Capítulo 33. Un encargo con apremio (William)
Justo en el momento en el que Susanna dejó de respirar, el aire que movía las hojas de los árboles dejó de soplar, ocasionando un silencio casi sepulcral donde todos permanecieron a la expectativa. Ronald cumplió con su tarea, que consistía en no dejar que Thomas o Abby interrumpieran el ritual, pero no sin ganarse un par de miradas de enojo y frustración por parte de ambos. La ceremonia estaba a punto de terminar y sólo debía mantenerlos a raya por un momento más.
William se apresuró a escribir algo en el folder que sostenía en la mano. Su actitud diligente ocultaba lo ansioso que comenzaba a sentirse, al saber la desesperación que la chica debió haber pasado. Sin embargo, sus años de experiencia le habían enseñado a minimizar ese tipo de sentimientos, si no es que, a eliminarlos por completo, pero al tratarse de Susanna era mucho más difícil de lo acostumbrado. En cuanto terminó de eliminar su nombre y hacer las anotaciones pertinentes en el archivo de la chica, el Supervisor miró su reloj para asegurarse de que ella no pasara más tiempo del necesario en el agua, y en cuanto se cumplió el tiempo establecido para completar el ritual, miró a Sebastian y asintió para que este procediera a sacarla del estanque.
El demonio la llevó en sus brazos hacia la orilla, en donde William los esperaba con ansias ya que no podía entrar al agua, para no arriesgarse a que sus esfuerzos hubiesen sido en vano. Una vez que Sebastian estuvo completamente fuera del agua y puso a Susanna en el suelo, el shinigami procedió a hacer lo mismo que había visto en innumerables cinematic records: debía ponerla de lado, esperando a que, por reflejo el agua saliera y ella comenzara a toser. Al ver que no reaccionaba, comenzó a preocuparse, pero antes de poder continuar, el demonio lo interrumpió.
-Lo más adecuado es darle respiración de boca a boca, así reaccionarán los pulmones. Permítame -el mayordomo se acercó, pero antes de que pudiera agacharse, William lo fulminó con la mirada.
-No te acerques -dijo de manera protectora, dispuesto a no permitir que el demonio interfiriera; el mantenerla con vida dependía de él y solamente de él. A decir verdad, no comenzó con la respiración de boca a boca, ya que su investigación en manuales de primeros auxilios indicaba que eso debía ser la tercera opción y prefería seguir esas instrucciones del RCP al pie de la letra.
De inmediato, alzó la blusa de la chica y con movimientos ágiles y precisos, realizó las compresiones torácicas y cuando terminó, ella continuaba sin respirar, por lo que procedió a lo siguiente. Con toda la delicadeza que el momento de urgencia permitió, puso su mano sobre la frente de Susanna, inclinando su cabeza hacia atrás para que la tráquea estuviese recta. Con la otra mano tomó su barbilla para abrir su boca, notando que la chica comenzaba a palidecer. De inmediato tapó la nariz de ella y se acercó para darle respiración de boca a boca. Lo hizo dos veces y estuvo a punto de reiniciar las compresiones, pero en ese momento Susanna comenzó a toser y a expulsar el agua en sus pulmones. Tosió de manera violenta y sus ansias por respirar fueron tantas que se llegó las manos al cuello, todavía asustada por la horrible sensación de estar ahogándose.
El rostro del shinigami pareció relajarse un poco y rápido se quitó el saco del traje que traía puesto para ponerlo en los hombros de la chica, quien estaba empapada. Su rostro no lo demostraba, pero se sentía verdaderamente aliviado de verla respirar otra vez.
-Susanna ¿te encuentras bien? ¿tienes dolor o…? -en cuanto la chica dejó de toser, comenzó a sollozar e instintivamente se aferró a Will, quien la rodeó con sus brazos para reconfortarla. Tuvo deseos de decirle algo para que se calmara, pero no sabía qué y se limitó a mantenerla cerca de él, a pesar de la mirada de desaprobación de Sebastian.
La chica lloraba, no sólo por la horrible sensación de ahogarse, sino por haberse visto orillada a hacer el ritual y, sobre todo, porque ya eran dos las ocasiones en las que debió haber muerto y no era una experiencia grata, pero al mismo tiempo era un preámbulo de lo que le esperaba… o mejor dicho, de lo que no le esperaba, ya que no moriría sino que su alma sería consumida por el demonio.
Por su parte, Ronald por fin pudo dejar que Abby y Thomas salieran al jardín. Ambos corrieron para asegurarse de que la chica estuviese bien y el joven shinigami los siguió con paso lento, aliviado de que todo había salido bien y Susanna no había sufrido consecuencias graves tras el ahogamiento. A decir verdad, ninguno de ellos tenía una completa certeza de que todo resultara bien, o de que ella resultara intacta.
-¡Señorita, está bien! -Susanna se separó un poco de William para mirarla, pero no pudo decir nada. Se sentía débil y un poco mareada, por lo que ni siquiera intentó ponerse de pie y, en un gesto inesperado, Abby la abrazó con todas sus fuerzas.
- Pensé que se había ahogado y…
-Estoy bien. Todo era parte de…
-¿Parte del ritual? –de pronto se escuchó una voz rígida detrás de ellos. Era Thomas, quien se acercaba también, mirando con reproche a todos- y debo suponer que estabas al tanto de las implicaciones del mismo… -cuestionó a Sebastian, mirándolo con ira y después hizo lo mismo con William, aunque cuando lo miró, sus ojos parecían estar decepcionados.
-Thomas, no… todos sabíamos lo que iba a pasar y…-Susanna intentó explicar.
-Todos, menos nosotros –el chofer habló con frialdad- y aún así, accedieron a hacerlo ¿no es así señor Spears? -ni siquiera intentó ocultar la ira que comenzaba a formarse dentro de él.
-Y si lo hubiesen sabido, habrían hecho todo lo posible para detenernos ¿no es así, Thomas? –el demonio explicó mientras recogía la piedra azul, que ahora brillaba con gran intensidad y la guardaba en uno de sus bolsillos. Sus ropas estaban mojadas por el agua del estanque y con un movimiento preciso acomodó su cabello, sin perder el elegante porte de mayordomo- no tuvimos otra alternativa.
-Parte de mi deber es cuidar a la señorita y, aunque no es de tu incumbencia, le hice una promesa al señor Richard cuando… -de pronto el ambiente se volvió muy tenso entre el chofer el mayordomo.
-Calma. Ya pasó y Susanna está bien, además -Grell intentó suavizar las cosas. Incluso Ronald parecía estar cabizbajo, pero de pronto, una voz femenina lo interrumpió.
-Fui yo quien lo aceptó Susanna por fin habló, intentando evitar algún tipo de conflicto no es culpa de Sebastian ni de Will, ni de nadie–la chica intentó incorporarse, pero estaba demasiado débil para hacerlo, así que el supervisor la atrajo hacia él para mantenerla sentada era la única manera. Sólo así tendríamos una oportunidad contra el ángel caído.
Thomas guardó silencio por un instante y miró la escena, comprendiendo la situación. No estaba de acuerdo con los riesgos que la señorita Serafer estaba tomando, pero también sabía que se requerían acciones drásticas, si es que querían deshacerse de la amenaza. Fue entonces que se preguntó qué tanto les estarían ocultando a él y a Abby. Un presentimiento de que las cosas iban más allá de la existencia del ángel caído lo invadió. Sabía que Sebatian podía llegar a ser un perfecto desgraciado si se lo proponía; en varias ocasiones había sido testigo de lo que podía hacer, al grado de llegar a calificarlo como un sádico con una impecable máscara de cordialidad, pero ¿quiénes eran en realidad William, Ronald y Grell? Estaba seguro de que era más de lo que demostraban ser. Su participación en todo ello era demasiado conveniente para no ser premeditada, sin mencionar que había cosas que parecían no tener explicación, como los documentos que de vez en cuando aparecían de la nada en las manos del Supervisor o el brillo sobrenatural de sus ojos hacía unos minutos ¡incluso el color de los ojos de los tres individuos era idéntico! Eso no podía ser una coincidencia.
