Encuentro

La primavera había tocado el vidrio de su ventana. Palpitó con vientos frescos y flores de cerezo danzando por los parques. En las tardes se volvía cálido, con el sol hundiéndose tras edificios y colinas, y una mezcla de colores que iban desde el rosa hasta el rojo se despertaba, antes de volver a dormir para darle lugar a las estrellas.

Fue en esa estación, cuando pretendía tomar un tren para ir a ver el mar, un día especialmente brillante. Cuando su cabello brilló por reflejar al sol, y recordó haber leído que la luna no tiene brillo propio. Y aun así, es tan hermosa que desconcierta.

Radiante, como la luna -que no tiene luz propia-, como una estrella justo antes de apagarse en la soledad del universo, como lo más bello que sus ojos jamás han visto. La perdió entre la gente, pero tenía su imagen, fresca e intacta, en su mente: cabellos rubios, ojos azules y el resplandor único de su estrella. Quizás más tarde la volvería a ver.