Capítulo 33. Apariencias y sospechas (Sebastian)

En cuanto Susanna dejó de respirar, el aire dejó de soplar en el jardín y ni siquiera el murmullo de los árboles y sus hojas pudo escucharse; hubo un silencio sepulcral en el que todos permanecieron a la expectativa. Ya estaba oscuro y era difícil ver los rostros de los shinigamis, pero Abby notó el semblante tenso de William mientras escribía algo el folder que, en algún momento que la chica no recordaba, él había tomado. Por su parte, Ronald continuaba observándola a ella y a Thomas con recelo. No estaba dispuesto a dejarlos salir hasta estar seguro de que el ritual hubiese terminado, y el chofer lo supo de inmediato, por lo que corrió hacia la puerta principal para poder salir y ayudar a Susanna, quien permanecía en el estanque, sostenida por los brazos de Sebastian.

El shinigami rubio miró a Grell, haciendo un gesto para que detuviera a Thomas, y un segundo después el pelirrojo corrió hacia la puerta principal para evitar que el chofer se acercara. Sus pasos acelerados fueron lo único que se escuchó y exactamente minuto y medio después de que Susanna dejara de respirar, Sebastian la cargó y la llevó hacia la orilla del estanque. Su rostro parecía más serio de lo habitual y miró al supervisor con ojos amenazadores, mientras este hacía las últimas anotaciones y sellaba el expediente de la chica.

-Listo –en cuanto William dijo estas palabras, Sebastian comenzó con la reanimación cardiopulmonar.

El demonio aplicó presiones calculadas a la perfección para no lastimar a la chica en su intento por hacer que su corazón volviera a latir y sus pulmones expulsaran el agua. Después, le daba respiración de boca a boca, repitiendo el proceso tres veces hasta que, con voz firme le indicó al supervisor que sería necesario utilizar el desfibrilador.

En un veloz movimiento, William se acercó a la máquina que había junto a la mesa. Estaba seguro de que la ella no moriría; él mismo la había quitado de la lista de persona por morir. Sin embargo, el que sobreviviera no era garantía de que ella saliera ilesa. La posibilidad de que hubiese secuelas era latente y en ese momento lo que más le preocupaba era la oxigenación en el cerebro de Susanna.

La máquina estaba lista para ser usada y el supervisor se acercó para dar la primera descarga a la chica, pero un instante antes de eso ella reaccionó y comenzó a toser, tratando de expulsar toda el agua que había tragado. De inmediato, una sonrisa apareció en el rostro de Sebastian, quien le dio un par de palmaditas en la espalda para ayudarla y William apagó el desfibrilador, no sin antes notar como la piedra azul caía junto a la chica, quien hasta ese momento la había sostenido con firmeza.

La piedra parecía brillar mucho más que antes, incluso parecía traslúcida y William la tomó con cierta reserva. No sabía qué efecto podría tener en él, pero sólo sintió un pequeño cosquilleo en las yemas de sus dedos. Con mucho detenimiento la observó, notando de inmediato que parecía contener una gran energía dentro de ella. Sin duda, el ritual había sido todo un éxito.

En cuanto Susanna expulsó toda el agua y pudo volver a respirar con cierta normalidad, abrazó a Sebastian con fuerza y comenzó a llorar. Sabía lo que había ocurrido y esos instantes en los que perdió el conocimiento, innumerables imágenes aparecieron frente a sus ojos, como si un torbellino la arrastrara hacia un lugar oscuro, lleno de almas en pena que la juzgaban y le mostraban todo el sufrimiento al que estaban condenadas. Fue poco tiempo, pero ella los sintió como una pesadilla eterna, llena de desesperanza y angustia; una probada de lo que podría sucederle.

Las lágrimas recorrían su rostro y sentía la mano de Sebastian acariciando su espalda para consolarla, con suaves movimientos que lograron traerla de vuelta a la realidad, sintiéndose segura en sus brazos, al menos durante ese instante, aunque continuaba sollozando. Sabía de antemano que sería una experiencia horrenda y estar cerca de la muerte le aterraba.

De pronto, se escuchó la puerta de la cocina abriéndose de par en par y la voz de Abby acercándose a ellos. La chica rubia corrió lo más rápido que pudo y Ronald la siguió lentamente, escondiendo las manos en sus bolsillos para disimular las ansias que lo invadieron durante los instantes en los que la chica no despertaba. A decir verdad, ninguno de ellos tenía una completa certeza de que todo resultara bien, o de que Susanna resultara intacta. Por suerte, ella parecía estar bien, dentro de lo que cabía. Pero ¿habría sido suerte, la habilidad del demonio y los shinigamis o algo más?

-¡Señorita, está bien!

-¡Abby! -Susanna se separó de Sebastian, pero de pronto se sintió muy débil y un poco mareada, por lo que no se animó a ponerse de pie y, en un gesto inesperado, Abby la abrazó con todas sus fuerzas.

- Pensé que se había ahogado y…

-Estoy bien. Todo era parte de…

-¿Parte del ritual? –de pronto se escuchó una voz rígida detrás de ellos. Era Thomas, quien se acercaba también, mirando con reproche a todos- y debo suponer que estabas al tanto de las implicaciones del mismo… -cuestionó a Sebastian, mirándolo con reproche y después hizo lo mismo con William.

-Sí, todos estábamos conscientes de lo que ocurriría y…-Susanna intentó explicar.

-Todos, menos nosotros –el chofer habló con frialdad.

-Y estoy seguro de que si lo hubiesen sabido, habrían hecho todo lo posible para detenernos ¿no es así, Thomas? –el demonio se puso de pie y se acercó a él. Sus ropas estaban mojadas por el agua del estanque y con un movimiento preciso acomodó su cabello, haciéndolo ver amenazadoramente apuesto. Sus ojos se fijaron en los del hombre mayor, enviando un escalofrío por todo su cuerpo. Era probablemente la tercera vez en todos esos años que veía al mayordomo mostrarse con esa actitud tan severa y desafiante- no tuvimos otra alternativa.

-Parte de mi deber es cuidar a la señorita y, aunque no es de tu incumbencia, le hice una promesa al señor Richard cuando… -de pronto el ambiente se volvió muy tenso entre el chofer el mayordomo.

-Fui yo quien lo aceptó Susanna por fin habló, intentando evitar algún tipo de conflicto no es culpa de Sebastian –la chica intentó incorporarse, pero sus piernas le fallaron y el mayordomo se apresuró a sostenerla, cuidando que no se lastimara y observándola, como si intentara decidir si sería pertinente llevarla al hospital o no era la única manera. Sólo así tendríamos una oportunidad contra el ángel caído.

Thomas guardó silencio por un instante y miró la escena, comprendiendo la situación. No estaba de acuerdo con los riesgos que señorita Serafer estaba tomando, pero también sabía que se requerían acciones drásticas, si es que querían deshacerse de la amenaza. Por otro lado, se preguntaba hasta dónde estaba dispuesto a llegar Sebastian para derrotar al ángel, aunque sabía muy bien que el bienestar de la chica era parte de sus prioridades y tan sólo el darse cuenta de cómo la miraba, era razón suficiente para estar un poco más tranquilo. A pesar de ello, se sintió incómodo. De pronto, William se acercó a él, como si hubiese adivinado sus pensamientos y quisiera interrumpirlo cuanto antes.

Yo sugeriría que Susanna fuese al hospital, para descartar algún tipo de complicación en su salud el supervisor ajustó sus lentes es posible que tenga agua en los pulmones y eso podría generar una infección.

-No. Hospitales no. Demasiadas preguntas –a chica respondió inmediatamente, sosteniéndose de Sebastian y recargando su cabeza en él.

-Estoy de acuerdo. Además, yo puedo encargarme de que no suceda tal cosa el demonio podía fácilmente usar sus habilidades para que la chica no sufriera las consecuencias de lo que acababa de ocurrir, por lo que sonrió y algo en su mirada parecía querer provocar al shinigami no correrá ningún peligro.

