Capítulo 32. Frente a él todo este tiempo.

Una vez que estuvieron reunidos en el estudio, todos se sentaron a analizar la situación. Hablaron de lo que sucedió en la dimensión demoniaca y cómo había sido el ritual para traer al ángel, pero ninguno tenía idea de cómo deshacerse de él, así que pensaron en la posibilidad de que la numerología volviera a determinar la fecha en la que el enlace pudiese llevarse a cabo.

-Creo que podríamos asumir que el sumar la fecha, como lo hicimos para anticipar el día en que harían el ritual, podría decirnos cuándo se hará el enlace –Susanna se recargó en la silla de su escritorio, en donde jugueteaba con un lapicero con expresión seria.

-Esa parece ser nuestra mejor alternativa-Grell habló con seriedad y miró a los demás- ¿o alguien tiene otra idea? –todos guardaron silencio y de pronto, William se levantó de su asiento y se acercó al escritorio de Susanna.

-Este era el libro que consulté aquella vez –era un texto antiguo y de pasta dura hecha de cuero negro y el shinigami miró a la chica antes de tomarlo, como pidiendo permiso y ella asintió- sugiero que comencemos por el día de mañana, 8 de agosto… la suma de la fecha daría 6… -pasó las hojas del libro con gran velocidad- este número significa amor incondicional, armonía, familia… dudo mucho que sea este.

-Mejor busquemos un número con un significado que pueda serle útil al ángel –Ronald parecía ansioso.

-Y debe ser un número que tenga algo de especial… -Sebastian habló en voz baja y William lo miró con seriedad mientras consideraba lo que acababa de escuchar, así que rápidamente buscó el número 9.

-El 9 significa eternidad, fe, karma, humanitarismo… tampoco es este –gruñó, pero enseguida su rostro cambió y parecía haberse sorprendido mucho- sin embargo, el 10 es un número interesante, ya que es la unión entre el 1, que simboliza comienzo, creación y ambición por el poder, dando a entender que creamos nuestras propias realidades, mientras que el 0 es el número de Dios y de las energías universales –miró a todos- creo que este es el número que buscamos.

-Bien, ahora sólo resta ver qué fechas próximas dan como resultado el 10 –Susanna parecía un poco más animada, pero fue interrumpida por Grell, quien había estado anotando un par de cosas en una libreta.

-Esto no puede der bueno… -todos lo miraron, esperando lo peor- el 12 de agosto suma 10… tendríamos 5 días.

De pronto, la angustia pareció invadirlos a todos en el estudio. Si el 12 de agosto era la fecha marcada, el tiempo estaba punto de venírseles encima, ya que tendrían apenas 5 días para pensar en cómo detener al ángel. El descubrir la fecha era sólo el primer paso y, por lo visto, el más fácil.

-¿Creen que sea tan pronto? –Ronald miró a William con angustia, esperando a que su jefe dijera algo remotamente reconfortante.

- ¿Qué otra fecha da como resultado el número 10? –Sebastian continuaba serio, pero su actitud parecía distante, como si estuviera enfocado en otra cosa.

-La próxima fecha es el 21 de agosto –Susanna se apresuró a decir, mirando al demonio con atención. Tal vez él sabía algo que ellos no.

-Ambas fechas suman 10 y no hay ningún evento sobresaliente en esos días –Sebastian comenzó a explicar, mientras caminaba por el estudio, dando la impresión de que pensaba en voz alta- sin embargo, el 21 de agosto es viernes, un día simbólico para muchas culturas: el día de Venus, para las culturas latinas; el día de Frigg para las escandinavas y… tomando en cuenta que, hasta ahora, la información que hemos encontrado, nos indica que el elemento femenino es de gran importancia, me parece que el viernes es el día indicado –miró a los shinigamis y después a Susanna- la familia Serafer es de origen escandinavo y las pistas que Richard Serafer dejó, están influenciadas por la mitología escandinava, en donde Frigg es la diosa de la fertilidad y la maternidad. Ambos son elementos que se atribuyen al sexo femenino por lo que…

-Tiene sentido… -Susanna dijo pensativa y después miró a los shinigamis- no sé ustedes, pero creo que esa es razón suficiente para pensar que será el 21 de agosto.

-Creo que, si asumimos que es el 21 de agosto, nos arriesgamos a que el 12 suceda el enlace y estemos desprevenidos –William habló con severidad, utilizando el tono de supervisor que muchas veces había puesto a temblar a Grell y a Ronald, pero después de una pausa continuó- no obstante, sin duda, el miércoles posee menor simbolismo que el viernes, sin mencionar que da inicio el Shabat, considerado como día de descanso y qué mejor forma de tomar desprevenido al enemigo, que cuando descansa –ajustó sus lentes y con voz serena añadió- estoy dispuesto a asumir el riesgo.

-¡Tienes razón Will! –Grell se emocionó y por un momento, todos parecieron estar un poco más relajados.

De pronto, sonó el teléfono y Susanna tuvo que atender la llamada. Se trataba de una decisión que debía tomar respecto a la empresa farmacéutica, ya que tras lo sucedido en el Stamford Bridge, la bolsa de valores y las acciones eran demasiado volátiles y ella tendría que tomar las medidas pertinentes para que la empresa no resultara afectada.

-Disculpen, necesito ocuparme de esto. Puedo tardar varios minutos, pero regresaré.

-Descuida, Susanna. Te pondremos al tanto, pero me gustaría saber si regresarás –William hizo una pequeña pausa, mirándola con cierta suavidad- quisiera hablar sobre un asunto contigo–ella sonrió y asintió mientras salía del despacho, seguida por los ojos del Supervisor, quien rápidamente volvió a concentrarse en la reunión, entre otras cosas, porque la mirada de Sebastian parecía estar a punto de asesinarlo.

-Aprovecharé esta oportunidad para hablar con ustedes a solas…- el demonio estaba muy serio- hay algo que me inquieta sobre lo que dijo Demian antes de morir… -de pronto, Sebastian cruzó los brazos y miró hacia la ventana, con una actitud meditativa- esas palabras… Bene ha elohim… hijo de dios en hebreo. Así fue como se les conoció a los ángeles caídos en el libro de Enoc.

-Eso es precisamente lo que nos amenaza… -refunfuñó William, quien de pronto parecía estar especialmente de mal humor, y se ganó una mirada de reproche por parte del mayordomo.

-Sí, pero… ¿conocen la historia? –su rostro se volvió sombrío mientras miraba a los shinigamis de reojo.

-Sólo un poco… nunca fui una persona religiosa –comento Ronald de manera casual.

