cínicamente- aparentemente nadie importante. Te veo luego, William –y entonces se apresuró a llegar al auto y tan rápido como pudo lo encendió y pisó el acelerador con dirección a casa.

-Vaya, parece que tenía prisa –volvió a reír la chica- mejor para mí… -y de pronto hizo un gesto victorioso que William reconoció al instante. Sabía que había algo raro con esa chica y su presencia le parecía demasiado sobrenatural como para tratarse de un humano.

-¡Debí imaginármelo antes! –brincó hacia atrás para alejarse- ¡espectro del infierno!

-¿Yo? –dijo la chica con inocencia.

-¡Deja de pretender…! –y entonces sacó su death sythe, pero antes de que pudiera hacer algo más, Grell apareció.

-¡Will! ¿has visto a Sebas-chan? Estábamos… ¿pero quién es esta? –vio a la chica con cierto desprecio.

-¿Qué no te das cuenta?... es ese… ese desecho de la vida…

-¿Sebas-chan? –Grell miró a la chica por un momento- vaya, que cambio… -y entonces la actitud de la "chica" cambió radicalmente y puso una mano en la cintura.

-Pensé que al ser shinigamis me descubrirían antes… claro que mi disfraz es excelente –sacudió su cabello de forma coqueta y comenzó a reír- debiste haber visto tu rostro William –rio de manera presuntuosa- es interesante ver cómo un pequeño malentendido puede tener tantas consecuencias…te lo dije, ni en un millón de años–y comenzó a caminar.

-¡Espera! Esto no se va a quedar así… -apretó con fuerza su death scythe, luchando por no atravesarle el pecho con este.

-Lo sé… tendré que vérmelas con la señorita cuando regrese a casa, pero… valió la pena. Sobre todo después de lo de hace un momento –y entonces lo miró con sus ojos de demonio y siguió su camino, dejando a Grell bastante confundido y a William muy enojado.

Mientras tanto, en otro lugar de Londres, en el estadio de Stamford Bridge, para ser exactos, un grupo de aficionados se reunía en la entrada del lugar. Todos parecían estar ansiosos de conocer la casa de su equipo favorito y mientras una atractiva chica, quien era la guía les daba la bienvenida, Ronald Knox, vestido con uso pantalones de mezclilla y la playera del Chelsea sonreía ampliamente mirando a su alrededor.

-En situaciones así, el trabajo puede ser muy divertido… -y después caminó junto con el resto del grupo, quienes se dirigían a la primera parada del tour.

El estadio era enorme y tenía varias entradas, por lo que sería difícil adivinar por cuál entraría Demian, si es que tenía planeado hacerlo por una de ellas. La tienda oficial del equipo también era muy grande y estaba conectada a un gran almacén donde los uniformes, balones y mercancía oficial estaban guardados.

El shinigami de cabello rubio no tuvo mucho éxito encontrando una salida discreta hacia el almacén, pero el día del partido habría demasiada gente como para notar que alguien entraba a la bodega. De inmediato tomó nota de ello.

Después de la tienda, la guía los llevó hacia el salón de trofeos, donde estaba exhibidas todas las copas, medallas y galardones del equipo. En ese mismo lugar, vieron un video sobre la historia del equipo y el estadio. Mientras el resto del grupo veía el video con atención, Ronald aprovechó para lanzarle sonrisas y miradas coquetas a la guía, a quien parecía haberle agradado el muchacho.

La siguiente parada fueron los vestidores, en donde estaban los lockers de los jugadores. Cada uno tenía su nombre y fotografía, y el shinigami aprovechó para tomar un par de fotografías. Al salir al estadio, todos se emocionaron mucho y la guía les permitió tomarse fotografías en la banca, tiempo que el infiltrado aprovechó para echar un vistazo a las demás entradas al estadio.

Todas parecían estar vigiladas por cámaras de seguridad y aquellos lugares que no tenían cámaras, seguramente estarían ocupados por medios de comunicación, así que sería muy difícil pasar desapercibido y al mismo tiempo, causar un gran alboroto sería pan comido.

La siguiente parte del tour los llevaría hacia las gradas, con capacidad para 40,000 espectadores. Era una cantidad impresionante de personas, y el sólo pensar que estas podrían ser sacrificadas para traer al ángel le causaba escalofríos al chico, quien seguía tomado nota de todo lo que observaba. En definitiva eso sería como buscar una aguja en un pajar en especial porque no sabían si el tal Demian entraría al estadio o no.