Está bien, pero si sucede algo, la llevaremos al hospital sin objeciones William dijo con solemnidad y resignación- por otro lado, aún tenemos el pendiente de la espada –miró al demonio con severidad- entre más rápido esté lista el arma, será mejor para nosotros.

-Estoy de acuerdo contigo, Will –Grell se acercó a ellos y aunque tengamos la espada, eso no garantiza que cualquiera de nosotros podrá utilizarla…

En efecto, eso era algo que ninguno de ellos había considerado hasta el momento y sus expresiones lo mostraron muy bien. Empuñar un arma tan poderosa debía ofrecer ciertas limitaciones, pero antes de poder considerarlo más, Susanna comenzó a marearse y recargó todo su peso en el mayordomo, quien enseguida lo notó.

Será mejor que descanse. Yo me encargaré de la espada –el demonio miró a Thomas con seriedad- ¿podrías llevar a la señorita a su habitación? Y que permanezca sentada, aunque sea en su cama. Debemos procurar que, si hay agua en los pulmones, salga lo más pronto posible .

Por supuesto –se acercó a ella y con una mirada amable preguntó ¿me permite? –ella asintió y dejó que Thomas la cargara hasta su habitación.

Abby, hay una caja de pastillas en el botiquín del despacho. Son diuréticos. Dale dos tabletas a la señorita Susanna y en 6 horas, si no estoy ahí, otra más –la chica asintió y siguió a Thomas.

-Quisiera que me ayudaran con algo –Sebastian miró a los shinigamis, quienes rápido comprendieron el mensaje y aceptaron.

Algunas horas después, Susanna despertó en su habitación. Lo último que recordaba era que Thomas subía las escaleras con ella en brazos y que Abby le había dado unas píldoras, pero en algún momento, ella había perdido el conocimiento, o se había quedado dormida. Se sentía desorientada y un poco confundida, y al ver que tenía puesta una pijama, supuso que alguien se había encargado de que estuviera cómoda. A pesar de ello, lo único que la hacía consciente de que nada había sido un sueño, era una extraña sensación de que le faltaba el aire y de pronto, comenzó a toser. Sentía como si se estuviera ahogando y un instante después su mayordomo, quien hasta ese momento había permanecido en silencio, cobijado y oculto por las sombras de la noche en el cuarto, se acercó a ella.

-¿Te encuentras bien? –caminó lento y de manera formal, con el uniforme de mayordomo impecable. Seguramente se había cambiado mientras la chica dormía y lucía tan pulcro como siempre. Llevaba consigo una taza humeante.

De inmediato, la chica notó un extraño aroma en su habitación y como si se tratara de una película, las imágenes de lo que había pasado en el estanque y una sensación de temor la invadieron, pero después sintió una mano cálida sobre la suya.

-Bebe esto. Té hará sentir mejor –el mayordomo la miró, como si intentara consolarla y antes de que pudiese responder algo, ella comenzó a toser- es normal que tengas tos y muchas flemas. Es por ello que preparé un té especial –le acercó una tasa humeante que desprendía ese olor herbal que la chica había identificado hacía un instante. Al contrario de lo que ella anticipó, el té no era amargo; por el contrario, tenía un sabor dulce –es un té hecho con ortigas. La misma hierba que recolectamos.

-Vaya…. –ella sonrió con debilidad- piensas en todo.

-Tu bienestar es mi prioridad –él sonrió con cierta coquetería, pero sus ojos parecían estar calmados– me gustaría realizar un pequeño examen para ver si hay agua en tus pulmones…

–Por favor, no quiero ir al hospital. Además, pasado mañana es la inauguración de las oficinas, no puedo cancelar todo.

–Si hay agua en los pulmones puedo sacarla, aunque no será un procedimiento agradable. Pero confío en que no haya, cuando tosiste salió mucho líquido, así que…

De pronto, el mayordomo se acercó a ella y miró sus pupilas, estudiándola con atención y buscando alguna anomalía. Después tomó su muñeca, sintiendo su pulso y calculando el ritmo cardiaco. Sus ojos brillaron y la miró de pies a cabeza, como si buscara algún tipo de señal que le indicara que había algo mal, pero no encontró nada. Finalmente, le indicó que se recostara boca abajo y con voz dulce le dijo.

–Voy a sentir tus pulmones –y entonces, el demonio se quitó los guantes y con mucha suavidad subió la camiseta de Susana, tocando su piel y causándole escalofríos.

–¡Seb…!

–Sólo quiero asegurarme de que no haya agua… -sus manos recorrieron su espalda hasta llegar a los pulmones, acariciándola con delicadeza, sin duda aprovechando la situación para incitarla. Después presionó levemente, observando si había alguna anormalidad y lentamente acercó su rostro a la espalda de la chica, recargando su oreja– respira profundamente…– ella hizo lo que le indicó y una sonrisa apareció en los labios de Sebastian, quien le dio un pequeño beso en el costado antes de volver a cubrirla– todo está bien. No hay agua.

–Una preocupación menos –ella se sentó, recargándose en la cabecera y desviando su mirada para intentar no pensar en ese beso que logró erizarle la piel y hacerle sentir una gran urgencia por tenerlo cerca, pero de pronto recordó que ya no tenía la piedra con ella– Sebastian, la…

-¿La piedra? Descuida. Aquí la tengo –tomó el objeto brillante de su bolsillo- me temo que… aunque el ritual funcionó, fue imposible forjar la espada con la piedra. A pesar de que los shinigamis me ayudaron, en cuanto terminé de soldarla la hoja se quebró –adoptó una actitud pensativa- necesitaremos algo más resistente o… tal vez algún material específico. El ritual fue un éxito y prueba de ello, es el enorme poder de la piedra. Siento hormigueo en la yema de los dedos cuando la sostengo.

-Al menos sirvió de algo todo esto… -la chica se desanimó un poco, pero reflexionó sobre lo que podría hacer la piedra.

-Lo encontraremos. Aún tenemos tiempo antes del 21. Por ahora, debes reponerte y… es probable que vayas mucho al baño con los diuréticos.

-Podría haber sido peor. Supongo que para pasado mañana todo será más normal –ella lo miró con cierta duda– va a ser muy incómodo estar en la fiesta y tener que ir al baño cada 15 minutos…

–Para mañana al medio día pasará el efecto –hubo silencio por un momento. Ambos se quedaron pensativos.

–Debemos reunirnos con los shinigamis. Necesitamos esa espada… mañana por la tarde, pero para ser sincera, no se por dónde empezar.

–Pensaremos en algo –acarició su cabello– por el momento, descansa.

–Me siento intranquila –la chica suspiró, pero notó que la expresión de Sebastian cambió de pronto y sonrió ampliamente.

–En ese caso ¿qué le parece si buscamos un vestido para la inauguración? –ella lo miró un poco confundida– podríamos buscar un bonito diseño y yo me encargaré de que esté listo para la fiesta.

A chica asintió y de inmediato, el mayordomo fue en busca de la computadora portátil para comenzar con la búsqueda del atuendo ideal para la inauguración del edificio de AstraZeneca. Al menos así, ella podría distraerse un poco y eventualmente quedarse dormida. A decir verdad, a pesar de haberse cerciorado de que ella estaba bien, Sebastian tenía aprehensión por la chica, por lo que cuando regresó a la habitación, se sentó en la cama junto a ella y comenzaron con la búsqueda.

Al siguiente día, temprano por la mañana, Susanna escribió una nota dirigida a William, pidiéndole que se reunieran por la tarde, ya que debían discutir el asunto de la espada. Entre más rápido encontraran solución sería mejor, ya que tendrían más tiempo para prepararse, pero a la vez sentía que el tiempo se le terminaba. Pocos minutos después de que envió la nota, recibió una respuesta de parte del Supervisor, quien ya se encontraba investigando sobre las posibles armas que podrían utilizar. También se preocupó por el estado de la chica, quien sólo tenía un poco de tos como estragos del ritual del día anterior.

