Tras tener un buen almuerzo en conde comió un poco más de esas deliciosas flores y otras cosas, vió cómo Zeeba se alejaba junto a dos changelings, se levantó notando que casi no le dolía la pata y empezó a seguirlos. Tenían varios canastos por lo que era notorio que iban a buscar provisiones.
"¿N-no les molesta si los acompaño?" Dijo Ian.
"¡Eres bienvenido!" Exclamó Zeeba.
Caminaron por un sendero que los condujo a una pequeña pradera donde había plantas con bayas, árboles con algunas frutas y flores de diferentes colores. Comenzaron a recolestalas en los canastos, Zeeba tomaba hierbas y las ponía en uno separado cosa que le hizo recordar cómo Zecora lo hacía.
Los dos changelings volaban de aquí a allá tomando las frutas de los árboles mientras que Ian comenzó a sentirse algo inútil. Se acercó a un árbol y le dió una patada con ambas patas traseras usando todas sus fuerzas, provocando que caiga del dolor de su herida.
"Oye, ¿por qué hiciste eso?" Preguntó el changeling.
Varias de las frutas cayeron al suelo, al parecer su idea fue útil por recordar lo que hacía Applejack para recolectar de los manzanos.
"Ey, no es mala idea." Dijo el segundo changeling.
Seguidamente comenzó a patear de la misma manera otro árbol de dónde cayeron unas peras mientras que Zeeba las recolectaba. Se sintió muy bien ser útil al menos de cierta manera, gracias a esa idea, la recolección no tomó mucho tiempo.
"¿Y ahora qué hacemos?" Preguntó Zeeba. "Terminamos demasiado rápido."
Era hora de divertirse, tenían tiempo de sobra y lo aprovecharon jugando entre los árboles. Esa pradera se había convertido en un lugar donde el tiempo no corría y las preocupaciones no existían, donde solo se compartían la diversión y las risas.
"¿Dónde están?" Preguntaba Ian mientras jugaban a las escondidas.
Caminó en círculos buscando hasta que tuvo la extraña sensación de que Zeeba estaba detrás de él, giró solo para encontrarse con un arbusto muy grande, al acercarse hizo a un lado sus hojas la encontró acurrucada dentro.
"Oh... ¿Cómo me encontraste?" Bufó la pequeña.
"N-no lo sé, solo sentí tu presencia allí." Contestó Ian. "Y los otros dos están en la copa de ese árbol y detrás de aquella roca."
Con solo señalar los lugares, los dos changelings salieron bufando porque sus escondites habían sido descubiertos.
"Ni siquiera te acercaste a nosotros." Dijo uno.
"Hiciste trampa." Agregó el otro.
"Claro que no, es solo que..." Se detuvo unos instantes observó el suelo pero solo se veía el césped. "N-no es nada... ahora es tú turno para buscar." Dijo señalando a uno de los changelings.
"Ah, no..." Lamentó.
"Por cierto, aún no sé sus nombres." Comentó Ian.
"Nosotros no tenemos nombres." Dijo el primero.
"Nunca los hemos tenido." Agregó el otro.
La situación era algo extraña, los dos changelings se miraban uno al otro algo confundidos por la pregunta de Ian.
"Hay que darles nombres en ese caso." Dijo Zeeba. "¿Tú que crees?"
"Eso solucionaría un problema, pero son tan parecidos..." Contestó Ian observándolos.
"Eso no es importante." Dijo uno de ellos.
"Si, además es mi turno de contar." Agregó el otro. "Vayan a esconderse."
Decidió que los nombres los elegirán cuando regresen con los demás y que buscaría una forma de diferenciarlos. Zeeba y el otro changeling tomaron la misma dirección pero Ian corrió con solo tres patas a la derecha hacia unos arbustos evitando forzar su aún herida pierna. Estaba allí acurrucado cuando notó que el buscador estaba cerca, antes de que lo encontrara se oyó a Zeeba gritar muy fuerte.
"¿De dónde viene eso?" Preguntó Ian saliendo del arbusto.
"En aquella dirección."
Ambos fueron tan rápido como pudieron mientras que Ian corría con dificultad al no usar su pierna trasera derecha, cuando llegaron al lugar de donde vino el grito, encontraron al otro changeling en el suelo y tres dragones jóvenes de los que uno de escamas blancas sostenía a Zeeba.
"Esta cebra tiene su olor, al igual que esta otra cosa." Dijo uno de ellos color rojo.
"¡Sueltenla!" Exclamó Ian al verlos.
