SI TE HUBIERA AMADO

-Parte 1-

Después de su casual encuentro, el amor entre Anthony y Candy comenzó a florecer cual rosa en el jardín. No les importaba quienes intentaran separarlos, siempre encontraban la manera de seguir juntos a pesar de todo. Todo cambió después del accidente donde Anthony cayó de su caballo, quedando al borde de la muerte.

La familia Ardley, al igual que los Leagan, culpaban a Candy de aquél trágico suceso, ya que todo había sucedido luego de que ambos jóvenes se habían separado del resto durante la fiesta de presentación de la joven rubia como nueva integrante de aquella prestigiosa familia. La odiaban, y ella misma se culpaba de lo acontecido. Se decidió entonces que sería enviada a Londres a estudiar en un instituto reconocido junto a Eliza, Neil, Stear y Archie.

Al comienzo Candy se negó a la idea de irse y separarse de su amado Anthony, pero en el hogar de Pony sus antiguas tutoras que representaban una figura materna en su vida la hicieron cambiar de opinión, así que, pensando en que sería lo mejor, se fue con el dolor de su corazón a Londres, despidiéndose de su amado.

Ha pasado un año, Anthony despertó. Mi nombre es Hania Lindsay, mi familia siempre fue muy apegada a los Ardley hasta que nos vimos forzados a viajar a Inglaterra por motivos del trabajo de mi padre. Cuando recibieron la carta sobre la recuperación milagrosa de Anthony, a quien ya habían dado por muerto, decidieron que era momento de regresar.

Siendo sincera, yo también había creído que había muerto, me parecía imposible que pudiera despertar de aquella caída desde el caballo. La emoción me envolvió con la noticia: finalmente podría ver de nuevo a mi amado Anthony después de tantos años.

Prácticamente desde el nacimiento fuimos presentados, con tan solo 3 meses de diferencia de edad. Cada fin de semana era llevada a la Mansión Ardley para visitarlo, y en cada fiesta a la que fuésemos invitados solía ser la compañera de baile de Anthony. Yo lo amaba, era tan amable y gentil que siempre fue como un Príncipe para mí...estábamos juntos en todo, éramos inseparables, he de reconocer que no quería separarme de él, por lo que jamás me despedí de él antes de partir a Inglaterra.

Siempre me arrepentí de aquella decisión, pero ahora tendría la oportunidad de verlo nuevamente, de estar a su lado, de suplicar su perdón por haberlo abandonado sin despedirme, y de amarlo una vez más después de tantos años. Siempre lo amé, jamás pude olvidarlo. No negaré que hubo algunos chicos que me pidieron que fuese su pareja, pero siempre los rechacé...al final, mi corazón jamás dejó de quererlo. Lo amaba, lo extrañaba, lo necesitaba, estaba obsesionada con él.

Cuando llegamos mi corazón no dejaba de latir con fuerza, sentía que el aliento se me iba y la voz se atoró en mi garganta. Caminamos al interior de la mansión hasta llegar a la sala donde nos esperaba madame Elroy, la tía-abuela de mi joven príncipe. Después de tomar el té, finalmente me permitieron ir a la habitación de Anthony.

Cuando entré, me sorprendí…estaba dormido en su cama, su rostro estaba desgastado, sus ojos tenían enormes ojeras a su alrededor, su cabello rubio lucía opaco y seco, su piel era de color pálido y sus mejillas habían perdido su tono rosado. Sus labios estaban resecos y blanquecinos...sentí lástima al verlo en ese estado, pero por una extraña razón me sentía feliz. Feliz de estar cerca de él, de verlo finalmente.

Me acerqué a su cama, lentamente. Cuando estuve a su lado me senté en el borde, removí con delicadeza un pequeño mechón rubio de su rostro, quería admirar cada detalle…

-¿Candy…? - Murmuró abriendo sus ojos azules, que no brillaban como solían hacerlo en el pasado.

Pese a que sentí una leve punzada al escuchar aquel nombre, traté de sonreírle mientras negaba con la cabeza.

-Me temo que solamente soy una vieja amiga, Antho. - Respondí mirándolo a los ojos.

-¿Hania? - Preguntó sorprendiendo mientras se sentaba en la cama con algo de pesar en su cuerpo. - ¿De verdad eres tú, Hania? -

-Después de tantos años, sí. - Asentí con una sonrisa, y por primera vez en mucho tiempo…él sonrió para mí.

