Robotech no me pertenece y esta historia esta basada en la novela de JO BEVERLEY - LA AMANTE DEL DEMONIO se podría decir que es una adaptación con bastantes libertades.
Desde que leí esta historia siempre quise adaptarla al universo Robotech porque la personalidad de los personajes me recordó a Rick y a Lisa, espero que le den una oportunidad y que la disfruten.
Capítulo 10
Él salió de la cama, cogió una carpeta de cuero de la mesa, y volvió para
sentarse al lado de ella.
Desconcertada y recelosa, Lisa intentó tranquilizarse y se sentó.
—¿Qué es esto?
— Mis dibujos —Deshizo el lazo y abrió la carpeta—. ¿Eres una entendida? Espero que no —Empezó a girar hojas de papel mostrando esbozos de campamentos del ejército y diversos edificios. Aceptables, pero nada especial.
¿Qué tenía que ver esto con la diferencia de edad?
Y luego mientras él seguía girando hojas, Lisa le detuvo.
—¿Éste es el Lord Fokker?
Era un esbozo rápido de un hombre en mangas de camisa tras un escritorio cargado de papeles, pero lo había plasmado a la perfección.
—Antes de Waterloo. Era una pesadilla organizándolo todo—Rick ojeó unas
cuantas hojas más—. Éste es Max
Lisa vio un hombre de rasgos fuertes y pelo corto y azul, de pie en la postura clásica del soldado, con la vista clavada en el horizonte y una capa larga que ocultaba la mayor parte del uniforme. Casi parecía una estatua.
—Parece cansado —dijo ella—. ¿Después de la batalla?
—Antes de Waterloo. Max no quería estar allí. Ninguno quería estar, por supuesto, pero sobre todo él. Tenia aun familia a la que volver, y aunque a pasa casi un año desde la batalla aun no ha vuelto a su hogar.
Siguió pasando hojas y le enseñó una serie de dibujos de muchachos y hombres.
Algunos eran bocetos rápidos, otros eran retratos a lápiz muy trabajados. Todos eran individuos distintos. No era un trabajo de profesional, no, pero eran dibujos hechos por un aficionado experto que había plasmado en el papel a sus compañeros de armas en muchos estados de ánimo.
Ella le detuvo para poder leer los nombres, y vio que lo que estaba escrito no eran nombres completos.
Ger, Badajoz, leyó. Don, Talavera. Con un escalofrío se dio cuenta que Rick había registrado las batallas en las que habían muerto.
Entonces vio un dibujo que sólo ponía, Hilyard.
—¿No murió?
—De disentería, en un pueblo lleno de lodo. Ni siquiera sabíamos el nombre. Perdimos a más hombres de enfermedad que luchando.
Ella cogió la carpeta y la hojeó con rapidez, viendo el nombre y la localización de cada uno.
—¿Sólo dibujaste muertos?
—Cuando los dibujé estaban vivos.
—Antes de que ella pudiera preguntar, continuó —. Solía dar el retrato a los modelos. Éstos son hombres que murieron antes de que yo tuviera la oportunidad de ofrecérselos. Me he preguntado si a los familiares les gustaría tenerlos. No son muy buenos.
—Son lo bastante buenos — dijo ella, contemplando uno que estaba casi al final.
Dixon, Waterloo.
Había bastantes de Waterloo, pero este boceto le había llamado la atención porque reconoció la cara redonda y la sonrisa alegre.
—Parece preparado para una gran aventura —dijo ella, acariciando el papel—. Creo que a su madre le gustará. No tiene ningún retrato reciente.
—¿Le conocías?
—Es un primo lejano —recorrió la sonrisa con el dedo—. Parece tan feliz.
Rick cogió el papel y lo estudió.
—Nos volvía locos a todos. Sabíamos que aquello iba a ser un infierno, pero Dixon lo veía como una aventura. Era mi amigo pero siempre fue más cercano a Max. Él era uno de aquellos voluntarios entusiastas de los que nos burlábamos, creía que iba a ganar la guerra por sí solo, pero no podías búrlate mucho de Dixon. Sin darte cuenta a su lado y a pesar de toda la mierda que había alrededor te encontrabas sonriendo, al principio te podías estar riendo de él pero al final te estabas riendo con él, y esa era una gran diferencia.
