Colores

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Todavía te recuerdo —como si pudiera olvidarte—, serpenteando entre los atardeceres cambiantes. Aquellas tardes coloridas (a veces de color rosa, otras naranja, incluso rojas), que se mezclaban con tus propios colores, tan o más vivos que los del cielo.

Y —realmente es una tontería, si se lo piensa mejor—, pronto me pinté en tu retrato. Me vislumbré en tu vida, rodeado por tus colores (y los de tu cielo. Porque se ha vuelto tuyo, sin más ni más).

Algunas veces esperaba que tus azules ojos se posaran en mí. Acaso el amor nos vuelve tontos y esperamos aunque sepamos, de antemano, que nada puede llegar.

Todavía deseo volverte a ver, más allá de mis recuerdos y de la borrosa silueta que creo ver todas las tardes, desde que te conocí.