Todo era demasiado surreal para Susanna. Sin duda, el ritual implicaba fuerzas sobrenaturales, ya que en circunstancias normales ella podría haber sufrido mayores complicaciones en su salud y al pensar eso, la invadió un sentimiento de nostalgia. Hacía ya varios meses que había llegado a Londres, pero por alguna razón, sentía como si esos fueran sus últimos días allí.

Sintió temor por la incertidumbre de lo que pasaría con su alma al terminar todo, pero también tenía curiosidad por lo que Sebastian haría para llevarse su alma. Una parte de ella estaba segura de que, al menos no sería un proceso tan doloroso o traumático, ya que el demonio y ella se habían vuelto muy cercanos.

De pronto ella rio con ironía: parecía tener una relación sentimental con el mismo demonio con el que había hecho un trato, aunque sabía bien que sentimental no era la palabra adecuada, ya que Sebastian no sentía… al menos no bajo los conceptos humanos y eso la llenó todavía más de curiosidad y un poco de temor. Mientras tanto, casi como si él hubiese leído sus pensamientos, él se acercó a ella por la espalda y le susurró.

-Algo te preocupa, ¿no es así? –Susanna tuvo un escalofrío al sentir su aliento en la oreja.

-Creo que sólo lo normal … -dijo con cierta duda- el futuro inmediato y el de…

-Tu alma –el demonio casi suspiró al decirlo. Se notaba el deseo en su voz mientras daba pequeños besos en la mejilla de la chica, después en su quijada y antes de llegar al cuello, cambió su actitud y la tomó de la nuca, dándole un beso en la frente- primero debemos deshacernos del ángel caído. Después… -la abrazó y sintió como ella se tensaba entre sus brazos, por lo que acarició su espalda para tranquilizarla- sólo te pido que sigas confiando en mí -poco a poco la chica comenzó a relajarse y un par de lágrimas corrieron por su mejilla- si lo que quieres es tiempo, lo tendrás. Esto también es nuevo para mí y no me gustaría acelerar las cosas, pero antes de pensar en lo que sucederá, debemos asegurarnos de que seguiremos vivos y nuestro contrato pueda continuar.

-Entonces… -ella se animó a hablar y mientras lo abrazaba, dijo con mucha determinación- quiero pedirte… -recapacitó de inmediato- ordenarte algo… –su voz mostró cierta duda por sus palabras, pero recordó el sinnúmero de veces que el mayordomo le había dejado en claro que, si quería algo, debía pedirlo de la manera adecuada: con una orden, y cada vez que lo hacía, tenía una sensación extraña en el cuello, en el lugar exacto en donde se encontraba la marca del contrato, como un cosquilleo que en ocasiones le resultaba placentero y lograba sacarle un par de sonrisas.

Un momento después Susana continuó hablando, aún en los brazos del demonio.

-No se si llegaremos al 22 de agosto, o si el ángel tenga otros planes para mí, pero… hasta entonces, quiero vivir el momento. Lo que sea que pase entre nosotros, será sin pensar en el contrato, sin la expectativa de que algún día devorarás mi alma y sin pensar que todo terminará pronto… es una orden –con esas últimas palabras, dejó en claro que no quería escuchar nada al respecto.

-Como usted quiera señorita –Sebastian contestó con formalidad y después dijo con voz más suave- aunque para ser sincero… eso es lo que he hecho desde hace varias semanas.

Ambos se sintieron liberados ante tal acuerdo; si el ángel lograba completar el enlace final, no habría un contrato que cumplir y tampoco un porvenir por el cual preocuparse, por lo que ante tal incertidumbre, sería mejor aprovechar el tiempo.

La reunión con los shinigamis fue más breve de lo que la chica anticipó. Todos habían pensado en la mejor forma para usar la piedra y, considerando que era necesaria un arma, decidieron utilizar un death scythe, ya que era un arma hecha con materiales tan únicos, que podía cortar cualquier cosa, además de ser de lo más resistente. Sin embargo, la condición sería que su uso se limitaría a uno de los shinigamis, lo cual Sebastian aceptó a regañadientes. El encargado de diseñarla y elaborarla sería Lawrence Anderson, quien era experto en la producción de artículos especializados para los shinigamis en Londres y contaba con una enorme experiencia de varios siglos; el mejor candidato para encargarse de la espada que derrotaría al ángel caído.

Una vez acordado eso, Ronald fue el encargado de llevar la piedra con Anderson y partió inmediatamente hacia las oficinas centrales. También llevaba consigo una nota redactada por William, en la cual se explicaban las especificaciones del death scythe, pero sin revelar muchos detalles, ya que se trataba de un asunto confidencial, pero hacía énfasis en la importancia del encargo y, sobre todo que este tendría prioridad sobre los demás trabajos de Lawrence. De antemano, el supervisor sabía que eso no sería del agrado de Anderson, sin embargo, se vería obligado a jugar la carta de supervisor y su jerarquía como shinigami para asegurarse de que el arma estuviese lista en poco tiempo.

Antes de que la reunión en el despacho terminara, William ajustó sus gafas y miró a Sebastian con severidad, causando escalofríos en Susanna y Grell, quienes de inmediato notaron el cambio de actitud en el supervisor.

-No conocemos los detalles de lo que el ángel caído esté planeando, pero sin duda alguna, en algún momento necesitará a Susanna, y es imprescindible que evitemos a toda costa que tenga contacto con ella, o que la rapte.

-¿Crees que venga por mí? –su voz sonó alarmada.

-Creo que es algo que eventualmente sucederá –el supervisor hizo una pausa antes de hablar y su postura se volvió más rígida.

-Yo me encargaré de cuidarla –Sebastian se posicionó junto a ella de manera protectora- no dejaré que algo le suceda. Es mi deber.

-Haz lo que quieras, pero me sentiría más tranquilo si uno de nosotros también estuviera al pendiente de su seguridad.

-Un guardaespaldas… -ella dijo con resignación.

-Podríamos turnarnos para estar cerca y ayudar a Sebas-chan si lo necesita –Grell exclamó- aunque un hombre fuerte y apuesto como él no debería…

-Honestamente… espero que no olvides la naturaleza de este trabajo, Sutcliff.

-Desde luego que no, querido Will –Grell sonrió mientras le guiñaba un ojo al supervisor de manera coqueta.

- Entonces, sí estamos todos de acuerdo con que Susanna tenga elementos de seguridad en todo momento… -esperó a que todos asintieran, incluso la chica, quien se resignó a hacerlo- además de nosotros tres, asignaré a dos personas más para que nos releven cada cierto tiempo. En caso de que el ángel aparezca, me notificarán inmediatamente y…

-Y que Dios nos ayude –Susanna dijo con un suspiro, esperando lo peor.

-Lo dudo mucho –dijo Sebastian con desagrado- debemos confiar en que el death scythe estará listo a la brevedad –intentó tranquilizar a Susana, pero en realidad su comentario fue dirigido al supervisor.

-Me encargaré de ello –William comprendió de inmediato y asintió- Después miró a Grell con seriedad- permanecerás aquí por un par de horas y por la noche vendrá alguien más a relevarte.

-Entendido –el pelirrojo parecía estar de buen humor.

Y sin decir más, el supervisor miró a Susanna y a Sebastian, asegurándose de que no tuviesen algo más que añadir y desapareció con un zumbido.

-Y bien, Sebas-chan ¿podrías darme un tour por la casa? –dijo el shinigami de manera coqueta.

-Dudo mucho que necesites un tour para saber dónde está qué, considerando las veces que has estado aquí y los cinematic records que has visto…

-¡Oh! Está bien, está bien. Iré a asegurarme de que no haya nada extraño en los alrededores.

