SI TE HUBIERA AMADO
-Parte 3-
Pasó el tiempo y las cosas cambiaron, para bien en mi caso…conforme la amistad de Candy y Terry se volvía más íntima, más problemas tenia ella con Anthony, las discusiones aumentaban con el tiempo, hasta que llegó el día en que finalmente decidieron terminar su relación amorosa por el bien de ambos. He de admitir que me dolió ver a Antho tan deprimido por varias semanas, pero traté de apoyarlo incondicionalmente como siempre lo había hecho desde nuestra infancia. Por su lado, Terry me contaba que le iba de maravilla con Candy, incluso habían tenido ya su primer beso.
-Hania. - Murmuró Anthony sacándome de mis pensamientos, su voz no sonaba rota como todos estos días.
-¿Sí? - Pregunté confundida sentándome a su lado bajo la sombra de aquel árbol donde conversé por primera vez con Terry. - ¿Qué sucede, Antho? -
-¿Recuerdas lo que te dije? - Me preguntó mientras dirigía su mirada hacia sus manos entrelazadas. - Que deseaba poder corresponder tus sentimientos… -
-Antho, no tienes que preocuparte por eso. - Respondí colocando mi mano sobre su hombro, dándole mi apoyo incondicional. - Estaría mintiendo si te digo que no quiero que lo hagas, pero con el simple hecho de que seamos amigos me es suficiente para ser feliz. -
-Pero no es justo para ti. - Respondió mirándome fijamente, tomándome del brazo con fuerza, pero sin lastimarme. - Quiero borrar esta pena de mí, y quiero compensarte por todo el dolor que he causado. -
-Antho, no quiero ser el clavo que saca a otro clavo. - Dije con voz seria, alejando su mano de la mía. - No soy el reemplazo de Candy, y si lo que buscas es alguien que ocupe su lugar para borrar tu culpa entonces te pido que no cuentes conmigo, te amo y lo sabes, pero no quiero ese tipo de relación. -
-No dije eso… - Respondió algo apenado, afligido. - No eres el reemplazo de nadie, solamente quiero compensarte todos estos años… -
-Lo hago por amor, no por buscar un beneficio. - Dije dándole un beso en la frente. - Te amo Antho, y jamás dejaré de hacerlo, pero no cuentes conmigo si solamente significo eso para ti. - Agregué poniéndome de pie.
-¡Espera por favor! - Exclamó levantándose también. - ¿Qué tengo que hacer para que me creas? -
-Amarme de verdad. - Respondí mirándolo con una sonrisa. - Hasta entonces, sigamos siendo amigos. - Dije comenzando a caminar de regreso a mi dormitorio, jamás confesaría frente a él lo mucho que me dolía rechazarlo de esa manera, pero era la verdad…no quería convertirme en el reemplazo de Candy en su corazón, en la pieza similar que podría encajar en ese agujero que quedó en él, de ser una sustituta…prefería vivir en mi dolor de no ser amada a seguir dentro de una mentira en la que la única enamorada era yo.
El tiempo pasó, Eliza seguía insistiendo en enamorar a Anthony como siempre, siendo rechazada en cada ocasión. Parecía que las relaciones de todos habían mejorado: Terry y Candy se veían tan felices juntos, Archie finalmente había aceptado estar con Annie y Patie estaba de lo más feliz con Stear. En mi caso, todo seguía igual. Seguía siendo la mejor amiga de mi primer amor.
Hubo una pequeña ocasión en que Terry me presentó a un amigo de él, pero simplemente no pasó nada. Por más que intento, no puedo olvidar a Anthony y todos los sentimientos que me provoca. Lo amo, lo he hecho desde pequeños y creo que siempre lo haré.
Había pasado ya más de un año de nuestra llegada al internado. Se celebró un baile por Navidad, así que todos asistieron con sus respectivas parejas, la verdad no sentía ninguna emoción por asistir, ¿qué habría de bueno en ver a todos enamorados mientras yo los espero en la mesa sola? Candy, quien hace unos meses comenzó a hablarme como si fuéramos amigas, vino a buscarme junto a las demás para que asistiera con ellas, negué de lo más amable posible fingiendo sentirme enferma, así que me quedé en la habitación sola.
Leía mi libro favorito, siempre he amado las historias de suspenso, estaba tan distraída que reaccioné después de que tocaron por tercera vez a la puerta.
-¡¿Cuánto tiempo más me tendrás tocando aquí afuera?! - Exclamó Anthony exasperado.
Admito que me sorprendió escucharlo, no había motivo alguno para que él me estuviera buscando, sobretodo porque estaba prohibido que un hombre entrara a los dormitorios de las mujeres.
-¿Qué sucede, Antho? - Pregunté confundida de su visita inesperada.
-¿A qué te refieres? Te estoy esperando para el baile. - Respondió Antho mirándome, algo confundido de verme en ropa casual. - No piensas ir así, ¿verdad? -
-No pienso ir. - Respondí desviando la mirada. - No quiero estar rodeada de tortolitos mientras los espero en la mesa comiendo pastel, para eso prefiero estar aquí. -
-¿Y acaso yo no cuento? - Preguntó mirándome, su mirada denotaba un poco de molestia.
-Creí que irías con Eliza o alguna otra de tus admiradoras. - Dije sin verlo a los ojos, no podía dejar que viera mi lado sensible.