Al terminar el tour, la guía se despidió del grupo con mucha amabilidad y cuando todos se fueron, Ronald se acercó a ella con una gran sonrisa y actitud de galán, a lo que ella contestó con una sonrisa pícara.

-Hola…¿Anne, verdad?

-Vaya, recordaste mi nombre.

-Por supuesto, cómo podría olvidarme del nombre de una chica tan linda como tú. Mi nombre es Ronald –sonrió ampliamente.

-Muy bien, Ronald ¿qué puedo hacer por ti?

-Pues verás… -se acercó a ella y le habló en voz baja- desde hace muchos años soy un gran admirador del equipo… creo que es un poco obvio ¿no? –rio un poco al ver su playera- y creo que tienes un gran carisma para dar tours. Me gustó mucho como hablabas sobre la historia del lugar, y en especial cuánto conoces del equipo, y me preguntaba si, de pura casualidad no habrá alguna versión extendida del tour…

-¿A qué te refieres? –ella alzó la ceja, pero parecía estar intrigada por el chico frente a ella.

-Me refiero a que… tal vez conozcas las entrañas de este estadio ¿no? lo que hay debajo de todo esto… tal vez un lugar más… -se acercó a la oreja de la chica le susurró con voz seductora- …privado… -al instante la chica se sonrojó y sonrió con amplitud mientras lo veía con ojos traviesos.

-Por supuesto… ven conmigo –y entonces caminó junto con él hacia una puerta que parecía estar escondida y que daba directamente hacia el nivel subterráneo del estado.

Una vez abajo, él usó sus ojos y sentidos de shinigami para mirar a su alrededor, mirando cada rincón por el que podría haber otra entrada o sitio para hacer un ritual de ocultismo y pasar desapercibido.

-Wow… ¿hay gente que venga por aquí? –preguntó intentando sonar lo más casual que pudo.

-Descuida. Sólo vienen los de mantenimiento dos veces al día… por la mañana, para programar los aspersores del pasto y por las noches para encender las luces cuando se necesita…. Nadie nos va a interrumpir –le guiñó el ojo mientras caminaba frente a él, adentrándose más en el sótano, que estaba muy iluminado.

-¿Qué hay por ahí? –él preguntó cuando sus ojos percibieron un pasillo aparentemente clausurado por cintas amarillas.

-Oh… no es nada. Hace un par de semanas repararon unas grietas en las paredes e instalaron un sistema de riego auxiliar… bastante impresionante… se conecta a una de las grandes tuberías que pasan por aquí cerca.

-No me digas… -de inmediato sonrió: había encontrado la entrada perfecta, pero antes de reparar más en el asunto, sintió cómo la chica se acercaba a él y lo abrazaba por el cuello, a lo cual él respondió rodeando su cintura y atrayéndola hacia él, listo para una intensa sesión de besos.

Esa misma tarde, en la residencia Serafer, Susanna estaba sentada en el balcón, pensando en lo que había ocurrido hacía algunas horas. Sabía que era tonto sentirse así; ella y William no eran nada más que amigos… o quizás socios para evitar que el dichoso Enlace se llevara a cabo, sin embargo ella sentía algo más por él y lo que había visto en la tarde la había desilusionado muchísimo.

Todo había sido tan rápido y tan extraño. Esa chica había salido de la nada y… en realidad, William nunca pareció reconocerla. Tal vez sería una confusión… o tal vez no. No se detendría mucho en pensarlo, ya que fuera lo que fuera, su disgusto se había notado muchísimo y la próxima vez que tuviese que verlo sería muy incómodo.

Dejó que sus sentimientos se notaran; que sus celos fueran evidentes y eso seguro no pasó desapercibido por William. De pronto vio cómo Mafer se acercaba a ella y comenzó a acariciarla, sintiendo una lágrima recorrer su mejilla. Un instante después, Sebastian se acercó a ella, despacio y con una actitud diferente.

Después hizo un gesto muy solemne y comenzó a hablar. No podía ocultarle la verdad, aunque definitivamente, era algo que había valido la pena; una pequeña victoria en una batalla que comenzaba a ver como perdida… sin embargo, ese no era el fin de la guerra…

La gran biblioteca de la dimensión de los shinigamis lucía tan solitaria y silenciosa como siempre; pocos eran los que frecuentaban el edificio, y los que lo hacían era con el fin de hacer algún tipo de indagación o investigación especial, tal y como lo hacían en ese momento el Supervisor Spears y Grell Sutcliff. Habían pasado el día revisando cinematic records en busca de alguna pista que les dijera dónde se llevaría a cabo el ritual para traer al ángel caído.