De pronto, interrumpiendo las conjeturas del chofer, William se puso de pie sosteniendo a Susanna en brazos y ayudándola a incorporarse. Después, con actitud solemne miró a Abby y a Thomas diciendo.
-Prometo que todo será explicado a su debido tiempo, pero ahora lo mejor será llevar a Susanna al hospital para descartar cualquier infección o…
-¡No! Al hospital no... sería una pérdida de tiempo- ella exclamó y miró a Will con cierta angustia.
-Yo podría encargarme de cuidar de ella. Lo primero es asegurarnos de que no haya agua en los pulmones y, por el momento, un diurético ayudará. Si no hay agua, con eso será suficiente. Conmigo no correrá ningún peligro -Sebastian sonrió de manera encantadora, pero sin duda para molestar al shinigami.
-¿Estás segura? - Will le preguntó a Susanna después de considerarlo por un momento- yo podría ir al hospital y quedarme contigo si…
-No, está bien -ella contestó mientras lo rodeaba con su brazo como para recargarse en él y no caer- sólo me siento débil.
-Descuida Will, querido. Yo podría quedarme cerca para cuidarla mientras Sebastian se encarga de armar la espada, y ustedes dos regresan a hacer el papeleo. De cualquier forma, si hay agua en sus pulmones, tardaremos un poco en notarlo. Yo estaré al pendiente -haber borrado a Susanna de la lista de personas por morir implicaba una serie de procedimiento administrativos que debían ser entregados directamente a los superiores a cargo de asuntos especiales. El supervisor consideró la propuesta por un momento y con el rostro muy serio añadió.
-Está bien. Confío en que actuarás de manera pertinente, en caso de ser necesario -miró a Grell de manera severa, pero algo en sus ojos parecía amable. Sabía que podía contar con él. Después miró a Ronald e hizo un gesto para que se preparara para regresar a la oficina- al primer indicio de fiebre, deberán ir al hospital -miró a la chica, quien permanecía junto a él, discretamente abrazándolo y aprovechando su debilidad para hacerlo.
-Está decidido. Por mi parte, no tardaré mucho en armar la espada. En cuanto termine, estaré de vuelta -añadió el mayordomo y después miro a Thomas -lleva a la señorita a su habitación. Debe descansar, pero que permanezca sentada. Debemos procurar que, si hay agua en los pulmones, salga de manera natural.
-Yo me encargaré de que se seque y se cambie de ropa -Abby añadió, mirando cómo Thomas se acercaba para cargar a Susanna y subirla a su habitación.
Con mucho cuidado, el chofer cargó a Susanna y tanto Abby como Grell lo siguieron hasta la habitación, aunque el shinigami de cabello rojo permaneció fuera de esta, en el balcón, donde podría mantener vigilada a la chica y estaría atento, en caso de que el ángel decidiera aparecer. Una vez dentro, el chofer la sentó en el pequeño sofá, mientras Abby buscó ropa cómoda y un par de toallas para que la chica no se resfriara. Ella se encargaría de secarla y arreglar la cama para que pudiera descansar.
El resto de la tarde, Susanna permaneció sentada en su cama, tosiendo un poco, como si tuviese un resfriado, pero era indicativo de que el agua estaba saliendo de sus pulmones. Un poco más tarde, Abby entró a la habitación con algo para cenar y la chica aprovechó para darse un baño. Sus fuerzas parecían regresar poco a poco.
Una vez caída la noche, Sebastian regresó a la residencia Serafer. Llevaba una expresión seria, que indicaba cuán pensativo estaba. Con paso firme subió las escaleras, no sin antes consultar con Thomas y Abby sobre el estado de la señorita. Ellos le informaron que no había novedad y que parecía estar bien, aunque un poco cansada.
Una vez fuera de la habitación de Susanna, tocó la puerta y un momento después ella le indicó que pasara. Desde que llegó a la casa, sintió la presencia de Grell cerca, pero cuando entró al cuarto de la chica, supo que él se encontraba en el balcón. El shinigami también sintió su presencia y sin perder un momento, se apresuró para saludarlo.
-¡Sebas-chan! Esperaba ansioso que regresaras… ¿sucedió algo? -dijo en cuanto vio la expresión del demonio.
-Señorita, ¿cómo se encuentra? -forzó una sonrisa.
-Bien, todo está bien, pero… no me digas que… -la chica lo miró con decepción, temiendo lo peor.
-En realidad son buenas y malas noticias -se acercó a la cama del a chica y sacó de su bolsillo la piedra azul que continuaba resplandeciente. Una sensación de hormigueo recorría su mano. Señal de que el poder dentro de la piedra era incuestionable- el ritual funcionó -Susanna quiso tomarla, pero algo dentro de ella le decía que no debía hacerlo, así que de inmediato alejó su mano. En cambio, Grell la tomó sin pensarlo mucho.
-¿Estás seguro de que…? -hizo una pausa al notar el poder dentro de la piedra- vaya…
-Si esperamos acabar con el ángel caído, debe ser algo lo suficientemente poderoso como para herirlo -Sebastian añadió- no recomendaría sostenerla por mucho tiempo. Cuando intenté hacer la espada, me quemó un poco.
-¿En verdad? -Susanna preguntó alarmada, contenta de no haberla tocado- valió la pena pasar por todo eso.
-Sin embargo -interrumpió Sebastian- cuando terminé de forjar la espada, esta comenzó calentarse y un par de minutos después se rompió. Me temo que debemos buscar otra espada. Tal vez sea una en específico.
-Carajo… -Susanna golpeó el colchón de la cama con su puño, frustrada al saber que todo comenzaba a complicarse de nuevo.
-Será mejor que le informe a Will -Grell le dio la piedra a Sebastian, quien volvió a meterla en su bolsillo- tal vez sepa qué hacer.
-Dudo que el señor Spears sepa algo al respecto. Lo habría dicho con anterioridad.
-Sebas, querido -el shinigami rio un poco- creo que lo estás subestimando.
-Sí -Susanna miró a Sebastian con indignación- logró encontrar detalles sobre el ritual ¿no? Podría encontrar algo más y…
-Definitivamente necesitamos más opciones -el demonio parecía pensativo- y por el momento no podemos hacer nada -un instante después volvió a mirar a Susanna y le sonrió- al menos sabemos que el ritual funcionó y… -tocó el hombro de la chica- que usted está bien.
Un par de horas después, Grell caminaba alrededor de la residencia Serafer, buscando por actividades sospechosas, pero todo estaba tranquilo y de pronto escuchó un zumbido inconfundible.
-Veo que recibiste mi mensaje, Will querido.
-Así es -ajustó sus gafas y caminó junto con- quise venir antes, pero los formularios no estaban listos. Además, tuve que reportarme con los altos mandos. Tomó más tiempo de lo que pensé.
-¿No pudieron hacer una excepción , dadas las circunstancias?
-Al parecer no -dijo enfurruñado- querían también un reporte detallado del ritual y la situación en general. Eso fue antes de que ver tu mensaje -de pronto, Grell se puso muy serio.
-Necesitamos una alternativa pronto.
-Ronald y un selecto grupo de shinigamis investigadores están trabajando en ello. Hemos sido muy cuidadosos para no revelar información, pero ya hay toda clase de rumores corriendo en la oficina.
-He escuchado algunos. Por suerte, ninguno se acerca a la verdad.
-Me quedaré el resto de la noche, puedes irte a casa. Te veré mañana a ti y a Ronald en la oficina a las 9. Espero tener más información para entonces.
-Está bien -le sonrió y antes de marcharse le mandó un beso por el aire.
Una vez que el shinigami pelirrojo se marchó, Will miro hacia la ventana de la habitación de Susanna, preguntándose cómo habría pasado la tarde. Estaba seguro de que no corría peligro, dado que no la habían llevado al hospital, pero pensó que tal vez se sentía incómoda o exhausta.
Un momento después, caminó hacia la entrada de la casa. El cielo brillaba con las estrellas y no había nubes que obstruyeran la vista. Al pasar frente al garaje, recordó todo lo que habían pasado hasta llegar a ese momento. Habían sido alrededor de 6 meses, pero para él parecía haber pasado mucho más tiempo. Tocó la puerta y Abby abrió esperando ver a Grell y se sorprendió mucho de ver al supervisor.
