Capitulo 15

No, no era un sueño, su cuerpo aun vibraba producto del ultimo estallido que su amado le había provocado, nada parecía saciarlo, lucían como unos colegiales, ya había perdido la cuenta de las apasionadas entregas que habían tenido lugar, pero ella sabía que era lo justo, tantos años separados, tanto tiempo anhelándose, que sus cuerpos simplemente estaban gritando lo que sus corazones siempre supieron, desde el instante en que se vieron por primera vez, que se amaban, que eran el uno para el otro.

Eleonor recordaba el dolor que había vivido desde el momento en que le habían tendido aquella sucia trampa, recordaba como con horror había despertado desnuda en una cama ajena junto a un hombre que no era Richard, los demás sucesos eran tan dolorosos que parecían una horrenda pesadilla, Richard reclamándole, alejándose de ella y llevándose a Terry, ella sola.

Como podía justificarse, cuando ni ella misma sabía que había sucedido, en vano trato de apelar a su amor, de nada valía, ella lo sabía, el hombre que tanto amaba estaba herido por creerla infiel, fue unos años después que Richard la busco, entre lágrimas le pidió perdón, se arrodillo ante ella, él había descubierto que todo había sido una sucia trampa, a pesar de su orgullo herido Richard no había descansado hasta dar con el paradero del supuesto amante de Eleonor y este al estar frente a un furioso Richard, no dudo en revelar que nunca la toco, que a él solo le pagaron por hacer creer que había amanecido con ella, pero que a ella una mujer lo había contratado, además se sumaba el hecho de que el hombre tenía una pareja desde hacía mucho tiempo, siendo sus preferencias hacia su mismo sexo muy claras y comprobadas, él supo que realmente no había tocado a su mujer.

Le conto también que su padre había muerto, casi un año después de haber llevado a Terry con él, pero antes de morir su padre, este lo había hecho casarse con Claudine, él le juro que nunca la había tocado, Eleonor sabía que no mentía, lo conocía, no dudo en perdonarlo, se amaron como nunca antes lo habían hecho, con necesidad, con amor en un derroche de entrega total, pero era tarde, su matrimonio ya no existía, la prueba de su matrimonio religioso había desaparecido y él ahora estaba atado a otra mujer.

Mucho podía amar Eleonor a Richard, pero ella no asumiría un lugar poco digno al estar el casado con otra, por otro lado el tampoco mancharía de semejante manera a su amada, por lo que con el corazón hecho pedazos ambos volvieron a despedirse, manteniendo una comunicación por cartas, en las que únicamente trataban sobre Terry, el no poder volver a tener a la mujer que tanto amaba hizo que Richard se volviera un amargado, un hombre duro, lo único que le quedaba era su amado hijo, pero contrariamente a lo que sentía, cada día lo alejaba más y más de él, al no poder comunicarse con Terry, pues no sabía cómo demostrarle su amor, alejándolo sin querer cada día.

Por ello estallo al recibir la carta de Eleonor en donde ella le expresaba su deseo de que Terry se fuera a vivir con ella, eso ya no lo soporto, ya era un infierno vivir sin ella, ahora quería apartarlo de lo único que le quedaba, como siempre tomo el camino equivocado descargándose contra Terry, mostrándose autoritario, como si eso fuera a retenerlo.

Al recibir en el Palacio Real la noticia de que su matrimonio volvía a tener validez, fue como si les devolvieran el alma al cuerpo, si bien al llegar Eleonor a Londres se habían mantenido cordiales, ella no había permitido mayor acercamiento, temiendo que sus sentimientos la traicionaran, pero una vez lo legal estaba aclarado nada más había que decir, ella lo había perdonado muchos años atrás, ahora lo único que podían hacer era tratar de reponer con besos y caricias los años perdidos.

.

.

.

Annie se tocaba los labios una y otra vez, nunca imagino que se podía sentir de esta manera en que ahora sentía, poco le importaba si le decían que era pecado todo lo que sentía en ese momento, solo sabía que el amor de su vida le correspondía, que Archie le había regalado su primer beso y que este había sido mucho mejor que cualquier sueño que ella había tenido antes, lo único que podía y quería hacer era cerrar sus ojos y volver a recrear ese maravilloso momento.

