SI TE HUBIERA AMADO

-Parte 2-

Las siguientes semanas no fueron menos duras, pero mi corazón sentía un alivio al poder estar cerca de Anthony. Mis padres aceptaron enviarme al mismo colegio junto a él cuando su salud mejorara, así que nos quedamos a vivir temporalmente en su hogar para que yo pudiera cuidarlo y ayudarlo en lo que necesitara. No está demás decir que su tía abuela estaba fascinada conmigo, siempre me ha tenido un cariño especial por habernos visto crecer juntos prácticamente toda la vida. Me contó un poco sobre Candy, de cómo esa niña había arruinado sus vidas desde que había aparecido, que era una maleducada que siempre causaba problemas, y que no entendía por qué el tío abuelo la había adoptado en la familia.

Por el lado de Anthony, sus pláticas sobre Candy eran más dulces…hablaba de su belleza, de su forma de ser, de cómo él había cambiado gracias a su aparición, y, sobre todo, del amor profundo que sentía hacia esa chica. Con las distintas versiones que escuchaba, la curiosidad de conocer a la famosa Candy crecía en mí, ¿sería la niña dulce y traviesa que Anthony describía? ¿O era la chiquilla problemática y mentirosa que mencionaba su tía abuela? Quizá una mezcla entre ambas…

¿Alguna vez han sentido que su corazón se acelera por estar cerca de esa persona especial para ustedes, y que en tan sólo unos segundos sienten que es aplastado, pisoteado y aborrecido por esa misma persona? Bueno, eso era lo que yo sentía cuando estaba con Anthony alegremente y de repente él mencionaba a Candy…un mes y medio habían pasado cuando el doctor nos dio la noticia de que mi amigo finalmente estaba bien y que su vida ya no corría peligro alguno. Mi corazón sintió un alivio profundo de saber que Anthony se había recuperado.

Increíblemente y para mí desgracia, tan solo habían pasado dos semanas cuando ambos llegamos a ese internado en Londres, donde fuimos recibidos primeramente por Archie y Stear, quienes comenzaron a llenarnos con preguntas y anécdotas de la infancia por unas largas horas. Me sentía contenta de volver a estar con mis amigos y sobre todo con mi primer y único amor, para mi desgracia pasó a lo que temía tanto…desde lejos pude ver cómo una chica rubia corría con rapidez hacia nosotros gritando el nombre de Anthony, sus ojos azules se llenaron con un brillo que no puedo explicar, se puso de pie y corrió a encontrarse con la joven, abrazándose de una manera tan profunda, tan especial, tan íntima que no pude soportarlo más, sin decir alguna palabra me puse de pie y corrí lejos de ahí.

Ni siquiera me molesté en mirar al frente, y por ese motivo terminé cayendo encima de un chico que se encontraba fumando sentado bajo un árbol, ni siquiera se molestó en ayudarme, pero no perdió el tiempo para gritarme…

-¿Qué no puedes ver por dónde vas? - Replicó mirándome algo molesto.

-Perdona, no fue mi intención. - Respondí poniéndome de pie. Pude notar una mirada profunda a la distancia por parte de este chico, así que la seguí…percatándome de que estaba fija en el abrazo profundo de Candy y Anthony. - ¿Conoces a Candy? -

-Todo el mundo la conoce aquí, es una pecosa fastidiosa. - Respondió tratando de sonar agresivo, pero su voz era diferente a la que había usado antes.

-Él es Antho, mi primer amor. - Dije por inercia sorprendiéndolo, ganándome su atención. - Tenía curiosidad por saber quién era la famosa Candy de la que tanto hablaba Anthony, no hizo falta que mencionaran su nombre para saber que ella era la persona a quien él ama. -

-¿Entonces él es el famoso Anthony que cayó de un caballo y murió? - Preguntó mirándome, creo que también buscaba una respuesta como yo.