-Señor Spears, creí que…
-Vengo a sustituir a Grell.
-Claro, pase -no había dado ni dos pasos en el pasillo de entrada, cuando Sebastian apareció, fingiendo una sonrisa para saludarlo, aunque no le agradaba para nada presencia.
En cuanto Abby sintió la vibra tan tensa entre los dos, se disculpó y se retiró a su habitación. Pasaba de la media noche y estaba muy cansada por lo acontecido en el día.
Sebastian y William discutieron un poco, aunque en un tono que no llegaba a ser un reclamo, sino un intercambio de opiniones e indirectas tras lo sucedido en el ritual y con la espada. El supervisor le informo que un grupo de shinigamis buscaban otras opciones y sugirió que se reunieran el día siguiente para buscar una solución. Por su parte, Sebastian también había buscado opciones y continuaba ponderando cuál sería la mejor. Planeaba pasar el resto de la noche buscando información en la Librería Británica, la cual tenía papiros antiguos y posiblemente información útil.
Varios minutos después, William estaba en el estudio del segundo piso. Consultaba algunos libros del sótano de la residencia Serafer. Buscaba cualquier indicio o pista que le dijera qué podrían usar como espada. Algo que pudiera soportar el poder de la piedra y fuese efectivo contra el Ángel. Estaba sentado en uno de los sillones, tan sólo con una lámpara encendida. Su concentración era impecable, digna del Supervisor de la División de Gestión y Envío, pero al mismo tiempo estaba al pendiente de cualquier presencia inusual en los alrededores.
De pronto, escuchó unos pasos acercándose al estudio. Eran lentos y prácticamente no se podían escuchar, aunque eran perfectamente detectables para él. Clavó sus ojos verdes en la puerta, con el rostro serio y quizás un poco tenso. Sabía perfectamente de quién se trataba y decidió esperar a que abriera la puerta.
-¿Will?
-Susanna, deberías estar dormida. Descansar te hará bien y… -cerró el libro que estaba leyendo, lo puso sobre la mesa junto con los demás y se puso de pie.
-Sentí tu presencia y quise verte -se inmediato el gesto serio de William se suavizó y caminó hacia ella- ¿qué lees?
-Busco algo… alguna pista que nos de ideas para la espada y… -suspiró cansado de dar vueltas y no encontrar información. Estaba consciente de que el tiempo se les terminaba, pero también parecía que no estaba cerca de encontrar algo- ¿cómo te sientes? -acarició su cabello y la miró de manera dulce.
-Bien, sólo estoy cansada y con un poco de tos.
-Deberías dormir un poco -la miró con preocupación y ella contestó con una mirada muy dulce, como si estuviera tratando de convencerlo de algo- estaré aquí toda la noche. Hay una pequeña posibilidad de que haya información en alguno de estos libros y también hay shinigamis investigando en la oficina…
-¿Y Sebastian?
-Esa alimaña fue a la Biblioteca Británica -William lo mencionó con desagrado- dijo que tal vez haya algo ahí. Lo dudo mucho, no es información que se encuentre en cualquier lugar y… -comenzaba a sonar frustrado, pero Susanna lo interrumpió.
-Me quedaré conto mientras sigues buscando información -caminó hacia el sillón y se sentó.
-Creo que deberías descansar -alzó una ceja y la miró con severidad.
-Quiero estar contigo, así que puedo dormir en el sillón, a menos que -hizo una pausa y le mostro una sonrisa seductora- quieras continuar tu lectura en mi habitación. Mi cama es bastante cómoda y…
-No… -tosió para disimular un leve sonrojo que estuvo a punto de aparecer en sus mejillas- no sería lo más correcto- a pesar de estar en pleno siglo XXI, William conservaba muchas de las costumbres y comportamientos de varios siglos atrás, por lo que la idea de entrar a la habitación de la chica le producía cierto bochorno. Además, quería evitar cualquier tipo de tentación que pudiese hacerle perder la compostura. Al pensar eso, caminó hacia el sillón y volvió a sentarse en el extremo derecho, junto a la lámpara, esperando para que la chica se sentara junto a él. Y así lo hizo, pero el shinigami nunca esperó que se sentara tan cerca de él, tomando su brazo y acurrucándose bajo este.
-¿Ves? el sillón no es tan incómodo -ella sonrió y Will por fin se relajó, desistiendo momentáneamente de sus intenciones por continuar leyendo.
-Sólo espero que no tengas problemas para dormir. Dudo mucho que la idea de dormir junto a la muerte sea atractiva para alguien -había nostalgia en la voz del shinigami.
-Siendo tú la muerte, me pareces sumamente atractivo -volteó su rostro y con un delicado movimiento, besó su mejilla. El Supervisor sintió un impulso por sonreír, que logró contener un poco, mientras acariciaba el brazo de la chica y después de un momento de silencio, preguntó.
-¿No tienes malestar alguno? -ella negó con la cabeza. Sorprendentemente, después del ritual, su periodo terminó, como si ese hubiese sido lo que le dio efectividad al encantamiento. De cualquier forma, se sentía agradecida de no tener que preocuparse por eso, al menos por esta vez- ojalá hubiésemos tenido otra opción que someterte a todo lo que pasaste en la tarde.
-Era necesario -recordó el terror que sintió al ahogarse y, aunque sabía que no moriría, la sensación era igual de espantosa. De inmediato se tensó y William lo notó, por lo que comenzó a acariciar su brazo y con voz serena volvió a hablar.
-Si mal no recuerdo, prometí contarte la historia de la astromelia -ella sonrió- de acuerdo con la leyenda, hace mucho tiempo en una aldea muy lejana, un joven estaba enamorado de una chica. Ambos pertenecían a clases sociales diferentes y él no estaba seguro de que ella correspondiera sus afectos, pero antes de poder comprobarlo, una plaga mortal comenzó a acabar con la población y el joven cayó enfermo. Al enterarse de ello, la chica tras escuchar el consejo de la hechicera de la aldea, subió al monte más alto, en donde crecía una flor especial y única, que era la cura para la plaga. Cuando la tuvo en sus manos, un enorme pájaro que era el protector de la flor se acercó a ella y accedió dársela a cambio de su corazón. La enamorada aceptó, dando su vida a cambio de la del muchacho y así fue, el ave arrancó su corazón y emprendió el vuelo, llevando consigo la flor y el corazón de ella, manchando de sangre los valles y montañas del lugar, pidiendo a los dioses que terminaran con la plaga. Gracias a su sacrificio, no sólo su enamorado vivió, sino que salvó muchas vidas, y en todos los lugares en donde su sangre cayó, nacieron flores con pequeñas manchas rojas: astromelias.
William miró hacia la ventana, como tratado de imaginar la leyenda y de pronto notó que Susanna estaba profundamente dormida y sonrió un poco.
-Desde entonces, se dice que regalar astromelias significan que una persona está ofreciendo su corazón -con suavidad y el mayor sigilo posible, el shinigami se acercó un poco más a ella, besando su cabello de manera tierna y después volvió a tomar el libro que estaba leyendo.
Casi una hora después, el Supervisor estaba siendo vencido por el sueño. Los últimos días habían sido agotadores y sentir la calidez de Susanna a su lado lo hizo sentirse tranquilo y cómodo, rindiéndose a la somnolencia que sentía y cayendo en un profundo letargo.
Al siguiente día, muy temprano y casi con los primeros rayos del sol, William despertó, aún con Susanna acurrucada bajo su brazo. Pensó que era una imagen que querría ver más de una vez, pero se negó a alentar ese pensamiento, recordando que pronto debía estar en la oficina, por lo que con todo el cuidado y meticulosidad que pudo, se levantó, recostando a la chica en el sillón.
Sabía que las primeras horas de la mañana eran las más frías, por lo que antes de marcharse se quitó el saco y con este cubrió a la chica, lamentándose por no poder quedarse más tiempo junto a ella, a pesar de saber que la vería en un par de horas. Antes de salir del estudio, la miró por última vez, tratando de grabar en su mente la imagen del primer día en el que amanecía junto a Susanna.