- No es coincidencia que a los ángeles caídos se les llame hijos de dios. Alguna vez lo fueron… -un escalofrío recorrió su espalda al recordarlo- antes de ser desterrados a un lugar parecido al infierno…

-¿Quieres decir que… son como tú, Sebas- chan? –pregunto Grell con curiosidad y cierta confusión.

-No… soy un demonio, no un ángel caído. Creí que ya habíamos dejado eso en claro –dijo con cierto hartazgo- los ángeles caídos fueron aquellos que pecaron y despertaron la ira de dios, al haber tomado como esposas a mujeres humanas. La unión entre ángeles o demonios con humanos está… prohibida –todos lo miraron con recelo.

-Eso significa que Susanna…. –dijo William con preocupación y alarma.

- Ese no fue su único pecado, ya que ellos compartieron secretos celestiales con los humanos. Algo así como Prometeo. Pero además, engendraron hijos híbridos… gigantes, que fueron eliminados tras el...

-El diluvio universal –dijo William. Ahora recordaba la historia- y prácticamente desaparecieron. Pero ¿qué sucedió con los ángeles caídos?

-Como ya dije, fueron desterrados y… es precisamente de allí de donde salió ese bastardo –suspiró- comienzo a dudar que el juntar todas las dimensiones sea su única meta.

Todos parecieron estar muy tensos, en especial William, quien pudo imaginarse de qué se trataba. Sin embargo, no podían hacer nada al respecto. No sin saber cómo detenerlo. ¿Cómo podrían deshacerse de un ser inmortal?

Sin duda, Richard Serafer tenía una idea de cómo deshacerse del ángel, pero sólo les había dejado un rastro de migajas que no parecía llevarlos a ningún lado, a menos que…

-Estuve investigando en la biblioteca de los shinigamis y encontré algo que podría sernos de utilidad. Era eso de lo que quería hablar con Susanna pero, –suspiró con impaciencia- supongo que puede esperar un poco –ninguno de los presentes dijo algo más durante un par de minutos, hasta que el Supervisor miró a Sebastian con un gesto serio, que a la vez parecía melancólico y distante -¿crees que Susanna esté segura?

-Me encargaré de ello. Ese ángel no la tocará sin antes haber pasado sobre mi cadáver y… -su actitud volvió a ser la misma de siempre, incluso un poco más arrogante y mostró sus afilados dientes- que eso suceda, no es cosa fácil.

Continuaron en el estudio durante media hora, en un silencio que, además de ser incómodo, parecía llenarlos de tensión con cada segunda que pasaba, ya que la incertidumbre generaba más dudas y, en ese momento, cualquier cosa podría pasar.

Cuando Susanna regresó al estudio, después de dar indicaciones para no ser molestada mientras estuviese en la reunión, notó lo lúgubres que parecían estar los shinigamis y Sebastian; sus auras eran de por sí un poco sobrenaturales y siniestras, y al verlos en ese estado, sintió miedo. Tal vez habrían descubierto algo mientras ella no estaba y una sensación de incomodidad se apoderó de ella.

Se sentó en uno de los sillones del estudio, casi junto a William y recargándose en el respaldo, esperando a que le dieran una mala noticia, pero ninguno de ellos lo hizo y sólo la miraron con cierta decepción. De pronto, sintió angustia y compulsivamente empezó a juguetear con el dije de su madre; el mismo que Sebastian le había regalado hacía un par de semanas con motivo de su cumpleaños.

-Congregati septem adducebunt illum. Dum Deus sit mortus, tantum gladius et diablus praebalebunt adversus eum… -Susana recitó en voz baja. Era la frase que su abuelo ocultó en sus escritos y que, tras suponer que era de gran importancia, memorizó en poco tiempo…

-Los siete reunidos lo traerán. Mientras dios esté muerto, sólo la espada y el diablo podrán contra él –la voz de Sebastian sonó más ronca que de costumbre, como si estuviese diciendo una maldición- una espada de la que no ha habido más señales y… -miró hacia la ventana- que no sabemos si existe o no –Grell y Ronald continuaron hojeándolos libros que tenían en sus manos, sin mucha esperanza de encontrar algo más.

William observó a Susanna con detenimiento, imaginándose toda la presión que debía haber sobre sus hombros y el cómo podría sentirse ante tal amenaza. Sintió deseos de reconfortarla en cuanto vio que un par de lágrimas comenzaban a humedecer sus ojos y sin pensarlo mucho, comenzó a buscar su pañuelo dentro de su bolsillo, aun mirando su vulnerable figura e ignorando los ojos amenazadores de Sebastian sobre él.

Por un instante anheló estar a solas con ella, sucumbiendo a su deseo de abrazarla sin que algo más importase. La mirada de la chica parecía estar perdida, mirando hacia uno de los libreros con la esperanza de que sus lágrimas no la traicionaran. Sus manos todavía jugueteaban con el dije, como si fuese un amuleto de buena suerte. El movimiento de sus dedos le pareció fascinante a William, quien consideraba sus manos un poco más que estéticamente agradables.

De pronto, se fijó en la piedra azul y en la inscripción que tenía, mirándola con mucha atención y acercándose más a la chica para poder tocar el dije y leerla. Susanna se sorprendió al sentir la cercanía del Shinigami y notó que los ojos de Sebastian se volvían rojo brillante y un aura oscura comenzaba a rodearlo. Una señal de que estaba a punto de atacarlo, pero antes de que pudiera hacerlo, el shinigami exclamó.

-"Mi último aliento" –miró a sus subordinados y después a Susanna- ultimum spiritum, en latín y…. –finalmente miró a Sebastian y cuando notó su actitud, su expresión rápidamente se transformó en una de enfado- ¿en verdad pensabas atacarme, como la bestia salvaje que eres? Tus impulsos posesivos no son más que un estorbo en estos momentos –dijo con cierto asco y se separó de la chica, acomodando sus gafas con autoridad.

-Sebastian... –Susanna miró a su mayordomo con una mirada cansada, que logró calmar al demonio- William estaba a punto de decir algo importante.

Grell y Ronald miraron la escena con cierto temor, ya que el conflicto entre su jefe y Sebastian era latente, pero ese día en particular, ambos parecían estar a punto de perder el control y comenzar una riña. Era algo normal, considerando la situación de tensión en la que se encontraban, sin embargo, una pelea entre los dos, era lo último que necesitaban.

-Ultimum Spiritum. Durante los últimos dos días, consulté algunos documentos antiguos en la biblioteca de los shinigamis. Papiros y manuscritos antiquísimos, en los que se mencionaban esas palabras más de una vez.