Aun no sabía que pasaría, era consciente de que Archie quería graduarse de la universidad antes de casarse, admiraba eso de él, que a pesar de tener la solvencia económica suficiente el quería esforzarse por brindarle un hogar digno de ella como le había explicado, eso la hacía amarlo más y sentirse muy orgullosa de él.

Pero aun con todo el amor que le profesaba, para Annie fue toda una sorpresa cuando Archie le expresó su deseo de apoyarla en cumplir sus metas, ella nunca se había puesto a pensar en hacer algo para su futuro, su madre la había educado solo para ser una buena esposa, por lo que las palabras de Archie la ponían en una encrucijada, pero una muy agradable al darse cuenta de que podía ser mucho más de lo que le habían enseñado.

.

.

.

Los días pasaban y ella se encontraba cada vez más desesperada, por suerte se había logrado refugiar en una propiedad de su aliada la ex Duquesa de Grandchester, que poco había servido todo lo que había luchado por conseguir sus propósitos, pero no, ella no estaba vencida, se vengaría y lo haría con lo que más les dolía, se encargaría de que la joven rubia de ojos verdes se reuniera muy pronto con su madre y su hermano, de igual forma haría con su amado tío William, como que se llamaba Sara Leagan.

Por otro lado su aliada tenia ahora sus propios problemas, muy disgustada por no tener acceso a sus cuentas se dirigió al despacho de Richard, para encontrarse con que allí le negaban también el paso, se atrevían a tratarla como a una paria, no ellos no tenían derecho a tratarla así, pensaba, por lo que sin dudarlo busco a su hombre de confianza, el que solía encargarse de sus trabajos poco honorables, un fraudulento abogado, este se comprometió a investigar que sucedía y a hacer valer sus derechos, dejando esto más tranquila a la Ducerda.

.

.

.

Candy secaba su cabello, luego de una merecida ducha, que deliciosa sintió el agua tibia, casi se quedó dormida en la tina disfrutando de tan relajante baño, si no fuera porque su mente y su cuerpo aun sufrían los efectos tan devastadores de la tarde compartida con su amado tormento, hasta el más mínimo roce de su camisón la hacía volver a sus brazos, sus besos, sus caricias, cerro sus ojos tratando de controlarse, mientras a su mente venían esos vividos momentos

000

Inicio del recuerdo

Terry había recostado a Candy sobre el gran escritorio, mientras seguía besándola con arrebatada pasión, estaba loco de deseo, nunca se hubiera imaginado que su pecosa se atreviera a complacerlo como lo había hecho y eso lo hacía sentirse muy orgulloso al saber que ella era tan entregada a él, que había superado su propio pudor y que se había impuesto el gran amor que se compartían, esa complicidad propia de una pareja de enamorados, dispuestos a disfrutar su intimidad en una forma plena, buscando siempre no solo el placer propio si no también el de la pareja.

Su boca poco a poco llego al lóbulo de la oreja de su pecosa, devorándolo con ternura, provocando en ella oleadas de sensaciones, no conforme sus hambrientos labios fueron descendiendo por su blanco cuello, saboreándolo lentamente, provocando que los gemidos de su pecosa inundaran sus oídos, sus manos inquietas hacia mucho estaban acariciando el cuerpo de su amada, con maestría, con la propiedad de ser su único dueño, una suave mordida en su hombro mientras una de sus manos estaba ya brindando especial atención a uno de sus blancos montes, su pulgar jugaba con el suave pezón rosa que ya se encontraba erecto en respuesta a las enloquecedoras sensaciones que le provocaba su castaño tormento, pronto su boca comenzó a atenderlo, mordiéndolo suavemente, acariciaba el otro seno con su mano, sin dejar de besar el primero, alternando para no desatender ninguno, le gustaban tanto que no lograba saciarse de ellos, de llenarse las manos encerrándolos mientras su boca seguía disfrutándolos.

