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ÁGAPE
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I'm still here
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Cuando movió la caja no esperó que una montaña de objetos le cayera encima acompañado de una considerable nube de polvo. Yuri estornudó varias veces y maldijo. Esta no era la manera en que debía de pasar sus días libres.
Worlds había terminado hace una semana, coronándose como se esperaba, campeón junior. Esa era la última competencia a la que asistiría antes de dedicarse por completo a la siguiente temporada donde debutaría en la categoría sénior. Habiendo alcanzando la edad para participar, no perdería tiempo como otros patinadores, que solían tomarse un año o dos de preparación antes de regresar al hielo. Entrenaría para superar a Viktor en todos los aspectos ahora que competirían en la misma categoría. Estaba emocionado, expectante e impaciente, por primera vez se probaría ante el campeón del mundo con un solo objetivo en mente y no podía esperar para ello.
Sin embargo Yakov tenía otros planes. Para su disgusto le obligó a tomarse unas vacaciones forzadas. No era extraño que su entrenador les diera días libres a los patinadores bajo su cargo al final de cada temporada. Las nacionales de Rusia, que sería la primera competencia donde se enfrentaría al campeón del mundo, estaba a meses de llevarse acabo, así que no había motivo para apresurar nada, además de que Viktor, a quien persuadió de que hiciera su programa corto, todavía no había pensado en un tema y coreografía para su tan esperado debut.
— No hay prisa Yura, todavía estamos a tiempo.
Fueron las palabras de su compatriota cuando quiso dar comienzo a sus entrenamientos.
Maldito idiota.
A regañadientes aceptó, pero porque no tuvo otra opción. Su madre al parecer decidió ese momento para trasladarse y quedarse de manera definitiva en San Petersburgo, por lo que se vio obligado a ayudar en la mudanza donde sería su nuevo hogar. Se encontraban en casa de su abuelo en Moscú empacando las pertenecías que se hallaban ahí. Aunque, mas que guardar sus posesiones para su nuevo hogar, parecía una limpieza, la mayoría eran cosas de su infancia.
Por supuesto que no esperaba que fueran tantas, es decir, la habitación era diminuta y el closet un chiste de espacio, ni la mitad de sus cosas actuales cabrían ahí, tomando en cuenta que pasó una parte de su niñez en la casa de su abuelo, le sorprendió la cantidad de objetos que había. La mayoría eran ropa y juguetes, los que estuvieran en buen estado se donarían, pero el resto de los objetos, como lápices de colores, papeles con dibujos infantiles y manualidades que hizo en el preescolar, se irían a la basura.
Mientras realizaba esa limpieza fue sepultado en una pila de cajas, ropa y quien sabe mas objetos que se encontraban en la parte alta del closet, rodeado de una nube de polvo provocándole una terrible alergia. Sorbió su nariz muy enojado.
— ¿Yura estás bien? — su madre se asomó por el marco de la puerta.
— Si — respondió malhumorado y ligeramente congestionado — ¿Porqué tenemos tantas porquerías?
— Son tus cosas Yura, no las llames así — le respondió sonriendo, se adentró a la habitación, lo que llamó su atención fue un pequeño peluche dentro de una bolsa destinada a la basura.
Yelena Plisetsky se veía mucho mas joven que su verdadera edad, siendo de estatura pequeña y menuda, podía fácilmente ser confundida con una estudiante universitaria.
— Este gatito… — susurró mirando al pequeño ser inanimado con gran añoranza — Te lo traje de Italia, fue por mi presentación…
— Lo sé — la interrumpió mientras se ponía de pie quitándose de encima todo lo que le había caído —. Pero ya esta muy viejo. Sólo sirve como casa para gérmenes.
No vio la expresión que hizo su madre ni mucho menos como apretó al gatito de felpa a su cuerpo tratando de aferrarse a él, estaba entretenido sacudiéndose el polvo lo que provocó mas estornudos de su parte.
— Iré por comida — le habló su madre después de un momento — ¿Quieres algo en particular?
— Cualquier cosa — dijo sin mas.
Cuando salió el gatito de felpa estaba de vuelta en la gran bolsa negra.
Miró a su alrededor, todo era un caos y desorden. A sus pies encontró una revista, la levantó observando el rostro de su progenitora en la portada. Recordaba que de niño recolectaba las fotografías que encontraba en periódicos y revistas o cualquier material impreso. Instintivamente giró su rostro a la pared opuesta, donde estaba su cama. En la cabecera, ahora vacía, quedaban los rastros de pegamento y pequeños hoyitos de tachuelas donde alguna vez varias imágenes de su madre estaban adheridas. Un recuerdo muy lejano, si se lo preguntan.
En medio del desorden suspiró, esto no iba a funcionar.
Sabía porque estaba haciendo esto, o mejor dicho, porque todos se empeñaban en que lo hiciera. Los motivos de Yakov de mantenerlo lejos de la pista no eran precisamente para que descansara, era porque quería que pasara tiempo con su madre.
No era desconocido para muchos que Yelena Plisetsky, famosa soprano rusa, pasaba mas tiempo en el extranjero que en su propia patria. Su vida era eso, dedicación total al talento innato con el que había nacido, ganando varios premios y siendo muy reconocida a nivel mundial. Pero siendo tan hermosa no dudó en sacar provecho a su belleza también. Era la imagen de prestigiosas casas de moda, había salido en revistas exclusivas y su rostro estaba en marcas de maquillaje conocidas mundialmente. Cuando alguien hablaba de la belleza y encanto natural que poseen los omegas, definitivamente la primera persona que llega a su mente es Yelena Plisetsky, el Ángel de Rusia. Por su puesto que su hijo había heredado su belleza y talento innato, aunque no lo ejerció en el canto, lo encontró en el patinaje.
Pero Yuri no podía mas que diferir de la ciega admiración que muchos tenían hacia su madre. Para él, era una desconocida.
Apenas y recuerda que pasara una semana entera en casa cuando era niño. Sus visitas fueron disminuyendo con el paso de los años. Las llamadas seguían siendo constantes, al igual que sus regalos y cartas que los acompañaban, pero su ausencia afectó a Yuri y el lazo natural entre madre y cachorro. Debido a esto su vinculo familiar había sido hacia su abuelo, respondía a su aroma y sólo a él lo reconocía como familia. Nadie podía culparlo por el apego natural que surgió.
Sin embargo su madre ahora llegaba a su vida. Después de mas de quince años de trayectoria, el Ángel de Rusia se retiraba de los escenarios para dedicarse a su familia. O eso es lo que decían algunas revistas de las que Yuri no recordaba ni el nombre. Al parecer había sido un gran escandalo su repentino retiro, hubo reporteros que llegaron a fastidiarlo al grado de seguirlo de cerca cuando acostumbraba a salir con amigos, solo por querer obtener de él algún comentario pecaminoso sobre las razones del retiro de su madre. Sobra decir que una vez que los veía los mandaba a todos al diablo.
Honestamente no sabía que iba a pasar ahora. Si era sincero, el que empezara a vivir con su madre no era algo que le emocionara bastante. Lo sentía mas como una convivencia entre dos personas que comparten un piso, nada diferente a lo que ya tenía lidiando con Lilia y Yakov, con la diferencia tal vez de que ella no le gritaría tanto. Lo único que le molestaba es la evidente presión que estaban haciendo otros para que, tanto él como su madre convivieran el mayor tiempo posible con la esperanza de formar algún lazo, lo cual sabía perfectamente que no sucedería.
Era demasiado tarde.
Si desde cachorro dejó de reconocer su aroma como madre, después de su primer celo, el ultimo vestigio que los unía definitivamente terminó por cortarse. Algo bastante común entre alfas u omegas cuando un miembro de la familia pasó mucho tiempo alejado antes de que el primer celo se diera. Aunque esto mas bien tiene que ver sobre la integración y reconocimiento de olores de un núcleo familiar.
Una fuerte voz le hizo mirar hacia la puerta saliendo de sus pensamientos. Alguien había llegado, cuando su abuelo habló para recibir a esta persona supo al instante de quien se trataba. Los escuchó conversar mientras se movían por la casa, no tardaron en llegar a su habitación.
— ¡Oh vaya! Esto parece una zona de guerra — frunció el ceño ignorando al hombre, dobló la revista y sin mirar la arrojó a la bolsa de la basura —. Parece que tienen todavía mucho trabajo.
— Yelena esperaba terminar hoy, pero incluso yo lo veo imposible — agregó su abuelo.