Los criterios de búsqueda giraban en torno a recientes obras de mantenimiento y construcciones en Londres. No era una tarea fácil ni entretenida. A decir verdad era un trabajo bastante tedioso y aburrido, pero era necesario para saber dónde ocurriría todo. En el último año se habían hecho alrededor de treinta obras subterráneas en la ciudad, mismas que variaban desde mantenimiento a alcantarillas hasta ampliaciones en las vías del metro.

De acuerdo a su última reunión con Susanna y Sebastian, la invocación sucedería cerca del Stamford Bridge y gran parte de su investigación dependía de las habilidades de Ronald para infiltrarse en aquel lugar, pero desde el medio día no sabían nada de él. Eso no tenía muy contento a William, quien además seguía muy enfadado por lo que Sebastian había hecho. Poco le faltó para acribillarlo con su death scythe, pero no se rebajaría a su altura.

Comenzaba a sentir los indicios de una espantosa jaqueca y de pronto se escuchó la puerta abriéndose y cuando él y Grell voltearon, Ronald entró al lugar con una gran sonrisa, aún vestido con ropas casuales. Llevaba en la mano dos rollos de papel alargados.

-Asumiré que la razón por la que aún llevas ese atuendo es que viniste lo más pronto posible –William lo miró con severidad y desaprobación. No estaba de humor para infractores y esa camiseta de fútbol rompía con las reglas de los shinigamis.

-¡Por supuesto!... vine en cuanto pude y encontré algo en el estadio.

-Cuéntanos –Grell se recargó en el barandal que estaba frente a los libreros y miró a su compañero con atención.

-El estadio tiene miles de entradas e incluso hay un almacén detrás de la tienda oficial, pero dudo mucho que el ritual se lleva a cabo ahí; pondría en riesgo a quien sea que haga la invocación. Las entradas, aunque son muchas y muy amplias, no permitirán que los espectadores evacúen el lugar en menos de media hora, así que el lugar es ideal para el ritual. La pregunta es ¿en dónde?...

-Eso es precisamente lo que tenías que investigar… -William parecía perder la paciencia.

-¡Exacto! –de repente sonrió el joven shinigami- con ayuda de mis habilidades especiales, pude observar que en el sótano del lugar, mismo que convenientemente es poco recurrido, se han hecho arreglos en las últimas semanas.

-¿Qué tipo de arreglos? –preguntó Grell.

-Según me dijeron, las paredes y el piso recibieron mantenimiento y una tubería se conectó a uno de los túneles del metro. Entonces me di a la tarea de buscar el plano del metro… -tomó uno de los rollos de papel que tenía en la mano y lo estiro sobre el piso- eh… disculpen, este no es… -dijo al notar que el que había tomado era un poster de los jugadores del Chelsea y apresurándose a tomar el mapa, ignorando la severa mirada de su jefe- este es… -cuando el plano estuvo en el piso señaló con un bolígrafo los puntos de intersección del metro y el estadio- la tubería llega hasta el metro. Es un tubo grande que requiere mantenimiento cada cierto tiempo, por lo que es un túnel amplio donde se puede meter maquinaria y alrededor de tres personas pueden caminar sin problemas.

-Es posible que el ritual se lleve a cabo ahí… -observó William con cierto aire de alivio. Estaba cansado de revisar los cinematic records sin una pista clara.

-Podríamos entrar por el metro. Hay mucha gente por ahí, así que nadie notaría que entramos en el túnel…

-En realidad revisé la estación y… hay muchos policías, pero noté otra cosa interesante. Miren –señaló otro túnel que se alejaba un poco de la estación, pero también tenía una intersección con el estadio- aquí hay otro túnel que va a dar a Hyde Park y otro al cementerio de Brompton.