Subió a besar nuevamente los labios de Candy, para luego seguir bajando con sus besos hasta llegar a su ombligo, sus dedos se encontraban ya brindando atención a ese lugar especial que era su destino, logrando que su rubia pecosa enloqueciera de placer, dio un grito que fue amortiguado por un rayo, cuando la boca del castaño llego a ese maravilloso lugar que era el centro de sus deseos, el centro de placer de su amada, con manos, boca, lengua y en ocasiones hasta dientes, se encargó de hacerla estallar en su máximo esplendor, cuando la llevo a la cima de su clímax, muy complacido de ver el sonrosado rostro de su amada, el cual aún mostraba las secuelas de su reciente estallido, se llenó de gozo, sabiéndose el culpable del placer de ella, situándose en su cálida entrada, fue penetrándola lentamente hasta colmarla por completo.

-te amo tanto Candy, ohhh

-terryyyyy, te amoo

Sus embates eran cada vez más profundos, mas rápidos, ambos querían más, necesitaban más, el sentirse uno solo era lo más maravilloso jamás sentido, Terry miraba a los ojos a Candy, sintiéndose completo al notar que ella sentía lo mismo que él, que se entregaba a lo que sentían con la misma intensidad, tomando sus caderas las elevo un poco más, para penetrarla más profundo todavía, ella gritaba de placer, era una suerte que la tormenta fuera tan ensordecedora que no permitiera que se escucharan los gritos que ninguno de los dos podían callar, el castaño sintió el cuerpo de su pecosa estremecerse, sabía que estaba a punto de alcanzar el clímax nuevamente, a él también le faltaba poco, la miro intensamente y ella respondió con una sonrisa y apretando más las caderas del castaño con sus piernas que se encontraban enrolladas alrededor de las mismas, sin poder contenerse ambos llegaron al cielo, dejándose caer sobre sus codos para no aplastarla, se quedaron así abrazados, disfrutando de sus cuerpos unidos, hasta recuperarse de su maravilloso estallido de pasión, sin preocuparse ahora por mas nada que por el amor que sentían el uno por el otro.

Fin del recuerdo

000

Candy tuvo que sentarse al comprender que sus piernas no podrían sostenerla por más tiempo al reaccionar su cuerpo con el maravilloso recuerdo, si sabía lo que habían decidido, lo hicieron conscientemente, no se arrepentía, todo lo contrario, era feliz de haberlo hecho.

En las habitaciones masculinas dos jóvenes repasaban los momentos vividos esa tarde, Archie saboreaba aun los labios de su dulce Annie, sorprendiéndose de todos los sentimientos que descubrió le provocaban la pelinegra, comprendió que ya nunca querría estar sin ella, prometiéndose luchar por ella, tal como Annie lo había hecho por él.

En la habitación de la par otro castaño sonreía feliz, sabiéndose plenamente feliz, saboreando un pedazo de cielo, al imaginar que pronto estaría casado con su amada pecosa, que más daba que eran jóvenes, si sabía que no todo sería fácil, pero estando juntos podrían afrontar los problemas, todo sería más llevadero, haría lo posible por hacerla feliz, tal como ella ya lo hacía feliz a él, estaba más que satisfecho con lo sucedido, al igual que ella no tenía dudas sobre lo que deseaban.

.

.

.

Al día siguiente Candy y Terry fueron sorprendidos por sus familias, quienes llegaron por ellos para llevarlos a medirse el traje y vestido que usarían en la fiesta de compromiso, también para elegir el vestido de novia de Candy, quien iba a ser acompañada por la tía abuela, Eleonor, Nana Margo y sus amigas Annie y Paty.

Terry aunque no necesitaba de mucho para elegir su traje, fue acompañado por su padre el Duque, Albert, Vicent y los Conrwell, hasta el buen George estaba en el grupo de caballeros que aprovecharían también para elegir sus propios trajes, pero antes de ser separado según el injustamente de su pecosa para ir a elegir sus atuendos, el hablo con su madre, haciéndole una petición especial en forma confidencial, Eleonor no se sorprendió lo que le pedía, de hecho ella ya había pensado en encargarse antes de que le dijera nada su retoño, pero que Terry se atreviera a pedirle explícitamente que por favor no permitiera que se le colocara corsé a Candy con la excusa que padecía de asfixias le provoco por un lado ternura al saber lo mucho que el la cuidaba y por otro no sabía si reír o llorar al comprobar sus sospechas.

