Capítulo 31. Después de la tormenta. (Ruta de William)

Mientras huían de la inundación, Susanna sintió tremendas ganas de llorar. Estaba a punto de perder las esperanzas y, a pesar de estar tan cerca de William, un par de lágrimas salieron de sus ojos. El shinigami lo notó cuando ella lo abrazó con más fuerza, como buscando su cercanía y, por un breve instante, su expresión se suavizó, pero continuó corriendo para evitar que el agua los alcanzara y en menos de tres minutos estuvieron de vuelta en la catacumba del cementerio Brompton.

Una vez fuera de allí, William bajó a Susanna con mucho cuidado y la miró, preguntándose si seguiría llorando, pero ya no lo hacía. En cambio, ella evitó su mirada y volteó hacia Sebastian.

-¿Podrías…?

-¿Llevarlo al auto?... enseguida –el mayordomo, asintió y llevando en brazos el cuerpo de Fer, caminó hacia donde el señor Haggard los esperaba.

-Grell, ve hacia el estadio. Necesitarán toda la ayuda disponible. En un momento estaré allá –William le ordenó al pelirrojo, quien parecía estar demasiado callado y de pronto desapareció con un zumbido

Por fin, Susanna y Will estuvieron solos, al menos por un momento. Él se acercó a la chica de manera protectora, preocupado por ella.

-¿Estás bien? –ella lo miró a los ojos y antes de comenzar a llorar, lo abrazó, tomándolo por sorpresa.

Su llanto fue sonoro, como si las lágrimas no fuesen suficiente para expulsar el dolor que sentía dentro de su pecho. De esos llantos que causan dolor de garganta y hacen que falte el aire, lamentándose ante la impotencia de no haber podido hacer nada por Fer, ni por detener la invocación.

Y él estaba allí para ella, rodeándola con sus brazos y acariciando su cabello. Sin decir palabra alguna, porque su mente estaba en blanco, y aunque su corazón quería decir tantas cosas, se limitó a permanecer así, cerca de ella.

Cuando Susanna se calmó, suspiró y habló en voz baja.

-Debes irte…

-No hasta que estés bien –la buscó con su mirada.

-Ya estoy mejor –le sonrió, pero sus ojos seguían rojos y él arqueó una ceja- de verdad…

-Está bien –se separó un poco de ella y le dio su pañuelo.

-Gracias –sonrió.

-Lamento no poder estar contigo en estos momentos, pero estaré a tu lado en cuanto pueda.

-Descuida. Tienes trabajo, ve –intentó separarse de Will, pero él no la soltó y se acercó a ella para besarla en la frente. Después, se dio la vuelta y desapareció.

Susanna se quedó allí de pie durante un par de minutos y luego se dispuso a caminar hacia el coche, pero en cuanto se dio la vuelta, vio que Sebastian estaba detrás de ella. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, esperándola.

-¿Puedo hacer algo por usted? –preguntó con amabilidad.

-No… gracias, Sebastian –le sonrió con debilidad- vamos a casa. Entre más rápido termine este día, mejor.

Por suerte para ellos, no había nadie más en el cementerio. La explosión en el estadio había hecho que los policías cercaran la zona e impidieran el acceso a las calles aledañas, sin embargo, tuvieron que arreglárselas para pasar los puntos de control dentro de la ciudad. La policía y el MI5 se encargaban e mantener el orden y de buscar al o a los posibles culpables por lo ocurrido, aunque cualquier investigación que hicieran, difícilmente daría con el verdadero responsable; Demian había sido demasiado cuidadoso para cubrir sus huellas, y la inundación en los túneles borraría cualquier tipo de evidencia.

En cuanto a Ronald y Abby, tampoco la tuvieron tan fácil, ya ninguno de ellos tenía las llaves del auto y tuvieron que improvisar un poco para regresar a la residencia Serafer.

-¿Has robado un auto alguna vez? –preguntó la chica al ver cómo Ronald sacaba los cables debajo del volante para echar a andar el coche.

-No… esto fue algo que aprendí… -sonrió con picardía- en un par de películas.

-Vaya, que observador –dijo la chica alzando la ceja. Estaba segura de que el muchacho no le estaba diciendo toda la verdad.

Abby estaba serena, pero preocupada. Sabía que algo malo había ocurrido, ya que escuchó la explosión del estadio y tuvo que evacuar la estación del metro. Le tomó un par de minutos a Ronald encontrarla, pero cuando lo hizo no le dijo todo lo que había pasado. Esperaría a que estuviesen llegando a su destino para hacerlo. Tras haber visto el cinematic record de Fer, supo que informarle sobre su muerte la pondría mal, así que puso su mejor cara y actitud para convencerla.

Casi dos horas más tarde, el señor Haggard estacionaba el auto en la cochera de la residencia de Susanna. Por una fracción de segundo después de que el auto estuviese apagado, todos permanecieron inmóviles, como si quisieran que el tiempo se congelara, evitando lo que seguía. El primero en moverse fue Sebastian, quien miró a Susanna y con voz solemne le dijo.

-Me haré cargo de todo y… dejaré a Fer en el estudio de la planta baja. Pero antes me gustaría revisar sus…

-Primero, quisiera tomar un baño –lo miró con ojos cansados- de todas formas, mantendré el torniquete en mi mano –salió del auto y antes de entrar a la casa, miró a Thomas con expresión de angustia- en cuanto llegue Abby, les contaremos lo que pasó. Les debo una explicación.

Susanna bajó la mirada, avergonzada y sintiéndose culpable por la muerte de Fer. Por su parte, Sebastian parecía estar muy serio y antes de tomar el cuerpo del muchacho, le dijo a Thomas en voz baja.

-Abby viene con Ronald. Espero que no tarden mucho –se dispuso a tomar a Fer en brazos, pero el chofer lo detuvo por un momento.

-Eso va más allá de ti y de mí, ¿no es así? nos sobrepasa a todos –a pesar de guardar la compostura, Thomas estaba muy mortificado.

-Más de lo que te imaginas… -

El mayordomo salió del auto, caminando hacia el estudio con el cuerpo de Ferdinand en los brazos y sin una expresión clara en el rostro y por un momento, Thomas pensó que había algo muy extraño en él; algo que, por un instante, le hizo creer que no era del todo humano. Conocía a Sebastian desde hacía muchos años y siempre había pensado que era un hombre muy peculiar y extraordinario; alguien fuera de lo común, pero en ese momento, sus sospechas parecían confirmarse.

Poco después, llegaron Ronald y Abby, y Susanna, quien estaba a punto de entrar al baño para ducharse, bajó lo más rápido que pudo. Aún tenía la misma ropa manchada de sangre y rasgada por lo que había ocurrido, pero dadas las circunstancias, quería asegurarse de que Abby estuviera bien y de explicarle lo que había sucedido. No sabía cuánto tiempo más tendría para hacerlo.