-¡No puedo creerlo, de verdad has vuelto! - Exclamó mientras me abrazaba con fuerza, parecía que su energía se había recargado repentinamente. - ¿Hace cuánto llegaste? -

-Justo acabo de hacerlo. - Respondí correspondiendo su abrazo. - ¿Creíste que no vendría a verte después de tu milagrosa recuperación? ¡Dios, Antho! ¡Me metiste un buen susto! - Exclamé mientras me separaba de él para verlo al rostro, fingiendo un enojo que claramente no sentía. - ¡Creí que te habías muerto, tonto! - Reproché golpeando su hombro. - ¡Si no te quisiera tanto ya te habría dado un buen golpe! -

-¡Pero si me acabas de pegar! - Replicó sobando su hombro herido. - No recordaba que golpearas peor que Stear o Archie. -

-Tonto. - Bufé cruzando los brazos. - ¿Y quién es Candy? No has parado de repetir ese nombre dormido, "Candy, Candy". -

-Eso no es cierto, mentirosa. - Reprochó con una sonrisa burlesca. - Bueno…ella es… -

-¿Encontraste a tu primer amor? - Pregunté con sutileza, temía a la respuesta obvia.

-Sí, la encontré. - Respondió entre suspiros, perdiéndose en el infinito de sus recuerdos. - Su cabello rubio ondulado, sus mejillas pecosas, su naturalidad…y esos ojos verdes idénticos a los de mamá. -

-Realmente hablas como un hombre enamorado, Antho. - Murmuré desviando la mirada. - ¿Y dónde se encuentra ahora? -

-Por lo que sé, en un internado en Londres junto a Archie, Stear, Eliza y Neil. - Respondió mirándome nuevamente a los ojos. - Según la tía abuela, en cuanto mi condición mejore seré enviado también con ellos. -

-Alto, ¿entonces tu enamorada es la tan mencionada huérfana que tu tío abuelo William adoptó? - Pregunté desconcertada, algo había escuchado de una conversación de mis padres respecto a la niña huérfana que recientemente había sido adoptada por la familia de Anthony. - Debes estar ansioso por recuperarte para correr a los brazos de Candy. - Dije mientras inconscientemente bajaba la mirada, algo triste por saber que alguien más tenía el corazón de mi primer amor.

Repentinamente sus manos me sorprendieron cuando tocaron mi rostro con sutileza, sosteniendo mis mejillas mientras me miraba con esos ojos azules llenos de culpa.

-¿Por qué será que siento que te has deprimido por mi culpa? - Me preguntó cómo si hubiera leído a mi corazón. - Después de muchos años finalmente pude verte de nuevo, y sin embargo mi corazón duele profundamente de ver esa mirada que tienes, la tristeza de tu corazón se refleja claramente en tus ojos, y no puedo evitar sentirme culpable de ello. -

-No tienes que sentirte mal, no es tu culpa. - Respondí intentando sonreírle, lo que menos necesitaba era deprimirlo a él también. - Estoy bien. -

-No lo estás. - Respondió Anthony abrazándome con fuerza, siempre ha sabido lo que necesito… - Sé el motivo de que te sientas así, y desde el fondo de mi corazón te pido disculpas… - Comenzó a decir, sabía lo que venía y cuánto dolería, pero el nudo de mi garganta me impidió decir alguna palabra para impedir que sucediera. - Si pudiera sacar a Candy de mis pensamientos y dirigir estos sentimientos a ti lo haría sin dudarlo, has estado para mi desde nuestra infancia y sé que siempre puedo contar contigo en los peores momentos…me siento terrible de no poder corresponder lo que sientes por mí, pero ella me ha cautivado profundamente, es algo tan grande que ni yo mismo puedo entenderlo…sé que es egoísta de mi parte, pero te pido que me entiendas Hania y me ayudes. -

-Anthony, por favor… - Supliqué intentando retener las lágrimas que estaban en mis ojos, no quería que me viera llorar por él. - No tienes que pedirme perdón, pero por favor no me obligues a verte con ella, es lo único que te pido… -

-Sé que es un deseo egoísta, y sé que te estoy lastimando, pero te necesito. - Repitió mirándome a los ojos. - Necesito tu ayuda para mantener alejados a quienes se interponen entre Candy y yo, necesito tus consejos cuando no sé qué hacer, necesito tu compañía…Hania, te lo pido, ven conmigo a Londres. -

-Antho… - Murmuré desviando la mirada, quería hablar, pero la voz no salía de mi boca, el nudo en mi garganta lo impedía, trataba de retener mis lágrimas, así que simplemente asentí con la cabeza mientras hacía un esfuerzo por sonreírle…no importaba qué tan duro fuera, siempre estaría ahí para él.