Con gran precisión, como si se tratara de una cátedra universitaria, William explicó que había encontrado varios documentos en donde se hablaba de un ritual que, a pesar de no hacer alusión a ninguna espada, hablaba de un instrumento que, a través de un ritual específico, sería capaz de convertirse en un arma mucho más poderosa que un death scythe y que, muy probablemente se tratase de la espada que estaban buscando.

-¡Eso es! –exclamó Grell- pero… ¿entonces, esa piedra puede convertirse en un arma? ¿de dónde la sacaste?

-Sebastian me regaló este dije –desabrochó la cadena y la sostuvo en su mano derecha- en realidad fue un… regalo de mi padre para mi madre. Es prácticamente lo único que queda de ellos –todos miraron a Sebastian, quien había permanecido silencio hasta entonces y parecía estar pensativo.

Aún sin decir palabra alguna, caminó hacia donde la chica estaba sentada y se paró detrás de ella, inclinándose un poco para tomar el dije de sus manos y mirarlo con atención. Miró a los shinigamis con una sonrisa pícara y añadió.

-Y pensar que todo el tiempo estuvo frente a mí. Richard, no dejas de sorprenderme… -los demás se voltearon a ver confundidos mientras el demonio parecía hablar para sí mismo- esta piedra es parte del legado familiar. Cuando el padre de Susanna huyó de la casa, esto fue parte de lo que se llevó, aunque me pregunto si lo habrá hecho a propósito o fue producto de la casualidad…

-¿A qué te refieres? –Susanna lo miró con curiosidad.

-De acuerdo a lo que me dijo tu abuelo, tras irse de la casa, sólo hubo tres objetos que desaparecieron: un reloj Patek Philippe antiguo, una pintura original de Anders Zorn y esta piedra. Todos eran objetos de valor que el muchacho pudo haber vendido para subsistir mientras se asentaba en algún lugar. Eso fue lo que supuse y, aunque Richard mencionó alguna vez que le habría gustado saber qué ocurrió con ellos, nunca insistió mucho al respecto. No cabe duda que tu abuelo nunca confió completamente en mí…

-Y sus razones habrá tenido –William dijo con voz seria, como si fuese algo obvio y ganándose una mirada fulminante por parte de Sebastian y una muy divertida por parte de Ronald- ¿podrías decirnos cómo encontraste la piedra?

-Cuando busqué al heredero de Richard Serafer, rastreé por todos lados hasta dar con los padres de Susanna. Poco antes de enterarme que habían muerto, investigué esta piedra para saber de qué clase de joya era. Al principio pensé que se trataba de un zafiro, pero después me di cuenta de que era una pieza única, pero nunca consideré que pudiese tratarse de algo más. Por eso no le di mayor importancia.

-¿Qué habríamos hecho si no la hubieses encontrado? –Susanna sonó mortificada.

-Es por eso que me pregunto si tu padre se llevó la piedra por casualidad, o si sabía de qué se trataba. No lo conocí, así que no puedo saberlo con certeza.

-Entonces ¿con esta piedra y un ritual, podríamos obtener la espada para deshacernos del ángel caído? –preguntó Ronald después de unos momentos de silencio.

-Y si no es así, al menos es el primer paso para conseguir el arma –de pronto, William se puso de pie- debo regresar a la biblioteca para reunir información sobre el ritual. Debemos hacerlo cuanto antes, así que... en cuanto tenga la información necesaria, enviaré a un mensajero para que estén listos –miró a Susanna y a Sebastian.

-De acuerdo. ¿Podemos hacer algo más? –ella parecía ansiosa.

-Si encuentran más información sobre el ritual, sería de mucha ayuda. Mientras tanto… cuídate. No sabemos lo que le ángel piense hacer contigo.

Unos momentos después, los shinigamis salieron del estudio, seguidos de Sebatian, quien se aseguró de que Susanna permaneciera allí. Tenía la impresión de que William tenía algo más que decir; algo que no haría frente a la chica.

Una vez fuera de la casa, frente a la puerta de entrada, Grell y Ronald desaparecieron y el Supervisor se quedó por un momento más. Era una oportunidad perfecta para aclarar algunos asuntos, aunque tal vez hablar no era el término adecuado, porque invocó su death scythe y amenazó a Sebastian, mirándolo con ojos enfurecidos.

Por su parte, el demonio permaneció serio e inmóvil, esperando una explicación por parte de su contraparte.

-Si la unión entre ángeles y humanos estaba prohibida, estoy seguro de que es aún peor entre humanos y demonios.

-¿A qué quieres llegar? –tomó la pinza del death scythe y la alejó de su cuello, de donde salía un hilo de sangre.

-No podría importarme menos si tú te vas condenado al averno, pero Susanna…

-No cabe duda de que sigues encaprichado con ella –sus ojos de demonio brillaron y su actitud cambió. Ya no era más el mayordomo que pretendía ser- no fue sólo la unión de los ángeles con esas mujeres lo que despertó la ira de… aquel… -rio de manera burlona- fueron los nefilim; los hijos que engendraron.

-¡Espectro del infierno! –estuvo a punto de golpear a Sebastian, pero se detuvo cuando el otro continuó hablando.

-Como dije hace un momento, eso pasó hace mucho, y no seré ni el primer ni el último demonio en tener como compañera a una humana. Y como tal, la protegeré –su voz fue firme y su actitud honesta, así que William bajó su arma, pero continuó mirándolo enardecidamente- si bien es cierto que ella no podrá poner un pie en el paraíso, eso fue una realidad desde el momento en el que hizo el contrato conmigo.

-¿Cómo te atreves a…? –el demonio lo volvió a interrumpir.

-Y es por ello que se lo compensaré. Tal vez al principio no me importó, pero… ahora sé que la he privado de tanto que… no dejaré que le suceda algo. Tienes mi palabra.

-Si algo le sucede, puedes darte por muerto.

-Vaya, Spears. Aunque me desprecias, nunca me habías hablado así –su actitud burlona se volvió amenazadora- recuerda que soy un demonio y… soy posesivo. Hace un momento me contuve, pero estuve a punto de hacer algo que Susanna me hubiera reprochado mucho. Por alguna razón que no comprendo, le simpatizas. Pero si te le vuelves a acercar así… -suspiró y recobró su aspecto formal- sólo no me obligues a tomar medidas drásticas.

-Lo mismo digo –William ajustó sus gafas y se dio la vuelta mientras desaparecía su death scythe- los contactaré en cuanto sepa algo.

Y después, con un fuerte zumbido, desapareció como si nunca hubiese estado allí, dejando a Sebastian pensativo, pero un momento después volvió a entrar a la casa y se dirigió hacia el despacho, donde Susanna revisaba algunos papeles.