Por suerte, regresaron bien a la casa. El shinigami tenía algunos golpes y raspones por la pelea en el túnel, pero parecía estar bien, mientras que la chica se veía asustada y ansiosa.

Una vez que estuvieron reunidos en la sala, Susanna tomó un minuto para ordenar sus ideas y comenzó a explicar todo desde que había llegado a Londres. Después, Sebastian continuó relatando lo ocurrido antes de la muerte del abuelo de la chica. Después de todo, el mayordomo sabía de primera mano todo lo que había ocurrido.

El demonio aclaró que todo comenzó desde generaciones atrás, pero que Richard Serafer había sido quien logró descifrar cómo evitar que el ángel caído llevara a cabo el enlace final. Por supuesto, omitió toda aquella información innecesaria, así como la verdad sobre él mismo y los shinigamis, aunque dejó muy en claro que se enfrentaban a algo sobrenatural, casi sacado de una novela de fantasía y ocultismo.

Por último, explicó lo que había ocurrido ese día, lo que Demian acababa de hacer y el peligro que corrían con el ángel caído finalmente libre. Cuando dijo que Fer había muerto, Abby comenzó a llorar junto con Thomas, quien la rodeó con un brazo para consolarla un poco, pero ambos estaban devastados por la noticia y aunque el chofer ya sabía lo que había ocurrido, desconocía el cómo había sucedido, así que Ronald se encargó de explicarles, ya que había visto el cinematic record y conocía todos los detalles, sin embargo, la verdad sobre los hechos era todavía más difícil de aceptar.

-Lo siento mucho… perdón… no pude hacer nada –Susanna reunió todas sus fuerzas para decir eso, aunque le fue muy difícil ver a Thomas y Abby a los ojos. Se sentía impotente y los recuerdos de la muerte de Fer permanecían latentes- vi cómo pasó todo eso frente a mis ojos y… no pude hacer nada, soy… una inútil.

-No diga eso señorita, usted no tuvo la culpa… - Thomas trató de consolarla, pero Susanna lo interrumpió y se levantó del sillón, caminando hacia la ventana e intentando alejarse de todo aquello.

-No habría podido hacer algo para evitar que el muriera –ella dijo con un tono frío, escondiendo las lágrimas que luchaban por salir- pero si me hubiera negado a que se involucraran desde un principio, tal vez esto sería muy diferente. Hubo silencio por unos momentos y cuando por fin Susanna volvió a incorporarse al grupo, se paró junto a Sebastian, secó sus lágrimas y miró a Thomas y a Abby con seriedad.

-Ahora que saben todo, y lo que puede ocurrir, no los culparía si quisieran renunciar. No quiero arrastrarlos a una lucha que… es posible que tengamos perdida. No voy a dejar que desperdicien su vida.

Ronald se quedó muy serio y pensativo. A decir verdad, no había considerado con detenimiento, todas las implicaciones que la llegada del ángel podría traer. Su cabeza parecía un remolino, y los peores escenarios se hicieron presentes en su imaginación, al grado de ser casi insoportables, por lo que se levantó de su asiento y aflojó su corbata.

-Yo…. Necesito tomar aire. Enseguida vuelvo –y entonces salió de la casa para caminar un poco.

Hubo silencio por unos momentos. Abby y Thomas parecían estar asimilando lo que Sebastian y Susana acababan de decir, y de pronto, el señor Haggard habló con serenidad, como si estuviera pensando en voz alta.

-Desde que su abuelo vivía, tuve una sospecha de lo que ocurría. Fueron demasiadas coincidencias y sucesos difíciles de explicar, que comencé a especular sobre la naturaleza de todo –miró a Sebastian con complicidad. A pesar de no saber la verdad sobre el mayordomo, sabía que había algo sobrenatural en él, sin embargo, no era el momento de averiguarlo- sólo algo así podría haber causado todos esos accidentes, explosiones, muertes y cambios en el clima… además, todos esos libros de ocultismo, no podían ser indicativo de otra cosa.

-Thomas… ¿por qué no lo dijiste antes? –Susanna estaba sorprendida y se preguntaba qué más sabría el señor Haggard.

-Hice un juramento a su abuelo, sobre no interferir en las acciones de Sebastian y, pensé que a decir algo, podría afectar el resultado. Además, no quería mortificarla, señorita. Ya tiene una responsabilidad demasiado grande que cumplir –de pronto rio para sí mismo- aunque debo confesar que… la realidad supera por mucho a todo a todas mis conjeturas.

-Yo… no sé qué decir –Abby había permanecido en silencio, digiriendo la información que Sebastian acababa de darles. Sabía que tanto Susanna como su abuelo, estaban relacionados con algo peligroso, pero nunca pensó que fuera de tales magnitudes- todo es tan… irreal –miró a todos- difícil de creer, pero… al mismo tiempo, todo encaja perfectamente… -la chica volvió a sollozar y Thomas la abrazó con ternura, mientras Susanna se sentaba junto a ella y entre lágrimas volvía a lamentarse por lo ocurrido.

Un par de minutos después, Ronald regreso. Esta vez, traía la corbata desanudada y las mangas de la camisa arremangadas, señal de que estaba cansado y preocupado. Observó a todo por un instante y después miró a Susanna.

-Acabo de recibir un mensaje de William… parece que tardará en venir. Las cosas en estadio son… peor de lo que pensamos –se rascó la cabeza y miró hacia el suelo- también me dio instrucciones de quedarme aquí hasta que él regrese, como medida de seguridad.

-Sí, no hay problema… -dijo Susanna con cansancio- creo que todos estamos agotados. ¿Por qué no descansamos un poco? Me voy a dar un baño y…

-Deben tener hambre. Prepararé algo de comer –dijo Sebastian con una educada sonrisa- mientras tanto, descansen –miró a Thomas y a Abby.

Susanna quiso estar sola por un tiempo y después de bañarse, salió al balcón de su recámara, mirando hacia el jardín para distraerse un poco. Se sentía triste por lo que había sucedido con Fer y no dejaba de culparse. Además, tenía miedo por lo que estaba a punto de pasar y muchísimas dudas comenzaron a invadirla, así que bajó a la cocina, en busca de alguien con quien hablar, pero a medio camino, se topó con Sebastian, quien estaba esperándola en la sala. Se miraron por un momento y el demonio le indicó que se sentara.

-¿Me permite? –ella asintió y él se hincó frente a ella, tomando su mano herida con suavidad para ponerle una venda, no sin antes revisar que el corte no necesitara puntos.