Cerca de las 8 de la mañana, Sebastian llegaba de la Biblioteca Británica y se aseguraba de que todo estuviese en orden. Caminó por el jardín, encontrándose con Abby y el señor Haggard, quienes realizaban rondines preventivos. Después el mayordomo se apresuró para entrar a la casa y buscar a su contratista. Subió las escaleras y de inmediato se dio cuenta de que la chica no estaba en su habitación. Sintió su presencia en el estudio y pensó que tal vez se había levantado temprano.
Cuando abrió la puerta del estudio, se encontró con que la chica estaba acostada durmiendo en uno de los sillones y al verla el demonio sonrió, aunque su sonrisa no tardó en desaparecer, ya que atando cabos se imaginó por qué ella habría dormido en el sillón y sobre todo, de quién sería el saco que la cubría.
Despacio se acercó a ella y usando sus poderes apareció una cobija para cubrirla, no sin antes intentar quitar el saco del shinigami, al que Susanna parecía estarse aferrando. No tuvo mucho éxito, ya que la chica despertó.
-¿Qué…? -enfocó los ojos en su mayordomo- ¿Sebastian?
-No era mi intensión despertarla. Siga durmiendo, podría llevarla a su habitación si lo desea.
-No, no es necesario. Ya voy a levantarme, pero -miró a su alrededor en busca del shinigami y tomó el saco, comprendiendo que Will se había marchado ya- ¿acabas de llegar?
-Así es, señorita -sonrió- y no… no me topé con el señor Spears, si es que eso le intriga -dijo con un poco de mal humor, aunque continuaba con la máscara cordial de mayordomo- además, me temo que no encontré información relevante en la biblioteca -Susanna miró hacia el suelo con decepción- en unas horas vendrán los shinigamis para ponderar alternativas.
Ambos se quedaron pensativos por un instante y, sin decir más, Susanna caminó hacia su cuarto para darse un baño, mientras Sebastian fruncía el ceño. Debían encontrar una alternativa para obtener un arma en contra del ángel. El ritual sólo había sido la primera parte.
La reunión con los shinigamis fue más breve de lo que la chica anticipó. Todos habían pensado en la mejor forma para usar la piedra y, considerando que era necesaria un arma, decidieron utilizar un death scythe, ya que era un arma hecha con materiales tan únicos, que podía cortar cualquier cosa, además de ser de lo más resistente. Sin embargo, la condición sería que su uso se limitaría a uno de los shinigamis, lo cual Sebastian aceptó a regañadientes. El encargado de diseñarla y elaborarla sería Lawrence Anderson, quien era experto en la producción de artículos especializados para los dioses de la muerte en Londres y contaba con una enorme experiencia de varios siglos; el mejor candidato para encargarse de la espada que derrotaría al ángel caído.
William sería el encargado de llevar la piedra con Anderson. Se trataba de un asunto de extrema urgencia y debía hablar personalmente con Lawrence para asegurarse de que estuviese lo más pronto posible.
Antes de que la reunión en el despacho terminara, William ajustó sus gafas y miró a Sebastian con severidad, causando escalofríos en Susanna y Grell, quienes de inmediato notaron el cambio de actitud en el supervisor.
-No conocemos los detalles de lo que el ángel caído esté planeando, pero sin duda alguna, en algún momento necesitará a Susanna, y es imprescindible que evitemos a toda costa que tenga contacto con ella, o que la rapte.
-¿Crees que venga por mí? –su voz sonó alarmada.
-Creo que es algo que eventualmente sucederá –el supervisor hizo una pausa antes de hablar y su postura se volvió más rígida.
-Yo me encargaré de cuidarla –Sebastian dijo con solemnidad- ¿qué clase de mayordomo sería si no pudiera…?
-En esta situación, me sentiría más tranquilo si uno de nosotros también estuviera al pendiente de su seguridad- el Supervisor lo interrumpió y miró a la chica con cierta frustración.
-Podríamos turnarnos para estar cerca y ayudar a Sebas-chan si lo necesita –Grell exclamó- aunque un hombre fuerte y apuesto como él no debería…
-Honestamente… espero que no olvides la naturaleza de este trabajo, Sutcliff -el hartazgo del shinigami se escuchó en su voz.
-Desde luego que no, querido Will –Grell sonrió mientras le guiñaba un ojo al supervisor de manera coqueta.
- Entonces, estamos todos de acuerdo con que Susanna tenga elementos de seguridad en todo momento… -esperó a que todos asintieran, incluso la chica, quien se resignó a hacerlo- además de nosotros tres, asignaré a dos personas más para que nos releven cada cierto tiempo. En caso de que el ángel aparezca, me notificarán inmediatamente y…
-Y que Dios nos ayude –Susanna dijo con un suspiro, esperando lo peor.
-Lo dudo mucho –dijo Sebastian con desagrado- debemos confiar en que el death scythe estará listo a la brevedad –intentó tranquilizar a Susana, pero en realidad su comentario fue dirigido al supervisor.
-Me encargaré de ello –William comprendió de inmediato y asintió- Después miró a Grell con seriedad- permanecerás aquí por un par de horas y por la noche vendrá alguien más a relevarte. Más tarde enviaré un mensajero con más instrucciones.
-Entendido –el pelirrojo parecía estar de buen humor.
Y sin decir más, el supervisor miró a Susanna y a Sebastian, asegurándose de que no tuviesen algo más que añadir y estuvo a punto de desaparecer, pero la chica le pidió hablar con él en privado. Ambos salieron del estudio, dejando al demonio y los otros dos shinigamis charlando. Ronald estaba muy intrigado con el brillo de la piedra y le hizo muchas preguntas al mayordomo, tratando de comprender los secretos del ritual del día anterior.
-Gracias por preocuparte por mi seguridad.
-Es imperativo mantenerte a salvo y -hizo una pausa y ajustó sus gafas- yo me sentiría más tranquilo sabiendo que más de una persona está cuidando de ti. Lamento no poder quedarme yo, pero…
-No te preocupes -volvió a sonreír- se que en algún momento vendrás a visitarme ¿no? -el asintió- y quería decirte que… mañana será la inauguración de las nuevas oficinas de AstraZeneca. Tenemos planeada una gran fiesta y me gustaría que me acompañaras -lo miró con ilusión en los ojos. Sin duda, su presencia la mantendría más tranquila y la fiesta sería mucho más agradable con él.
-Será un honor para mí acompañarte ¿a qué hora es?
-A la 1.
-Allí estaré. Me aseguraré de que coincida con mi turno para hacer guardia.
Susanna se acercó a él con un movimiento lento. Sabía lo estresado que debía estar el shinigami con todo lo que estaba sucediendo y quería distraerlo un poco. Al ver esto, William la tomó por la cintura con su brazo izquierdo y con su mano derecha acarició su mejilla. Estuvo a punto de besarla, cuando se abrió la puerta del estudio y el demonio los interrumpió con una tos fingida.
-Señorita, disculpe que la interrumpa, pero hay preparativos pendientes para la fiesta de mañana y me temo que debe supervisarlos personalmente. Además, debe elegir un vestido.
Susanna cerró los ojos con frustración y se separó de William, quien no dudó en lanzarle una mirada fulminante al demonio.
-Qué oportuno eres -se acercó al demonio y volvió a entrar al estudio, donde los otros dos shinigamis continuaban charlando.
Mientras tanto, Sebastian le mostró una sonrisa maliciosa al supervisor, satisfecho con sus acciones. Un momento después, William y Ronald desaparecieron con un zumbido.
Una vez de regreso en el despacho de los shinigamis, Ronald fue enviado a casa. Él se encargaría de montar guardia nocturna en la residencia Serafer, así que debía aprovechar el tiempo para descansar, ya que probablemente pasaría la noche en vela. Por su parte, William caminaba con paso decidido hacia el sótano del edificio principal de la oficina, en donde Lawrence Anderson tenía su taller.
Hacía un par de años que no había bajado hacia el sótano; no había tenido razón para hacerlo, ya que sus deberes como Supervisor limitaban cada vez más el tiempo que destinaba al entrenamiento de nuevos reclutas, y eso incluía el darles el tour de bienvenida, por lo que los empleados del departamento de diseño y producción de gafas de death scythes se sorprendieron mucho al verlo caminar por los pasillos. Sin embargo, pensaron que estaba ahí para encargar un nuevo par de anteojos.