Todos los retratos la inquietaron, pero en particular el de Dixon.
Rick y él eran de la misma edad. Rick muy bien podría estar muerto. ¿Era por
eso que se los mostraba?
—¿Por qué querías que los viera? Eso no cambia nada.
—¿No? —Hojeó las páginas y sacó otro, uno que no era diferente a los demás excepto por estar peor hecho. El retrato de un hombre nervudo, canoso, que parecía cínico pero amable.
—El sargento Fletcher. Él me enseñó cómo sobrevivir. Cuando tú te casabas con Riber, un colegial desastrado dibujaba su primer retrato de un muerto andante. El reloj de la repisa de la chimenea tocó la hora.
Rick le dio el retrato.
—No creas que soy un niño, Lisa, que no sé lo que quiero o lo que necesito.
Eres la sangre de mi corazón. Quizás sabemos cuándo encontramos a aquella persona que es nuestra pareja perfecta —Cogió otra hoja de la carpeta, la última y le mostró un retrato de ella —. No está sacado de una imagen real, por supuesto.
Sólo estaban dibujados la cabeza y los hombros. Tenía el pelo suelto, cuando nunca lo llevaba así y se veía el frente de un vestido sencillo. Parecía seria, pero no infeliz, y diferente a cómo se veía ella misma en un espejo.
—Tienes talento, pero ésta no soy yo.—Es la Lisa que yo veo —Empezó a ordenar los papeles —. Me marcharé mañana si insistes, pero mis sentimientos no cambiarán —Ató las cuerdas y alzó la mirada —. No tienes que protegerme de mí mismo.
Ella le acarició la mejilla en la que tenía las cicatrices.
—¿Cómo puedo no hacerlo? El amor nos hace esto.
—No soy tu hijo, Lisa. Soy tu amante —Entonces la besó, demostrándoselo, y la amo con un fuego abrasador.
Más tarde, ella estaba allí, sudorosa y pegajosa, acariciando la esbeltez de aquel cuerpo poderoso.
No soy tu hijo, Lisa. Soy tu amante.
Cuando tú te casabas con Riber, un colegial desastrado dibujaba su primer retrato de un muerto andante.
Rick era un hombre, lo bastante adulto para ser el compañero adecuado para ella. Sin embargo, era más que su amante. Era el hombre que amaba cuando nunca había pensado en el amor. Se casaría con él de inmediato, feliz, si pudiera darle al menos la esperanza de un hijo.
¿Podría ser su amante? ¿Dejar que se casara con una joven adecuada que le
cargaría de hijos?
No. Nunca. Si él se casara con alguna otra, ella nunca podría socavar su matrimonio de esa manera, y no creía que él lo considerara.
Entonces... Como Rick había dicho, podrían ser felices sin hijos propios. El título moriría, pero si a él no le importaba ... ¿Ella estaba siendo débil o fuerte?¿Y él —y ésa era la pregunta crucial —acabaría lamentándolo?
Se dio la vuelta y miró a su compañero, su destino. Él dormía, con las largas pestañas sombreando sus mejillas, parecía descansar tan a gusto. Quizás no había dormido mucho las últimas noches.
A Lisa de golpe le dio la impresión que su vida había fluido para hacer posible este momento.
Cuando ella se presentó en sociedad tenía dieciséis años —tímida y bastante torpe —Rick era en verdad un colegial desastrado tendría solo 10 años. Nunca habían coincidido. A partir de entonces los años habían sido necesarios para llenar el vacío de años y experiencias.
Sin el ejército, Rick no podría haberse convertido en su pareja. Con su naturaleza salvaje, podría haber acabado siendo uno de los jóvenes inmaduros e
irresponsables de la sociedad.
Si ella no se hubiera casado con Riber, ahora estaría unida con algún otro hombre y no sería libre para amar. Sin los placeres y dolores de aquel matrimonio, nunca habría sido capaz de enfrentarse a la complejidades de Rick.
El destino los había formado y finalmente los había unido para esta breve experiencia. Ésta era su oportunidad de oro. Su única posibilidad. Se apartó el pelo de la frente, y en su mente empezó una batalla con el valor y el honor...