Sin más, el shinigami salió del estudio para inspeccionar el jardín, dejando al mayordomo y a la chica solos, aunque con cierta inquietud sobre lo que podría pasar en los siguientes días.

La guardia de Grell transcurrió sin novedad alguna. Cada cierto tiempo daba un rondín por los alrededores de la casa y después volvía a entrar para asegurarse de que Susanna estuviese bien. En realidad, se estaba tomando el trabajo muy en serio, pero lograba disimularlo con los constantes flirteos hacia el mayordomo, lo cual Susanna encontró muy cómico, ya que no era cosa fácil hacer rabiar a su mayordomo, y disfrutó cada segundo.

Por su parte, Abby y el señor Haggard también estuvieron haciendo guardia en diferentes puntos de la casa, observando las cámaras de seguridad, en caso de que alguien desconocido se acercara. Por la noche, dos shinigamis perfectamente bien uniformados de acuerdo a su protocolo aparecieron frente a la puerta principal para relevar al pelirrojo. Traían consigo una nota de parte de William, la cual mencionaba que en esa ocasión serían dos los shinigamis que enviaba, ya que suponía que Abby y Thomas dormirían durante la noche. El supervisor había pensado en todo y se tomó muy en serio la seguridad de la chica, lo cual no le simpatizó del todo a Sebastian, quien podía leer entre líneas las intenciones ocultas del señor Spears respecto a Susanna, además del constante recordatorio de que no lograba confiar en su capacidad para cuidar de la chica.

Al día siguiente, los dos shinigamis que estuvieron de guardia durante la noche fueron relevados por otro más, quien acompañaría a Susanna hasta que llegase a la fiesta, en donde William estaría esperándolos. La inauguración comenzaría a la 1 de la tarde y a las 11 de la mañana, Susanna comenzó a arreglarse. En cuanto el ritual terminó, su periodo también lo hizo, así que tendría al menos un peso menos encima. La estilista llegó a las 11:20 en punto y se encargó de que su maquillaje fuera ideal para el día y que su cabello, aunque estuviese suelto, tuviera volumen y no tuviera problema con acomodarlo. Posteriormente, se puso el vestido, el cual era de dos piezas: una falda que llegaba ligeramente más arriba de la rodilla, pero que parecía estar enrollada alrededor de ella, dejando un pliegue justo en el frente que dejaba ver un poco más de sus muslos. El top era estilo strapless y llegaba hasta un poco más debajo de los hombros, con manga larga que era apenas más amplia en la muñeca. Era de un intenso color vino con detalles en terciopelo en toda la tela, haciéndolo ver muy original e ideal para una fiesta en el día.

Era un día soleado y excelente para una celebración. Cuando Susanna llegó acompañada de Thomas y el shinigami asignado para esa mañana, ya había varios invitados en el lugar. El chofer estacionó el auto en la entrada principal, para después darle las llaves al valet parking, mientras William observaba todo desde un punto alto, asegurándose de que nadie lo viera. A decir verdad, era un lugar estratégico por donde podía darse cuenta de cualquier anomalía a su alrededor, en especial con sus ojos de shinigami.

Sebastian se había adelantado un par de horas antes a las oficinas para asegurarse de que todo estuviera listo y en cuanto Susanna llegó, se acercó al auto para ayudarle a bajar. Él mismo se encargó de que el vestido fuera del agrado de la chica, haciendo los ajustes necesarios para que la favoreciera en todo sentido, pero no se lo había visto puesto hasta ese momento y en cuanto sus ojos se posaron en ella, tuvo que hacer su mayor esfuerzo para que su brillo demoniaco no se mostrara, como solía hacerlo cuando ciertos impulsos que la chica despertaba en él lograban dominarlo.

Respiró hondo y le ofreció su mano para que bajara del auto y sin romper el contacto visual, le dio un suave beso en la palma de la mano, haciendo que la chica sonriera de manera tímida.

-Se ve hermosa, señorita.

-En ese caso, mis felicitaciones al encargado del vestido –bromeó y Sebastian rio de manera coqueta. Su traje también estaba hecho a la medida, era negro y el chaleco tenía pequeños detalles en terciopelo azul muy oscuro. La camisa era del mismo color que el traje, pero la corbata era, al igual que el vestido de la chica, color vino. Sus guantes eran inmaculadamente blancos, y el único indicativo de que él era parte del staff, de lo contrario, podría haber pasado por alguno de los invitados al evento.

-Sin duda alguna, alguien con excelente gusto –el mayordomo le susurró al oído y ella pretendió seguirle el juego, pero de inmediato notó la mirada de desaprobación de Thomas, quien se encontraba esperándolos en la puerta de entrada, junto con el shinigami que los había acompañado y quien parecía un miembro más del staff de seguridad. Después, Sebastian le ofreció su brazo a la chica para escoltarla y escapar de la inquisidora mirada del chofer.

-Sólo le recuerda que a las 2 de la tarde está programado su pequeño discurso y después un pequeño homenaje a las víctimas de la bomba en el otro necesita algo, estaré supervisando el servicio de catering.

La chica asintió y con paso seguro se acercó a donde estaban algunos de los inversionistas de AstraZeneca para charlar con ellos y mostrarse como buena anfitriona. Todos parecían estar de buen humor, aunque todavía impresionados por los supuestos ataques terroristas de hacía un par de días en el estadio de fútbol. Al escucharlo, la chica sólo pudo guardar silencio, recordando los horribles acontecimientos de ese día. Aún sentía remordimiento por no haber podido hacer nada al respecto y cierta culpa por saber la causa de todo.

Cuando el momento de la inauguración oficial llegó, ella cortó el lazo de manera ceremonial, entre aplausos y las ovaciones de los inversionistas. Al ser un evento familiar, también se encontraban allí las parejas e hijos de los trabajadores de la empresa, haciendo que el lugar estuviese prácticamente lleno. Después del acto protocolario, muchas personas fueron hacia el jardín del edificio, en donde había varias mesas, música ambiental y algunos juegos inflables para los niños. Otras personas permanecieron en el lobby, el cual era bastante amplio y en donde había un conjunto musical, además de un lugar dispuesto en caso de que alguien quisiera bailar.

Un par de horas después, la fiesta de inauguración continuaba, y los invitados parecían haberse animado bastante con la orquesta que tocaba armoniosas y alegres melodías, y tal vez con un poco de ayuda del alcohol, que en ningún momento hizo falta, al igual que el delicioso menú y bocadillos que los meseros ofrecían a todos los invitados. Por su parte, Susanna no había visto al shinigami que había estado cuidándola desde hacía un tiempo y comenzó a preguntarse si estaría observándola desde las sombras, o si sería ahora otro shinigami el que estuviese cerca. Definitivamente sentía la presencia de uno de ellos, pero no estaba segura de quién se trataba, así que decidió acercarse hacia el área en donde la presencia era más fuerte, dando pasos lentos y tratando de no llamar la atención de las personas a su alrededor. La presencia se hacía cada vez más fuerte, y de pronto pudo ver a William de pie junto a los ascensores. Había escogido un lugar estratégico en donde no era fácil verlo, pero él podía ver todo el lobby sin problema alguno.

Sus miradas se cruzaron por un momento. Parecía que William la había estado observando durante todo ese tiempo en el que ella buscaba. Su expresión era solemne y la chica estuvo casi segura de que era la única que podía verlo en ese momento. Los shinigamis tenían esa conveniente habilidad de ser invisibles al ojo humano, pero gracias a la herencia de sus antepasados, la chica podía verlos con facilidad. Caminó hacia él y parecía haber cierta expectativa por parte de ambos, pero unos metros antes de llegar a su lado, Sebastian apareció frente a ella, con una bella sonrisa que logró desconcertarla por un instante, pero después contestó con el mismo gesto.

-Me preguntaba si quisiera bailar conmigo –le ofreció su mano- no querrá que las lecciones de baile hayan sido en vano.