-Solo cayó en coma, pero sí, es él. - Respondí sentándome a su lado, parecía que necesitaba compañía. - ¿Te gusta Candy? -

-¿A qué viene esa tonta pregunta? - Cuestionó intentando lucir molesto.

-Vamos, desprendes la misma aura que yo. - Le dije volviendo a ver a los dos tortolitos a la distancia. - Candy te gusta, Antho me gusta a mí, y ellos dos se ven tan felices juntos. -

-¿Y lo aceptas sin más? - Preguntó mirándome, parecía querer una respuesta a sus propias dudas.

-No puedo hacer nada más que apoyarlo, ¿de qué sirve intentarlo si claramente puedo ver a quién ama? - Respondí con la voz un poco delicada, no puedo negar que me dolía decir la verdad. - Si él es feliz… ¿Qué más da? -

-Cobarde. - Dijo regresando su mirada al frente, mientras fumaba el cigarrillo en sus manos del que ya me había olvidado por completo. - ¿Quieres? -

-Nunca he fumado. - Respondí mirándolo de reojo.

-Siempre hay una primera vez. - Agregó sonriendo con burla, invitándome a hacer lo mismo que él.

-"Da igual." - Pensé tomando en cigarrillo en mi mano, imitando la forma de hacerlo de las pocas personas que había visto, sentí cómo el humo me ahogaba por dentro buscando una forma de salir, comencé a toser bruscamente intentando recuperar el aire, el chico simplemente se rio de mí mientras tomaba su cigarrillo de regreso.

-No creí que lo fueras a hacer. - Respondió con sinceridad mientras soltaba una carcajada.

-En mi mente se veía más genial. - Dije tratando de contener mi tos en vano.

-¿Y cuál es el nombre de la refinada dama? - Preguntó burlesco mirándome.

-Hania. - Respondí cuando finalmente pude volver a respirar con normalidad. - ¿Y el tuyo? -

-Llámame Terry. - Respondió él sonriendo. - Oye Hania, hagamos un trato. -

-¿Eh? - Dije confundida de sus repentinas palabras, pero prestándole mi total atención.

-Yo quiero a Candy, y tú quieres al chico ese. - Comenzó a explicar mientras volvía fumar, está vez lanzando el humo hacia mi rostro. - ¿Qué te parece si cada quien hace su intento? Si el rival sale del camino del otro, entonces ambos tenemos una oportunidad. -

-¿No sería jugar sucio? - Pregunté disipando el humo con mi mano.

-Si de verdad se aman nos vas a rechazar sin más, pero si tenemos una oportunidad, aunque sea mínima, quizá alguno de nosotros o incluso ambos terminemos felices. - Explicó mirándome con una sonrisa. - ¿Qué dices? -

-No lo sé…no quiero herir a Antho. - Murmuré desviando la mirada.

-Piénsalo. - Dijo poniéndose de pie mientras apagaba su cigarrillo. - Sabes dónde encontrarme si cambias de parecer. - Agregó mientras comenzaba a caminar alejándose lentamente de mí.

He de confesar que me tomó por sorpresa, Terry me proponía algo que, aunque yo lo considerara traicionero y engañoso, también me restaba muy tentativo. Dicen que si amas algo debes luchar por él hasta el final, ¿debía hacerle caso a la propuesta de Terry? ¿O simplemente debía ignorarlo y juzgarlo de loco? Aunque la segunda opción me resultaba más lógica, permití por primera vez que mi yo impulsivo decidiera…y quizá en el futuro me arrepentiría de mi elección, pero decidí correr el riesgo.

Pese a sus palabras, me resultó más difícil de lo que creí volver a hablar con Terry. Podría decirse que nos volvimos buenos amigos, a diferencia de lo que me sucedía con Patie, Annie y Candy cuando se trataba de pasar tiempo con Anthony, Stear y Archie. Simplemente no podía encajar en ese grupo, eso me frustraba…al menos conversar de vez en cuando con Terry me reconfortaba.