Al entrar a la oficina de Anderson, el shinigami veterano notó de inmediato que se trataba de un asunto muy serio y después de fruncir el ceño para estudiar a William por un momento, dejo los lentes que estaba lijando sobre su mesa de trabajo.
-Debe ser un asunto muy serio, para que venga el Supervisor en jefe hasta mi oficina. Especialmente, si no se trata de un asunto con relación a sus lentes -dijo recordando que no hacía más de dos meses había encargado un par de repuesto y, conociendo a William, sabía que estos debían seguir en su caja.
-Así es. Necesito que hacer un death scythe especial y, por la naturaleza del asunto, me temo que se trata de algo urgente -hizo una pausa. Tenía un rango de autoridad más alto que él, pero era un shinigami al que respetaba mucho, no sólo por toda su experiencia, sino por su grado de eficiencia y seriedad- no puedo revelar mucha información.
-Debe ser algo relacionado con los acontecimientos de los últimos meses -dijo con seriedad. Sus años trabajando en la oficina le habían enseñado a detectar cuando aparecían problemas serios y sabía que algo mucho peor estaba ocurriendo- ¿qué necesitas?
-Un death scyte con forma de espada y -tomo la piedra de su bolsillo. Estaba envuelta en un pañuelo blanco y la puso sobre la mesa de trabajo- debe tener incrustada esta piedra.
-Veamos -sin perder el tiempo, Lawrence acercó su lupa para observar de cerca la piedra, sorprendiéndose mucho por el poder que contenía. No se explicaba cómo era posible ni de dónde había salido, por lo que miró a William con cierta contrariedad en su rostro- Spears, esto es…
-Anticipo que será un trabajo difícil. Ya intentamos con anterioridad incrustarla en una espada y no tuvimos éxito. Debido al poder en ella, el metal se rompe con facilidad, haciéndola -hizo una pausa y lo miró de manera persuasiva- inútil para usarla como arma.
-Entiendo -continuó mirando la piedra- ¿Cuánto necesitas el death scythe?
-Lo más pronto posible, tal vez…
-Estará listo entre mañana y pasado mañana -lo interrumpió y William respiró aliviado. Pensó que encontraría más resistencia por parte de Anderson- pero necesito a 4 personas trabajando conmigo de manera intensa y eso conllevara tiempo extra, permisos especiales y…
-Autorizaré lo que sea necesario. Sólo dame una lista de quiénes serán tus ayudantes – el shinigami mayor comenzó a escribir unos nombres en un papel- por obvias razones, debes saber que este trabajo es confidencial -Lawrence le dio el papel y asintió- también pondré a dos personas de guardia mientras trabajas con la piedra. No podemos correr riesgos.
Y sin decir más, William subió a su oficina para encargarse de los papeles pertinentes y asegurarse de que hubiese dos personas vigilando la producción del death scythe en todo momento. Cuando terminó, le envió un mensaje a Grell, indicándole que sería relevado por Ronald y preguntando si había alguna novedad, aunque ya sabía la respuesta. Si hubiese ocurrido algo, se habría enterado casi de inmediato. Esas habían sido sus órdenes. Sin embargo, no podía evitar sentirse aprehensivo.
Al siguiente día Susanna despertó temprano, justo a tiempo para despedirse de Ronald, quien tenía unas tremendas ojeras y cuando preguntó la razón, el chico contestó que debió haber aprovechado el día anterior para dormir, pero no entró en detalles. Antes de que él se marchara, dos shinigamis llegaron para relevarlo. Ambos tenían una actitud seria y desapegada, como si fueran dos guardaespaldas normales. Ellos acompañarían a la chica a la fiesta, en donde William los estaría esperando.
La inauguración comenzaría a la 1 de la tarde y a las 11 de la mañana, Susanna comenzó a arreglarse. La estilista llegó a las 11:20 en punto y se encargó de que su maquillaje fuera ideal para el día y que su cabello, aunque estuviese suelto, tuviera volumen y no tuviera problema con acomodarlo. Posteriormente, se puso el vestido, el cual era de una pieza, con manga larga y sin mucho escote. Era de color morado intenso y oscuro con detalles en un tono morado más oscuro y un delicado adorno plateado que rodeaba su cintura y bajaba por un costado de la falda, terminando en una pequeña abertura. Llegaba hasta su rodilla y estaba perfectamente hecho a su medida, favoreciendo su figura y haciéndola ver elegante para la ocasión.
Era un día soleado y excelente para una celebración. Cuando Susanna llegó acompañada de Thomas y los shinigamis, ya había varios invitados en el lugar. El chofer estacionó el auto en la entrada principal, para después darle las llaves al valet parking, mientras William esperaba junto a la entrada principal de las oficinas con un gesto de seriedad y quizás un poco de aprehensión. Era evidente que no había dormido bien, pensando en que el ángel podía aparecer en cualquier momento.
Sebastian se había adelantado un par de horas antes a las oficinas para asegurarse de que todo estuviera listo y en cuanto Susanna llegó, se acercó al auto para ayudarle a bajar, pero William se le adelantó, abriendo la puerta de la chica y ofreciéndole su mano para que bajara. El shinigami vestía un traje negro impecable y que parecía hecho especialmente por un sastre. Su corbata era del mismo color del vestido de la chica y la camisa blanca, al igual que un pañuelo que adornaba su bolsillo.
Su atuendo no variaba mucho del que utilizaba todos los días para trabajar, pero esta vez no llevaba guantes y el color de la corbata lo hacía ver un poco más relajado, además de que el nudo era Eldredge y se veía moderno y elegante.
-Señorita Serafer -el shinigami continuaba serio, pero una pequeña sonrisa pícara apareció en sus labios cuando la saludó- es un placer verla -su voz era seductora, aunque no estaba segura de si esa era su intención, o simplemente ella estaba fascinada con sus encantos.
-¿Por qué tanta formalidad, Will? -ella rio de manera coqueta, consciente de que se veía bien y del efecto que tenía en el shinigami- pensé que ya éramos más cercanos -él le ofreció su brazo y ella lo tomó, intentando susurrar en su oído de manera discreta.
-Lo somos, pero supongo que lo último que necesitas es salir en una revista de tabloides -miró a su alrededor, y efectivamente había varios periodistas tomando fotos de la llegada de la chica y de la fiesta. Los medios de comunicación habían también sido invitados a la inauguración y Susanna representaba parte de la imagen de la compañía farmacéutica.
-Oh… pequeño detalle -sonrió y saludó a los periodistas desde lejos, mientras William miraba a los shinigamis y asintió con un gesto de seriedad, indicándoles que podían irse.
De pronto se acercó Sebastian con solemnidad para recibir a su contratista y con una sonrisa amable y encantadora le habló sobre el itinerario de la fiesta.
-Buenas tardes, señorita. Me alegro de que haya llegado con bien. Recuerde que a las 2 de la tarde está programado su pequeño discurso y después un pequeño homenaje a las víctimas de la bomba en el otro edificio. Después de eso, le recomiendo que charle con los demás socios y personalidades que han venido. Si me necesita, estaré supervisando el servicio de catering y el señor Spears dará periódicos rondines para asegurarse de que no haya sorpresas desagradables -sonrió inocentemente, disimulando sus intenciones.
-En ese caso, tendré que aprovechar los ratos en los que Will pueda estar conmigo -ella contestó también sonriendo y caminó junto con el shinigami hacia el interior del edificio.
Los invitados a la celebración parecían estar de buen humor, aunque todavía impresionados por los supuestos ataques terroristas de hacía un par de días en el estadio de fútbol y al escucharlo, la chica sólo pudo guardar silencio, recordando los horribles acontecimientos de ese día. Aún sentía remordimiento por no haber podido hacer nada al respecto y cierta culpa por saberla causa de todo.
Cuando el momento de la inauguración oficial llegó, ella cortó el lazo de manera ceremoniosa, entre aplausos y las ovaciones de los inversionistas. Al ser un evento familiar, también se encontraban allí las parejas e hijos de los trabajadores de la empresa, haciendo que el lugar estuviese prácticamente lleno. Después del acto protocolario, muchas personas fueron hacia el jardín del edificio, en donde había varias mesas, música ambiental y algunos juegos inflables para los niños. Otras personas permanecieron en el lobby, el cual era bastante amplio y en donde había un conjunto musical, además de un lugar dispuesto en caso de que alguien quisiera bailar.