— Puedo entenderlo, demasiados recuerdos acumulados con los años. Estoy seguro que si pudiera se llevaría toda la casa.
La manera tan conmovida con que lo dijo desconcertó a Yuri. ¿A qué clase de recuerdos se estaba refiriendo? Su madre ni siquiera vivió ahí. Desde que comenzó su carrera pasó mas tiempo en hoteles en el extranjero que en su propia casa, ni siquiera cuando nació fue suficiente para retenerla, y aunque se había mudado desde los ocho años con Lilia y Yakov a San Petersburgo, él era el único que tenía derecho a decir que tenía recuerdos en esa casa y no su madre.
— No es mas que basura — dijo evidentemente molesto saliendo de la habitación, ni siquiera notó los rostros contrariados de los dos adultos —. Saldré a dar una vuelta, hay mucho polvo aquí adentro.
Salió sin un rumbo en especifico. Respiró hondo el aire puro, realmente necesitaba librarse de todo el polvo que estaba en sus pulmones, pero en el fondo sabía que también era la por la presencia de Andrea.
Andrea Basile era el representante de su madre. Un Italiano largucho de mediana edad al que había visto casi tanto como a su madre. Mas indiferencia de su parte no podría existir, pero eso no significa que le agradara en absoluto, su presencia resultaba molesta e intolerable. Odiaba como se portaba con él, sonriéndole patéticamente como intentando ganarse su confianza y buena estima. Para colmo su abuelo lo trataba como si fuese de la familia, con demasiada cordialidad y gentileza. ¡Si el era el culpable de que su madre no estuviera con ellos! Haciéndola trabajar por todo el maldito mundo, y aun ahora que se retiraba no los dejaba en paz. Seguía ahí como una maldita sanguijuela. ¿Por qué rayos no se regresaba a su país? Estúpido italiano de mierda.
No dudó ni por un segundo que se quedaba por su madre. No era tonto como para no notar que al insulso ese le atraía. Se portaba como un perro faldero que la seguía a todas partes, incluso los medios hablaban al respecto. Lo posesivo que era con su madre, manteniéndola extremadamente vigilada en cualquier evento, y presunto responsable de la aun soltería del Ángel de Rusia. Por esos motivos le era imposible estar cerca de él, aborrecía hasta el alma su comportamiento.
Y ahora que todos al parecer querían que se retomara su relación madre–hijo (algo imposible de lograr a estas alturas si se lo preguntaban), con la presencia de Andrea solo lo volvía peor.
— ¿Plisetsky? — se detuvo — ¿Eres Yuri Plisetsky?
En la calle un hombre con traje le llamó. Observó la ropa a la medida que vestía, reloj caro, zapatos inmaculados, apariencia impecable. Todo en el gritaba dinero, sabía perfectamente lo que venía. Suspiró. No tenía humor para esto.
— Oh, pero que afortunado encontrarte — eso no lo creía ni de chiste. En la acera, detrás del hombre que ahora se paraba frente a él, vio el costoso coche estacionado, el chofer mirándolos —. Me gustaría hablar contigo si tienes un poco de tiempo.
Había un cautivador aroma que le rodeaba, no podía decir con seguridad si era un alfa o un omega, de alguna manera su mal humor se despejó.
— Mi nombre es Serguei Gusev — le sonrió amablemente, del bolsillo interno del saco, sustrajo un estuche delgado de metal del que sacó una tarjeta de presentación que le extendió —, soy uno de los directivos del grupo Volkov, hemos estado muy interesados en ti ¿Te importaría acompañarme a tomar un café?
No tenía idea de quienes o qué era el grupo Volkov, pero se sentía muy tentado a averiguarlo. Un posible patrocinador estaba en puerta, y aunque hace unos momentos la idea de hablar con el le pareció fastidiosa, ahora lo veía de otra manera. Extendió su mano para recibir el pedazo de papel.
— Yo tomaré esto, gracias.
Le fue arrebatado, apenas y había rozado con sus dedos la tarjeta. Andrea estaba parado a su lado observando el rectángulo impreso con sus grandes lentes de marco redondo ¿En qué maldito momento llegó?
— Andrea — reconoció el hombre del traje.
— Serguei — respondió el italiano. Llevaba un cigarrillo en la boca, escupió el humo al mismo tiempo que decía el nombre. Yuri prácticamente inhaló todo, el viento se lo dirigía a él. Hizo una mueca de desagrado.
— Es un gusto verte — el hombre de negocios parecía guardar la calma, pero no se veía feliz –, escuché sobre el retiro de Yelena, es una pena, tiene mucho talento todavía.
— Ella no lo siente — otra calada al cigarro. Yuri ya estaba considerando gritarle, no tenía idea de que fumara — ¿Qué haces aquí? Estamos muy lejos de la cede de Volkov.
— Negocios.
— ¿Y tomaste parte de tu ajustado tiempo para hablar con Yura? ¿Quieres convertirte en su patrocinador?
— El joven Plisetsky es una futura estrella del patinaje.
— Seguro lo es.
— Oye, apaga eso, es molesto — le gruñó cuando se hartó del humo.
— Oh, lo siento Yura, tu madre me envió a buscarte. Discúlpanos Serguei tenemos que retirarnos, si deseas ser su patrocinador, ya conoces el número de Feltsman.
El adolescente quiso decir algo al igual que el tipo con el traje, pero un sonido que señalaba una llamada para el tal Serguei lo detuvo de hablar. Miró el celular y después a Andrea, los ojos hostiles con el que se dirigió al italiano le impresionaron momentáneamente, pero mas aun notar que esa misma mirada, si no mas feroz, le era devuelta por el representante de su madre. Serguei se despidió y no dijo nada mas dirigiéndose al coche. Ellos por otra parte se quedaron ahí hasta que el vehículo se marchó.
— ¿Qué rayos fue eso? — le gritó Yuri — Acabas de hacerme perder un patrocinador ¿Lo sabías?
Con horror vio como Andrea quemaba la tarjeta de presentación dejando que el papel se consumiera.
— ¡¿Qué estás haciendo?!
El representante de su madre dejó caer en el suelo el papel chamuscado, tiró también el cigarrillo aplastándolo con su zapato. Se giró para mirarlo.
Andrea era alto para ser un beta, por lo general los betas poseían una altura promedio, pero él fácilmente podía medir cerca del metro ochenta o mas. Flacucho de piel bronceada, cabello castaño claro y unos pálidos ojos verdes que ocultaba con unas gafas de marco redondo. Lo miraba de una manera muy seria, los mismo ojos con el que acababa de mirar al otro sujeto. Se percató hasta ese momento que nunca lo había visto así, por lo general era muy idiota y simple en sus comentarios, sin embargo la aparente actitud que presenció hace un momento no tenía nada de ese toque característico de él.
No lo admitiría, pero se sintió intimidado por su mirada, como si hubiese echo algo malo y le estuviera reprendiendo calladamente.
— ¡Uf! Eso fue peligroso — era como si hubiese roto el encanto, su postura se rompió y su rostro se relajó —. Yura, no interactúes con este tipo de gente, eso es trabajo de Yakov.
— ¿Y por qué rayos debo hacerte caso? — le gritó molesto — Puedo lidiar con esto, no es tu maldito problema.
Andrea pareció querer decirle algo, pero se guardó el comentario, le sonrió de manera condescendiente, como aun niño que no entendería las cosas de adultos aunque se lo explicaran, eso lo molestó mas.
— Lo entiendo, vamos a casa — comenzó a andar, odiándolo lo siguió —. Sabes, si lo deseas también puedo ser tu representante.
Le propuso con la sonrisa idiota que tanto le fastidiaba — ¿Estás demente? ¿Qué no tienes suficiente controlando a mi madre y ahora vienes por mi?
Andrea se detuvo, Yura lo pasó de largo, se paró a unos cuantos pasos, sin siquiera mirarle dijo lo siguiente:
— Ya nos hiciste mucho daño, lárgate de una vez de nuestras vidas y déjanos en paz.
Caminó sin haber notado el rostro desolado del italiano. Hasta que algo le hizo detenerse, su pecho se oprimió faltándole el aire, el vientre se calentó y todo comenzó a darle vueltas mientras un remolino de ardor lo cubría.
¿Qué diablos?
Se dobló por la fuerza de las sensaciones.
— ¡Yura!
Andrea había llegado a su lado. Como si fuera un salvavidas se aferró a él, incapaz de confiar en sus piernas para sostenerlo.