-Si no es contigo, no iría con nadie más. - Respondió tomándome sutilmente la mano, sonriendo de esa manera tan dulce que sólo él sabe. - ¿Me acompañarás? -
-Antho… - Murmuré sorprendida, no podía creerlo. - De acuerdo, dame un momento. -
Cerré la puerta y corrí hacia mi closet, buscando rápidamente algo decente para vestir. No me había preocupado en buscar un atuendo adecuado días antes, así que mi mente estaba en blanco. Sonreí al ver aquel vestido rojo de manga larga que tenía encaje negro en la parte inferior y un decorado con pequeñas piedras brillantes en el lado derecho. Me cambié con rapidez, me coloqué unas medias negras hasta las rodillas y mis botas largas cafés, até mi cabello en una media cola, decorándolo con un broche color plata en forma de rosa con el decorado de piedras rojas.
-Ya estoy lista. - Dije abriendo la puerta, sonrojándome levemente al notar la mirada fija de Anthony sobre mí. - ¿Pasa algo? -
-¿Eh? No, nada. - Negó sacudiendo su cabeza, como si intentara despejarse de algún pensamiento indebido. - Es sólo que luces muy linda. -
- Gracias… - Murmuré desviando la mirada, me sentía tan avergonzada. - ¿Nos vamos? -
-Si. - Asintió tomándome de la mano.
He de admitir que me sentí por un rato como si fuéramos una pareja real…caminamos todo el trayecto tomados de la mano, conversando tranquilamente de cosas triviales. Una vez estuvimos afuera del salón donde todos bailaban, decidimos quedarnos afuera, sentados en la banqueta fría. Las historias que contábamos eran divertidas, en su mayoría anécdotas de nuestra infancia. El tiempo corrió tan rápido que ni siquiera asistimos a la cena, y para cuando la recordamos ya había terminado.
-Oye Hania. - Murmuró con un tono de voz diferente, sonaba algo melancólico, decaído. - Si me confesara de nuevo… ¿Volverías a rechazarme? -
-¿Por qué me lo preguntas? - Cuestioné mirándolo de reojo, a pesar de que deseaba en el fondo de mi corazón que lo hiciera y poder aceptarlo, me seguía doliendo la idea de ser solamente un reemplazo para Candy en su corazón. - Ya te dije que no quiero ser una sustituta. -
-Es que no lo eres, Hania. - Dijo mientras repentinamente se ponía de pie, me tomó de los hombros con fuerza y me recostó en la banqueta, sorprendiéndome. - ¿Por qué simplemente no puedes creerme cuando te digo que te quiero y que deseo estar contigo? -
-Antho…no quiero ser lastimada, no otra vez… - Murmuré intentando retener las lágrimas que querían salir, supongo que fue en vano porque la expresión de Anthony me lo decía. - He vivido todos estos años enamorada de ti, y lo único que he recibido son disculpas por no amarme como yo lo hago, rechazos directos y miles de conversaciones sobre cuánto amas a Candy… ¿Cómo puedo creerte? Lo intento, de verdad lo intento, pero… - Me quedé helada, sin esperarlo, los labios de Anthony silenciaron los míos con un beso, mi primer beso… ¿Por qué? Era lo único que pasaba por mi mente, pero, aunque intentaba buscar una respuesta lógica no lo lograba…una parte de mi quería empujarlo y gritarle, pero en lo más profundo de mí deseaba con fuerza que no parara…
Recuerdo claramente que mi piel se erizó cuando una fresca brisa rozó mi piel, envolví con mis brazos el cuello de Anthony, desesperada porque jamás se alejara de mí. Mi corazón se aceleró cuando me tomó suavemente de la cintura, ayudándome a sentarme sobre sus piernas, donde me aferró a su cuerpo con delicadeza, pero a la vez de una manera distinta que jamás había sentido. ¿Lujuria? ¿Deseo? No sé qué palabra usar para describir ese bello momento que pasamos juntos.
Comencé a sentir que el aire me faltaba, y sin más lo alejé de mí intentando recuperar el aliento, mi respiración era agitada al igual que la de él. Nos miramos fijamente a los ojos, y de la nada comenzamos a reírnos como dos niños pequeños haciendo una travesura.
-¿Y ahora me creerás? - Preguntó mirándole con esa sonrisa tan dulce que sólo él podía esbozar, me quedé en silencio intentando analizar fríamente la situación, dudando todavía en sí debía corresponder su confesión o negarme nuevamente. Antho tomó mi mano con sutileza y me miró a los ojos sin dejar de sonreír. - Sigo esperando tu respuesta, Hania. -
-¿Puedo confiar en ti? - Pregunté mirándolo a los ojos.
-Jamás te mentiría. - Respondió sonriente.
-¿Estarás a mi lado siempre? -
-Aun cuando me pidas que te deje sola. -
-¿Me traicionarás? -
-Yo jamás te traicionaré. -
-¿Lo prometes? -
-Te lo prometo. -
El silencio reinó entre nosotros por unos momentos, y después simplemente asentí con la cabeza. Anthony sonrió con tanta alegría que se puso de pie y jaló mi brazo para levantarme, comenzando a cargarme en sus brazos como a una princesa mientras giraba en el suelo, bailando conmigo en sus brazos.
-¡Gracias, Hania! ¡Gracias! - Exclamó como un niño chiquito, sonriente.
Y entonces…fuimos felices para la eternidad.