Ella le sonrió en cuanto lo vio entrar, pero notó que el demonio parecía estar pensativo y de inmediato supo que algo había ocurrido entre él y William. Tal vez, algo relacionado con ese pequeño acercamiento que el shinigami tuvo con ella, o quizás algo más que no le habían dicho.

-Sebastian –su voz fue persuasiva mientras se recargaba en el asiento de la silla de su escritorio, preparándose para una mala noticia- ¿me estás ocultando algo? Si hay algo que deba saber, ahora es el momento de decirlo.

-No, querida. Todo es de conocimiento común –sonrió de una manera encantadora y se acercó a ella- puedes preguntar lo que sea.

-Supongo que intercambiaste unas cuantas palabras con Will –lo miró con cierto reproche- recuerda que hace tiempo te ordené que…

-Que no le hiciera daño. Sí, lo recuerdo. Y no lo he hecho daño alguno, pero el señor Spears insiste en sobrepasar los límites de… -tomó su mano y le dio un suave beso- lo que es mío.

-¡Que sorpresa! Nunca pensé que fueras celoso –ella bromeó y una sonrisa traviesa apareció en sus labios.

-Para nada –acercó su rostro al de ella- sé que él no tiene oportunidad de… -acarició la mejilla de la chica y la miró de manera seductora, muy seguro de sí mismo- ganar tus afectos, entre otras cosas, porque yo soy capaz de satisfacer todos tus deseos y necesidades –hizo una pausa, esperando alguna reacción por parte de la chica– incluso sabiendo que eso no es tan importante para ti. Además, –sus dedos recorrieron su rostro hasta tomar un mechón de cabello, que un instante después acomodó detrás de su oreja– tú me has escogido a mí y… -con un movimiento lento se acercó más a ella y susurró en su oído– no pienso dejarte ir.

–¿Todos los demonios son así de posesivos? –ella volteó para mirarlo a los ojos, sintiendo la cercanía de su rostro y resistiendo las ganas de besarlo.

-Es algo natural en nosotros –por un momento, Susanna pensó que tal vez él podía leer su mente, porque una sonrisa coqueta se asomó en el rostro de Sebastian, quien comenzaba a acariciar sus labios con su dedo pulgar- pero recuerda que tu escogiste libremente.

La chica sabía bien a lo que se refería su mayordomo y cada palabra que él había dicho era verdad, así que, reiterando que la elección había sido de ella y que no se arrepentía en lo más mínimo, lo besó con firmeza.

Un instante después, el beso se volvió un poco más lento; lo necesario para que ambos lo disfrutaran, y antes de que se convirtiera en la continuación de lo que había ocurrido en el jardín, se escuchó que alguien llamó a la puerta.

-¿Señorita, puedo pasar? –por segunda ocasión en el día, Abby había tenido el tino de interrumpirlos en el momento exacto.

-Adelante –respondió Susanna después de un instante, una vez que Sebastian se había separado de ella y tomaba uno de los libros del escritorio, pretendiendo estar muy concentrado en la lectura; como si nada hubiese ocurrido.

-Tiene una llamada de la agencia de catering. Es la segunda vez que llaman hoy. La primera fue cuando estaba usted en la reunión, pero parece que tienen algo de prisa. Quieren que apruebe los arreglos de las mesas –la chica rubia sonrió y se acercó a Susanna para darle el teléfono.

A decir verdad, casi se había olvidado completamente de la fiesta de inauguración del edificio de AstraZeneca. Llevaba algún tiempo planeándola, pero después de todo lo que había ocurrido, esa era la última de sus preocupaciones. Por suerte para ella, la agencia de catering se encargaría de organizar todo y ella sólo tendría que aprobar un par de cosas y, por supuesto, pagar una generosa suma por ello.

Ese mismo día por la tarde, Susanna fue junto con Sebastian y Thomas al nuevo edificio de la empresa y aprobó los últimos detalles para su inauguración, además de inspeccionar que el lugar estuviera por completo listo para comenzar a funcionar.

La inauguración estaba planeada para el día 13, aunque por dentro, la chica deseó que en verdad llegaran a esa fecha. A pesar de haber hecho una deducción fundamentada sobre el día que el Ángel haría el enlace final, no estaban cien por cierto seguros de ello.

El siguiente día por la tarde, una paloma mensajera llegó a la ventana del estudio de Susanna, quien hasta el momento había estado ocupada con asuntos de la empresa y un par de modificaciones que anunciaría el día de la fiesta.

Abrió la ventana y dejó pasar a la paloma gris que traía atada a su pata un pedazo de papel enrollado con gran cuidado.

"Estimada Susanna:

Desde el día de ayer, los señores Sutcliff y Knox han colaborado conmigo en la búsqueda del ritual que nos ayudará a conseguir el arma que necesitamos. Me temo que aún estamos lejos de descifrarlo por completo, ya que los documentos son muy antiguos y algunos están escritos en lenguas olvidadas en la historia. Sin embargo, el motivo de este mensaje, es comunicarte que hemos encontrado algo sobre dicho ritual, y que debo corroborar contigo.

Dada la naturaleza del asunto, me gustaría hacerlo personalmente, por lo que me gustaría que nos reuniéramos en un par de horas.

Recibe un cordial saludo y quedo al pendiente de tu respuesta.

William T. Spears."

En cuanto terminó de leer el mensaje, Susanna se levantó de su asiento y corrió hacia la cocina, en donde Sebastian supervisaba los preparativos de la cena y hacía una revisión de las finanzas domésticas. Cuando la vio entrar por la puerta, supo que algo había ocurrido y acto seguido, se levantó de la silla, tomó su saco y caminó hacia ella mientras se lo ponía; formalidad, ante todo. Abby los miró de reojo mientras caminaban hacia la sala y sospechó de lo que se trataba, pero siguió preparando la cena y esperó que fuesen buenas noticias.

El mensaje de William era claro y Sebastian no pudo evitar preguntarse de qué se trataba. ¿Qué clase de información debería corroborar con Susanna personalmente? Desde luego, planeaba estar presente en la reunión, aunque tal vez sólo se tratase de pedir prestado el dije azul.

A las 7:30 en punto, el Supervisor de la división de Gestión y Envío de los shinigamis llamó a la puerta de la residencia Serafer, en donde el mayordomo lo recibió con formalidad, inmediatamente notando el aire de intranquilidad que William tenía. En verdad se trataba de algo importante.

Susanna lo esperaba en su estudio, impaciente por averiguar de qué se trataba y en cuanto Sebastian cerró la puerta tras ellos, se ganó una mirada de frustración por parte del shinigami, quien asintió y aclaró su garganta para saludar a la chica.

-Buenas noches Susanna. Espero no haberte importunado.