Una vez en la boutique, las encargadas estaban más que felices en atender a tan distinguida clientela, para cereza del pastel tener a la futura Duquesa de Grandchester hacia que no dudaran en complacerlas en lo más mínimo, y es que en todo Londres ya se había corrido la voz sobre la maravillosa joven a quien desposaría el joven Marques y futuro Duque Terrence Grandchester, pero tenerla en persona, les hacía ver que se habían quedado cortos en la descripción, la joven en cuestión era realmente preciosa, con una belleza natural envidiable, un candor y un brillo propio que la hacía resaltar donde estuviera.

Como era de esperarse todas eligieron sus atuendos, pero se esmeraron en ayudar a Candy a elegir sus vestidos, pero cuando una de las empleadas traía un corsé para colocárselo, la rubia ojiverde puso una mirada de temor, pero antes que siquiera llegara a decir nada, sorprendentemente la tía abuela hablo

-no será necesario colocarle eso a mi sobrina, como ve ella no lo necesita, tiene una figura naturalmente delineada

-sí, Elroy tienes razón, además si no me equivoco, es posible que al igual que su madre mi niña Rosemary, Candy también padezca de sofocos cuando usa ropa muy ajustada, respondió Nana Margo apoyando a la tía abuela

La empleada asintió, al observar que en efecto la figura de la ojiverde era naturalmente perfecta y que no necesitaba de más, por lo que se la llevó al cambiador para ayudarle a vestirse, mientras que las dos ancianas se miraban en complicidad, luego dirigiendo una sonrisa hacia Eleonor Nana Margo le dijo:

-si Ely, no creas que no sabemos que tú también padeciste de esos sofocos en tu juventud

-conociendo al padre, es de suponer que heredo al hijo, y conociéndolas como conocí a mi sobrina Rosemary, igual que como te vi a ti en aquella época, no creerás que me voy a escandalizar a estas alturas porque Candice padezca lo mismo, sin contar que desde que llego a la familia nunca he logrado que se ponga uno, dijo casi (casi) sonriendo, aunque no sabemos si en certeza sea así, si hubiera sabido que había conocido a Terrence antes y que se habían enamorado, lo más seguro es que la hubiera sacado del colegio, pero ahora que puedo decir, también yo la descuide en mi ceguera, no supe protegerla, no soy quien para opinar al respecto, solo me alegra que pronto estarán unidos por la iglesia también, dijo la tía abuela a Eleonor, quien miraba a ambas señoras sorprendida.

Candy salió con el vestido elegido para el compromiso, quedando las demás damas muy complacidas al ver lo bella que se miraba la ojiverde, Annie y Paty también salieron con sus vestidos, pues estaban midiéndose los suyos al mismo tiempo, quedando las tres muy contentas con el resultado, el vestido de Candy era de un color azul que hacia juego con los ojos de su bello rebelde, resaltando con la piel blanca de la rubia, y su cabello rubio.

Después de ver también varios modelos, Candy eligió el que sería su vestido de novia, eligió un precioso vestido color perla, de corte princesa, la falda del vestido era amplia, con una preciosa tela bordada con cristales, todas estaban complacidas con su elección, pues aunque ella no usaría corsé, el vestido no lo necesitaba al ser de un corte que delineaba su figura sin sofocarla, dejándola lucir naturalmente hermosa.

Candy estaba gratamente acompañada, recibía calor familiar como nunca antes, la nana Margo era muy cariñosa con ella, siempre le contaba alguna anécdota de su madre Rosemary, la tía abuela se le notaba que aún sufría por la traición de quien tanto tiempo consideró como una hija, pero estaba renovada al tener la posibilidad de disfrutar un poco del inmerecido afecto de la hija de su amada sobrina.

ahora más que nunca agradecía el poder compartir esos pequeños momentos con ella, tarde pero logró ver el gran corazón de Candy, comprendiendo por qué Anthony la quería tanto, si el no hubiese muerto seguramente habría madurado sus sentimientos hacia su hermana, ella estaba segura que los rubios eran tan jóvenes y bondadosos que no pudieron evitar sentir cariño el uno por el otro, pero si hubieran seguido creciendo juntos hubieran entendido que ese cariño era fraternal, más aún cuando Candy igualmente conociera Terrence, ella estaba segura que el sentimiento de ellos dos era algo inevitable y tan fuerte que nada lo podía frenar.