-¿El cementerio de Brompton? –dijo William como si acabara de comprender algo-un momento…. –y de repente se levantó de su asiento y caminó hacia el otro lado de la biblioteca, dejando a los otros dos shinigamis muy confundidos. Un par de minutos después, regresó con un cinematic record- recuerdo haber recolectado un alma durante la II Guerra Mundial. Era de un párroco que ayudaba a los huérfanos de la guerra –caminó hacia ellos y la película comenzó a brillar, mostrando a un hombre de edad madura apresurando a un grupo de niños para que entraran a un mausoleo- durante la guerra se adecuaron varios túneles para protegerse de los bombardeos enemigos. Uno de ellos está justo debajo del cementerio Brompton y la entrada está justo aquí –señaló la construcción- señores, creo que tenemos una ruta de entrada o salida, pero sería prudente echar un visitado en Hyde park –pensó por un momento y después dijo con un tono de voz cansado- mañana nos haremos cargo de eso. Pueden irse a casa… yo lo haré –y entonces caminó hacia la salida bajo la mirada confundida de sus dos compañeros de trabajo.

-¡Excelente! –exclamó Ronald con una gran sonrisa en cuanto su jefe salió de la biblioteca.

-Hoy ha sido un día muy extraño y me he abstenido de hacer preguntas, pero esto sí debo averiguarlos… -el pelirrojo miró al shinigami más joven- ¿por qué tienes un chupetón en el cuello? –de inmediato Ronald se puso muy pálido y rio con nerviosismo.

Esa misma noche, Susanna continuaba en su cuarto pensando. Sebastian había explicado todo y le había pedido disculpas. En cuanto ella escuchó lo que su mayordomo había hecho, se enfureció y le gritó como nunca lo había hecho. No tenía ningún derecho de interferir en sus asuntos personales, y no podría perdonarlo tan fácilmente.

Sin duda, él sabía que había hecho algo mal y por eso mismo aceptó los reclamos y regaños con estoicismo. Había disfrutado hacer enojar al shinigami, pero genuinamente lamentó haber hecho sentir mal a Susanna. Se preocupaba por ella y sus travesuras de demonio podrían dañarla más allá de su control y eso no lo disfrutaba en lo más mínimo. La chica le pidió que no la buscara hasta que ella misma lo volviera a llamar. No quería verlo por un buen rato, quizás días.

Se sentía agotada después del día tan intenso, pero había algo que debía hacer antes de irse adormir, así que sin perder más tiempo tomo el silbato que William le había dejado y comenzó escribir un mensaje.

Una vez que terminó, ató la carta a la pata de la paloma, quien ya llevaba algunos minutos esperando. Esta vez se trataba de un ave que comportamiento extraño, pero decidió no darle importancia y enviar el mensaje, en donde le pedía disculpas al shinigami y explicaba lo que había sucedido. Se preguntaba qué contestaría él. A esas alturas, él debía ser muy tonto como para no darse cuenta de que esas explicaciones implicaban que ella se interesaba en él de manera romántica, así que las ansias se hicieron presentes dentro de Susanna, al igual que las expectativas por ver su respuesta.

Cuando por fin recibió su contestación, se apresuró a abrir el mensaje. Era breve y la casi perfecta caligrafía de William resaltaba en el papel.

"Me apena mucho que algo así haya sucedido. Debí reaccionar antes y haberte detenido para explicarte lo que sucedía. Debí haber hecho muchas cosas, pero no fue así. Espero me permitas compensártelo. Todavía hay que investigar los túneles en Hyde Park ¿irías mañana conmigo? Me gustaría que diéramos un paseo"

Al leer eso, Susanna sonrió y le respondió con una afirmativa. El día siguiente no podía llegar demasiado rápido.

Notas de la autora.

¡Hola! Traté de escribir algo romántico y en vez de eso salió algo más… alternativo y gracioso. ¿Acaso creían que nuestro querido demonio se iba a quedar con los brazos cruzados mientras Susanna se va con William? ¡Pues no!... y por alguna razón me imaginé a la actriz Nina Dobrev cuando visualicé a Sebastian de mujer xD

También fue muy divertido escribir la escena de Ronald… personalmente se me hace un gran tipo y de los más fáciles de escribir.

Naselbelop19: ¡Claro, lo prometido es deuda! Y todavía falta el otro muajaja. De verdad me da mucho gusto que te esté gustando tanto la historia. Eso significa que voy por buen camino. Sobre todo si se trata de ponerle piedras en el camino al pobre de Will (que también tiene lo suyo…) la verdad es que las dos rutas son interesantes. ¡También te extraño! Pero estaré en tu corazón mientras me recuerdes… ok no, eso estuvo muy mamón. Jajaja ¡saludos!