-Para nada. ¿Qué fue lo que encontraste? –su corazón palpitaba rápido ante la anticipación de lo que Will le diría

-Tenemos cinco documentos que datan de fechas diferentes. Todos ellos parecen tener las instrucciones del ritual, sin embargo, nos encontramos traduciéndolos palabra por palabra, para asegurarnos de que sea el mismo contenido.

-¡Esas son buenas noticias! –la chica mostró una gran sonrisa y se acercó a él, notando como compulsivamente se acomodaba las gafas- ¿necesitan ayuda? Tal vez entre los libros viejos que hay en la casa haya algo que…

-En realidad, la traducción sólo es cuestión de tiempo. Ya tenemos un fragmento que se repite en todos los papiros, y ese es el motivo de mi visita… -hizo una pausa y adoptó una actitud fría, casi distante- pero antes, quisiera subrayar que en ningún momento pretendo faltarte al respeto con lo que voy a decir –Sebastian arqueó una ceja y ladeó la cabeza, preguntándose el porqué del comentario- encontramos un elemento común en las cinco traducciones. Se trata de las características de la persona que deberá efectuar el ritual –miró a la chica a los ojos y de inmediato se sintió intimidada- debe ser una mujer. No se especifica la edad o características físicas, pero los textos son claros al decir que debe estar en un momento específico del ciclo femenino. Concretamente, debe estar en el segundo día de su periodo…

William continuó mirándola por unos instantes, tiempo suficiente para que Susanna se quedara sin palabras y se le subieran los colores por todo lo que implicaban sus palabras. Nunca esperó que se tratara de tal cosa y, aunque no le parecía descabellado, se preguntó por qué debía ser tan específica la fecha.

-¿Estás seguro? –preguntó el demonio con tono serio.

-Sí –William lo miró sin mostrar emoción alguna- debe ser durante ese periodo, por lo que representa: mientras la ovulación simboliza el inicio de algo, o bien la fertilidad en su forma más pura…

-Y esto simboliza destrucción… -el demonio lo interrumpió- en otras palabras, representa el fin de lo que pudo ser.

-Así es… el texto es claro cuando lo explica. Después de todo, estamos creando un arma y se requiere un sacrificio con sangre –de pronto, sus ojos verdes se volvieron muy serios y miró a la chica con determinación- el ritual debe hacerse en la fecha exacta de tu segundo día.

-Entiendo… -ella suspiró, sintiéndose observada por los dos hombres en el estudio y en una situación por demás incómoda y extraña. Intentó a toda costa evitar contacto visual, tomando de su bolsillo el teléfono celular, en donde tenía una aplicación especializada en esos asuntos, pero antes de que esta cargara completamente, sintió como Sebastian se acercó a ella por la espalda.

-Debe ser en un par de días. Me atrevería a decir que… en cuatro –su voz era suave, como si estuviese hablando de un asunto cualquiera y Susana lo miró con un gesto que oscilaba entre la sorpresa y el horror, mientras William se aclaró la garganta, mostrarse notablemente irritado.

-Sebastian, ¿cómo carajos…?

-Ya se lo había dicho antes, cualquier cambio en usted no pasa desapercibido para mí, incluso si es hormonal… -y entonces señaló la pantalla del teléfono, la cual señalaba la misma fecha que él acababa de decir.

-Entonces, la fecha tentativa para hacer el ritual será el 12 de agosto –William se levantó de su asiento, tomando un bolígrafo y una pequeña libreta que llevaba en su saco y haciendo anotaciones- muy bien, me parece una aproximación oportuna, considerando que existe la posibilidad de que el enlace se haga ese día.

-Me parece que… -Sebastian se acercó más a Susanna, inclinándose junto a ella para mirar la pantalla del teléfono con más atención- el 21 será el día en el que se haría el enlace, de acuerdo a nuestros cálculos–tocó su barbilla y después se enderezó para mirar a William a los ojos- coincide con el simbolismo de la ovulación…

-Entendido –asintió con cierta complicidad hacia el demonio.

-¡Hey! Por si no lo han notado, aquí sigo y no me parece muy agradable que de pronto, todos estén enterados de mi ciclo menstrual ¿qué clase de ritual es este?

-Lo lamento mucho, Susanna –dijo William, considerando lo incómoda que debía sentirse la chica y su actitud cambió, volviéndose un poco más empática y explicó- sé que es información delicada y fue por ello que quería corroborar esto personalmente y explícitamente ordené que el señor Knox y el señor Sutcliff permanecieran en…

-Da lo mismo –ella gruñó- de todas formas, se van a enterar…. Sólo espero que el ritual pueda hacerse con ropa. Eso es lo último que me falta.

-Dudo mucho que ese sea el caso… -arqueó una ceja y volvió a guardar su libreta y bolígrafo- por el momento, debo retirarme.

-Deje que lo acompañe a la puerta, señor Spears –murmuró el mayordomo, y antes de que la puerta se cerrara detrás de ellos, se escuchó a la chica decir con voz firme, pero un poco apenada.

-Y Sebastian… te agradecería que me dejaras sola por el resto de la noche… creo que necesito un trago…

Una sonrisa estuvo a punto de asomarse en el rostro de William, quien caminó con paso firme hacia la puerta principal de la casa. Debía apresurarse a traducir el ritual completo.

Los siguientes cuatro días pasaron rápido. Susanna estuvo muy ocupada organizando la fiesta de inauguración del edificio y preparando las modificaciones que haría en la junta directiva de AstraZeneca. Desde antes de los acontecimientos en el estadio, se había ocupado de preparar todo para que alguien más tomara su lugar, pero decidió hacer modificaciones en sus planes. Quería dejar un legado positivo y era probable que ya no tuviese tiempo ni medios para lograrlo en un par de días. No estaba segura sobre lo que pasaría con ella después de que todo acabara, si es que lograba tener éxito. La posibilidad de fallar era real, y muy a su pesar, las consecuencias serían terribles.

Si fallaban en destruir al ángel, el mundo cambiaría para siempre y la humanidad probablemente se extinguiría. Los demás seres también correrían peligro de desaparecer. No importaría si fuesen shinigamis, demonios, almas en pena, o cualquier ente de otra dimensión… todo estaría junto, y sería cuestión de tiempo antes de que el conflicto se hiciera presente.

Quizás lo que decían esos hombres hacía tantos años era cierto: Dios estaba muerto y los humanos eran parcialmente culpables de ello, o simplemente dejó de interesarle lo que ocurriera con el mundo y sus creaciones.

