"¡Abuelo, abuelo! Aún respira." Se oía una voz.
"Hay que llevarlo rápido."
No tenía idea de qué había pasado, o cuanto tiempo estuvo girando dentro de la fuerte corriente de agua pero en ese momento sentía que estaba siendo cargado. De a poco empezó a abrir sus ojos notando que ya era de día.
"¿Do... dónde..."
"Ah, ya recuperaste la consciencia." Se oyó a un lado.
Con la vista aún algo borrosa, se percató que estaba en una zona de rocas y montañas, inclinó su cabeza hacia abajo para ver quién lo cargaba notando que tenía el pelaje y melena blanca con rayas negras. A la derecha había una muy pequeña cebra caminando a su lado y a su izquierda algo negro con unas extrañas alas transparentes cargando a sus lados dos jarrones llenos de agua.
"¿U... un changeling?" Preguntó.
"No te preocupes, está con nosotros." Dijo la pequeña cebra. "Mi nombre es Zeeba, ¿cual es el tuyo?"
"Ian... I-Ian Newyd." Contestó.
"¿Ian?" Dijo la cebra más grande. "Que nombre más curioso para un poni."
Lentamente intentó enderezarse pero se deslizó cayendo al suelo sobre su lado derecho. Dió un grito de dolor y comenzó a retorcerse, había olvidado que estaba herido.
"Tienes que tener cuidado potrillo, ese moretón en tu muslo parece serio." Dijo la Cebra mayor.
Intentó levantarse pero no podía, extrañamente notó que una pezuña negra estaba frente a él, el changeling le ofrecía ayuda para ponerse de pie. Se sentía extraño estar siendo ayudado por una de esas criaturas que atacó Canterlot y casi lo matan.
"Tienes que cuidar esa herida." Le dijo tras ayudarle.
Lo elevó usando la magia de su cuerno poniéndolo sobre la cebra mayor, luego continuaron su caminata. La zona comenzaba a tener un poco más de vegetación hasta que llegaron a un lugar que tenía unas pequeñas chozas, allí vio un par de grifos, un dragón joven de escamas púrpura y una cabellera dorada tapando sus ojos, otras dos cebras y tres changelings más.
"¿Q-qué es este lugar?" Preguntó Ian.
"Es un refugio para aquellos que viajan o lo han perdido todo." Dijo la cebra. "Por cierto, mi nombre es Keezan, un gusto."
"¡Keezan!" se oyó a un lado.
Cuando volteó para ver quien era notó que un changeling más grande se acercaba, tenía un cuerno curvo y hoyos en sus alas y pezuñas al igual que los demás.
"Chrysalis, hoy parece que estás mejor." Dijo Keezan.
Elevó a Ian con su magia y lo acercó a ella, lo puso frente a su rostro mientras lo examinaba con la mirada. Él no sabía qué hacer o cómo reaccionar, ella era nada menos que la líder de los changelings que Twilight le había contado.
"Su corazón está roto..." Dijo. "Las grietas y heridas son muy grandes." Agregó. "Dejame adivinar... lo perdiste todo, ¿verdad?"
Ian solo asentó con la cabeza, sin que le dijera palabra alguna leyó su corazón teniendo un conocimiento muy cercano a lo que le sucedía. Ella lo puso en el suelo y comenzó a caminar nuevamente hacia la choza de dónde había salido.
"No te preocupes, no es mala... solo que hoy en día somos solo cinco changelings contándola también."
Observó al changeling que luego de decirle esas palabras fue a llevar los jarrones de aguda a un lado. Ese pequeño lugar tenía una extraña paz y armonía que le daba un poco de tranquilidad, el joven dragón tenía una de sus alas dañada y los grifos parecían ser viajeros.
No estaba seguro de qué hacer, no sabía dónde se encontraba, no tenía dinero y estaba herido. Su estómago comenzó a rugir muy fuerte cosa que le hizo recordar que no comía nada desde hacía más de un día.
"No te preocupes, tenemos algo para darte." Dijo Zeeba.
La pequeña cebra le trajo unas flores, por unos segundos dudó en si podría comerlas pero luego pensó que si ya era un poni, no tendría por qué evitarlas. Era la primera vez que iba a intentar comer una, algo temeroso metió la primera a su hocico y comenzó a masticarlas. Estaba deliciosa, como humano nunca habría sentido el sabor que tenía.
Tomó la segunda y se la comió casi sin masticar, la combinación del buen sabor que tenían y lo hambriento que estaba para ese momento hicieron que se tragara todo en unos instantes.
"Wow... sí que tenías hambre..." Dijo muy sorprendida Zeeba.
"Pe-perdón..." Excusó Ian avergonzado.