— No... esto es... — no fue capaz de decir o pensar mas, un pequeño dolor en su pierna, confusión, mareo y todo se volvió obscuridad.
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Al despertar se sintió asqueado, la bilis subiendo por su garganta rápidamente.
— Aquí.
Vomitó en el cubo que le colocaron en frente. El mareo que tuvo por levantarse rápidamente casi lo hace caer sobre el borde de la cama. Sus sentidos se sentían atrofiados, no era capaz de percibir nada aparte del vértigo que le hizo retroceder y quedar acostado. Cerró sus ojos, todo giraba y giraba a su alrededor. Algo frio le colocaron en la frente.
— Baja tu pierna — no lo hizo, la persona que estaba a su lado lo hizo por él, su pie tocó el suelo y de alguna manera sintió que dejaba de dar vueltas —. Ahora relájate, te sentirás mejor en un momento.
Se quedó dormido.
Al abrir sus ojos nuevamente, la habitación estaba en penumbras, se sentía cálido y tenía un sabor amargo en su boca, su cuerpo lo percibía pesado, estaba todo pegajoso también, como si hubiese sudado muchísimo.
— Yura ¿Cómo te sientes?
Andrea se sentó en la cama a su lado, tocó su frente. En otra ocasión o en otro momento hubiese rechazado el contacto con un manotazo, pero en esos instantes no tenía fuerza ni si quiera para enojarse. Se sentía agotado, el aroma a agua de rosas que estaba en el aire le agradaba un poco.
— Qué..? — su garganta la sentía pastosa, el moreno le dio un vaso de agua, le ayudó a sentarse en la cama — ¿Qué paso? — habló después del primer trago.
— Bebe esto también.
Una taza de té. Se percató que el aroma de rosas provenía de ahí. Tomó la infusión caliente en sus manos, inhaló profundamente antes de beber un sorbo. Era como si su cuerpo se fuera desatando de nudos que lo amarraban. Se relajó poco a poco.
Observó que no se encontraba en la casa de su abuelo, estaba en una habitación de hotel, se había hospedado en muchas de ellas como para no reconocerlas a primera vista.
— ¿Qué es lo último que recuerdas? — le preguntó Andrea.
Miró el agua obscura con tonos rojizos que tenía en sus manos — Estábamos en la calle... tu... no, había alguien mas — su mente era un caos ¿Qué había pasado?
— ¿Recuerdas a quien viste antes de que yo llegara?
— Amm... — no era capaz de recordar, solo una forma en color azul obscuro y voces de las que tampoco entendía que pronunciaban.
Frunció el seño ¿Por qué no era capaz de recordarlo? Inhaló el aroma a rosas proveniente del té y, al igual que el vapor despejaba sus fosas nasales, pareció despejarse de la bruma que le rodeaba.
— El sujeto del traje — dijo rápidamente —. Había un tipo en traje, un patrocinador.
— Ya veo ¿Te sigues sintiendo mal?
— ¿Por qué no mejor me dices qué rayos fue lo que pasó y que hago aquí?
No era idiota, algo extraño había sucedido. Andrea lo observó por un momento, su rostro ligeramente serio se rompió en una sonrisa.
— Simplemente te desmayaste, te traje aquí para no preocupar a tu mamá y a tu abuelo, además de que llamaría la atención si te llevara cargando e inconsciente hasta tu hogar.
— Es precisamente que no estoy con ellos que me resulta tu actitud muy extraña. Pareciera mas bien que estas tramando algo.
Sujetó la taza de porcelana que tenía en sus manos con fuerza, dispuesto a lanzarla al hombre. Todos sus sentidos, aunque un poco confusos, le advertían que debía estar alerta, le ocultaba o tramaba algo.
Andrea le miró por un momento, después suspiró, se retiró de la cama y se sentó al lado, en una silla cercana.
— Yura — su tono de voz era serio y preocupante —. Entraste en celo. Te cedé para evitar que colapsaras, y te inyecté un fuerte inhibidor. Mañana iremos a ver un médico para que te revise.
Sin poder controlarlo, un fuerte rubor se hizo presente en su cara. Se enfureció de inmediato. Este no era un tema que deseara hablar con él, de echo, sería la ultima persona en el mundo con la cual hablaría respecto a su celo.
— ¿De qué estas hablando? — preguntó molesto y a la defensiva.
— Antes de desmayarte ¿No te sentiste extraño? ¿Con un gran calor naciendo desde el interior de tu cuerpo? Similar a un celo.
Seguía furioso — ¡No hay forma de que lo fuera! ¿Cómo es que tu lo sabrías?
— Se reconocer los síntomas.
— Actuaste demasiado rápido. Y eso no explica porqué no están ni mi abuelo o mi madre aquí. Debiste de haberles avisado.
Lo miraba duramente, existía algo que no dejaba de desagradarle de esta situación. El silencio de Andrea lo perturbaba mas.
— No era tu ciclo natural, fuiste inducido al celo por una feromona muy potente.
— ¿Qué? — ahora si que no entendía que diablos parloteaba.
— El hombre con el que estabas hablando planeaba drogarte para inducirte a un celo y aprovecharse de ti en ese momento. Probablemente tomaría fotos o videos, te chantajearía y terminarías convirtiéndote en su juguete.
Sudó frio, no sabía si era por lo mal que se sentía o por las palabras tan crudas que acababa de escuchar. Definitivamente el italiano sufría de personalidad múltiple. La seriedad con la que hablaba no le era familiar en absoluto.
— Estás bromeando ¿Cierto?
— No Yura, no lo hago. Estoy mas relacionado con este tipo de situaciones de lo que crees. Lo único que me pregunto es en qué momento te expuso a la feromona. Creí que había llegado a tiempo para evitarlo.
El adolescente estaba sin habla, demasiado abrumado para lo que estaba escuchando, aun indeciso en creerle o no.
— Prométeme que a partir de ahora no hablaras con ninguna persona que diga querer ser tu patrocinador o muestre interés en ti. No aceptes nada de lo que te ofrezcan y aléjate de ellos, especialmente nunca te quedes a solas en ningún espacio cerrado. Todos en el medio saben que tu representante es Yakov, no tienen porque dirigirse a ti, tienen que hablar con él primero. Diles eso si alguien mas se vuelve a acercar, no importa si son betas u omegas. Desconfía.
La seriedad de la advertencia no era para tomársela a juego. Lo miró enojado y confuso.
— ¿Cómo es que sabes todo esto?
Andrea lo observó por un momento antes de que una sonrisa que no demostraba en nada felicidad se formó en su rostro — Casi de la misma manera en la que tu acabas de enterarte — quiso saber mas al respecto pero el italiano se le adelantó —. ¿Ya te sientes mejor? ¿Crees que puedas ir a casa ahora?
Se sentía confundido, pero no físicamente. Afirmó moviendo la cabeza. A pesar de todo quería irse a casa.
Tomaron un taxi, viajaron en silencio. El viento fresco de la tarde le ayudó a despejarse. Tenía dudas y muchas preguntas rondando en su cabeza, el mismo Andrea lo notó, antes de entrar a la casa de su abuelo habló.
— Mañana vendré por ti, platicaremos si eso es lo que quieres — estuvo de acuerdo —.Toma un baño con agua fría, después uno con agua caliente, el vapor ayudará, si tienes alguna fragancia para el baño úsala. Y no le digas a tu madre lo que acaba de pasar, si se entera se enfermará de la preocupación.
Le molestaba y odiaba que le diera ordenes, pero aceptó, a final de cuentas sería mas perjudicial para el si se enteraban de esto. Con la excusa de que se habían entretenido viendo cosas para el nuevo departamento, cenaron. Al día siguiente, aunque pareciera fuera de lo común, cuando Andrea pasó por él, ni su madre ni su abuelo dijeron algo al respecto, simplemente se alegraron de que al parecer su relación estaba cambiando para bien.
Se sentaron en un café, apartados del resto de los clientes, una esquina discreta en el segundo piso al lado de una ventana y rodeados de muchas plantas.
— ¿Cómo te sientes?
— Mejor.
— De aquí iremos a ver a un doctor, es posible que tus hormonas o ciclo se desequilibren, el inhibidor que use es un poco fuerte para alguien de tu edad.
Después de ordenar, Andrea hizo una advertencia que no esperaba.
— Antes de comenzar, creo que sabes perfectamente que al tocar este tema inevitablemente hablaremos de cierta persona ¿Verdad? Sospecho que incluso pensaste en ello.
