Robotech no me pertenece y esta historia esta basada en la novela de JO BEVERLEY - LA AMANTE DEL DEMONIO se podría decir que es una adaptación con bastantes libertades.
Desde que leí esta historia siempre quise adaptarla al universo Robotech porque la personalidad de los personajes me recordó a Rick y a Lisa, espero que le den una oportunidad y que la disfruten.
Capítulo 6
Él sonreía, y tuvo un doloroso vislumbre de la juventud perdida de él que ella nunca había visto antes.
Le estaba estrechando la mano a su amigo, y le dio la sensación de que le hubiera gustado abrazarle. No estaban enemistados y cualquiera que fuera la magia que había traído aquí a Lord Fokker, era una magia buena.
Todos los observaban, comprendiendo que era un momento importante, entonces Hunter se giró hacia ella.
—Lisa, ya te he hablado de Roy, de Lord Fokker, es un viejo amigo casi mi hermano mayor. Roy, ella es mi encantadora prometida, la señora Riber.
Ella le ofreció la mano.
—Mucho gusto en conocerle, Lord Fokker.
Por un momento le pareció un hombre duro, un halcón, aunque un segundo después no estuviera segura de por qué. No tenía nariz aguileña, ni ojos amarillos. Era extremadamente alto e intimidante, el pelo rubio cenizo un poco largo para los estándares de la moda y ojos azules que contrastaban con su piel morena. Sobre todo vestía elegante, haciendo incluso que el aspecto de Rick fuera casi un poco tosco.
Él le cogió la mano y se la llevó a los labios.
Lisa sintió la presión sobre el guante.
—Es injusto que Rick la haya visto antes de que yo pudiese tener una
oportunidad, señora Riber.
Ella empezó a sonreír, divertida por el flirteo, pero entonces percibió un destello de dureza en sus ojos profundamente azules. Un hombre duro, desde luego. Pero ¿por qué los ojos que estaban clavados en ella tenían una mirada tan agresiva?
—¿Cómo se encuentran sus propiedades Lord Fokker, tenía entendido que su situación le impedía unirse a la esfera social? — Claudia siempre su defensora, debió darse cuenta como Fokker la miraba y había decidido interferir, sin importarle que estaba rompiendo las normas sociales al hablar directamente con un hombre al que no había sido presentada.
—Disculpe, Y usted es…?— La cara de Fokker denotaba asombro y molestia, su pregunta claramente tenia el objetivo de apenar a Claudia. Como se nota que el no conoce a Claudia
—No hemos sido presentados Lord Fokker, aunque tengo que admitir que he escuchado hablar de usted en demasía.
—Espero que solo haya escuchado cosas buenas.
—Para que eso ocurriera usted tendría que ser un ángel, cosa que dudo mucho que sea.—Roy sonrió ante semejante respuesta.
—Aun no ha respondido mi pregunta señorita.
—Y usted tampoco ha respondido la mía Caballero y eso que yo pregunte primero.
En ese momento Rick decidió intervenir.
— Que les parece si cumplimos con las formalidades y los presento, Claudia Grand la mejor amiga de mi prometida y el es Roy Fokker uno de mis mejores amigos.
—Y usted también está comprometida? — Pregunto con descaro Roy —digo por que llego casi al final de la temporada social y encuentro a todas las damas más encantadoras comprometidas.
Dirigió otra mirada a Lisa, pero luego se giró hacia Samantha y hacia la ruborizada hija de Cissy, de diecisiete años, para expresar el alivio de que algunas damas encantadoras estuvieran todavía disponibles.
Claudia se limito a aclararle de forma directa que era viuda, que no estaba comprometida y que definitivamente no estaba buscando un compromiso con nadie. Claudia parecía ligeramente molesta por la actitud de casanova de Fokker.
Lisa tomó parte en la conversación, pero le daba vueltas a la animosidad de Fokker. ¿Era por Karl? Él había ganado mucho dinero vendiendo ropa y equipos al ejército, en su tiempo había tenido mucho trato con militares y en ocasiones no quedaban en buenos términos. Quizás tuvo un enfrentamiento con Fokker en algún momento.