Un par de horas después, la fiesta de inauguración continuaba, y los invitados parecían haberse animado bastante con la orquesta que tocaba armoniosas y alegres melodías, y tal vez con un poco de ayuda del alcohol, que en ningún momento hizo falta, al igual que el delicioso menú y bocadillos que los meseros ofrecían a todos los invitados. Por su parte, Susanna habría querido pasar más tiempo con William, quien en repetidas ocasiones desaparecía para buscar algún indicio de que el ángel pudiese aparecer y, cuando por fin regresaba, la chica estaba ocupada charlando con los inversionistas y asistentes a la fiesta.
Cuando pudieron coincidir, aprovecharon para conversar y William le contó algunas anécdotas de las fiestas en el palacio de Buckingham y otros eventos de las altas esferas empresariales del Reino Unido, en las cuales a diferencia de la inauguración, la gente parecía estar más preocupada por cumplir por el protocolo y cerrar tratos que por relajarse. A pesar de ello, la chica continuaba un poco tensa por la situación del ángel y la incertidumbre que aún tenían sobre cómo derrotarlo, pero sabía que no había nada que pudiese hacer, así que decidió tratar de apaciguar sus preocupaciones con algunos tragos que los meseros le ofrecieron amablemente.
Un par de minutos después, William fue a dar otro rondín y Susanna a saludar a más socios. Comenzaba a cansarse de todo y tuvo una excelente idea. Primero que nada, debía encontrar a Sebastian, para asegurarse de no ser interrumpida y tener la privacidad que tanto necesitaba.
Una vez que lo encontró, le dio las indicaciones y lo dejó al pendiente de cualquier situación que pudiese surgir. Los ojos del demonio parecían hambrientos mientras la veían y la chica no pudo evitar recordar el futuro que la esperaba, así que con una fría mirada terminó de darle indicaciones. Después, se acercó a una de las esquinas del salón, discretamente alejándose de la gente con dirección a uno de los pasillos inhabilitados para la fiesta, pero antes de perderse de vista, buscó a William con la mirada y sin mucho éxito, por lo que optó por adentrarse en el pasillo y presionar el botón del elevador. Una vez dentro, se dispuso ir hacia el piso 15, en donde estaba su oficina. Se recargó en la pared del elevador y pacientemente esperó para llegar a su destino, suspirando con alivio por haberse alejado de la fiesta, sintiéndose un poco mareada y alegre a consecuencia del alcohol que había consumido.
De repente, el elevador se detuvo en el piso 8, sorprendiéndola muchísimo, al grado de comenzar a temer lo peor. Había dado estrictas instrucciones de que nadie debía estar en otro lugar que no fuese la planta baja y los jardines. Sintió su corazón palpitar con fuerza y cuando la puerta se abrió, se encontró con un apuesto shinigami mostrándole gesto de desaprobación.
-William, me asustaste -respiró con alivio después de decir su nombre con dureza.
-Susanna… -entró al elevador y se paró junto a ella- imagino que no hace falta recordarte la importancia de tu seguridad, y de que en todo momento sepamos en dónde estás ¿o me equivoco?
-Lo se, pero de pronto la fiesta me pareció insoportable.
-Debiste haberme avisado… o a ese tonto mayordomo que tienes -dijo con desagrado.
-Lo hice… -William la volvió a mirar con reproche- bueno, algo así -ella sonrió- pero ahora que estás aquí ¿por qué no te quedas conmigo?
-Eso pretendo hacer.
Llegaron al piso 15 y la puerta del elevador se abrió, mostrando una bella oficina con una impresionante vista de la ciudad. Unos pasos delante de la puerta del ascensor, del lado izquierdo, había un escritorio de caoba grande, con un moderno diseño que combinaba con el resto del lugar y pegado a la pared detrás de este, un librero con carpetas y libros relacionados con la empresa y actividades bursátiles. Junto, un pequeño mini bar que Susanna se aseguró de llenar con hielo y bocadillos que pudiesen ser consumidos junto con los licores que guardó en el mueble junto a la puerta que daba a las escaleras. El suelo estaba alfombrado y era de color gris claro, combinando con las paredes de un tono más oscuro de donde colgaban algunas pinturas clásicas, dando un toque elegante y serio al amplio despacho. En el lado derecho había una sala de cuero negro. El gran ventanal frente al shinigami y la chica, blindado con la más alta tecnología y polarizado, daba la sensación de que el lugar estaba aislado del resto del mundo, mostrando una increíble vista de Londres.
William nunca había entrado a la oficina y por un instante se quedó sin palabras al ver la ventana frente a él, de inmediato sintiéndose cómodo por el silencio y la atmósfera.
-¿Me acompañas con un trago? -la chica se dirigió hacia el mueble junto a la escalera y tomó dos vasos y una botella de whiskey.
-No sería lo más correcto, ya que estoy… -tardó un momento en contestar, ya que se había acercado a la ventana para observar la ciudad en su esplendor.
-Demasiado tarde, ya lo serví -ella dijo con seriedad, pero le mostró una sonrisa pícara al shinigami y caminó hacia él- salud -él tomó el vaso y la miró con reproche.
-Sólo esto ¿entendido? -ambos brindaron y pasaron unos momentos viendo a través del ventanal.
Después, Susanna se sentó en uno de los dos sillones de piel negros que estaban en el centro de la oficina, cerrando los ojos para relajarse por un momento y después cruzó la pierna, claramente coqueteando con Will y le hizo una seña para que se sentara junto a ella. El accedió y dejó su vaso vacío sobre la mesa. Parecía estar alerta. No quería pasar por alto ningún movimiento o situación inusual que indicara que le ángel estuviese cerca.
Susanna noto lo serio que estaba y decidió darle unos minutos para no abrumarlo. Sabía lo diligente que era y no quería molestarlo con alguna muestra de afecto o banalidad mientas estaba en ese estado de concentración.
Ambos estuvieron en silencio por unos minutos, mientras ella miraba hacia el techo, intentando vaciar su cabeza de todos los pensamientos negativos que intentaban invadirla y de pronto fijó su mirada en William y lo estudio por un momento. Él veía hacia la ventana, como si buscara algo. Su rostro estaba serio, aunque no parecía rígido ni distante, como hacía un momento.
-Me gustan tus ojos -las palabras de la chica fueron espontáneas, salieron de su boca sin pensarlo y de inmediato se preguntó se serían las palabras más oportunas.
-¿Disculpa? –evidentemente lo tomó por sorpresa y ella rio al notarlo.
-Dije que me gustan tus ojos -sonrió de manera inocente, como si hubiese comentado sobre el clima, sin implicaciones de cuán atraída se sentía a él.
-Son los ojos de un shinigami –dijo con seriedad, mirándola de reojo e intentando no sonrojarse ante el comentario de la chica, ya que aún no estaba habituado a ese tipo de cumplidos.
-Pero no me gustan por eso, o porque sean de ese color. Me gustan por lo que dices con ellos. Porque son tuyos –bajó la mirada. Nunca había dicho algo parecido y le dio un poco de pena, así que sonrió y miró hacia sus piernas, intentando distraerse con algo mientras sentía la mirada de Will sobre ella.
-Mucho de lo que dicen es porque te están viendo –dijo después de estudiarla por un instante. Su voz fue dulce e intercambiaron sonrisas, haciendo el momento más íntimo.
-¿De qué color eran tus ojos antes de…?
-No lo recuerdo… -hubo una pequeña pausa- hay cosas sobre mi vida humana de las que tengo una memoria vívida. Recuerdo que aprendí latín en la escuela, que mi familia era adinerada y que esperaban mucho de mí, pero que mi hermana me aceptaba tal y como era. Recuerdo el sentimiento de desolación y abandono que me llevó a… quitarme la vida, pero… hay cosas que no recuerdo. Detalles que tal vez habrían sido muy importantes, pero ahora se han ido, como el nombre de mis padres, los acontecimientos de mi vida o el color de mis ojos… -se quedó pensativo y Susanna se dio cuenta de lo melancólica que era su mirada y lo triste que parecía su rostro.