Realmente le sorprendía el cambio en la actitud de este hombre. Lucía tranquilo pero no relajado, su sonrisa no era honesta, como si aquella personalidad risueña y torpe fueran una fachada a esto que estaba viendo. Pero sabía muy bien en lo que se estaba metiendo. Efectivamente, sabía perfectamente de quien hablarían en este momento. No había manera de que lo que acababa de pasar ayer y lo que estaban a punto de hablar no tuvieran relación con la única persona que tenían en común.
— Mi madre — declaró — . Si ya has visto algo como lo de ayer, es porque le sucedió a ella ¿No es así?
— A sí es.
Apretó los puños por debajo de la mesa. Tal vez no tenían un lazo que los uniera como familia a base del instinto, pero no quitaba el echo de quien era y que se preocupara por ella, tal vez no la reconocía como su madre, pero tampoco le era indiferente.
— Dime que pasó — se sintió ansioso por saber.
El italiano al aceptar su respuesta relajó su postura. Miró hacia la ventana, las personas pasando por la calle ajenas a lo que estaba a punto de contar. Yuri por un momento se desesperó, quería hacerlo hablar de una maldita vez, pero al mismo tiempo, había algo en los rasgos del hombre que de pronto le pareció muy cansado y muy viejo.
— Si quieres saberlo, tengo que comenzar desde el principio.
"Era muy joven cuando comencé a trabajar como asistente de Fabrizio Basile, el primer maestro de tu madre. En ese entonces era el mejor maestro de música de toda Italia, no había nadie que no lo conociera, cientos de artistas peleaban por estar bajo su tutela, incluso una sola clase de una hora era disputada. Cada alumno que estaba con el se convertía en un éxito seguro, desde cantantes de opera e incluso música moderna, fue el primero en aceptar a las nuevas generaciones y por supuesto en darles su apoyo y prepararlos, incluyendo bandas de rock.
Pero, otro de sus grandes talentos no era solo preparar a futuros cantes, si no también en encontrarlos. Su oído era muy bueno, y nunca se equivocaba, no solo para reconocer una buena voz, también para la música. De esa manera fue que encontró a Yelena, a tu madre.
Todo comenzó precisamente aquí, en Moscú. Habíamos venido porque fue contratado como consultor en una opera. Nos perdimos cuando llegamos, mi ruso no era lo suficientemente bueno, pero él no se mostró molesto en absoluto, simplemente me dijo que siguiéramos andando y disfrutáramos de la vista, al fin y al cabo éramos turistas. Fue ahí cuando lo escuchamos. El susurro que el viento nos traía, un llamado difícil de ignorar. Provenía de una plaza no muy lejos de donde estábamos. Era un especie de festival. Había un escenario, las personas por debajo estaban inusualmente calladas, al igual que nosotros, observando el magnifico espectáculo del ángel que estaba cantando. No había otra manera de describirlo por que eso parecía.
Yelena solo tenía catorce años, pero su voz era algo que nunca en mi vida había escuchado. Cantaba "Oh mio babbino caro" de una manera espectacular. Ese momento supe que ella era alguien especial, al igual que Fabrizio.
No lo pensó ni un solo segundo cuando extendió la invitación a tu abuelo de inscribirla en el conservatorio. Su talento era innato y no había duda de que se convertiría en alguien famosa. Pero tu madre, aun siendo tan joven no pensaba en el éxito o la fama, ella solo amaba cantar y era lo único que deseaba hacer.
Tu abuelo que era alguien muy intimidante en esa época, pareció un poco dudoso, pero aceptó, lo hizo por ella, incapaz de decirle que no. Yelena estuvo tomando clases con Fabrizio mientras trabajaba para la opera, pero cuando el contrato terminó, ella regresó con nosotros a Italia. Estudió en el conservatorio que el mismo Fabrizio había fundado, con excelentes maestros y grandes contactos en el medio artístico".
Las bebidas llegaron, Yuri bebió del té de rosas que ordenó. Después de que Andrea diera el primer trago continuó.
— Desde que Yelena llegó al conservatorio, las giras por parte de Fabrizio se detuvieron, no hubo mas viajes al extranjero, ni consultas personales para artistas. Rechazó incluso la dirección artística de una película musical en América, los rumores dicen que la cifra acordada era de seis números. Se mantuvo en Italia, dando clases, instruyendo a Yelena.
"Mi cercanía me permitió darme cuenta que Fabrizio pareció aislarla de los demás, solamente él le daba clases, algunos maestros que fueran omegas y betas ocasionalmente le enseñaban música, pero... ningún alfa podía acercarse a ella, ya sea alumno o maestro, los alejaba con un cuidado muy bien disimulado. Y si salían al pueblo solo podía hacerlo en su presencia. Ni siquiera la mostraba a representantes, o le permitía participar en obras con la excusa de que ella todavía no estaba lista y que era muy joven para exponerla al abrumador medio artístico.
Yo le di la razón a ese pensamiento, pero, dudaba que Yelena no fuera capaz de soportar la fama que seguramente se le vendría encima una vez que hiciera su debut, a pesar de verse pequeña y delicada no era en absoluto nada de eso, tenía su carácter cuando se le provocaba.
De esta manera pasaron los primeros meses. A pesar de que coincidía con ciertas reglas de Fabrizio, no me pareció justo el estricto control y restricción que ejercía en ella, así que ideamos un plan, cuando yo estaba a cargo de la guardia, le permitía a ella y a otros alumnos salir a divertirse al pueblo.
En ese entonces, Luciano, era el alumno de mayor edad que había en el conservatorio, así que a él lo hacía responsable de la seguridad del resto, y que regresaran a una hora razonable. No tengo que describirte que a partir de esas salidas su actitud cambio por completo, se veía mas viva y entusiasmada.
La necedad de Fabrizio de no querer abandonar Italia o el conservatorio me llevó a mi a suplantarlo en importantes proyectos. Era un completo novato, pero fui aprendiendo gracias a la ayuda de otras personas.
Fue a finales de ese año que me enteré de una verdad acerca de Fabrizio.
Habíamos echo un viaje juntos a Alemania, uno de los pocos que había aceptado fuera del país. Por la noche lo había ido a visitar a su habitación acerca de unos detalles en su agenda. Al entrar me topé con algo que no esperaba ver.
En su cama había una mujer desnuda, el también lo estaba. Resultaba evidente lo que estaban apunto de suceder, sin embargo eso no fue lo que me sorprendió. Reconocí a la mujer, sabía quien era, una bailarina omega muy famosa de la época. Mientras Fabrizio trataba de excusarse noté que la mujer actuaba extraño, parecía ida, ausente, como si estuviera en celo, pero era diferente. Me percaté de un extraño aroma, un incienso al lado de la cama, el humo cubriendo la habitación, soy beta, pero aun así fui capaz de entender lo que era eso, incluso a mi me afectó.
Ese fue mi primer contacto con ese tipo de drogas.
Me consternó darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Confronté a Fabrizio casi a la fuerza de mis puños. Esa noche me reveló que él no era un beta como había echo creer a todo el mundo, era un alfa, pero poseía una incapacidad, no era capaz de producir suficientes feromonas para atraer a un omega o ser capaz de excitarse, no tenía celo. Se sentía impotente, y tenía que recurrir a estas "alternativas" si deseaba satisfacerse físicamente.
Me enfurecí y le recriminé lo que estaba haciendo, el gran problema en el que estaría metido si alguien llegase a enterarse de esto. Inmediatamente pensé en los chicos el conservatorio, en Yelena particularmente. Me juró que nunca había ni intentaría nada con los niños. Los veía como a sus hijos, no era un monstruo.
Yo le creí porque había verdad en sus palabras. Si el hubiese intentado algo con alguno de los chicos no sería capaz de ocultarlo, aunque en ese entonces no sabía del alcance de la droga, cualquier cambio en los chicos sería notada. Pero hasta el momento todos actuaban normales, felices y contentos de estar ahí, de lo contrario algunos no regresarían después de las vacaciones que tenían dos veces al año.
Pero esa noche me había dicho la verdad y me había mentido. Esa verdad la descubrí un poco tarde, cuando el primer celo de Yelena llegó".
Yuri se tensó, no quería saber lo que pudo haber ocurrido, no deseaba saberlo.
— Yura — habló Andrea con una de sus sonsas sonrisas tranquilizantes y reales —. No pasó lo que crees, te lo puedo asegurar — sabía que ambos pensaban lo mismo — de echo, creo que ni siquiera puedes adivinar lo que ocurrió posteriormente.