¿Era por la diferencia de edad? No se le hubiera ocurrido que un amigo de Rick se sintiera indignado.
O quizás estaba malinterpretando un humor sombrío que no tenía nada que ver con ella.
Sonó la campana para avisar del final del entreacto, y Lisa invitó a Fokker a quedarse. Él aceptó y ella se pasó el siguiente acto planeando la manera de retenerle cerca de Rick el mayor tiempo posible. Soportaría su antagonismo si era necesario.
En el siguiente entreacto, salieron todos a pasear por el pasillo.
Lisa no estaba segura como, pero acabó acompañada por Fokker, mientras Hunter escoltaba a Louisa Embleborough, una damita joven y adecuada para cualquiera de estos atractivos héroes.
—¿Celosa? ¿Ya?
Ella alzó la mirada hacia aquellos ojos azules y muy fríos. No había duda. Era obvio su antagonismo hacia ella. Le hubiera gustado enfrentarse directamente a él por ese motivo, pero eso podría ahuyentarle, así que respondió con ligereza.
—En absoluto. Sé que Lord Hunter me es fiel, y confío en su sentido del honor.
El hombre entrecerró los ojos, pero luego cambió su expresión, de modo que no pudo estar segura de lo que había visto en ellos.
—Quizás sea yo quién esté celoso, señora Riber. Es usted muy bella.
Ah. Ella sabía tratar con descarados cazadores de dotes.
—No, no lo soy —respondió con una sonrisa.
—Debe permitirme que conozca cuáles son mis propias opiniones, señora. La
belleza depende del ojo con que se mira.
—Es extraño, entonces, que algunas personas sean bellezas reconocidas por todos.
Él miró a su alrededor y con discreción indicó a una joven morena rodeada de hombres.
—¿La señorita Lynn? Sí, es muy admirada.
—Estoy seguro que es perfecta para muchos, pero a mí no me convencen las narices respingonas, y su sonrisa es demasiado amplia —volvió a mirarla a ella—. Sin embargo, la boca de usted es perfecta.
A Lisa le dolían las mejillas por su no demasiado amplia sonrisa. ¿Sabía él que estaba esforzándose por no hacer que se marchara con el rabo entre las piernas?
—Perfecta —repitió ella —. Qué encantador. ¿En qué más soy perfecta, Lord Fokker? Tengo treinta y un años y he de acumular cualquier elogio que se me haga.
—Es usted estéril — dijo él —. Y no es un elogio.
A ella se le cortó el aliento.
—Y usted es un cerdo de lo más grosero, pero lo más probable es que tampoco pueda evitar serlo.
Ambos sonreían, disimulando la batalla que se había desencadenado entre los dos.
—Rick se casa con usted por su dinero. Si él necesita dinero, yo encontraré la
manera de conseguírselo.
—¿Es usted Midas, entonces? Su amigo perdió diez mil libras en una noche — observó satisfecha como desaparecía su sonrisa —. Aunque usted no me crea yo le salve la vida y mi dinero se la hará más fácil. Y ahora acompáñeme hasta mi palco.
En la puerta él se detuvo, sin sonreír, mostrando toda su hostilidad.
—Él merece algo mejor que casarse por dinero, señora Riber. Y necesita una familia.
Ella estaba de acuerdo, pero no podía permitir aquel comportamiento.
—Quiero su felicidad, Fokker. Por esa razón es usted bienvenido a ir a mi casa de visita. Estoy segura que entenderá si yo procuro evitarle —Y entró sola en el palco.
A Rick le estaba costando bastante trabajo mantener una conversación con la
tímida señorita Embleborough, pero no por ello dejaba de vigilar a Lisa y a Roy. Sabia lo proteccionista que podía ser Roy y lo hiriente que podía ser si se lo proponía, no quería que Roy incomodara a Lisa.