Al asegurarse de que cerraría sola, comenzó con el vendaje. Sus movimientos fueron lentos y calculados, pendiente de que ella no sintiera dolor. Ninguno de los dos dijo palabra alguna. Había sido un día difícil y Susanna parecía haber perdido todas sus energías.

Cuando Sebastian terminó, continuó sosteniendo su mano y sus ojos se enfocaron en la chica, como buscando su mirada y, cuando por fin la encontró, rompió el silencio con unas solemnes palabras.

-Discúlpeme, no pude anticipar lo que sucedería.

-Ninguno de nosotros habría podido. Esta vez, nos han sobrepasado por mucho.

-Y será la última vez. No podemos permitir que el Ángel caído lleve a cabo su plan. Además de ser una amenaza a mi honor como demonio, cumpliré el contrato que tenemos. Ese es mi juramento con usted –después puso en su frente la mano de la chica y con delicadeza le dio un suave beso en los nudillos.

-Te lo agradezco… -por un momento se quedó sin palabras y sólo pudo darle una afectuosa palmada en el hombro, en señal de simpatía- vamos a solucionar esto… -sus ojos se llenaron de lágrimas y de pronto se escucharon murmullos desde la cocina; Thomas, Abby y Ronald estaban allí, comiendo lo que Sebastian había preparado.

-Debe tener hambre. Si usted quiere, puedo llevarle un poco de comida al estudio…

-No, gracias –ella se negó con amabilidad- quiero… estar con alguien.

Dicho eso, Susanna caminó hacia la cocina, encontrándose con el shinigami y sus dos empleados, conversando, quienes le sonrieron en cuanto la vieron entrar. Detrás de ella, iba Sebastian apresurándose para servir un plato de comida para la chica.

-Filete Wellington con espárragos y puré de papá. Espero lo disfrute.

-Nunca pensé llegar a decir esto sobre las habilidades culinarias de tu… -Ronald miró a Susanna y luego a Sebastian- mayordomo… pero ¡esto está excelente!

-Sin duda… nunca me ha decepcionado-la chica rio un poco y tomó los cubiertos para comer.

Un par de minutos después, Thomas se retiró para descansar un poco y Sebastian preparó té para todos. La personalidad extrovertida y relajada de Ronald era justo lo que necesitaban para deshacerse de la tensión y el melancólico humor que Susanna y Abby tenían, pero a pesar de ello, el shinigami parecía más serio que de costumbre.

De pronto, Ronald se levantó del asiento, diciendo que daría una vuelta por los alrededores de la casa para asegurarse de que no hubiese nada sospechoso, mientras Susanna miró hacia la ventana suspirando. El jardín estaba iluminado, ya que el mayordomo acababa de encender las luces.

-Desde que llegue, lo que más me gustó de la casa, fue el jardín. Es tan grande y… parece que, a pesar de todo, permanece constante.

-A su abuelo le encantaba cuidar de él –puso una taza frente a Susanna y se sentó junto a ella- solía contarnos que su esposa, Eleanor, solía hacerlo antes de morir, y cuando ella ya no estuvo, sentía que podía pasar tiempo con ella al podar las flores. Pasaba las tardes en el jardín, hasta que anochecía, y entonces volvía a su estudio junto con Sebastian –hizo una pequeña pausa- ahora me puedo imaginar de qué hablaban todos los días –dijo muy pensativa.

Por su parte, Sebastian discretamente se retiró para arreglar los preparativos del funeral de Fer. Sería bueno darles un poco de espacio a ambas chicas para que continuaran charlando.

Casi una hora después, el demonio se dirigió a su habitación y se recostó en su cama, meditabundo sobre lo que les depararía un futuro cercano. No sabía qué esperar del ángel caído, ni cuando hacerlo, ya que podría aparecer en cualquier momento, o incluso, hacer el ritual para hacer en enlace final cuando él quisiera, y eso mismo era lo que ponía intranquilo a Sebastian.

De pronto, miró el cuadro que Susanna le obsequió. El mismo que estuvo alguna vez en la oficina de Richard Serafer.

No importaba cuántas veces lo mirara, siempre era la misma imagen: el viejo barrio de Greenwich en una mañana clara, con la luna y Venus asomándose por el cielo. Seis niños jugando con una espada de juguete mientras unos querubines los observan, pero desde las sombras, una criatura obscura los miraba.

La expresión en los ojos de cada personaje del cuadro era lo que le fascinaba; mientras los querubines miraban con recelo y cierto desprecio a los niños, el oscuro individuo, más que ser un espectador, parecía estar consciente de las intenciones de los querubines y al mismo tiempo parecía estar al acecho.

Algo más que le parecía intrigante en el cuadro, era que, aunque los niños estaban jugando, dos de ellos parecían estar distraídos con algo, mientras que los otros cuatro veían directo hacia la espada. Tal vez habría una historia detrás de ello, pero por el momento, Sebastian tenía otras cosas en qué pensar, así que tomó el diario del abuelo de Susanna y volvió a leerlo, esperando encontrar algo que les ayudara a detener al ángel caído.

Media hora después, Sebastian continuaba estudiando el diario de Richard Serafer, pero de pronto, se puso muy alerta y sus ojos de demonio se encendieron por un instante. Había detectado una presencia y enseguida camino con prisa hacia la entrada de la casa para enfrentar a aquel individuo.

En cuanto la puerta se abrió, se encontró con esa presencia familiar que no le era para nada grata. Un individuo con traje negro se acercaba con pasos firmes hacia la casa y, cuando estuvieron a escasos metros de distancia, ambos se miraron a los ojos con un gesto serio.

-Señor Spears… –Sebastian lo miró con desdén- tenía la esperanza de no volverlo a ver, al menos por el resto del día.

-Oh, estoy seguro de ello, pero de hecho, tengo algunos asuntos que atender aquí.

-Por supuesto - el demonio sonrió con hipocresía y después miro al shinigami con una expresión de superioridad- entonces… ¿su visita aquí es por negocios, o por placer? –era claro que buscaba enojar a William, pero de pronto una diminuta sonrisa estuvo a punto de asomarse en el rostro del Supervisor y sus ojos brillaron por un instante antes de contestar.

-Un poco de las dos, para ser franco –en ese momento los ojos de Sebastian se encendieron de un color rosado, mirando al otro sujeto de manera amenazadora, no obstante, el shinigami se limitó a dedicarle una mirada triunfal- ahora, si me disculpas, quiero hablar con Susanna… -dio tres pasos hacia el frente, para entrar a la casa, pero el demonio no se movió y aprovechó su cercanía para mirarlo con seriedad.

-Sólo recuerda que, al final, yo me quedaré con su alma –habló en voz baja, casi susurrando, y William sintió unas tremendas ganas de golpearlo, pero se contuvo y optó por la vía diplomática de las palabras, sin embargo, antes de poder decir algo más, alguien se acercó a ellos.