Se relajó un poco con sus palabras.
— Después de esa noche la actitud de Fabrizio hacia Yelena cambió. Ya no era tan asfixiante con ella, le dio mas libertad, pero sospechaba que solo lo había echo por mi, para que no malinterpretara sus acciones. En ese entonces me volví algo sobreprotector con todos los chicos del conservatorio y vigilaba de cerca todas las acciones de Fabrizio.
"Cuando el celo de Yelena llegó yo definitivamente estaba preocupado, no me creía del todo lo que me había contado respecto a que sus hormonas no afectaban a los omegas y estas a su vez no le afectaban a él. Había observado como se comportaba a su alrededor, y definitivamente algo había cambiado.
Un omega hasta que no llega su celo, no es capaz de producir suficientes feromonas para llamar la atención de un alfa. Después del primer celo de Yelena, resultó obvio que llamaba mucho la atención tanto dentro como fuera del conservatorio, los supresores que ella tomaba eran muy fuertes. En ese momento la actitud de Fabrizio cambió, de nuevo volvió a querer comportarse un poco obsesivo con ella, aunque, conmigo vigilándolo no hizo mucho al respecto, estoy seguro de que incluso me odiaba".
— Si estaba obsesionado con mi madre, y tu al parecer eras un estorbo ¿Por qué no te despidió? — preguntó Yuri.
— Por que sabía que lo descubriría. Si Fabrizio me despedía es porque sabía que intentaría algo con los niños del conservatorio. Yo no lo permitiría. Me aseguraría de dejar su reputación por los suelos, comenzando con el echo de que había engañado a todos diciendo que era un beta. Fabrizio podía tener muy buenos contactos y personas poderosas que lo apoyaban del medio, pero también se había ganado muchos enemigos que estaban ansiosos por verlo destruido.
"Me di cuenta ese año que Fabrizio me había mentido respecto a su incapacidad de percibir las hormonas omega. El era capaz de olfatearlas. Y lo que había dicho acerca de que no podía tener una erección, también había sido una mentira. Si un alfa no es capaz de producir feromonas para atraer a un omega, eso prácticamente lo convierte en un beta, sin embargo él si era capaz de percibirlas, por lo tanto la excitación era posible, que él no pudiera excitar de vuelta era el verdadero problema que tenía.
Le advertí a Yelena que bajo ninguna circunstancia se quedara a solas con Fabrizio.
Así pasó un año y en ese momento tomé una decisión. Sacaría a Yelena del conservatorio, me convertiría en su representante. Lo tenía todo planeado, un viaje a Austria y un buen contacto mio le consiguió una audición en Viena. Cuando regresé, dispuesto a renunciar, no me esperaba la noticia que recibí.
Fabrizio se había llevado a Yelena a Venecia para una audición. Ni siquiera lo dudé en ir tras ellos. Sabía lo que él haría. Afortunadamente me llevaban un par de horas de ventaja, no tendría que ser tarde para cuando los alcanzara.
Mi ayuda ni siquiera fue requerida.
Y es aquí Yura donde te diré, que tienes mas parecido a tu madre de lo que crees, no solo físicamente, si no también en esa actitud que posees".
Los ojos de Andrea brillaron un orgullo que le hizo estremecer.
— Cuando llegué al hotel donde se hospedaban, un grupo de policías se encontraba rodeando el lugar, vi, como un muy golpeado Fabrizio era sacado en camilla, inconsciente con el rostro irreconocible y tu madre siendo detenida por unos oficiales, amenazando a viva voz que mataría a Fabrizio y lo haría comerse su... —carraspeó la garganta —No creo que sea necesario entrar en detalles.
"Estaba confuso con la situación. No creí cuando los oficiales me dijeron que ella había dejado a Fabrizio de esa manera. Cuando fui a la estación de policía, me enteré que pensaban que tu madre era una prostituta que planeaba robar a Fabrizio drogándolo, pero él, al intentar defenderse de ella, Yelena lo golpeó hasta casi matarlo según la declaración de un testigo que dios sabe de donde sacó esa idea. Por supuesto que yo declare en contra de toda esa atrocidad. El crimen por lo que se le acusaba era grave, y en ese tiempo la palabra de un alfa valía mas que la de un omega, especialmente porque tal estafa por parte de omegas prostitutas al parecer resultaba usual por aquellos lados.
Pero un intento de robo y agravio, resultaba un delito menor contra un intento de violación y agravio a una omega menor de edad y embarazada. Eso cambió todo el panorama. A si es Yura, para ese momento, tu madre ya tenía dos meses de embarazo de ti. Y fuiste tu quien la salvó esa noche".
— ¿Pero, qué paso realmente? — gritó irritado — ¿Cómo es que mi madre logró defenderse de ese idiota bastardo? ¿Y yo que tengo que ver?
— Verás, las hormonas generadas por un omega en estado de embarazo son mas fuertes que las de un alfa. Prácticamente eso evitó que cayera ante la droga basada en hormonas que Fabrizio había usado en ella, lo que le permitió defenderse.
"Pero la verdad detrás de la agresión es que Fabrizio perdió la cordura cuando se enteró de que estaba embarazada.
Cómo al parecer su carrera al fin despegaría, Yelena le contó a Fabrizio sobre su embarazo, eso lo hizo enloquecer. La golpeó para intentar que abortara, y cuando creyó que la había drogado e intentó violarla, fue cuando Yelena aprovechó para regresarle todo lo que le había echo y mas".
Andrea guardó silencio por un momento.
— Yura, no se quien es tu padre, eso es algo que tendrás que hablar con tu madre si deseas saberlo. Pero te puedo asegurar que no es Fabrizio. No hubiese reaccionado de esa manera de serlo.
Yuri estaba consternado, confuso y molesto. Si era honesto quería preguntar, pero dada la increíble información que estaba obteniendo decidió dejarlo de lado, ese era el secreto de su madre. Por el momento, el saber que no era el hijo de ese bastardo le bastaba. Por otro lado, pensar que su madre había pasado por tal situación le parecía imposible de creer y le enfurecía al mismo tiempo. No pudo evitar odiar al bastardo ese que se atrevió a golpearla.
— ¿Cómo es que no se sabe nada de esto? — preguntó una vez que absorbió y aceptó todo lo que Andrea le había contado — Hay biografías de ella en todas partes y en ninguna mencionan una situación así. Cualquier reportero sanguijuela lo habría descubierto.
El italiano se quedó callado. Observó la tasa vacía frente a él. La camarera llegó ofreciéndoles algo mas del menú. Andrea pidió una tetera de té de rosas para Yuri y mas café para él. Cuando se retiró la mesera, continuó.
— Aquí es donde las cosas se tornan mal.
"Al día siguiente, mientras veía la forma de sacar a Yelena de prisión, un hombre con traje muy elegante me visitó a mi habitación de hotel. Como te había contado antes, me habían dicho que Fabrizio y tu madre habían ido a una audición. No fue así. El caballero que me visitó me contó lo que pasó la noche antes de que Yelena fuera a la cárcel y Fabrizio se encontrara inconsciente en un hospital.
Al parecer, firmaron un contrato en donde Yelena trabajaría para ellos de manera obligada por siete años. La firma de tu madre y de Fabrizio como su representante y tutor estaban ahí. En caso de incumplimiento, exigían que el adelanto que se les fue dado la pasada noche les fuera devuelto.
Dada la situación resultaba obvio que su contrato ya no podía cumplirse, con una futura demanda y juicio en camino donde el principal contratista estaba envuelto en un gran escándalo con cárcel de por medio, podían dar por perdido todo el acuerdo.
Por supuesto que el pago adelantado se había esfumado. Quien sabe donde lo había escondido Fabrizio o si es que no lo habían robado de la habitación cuando fueron arrestados la pasada noche. La cantidad era muy grande, ni siquiera pude imaginar como es que fue posible que le entregaran tal suma en efectivo.
Leí el contrato rápidamente, era una completa estafa, seguramente Fabrizio y ese hombre habían echo otro acuerdo por debajo de la mesa, porque no ganaba un porcentaje de las presentaciones de Yelena, nosotros teníamos que cubrir una cuota anual completamente absurda como pago.
