Day 4 - Sunset/Sunrise
Es como la contraparte del fic "Amanecer", un poco inspirado en la canción "Eternal Flame" de The Bangles, pero no es un songfic.
Era una de esas apacibles tardes de verano. Ambos estaban en la sala, cada quien haciendo una actividad diferente, pero uno al lado del otro. Mei terminaba un par de sketches mientras Lars leía. Poco después, él bostezó, dejó el libro a un lado, cruzó los brazos y cerró los ojos. Ella no se dio cuenta de que él se había quedado dormido, hasta que lo sintió recargado en su hombro.
Mei pensó que seguramente estaba muy cansado, pues pasaron toda la mañana haciendo limpieza y lavando la ropa. Había sido una mañana ocupada, pero también divertida. Lo despertó para que se fuera a la cama a dormir, pero él negó con la cabeza. Entonces ella dejó su cuaderno en la mesita de la sala y ambos acordaron acostarse en el sofá. Lars volvió a dormirse, pero ella se quedó despierta, observándolo y acariciándole el cabello.
En ese momento, le vino a la mente un muy grato recuerdo. Fue el momento preciso en el que se dio cuenta de que lo amaba más que nunca y lo quería para siempre en su vida. Sucedió hacía casi tres años. En ese entonces apenas llevaban unos meses de novios y la relación se tornaba cada vez más apasionada y sobre todo, estable.
Conocer a Lars fue una de las cosas más bonitas que le habían pasado en la vida. No fue amor a primera vista, sino que todo se dio poco a poco y a su tiempo. Aunque al principio estaba insegura respecto a qué esperar de la relación porque dudaba que un hombre tan serio y centrado como él pudiera estar a gusto con una chica que era todo lo contrario.
Sin embargo, entre más tiempo pasaba con él todas esa inseguridades iban desapareciendo. Lars era atento y gentil, y ella simplemente no podía negar lo mucho que disfrutaba estar a su lado. Amaba su compañía, sus conversaciones, esa torpe ternura que le salía cuando quería mimarla. Fue la persona que le enseñó que el silencio podía no ser incómodo y que los pequeños placeres de la vida eran un tesoro invaluable.
Mei recordaba con claridad aquella tarde de verano. Habían pasado gran parte del día en el departamento de ella. Esa tarde no verían la puesta de sol desde el balcón, en lugar de eso miraban como caía una fina lluvia por toda la ciudad. Pese a todo, el lugar ofrecía una hermosa vista.
"Espero que deje de llover pronto" comentó él.
Mei lo miró y sonrió. Lars le devolvió la sonrisa y como si pudiera leerle la mente, se inclinó para poder besarla y ella lo aceptó de muy buena gana. Él volvió a besarla, esta vez en la frente y luego la abrazó para seguir admirando el caer de las gotas de lluvia, pero ella no podía dejar de mirarlo a él. En ese instante, tenía una muy cálida sensación en el pecho, como si quisiera gritarle a todo el mundo que era dichosa.
Entonces, pensó que era el momento perfecto para poner en palabras lo sentía por él. Probablemente, él ya lo sabía y sentía lo mismo, pero quería asegurarse. Le pidió que cerrara los ojos, luego lo tomó de la mano y se la colocó en el pecho, justo en el lado izquierdo. Él hizo un gesto de preocupación.
"¿Está todo bien con tu corazón?" le preguntó, confundido, abriendo los ojos.
Ella se rio. "No ¿Acaso no entiendes lo que te dice?" volvió a preguntar con dulzura. "Dice: Lars, te amo"
El rostro de él se iluminó como si se hubiera sacado la lotería. Era una expresión tan preciosa que la dejó sin aliento y quiso capturarla por siempre en su memoria. Lars la abrazó muy fuerte.
"Yo también te amo, Mei. Te amo" le susurró.
Ella se separó de él para verlo a los ojos. Él la miraba con toda la ternura de que era capaz. Su amor era bien correspondido. Volvieron a besarse, ahora ignorando que unos pocos rayos de sol se asomaban entre lluvia.
Lars despertó poco a poco, sonriendo al recordar que descansaba plácidamente en el sofá y que tenía a Mei en sus brazos. La habitación se iba oscureciendo más y más a medida que caía la tarde, pero ninguno de los dos quiso moverse y encender la luz.
"¿Dormiste bien? ¿No quieres que nos vayamos a la cama?" le preguntó Mei en voz baja.
"No, mejor quedémonos aquí un rato más" le pidió él, todavía adormilado.
Ella asintió, acurrucándose más contra él, con la misma dicha que sintió aquella tarde, aun ardiendo como una llama que nunca se apagaría.