"Puedes estar aquí hasta que te recuperes." Comentó Zeeba. "Mi abuelo Keezan siempre acepta a aquellos que necesitan ayuda."
"Es cierto Zeeba." Dijo Keezan acercándose. "Chrysalis es quien ve el corazón de aquellos que llegan aquí así que no hay peligro alguno."
"Ella y los otros cuatro changelings llegaron muy débiles y lastimados." Comentó Zeeba. "Y como no tiene a donde ir han estado ayudando aquí, aunque Chrysalis no ha mejorado del todo."
"Pero yo... no quiero molestarlos..." Replicó Ian intentando irse.
"No te preocupes." Dijo Keezan. "Eres bienvenido en este lugar hasta que tu cuerpo y mente se recuperen."
Fue una propuesta muy repentina y generosa pero en ese instante no sabía qué hacer sino que tampoco veía como opción volver a Ponyville. Lentamente comenzó a tambalearse pero fue sujeto por Zeeba.
"Aún faltan un par de horas hasta el mediodía, descansa hasta entonces."
Durmió bajo un pequeño árbol que le proveía un poco de sombra junto a una inmensa roca, aún le costaba acomodarse sumado el dolor de su pierna. Se levantó y comenzó a deambular por los alrededores para intentar saber dónde estaba hasta que encontró a Chrysalis recostada sobre una roca.
"Oh, el potrillo nuevo." Dijo al verlo.
Intentó retroceder para dejarla sola pero tras hacer destellar su cuerno se teletransportó frente a él, lo observaba fijo con sus verdes ojos, su cabellera azul oscuro caía frente a su rostro y se notaban sus colmillos.
"Uno de los changelings me contó que tu nombre es Ian." Dijo. "Eres muy extraño, ya estás bastante mayor para no tener cutie mark y varias de las heridas de tu corazón son viejas cicatrices."
"N-no sé de qué hablas..."
"Los changelings ganamos fuerza con el amor, es la primera vez que me cruzo con un poni que no tiene nada más que dolor." Dijo pasando a su lado. "Aquí no encontrarás las cura para eso."
Volvió a deambular hasta que llegó a un río donde la corriente era calma pero constante. Se asomó para beber agua viendo su reflejo en la orilla, cerró sus ojos y comenzó a chapotear con sus pezuñas haciendo que el agua se ponga turbia por la tierra que levantaba.
"¿Estas negando algo?" Preguntó Keezan acercándose a él con una vasija.
"Yo... yo no era así..." Contestó Ian. "No esperaba terminar de esta manera..."
"Oh, así que te enfrentas a un cambio, ¿verdad?" Preguntó nuevamente. "Sabes, muchos pasamos por cambios, a veces son buenos o malos pero tarde o temprano nos terminamos adaptando a ellos y superandolos." Dijo. "Osinó mira esto, el agua corre por este río de forma perpetua, siempre hacia el sur siguiendo un camino. Pero si yo lo pongo en este jarro el agua deja de fluir y pasa a tomar la forma del jarro."
Ian lo observó con detenimiento mientras cargaba agua en el jarro para luego mostrarsela, observó su reflejo dentro del agua y la misma imagen volteando al borde del río.
"Tal vez tu esencia era diferente pero como ahora el recipiente es otro, no tienes por qué forzar a que siga siendo como antes."
Poniendo la vasija en su cabeza Keezan tomó rumbo hacia el pequeño asentamiento, Ian lo observó algo confundido pero sabía que las palabras eran ciertas. No dejaba de pensar y querer ser un humano, se negaba a perder su magia y por sobre todas las cosas no estaba seguro de qué hacer.
Lo siguió todo el camino hacia el asentamiento, tras verlo dejar la vasija susurró algo a Zeeba que corrió a una de las chozas y luego volteó hacia Ian observándolo fijo.
"Déjame ver esa pata." Dijo.
Comenzó a examinarlo, cada vez que hacía presión con su pezuña dolía mucho, tras varios minutos Zeeba volvió con un pequeño frasco del que sacó un huento que olía muy mal. Comenzó a pasarlo por la zona donde tenía morado.
"Es muscular, así que esto ayudará a reducir la inflamación." Dijo.
"Bueno, tener un moretón como Cutie Mark no creo que quede bien..." Dijo Ian intentando sonreir.
Los changelings iban y venían ayudando a mantener el lugar en orden y abastecido de alimentos, Los grifos se acercaron a despedirse puesto que retomaron su viaje y el dragón jugaba con Zeeba mientras que Ian observaba su ala dañada.
Aquella presión en su pecho comenzaba a desaparecer lentamente, en ese instante no le importaba ser un poni, no tener magia o el mundo de los humanos. Solo quería dejar su cuerpo y mente descansar.