Aunque estaba dispuesto a pelar, no lo hice, porque aquel hombre al ver mis intenciones alegó, que, si veía perdida su inversión, se aseguraría de que Fabrizio pagara por su falta, y Yelena sería condenada a prisión. Me ofreció una solución. Yo tomaría el lugar de Fabrizio, haciéndome cargo de Yelena como su representante. Tendría control absoluto de sus presentaciones y fechas. Tomando en cuenta el descontrolado temperamento del que aun era mi jefe, prefería dejar a Yelena en mis manos.
También me contaron sobre la verdadera naturaleza de Fabrizio. Que intentara drogar a Yelena y lo que había ocurrido con la bailarina el año pasado era solo la punta del iceberg. Al parecer tenía la costumbre de hacerle lo mismo a todos sus debutantes o aquellos que quisieran de su ayuda. Tampoco era extraño que ofreciera a quienes representaba a los patrocinadores para obtener un mejor contrato".
Un escalofrío recorrió su espalda, Yura se tensó ante sus palabras.
— El contrato que habían firmado poseía una cuota anual ridículamente alta, pero una persona como Fabrizio sería de capaz de cumplirla sin problemas, con su reputación, fama y mañas podía lograrlo, ¿Pero yo podía hacerlo? ¿Sería capaz de cumplirla sin llegar a realizar sus sucios métodos?
"No tenía que detenerme a pensarlo demasiado, acepté por el bien de Yelena.
Sin embargo le pedí algo a ese caballero, un favor que nos beneficiaría ambos. En primer lugar, todo lo que acababa de ocurrir la noche pasada no sería expuesto a ningún medio, debería ser enterrado y olvidado ya que podrían afectar a futuro las presentaciones de Yelena. Y la mas importante, Fabrizio debía estar presente en su debut, presentándola el mismo como su protegida. Después de eso, no podía acercarse jamás a ella.
El acepto gustoso. Firmé una carta de responsabilidad. Y quedé atado junto con Yelena en todo esto".
Yura estaba se había quedado sin habla. Conocer el pasado de su madre le impresionó bastante.
— Tu madre fue una víctima de las circunstancias Yura. Confió en la persona equivocada. Debes saber que nadie sabe la verdad que acabas de escuchar. Estuvimos de acuerdo en contarle a tu abuelo que todo esto fue una estafa planeada por Fabrizio. Él murió en circunstancias muy extrañas después del debut de Yelena, le dijimos que descubrimos todo esto después de su muerte, y yo tomé responsabilidad de sus actos prometiendo que la protegería a toda costa en el cumplimiento de este contrato fraudulento.
"Yakov y Lilia al ser cercanos a tu madre y a tu abuelo también se enteraron de esta situación, nos apoyaron en todo momento. Pero ninguno de ellos supo de la verdadera naturaleza de Fabrizio o lo que paso en Venecia".
El té se había terminado al igual que el café. Pagaron la cuenta y salieron a las calles de Moscú.
— Me contaste todo esto para que entendiera la razón de su ausencia ¿No es así? ¿De por qué no estuvo toda mi infancia y nuestro lazo perdido?
— En parte si y en parte porque era necesario que lo supieras, piensa en mi relato como la introducción al siguiente capítulo.
— ¿Hay mas?
— ¿Recuerdas el tema principal de esta conversación?
Se quedó en blanco por un momento — ¿Las drogas que inducen el celo? — respondió después.
— Exacto, aun no hemos llegado a ese punto ¿O si?
— Lo mencionaste hace un momento.
— Si, pero no dije que fuera la ultima vez que estuvimos en contacto con ellas.
Se estremeció y dudó por un momento en querer saber al respecto. Realmente no quería enterarse de las situaciones en las que su madre estuvo expuesta, suficiente tuvo con lo que había escuchado hace unos momentos.
— No profundizaré en ello si no quieres, hasta lo veo innecesario. Solo te diré que durante esos siete años, propuestas indecorosas, presentaciones de empresarios de origen dudoso y la exposición a drogas, sexo y alcohol estuvieron presentes. No siempre por supuesto, pero cuando vives de este medio, un paso en falso y es tu perdición. Incluso tuvimos que cuidarnos de fans y reporteros sin escrúpulos que planeaban situaciones como estas.
"No eres tonto Yura, ya debiste de haber adivinado que tu madre fue expuesta en mas de una ocasión a ese tipo de drogas. Pero que te quede el consuelo de que nunca llegó a ser... no lo permití en ningún momento. Por algo me dicen su perro faldero. No la dejaba sola ni un segundo. Además, fue gracias a una extensa investigación y consultas que se como actuar en situaciones así. Creo que ya experimentaste eso de primera mano.
Pero, a pesar de lo caótico que pudiera parecer, no todo fue tan malo, hubo mas momentos buenos y memorables. Como la ocasión que se presentó en el coliseo romano, o cuando fue invitada a cantar junto con Luciano Pavarotti, Andrea Bocelli y Plácido Domingo. Hizo presentaciones privadas para la reina de Inglaterra, el emperador de Japón y el jeque de Abu Dabi. Todo eso demuestra lo grande que es y su increíble talento, y también su fortaleza. Porque a pesar de las circunstancias nunca se dio por vencida, tu también fuiste parte de ese impulso ¿Sabes?
— ¿Yo?
— Por supuesto ¿Crees que la amenaza de unos mafiosos italianos era suficiente para cumplir con ese estúpido contrato? Era un incentivo que tomar en cuenta debo admitir, pero, para ella, tu eras su motor que la impulsaba a continuar.
"Tus llamadas le alegraban el día, y cuando comenzaste a patinar llevaba consigo todas las grabaciones que tu abuelo enviaba de cada una de tus presentaciones. Gracias a dios que la tecnología avanzó y ahora todo está guardado en su tablet, o de lo contrario la verías cargando con un enorme bolso donde llevaba los álbumes con tus grabaciones. Ni siquiera cuando viajaba se negaba a dejarlo como equipaje documentado y subía a cabina con ellos.
Siempre fue por ti, al verte feliz, ella también lo era. Ya hemos llegado".
Se detuvieron frente a un edificio. Entraron, en el elevador fue presionado el numero ocho. Al llegar no había nada inusual, una recepcionista y ningún letrero que anunciaba donde estaban. Andrea dio su nombre y les indicaron que podían pasar, cruzaron una puerta de madera. Al entrar a aquella sala un extraño aroma a hiervas le cubrió. Resultaba una rara combinación, no sabía si le agradaba o no, pero ciertamente no le molestaba.
Un hombre mayor y muy anciano se presentó con ellos como un doctor especialista en omegas. En ese momento recordó que Andrea le había mencionado que verían uno. La consulta no fue invasiva ni incomoda a como estaba acostumbrado cada que era revisado por un doctor, si era honesto odiaba este tipo de revisiones. Pero este hombre en particular le inspiraba confianza y agrado. No le hizo preguntas intimas y personales, tales como: Si ya había tenido relaciones sexuales, y si había llevado acabo su celo acompañado de algún alfa o beta. Se enfocó mas en la situación que había pasado el día de ayer, los síntomas y si sentía algún malestar debido al inhibidor y el sedante.
Sus preguntas se desviaron después en los olores que le agradaba en esos momentos, especialmente los que le producían relajación. Y también los que detestaba o le resultaban imposibles de soportar.
El humo del cigarro fue el numero uno. Andrea sonrió y además agregó — Igual que a tu madre.
— Entonces es importante que alguien cercano a ti, o que te esté acompañado en momentos donde podrías estar comprometido, lleve consigo con un par de cigarrillos y los encienda paulatinamente.
— ¿Por qué haría eso? Es malo para mí incluso olerlo.
— Porque lo omegas son mas susceptibles a los olores. Las hormonas de un alfa las percibes atreves del olfato. Cuando un alfa proyecta sus hormonas a un omega, estás pueden ser anuladas si otro aroma mas fuerte se presenta. El olor a gas, gasolina, huevos podridos y pimienta, son un ejemplo de ellos, sin embargo resulta un poco difícil encontrarte con estos aromas de forma casual y conveniente en situaciones como la que pasaste recientemente. Pero, si por salud no deseas el humo del cigarro, tengo otra opción para ti.
Del cajón de su escritorio sacó un pequeño aerosol color blanco.
— Con esto bastará — se lo entregó.
— ¿Qué es?
— Es un spray con concentrado a huevos podridos. Si te vez en una situación difícil usa esto. Tus sentidos se despertaran casi de inmediato y dejaras de estar bajo la influencia de las hormonas, podrás escapar o defenderte de una manera mas efectiva.
— Aun así le afectó — habló Andrea —, fumé delante de él, prácticamente le hice respirar el humo y no fue suficiente.