Puede que no hubiera visto mucho a su amigo durante los diez últimos años, pero aún podía leer en él. Estaba con el humor de perros.
Era obvio que pensaba que Lisa era una arpía despiadada y cabalgaba en su rescate. Cuando sonó la campana y la gente volvió a sus respectivos palcos, logró dejar a la señorita Embleborough a su hermano, y se detuvo fuera del palco con Roy.
Cerró la puerta, dejándolos solos en el pasillo.
—Deberías saber que no puedes pelearte con la señora Riber sin pelear también conmigo. Y yo siempre gano.
Lo dijo con ligereza, pero Roy entendería que hablaba en serio.
—Porque siempre has sido un loco —Sin embargo su expresión tensa se suavizó
—. Es probable que me haya pasado de la raya.
—¿Por qué?
—Ella me ha dicho que perdiste diez mil libras en una noche. ¿Qué demonios te traías entre manos?
Rick no había querido agobiar a ninguno de sus amigos con sus problemas.
—Mi padre dejó deudas.
—¿Y tú decidiste aumentarlas?
—Trataba de saldarlas. Sabes que siempre tenía suerte. Roy, ¿por qué estás
buscando pelea con Lisa?
Después de un momento, Roy contestó:
—Supongo que sobre todo por su marido.
—¿Riber? ¿Lo conociste?
—Sólo de nombre. Era uno de los peores proveedores de artículos mal hechos y de pésima calidad, pero nunca pudimos demostrar que él era el culpable. Fue muy listo usando intermediarios. Me irrita pensar que todo ese dinero lo tiene una mujer.
—¿Te ayudará pensar que yo me estoy beneficiando de esas ganancias ilícitas?
Roy se echó a reír.
—¡Dios, sí! No se me ocurre un mejor uso para ese dinero —después de un momento, añadió—: Mira, no te sulfures, pero ¿vale la pena casarse con una mujer mucho mayor sólo por dinero?
Rick pensó en explicarse. No tenía interés en revelarle a Roy todas sus insensateces, pero no quería que Lisa quedara bajo una luz aún peor. Entonces recordó una luz ámbar, y un beso maravilloso que no se había repetido...
—Bueno —dijo Roy, rompiendo el silencio—, al menos podrás restaurar Steynings devolviéndole todo su antiguo esplendor.
Si Roy pensaba que todo era una aventura amorosa, mucho mejor.
—Ésa es la idea. Escucha, debería entrar. Ven a verme mañana y tendremos más tiempo para ponernos al día. ¿Qué has sabido de Max?
—Aun nada. Lo cual me parece sumamente sospechoso. - A Rick también se lo parecía.- Aprovechare este tiempo para averiguar lo que pueda de Max. En realidad, solo he salido de mis tierras porque me he enterado del compromiso y he venido...
—...para salvarme, No creo que haga falta que me salves, Mi Heroe.
Roy lo miró con una amplia sonrisa. —Tú no eres ninguna doncella temblorosa. En cuanto a mañana, quizás sea mejor que tú vengas a verme a mí. Me hospedo en mi Casa de la ciudad.
Estaba claro que el desacuerdo entre Roy y Lisa había sido muy desagradable.
-Muy bien.
Rick se encogió de hombros.
—Porque no viniste a verme.- No quise complicarte la vida con mis problemas. Ya tienes bastantes desde Waterloo.
—Quizás tus problemas me hubieran servido de distracción.
Eso era una amonestación, y quizás merecida, pero Rick contestó:
—Te hubieras visto obligado a prestarme el dinero, y tus tierras nunca han sido ricas.
—¿Y el condado?
—No estoy preparado para entregárselo aún a los acreedores. Olvídalo. Quizás tendrías que haber venido antes a casa en vez de quedarte a juguetear en tus tierras de escocia.
—¿Juguetear? — Roy inspiró hondo.
Rick sabía que debería pedirle perdón. Roy había estado limpiando el terrible desastre ocasionado por custodios, las propiedades destruidas, personas necesitadas, ganado perdido, entre otras.
