SI TE HUBIERA AMADO
-Parte 4-
Quisiera decir que después de ese día tuve mi feliz, pero la verdad es que les he mentido…
Desde que nacimos, Anthony y yo fuimos presentados, con tan solo 3 meses de diferencia de edad. Cada fin de semana era llevada a la Mansión Ardley para visitarlo, y en cada fiesta a la que fuésemos invitados solía ser la compañera de baile de Anthony. Yo lo amaba, era tan amable y gentil que siempre fue como un Príncipe para mí...estábamos juntos en todo, éramos inseparables, he de reconocer que no quería separarme de él, por lo que jamás me despedí de él antes de partir a Inglaterra.
Siempre me arrepentí de aquella decisión, pero ahora tendría la oportunidad de verlo nuevamente, de estar a su lado, de suplicar su perdón por haberlo abandonado sin despedirme. Siempre lo amé, jamás pude olvidarlo. No negaré que hubo algunos chicos que me pidieron que fuese su pareja, pero siempre los rechacé...al final, mi corazón jamás dejó de quererlo. Lo amaba, lo extrañaba, lo necesitaba, estaba obsesionada con él.
Cuando llegamos mi corazón no dejaba de latir con fuerza, sentía que el aliento se me iba y la voz se atoró en mi garganta. Caminamos al interior de la mansión hasta llegar a la sala donde nos esperaba madame Elroy, la tía-abuela de mi joven príncipe. Después de tomar el té, finalmente me permitieron ir a la habitación de Anthony.
Cuando entré, me sorprendí…estaba dormido en su cama, su rostro estaba desgastado, sus ojos tenían enormes ojeras a su alrededor, su cabello rubio lucía opaco y seco, su piel era de color pálido y sus mejillas habían perdido su tono rosado. Sus labios estaban resecos y blanquecinos...sentí lástima al verlo en ese estado, pero por una extraña razón me sentía feliz. Feliz de estar cerca de él, de verlo finalmente.
Me acerqué a su cama, lentamente. Cuando estuve a su lado me senté en el borde, removí con delicadeza un pequeño mechón rubio de su rostro, quería admirar cada detalle…y entonces las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, tomé una de sus manos fuertemente, sentía un nudo en la garganta que no me permitía hablar, pero tomé valor y respiré hondo.
-Volví, Antho...después de tantos años, finalmente puedo verte otra vez. - Murmuré con la voz ahogada, me dolía demasiado verlo en ese estado. - Gracias a la intervención de mis padres, tu tía abuela esperó a que llegáramos para permitirme verte una vez más… - Proseguí mientras sollozaba, con una tristeza profunda. - Sé que no volverás a abrir los ojos, pero quería que supieras que yo siempre, siempre te he amado como no tienes una idea, te he amado desde que éramos unos niños pequeños y por más que lo he intentado, jamás pude decírtelo abiertamente...pero hoy es la última vez que veré tu rostro, así que quiero que lo sepas...te amo, siempre te amaré y mientras tenga vida, tú también vivirás en mi memoria y en mi corazón, eso tenlo por seguro. - Hice una pausa para limpiar las lágrimas que nublaban mi vista. - Sé que caíste de tu caballo mientras estabas con Candy, el amor de tu vida, y ahora la única...no puedo arrepentirme de amarte, pero sí de no haber tenido el valor de confesarte mis sentimientos, quizás las cosas habrían sido diferentes… -
Mis palabras se quedaron detenidas en mi garganta, quería decir más, pero simplemente no podía expresar todo lo que sentía...el dolor en mi pecho lo oprimía, sentía como si me aplastaran lentamente, tan dolorosamente que no podía respirar en absoluto. No había nada más que pudiera hacer, Anthony ya había muerto y no cambiaría eso jamás…
Debo admitir que me gustaría que la historia en mi corazón se hiciera realidad, pero tristemente no será así nunca más...él siempre vivirá dentro de mí, y eso no cambiará jamás sin importar cuántos años pasen…
Anthony, lo siento...sé que nada de esto habría pasado si te hubiera amado. Pero ten esto en cuenta: te amé, te amo y siempre te amaré.