Hasta el momento, Susanna no había sido testigo de alguna señal o razón que la convenciera de la existencia de Dios. Tan sólo sabía de la existencia de un complejo entramado de decisiones y planes vislumbrados desde hacía muchísimo tiempo, y nadie había hecho algo por detenerlo. Sin embargo, el encontrarse con Sebastian y los shinigamis tampoco era producto del a casualidad, y tal vez esa sería la señal de que todo podría salir bien, al menos por una vez en la vida.

El 12 de agosto llegó: el día en que el debería hacerse el ritual para conseguir la espada que podría destruir al ángel. Los shinigamis se las ingeniaron para terminar la traducción el 10 de agosto y en cuanto lo hicieron, notificaron a Susanna y a Sebastian para que se prepararan. Grell visitó la residencia Serafer para explicar los detalles del ritual y entregarles una lista de lo que necesitarían para hacerlo. Su actitud era un poco más seria que de costumbre, pero no demasiado y, sin perder mucho tiempo, aprovechó para coquetear con el demonio, pasando por alto la actitud dubitativa de Susanna, quien tras enterarse de cómo sería el ritual, respondió con unas simples palabras:

-Todo estará listo para el miércoles –y sin decir algo más, se retiró a su habitación por el resto de la tarde.

Por supuesto, el mayordomo se dio cuenta de ello, pero en cuanto intentó reconfortarla, ella le ordenó conseguir lo necesario para el rito, argumentando que sólo tenía un poco de ansiedad, por lo que el demonio, con la ayuda de Abby y Thomas, pasó los dos días buscando por todo Londres lo que necesitarían.

En cambio, en la dimensión de los shinigamis, a pesar de haber terminado con la traducción, la tarea no terminaría ahí; al menos no para Will, quien se empeñó en buscar cinematic records que mostraran rituales similares al que debían hacer, con el fin de estar preparado ante cualquier suceso inesperado. Era de vital importancia que todo saliera bien y sin duda, él sería un elemento clave para conseguirlo.

Logró encontrar un par cinematic records con prácticas paganas similares, todos ellos antiquísimos y, aunque no se trataban del mismo ritual, tenían cosas en común. En ese punto, lo más importante era asegurarse de no cometer error alguno, así que cualquier referencia sería útil.

En muchos de los cinematics con ritos, los participantes habían fallecido a consecuencia de la canalización energética, o simplemente porque se habían desangrado; en algunos, las personas eran deliberadamente sacrificadas, y en muchos otros, había daños psicológicos severos, entre otras afecciones mentales para los involucrados. Lo cierto era que, en ocasiones se lograba completar el rito, en otras no… sin embargo, notó que un elemento determinante, era la concentración y disposición de aquellos encargados de efectuarlo.

El ritual se haría en la residencia Serafer, exactamente a las 7:42 de la tarde, el momento exacto en el que los últimos rayos de sol pegaban en el cielo. Los shinigamis llegaron desde el mediodía, para encargarse de dejar todo listo antes de la hora indicada y también, en caso de que el ángel caído decidiera hacer el enlace en ese día. Si eso sucedía, deberían adelantarse y completar el rito para tener lista el arma que utilizarían para detenerlo.

Hicieron una lista detallada de pasos a seguir para cumplir con las indicaciones del ritual, pero faltaba lo más importante: la espada. Era poco probable que la piedra se transformase en una, por lo que dedujeron que esta debía ser incrustada o introducida al momento de la forja de la espada, así que Sebastian consiguió una real y funcional, hecha de una aleación vanguardista de acero, que lograba combinar el diseño clásico de una espada tradicional, con una empuñadura elegante con detalles en color negro y madera, la cual estaba desmontada y lista para que la piedra fuera incrustada en la empuñadura. Al término del ritual, el demonio sería el encargado de preparar el arma.

En cuanto Grell, Ronald y William llegaron a la residencia, Sebastian los llevó al jardín trasero, donde Susanna los esperaba. Estaba sentada junto al a mesa del jardín. Llevaba casi una hora intentando terminar su desayuno, pero a esas alturas ya sabía que sería imposible. Cuando los vio caminando hacia ella, les sonrió de manera nerviosa. Después de enterarse en lo que consistía el ritual, no había podido estar tranquila. Tenía miedo.

-Hola Susanna ¿cómo estás? ¿lista para patear el trasero de ese ángel? –preguntó Ronald con la intensión de aligerar el ambiente, pero lo cierto era que todos parecían estar muy tensos. Incluso él mismo tenía unas marcadas ojeras.

-Me da terror el sólo pensar lo que podría ocurrir… -miró a los shinigamis con una mirada que rayaba entre el sarcasmo y la amargura- no es que desconfíe de sus habilidades, claro… pero tengo miedo. No quisiera que algo saliera mal.

-Querida, deja todo en nuestras manos. El procedimiento es muy claro y no es complicado. Además, Sebas-chan es quien hará el ritual, así que no debes temer –Grell intentó calmarla y después miró con ojos de adoración al mayordomo- el hace todo bien, ¿no es así? –se abalanzó sobre él, pero el demonio fue más rápido y logró moverse a tiempo, haciendo que el shinigami perdiera el equilibrio y cayera.

-Honestamente… -William se acomodó las gafas- no es momento para estar jugando, Sutcliff…

- Eh… -Ronald miró con cierta lástima a Grell, quien acababa de recibir un golpe por parte del supervisor y después se acercó a Susanna para decirle en voz baja y con cierta complicidad- de cualquier modo, no dejaremos que te ocurra algo. Puedes estar segura, tenemos experiencia –le guiñó el ojo y se sentó junto a ella.

-Será mejor asegurarnos de que todo esté en orden –William se aclaró la garganta y apareció un folder con una lista.

-Tenemos todo lo que había en la lista que Grell nos dio–de pronto apareció Sebastian detrás de la chica- tenemos el mercurio, carbonato de amonio y Caput mortuum.

-Es correcto –el supervisor habló con seriedad mientras les indicaba a sus subordinados que inspeccionaran las sustancias.

-En seguida vuelvo, voy a… lavarme los dientes –la chica se apresuró a ir hacia su cuarto, dejando a los cuatro sujetos ocupados con los preparativos, sin embargo tanto Sebastian como William se dieron cuenta de que en realidad no se sentía cómoda, y aunque el mayordomo se mostró preocupado por ella, el shinigami se limitó a seguirla discretamente con la mirada.

-Cuatro cálices de plata, ocho velas color índigo –el supervisor miró al demonio- y… supongo que el estanque será donde…

-Sí –él contestó con frialdad- allí haremos el ritual. Hoy por la mañana me aseguré que fuese llenado con agua destilada –miró hacia el estanque, que estaba tapado por cubierta especial.