Pero la disculpa se le atragantó, y después de unos momentos Roy dijo:
—Ven y hablaremos mañana — y se alejó a grandes zancadas sin volver la vista atrás.
Rick se apoyó en la pared y cerró los ojos, con la dulce imagen de una pistola flotando ante él. Se había convertido en un demonio destructivo. Quizás estaba en un punto sin retorno.
Siempre había creído que algunas cosas nunca cambiarían, en particular su amistad de toda la vida con Max y Roy. Pero si Max había necesitado a sus amigos, no había podido contar con él, y ahora había arremetido contra Roy.
Quizás ya no había camino de vuelta. Podría poner un nuevo techo a Steynings y devolverle la vida a la tierra, pero dudaba que pudiera volver a darle la felicidad pasada a una casa vacía excepto por los fantasmas.
Tal vez podría hacerlo con la ayuda de Lisa.
No sabía si ese sentimiento era amor, lujuria frustrada, o alguna clase insensata de dependencia, pero comprendió que su ánimo desolado, su amargura, su ataque a Roy, todo venía porque se estaba acercando con mucha rapidez el final de sus trato con Lisa.
Y ella insistía en que no la tocara de manera íntima.
Sabía lo que debía hacer. Debía prepararse para darle un cortés adiós, ir a restaurar su casa, luego escoger a una dama joven como la señorita Embleborough para casarse y tener hijos con ella.
Prefería pegarse un tiro.
Lisa, como de costumbre, entró en la casa del brazo de Hunter, y como de costumbre todos tomaron una cena ligera y charlaron. Lo vio tenso y rogó con todas sus fuerzas para que no hubiera discutido con su amigo por causa de ella. En silencio se reprochó a sí misma el haberse dejado provocar por Lord Hunter, aunque no sabía de qué otro modo tendría que haber reaccionado.
Quizás tendría que mandarle una disculpa, aunque ella no había hecho nada incorrecto. Le irritaba que también él la viera como una vieja arpía dispuesta a chuparle la sangre a un hombre más joven. ¿La veían así todos? Sarah Dixon no le había dirigido la palabra más que lo mínimo imprescindible desde la última vez.
Y en un par de semanas todo habría terminado.
Si fuera una mujer más débil, se echaría a llorar.
La persistente Claudia aprovechó la aparición de Lord Fokker como excusa para empezar una conversación sobre la casa y los amigos de Hunter. Él parecía tenso, pero todavía seguía en la sala y se unió a la conversación, aunque hablaba poco y de forma concisa.
Empezó a observarle a través del prisma de los ojos de su amigo. Lord Fokker no había visto a Hunter durante casi un año y se había inquietado.
Por eso la había atacado.
Recordó el incidente antes de la cena, y las palabras de Claudia. Una atractiva cáscara sin nada dentro.
No era verdad. Había mucho en su interior, todo enmarañado, oscuro y peligroso.
Y ahora, por la razón que fuera, él estaba al borde del precipicio.
Cuando se separaron para ir a sus respectivos dormitorios intentó persuadirse de que sus elucubraciones eran sólo debido al cansancio, el de ella o el de él. Sin
embargo, cuando la doncella la desvistió y le trenzó el cabello, empezó a
preocuparse.
Cuando se metió en la cama, sabía que a la mañana siguiente debía insistir en viajar a Steynings.
Había sido el deber el que la había guiado. Tenía que corregir el terrible daño que Karl le había hecho a su familia. Pero ahora, sin embargo, era algo más que deber.
Tenía que rescatarle. Podría soportar dejarlo ir, pero no soportaría dejar que volviera a caer en el pozo. Era como si hubiera visto a una persona maravillosa a través de un vidrio roto.
Había demostrado su honor en el hecho condenable de que nunca había intentado besarla otra vez. Su inteligencia se evidenciaba en el modo en que lograba mostrar su lealtad y devoción en público sin hacer nunca algo impropio.