-Difícilmente podría llamarle lecciones de baile a… -se quedó sin palabras recordando aquel día- eso… -atinó a decir mientras tomaba la mano del mayordomo y caminaban hacia donde había más gente bailando.

-¿Entonces cómo le llamaría a… esa experiencia? –Sebastian la miró de manera seductora.

-Pues… -Susanna se sonrojó un poco al recordar sus manos acariciando sus piernas y espalda mientras bailaban tango hacía apenas un par de semanas- un descarado intento por seducirme.

-Estoy de acuerdo, con excepción de algo –él se detuvo y se puso frente a ella, acercándose para adoptar una posición adecuada para bailar y después susurró en su oído- diría que no fue un intento, ya que la seducción fue bastante efectiva -ella rio y escuchó como una canción lenta comenzaba a sonar, como si todo hubiese estado calculado a la perfección, lo cual no era sorpresa, tratándose del mayordomo.

Sebastian llevó la iniciativa en todo momento, mientras danzaban rítmicamente, manteniendo un contacto visual que casi podía sacar chispas. Era evidente la tensión sexual entre los dos y ella lo notó en la forma en la que el demonio la sostenía por la espalda, atrayéndola hacia él, mientras acariciaba su mano izquierda sobre la suya, y lo único que se interponía entre el contacto piel contra piel, eran los guantes blancos que ocultaban las uñas negras del demonio y la marca del contrato. Fue un baile lento y rítmico, que después de un momento, paso de evidenciar el suspenso entre ellos, a ser más relajado y suave. Sus ojos nunca dejaron de verse, haciendo todo más íntimo. Sería el momento en el que Susanna supo que estaba enamorada de él. Ella le sonrió y se acercó más a él para recargar la cabeza en su pecho y bailar de manera un poco más relajada, mientras cerraba los ojos y sonreía con satisfacción, sin darse cuenta de que el mayordomo sonreía de la misma manera.

Cuando terminó la canción, Sebastian la llevó a un costado de la pista de baile y con suavidad tomó su mano, dándole un beso suave y mirándola con coquetería.

-Me temo que debo regresar a mis actividades de mayordomo, pero estaré al pendiente de usted y –le sonrió de manera provocativa- espero pasar más tiempo con usted, antes de que la fiesta termine.

Susanna asintió y lo vio alejarse entre los invitados de la fiesta, sintiendo de pronto la necesidad de tomar aire fresco, pero al final optó por tomar vaso con piña colada de la charola que llevaba un mesero que pasó junto a ella. Después, caminó hacia el otro lado del lobby, tratando de alejarse un poco de la gente y regresar a la realidad.

Un par de minutos después, ella salió a jardín con la intención de mirar a los invitados desde la distancia. Los trabajadores de la empresa conversaban entre ellos y parecían disfrutar mucho de la convivencia. Había niños corriendo por los jardines y algunos muchachos disfrutando del karoke que improvisaron. La chica bebió un sorbo de su piña colada y de pronto escuchó una voz femenina acercándose detrás de ella. Se trataba de la hija de uno de los inversionistas principales. No recordaba su nombre, pero su rostro era difícil de olvidar y había hablado un poco con ella en otras reuniones y celebraciones.

-Susanna –sonrió- excelente fiesta. Todos parecen estar disfrutando mucho.

-Me alegro de que sea un éxito. Creo que… -miró con nostalgia su vaso- es una pequeña compensación por todo lo que pasó con el otro edificio y los ajustes en la empresa.

-En ese caso, brindemos porque las cosas continúen mejorando –la chica le sonrió nuevamente a Susanna y brindó con ella, pero un instante después, adoptó una actitud distinta, y una traviesa sonrisa apareció en su boca- por cierto, ese mayordomo tuyo… -jugueteó con su copa de champagne.

-¿Sebastian? –Susanna peguntó con curiosidad. Tenía una corazonada sobre hacia dónde iba la plática y alzó la ceja con cierta incredulidad, aunque por dentro se preguntaba qué tan indiscretas habían sido sus miradas e interacciones durante el baile, sintiéndose un poco apenada.

-Es muy hábil, por lo que veo… estuve observándolo y, cocina de maravilla, sabe decorar los platos como si fuera un chef de primera, prepara bebidas impresionantes, baila como si fuera un profesional y, por lo que escuché, habla más de tres idiomas ¿de dónde lo sacaste?

-Digamos que…–Susanna se preguntó en dónde había escuchado que Sebastian hablaba varios idiomas, pero recordó que los inversionistas eran de diferentes partes del mundo, por lo que tal vez habían interactuado en algún momento de la tarde- … fue una herencia familiar. Supongo que tuve suerte.

-Demasiada. Además, está guapísimo – Susanna casi se ahoga con la piña colada en cuanto escuchó eso y la otra chica rio- tiene algo, no sé qué es, pero es sexy…

-Sí, en realidad es bastante atractivo –tomo otro sorbo, tratando de esconder su sonrojo mientras desde el otro lado del jardín, haciéndose cargo de dirigir a los meseros y la preparación de los bocadillos, Sebastian escuchaba la plática con mucha atención, sonriendo con picardía tras oír los comentarios de ambas chicas.

-¿Atractivo? –la chica rio- el tipo está buenísimo, además... –se acercó a Susanna- podrías aprovechar las condiciones de tu contrato con él ¿sabes? –su tono cambió y tanto Susanna como Sebastian se pusieron alerta al escuchar eso último. De inmediato el mayordomo tomó un cuchillo y se dirigió con paso firme hacia donde las chicas hablaban.

-¿A qué te refieres? –el recelo se asomó en la voz de Susanna, quien pensó en mil y un posibilidades del cómo se habría podido enterar de su contrato con el demonio. Este era en definitiva uno de los peores momentos para enfrentarse a algo así. Había mucha gente a su alrededor y comenzó a ponerse nerviosa.

-¡Ay, quita esa cara! Conozco esos contratos con cláusulas de absoluta discreción. En realidad, son bastante comunes ¿sabes? Sólo pensé que podrías aprovecharlo y averiguar si Sebastian es igual de talentoso en la cama… ¿o es que acaso esa actitud defensiva es porque ya lo comprobaste? –hubo silencio y de pronto ambas chicas se carcajearon con gran energía, divertidísimas con el comentario y la risa fue mayor cuando, instantes después, Sebastian apareció junto a ellas llevando una charola con más bebidas.

-Me alegra ver que estén disfrutando de la fiesta. ¿Desean algo más de tomar?

-Gracias, Sebastian. Le decía a Susanna que son impresionantes tus habilidades como mayordomo, como cocinero y en prácticamente todo.

-Agradezco mucho su comentario, señorita –hizo una discreta reverencia.

-Aunque nos preguntábamos… -la mirada de Susanna fue amenazadora, pero la chica la ignoró por completo-¿qué tan hábil eres con las manos? –fingió inocencia al preguntar eso y Susanna se quedó atónita por un instante, sin saber qué decir, pero con un par de ideas en mente y conociendo a Sebastian, sabía que este sacaría algo de provecho de la situación.

-¿Con las manos? –Sebastian puso su mejor cara angelical mientras ponía la mano derecha en su barbilla, como si estuviera pensando- pues…. Soy capaz de hacer todo tipo de origami, si a eso se refiere.

-¡Qué maravilla! Eso significa que tus dedos son muy hábiles… –la chica volvió a reír y Susanna sitió una pequeña vena que sobresalía de su frente.

-Si usted lo desea, podría hacer una pequeña demostración. Sólo necesito unos trozos de papel –el mayordomo aprovechó para mirar a Susanna de manera seductora y guiñarle un ojo.

-Creo que no será necesario, Sebastian –Susanna contestó de manera persuasiva, haciéndole entender que no quería seguir el juego.