-¿Sucede algo? –era una voz preocupada.

-Nada, señorita –Sebastian miró a Susanna con una sonrisa muy amable- noté que el señor Spears había llegado y vine a abrirle la puerta.

-Claro… -ella arqueó una ceja- es sorprendente lo bien que se llevan ustedes dos- dijo sarcásticamente y se acercó a ellos.

-Vine en cuanto pude –el shinigami dijo con formalidad, pero de pronto, otra voz, proveniente del garaje se escuchó.

-¡Jefe!- Ronald se apresuró para acercarse a William- creí que tardaría más en venir. ¿Han terminado los trabajos en el estadio?

-Así es… -el Supervisor estaba de pie, justo en la entrada de la casa y miró hacia su subordinado y después volteó a ver a Susanna- ¿me disculpas un momento? Tengo que hablar con Ronald

-Claro… te espero en la sala –Susanna le mostró una sonrisa cálida y caminó hacia la sala, indicándole a Sebastian un par de cosas.

Dejando la puerta entreabierta detrás de él, William caminó junto con el otro shinigami, unos metros frente a la casa. Allí, ambos hablaron seriedad por un par de minutos. El Supervisor esperaba un informe detallado de lo que había ocurrido.

-…Y eso fue lo que pasó mientras ustedes no estuvieron. Salieron del portal en el momento preciso. De no haber sido así, probablemente no estaríamos ninguno de nosotros aquí. En cuanto llegamos, Susanna y el demonio se encargaron de contarles todo lo relacionado con el Ángel a Thomas y a Abby. Todo, excepto nuestras identidades, y obviamente la de Sebastian, aunque me da la impresión de que el señor Haggard sospecha algo.

-Ya veo… ¿y el cinematic de Ferdinand?

-Fue recolectado correctamente. De pronto apareció en mi lista de personas por morir y fue cuando me di cuenta de lo que iba a pasar. Parece que Sebastian ya hizo lo arreglos para el funeral y…- hizo una pequeña pausa, mostrando un gesto de preocupación y pesar- todos están muy afectados por lo que pasó y con Susanna en ese estado de ánimo, no creo que podamos lograr gran cosa.

-Entiendo. Ha sido un día difícil –William respiró hondo y después continuó- el despacho es un caos. Tuvimos que pedir el apoyo de otros departamentos, e incluso de las oficinas de Canterbury y Oxford.

-¡Wow! No habíamos trabajado así desde la última guerra mundial.

-Así es, pero no es para menos. El estadio tenía una capacidad de más de 40,000 personas. Fue casi un milagro que los decesos fuesen muchos menos –hizo una pequeña pausa y miró hacia el cielo- 4,579 fueron recolectada el día de hoy en el estadio. Hubo 10,837 heridos y aproximadamente unos 300 de ellos morirán en las próximas horas. Eso, además de la carga habitual de trabajo.

-Vaya… esto debe ser el atentado más mortífero de los últimos años… sin duda, eso significará muchas horas extras para todo el personal –había cierto aire de derrota en la voz de Ronald y por primera vez en el tiempo que llevaba allí, William notó lo cansado que se veía el muchacho. Ya no llevaba la corbata puesta y había ojeras debajo de sus ojos, que no brillaban como de costumbre. Sin duda estaría agotado- ¿qué vamos a hacer? –de pronto exclamó hacia el viento, como si estuviese hablando para él mismo, sin esperar una respuesta concreta.

-Enfoquémonos un problema a la vez. Si el ángel tuviese intensiones de hacer el enlace con urgencia, ya lo había hecho. Debe estar esperando algo para hacerlo, y algo me dice que ese algo está relacionado con Susanna, así que nuestra mejor opción es permanecer a su lado por el momento –Ronald asintió y William miró hacia la casa, suspirando y sintiendo un dolor de cabeza que comenzaba a punzar en su nuca – tienes hasta mañana para entregar el informe por escrito. Mientras, puedes irte a casa.

-¿En verdad? –Ronald parecía sorprendido y muy aliviado al escuchar las palabras de su jefe. Estaba seguro de que tendría que trabajar horas extras- gracias, señor… eh, ¿piensa quedarse a montar guardia?

-Es posible. Tengo que hablar con Susanna primero -miró otra vez hacia la casa, preocupado por la chica- y si es el caso, tal vez tenga que permanecer aquí hasta mañana, además… -el Supervisor parecía preocupado. Claramente estaba considerando las desventajas de todo ello.

-Vaya, toda la noche ¿eh? –la voz de Ronald fue traviesa y una sonrisa pícara invadió su rostro mientras veía a su jefe, quien se acomodó las gafas compulsivamente y lo miró de manera severa.

-Quiero tu reporte mañana a primera hora en mi escritorio –su actitud cambió radicalmente, volviéndose más frío y malhumorado.

-¡Claro!- sabía que se había metido en terreno escabroso, así que se apresuró a irse- …hasta mañana jefe, que descanse… eh no, quiero decir que no descanse... digo… –William alzó una ceja en señal de enojo e impaciencia- lo veo mañana en la oficina.

Un momento después, Ronald desapareció tras un zumbido y William respiró hondo mirando hacia el piso, negando con la cabeza. Cuando por fin el Supervisor entró a la casa, caminó hacia la sala, donde Susanna lo esperaba. Estaba muy concentrada leyendo un libro.

Sin pensarlo mucho, se acercó y se sentó junto a ella, prácticamente dejándose caer por el cansancio. Había sido un día espantoso en más de un sentido. Además, el haber ido a la dimensión demoniaca lo había agotado y, aunque en cuanto estuvo de vuelta se repuso un poco, la recolección de almas en el estadio había sido por demás extenuante. Por otro lado, también estaba el trabajo acumulado en la oficina, sin embargo, al mando de la operación contra el ángel, podía delegar responsabilidades.

-Quería hacerte un té, pero después pensé que te caería mejor un café –Susanna señaló la taza en la mesa de centro.

-Te lo agradezco –William dijo con amabilidad, pero el cansancio se notaba en su voz y en seguida le dio un buen sorbo al café- ¿qué lees?

-Es el diario de mi abuelo… bueno, uno de ellos. Sé que debe haber algo útil aquí, pero… –suspiró- no lo encuentro. Para ser honesta, no sé qué estoy buscando, además hay muchas cosas que no entiendo, porque están en otro idioma.

-¿Puedo? –miró el libro y después a Susanna. Después tomó el diario y comenzó a hojearlo- se parece al que tiene esa bestia que tienes como mayordomo.

-Sí, él tiene uno en su resguardo, como precaución. Lo que hay escrito ahí es… maldad pura.