Eleonor por su parte no disimulada ni un poco el afecto hacia su ahijada y como bien sabía ella futura madre de sus nietos, había amado a esa pequeña desde supo que estaba en el vientre de su madre, ella había llegado a ver a Rosemary como una hermana, por lo que sus dichas eran las suyas, ambas habían soñado unir sus familias con un matrimonio entre su pequeño Terry y la hija de Rosemary, porque ellas insistían en que sería una niña y así fue.

Por eso mismo Eleonor no dudaría en darle a su ahijada nuera todo el amor de madre que Rosemary no pudo darle.

En el área de los caballeros, Archie aprovecho a hablar con Albert, pidiéndole su apoyo, este no dudo en brindarlo, siempre y cuando Archie se comprometiera a completar sus estudios a lo cual el castaño claro no dudo en acceder, por otro lado Terry, pidió a su padre conversar con el en privado, a lo que el Duque accedió, diciéndole que lo harían mas tarde en privado.

De pronto un muy apasionado intercambio de opiniones se escuchó

- Vicent yo soy el Patriarca del Clan, la llevare yo

-Albert acaso olvidas que yo soy su padre

-yo la conocí primero

-y que eso no es mi culpa, la llevare yo

-no, Vicent, lo siento pero la llevare yo

-señores por favor, en todo caso

-no George por favor ahora solo falta que tú también quieras llevarla

-bueno he de decir que le tengo un gran afecto a la señorita Candice y supongo que si las circunstancias fueran otras encantado lo haría pero no, no me refería a eso

-entonces que quieres decirnos, dijo Albert

-deben ponerse de acuerdo que de lo contrario no sólo pondrán triste a la señorita Candice, sino que además si siguen en su terrible problema es posible que hasta al Rey le de por querer ser el quien la lleve, acá entre nosotros ustedes saben el cariño que le tenía a la Condesa

- no me lo recuerdes, suspiro Vicent

-bien debemos hacer un acuerdo en favor de mi pequeña, concluyó Albert

.

.

.

Ya una vez concluidas las tareas que les habían ocupado casi todo el día los jóvenes volvían al colegio, todos menos Terry, quien acompañó a sus padres al castillo de Grandchester, tenía una conversación pendiente con su padre y había llegado el momento de hacerla.

Al entrar al despacho se sorprendió pues el había pensado en hablar con su padre pero allí también estaba su madre y antes de que el siquiera abriera su linda (deliciosa, apetecible, mmm besable o pregúntenle a la pecosa) boquita, sus padres procedieron a explicarle o mejor dicho a compartir con el su historia de amor, su errónea separación, la agridulce reconciliación y la merecida reivindicación de su matrimonio.

Terry estaba con sus bellos zafiros abiertos de par en par, sus palabras no llegaban a salir de sus labios, el había comprendido, no podía culpar del todo a su padre, en el fondo lo comprendía, no lo justificaba, pero entendía el porque de todo ahora, llenando su pecho de una enorme felicidad al saber que ahora su familia estaría unida como siempre debió ser.

.

.

.

El guapo castaño sonreía de oreja a oreja, aún le parecía tener el bello cuerpo de su pecosa entre sus brazos, al volver en la noche al colegio no dudo en ir a verla a su habitación y dale su acostumbrado beso de buenas noches y acompañarla hasta que ella se durmiera, así cuando regresaba a dormir a su habitación el aún llevaba el aroma de ella durmiendo feliz pensando en ella.

Esa mañana había quedado con su padre de acompañarlo al Parlamento, como parte de las obligaciones que Terry se había ofrecido a realizar en una forma de comenzar a tomar responsabilidades para poder sostener a su pecosa, el quería ya comportarse de forma que ella estuviera orgullosa de el, porque aunque fuera poco lo que en esos momentos hacía, él lo haría todo de forma muy profesional.

Él se había imaginado siempre esa responsabilidad como una gran carga, algo terriblemente aburrida, tediosa y repetitiva, sin contar con lo hipócrita y falso de todo el ambiente, pero al llegar y conocer por si mismo todo lo que envolvía el trabajo de su padre y en un futuro el suyo propio, comprendió que era mucho peor de lo que había imaginado, ahora más que nunca sabiendo lo que sabia de sus padres, tuvo una empatía con su padre, imaginando lo difícil que también había sido para el todo eso.