-Como usted desee, Milady – siguió mirándola de la misma manera y ella se esforzó al máximo para mostrarse irritada y no sonrojarse. En Suecia había recibido una pequeña muestra de lo que sus manos podían hacer, y si a eso le añadía lo mucho que disfrutaba sus besos, sabía que no podría resistir más la tentación.

-Iré a supervisar los bocadillos. Si desean algo, sólo llámenme –Sebastian se alejó con dirección a la estación de meseros y una sonrisa victoriosa en su rostro. En definitiva, haber puesto un poco más de alcohol en la bebida de la hija de aquel inversionista había sido una de sus mejores ideas…

Tras la breve charla con la otra chica, Susanna sintió la necesidad de estar sola por un rato, por lo que caminó hacia el Lobby y discretamente se escabulló hacia las escaleras, esperando llegar a la terraza del segundo piso, el cual tenía un amplio ventanal con vidrios polarizados, desde donde se podía ver el jardín, pero era imposible ver hacia su interior, dándole privacidad. Mientras caminaba, sintió la presencia del shinigami no muy lejos de ahí, pudiendo ubicarla en el lobby del edificio, sin moverse de su lugar, tal vez en el mismo sitio en donde lo había visto hacía poco más de una hora.

La chica miró hacia el jardín, sintiéndose agradecida por que nadie pudiese verla y aprovechó para sentarse en las escaleras y descansar un poco, mientras continuaba viendo por el ventanal. Un par de minutos después, sintió la presencia de Sebastian acercándose y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Quería alejarse un poco de la gente, pero desde luego, no le molestaba en lo absoluto el estar a solas con el mayordomo, quien pronto a pareció por las escaleras. Su traje continuaba casi perfecto, como si acabara de llegar a la fiesta, aunque el saco estaba desabrochado, dejando ver el elegante chaleco debajo de este. Por su bolsillo se asomaban los guantes blancos que había decidido quitarse, dándole una apariencia más relajada.

-¿Cansada?

-No, pero quise tomar una pausa de todo el bullicio –cruzó la pierna en un gesto inconsciente de coquetería, mientras miraba hacia la ventana. Por supuesto, esto no pasó desapercibido por el demonio.

-¿Me permites? –él preguntó de manera serena, señalando el espacio en la escalera junto a ella.

-Claro –Susanna sonrió y pronto sintió la cercanía de Sebastian, quien la miraba con atención –hasta ahora, todo ha salido muy bien. Me parece casi increíble imaginar hace dos días estábamos pensando en el ritual y todavía exista la posibilidad de que... el ángel pueda venir por mí.

-Te aseguro que todo es real, pero sobre todo que…–tomó la mano de la chica y le dio un beso mientras conservaba una actitud casual- tu seguridad es lo más importante en este momento.

-Qué exagerado –la chica dijo entre risas, alejando su mano del alcance del mayordomo y llevándosela a la barbilla en forma pensativa- lo dices como si fuera un asunto muy solemne y, sospecho que sólo intentas lucirte.

-No se de qué hablas –sonrió ampliamente, mostrándole sus afilados colmillos. Una imagen que, lejos de parecerle amenazadora, Susanna consideró fascinante- aunque hace unos momentos te escuché decir algo sobre mí –hizo una pausa para darle más énfasis a lo que diría- creí escuchar que te parezco "bastante atractivo" –la miró a los ojos esperando una respuesta- ¿o es que mi imaginación me ha jugado una mala broma?

-¿Espías mis conversaciones? –ella alzó una ceja

-No, es sólo que… -se acercó más a ella- la chica con la que conversabas parecía sospechar algo… -después se inclinó un poco para susurrar en su oído- en especial sobre mis habilidades con las manos.

-Menos mal que sólo sospechaba… –sonrió para sí, alejándose un poco del mayordomo con actitud desafiante.

-¡Milady! –Sebastian hizo su mejor actuación para parecer indignado ante el comentario de la chica- ¿acaso mis esfuerzos no han sido suficientes para hacerte entender que sólo me interesas tú? –Susanna soltó una carcajada tras la exagerada actitud del demonio- es una lástima que mi condición de demonio te condicione de tal manera, al grado de no confiar en mí y lo que…

-Sebastian, guarda silencio… -Susanna dijo entre risas y lo tomó del saco para jalarlo y besarlo en los labios.

Un instante después, él rodeó su cintura y retiró la mascada del cuello de Susanna para poder tocar la piel de su cuello con delicadeza, trazando la marca del contrato con su dedo índice, como si supiera el patrón de memoria. La chica se estremeció ante el contacto e hizo su mejor esfuerzo por no emitir sonido alguno, pero era difícil no gemir ante los roces del demonio.

Susanna tocó el pecho de Sebastian por encima del chaleco y con su mano izquierda acarició su cabello; un travieso intento por despeinar la habitual imagen impecable que el mayordomo mostraba. Al notarlo, él sonrió y pasó su lengua por el labio inferior de la chica.

Ella jugueteó con la corbata del demonio, aflojándola poco a poco mientras disfrutaba de los besos de Sebastian y un segundo después, suspiró alcanzando a susurrar.

-He estado esperando todo el día para hacer esto –su respiración era agitada y su corazón palpitó con fuerza.

-Qué curioso –dijo Sebastian entre besos- yo he… estado esperando… mucho más… para hacerlo.

-¿Cuánto? -ella se separó de él por un momento, recargándose en uno de los escalones mientras arqueaba una ceja con un poco de coquetería.

-Apuesto a que te gustaría saber… –el correspondió el gesto con una sonrisa pícara y volvió a besarla, esta vez con más urgencia y ella sonrió cuando sintió que sus dientes mordían su labio inferior, primero causándole cosquillas, pero después ocasionando que comenzara a sentir calor en el vientre.

De pronto, Sebastian la tomo por la cintura y la levantó para que se sentara a ahorcajadas en su regazo. Eso sorprendió a la chica, pero lo rodeó con los brazos y aprovechó la comodidad posición para continuar con sus afectos, animándose a desabrochar su chaleco para acariciar su torso, sintiendo cómo los músculos de su pecho se estremecían cuando lo acariciaba.

El mayordomo acarició las piernas de Susanna, sintiendo su suave piel con la yema de sus dejos. Sus movimientos fueron lentos mientras recorría las pantorrillas y se acercaba a los muslos. Sabía que la chica no lo detendría, pero de todas formas, procedió con precaución y paciencia. Después de todo, era todo un experto en postergar el placer. La falda del vestido resultó ser ideal para acariciarla de esa manera, pero antes de subir sus manos un poco más, hizo un gran esfuerzo por controlar sus ansias y hacer una pausa, separándose de ella para mirarla. Sus ojos demoniacos brillaban de una manera especial, de un tono más oscuro que el que le había mostrado con anterioridad, casi rojos, hambrientos y a la expectativa, mirándola como si estuviese contemplando su alma, pero la chica sonrió con calidez.

-¿Mis ojos no te causan temor? –el preguntó con curiosidad, siendo la primera vez que le mostraba esa faceta a Susanna.

-No –acarició su pómulo, como trazando el contorno- me parecen fascinantes.

-Lo son porque les fascina verte.

Y con un suave movimiento, acarició la barbilla de la chica, acercándose para besar su quijada, con pequeños besos que se hicieron camino hasta su cuello y cuando por fin se posaron sobre la marca del contrato, Susanna no pudo evitar gemir ante la deleitosa e intensa sensación que le causó. El lugar en donde estaba el pentagrama se había vuelto más sensible desde que formaron el contrato, pero nunca antes lo había sentido de esa forma. De repente, un gemido más intenso que el anterior abandonó su boca, al sentir la lengua del demonio sobre el pentagrama, haciéndola sentir muchísima excitación. Sebastian rio en voz baja y sintió las piernas de la chica apretando su regazo, indudablemente intentando generar sensaciones similares en él.