-¿Te molestaría si me lo llevo para estudiarlo? –de pronto se mostró muy serio- tal vez pueda encontrar algo útil.

-Todo tuyo.

-Te lo gradezco.

William volvió a hojear el diario y después lo puso en su regazo. Ya no llevaba puesto el saco del traje, aunque conservaba el chaleco abrochado, todavía haciéndolo ver casualmente elegante. Con cuidado se aflojó el nudo de la corbata y se relajó un poco mientras se recargaba en el asiento, cerrando sus ojos por un instante.

Ninguno de los dos dijo algo por unos momentos. Susanna estaba preocupada por él, pero el verlo así junto a ella, la calmó un poco. Observó sus apuestas facciones y lo varonil que se veía con ese gesto de aparente calma, pero ella sabía que, en el fondo, estaría preocupado por el ángel. Era la primera vez que lo veía así, con los ojos cerrados y respirando con calma, mostrándose vulnerable, al menos por un rato.

Por un instante, Susanna quiso olvidarse de todo y disfrutar de la compañía del shinigami, en un silencio cómodo y su cercanía. Algo extrañamente reconfortante después de lo que había ocurrido. Se sentía triste, pero en ese momento, también había algo dentro de ella que la invitaba a sonreír.

La chica continuó reflexionando un poco más, hasta que los ojos del shinigami se enfocaron en ella, y se avergonzó un poco por haber permanecido tanto tiempo observándolo.

-¿Te encuentras bien? –William inclinó un poco la cabeza, para acercarse a ella y verla mejor. El sol ya se había ocultado y la chimenea de la sala estaba encendida, iluminando un poco el cuarto.

-Creo que sí –dijo un poco confundida, también recargándose en el respaldo del sillón para descansar y mirando hacia el techo- estoy triste, me siento impotente y nerviosa, tengo miedo y al mismo tiempo tengo mucha determinación, pero no sé qué hacer… -suspiró- pero, al menos por ahora, siento que… -lo miró a los ojos- puedo relajarme…

-Hazlo –él respondió con serenidad- no creo suceda algo más el día de hoy.

-Espero que no… pero… ¿qué fue lo que pasó con ustedes?

-Se abrió un portal en el suelo. Lo mismo que ocurrió contigo y ese… demonio, nos pasó a Grell y a mí. Terminamos en una dimensión demoniaca-recordó las inquietantes imágenes de aquel lugar y su mirada se ensombreció. Después, volteó la mirada hacia el fuego de la chimenea- no teníamos idea de cómo salir de allí, y por cada segundo que pasamos en ese lugar, nuestra fuerza nos abandonaba poco a poco. Debo reconocer que, si no hubiera sido por… -hizo un gesto de desaprobación- Sebastian, tal vez no habríamos podido regresar. Por eso le estoy agradecido. Por eso, y porque evitó que tú también cayeras ahí –la volvió a mirar a los ojos con alivio- habría sido fatal para un humano.

-¿Cómo era ese lugar? –ella sintió curiosidad.

-Bizarro, parecía que nunca había visto los rayos del sol. Hacía calor y se escuchaban ruidos que ni siquiera quiero imaginar de qué eran, pero también había edificios en ruinas, calles empedradas y… demonios. No era una vista espeluznante, pero tan sólo estar allí, producía escalofríos, como si no hubiese esperanza alguna.

-¿Les pasó algo más en ese lugar? –Susanna comenzó a preocuparse. Tal vez había algo que William no le estaba diciendo.

-Nada, sólo el constante debilitamiento. El diario de tu abuelo ayudó a Sebastian para hacer un portal de vuelta y… me alegro de haber regresado cuando lo hicimos. No sé qué hubiera pasado si hubiésemos permanecido ahí por más tiempo –hubo un momento de silencio- habría querido regresar antes…

William la miró con cierta compasión y pesar, después volteó a mirada hacia la herida que Susanna tenía en la mano. Con elegantes movimientos se quitó los guantes de cuero negro de las manos y tomó uno de los brazos de la chica, apenas rozando con sus dedos el contorno de las heridas hechas por las ataduras. Luego, tomó su otro brazo y miró el vendaje en la mano, hecho a la perfección y cubriendo la herida para que no se infectara.

-Hizo un buen trabajo con el vendaje -indudablemente se refería a Sebastian. La expresión del shinigami era seria, pero sus ojos eran amables y sinceros.

-No es una herida tan grande y parece que no necesito puntos –la chica quería evitar que William se preocupara más de la cuenta. Sabía que ya debía tener demasiadas presiones encima, como para darle más motivos de intranquilidad.

Susanna sólo obtuvo un sonido gutural acompañado de un suspiro por parte del Supervisor, quien continuaba mirando la herida. Después, pasó su mano por el rostro de la chica, acercándose más a ella. De inmediato, Susanna sintió cómo la temperatura en su rostro se elevaba, pero el shinigami lo pasó por alto. Estaba muy concentrado examinando sus heridas: un moretón en el pómulo, la nariz hinchada y un pequeño corte en el labio inferior. Fue un momento silencioso e íntimo y el corazón de la chica se aceleró todavía más al notar lo cerca que estaba de él.

Con mucho cuidado, acarició el pómulo de la chica con el pulgar, como si inconscientemente tratara de desaparecer el golpe.

-¿Te duele?

-Sólo un poco –ella sonrió y disfrutó el roce de sus yemas recorriendo su rostro hasta llegar a su labio, donde se detuvo por unos segundos. La mirada penetrante del shinigami la ponía cada vez más nerviosa y él, por el contrario, parecía estar tomándose su tiempo, contemplándola con calma.

De pronto, la mente de William se quedó prácticamente en blanco y por alguna razón, parecía no ser capaz de quitarle los ojos de encima a la chica, recorriendo el contorno de sus labios y deseado acercarse más a ella, hasta que volvió en sí y con mirada inocente, volvió a preguntarle.

-¿Y… aquí?

-No lo suficiente, como para que no me beses –sonrió pícaramente, esperando a que Will lo hiciera.

Un segundo después, el shinigmi tomó la barbilla de la chica y se acercó más para besar sus labios con suavidad. No quería causarle molestias en la herida y al notarlo, Susanna hizo un pequeño movimiento, acercándose más a él para besarlo como ella quería.

Comprendiendo el mensaje, Will la besó lentamente, pero de manera más profunda, mientras acariciaba su rostro, desde la barbilla hacia la mejilla y después su cuello, haciendo que ella gimiera al sentir de pronto el contacto con sus dedos y su piel sensible.

Cuando por fin se separaron, ella sonrió mirándolo a los ojos con cariño y él esbozó una pequeña sonrisa, rodeándola con sus brazos para abrazarla mientras ella se acurrucaba en su pecho.