-Bien –William continuó con actitud solemne- y confío en que hayas memorizado esas líneas en arameo…

-Por supuesto –Sebastian lo miró y sonrió de manera soberbia, mostrándole sus ojos de demonio por un instante, intentando hacerlo perder la compostura- y los instrumentos de emergencia también están listos…

Mientras tanto, Susanna estaba en el baño de su habitación, terminando de lavarse los dientes y enjuagando su cara con agua fresca. Sabía que el ritual no era gran cosa en comparación con lo que había hecho hasta entonces, pero tuvo un mal presentimiento y una aversión natural a lo que ocurriría, así que se sentía intranquila.

Eran casi las dos de la tarde y se asomó por el balcón de su habitación, observando que los shinigamis estaban terminando de acomodar todo en su sitio. William sostenía una brújula y les explicaba a Grell y a Ronald en dónde debían estar puestas las velas. Desde donde la chica estaba, podía distinguirse bien que cada una representaba un punto cardinal de la rosa de los vientos.

De pronto, notó la mirada de Sebastian fija en ella y le sonrió con debilidad, pero antes de que pudiera hacer algo más, Thomas y Abby se acercaron al mayordomo, ambos con cierta expectativa y por un momento sintió nostalgia al echar de menos a Fer.

Susanna suspiró y apretó los puños, como si intentara darse ánimos y caminó hacia el jardín, en donde Sebastian estaba dando un par de indicaciones.

-Comenzaremos con el ritual cerca de las 7:30. Puede llevarnos hasta una hora. Se trata de una antigua ceremonia cuyos detalles no necesitan saber. Durante ese tiempo quiero que permanezcan dentro de la casa –el demonio los miró con autoridad y severidad- pueden observar todo desde la ventana, pero por ningún motivo deben salir, sin importar lo que vean o piensen que están viendo, no salgan de la casa.

La mirada del demonio logró intimidarlos y Thomas se tensó un poco al adivinar en lo que consistiría el ritual, pero no dijo nada y se limitó a observar a los shinigamis trabajando.

-Sebastian, no tienes que sonar tan amenazador –se escuchó la voz de Susanna aproximándose- estoy segura de que con una simple indicación entenderán lo importante que es.

-Señorita ¿podemos ayudarla en algo más? –Abby preguntó con un poco de ansiedad. Thomas también estaba al pendiente de su respuesta.

-Gracias, por ahora tenemos todo bajo control –la chica sonrió al mirarla- pero…un poco de té y bocadillos para nuestros invitados no estaría mal.

-Claro –Abby sonrió y caminó hacia la cocina, dejando atrás a Thomas, que continuaba mirando a los shinigamis con sospechas.

-Bien, confío en que… -miró a Sebastian con cierta persuasión- nadie saldrá herido…

-Descuida, Thomas –el mayordomo lo miro con cierta frialdad, pero su voz fue firme y después, el chofer caminó de vuelta hacia la casa.

-¿Estás bien? Te noto un poco tensa –el demonio se le acercó, pero la chica volteó la mirada hacia otro lado.

-No es nada, sólo… tengo cólico –mintió fingiendo una sonrisa, pero él la conocía bien y la miró con los ojos entrecerrados, con cierta sospecha.

-Aún nos hace falta una planta especial para después del ritual –comenzó a explicar- pero es una especie común y que, por fortuna, tenemos en el jardín ¿me acompañas por unas cuantas hojas?

La chica sonrió y siguió al mayordomo hacia uno de los costados del gran jardín que rodeaba la casa. El caminaba con lentitud, como si no tuviese la menor prisa y por alguna razón, su actitud logró calmar a la chica, quien por primera vez en el día disfrutó del agradable olor de las flores que los rodeaban y el cálido clima.

Cuando Sebastian encontró lo que buscaba, se hincó junto a una planta que a simple vista parecía ser espinosa y cuyas hojas tenían una forma puntiaguda muy peculiar. Con mucho cuidado, seleccionó un par de hojas y las guardó dentro de una bolsa de plástico.

-Fueron muy específicas las sustancias requeridas en el ritual, pero ¿sabe usted cuál es la más tóxica?

-Sin duda eso que se llama caput mortuum… vaya nombre -el mayordomo rio ella pensó que su risa era casi tan seductora como sus ojos mientras la veían.

-En realidad, el mercurio es lo más tóxico, pero es sólo una pequeña cantidad la que usaremos. Ese compuesto… caput mortuum era originalmente utilizado para la alquimia- guardó la bolsa de plástico dentro del bolsillo de su pantalón y se puso de pie frente a Susanna- su nombre actual es nigredo, y tan sólo es un colorante rojo. Su nombre en latín significa restos, o cabeza muerta. Un nombre bastante peculiar, considerando que uno de los fines de la alquimia era el producir la piedra filosofal para obtener la vida eterna.

-Interesante… -Susanna tuvo la necesidad de decir algo al respecto, pero al mismo tiempo quería que Sebastian continuara hablando. Su voz la calmaba y eso era justo lo que necesitaba- dime más –contuvo la respiración al sentir que él se acercaba más a ella.

-¿Sobre la alquimia? ¿o sobre los compuestos? –tocó el cabello de Susanna, acariciándolo y sintiendo su suavidad.

-Lo que quieras, sólo quiero escuchar tu voz.

-Mi voz ¿eh? –rio en silencio y continuó jugueteando con su cabello por un momento. La sensación de sus dedos en su cabeza, le causó escalofríos a Susanna, pero lejos de parecerle incómodo, le pareció relajante, e incluso pensó que podría llegar a quedarse dormida con eso.

Continuó hablando sobre la alquimia, su historia y la manera fascinante en la que conjugaba la filosofía, lo esotérico y la química, como si fuese una puerta hacia lo desconocido, hacia todo lo olvidado hacía ya tiempo. Susurró en su oído, ahora acariciando su rostro mientras ella cerraba los ojos para concentrarse en su tacto y su voz, ansiando que sus labios la besaran.

Fueron tan sólo un par de minutos en los que ella logró calmarse un poco y olvidarse de todo. Para cuando él la besó, la mente de la chica estaba ya muy lejos de allí, enfocándose en saborear sus labios y abrazarlo para sentirlo cerca de ella, hasta que él se separó un poco de la chica y la abrazó con ternura; algo que muy pocas veces había hecho antes. Siendo un demonio, no tenía sentimientos, o al menos no como los humanos. Para el, las cosas eran diferentes, pero no por eso significaba que la chica no le importara. Si algo había aprendido desde que había conocido a Susanna, era que aún había cosas nuevas por descubrir y sensaciones nuevas por experimentar en cada momento que pasaba con ella así de cerca.

Por un instante se dejó llevar y la abrazó con fuerza, hasta que se escucharon pasos firmes acercándose.