Un momento después, acarició la cintura y la espalda de Susanna sin dejar de besar su cuello, pero esta vez succionando con un poco de fuerza.

-Mm… eso va a dejar una marca –sintió los labios de Sebastian sonriendo sobre su sensible piel y moviéndose hacia el otro lado del cuello, y un instante después volvió a succionar con la presión exacta para dejar otra marca -¿no es suficiente con la marca del contrato? Mm ¡auch! –pero el sonido de dolor pronto se volvió uno de placer.

-Nunca es suficiente – su voz sonó gutural y peligrosa, advirtiéndole a la chica que la naturaleza demoniaca de Sebastian estaba a flor de piel. Había sido paciente durante mucho tiempo y por fin estaba disfrutando de su contacto físico en un nivel más íntimo.

La chica se deleitó con todo lo que hacía Sebastian, pero de pronto decidió invertir un poco los papeles y comenzó a besarlo apasionadamente y después a besar la piel pálida del cuello del demonio, quien no puso protesta alguna y se recargó en los escalones para que la chica pudiera tener mejor acceso a su cuello y clavícula.

Las sensaciones físicas que ella causaba en él, tal vez no fueron nuevas, pero hacía ya varios siglos que no lo experimentaba y dejó envolverse por sus roces y besos. Una amplia sonrisa apareció en la boca del mayordomo y mientras ella se daba a la tarea de explorar su piel, el puso sus manos sobre su cintura, haciendo pequeños movimientos de fricción entre ella y su regazo.

Unos momentos después, con un rápido y preciso movimiento, volvió a tomar a la chica por la cintura y las piernas para que se sentara en uno de los escalones y se recostara recargada en la pared, instintivamente rodeándolo con sus piernas, lo cual causó una sonrisa pícara en él. Ella lo abrazó para sostenerse y lo besó profundamente, mientras el acariciaba sus piernas y poco a poco subió su falda.

De pronto, el demonio escuchó unos pasos acercándose y de decidió bajar la intensidad del momento, acomodando la falda de la chica, separándose de ella para asegurarse de que su cabello no estuviese tan desaliñado y ella estuviera presentable. Todo en apenas un par de segundos, y antes de que ella pudiera preguntar qué sucedía, escuchó a alguien aclarándose la garganta.

-Sebastian, me parece que el staff de catering necesita de tu ayuda y… hay gente buscando a la señorita Susanna –Thomas Haggard estaba en las escaleras y aunque no se topó con la intensa escena entre el demonio y la chica, no hizo falta mucha imaginación para adivinar lo que había sucedido. La respiración de Susanna era acelerada y, aunque su cabello y ropa parecían no haber sufrido cambio alguno, el rubor en sus mejillas y los labios ligeramente hinchados la delataron.

-Por supuesto –en ese momento, ella notó que la vestimenta de Sebastian estaba también impecable, con excepción de sus guantes, que continuaban en su bolsillo, pero al parecer había hecho uso de sus habilidades demoniacas para desaparecer toda evidencia- si me permite, señorita –hizo una leve reverencia una vez que se puso d pie y caminó de regreso a la fiesta, poniéndose los guantes, pero no antes de que el señor Haggard notara sus uñas negras, frunciendo el ceño volteando a ver a la chica con cierta desaprobación.

-Ya voy, ya voy –dijo mientras se levantaba y aclaraba su voz, preguntándose si sería un buen momento para ir al tocador a refrescarse y quizás retocar su maquillaje, pero sobre todo, parecía estar apenada con el señor Haggard, quien claramente desaprobaba sus acciones.

-El señor Richard me encomendó la protección de su sucesor y, creo que no hace falta que le diga debe pensar detenidamente sobre las consecuencias de sus acciones –la chica miró hacia el suelo, evitando el contacto visual- no pretendo reprenderla de ninguna manera, sólo que piense las cosas con detenimiento. Usted sabe bien quién es Sebastian.

Susanna se sorprendió muchísimo al escuchar al señor Haggard, quien definitivamente sabía más de lo que aparentaba y con esa mirada sorprendida lo miró, quedándose muda durante un instante.

-Tal vez sea el momento de hablar con usted –el chofer le mostró una sonrisa reconfortante- hay un par de cosas que su abuelo me encomendó y tal vez este sea el momento indicado de hacerlo ¿le parece bien esta noche?

-Sí –ella atinó a decir, preguntándose de qué se trataba todo eso.

-Por lo pronto, siga disfrutando de la celebración.

Y después de decir eso, Thomas bajó las escaleras y desapareció entre los invitados. Unos momentos después, la chica ordenó sus ideas y decidió bajar para regresar a la fiesta, pero en cuanto llegó al lobby, sintió una presencia conocida muy cerca de ella.

Era William, quien estaba de pie junto a las escaleras. Su porte era rígido y serio, tal como la primera vez que lo vio en el parque. Estaba segura de que no llevaba mucho tiempo ahí, pero algo dentro de ella le dijo que sabía perfectamente lo que había sucedido.

-Creo que es importante lo que Thomas quiere decirte –ajustó sus lentes y miró a la chica, estudiándola en busca de algo y un instante después suspiró, relajando los hombros un poco- honestamente, Susanna… sólo te pido que tengas cuidado.

-William, ¿a qué…? –sintió simpatía por el shinigami, especialmente porque logró ver un destello de melancolía en sus ojos antes de que este se volteara y la interrumpiera.

-Es hora de irme. Habrá dos shinigamis cerca de tí lo que resta de la fiesta y por la noche, el señor Knox se quedará de guardia.

-Está bien.

-Te veré mañana por la mañana –y un segundo después, el supervisor desapareció con un zumbido.

La celebración duró un par de horas más y cerca de las 8 de la noche, Susanna regresó a casa, acompañada de Ronald y Thomas. Sebastian se adelantó a la residencia Serafer para asegurarse de que todo estuviese en orden.

Una vez de regreso, Susanna se dio un baño para relajarse un poco y después de cenar algo ligero, el señor Haggard se acercó al estudio para hablar con ella. Su actitud era solemne, pero en ningún momento pareció reprocharla por lo que había sucedido aquella tarde. Simplemente se sentó en el sillón junto a ella, dándole a Susanna la impresión de que estaba hablando con una figura muy paternal.

-Mi familia ha trabajado con la familia Serafer durante casi cuatro generaciones. Su bisabuelo fue el primero en requerir nuestros servicios como guardaespaldas y asistentes personales. Años después, su abuelo continuó con esta práctica y, de haber permanecido en contacto, yo habría trabajado para su padre, Uriel –de pronto sonrió con melancolía- solía preocuparme el hecho de que yo nunca tuve hijos que continuaran con la labor, pero las cosas pasan por una razón. Ya no hará falta

-¿Lo dices porque dejarán de perseguir a mi familia, o porque ya no habrá más Serafer a quienes proteger? –Susana se animó a preguntar

-Confío en que será lo primero –hizo una pausa y miró hacia el escritorio, como si estuviese mirando una escena de años atrás- lo segundo dependerá de usted y de Sebastian –de inmediato Susanna se quedó boquiabierta- desde que el joven Uriel huyó de casa, su abuelo quedó devastado, aunque sabía que era lo mejor, pero ese acontecimiento fue el que lo hizo buscar una solución a la caza de su familia, muy dentro de él, con la esperanza de que su hijo volviera. Recuerdo que viajó con su esposa alrededor del mundo y cuando por fin regresaron, algo cambió y de pronto apareció un individuo misterioso vestido de negro que lo visitaba con frecuencia.

Thomas hizo una pausa y miró a Susanna, cerciorándose de que estuviese tranquila y después continuó con el relato.

-Poco a poco su abuelo fue volviéndose más aprehensivo, guardaba secretos y se alejó de su esposa. Pasaba horas en el estudio conversando con alguien… con ese individuo de negro, a quien decidió contratar como su mayordomo y asistente personal. A estas alturas, ya te imaginará de quien estoy hablando.