Permanecieron así por unos minutos, hasta que William rompió el silencio y con voz seria habló.

-Si el ángel quisiera hacer el enlace, podría hacerlo en cualquier momento.

-Debe estar esperando por algo -ella susurró, sintiendo cómo el pecho de Will se movía cada vez que respiraba, casi arrullándola- o alguien… -de inmediato sintió el brazo del shinigami abrazarla con más fuerza.

-Eso me temo –la voz del supervisor fue seca y ella comenzó a juguetear con su corbata- lo cierto es que… no ha venido por ti. Creo que podemos estar seguros por ahora, pero no sé por cuánto tiempo.

-Necesitamos descubrir la fecha y… -hizo una pausa y después tragó pesado- lo que quiere hacer conmigo. Eso debe ser la clave.

Por un momento, William pensó en lo peor que podía pasar y una gran angustia lo invadió. Además, el cansancio comenzaba a hacerse cada vez más presente y se vio tentado a quedarse dormido allí, en el sofá, teniendo a Susanna en brazos, pero pronto abandonó la idea, se inclinó un poco y besó con ternura el cabello de la chica, para después ponerse de pie.

-Por el momento, lo más prudente será marcharme, pero antes debo enviar un mensaje –acomodó su corbata y se pudo nuevamente los guantes- quisiera que alguien de la oficina se quede aquí por si… -Susanna estuvo a punto de decir algo, pero otra voz los interrumpió.

-No creo que eso sea necesario –Sebastian caminó hacia la sala- conmigo será suficiente para cuidar de la señorita –el demonio miró al shinigami con cierta persuasión en sus ojos.

-Sebastian… creí haberte dicho que…

-Que no quería ser molestada –interrumpió el mayordomo- pero me pareció prudente informarle que el servicio funerario de Fer, será mañana a las diez de la mañana.

-Entiendo… gracias –Susanna miró hacia la chimenea, recordando lo que pasó y William se quedó pensativo por un momento.

-Quizás tengas razón –el Supervisor habló con seriedad, recordando el caos que era el despacho de los shinigamis en ese momento- en ese caso, te veré mañana en el velorio.

-Sí… ve a descansar –Susanna se levantó del sillón y se acercó a Will- te ves muy cansado…por cierto, ¿no tienes hambre? Dudo que hayas comido algo en todo el día… ¿quieres algo de cenar?

-Yo… -eso sorprendió mucho al shinigami. No podía recordar la última vez que alguien le había dicho eso y, en efecto, no había comido nada, pero el cansancio era más fuerte y estuvo a punto de rechazar la oferta, pero Sebastian lo interrumpió.

-Señorita, estoy seguro de que el señor Spears está muy cansado y debe estar ansioso de regresar a casa… -la voz del mayordomo parecía insistente.

-Vaya… que preocupado estás por él –había un poco de hartazgo en la voz de la chica.

-Lo siento, pero debo partir –la actitud fría y distante de William había regresado, y mientras acomodaba sus lentes, miró a la chica- pero… me sentiría muy honrado si me acompañaras hasta la puerta.

-Claro –ella sonrió y caminó junto con él, pero no sin antes indicarle a Sebastian que no saliera de la casa y que la esperara en la sala, dejándolo sin más remedio que acceder.

Susanna abrió la puerta para salir junto con el shinigami. No quería que el demonio escuchara su conversación, aunque sabía que eso era algo difícil de lograr. De cualquier modo, quiso poner un poco más de distancia entre ellos.

-Te veré mañana en el velorio… -William miró hacia el cielo, parecía que estaba a punto de llover- me gustaría tener una reunión con todos para determinar la posible fecha del enlace y…. ver si podemos descubrir algo más, pero me temo que habrá mucho trabajo que hacer en la oficina, al menos durante el día. Los informes deben estar listos a más tardar a las seis de la tarde, así que… ¿te parece si nos reunimos pasado mañana?

-Sí ¿en la mañana estaría bien? –el asintió.

-Lamento haber declinado tu invitación, pero mañana debo llegar a la oficina antes de las 6 de la mañana –hizo una pausa y Susanna frunció el ceño. En verdad trabajaba demasiado, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por las palabras del shinigami- en especial, si tengo esperanzas de que tú no rechaces mi invitación a cenar.

-¿Lo dices en serio? -¿cómo podía dudar de él? Tan sólo con ver su expresión seria, parecía que estaba solicitando una audiencia con el Primer Ministro- creí que tenías mucho trabajo.

-Lo tengo. Es por eso que comenzaré temprano. Mi hora de salida es a las 6 de la tarde, pero anticipo todo tipo de contratiempos, así que muy probablemente salga a las 8. Puedo pasar por ti a las 8:30, si aceptas mi invitación.

-Por supuesto –ella sonrió. Adoraba cómo William parecía ser tan atento y serio al mismo tiempo, como si fuera detallista sin siquiera haberlo planeado.

-Entonces te veré mañana –tomó la mano de Susanna con suavidad y su expresión se relajó antes de darle un suave y educado beso en el dorso.

Por un instante, la chica sintió un vuelco en el estómago, junto con muchísimas emociones dentro de su pecho, y lo único que pudo hacer es rodearlo con los brazos y besarlo con todas las ganas que tenía, a lo que él respondió tomando su cintura y acariciando su espalda. Sus respiraciones se volvieron poco a poco más agitadas y el shingami luchó por mantener sus manos lo más quietas posible, pero la manera en la que ella lo besaba, lo hacía difícil. De pronto, una pequeña gota de lluvia cayó en la frente de Susanna, seguida de otras dos que cayeron en el cuello de William, y fue entonces que se separaron.

-Debo… irme… -él dijo mientras intentaba recuperar el aliento.

-Está bien –ella asintió, viendo cómo se daba la vuelta, listo para marcharse y de pronto, dijo de manera espontánea- sueña conmigo… -hubo silencio por un instante y él se quedó inmóvil, dándole la espalda, por lo que Susanna no pudo ver su expresión. Un instante después William volteó con lentitud para mirarla de reojo.

-Siempre… -y después desapareció.

El siguiente día, Susanna se despertó temprano y sin muchas ganas, caminó hacia el vestidor en busca de ropa para el funeral de Fer. Parecía que el luto era parte de su vida desde que llegó a Londres.

Al servicio funerario asistieron sólo Abby, el Sr. Haggard, los shingiamis, Sebastian y Susanna. Fue un entierro solitario, triste y en silencio. La melancolía podía sentirse en el ambiente y ocasionalmente, se podían escuchar los sollozos de las chicas.