-El té está listo y…-William se sorprendió al ver la escena entre Susanna y Sebastian, la cual de por sí le causaba un leve dolor en el pecho, mismo intentó ignorar aclarándose la garganta. Además, inesperadamente y por un instante, los ojos del demonio lo miraron con agresividad, mostrando su verdadero ser, pero eso cambió rápidamente- quisiera repasar todo por última vez. No quisiera que nos arriesguemos a que algo salga mal.

-Claro –Sebastian se separó de Susanna, quien miró hacia el suelo, un poco apenada porque Will los encontrara así, a pesar de tratarse tan sólo de un abrazo, aunque por alguna razón, se sentía como un momento sumamente íntimo.

-Vayamos –la chica caminó, seguida por el demonio y por William.

Una vez de vuelta, afinaron algunos últimos detalles del ritual y lo que debían hacer todos. Cada quien sabía su papel en el rito y especialmente, Susanna volvió a sentirse ansiosa, pero se calmó un poco al sentir la mano de su mayordomo sobre su hombro.

El resto de la tarde transcurrió sin ninguna otra eventualidad, más que la constante tensión y expectación por la posibilidad de que el ángel caído apareciera, pero no lo hizo y a las 7:34 en punto, todo comenzó.

Susanna entró al estanque del jardín, y Sebastian la siguió, hincándose para poder sumergir la mitad de su cuerpo, mientras ella se ponía en cuclillas. No debía sumergirse hasta que las sustancias estuviesen disueltas. Mientras tanto, Thomas y Abby observaban con atención desde la cocina. Habían recibido indicaciones de no salir, a menos que Sebastian se los ordenara, pero podían observar a través de la ventana. No porque interfirieran con el ritual, sino porque muy probablemente Sebastian o los shinigamis tuvieran que hacer uso de sus habilidades sobrenaturales y su verdadera identidad podría evidenciarse.

En cuanto William dio la indicación, tras observar su reloj con detenimiento, Ronald encendió las velas alrededor del estanque y en sentido contrario a las manecillas del reloj, mientras Grell vaciaba los cálices con las sustancias químicas en el estanque. Después, el Supervisor utilizó su death scythe para disolverlas y el pelirrojo volvió a llenar los cálices de plata, esta vez con el agua que acababa de adoptar un tono rojizo.

-En cuanto estés lista.

La voz de Sebastian retumbó en los oídos de Susanna, como si fuese un eco y las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos. Tenía miedo por lo que podría suceder y con fuerza agarró la piedra azul, utilizando sus dos manos para sostenerla sobre su pecho y se recostó sobre los brazos de su mayordomo, para que este la sumergiera por completo mientras comenzaba a recitar palabras en arameo.

La luz del sol desaparecía poco a poco y los shinigamis observaron la escena, sorprendidos por lo que sucedía con el agua, que poco a poco iba adquiriendo una tonalidad más oscura, volviéndose morada y un poco turbia. Después, comenzó a burbujear y los ojos de Sebastian mostraron su verdadera forma, brillante y terriblemente amenazadores, pues las palabras que salían de su boca eran un rito de sacrificio y él lo sabía bien.

Grell observó todo con una extraña fascinación, especialmente por los ojos del demonio, que siempre había considerado atractivos y peligrosos. Lo que sucedía con el agua de los cálices también le resultó intrigante, ya que parecía estar hirviendo y evaporándose poco a poco.

El aire comenzó a abandonar los pulmones de la chica, quien comenzaba a sentirse impaciente al saber qué era lo que seguía y cuando su corazón empezó a acelerarse, Sebastian soltó el mercurio que hasta entonces había sostenido en su mano izquierda y lo depositó sobre el vientre de la chica, adoptando una forma de media luna que después se convirtió en un rombo perfecto.

Instintivamente, Susanna se aferró al brazo de Sebastian cuando sintió la falta de oxígeno, pero este ejercía sobre ella una fuerza tal, que le fue imposible moverlo ni un milímetro. Tan solo, movió un poco la mano para que no soltara la piedra. Comenzó a patalear y a soltar gritos mudos ante la horrible sensación del agua llenando sus pulmones. Alzó sus piernas y comenzó a patear al demonio, en un inútil intento por zafarse de él, mientras el la veía fijamente, con los ojos brillantes. Sus colmillos afilados se asomaban cada vez que su boca se abría para pronunciar las palabras rituales.

Ronald volteó hacia la cocina, en donde Thomas y Abby observaban todo, ambos con expresiones idénticas de preocupación y en cuanto notó que ambos pretendían salir de la cocina para ayudar a Susanna, corrió hacia ellos para cerrar la puerta e impedirles el paso. Era imprescindible que nadie interrumpiera el ritual.

El ambiente se tornó frío y una ráfaga de aire sacudió las ramas de los árboles del jardín. Todo era cada vez más difícil de ver, ya que las únicas luces eran las de las velas alrededor del estanque. La chica de cabellos rubios gritaba para que Ronald los dejara salir y por un instante, cuando miró hacia donde estaba William, creyó ver algo extraño en sus ojos, que parecían brillar en tonos verdes y amarillos, observando todo con frialdad. Abby tuvo la impresión de que no era humano; ninguna persona normal podría estar presenciando tal escena y permanecer tan tranquilo.

El supervisor miraba toda escena con estoica paciencia, pero apretando su death scythe tan fuerte como podía. Sentía una extraña aprehensión por el resultado del ritual. Su mano derecha estaba prácticamente blanca por ello y rodeó el estanque para tener un mejor ángulo de lo que ocurría, ya que un ligero brillo azul parecía salir de la mano de Susanna y sin pensarlo dos veces, apareció un folder con su expediente y comenzó a leerlo.

Poco a poco, las fuerzas fueron abandonando a Susanna y de pronto, dejó de moverse. Sus ojos estaban en blanco y súbitamente, el agua dejó de burbujear, permaneciendo casi inmóvil. Sólo una última burbuja salió de la boca de Susanna: Ultimum spiritum; mi último aliento…

Notas de la autora:

Hola a todos. Una gran disculpa por tardarme tanto en actualizar. Han sido unos meses bastante tortuosos y además estoy haciéndome bolas con la tesis y batallando con mis asesores, así que he sido un desastre todo, pero finalmente aquí está la actualización. Espero que les guste. Ahora terminó con una escena muy intensa… aunque comenzó con algo muy romántico y la cita entre Will y Susanna terminó con la chica ahogándose… demasiado intenso el capítulo.

Para los seguidores del a banda sonora, para la escena del jardín entre Susanna y Sebastian, utilicé Memories in my eyes de Yiruma y para la del ritual pensé en Jen Titus O' Death