-Sebastian…

-Así es. Eso ya fue hace mucho tiempo y yo me sentí relegado, pero su abuelo siempre confió en mí, y yo conservé mi trabajo y su confianza. Incluso, me atrevería a decir que él me trataba mucho mejor que a su mayordomo, a quien le hablaba con un tono brusco y distante. No entendí la razón a tiempo –hizo una pausa- pasaron algunos años y la señora Eleanor falleció, dejando a su abuelo desolado y amargado la mayoría del tiempo, hasta que contrató a Fer y a Abby. Ellos trajeron de vuelta un poco de alegría a esta casa, pero no sabrían toda la historia.

-Thomas… debió ser difícil –la chica sonrió con simpatía.

-Fue difícil ver los últimos años de su abuelo, pero fue aún más duro el presenciar el distanciamiento con su esposa –de pronto, la miró a los ojos- por eso, señorita Susanna, es que debía hablar con usted. Hice un juramento a su abuelo: por ningún motivo yo debía interferir en las acciones de Sebastian, ya que él sabía bien cómo encontrar a su hijo Uriel y cómo terminar con la cacería de su familia. Al principio fue difícil de creer, pero… recuerdo cuando él llegó a esta casa, Sebastian no debía pasar de los 35 años, y desde entonces ha mantenido esa apariencia.

-Thomas…

-Ninguna persona normal permanece eternamente joven, ni tiene un talento nato como lo tiene él y hoy por la tarde que vi su mano… -recordó las uñas negras del mayordomo y después miró a Susanna, quien desde hacía un momento sentía la presencia del demonio cerca del estudio, sin duda escuchando la conversación- mi juramento con su abuelo fue el no interferir en las acciones de su mayordomo, pero también debo cuidar de usted y… lo que nos contó el día en que murió Fer y las implicaciones de todo esto, fueron un llamado a quitarme el velo de los ojos, lo que me despertó para aceptar lo que hacía mucho tiempo quise ignorar.

Susanna temía por lo que podía pasar si Thomas supiera la verdadera naturaleza de su mayordomo, por lo que su expresión fue de angustia y comenzó a sentir un pequeño bochorno.

-Es por ello que, hoy por la tarde cuando los encontré a los dos en la escalera, temí por no cumplir el juramento que le hice a su abuelo. Si bien no he interferido en las acciones de Sebatian, no estoy seguro de estar cuidando de usted, sabiendo que él no es quien dice ser… o mejor dicho, sabiendo que probablemente no sea humano…

-Thomas… quieres decir que…

-He tenido mis sospechas desde hace años. Pero quiero que entienda una cosa: no desconfío de sus intenciones por cumplir su trabajo. Se que hasta ahora ha hecho lo que se le ordenó, pero no se hasta qué punto él obtenga un beneficio propio –hizo una pequeña pausa- creo que por eso su abuelo me encargó que cuidara de su o sus descendientes… sea cual sea la ganancia que Sebastian obtenga, la consiguió con su abuelo y con usted también lo hará.

-Lo que obtendrá es algo a lo que he accedido voluntariamente y que no afectará a nadie más que a mí –lo miró con convicción- fue una decisión que asumiré hasta las últimas consecuencias y que depende únicamente de mí, pero sobre todo –suspiró, tratando de no imaginar qué habría pasado si Thomas hubiese llegado unos minutos antes a sorprenderla con el demonio- no tiene nada que ver con lo que pasó hoy en las escaleras.

-Señorita Susanna, usted es una persona adulta, y no soy quien, para cuestionar sus decisiones, mucho menos considerando por todo lo que ha pasado. Sólo quería que supiera que su abuelo pudo anticipar lo que podría suceder en caso de que su heredero fuera mujer y concuerdo con él, sabiendo que Sebastian no es lo que aparenta ser, sólo quisiera que tenga cuidado, ya que usted bien sabe que no ha sido sólo lo que pasó hoy en las escaleras –hizo una pausa y le sonrió- es algo que ha estado allí desde hace varios meses.

Susanna se sonrojó, intentando recordar todos aquellos momentos en los que Thomas habría estado observando sus interacciones, los pequeños roces por casualidad o palabras dulces que le mayordomo le susurraba, o incluso todas esas miradas indiscretas.

-Te lo agradezco Thomas –finalmente sonrió- en verdad.

-Y ahora que me he sacado esto del pecho… -el señor volvió a sonreír de manera amigable, como si de pronto se sintiera aliviado- continuaré con mis deberes y, si necesita algo, sólo dígalo. Descuide, no diré nada sobre Sebastian o esos extraños individuos con anteojos que vienen con frecuencia a la casa –le guiñó un ojo y se acercó a la puerta, dejando a Susanna muy sorprendida por lo que acababa de escuchar- oh y por cierto, cuando mencioné que sus interacciones con Sebastian no eran nada nuevo, me refería a que él siempre la miró de una manera muy particular, aunque… me atrevería a decir que, después del incidente con el señor Schneider, hubo un cambio que al menos me deja un poco más tranquilo. Que descanse.

Susanna no se dio cuenta en que momento Thomas salió del estudio. Estaba verdaderamente impresionada con lo que acababa de escuchar.

No sólo su chofer acababa de confesar que sospechaba sobre la verdadera naturaleza de su mayordomo, sino que también de los shinigamis, además de haberle revelado que su abuelo tenía también algunas sospechas sobre las intenciones de Sebastian por hacer un contrato con sus descendientes.

Permaneció sentada en el sillón por un par de minutos y después se fue a su cuarto, esperando poder conciliar el sueño. Sin duda, había sido un día con demasiadas emociones para la chica, no sólo por la plática con el señor Haggard, sino por todo lo que pasó entre ella y el demonio, todas esas sensaciones que él le causaba y su corazón volvió a palpitar con la misma fuerza que lo hizo durante la tarde, sabiendo que llegaría un punto en el que cedería ante la tentación.

Al siguiente día por la mañana, Susanna despertó como no lo había hecho desde hacía tiempo: el mayordomo haciendo un poco de ruido antes de abrir las cortinas para que entre un poco de luz. A decir verdad, la chica ya se había acostumbrado a que Sebastian la despertara de una manera… diferente… pero en cuanto lo vio, notó cierto disgusto en su semblante y se preguntó la razón detrás de ello, aunque su duda desapareció con rapidez.

-Buen día, señorita… hace casi media hora llegó el señor Spears para hacer guardia y con mucha insistencia, sugirió que hiciéramos un chequeo de seguridad en los alrededores de la casa, el jardín y las cámaras de seguridad. Desde luego, no encontramos nada fuera de lugar. De lo contrario, yo me habría percatado al instante…

-Oh, con que es eso –la chica rio al ver la expresión contrariada del mayordomo- en ese caso, me siento doblemente protegida –se levantó de la cama y se acercó a él para darle un beso en la mejilla y después entró al baño para darse una ducha y comenzar con las actividades del día. Después de todo, el death scythe con la piedra debía estar casi listo.

Notas de la autora:

Hola de nuevo. Se que he tardado demasiado tiempo en actualizar. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice pero… por fin aquí está. Desde hace algunos meses ya tenía estos capítulos, pero no me animaba a publicarlos porque la traducción al inglés no estaba lista. En realidad todavía no lo está, pero optaré por terminar toda la historia y después traducirla, para darle más velocidad. Además. Mi vida se ha complicado un poco con el trabajo y todas esas responsabilidades de adulto. En fin…

Sobre este capítulo puedo decir que la historia está a punto de entrar en el nudo final, y que el siguiente capítulo será lemon… MUAJAJAJAJA creo que se nota por toda la tensión sexual que he ido construyendo ¿no?... sólo quería mencionar que la escena de las escaleras tiene como banda sonora la versión de Jared Leto de "bad romance"

Espero les haya gustado el capítulo y nuevamente gracias por seguir la historia.