-te agradezco que me acompañes hijo

-no hay de que padre, gracias a usted por tomar en cuenta mi petición y permitirme comenzar a trabajar para hacerme responsable de mi esposa

-se que este trabajo es una carga para ti, pero créeme cuando te digo que el hecho de recibir el apoyo de tu esposa lo hará todo más pasadero, al menos así fue para mí mientras tuve la dicha de tener a tu madre, hasta que… bueno solo digamos que después todo fue un terrible tormento

-no quiero ni imaginar que pueda sucedernos algo así a mi pecosa y a mi

El Duque sonrió al escuchar la forma en que su hijo hablaba de su joven esposa y el cariño con que la nombraba

-por ello deben tener siempre una buena comunicación, deben comprender que el matrimonio es apenas el inicio del camino, especialmente para ustedes que son tan jóvenes, aún tienen muchas cosas que sortear y deben de afrontar todos los obstáculos que vengan con madurez, aprender a confiar el uno en el otro y a pedir ayuda de quienes les queremos ante cualquier problema

-pero padre, nosotros queremos valernos por nosotros mismos, resolver nuestros propios problemas, no somos unos niños

-así es Terrence, ya no son unos niños, pero aunque ahora no lo comprendas, es mucho mas maduro y sabio aceptar el consejo y ayuda de quienes además de ser tu familia, tus seres queridos, son también más experimentados y pueden ayudarte a que un pequeño problema no se vuelva una tormenta, no tienes aun idea de las tragedias que se causan al no tener a nadie a quien recurrir, hasta podrías acabar cargando una cruz que no te corresponde por no tener un buen consejo a tiempo.

Terry medito las palabras de su padre y encontró que tenía razón, no quería ni imaginarse como estarían haciendo ahora Candy y el si no contaran con el apoyo de sus respectivas familias, estarían juntos de eso no le quedaba duda, pero en qué condiciones, el más que nadie quería darle lo mejor a su pecosa por lo que agradeció sus palabras a su padre y le prometió hacerlo siempre participe no solo de sus dichas sino también de sus problemas y pedirle consejo cuando lo necesitara.

Y aunque el trabajo era peor de lo que creía, se llevó la sorpresa de que también tenía su lado bueno, su padre lo tomaba en cuenta dándole su absoluta confianza, haciéndole ver que creía en el, compartiendo como nunca antes habían hecho

cuando leía los interminables documentos que le correspondía revisar para resolver lo que se le pedía descubrió que no sólo conocía todos los términos si no que también los comprendía y que su padre buscaba siempre a través de su trabajo hacer no sólo lo mejor para la aristocracia, al contrario sus propuestas estaban encausadas en no sólo ayudar a los menos afortunados, si no que además luchaba por cambios significativos que sabía tardarían años en concretarse pero que el ponía su trabajo en hacerlo aunque lento pero constantemente casi sin que se dieran cuenta sus detractores.

-es suficiente por hoy, Terrence, es hora de irnos

-bien padre, en un momento termino de ordenar todo

-debo decir que has hecho un excelente trabajo, sabía que te había preparado bien y que además eres por demás inteligente, aun así imagine que tardarías un poco más en adaptarte al trabajo

-gracias por sus palabras padre, yo tampoco imagine que avanzaría así de rápido

-no solo es hoy, estoy más que complacido con el trabajo que has hecho con todos los documentos que he estado enviándote a lo largo de este tiempo, desde que me has pedido la oportunidad

-de una u otra forma todo se lo debo a usted padre

Así ambos Grandchester mas unidos de lo que nunca antes habían estado salieron del Parlamento en busca de su carruaje, subieron sin tener temor alguno, sin imaginar el peligro en el que se encontraban en ese momento.

000

Hola amigas, al fin sii al fin pude completar el nuevo capítulo, mil disculpas por tardar tanto, no saben cuánto me pesa hacerlas esperar, sigo sin poder responder sus comentarios, prometo ponerme en eso, pero créanme que los leo y me emociono, son mis preciados tesoros, por lo que no puedo dejar de agradecerles una y otra vez cada uno de ellos, muchas bendiciones, espero leernos pronto.