Thomas también lloró, pero lo hizo en silencio, permaneciendo al lado de Abby, quien estaba en verdad devastada y fue entonces que Susanna supo lo cercanos que eran, así que, una vez que el ataúd fue sepultado, fue a abrazarla, como si quisiera llevarse todo su dolor, aun sabiendo que sería en vano.

Una vez terminada la ceremonia, los empleados regresaron al auto y los shinigamis se fueron, no sin antes darles el pésame, siendo William el último en desaparecer del cementerio, ya que quiso estar seguro de que Susanna estuviera bien y finalmente se despidió diciéndole "te veré en la noche", dejando a la chica con cierta preocupación, ya que, a pesar de sus acciones, su actitud parecía distante y abstraída.

Desde cerca, Sebastian observaba toda la escena y cuando estuvo sólo con su ama, la miró de una manera muy peculiar, como si intentara comprender algo y con una cálida sonrisa se le acercó para acompañarla hacia el auto, ofreciéndole su brazo para que se recargara mientras se iban.

Mientras eso ocurría, en la dimensión de los shinigamis reinaba el desconcierto y la inquietud. Desde el día anterior, con la explosión en el Stamford bridge, la División de Gestión y Envío se vio rebasada por el trabajo, y varios trabajadores provenientes de Oxford y Canterbury acudieron como apoyo al trabajo de recolección de almas. Con casi 48 horas de anticipación, el Supervisor de dicha sección, notificó a los altos mandos de una posible eventualidad, que causaría la muerte de miles de personas, así que se tomaron las medidas pertinentes para que las recolecciones se hicieran en tiempo y forma. Dentro del comunicado de William T. Spears, se puntualizaba la posibilidad de que demonios tipo D aparecieran, por lo que un gran operativo se llevó a cabo.

Noticias de lo ocurrido se esparcieron por las oficinas de todo el mundo, sin embargo, la tarea especial que se les asignó a William, Grell y Ronald, era de máxima confidencialidad, por lo que nadie supo a ciencia cierta la razón detrás del incidente. Naturalmente, los rumores comenzaron a esparcirse.

Lo último que querían los altos mandos, era crear pánico. Sin embargo, el informe que el Supervisor entregó con respecto a la aparición del ángel, logró causar alarma y ordenaron una junta de emergencia a las doce del día. La reunión duró exactamente una hora. Gracias a los innumerables años que William llevaba trabajando allí, pudo anticipar los cuestionamientos de sus superiores, planteando posibles soluciones y estrategias, cuyo fin era solucionar el problema.

Puntual y escrupuloso como siempre, el Supervisor explicó la evolución de la situación, los acontecimientos que ocurrieron el día anterior y fue muy tajante al aclarar que la única opción viable para deshacerse del enemigo, sería el hacer uso de saberes ancestrales relacionados con aquellos mitos olvidados por el hombre; esos que resultan ser ciertos y que hablan de criaturas condenadas a las más profundas oscuridades.

Para ello, la vía más rápida, sería continuar cooperando con Susanna Serafer, quien poseía un elemento clave para solucionar el entramado, además, representaba un vínculo de gran importancia para los shinigamis, ya que, al tener un contrato con un demonio, podría facilitar una posible alianza, en caso de tener que enfrentar las últimas consecuencias del enlace…

Tras exponer la situación y recibir una reprimenda por parte de los altos mandos, William regresó a su oficina, con mucha más presión encima de la que ya tenía. Debía generar resultados y se le había asignado una fecha límite para ello.

Desde que despertó esa mañana, supo que la reunión no sería fácil y el estrés se hizo presente desde las 5:45 AM, cuando puso un pie dentro de la oficina y lo recibieron dos pilas de reportes por firmar en su escritorio, junto con una caja entera de formularios y requisiciones para archivar los cinematic records y autorizar a los empleados de la biblioteca las horas extras de trabajo para hacerlo.

No sería un día fácil para William y, a pesar de haber adelantado gran parte de su trabajo en el trascurso de cuatro horas, la preocupación lo atosigaba, así que, tras haber sido autorizado para realizar las acciones pertinentes con el fin de evitar el Enlace Final, tomó una decisión sin precedentes.

-Adelante –dijo el Supervisor cuando escuchó a alguien tocando la puerta de su oficina.

-¿Nos llamaste, Will? –Grell entró a la oficina junto con Ronald.

-Sí –sus ojos reflejaban gran determinación, mientras que su rostro permanecía inexpresivo- a partir de las seis de la tarde del día de hoy, tenemos 48 horas para encontrar una solución al problema del ángel caído –sus dos subordinados lo miraron con estupefacción.

-Pero Will, no sabemos por dónde comenzar y… -Grell parecía preocupado.

-Tengo en mis manos algo que podría sernos útil –tomó el diario de Richard Serafer- además, he recibido autorización para acceder a los archivos antiguos en la biblioteca.

-¿La sección restringida? –Ronald parecía estar impresionado- ¿quiere decir que podremos consultar…?

-Tal vez no fui claro al decir recibí autorización, hablando en primera persona del singular –tanto Grell como Ronald se mostraron decepcionados. Sólo unos cuantos shinigamis habían tenido acceso a la sección restringida en los últimos dos mil años- lo que necesito que ustedes hagan, y debo reconocer que fue una decisión compleja, es revisar y firmar los reportes de las recolecciones de ayer, así como llenar los formularios con requisiciones para el departamento de catalogación. Todo debe estar listo para las seis de la tarde.

-¡Will, querido! Estoy tan feliz de que reconozcas mi trabajo y…

-Honestamente… -se acomodó las gafas- por desgracia, son los más capacitados para dicha tarea. Sus continuos fallos al momento de entregar reportes, debe haberlos familiarizado con todo tipo de errores en los mismos. Es por eso, que ustedes son los más calificados para este trabajo, y entre dos, confío en que todo estará listo antes de las seis. En cuanto al señor Knox, supongo que sus diversos contactos en las múltiples divisiones del despacho, -lo miró con cierto reproche- le hayan servido para aprender a llenar formularios.

-¡Cuente con ello jefe!

-Regresaré a las cinco de la tarde; antes del cierre para entregar el informe de las defunciones de ayer. Si hay algún contratiempo, cualquier que este sea –eso último lo dijo con más énfasis- notifíquenlo cuanto antes al bibliotecario y él me lo hará saber. ¿Alguna pregunta? –ninguno dijo algo más- entonces, los veré en un par de horas- y sin decir más, desapareció de la oficina.

-Vaya… nunca creí ver el día en el que Will nos confiara con su trabajo –Grelll caminó y se sentó en la silla del Supervisor- ¡Oh, pero que felicidad! ¡Siempre supe que me observaba desde las sombras!