— Entonces la droga no entró atreves del olfato, tal vez lo hizo por otro medio.
— Estaban en medio de la calle. Y su efecto fue demasiado rápido — alegó.
— Dices que no bebió nada, pero el muchacho no recuerda mucho acerca de lo que sucedió. ¿Tal vez lo tocó?
Los dos se impresionaron.
— ¿Tocarlo? — preguntó Andrea.
— La piel es un órgano señor Basile y también pueden entrar drogas al organismo atreves de ella, pero su efecto suele ser mas retardado.
Yuri estaba completamente perdido ¿Cómo era posible que lo drogaran con solo tocarlo?
— La tarjeta de presentación — habló Andrea —, la tocaste, prácticamente te la arrebaté de las manos. Pero... la queme después ¿Eso no debió de haber anulado su efecto?
— O todo lo contrario, lo potenció mas — el doctor de pronto se mostró muy serio —. Últimamente he recibido casos de omegas que han sido victimas de una nueva droga, no recuerdan nada, pero las pruebas de que tuvieron relaciones sexuales son evidentes. Según testigos y la policía no había nada extraño con aquellas personas que les rodeaban. En algunos de los videos recuperados como evidencia, muestran que quemaban algo en su presencia, como papel, y justo después colapsaban. Debido a la rápida acción dudaba que se tratara de algo inalado, me doy cuenta, gracias a ustedes que estábamos equivocados con esta teoría, posiblemente se trate de ambos.
Un muy raro silencio quedó en los tres hombres, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
— Lo siento Yura, yo lo provoqué — declaró Andrea rompiendo la tensión.
El adolescente no le respondió.
Aunque por el momento no había manera de cómo predecir estas situaciones, el doctor agregó que lo que había echo Andrea estuvo bien, una medida extrema antes de que las cosas se salieran de control.
Después de eso le hicieron orinar en un recipiente, lo que explicaba porque el italiano le hizo beber tanto té hace unos momentos, extrajeron muestras de sangre y le entregó un pequeño aparatito que media el nivel de hormonas de su cuerpo, era parecido a lo que usaban los diabéticos, solo que este era para omegas. Definitivamente estaba algo alborotado con sus hormonas, pero nada de que preocuparse.
Le recetó unas cuantas pastillas que tomaría para estabilizarse, le dijo que le prepararía una nueva suscripción de supresores e inhibidores que estuviera mas acorde con su cuerpo y su condición de vida una vez que tuviera sus resultados de sangre.
Advirtió que no tenía de que preocuparse acerca si su celo podía adelantarse nuevamente debido a esto, mientras inhale olores que le resultaban agradables y tomara las pastillas recetadas, ayudaría a su cuerpo a ajustarse rápidamente.
Salieron del consultorio, ya era media tarde para esos momentos.
— ¿Siempre llevas eso contigo? ¿Un inhibidor y un sedante? — preguntó el adolescente.
El Italiano sacó de su bolsillo una caja de metal, al abrirla había cuatro jeringas — Nunca salgo sin ellas.
Su madre debió de estar mas expuesta a estas situaciones de los que había pensado, lo mas aterrador era lo fácil que resultaba hacerlo. Solo un roce, un simple aroma en el aire, un trago y todo tu mundo podía cambiar.
— Gracias — dijo quedito, en el fondo no solo lo decía por él, si no también por su madre. El moreno afirmó con la cabeza — ¿Piensas denunciarlos? — agregó.
— Si has pasado por esto tanto como yo, sabrás que miserables como los que intentaron aprovecharse de ti no reciben el justo castigo que se merecen — no podía debatirle —. Pero si lo vuelvo a ver, ten en claro de que me asegurare que nunca mas pueda usar sus manos para andar ofreciendo sus asquerosas tarjetas.
La amenaza sonó tan real y escalofriante como la mirada afilada que le dedicaba mientras lo decía. Andrea, era definitivamente alguien de cuidado.
Mientras caminaban, Yuri decidió hacer una pregunta que estuvo rondando por su cabeza.
— Si ustedes... si ustedes fueron forzados a estar trabajando por siete años, ¿Por qué cuando el contrato terminó no regresaron? ¿Por qué ella decidió marcharse?
Andrea se mantuvo en silencio por un momento, el corazón de Yuri latía fuerte en su pecho mientras un nudo amarraba su estómago. No quería creer que su madre decidió la libertad de su carrera en lugar de él.
Los ojos verdes del italiano lo miraron extrañamente tristes, como si la respuesta le lastimaría. No ayudó mucho a su línea de pensamiento.
— Fue por miedo — declaró finalmente —. En el ultimo año de nuestro contrato hablamos sobre lo que haríamos a continuación. Lo primero en la lista fue indudablemente regresar a Moscú y descansar. Yelena quería estar contigo, ambos se necesitaban. Yo acomodé una agenda para darle un año de descanso con solo presentaciones nacionales. Eso se extendió por dos años, y todo estuvo bien.
Yuri recordó esa época, por alguna razón olvidada en el rincón de su mente. El no recuerda que fuera tanto tiempo, pero si que su madre pasó una temporada con él. En sus memorias lo había relacionado a unas vacaciones.
—Hasta que demostraste que no solo habías heredado la apariencia de tu madre — continuó Andrea — si no también un gran talento. A pesar de que eras tan joven manifestaste poseer aptitud innata en el patinaje. Tu abuelo que te había criado y visto crecer en ese ámbito sugirió entonces de enviarte con Yakov y Lilia a San Petersburgo para que te entrenaran apropiadamente; el mismo Yakov estaba dispuesto a pagar todos los gastos de tu entrenamiento. Debes saber que a pesar del rotundo éxito de tu madre apenas y logramos ahorrar algo por nuestra cuenta, escaso, si lo comparabas con la gran trayectoria y fama que poseía. Obtuvimos verdaderas ganancias durante las pocas presentaciones que mantuvo aquí en Rusia, pero, no nos motivaba el dinero en ese entonces.
"Sin embargo, y dadas las nuevas circunstancias, tu madre decidió que no sería necesario que Yakov o Lilia tomaran responsabilidad sobre ti, ella se haría cargo de tus propios gastos. Le agradeció a Yakov de corazón el ofrecimiento. A partir de ese momento comenzamos a planear el regreso del Ángel de Rusia.
No teníamos ni idea de que Yelena para ese momento se encontraba mal, bastante mal, hasta que fue muy tarde".
Se detuvieron de su andar, sentándose en una banca en una calle un poco sola. A pesar de no tener hambre ninguno de los dos, compraron un par de sandwichs solo para llenar el estómago.
— Al principio entendí sus motivos. El entrenamiento de un patinador, aun siendo tan joven, no es barata. Necesitas patines que mientras siguieras creciendo serian cambiados, trajes y presupuesto para moverte en cada competencia fuera de San Petersburgo, además de tus clases de ballet, también había que sumar toda la indumentaria de eso y cualquier otro curso al que fueras llevado, como tus clases de ingles y francés. Que la verdad no entiendo porque eligió francés, tomando en cuenta que el italiano hubiese sido mas fácil para ti, lo abrías perfeccionado con nosotros sin ningún problema.
Se quejó. Para Yuri resultaba obvio que el idioma natal de Andrea fuera excluido le resultó molesto.
— Cubrir esos gastos no generaban ningún problema, porque a pesar de que Yakov y Lilia se habían ofrecido en pagar todo, algo a lo que no accedieron fue a recibir un cobro por sus servicios como instructores, así como por recibirte en su propia casa y correr con los gastos de tu alimentación y cuidado.
"Cada vez que ganabas una competencia su alegría y entusiasmo la hacían brillar de manera incandescente, sus presentaciones mejoraban indudablemente".
— Si Yura se esfuerza yo también lo haré.
— No pedo rendirme cuando mi hijo tampoco lo hace.
— No tienes ni idea de la cantidad de veces que escuché esas palabras, y como las usaba de excusa para hacerse daño así misma. Incrementó su carga de trabajo, con el pretexto de que tu merecías lo mejor de lo mejor.
"Cuando se enteró de que hiciste un comercial junto con Víktor Nikiforov para una línea de ropa entró en pánico, sufrió un ataque de histeria. Le gritó a Yakov por haberla traicionado de esa manera y le prohibió que tuvieras patrocinadores. No los necesitabas si la tenías a ella, a su madre, que se haría cargo de ti.