Las pestañas de Rick se alzaron y sonriendo la miró desorientado por un momento, y luego sus ojos se llenaron de calidez.
—Cásate conmigo, Lisa.
Ella se quedó sin habla otra vez, pero al final se rindió con un susurro.
—Si estás seguro...
Rick cerró los ojos y luego volvió a abrirlos, y ella vio el brillo de las lágrimas.
—¡Estoy seguro, Lisa!
—La cogió y le dio un abrazo que la hizo chillar. Se separaron riendo. —Me siento malvada —protestó ella —. Incorrecta.
Rick se la quedó mirando con una amplia sonrisa.
—Por supuesto que te sientes así. Estás acostada encantada en una cama que no
ha sido bendecida. Pero el matrimonio lo arreglará.
—No estoy segura que nuestra manera de estar encantados sea correcta incluso con el matrimonio.
—Oh, lo es, lo es —murmuró él, acercándose a sus pechos.
Ella de repente le mantuvo allí quieto, lo sujetó manteniéndole muy cerca, con el corazón encogido al pensar que nunca podría amamantar a ningún hijo. Y que lo estaba ligando a un destino estéril. Era una mujer codiciosa y ruin.
—Prométeme que no lo lamentarás, Rick.
Era un decir porque él no podía prometerlo, pero le oyó decir:
—Te lo prometo.
Permanecieron así durante unos momentos, pero luego él se movió, se apartó y sin ninguna vergüenza se sentó delante de ella desnudo.
—Te he mostrado las cosas. Todavía tengo las palabras.
Ella también se sentó, sintiéndose de repente cautelosa.
—¿Palabras? ¿Qué más queda por decir? Él bajó la vista un momento y luego la miró a los ojos.
—No quiero crearte falsas esperanzas. Todo está todavía en manos del destino. Pero puede que no seas estéril.
Un dolor lleno de lágrimas la inundó.
—¡Rick, no lo hagas! Tenemos que aceptar la verdad.
—Pues acéptala. Escucha
—Era la orden de un oficial y ella se calló.
—He pasado tiempo con el tío Charles y la tía Louise, y las cosas que dijeron no cuadran del todo con que Samantha sea hija de tu marido. Para empezar, sólo se empezó a hablar de ello hace seis años.
—Fue cuando los padres de Samantha murieron y ella vino aquí. La verdad salió a la luz porque la madre estaba más allá del escándalo. ¿Y por qué otra razón iba a venir a vivir aquí? Rick...
—Vino aquí porque no tenía ningún otro lugar al que ir —la interrumpió él —. Las guerras causaron estragos en la familia de Riber en Europa. Creo que también vino porque a él le convenía
—Rick le cogió la mano, la mano izquierda sin anillo—. Le dije a Roy que investigara,
Lisa. Ése es su fuerte. Es casi seguro que Riber no estaba en el lugar apropiado en el momento apropiado.
Ella se lo quedó mirando con la mente embotada.
—¿Qué? ¿Por qué iba a mentir? No tiene sentido. De todos modos no importa, Rick. ¡Hay otros cuatro!
—Todos falsos sin duda alguna.
Lisa clavó los ojos en él.
—No puede ser cierto.
—Es cierto. No debe de ser muy difícil encontrar a mujeres con un hijo que por desgracia no tienen ningún problema en decir que un hombre es el padre a cambio de unos ingresos.
Lisa apartó la mano, y se echó hacia atrás apoyándose en la cabecera.
—Esas mujeres también dirían cualquier cosa por dinero. ¿Has ideado tú todo esto para convencerme y que me case contigo?
De repente le recordó al hombre que había conocido al principio, el que la había amenazado y desarmado. Sin embargo él no atacó ni se arredró ante ella.
—Sabía que podrías pensar eso. Por ese motivo quería que primero quedaran claros nuestros sentimientos. El asunto de los hijos no me importa tanto, Lisa. Estoy seguro que soy irrespetuoso, pero tú me importas más que el maldito título. Le dije a Roy que averiguara la verdad para borrar la última barrera de tu mente. Eso es todo. Habla con las mujeres si quieres. Creo que quedarás convencida.
El enfado desapareció, pero aún le quedaba un rastro de duda.