Su bondad natural salía a relucir de muchas maneras diferentes. Nunca se burlaba de nadie. Bailaba con una joven tímida y torpe como si de una belleza se tratara, hablaba con una persona aburrida como si fuera ingeniosa, si dejaba a un lado su rudeza era casi irreconocible.
Si hasta les dedicaba tiempo a la tía Louise y al tío Charles, y nadie podía negar que eran un par de viejos amargados que no dejaban de criticar a todo el mundo cuando no se criticaban el uno al otro.
Sin embargo, allí en la oscuridad, empezó a comprender que toda su bondad provenía del deber inflexible, del mismo sentido del deber que lo había llevado a la siguiente batalla, y a la siguiente, y a la siguiente.
¿Inflexible? Era un loco, un exaltado, ¿verdad?
Ahora se lo preguntaba, se preguntaba si había sido más un caso de no hacer nunca las cosas a medias, y tal vez eso era lo que estaba haciendo ahora, incluso con el corazón desolado.
¿Y qué era exactamente lo que estaba haciendo ahora, en este mismo momento?
Intentó convencerse de que él también se había acostado, pero algo le gritaba que no. Que tal vez volvía a tener la pistola en la mano. Después de una lucha consigo misma, se levantó de la cama y se puso la bata.
Oh, no. Desde luego que no. ¡No iba a ir a verle en camisón! Sintiéndose más tonta a cada momento que pasaba, decidió cambiarse y rebuscó en los cajones uno de sus corsés ligeros que se abrochaban por delante, y luego se puso un vestido sencillo. Se enrolló la trenza en la cabeza y la aseguró con horquillas.
Al mirarse al espejo vio a una mujer madura y atractiva que había dejado la tierna juventud atrás, con un vestido claro, con el cabello claro y ningún adorno. Se giró hacia el joyero, pero de repente se detuvo. Acicalarse le daría un tono peligroso a la situación.
Cogiendo el candelabro, salió para asegurarse de que su demonio no estaba decidido a ir al infierno.
La casa estaba en silencio. Lo más probable es que todo el mundo, excepto ella, estuviera sensatamente dormido. Sin embargo sabía que ella no podría dormir hasta no asegurarse de que todo iba bien.
La planta baja estaba tranquila. Volvió al piso superior y comprobó el salón. Nada.
Se detuvo en el pasillo, aceptando lo que había sabido desde el principio. Sin importar si Hunter estaba levantado, él se encontraba en la intimidad de su dormitorio, y ella no podía invadirlo.
Pero no podía dejar ese cabo suelto.
Se permitió avanzar en silencio hasta la puerta y escuchar.
Silencio.
Ya ves, se dijo, está dormido. Luego oyó algo. Sólo un movimiento, pero sugería que no estaba dormido.
Podría estar preparándose para meterse en la cama. E incluso desnudo.
Allí estaba ella, observando como la luz de la vela ponía destellos rojos y negros en la reluciente puerta de caoba. Luego con un suspiro y una mueca dio un suave golpecito en la puerta.
Una voz. No sabía lo que él había dicho, pero giró el pomo y miró dentro. Hunter estaba medio tumbado en el suelo con los pantalones y la camisa desabrochada en el cuello, y la cabeza y los hombros apoyados en un taburete cerca de la chimenea apagada. El cuarto estaba a oscuras, y él levantó durante un momento una mano para protegerse los ojos.
—Que se me lleven los demonios, es el ángel otra vez —refunfuñó, bajando la
mano y contemplándola. Una copa vacía estaba a punto de caerse de su otra mano, y
tenía a su lado, en el suelo, un decantador de brandy medio vacío.
Lisa estuvo a punto de regañarlo, pero se detuvo. Así no conseguiría nada. Cerró la puerta tras ella, pensando, reflexionando.
Aquellas últimas semanas habían sido una ilusión. Él todavía era ese hombre medio borracho que había estado a punto de suicidarse, y ella todavía tenía que salvarlo
