Tristezas de la luna

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Tus ojos se posaron en los míos, azules y apacibles, como un mar calmo. Sin embargo, podía distinguir el principio de una tormenta. Atentaban con desbordarse en olas bravías de una profunda tristeza.

No hice más que observar cada trazo de tu rostro. Tu cabello brillante caía sútilmente sobre tu frente, un color rosado cubría tus mejillas y tus azules ojos repletos de melancolía me miraban, con los vestigios de una lluvia pasajera, que todavía amenazaba con volver, marcados en tu blanca piel.

No era a quien esperabas, pero yo siempre te he estado buscando.