-Creo que... no tuvo otra opción –Ronald lo miró con escepticismo y después miró hacia uno de los muebles de la oficina- pero, me pregunto si… ¿esto significa que podemos utilizar su cafetera? –dijo mientras veía la sofisticada máquina para hacer café- siempre tuve curiosidad por probar uno de estos…

Algunos minutos después, William caminaba por la biblioteca de cinematic records. Sentía cierta aprehensión al haber delegado parte de sus responsabilidades, sin embargo, Grell y Ronald eran de los mejores empleados del despacho y eran a quienes les tenía más confianza, así que pudo tranquilizarse un poco. Desde la noche anterior, pudo encontrar un par de anotaciones interesantes en el diario del abuelo de Susanna, pero quería corroborar todo con los documentos de la antigüedad. Cuando llegó a la sección restringida, el guardián de la puerta lo miró de arriba hacia abajo, con actitud inquisidora.

-El Supervisor de la División de Gestión y Envío en persona. Los altos mandos deben tenerte en alta estima, como para permitirte entrar a esta sección. Especialmente, cuando el despacho completo está hasta el tope de trabajo.

-Tan sólo realizo la tarea que se me asignó.

-Y me pregunto qué será… -de pronto las puertas se abrieron, mostrando un enorme pasillo con acabados de madera oscura, todos con estantes enormes que contenían libros y cinematic records.

-Limítate a hacer tu trabajo –William se acomodó las gafas y entró en busca de los registros más antiguos.

Buscó referencias e información sobre los ángeles caídos y brujería antigua; cualquier cosa que pudiera serles útil y la sección restringida de la biblioteca contenía los cinematic records de aquellas personas que vivieron los primeros años de la humanidad de primera mano, así como las supersticiones, fetichismo, ocultismo y saberes que se habían perdido con el paso del tiempo. Casualmente, los que más les hacían falta en ese momento.

Gracias al diario del abuelo de Susanna, pudo seguir un par de pistas, pero la más importante fue una que hacía especial referencia a un objeto en particular; uno que ni los cinematic records ni el diario nombraban o mencionaban detalladamente, pero que, con el ritual adecuado, podía convertirse en un arma mucho más poderosa que un death scythe.

De inmediato, William pensó en que la frase que aparecía en las cartas de Richad Serafer: Congregati septem, adducebunt illum. Dum Deus sit mortus, tantum gladius et diabolus praebalebunt adversus eum;Los siete reunidos lo traerán. Mientras dios esté muerto, sólo la espada y el diablo podrán contra él. Dios sigue muerto y nosotros lo hemos matado

Después de hacer lagunas conjeturas, el shinigami se convenció de que ese objeto debía tratarse de la espada, pero que por alguna razón no se nombraba como tal, sino se le daba el nombre en latín de ultimum spiritum, y que se repetía varias veces en algo que parecía ser un conjuro. Si pudieran hacerse de ese objeto, estarían mucho más cerca de poder hacerle frente al ángel.

William se recargó en el respaldo de la silla donde estaba sentado, suspirando con cierto alivio y ansioso por la reunión del día siguiente, donde seguramente descifrarían lo que ultimum spiritum significaba.

Con una expresión sería y satisfecho con la sensación del deber cumplido, el Supervisor salió de la sección restringida y regresó a su oficina, casi exactamente a las cinco de la tarde. Justo a tiempo para preparar el cierre administrativo de las recolecciones.

Una vez en su oficina, se encontró con que Grell y Ronald parecían agotados y, a pesar de ser dos, no avanzaban con el trabajo tan rápido como él hubiese esperado. Refunfuñando, se unió a ellos para terminar de revisar los reportes, mientras los otros dos se hacían cargo de los formularios.

Quince minutos antes de las seis de la tarde, la pila de reportes se había terminado y sólo faltaba redactar el documento correspondiente para cumplir con los requerimientos de la oficina, algo que William podía hacer en menos de cinco minutos, así que envió a Grell y a Ronald a archivar los reportes y entregar los formularios terminados a la oficina de catalogación.

Tres minutos antes de las seis de la tarde, el Supervisor entregaba el documento con el cierre administrativo del día anterior. Durante el considerable número de años que llevaba en el cargo, nunca había entregado un trabajo o documento después de la fecha y hora indicados; algo de lo que se sentía orgulloso, a pesar de que eso significara el haber invertido un gran número de horas extra de trabajo.

Cuando estuvo de vuelta en su oficina, se sentó en su silla para ordenar sus ideas y notó que todavía había un gran número de formularios que llenar, por lo que tomó su pluma fuente y comenzó a escribir una nota.

"Querida Susanna:

Espero que el funeral no haya afectado tu estado de ánimo de manera negativa, y si lo hizo, confío en que haya mejorado durante el trascurso del día.

El motivo de este mensaje, es para pedirte algo muy importante, pero que al mismo tiempo me apena muchísimo: ¿podríamos reunirnos a las 9 de la noche, en vez de la 8:30? Me temo que aún me faltan un par de horas para terminar con el trabajo pendiente y no quisiera cancelar nuestra cita, por lo que te pido por favor, que vayas a las 9 de la noche a la dirección que anotaré al reverso. Ahí estaré esperándote con ansias.

Con las muestras más sinceras de consideración y respeto, me despido.

Atentamente.

William T. Spears"

Una vez terminado el mensaje, el shinigami llamó a uno de sus mensajeros especiales y ató el papel a su pata, observando mientras desparecía en el horizonte. Después se dispuso a prepararse una taza de café para continuar con el trabajo, notando que alguien había hecho uso de su cafetera…

Notas de la autora.

Estamos en la recta final de esta historia, y de corazón espero que les esté gustando. Esta vez tardé mucho en actualizar, y les pido una disculpa, pero tuve que asegurarme de comenzar a atar cavos sueltos y acomodar las cosas para llegar la conclusión de la historia, y eso me tomó un poco de tiempo, porque repasé todo, desde el inicio. Además, esta vez me costó más trabajo escribir a Sebastian, así que eso me demoró más, pero aquí está la actulización.

Para los seguidores de la banda sonora del fanfic, les comento que la escena entre Will y Susanna frente a la chimenea, queda muy bien con "You and me" de Lifehouse.

Chocolattie: ¿En verdad? Bueno, sirve que practicaste tu inglés xD. Sí, usualmente hago versiones en español e inglés… así tengo más lectores jeje Muchas gracias por el review! De verdad me animé mucho al leerlo, aunque hasta ahorita pude contestar, por todo lo que tardé en actualizar _ creo que es raro ver un fic de Will que no sea yaoi, así que bueno, al menos en eso también es original mi historia. Es taaaan… ay no sé cómo describir a Will… tiene tanto potencial para ser u amor con patas… pero es todo frío y serio… ¡Saludos!