- Eso no cambia lo que eres ahora –ella estiró su mano y acarició su rostro con ternura y cariño en su mirada.
Eso lo sorprendió un poco y la expresión de sus ojos cambió de inmediato; se volvió más suave en cuanto su mirada ojos se encontró con la de ella y tomó la mano que lo estaba acariciando, acercándose más a Susanna para besarla con dulzura.
Poco a poco el beso se fue volviendo más profundo e intenso, aprovechando que tenían tiempo de sobra para disfrutar el uno del otro sin que nadie los molestase. La mano de Will acariciaba la mejilla de la chica, mientras la de ella bajó un poco y acarició el pecho del shinigami, como si estuviese memorizando cada parte de él.
Casi sin pensarlo, él comenzó a acariciar sus piernas dejándose llevar por el momento, y con un hábil movimiento las puso sobre su regazo, haciendo el beso todavía más profundo, saboreándola con la lengua y sus demás sentidos. Sin duda había sido una buena idea el deshacerse de sus guantes de cuero para la fiesta, ya que eso le permitía sentir la piel de Susanna. Agradecía también el hecho de que, en esa posición la falda llegara arriba de la rodilla, ya que le permitía explorar un poco más sin tener el atrevimiento de meter su mano por debajo del vestido.
El corazón de Susanna se aceleró y lo rodeó con los brazos, ansiosa por lo que pasaría después. Él continuaba acariciando sus piernas, con movimientos lentos y toques superficiales, casi rozándola y causando escalofríos en la piel de la chica quien luchaba con todas sus fuerzas por no dejar salir algún gemido que evidenciara lo que estaba sintiendo. William comenzó a imaginar cómo sería tocar su piel desnuda, su espalda, su cintura, su torso… y entonces la reclinó sobre el sillón, aunque no estaba por completo acostada y lentamente se separó de ella para quitarse el saco.
Sus respiraciones eran aceleradas y el shinigami acarició lentamente su rostro, trazando con la yema de sus dedos el contorno de sus labios y su barbilla, siguiendo el trazo con sus ojos, concentrados y serios, pero con un brillo especial que Susanna no había visto antes, incluso en otras ocasiones en las que lo había besado. Era una mirada especial y nueva para ella, capaz de hacerla sonrojar y sentir el corazón acelerado.
Él besó su nariz, sus pómulos y mejillas con lentitud, acercándose poco a poco a su cuello. El primer contacto de sus labios con su sensible piel logró erizarle la piel a Susanna, quien sintió una sonrisa formándose en los labios del shinigami sobre su cuello.
Fueron besos breves y superficiales que buscaban encontrar el lugar exacto en donde ella por fin soltara un gemido, o una exclamación de placer. Cuando encontró ese lugar, se aseguró de hacer que el autocontrol de Susanna la traicionara, usando su lengua y dientes, experimentando y descubriendo sus reacciones.
La mano derecha de William volvió a acariciar los muslos de Susanna, y la izquierda comenzó a acariciarla sobre el vestido, estremeciéndola ante la sensación de sus manos sobre ella, preguntándose cómo se sentiría el contacto directo con su piel. La chica suspiró y se separó un poco de él para poder tomar su corbata y comenzar a aflojarla, al tiempo que lo besaba de manera sensual, primero en el cuello y luego en los labios.
Will se inclinó más sobre ella y continuó con los besos, sintiendo las manos de la chica intentando desabrochar su camisa, casi dejándose llevar por el momento y fue entonces, que juntó toda su fuerza de voluntad y se detuvo.
-Sólo... –William hablo con dificultad y voz ronca, separándose de ella- sólo quiero besarte…
-Pues hazlo –Susanna cerró los ojos, ansiosa por ver lo que el shinigami haría y de pronto sintió sus labios sobre su frente, dándole un tierno y dulce beso que le transmitió, entre otras cosas, el verdadero significado de lo que él acababa de decir; lo que implicaba… y no pudo evitar sentir que su corazón se ablandaba un poco.
Sus respiraciones seguían agitadas, pero se calmaron poco a poco y él acarició el rostro de la chica con delicadeza mientras ella le sonreía y suspiraba.
-Sí… de verdad me encantan tus ojos.
-… Susanna… -gruñó y frunció el ceño- …sólo uno más… -junto sus labios con los de ella por unos cuantos segundos y después le ayudó a sentarse, ligeramente separándose de ella, para después abrochar los dos botones que ella había logrado desabrochar y volver a hacer el nudo de su corbata.
Lo que acababa de suceder dejó a Susanna con gran expectativa y ansias sobre lo que podía pasar. Sin duda, sería difícil negarse a caer en la tentación de dejar a su imaginación volar y fantasear con las manos de William tocándola.
-¿Susanna? -de pronto William interrumpió sus pensamientos. Al parecer llevaba varios intentos por llamar su atención sin mucho éxito.
-¿Eh?... disculpa, yo… -¿Qué podría decirle? ¿Qué se distrajo con lo que acababa de ocurrir y estaba visualizando sus manos recorriendo su cuerpo? el Supervisor era demasiado inteligente como para no deducir lo que pasaba por su mente; era demasiado obvio. Por suerte para ella, pareció no reparar en ello.
-Te llaman… -le dijo con seriedad, volteando hacia el escritorio, en donde sonaba con insistencia el teléfono.
-¡Claro! -se apresuró a contestar, ajustando su vestido y acomodando su cabello en su camino hacia el escritorio, dándole la espalda al shinigami durante su llamada. Necesitaba enfriar su mete por un momento.
Mientras tanto, el aprovechó dejar salir un suspiro y relajarse un poco en el sillón. Le resultó imposible mantener su semblante formal e impecable, y se percató de lo apretados que se sentían sus pantalones y de inmediato se levantó del sillón, poniéndose el saco recobrando lo que le faltaba de compostura y acomodando sus lentes para posicionarse junto a la ventana y apreciar la vista.
Un par de minutos después, Susanna se acercó a él y tocó su brazo con suavidad para llamar su atención.
-Era Sebastian. Debo regresar a la fiesta.
-Claro. Te acompaño -él contestó con formalidad y la siguió hacia el ascensor.
Ninguno de los dos habló, pero de pronto, Susanna sintió la mano de William sobre la suya, buscándola y tomándola con suavidad. Ella lo miró y le sonrió, mientras él hacía lo mismo, diciendo todo lo que sus palabras no decían. Ambos sabían lo que lo que podría haber sucedido en la oficina, pero por el momento sería mejor continuar en la fiesta. Después de todo, la chica tenía un deber que cumplir y antes de salir del elevador, se miró en los espejos, asegurándose de que todo estuviese en orden con su maquillaje y su cabello.
-Te ves tan linda como siempre.
-Gracias -ella sonrió y sintió cómo él tomaba nuevamente su mano para darle un beso cortés en la palma.
-Te buscaré en un par de minutos.
Ella asintió y regresó a la fiesta, dejando atrás al shinigami, quien debía volver a recorrer los alrededores del edificio para asegurarse de que todo estuviese bajo control.
La fiesta terminó antes de que anocheciera y Susanna se marchó poco antes de que terminara. Se sentía cansada y la incertidumbre le agotaba cada vez más. Sebastian sería el encargado de asegurarse de que todo quedase ordenado en el edificio para comenzar a utilizarlo el día siguiente, por lo que más tarde regresaría a la residencia. En el auto de regreso iban el señor Haggard manejando y William cuidando de ella.
Una vez que estuvieron de regreso en la residencia, Susanna entró a la casa seguida por William y el chofer. Caminó hacia la sala, en donde el supervisor la miró con serenidad.
-Me temo que debo irme. Debo asegurarme de que el death scythe esté listo y… Grell llegará en menos de 3 minutos.
-Entiendo -ella sonrió- si hay novedades ¿podrías mandarme un mensaje?
-Por supuesto, te mantendré al tanto y vendré mañana para asegurarme de que todo esté bien.