En ese momento me di cuenta que había algo terriblemente mal con Yelena, aunque traté de hablarlo con ella me ignoró y en varias ocasiones discutimos. En ese año comenzó a aceptar tratos sin mi consentimiento, sus presentaciones se volvieron insostenibles, con fechas demasiado cercanas entre ellas sin tiempo de descanso. Pareciera que habíamos vuelto a cuando estábamos obligados por la cuota del contrato, solo que ahora discutíamos en lugar de apoyarnos. Siendo consiente de lo que era capaz de ganar se volvió una obsesión para ella el llegar a esa cantidad de dinero".
— ¿Qué pasa si Yura se lastima y no puede continuar su carrera? Tiene que tener un fondo para esa situación. El no tiene que preocuparse por el futuro, yo me haré cargo.
— Y lo peor de todo es que se expuso a varias situaciones como la que acabas de pasar — se quedó en silencio un instante —. Habíamos prometido que nunca se expondría a eso de nuevo, no en esta ocasión, se supone que las cosas serian diferentes... hubo momentos en los que creí...
A pesar de que cubrió su rostro, Yuri notó las lagrimas que corrían por la mejillas del italiano, y cómo también se deslizaban en su propia cara. Le resultaba imposible no sentirse afectado por lo que estaba escuchando, especialmente con lo alborotadas que estaban sus hormonas, se sentía diferente a lo usual, estaba mas sensible y expuesto.
— Cuando la ayudé, esa ultima vez que fue victima de una maldita droga, le advertí que ya no estaba dispuesto a seguir con esto. Si ella seguía de esa manera, iba a renunciar.
"Fue ahí que me confesó que tenía miedo de que fueras expuesto a esas situaciones, a que alguien fuera capaz de engañarte y hacer contigo lo que quisieran con la excusa de que querían ayudarte en tu carrera. Estaba aterrada de solo pensarlo.
Andrea comenzó a reírse. Seguía llorando, pero la risa no paraba.
— Que ironía que justamente eso que tanto teme estuvo a punto de sucederte ¡Y ayer precisamente! — soltó una carcajada en ese punto — ¡Y yo que le había prometido y asegurado que tu nunca pasarías por una situación así!
Continuo riéndose desquiciadamente hasta que poco a poco se detuvo. Todo quedó en silencio. Solo el jadeo de su respiración se escuchaba en la noche que comenzaba a cubrirlos. Yura lloró en silencio, observando a Andrea, todo roto y cansado.
— Con la ayuda de tu abuelo la convencimos que no tenía nada de que preocuparse, que estabas en buenas manos. Decidimos que lo mejor sería que descansara, que viniera aquí, contigo y con tu abuelo. Ella aceptó, pero, todavía no estaba del todo bien. Sufría pequeños ataques de histeria. Todos relacionados a ti. La llevamos con un médico especialista en secreto. Nos dijo aquello que ya nos temíamos.
"La reacción y actitud de Yelena era el resultado del vinculo roto entre madre y cachorro. Al ser incapaz de sentirte, ella buscaba satisfacer ese estado de protección hacia ti con el dinero. Brindándote confort y seguridad atreves de él. Al saber que tu estabas bien, ella también se sentía bien creyendo que cumplía su rol de madre.
No se dio cuenta que esas acciones fueron precisamente los que los llevaron a separarlos por completo. Si ella no hubiese aceptado trabajar nuevamente, de esa manera tan obsesionada posiblemente el lazo se hubiera restablecido, pero ahora..."
Andrea suspiró cansado, un vaho por el frio que comenzaba a hacer salió de su boca. Observó el cielo nocturno, esperaba que fuera una noche despejada, tenía ganas de ver las estrellas.
— No es tu culpa Yura.
Colocó una mano en la espalda del muchacho. Yuri estaba doblado en la banca, conteniendo las ganas de gritar mientras las lagrimas se desbordaban por sus ojos.
— Como te dije, ella solo es víctima de las circunstancias. Ninguno de los dos tiene la culpa.
Si la tenía, tenía toda la culpa.
Porque Yura recordaba todos sus caprichos. Los berrinches que hacía para tener todo lo que deseaba, desde sus patines personalizados, marcas de lujo en ropa y accesorios, volar en primera clase a sus competencias y hospedarse en las mejores suites de hotel si la habitación asignada no era de su agrado. Todo eso lo exigía con descaro basándose en el echo de que su madre pagaba por todo, que era lo suficientemente rica para proveérselo. Y no tenía ningún remordimiento en sus compras, o la cantidad de dígitos en la cuenta final.
Que importaba si su madre no estaba con él, su deber era mantenerlo. Nunca se limitó. Era una manera de hacerle pagar su ausencia.
Ahora todo pesaba, la suma de todas su compras y caprichos venían a el con la factura mas grande que jamás imaginó que pagaría. Le perforaba el pecho y no lo dejaba respirar, las lagrimas se desbordaban incapaz de detenerlas, no podía, no podía soportar el dolor ¿Por qué dolía tanto?
Él también tenía parte de la culpa... él principalmente había provocado su caída. Él los había separado.
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El sonido de las olas era lo único que se escuchaba entre los dos jóvenes. El adolescente le daba la espalda mirando fijamente al mar.
Yuuri no era capaz de creer lo que acababa de escuchar. La verdad que Yurio le rebelaba. Por eso había estado tan recio en hablar al respecto. No era algo que serías capaz de contar a cualquiera y fácilmente. Agradeció desde el fondo de su corazón que le tuviera la confianza de hablar sobre ello.
— Al final no regresó a Rusia — continuó Yurio —. La llevaron a una clínica especial en Suiza para que se recuperara, ocultaron ese echo alegando un descanso y preparación. Estuvo ahí cerca de seis meses, hasta que ocurrió lo inimaginable. Mi madre perdió su voz.
El impacto de escuchar tal declaración no lo ocultó.
— Pero a pesar de eso, ella no se desanimó o deprimió. Fue como si fuera liberada de una carga.
Yura seguía observando el mar, se notaba demasiado tranquilo.
— Recuperó su voz, eventualmente y con ayuda de terapia — continuó —, pero ya no es capaz de cantar. El anuncio de su retiro se volvió inminente.
Todo era abrumador para Yuuri. Haber pasado por tanto siendo tan joven. No podía ni imaginarse en una situación así.
No quería decirle palabras de consuelo a Yurio, sabía que no las aceptaría, ni mucho menos tenía que mirarlo con pena por la situación de su madre, eso sería aun peor, así que decidió callar. No sabía que expresión poner una vez que el rubio se diera la vuelta para mirarlo.
Pensó, que a pesar de cómo se había tornado las cosas entre madre e hijo, el adolescente se veía extrañamente calmado. Observó la playa. Dejando que las gaviotas y las olas llenaran el silencio.
— Ágape... — recordó en ese momento — la versión de Ágape que yo patiné es la de tu madre.
Abrió los ojos con asombro ¡Por supuesto! ¿Cómo fue posible que no lo relacionara? Ahora todo tenía sentido.
El adolescente se giró para verlo. Brillantes ojos lo miraron fijamente.
— Encontré el video en casa de Lilia cuando mudamos mis cosas al nuevo departamento. Ella me dijo si estaba listo para ver lo que en verdad era patinar, y me lo mostró.
"Esa canción fue la que mi madre cantó en su debut, mientras estaba embarazada. Ella la había escogido precisamente por eso. Ese fue el voto que ella hizo para mi. Y estoy aquí honrando ese voto Katsudon, ese es el motivo de que escogiera ágape.
Antes me preguntaste en qué pienso cuando patino, mi respuesta no ha cambiado. Patino para ganar, para demostrarle a quien sea que no podrán vencerme, porque no estoy dispuesto a rendirme. Mi madre no perdió su voz en vano, nuestro vinculo no se rompió por nada. Estoy aquí para probarlo, en la pista de hielo y en cualquier lugar".
La fuerza con la que se expresó hizo a su corazón latir avivado en su pecho. Resultaba increíble cuanta determinación se albergaba en alguien tan pequeño. Cuanta fuerza y decisión para lograr su objetivo. Se vio envuelto en esa misma resolución y vibró de igual manera.
— Ahora que lo sé — lo miró orgulloso —. Me temo que mi coreografía no es suficiente para hacer justicia a lo que quieres expresar. Tendremos que crear una nueva. ¿Estas listo para este nuevo reto, Yura?
El mas joven no esperaba que lo llamara de esa manera, ni mucho menos el desafío. Pero, con una sonrisa que igualaba su entusiasmo respondió.
— Por supuesto. Entrenador.
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