—¿Por qué haría eso Karl, montar una mentira tan dolorosa, tan compleja?
—Porque era un hombre de éxito que se preocupaba por las apariencias. Sin duda quería crear una dinastía, y cuando eso no pasó, no pudo soportar que la gente creyera que era por su culpa.
Eso sonaba con la claridad de la verdad absoluta.
—¡Y entonces creó otra fachada! —exclamó ella —. El muy cerdo. Gusano. ¡Sabandija! Me sentí tan culpable. Tan imperfecta —Se lanzó a sus brazos —. ¡Oh, Rick, por favor perdóname! Nunca debería haber pensado que todo era un montaje tuyo.
Él la sentó en su regazo.
—Por supuesto que deberías haberlo pensado. Estaba bastante desesperado —Le apartó el pelo de la cara y la miró a los ojos—. Todavía podría no pasar. Podría no haber hijos.
Ella le sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
—Pero podría haber. Eso es suficiente.
Y tú también eres más importante para mí que hijos de nuestra propia sangre
—De todas maneras Lisa se puso una mano en el vientre —. ¡Pero piensa, podría haber un hijo creciendo ahora!
Él le cubrió la mano con la suya.
—Y por descontado que trabajaremos duro para poner uno ahí. Siempre he tenido suerte, ya lo sabes —La hizo girar en la cama poniéndola debajo de él y alargó la mano para coger una caja de plata de encima de la mesa.
A ella le costaba concentrarse con aquellos músculos ardientes oprimiéndola, pero se esforzó por conseguirlo.
—¿Y ahora qué pasa?
Rick abrió la caja para mostrarle un anillo, y un trozo de piedra afilada. El anillo tenía un precioso y brillante rubí rodeado por un círculo de diamantes.
—¿Un anillo nuevo? —dijo ella—. Todavía tengo el otro.
— Mi Lisa necesita un anillo con fuego en el corazón —Todavía encima de ella, con la erección presionándola entre los muslos, Rick deslizó el anillo en su dedo—. Un nuevo anillo para un nuevo comienzo.
Ella lo miró. —Estabas muy seguro de mí.
—No lo estaba en absoluto. Pero el único modo de luchar es convenciéndote a ti mismo que apartarás todo lo que se interponga en tu camino.
—Gracias a Dios que tú siempre lo has hecho
—Se llevó el anillo a los labios sin poder evitar las lágrimas—. Aunque siempre
le tendré un cariño especial al otro —Desvió la mirada hacia la caja—.¿Y la piedra? ¿Es pedernal...?
Él dejó a un lado la caja, pero mantuvo el pedernal entre los dedos.
—Cuando aquel día irrumpiste en mi habitación yo ya había apretado el gatillo...
—¡Rick!
—...pero el pedernal falló. Este pedernal. La pura suerte del demonio, pero sobre todo la suerte de tener un ayuda de cámara que me quiere más de lo que me merezco, y de encontrar a una mujer dispuesta a luchar conmigo contra mis demonios.
Lo lanzó sobre la mesa.
—Muchos creen que ese día tuve por primera vez en mi vida mala suerte en las mesas de juego. No fue así Lisa, el que perdiera 10 mil libras esa noche fue lo que te llevo a mí.
—¿Te casarás conmigo en mi casa, Lisa? ¿Pronto?
Ella acercó al demonio a su pecho, y supo que podrían triunfar sobre los recuerdos de tiempos más oscuros.
—¿Podemos compartir nuestra felicidad con todos los de allí? ¿Podemos hacer una magnífica fiesta para todos? ¿Vendrán tus amigos?
—¿Roy y Max? Seguro que sí.
Ella esperaba que tuviera razón. Sospechaba que Lord Fokker todavía la desaprobaba, y Sterling parecía ser un oscuro misterio. Si sus amigos le fallaban ella llenaría cualquier vacío, pero si podía, también arreglaría la relación que ellos tuvieron una vez.
Con aquel amor tan fuerte y la felicidad que ardía en los dos como un fuego de invierno, ¿cómo iban a fallar?
—Una boda, milord. Dentro de cuatro semanas.
En Steynings. Una celebración para demostrar que algunas veces nosotros, los pobres mortales, podemos encontrar el cielo aquí en la tierra.