Sentía aprehensión al dejarla, no sólo porque le preocupaba lo que pudiera ocurrir durante su ausencia, sino porque recordaba cada detalle de lo que sucedió hacía apenas unas horas y deseaba estar cerca de ella, aunque sabía que no era el momento más adecuado. A pesar de ello, tenía la sensación de que había muchas cosas que debía decir, pero no encontraba las palabras para hacerlo. Miró el reloj sobre la chimenea y estuvo seguro de que su subordinado no tardaría en llegar, así que dio un paso hacia adelante y acarició el cabello de la chica, poniendo un mechón detrás de su oreja, acercándose a ella para besarla con ternura, mientras ella acariciaba su nuca.
Fue un dulce beso, lento y que los dejaría sedientos por más, pero que irremediablemente sería interrumpido en cuanto se escuchó un zumbido afuera de la casa. Era Grell, quien acababa de llegar para hacer guardia.
-Te veré mañana -le sonrió por un instante y ella asintió, viendo cómo William caminaba hacia la puerta y comenzaba a darle instrucciones al otro shinigami.
Unas horas más tarde, Sebastian estuvo de regreso, sin nada nuevo que reportar en la oficina, más que la fiesta fue todo un éxito. Notó que ella parecía estar cansada, por lo que omitió su informe respecto a algunos asuntos de la empresa que podían esperar y se apresuró a prepararle un relajante baño que Susanna necesitaba con urgencia para ponerse más cómoda. Después, la chica bajó a la cocina para comer algo ligero y beber agua. Después del alcohol que había consumido en la fiesta sabía que le hacía falta, y en cuanto llegó, se encontró con el señor Haggard sentado junto a dos tazas humeantes de té.
-Señorita ¿puedo hablar con usted? -la actitud del señor Haggard era solemne y Susanna se sorprendió por ello.
-¿Sucede algo?
-Se que las cosas van a cambiar pronto y ha llegado el momento de contarle algo sobre su abuelo, quien antes de morir me dejó encomendado algo.
La chica se sentó frente a él en la mesa de la cocina y tomó la taza de té que él le acercó.
-Mi familia ha trabajado con la familia Serafer durante casi cuatro generaciones. Su bisabuelo fue el primero en requerir nuestros servicios como guardaespaldas y asistentes personales. Años después, su abuelo continuó con esta práctica y, de haber permanecido en contacto, yo habría trabajado para su padre, Uriel –de pronto sonrió con melancolía- solía preocuparme el hecho de que yo nunca tuve hijos que continuaran con la labor, pero las cosas pasan por una razón. Ya no hará falta.
-¿Lo dices porque dejarán de perseguir a mi familia, o porque ya no habrá más Serafer a quienes proteger? –Susana se animó a preguntar.
-Confío en que será lo primero –hizo una pausa y miró hacia el escritorio, como si estuviese mirando una escena de años atrás- lo segundo dependerá de usted y de lo que Sebastian y el señor Spears puedan hacer–de inmediato Susanna se quedó boquiabierta- desde que el joven Uriel huyó de casa, su abuelo quedó devastado, aunque sabía que era lo mejor, pero ese acontecimiento fue el que lo hizo buscar una solución a la caza de su familia, muy dentro de él, con la esperanza de que su hijo volviera. Recuerdo que viajó con su esposa alrededor del mundo y cuando por fin regresaron, algo cambió y de pronto apareció un individuo misterioso vestido de negro que lo visitaba con frecuencia.
Thomas hizo una pausa y miró a Susanna, cerciorándose de que estuviese tranquila y después continuó con el relato.
-Poco a poco su abuelo fue volviéndose más aprehensivo, guardaba secretos y se alejó de su esposa. Pasaba horas en el estudio conversando con alguien… con ese individuo de negro, a quien decidió contratar como su mayordomo y asistente personal. A estas alturas, ya se imaginará de quien estoy hablando -ella asintió - eso ya fue hace mucho tiempo y yo me sentí relegado, pero su abuelo siempre confió en mí, y yo conservé mi trabajo y su confianza. Incluso, me atrevería a decir que él me trataba mucho mejor que a su mayordomo, a quien le hablaba con un tono brusco y distante. No entendí la razón a tiempo –hizo una pausa- pasaron algunos años y la señora Eleanor falleció, dejando a su abuelo desolado y amargado la mayoría del tiempo, hasta que contrató a Fer y a Abby. Ellos trajeron de vuelta un poco de alegría a esta casa, pero no sabían toda la historia.
-Thomas… debió ser difícil –la chica sonrió con simpatía.
-Fue difícil ver los últimos años de su abuelo, pero fue aún más duro el presenciar el distanciamiento con su esposa –de pronto, la miró a los ojos- por eso, señorita Susanna, es que debía hablar con usted. Hice un juramento a su abuelo: por ningún motivo yo debía interferir en las acciones de Sebastian, ya que él sabía bien cómo encontrar a su hijo Uriel y cómo terminar con la cacería de su familia. Al principio fue difícil de creer, pero… recuerdo cuando él llegó a esta casa, Sebastian no debía pasar de los 35 años, y desde entonces ha mantenido esa apariencia.
-Thomas… -la chica se preocupó por lo que implicaban las palabras del chofer, y todo empeoraba más al sentir la presencia del demonio afuera de la cocina, listo para actuar si lo consideraba necesario.
-Ninguna persona normal permanece eternamente joven, sin mencionar todos los talentos y habilidades que tiene. Lo mismo puedo decir del señor Spears y sus acompañantes, quienes aparecen de la nada y desaparecen con igual facilidad. Todos parecen emanar una vibra sobrenatural que no habría considerado posible, de no haber conocido a su abuelo o saber lo que hoy se.
El hombre sonrió y tomó la mano de Susanna con mucha ternura.
-Mi juramento con su abuelo fue el no interferir en las acciones de su mayordomo, ya que le encomendó una tarea de máxima importancia, pero también me encargó que le dijera que no debe perder la fe, ni para cumplir con la misión en sus manos, ni para salir bien librada de ella. Siempre habrá una solución, por difícil que parezca el camino. Después de lo que ha pasado desde que llegó a Londres, no me queda la menor duda de que usted tiene la fortaleza para lograrlo.
Susanna sintió sus ojos llenarse de lágrimas. Sabía bien que, si lograban derrotar al ángel, sería una victoria para todos, pero para ella también significaría que su alma sería devorada por Sebastian y aunque hacía su mejor esfuerzo para no pensar en ello, era un momento que se acercaba con cada segundo que pasaba. Vencer o no al ángel significaba su fin… su muerte, y sería imposible escapar del demonio por lo que las palabras de Thomas le conmovieron de gran manera, por su intención y el gran contraste con su realidad.
-Ahora que me he sacado esto del pecho, seguiré rezando porque salgan victoriosos de esto. Si necesita algo, sólo debe pedirlo -sonrió y su rostro se suavizó mientras la veía. Algo en su mirada le decía a Susanna que sabía lo que sucedía y que estaba dispuesto a ayudarla.
No sólo su chofer acababa de confesar que sospechaba sobre la verdadera naturaleza de su mayordomo, sino que también de los shinigamis, además de haberle revelado que su abuelo tenía también algunas sospechas sobre las intenciones de Sebastian por hacer un contrato con sus descendientes.
De pronto, sintió unas tremendas ganas de llorar y sus lágrimas comenzaron a salir inconscientemente, dejándola muda y con un gran dolor en el pecho. En cuanto Thomas se acercó para abrazarla, ella rompió en llanto, mientras sentía la presencia del demonio aleándose.
Notas de la autora:
Como ya mencioné en el capítulo versión de Sebastian, lamento mucho la demora, pero más vale tarde que nunca. He pasado unos meses con varias obligaciones, y estudiando mucho. Además estoy contenta porque se publicó mi primer artículo académico. Pero ese es otro tema.
La historia está a punto de entrar en la fase final y, como todo buen fanfic de clasificación M, tendrá lemon y será en el próximo capítulo. No puedo dejar a Susanna y a William con las ganas jo jo jo
Espero les haya gustado el capítulo y respecto a la banda sonora, la escena de la oficina de Susanna se pude leer con "Kiss me" de Ed Sheeran.
Gracias por continuar leyendo mi fanfic y nos seguimos leyendo el próximo capítulo.