"Díganle a ese idiota que si quiere de regreso a su amiga que venga por ella." Mencionó el blanco elevando vuelo con Zeeba entre sus garras.
"¡No huyan!"
Un instante antes de que pueda decir nada más una gran llamarada de fuego que lanzó el tercero, cayó sobre él y los dos changelings. unos cuantos segundos estuvo el dragón lanzando su fuego hasta que solo humo salía de allí.
Los tres dragones se fueron del lugar como si nada llevándose a la pequeña cebra. De entre el humo se disipó una esfera luminosa, dentro de ella estaban Ian junto a los dos changelings, el césped se encontraba intacto allí y no tenían marcas de quemaduras.
"¿¡Q-qué fue eso!?" Exclamó el que estaba junto a él. "S-se supone que ahora seríamos tres carbones..."
"Soy un idiota..." Decía Ian en voz baja. "Curación."
Una corriente de luz recorrió su cuerpo provocando que el moretón de su pierna desaparezca, esto lo agotó un poco pero comenzó a dar pisotones con su pata para comprobar que estaba curada.
"Te-tenemos que volver para avisar a los demás." Dijo uno de los changelings.
Volvieron al asentamiento tan rápido como le daban las patas, allí atendieron al changeling herido. Ian preguntó a Chrysalis si sabía algo pero ella señaló al joven dragón que se encontraba a un lado.
"¿De casualidad sabes algo de estos tres dragones?" Preguntó acercándose a él.
"N-no pensé que vendrían por mi." Dijo lamentándose.
Por detrás Keezan hablaba con los changelings, se lo comenzó a notar muy preocupado y corrió hacia dónde Ian hablaba con el dragón.
"Ian, ¿qué pasó con Zeeba?" Preguntó muy exaltado.
"Hace varios meses ya..." Comenzó a relatar el dragón. "Durante la gran migración, yo y otros dragones fuimos atacados por una muy extraña criatura que se paraba en solo dos patas. Llevaba unos extraños ropajes y tenía unas alas color rojo."
"Esa descripción..." Dijo un Changeling. "Es la misma criatura que derribó a muchos de los nuestros."
"También oí esa historia, una criatura capaz de quemarlo todo o congelarlo por igual." Agregó Chrysalis. "Sus alas rojas como la sangre y un gigantesco poder."
"Fuimos atacados por él, yo escapé del lugar al ver cómo sin el menor esfuerzo derrotó a mis compañeros uno tras otro." Continuó el dragón. "Fue algo increíble, pensé que nunca los volvería a ver pero ellos regresaron, con muy pocas heridas y su orgullo completamente destruido."
"Entiendo eso." Dijo un Changeling.
"M-me culparon por haber huido del lugar y desquitaron su frustración en mi, por ser el más débil." Agregó. "Solo mencionaron que ese monstruo les dijo algo, -Si intentan hacerle algo a mis amigos..."
"... mi ira será incontenible." Terminó de decir Ian.
El dragón volteó hacia él muy sorprendido al oírlo terminar la frase, Ian dio media vuelta rumbo a la pradera donde Zeeba había sido secuestrada. Chrysalis los siguió pero Ian volteó hacia ella.
"No puedes venir." Ordenó. "Tú eres el sustento para los changelings."
"Zeeba y su abuelo Keezan nos ayudaron a recuperarnos." Replicó Chrysalis. "Su amor nos dio fuerza y no pienso permitir que esos reptiles arrebaten algo que es el sustento de los changelings."
"Tu poder actual no es ni la décima parte de lo que era cuando atacaron Canterlot." Comentó Ian mientras avanzaba. "Esta es mi responsabilidad."
"Algo ha cambiado en ti." Dijo Chrysalis.
"Tal vez sea la última vez que los vea, así que regresa con los demás." Dijo Ian. "Yo soy ese monstruo de alas rojas... o lo que queda de él."
Sin decirle nada más comenzó a galopar sin voltear hacia ella. Se dirigió al lugar dónde se habían llevado a Zeeba. Desde allí tomó rumbo hacia donde los dragones habían volado, unos minutos después llegó a unas rocas donde cuatro dragones no muy grandes esperaban.
"¡I-Ian!" Exclamó Zeeba al verlo.
"¿Qué pasó con el otro cobarde?" Dijo el dragón que estaba en la sima. "Mira, mandarnos a un pequeño poni."
Un dragón marrón cuyo tamaño era mayor se acercó a Ian intentando tomarlo con su garra pero recibió un fuerte shock eléctrico. Al ver eso quedaron mirándolo algo confundidos.
"Ya se los había dicho una vez." Dijo Ian equilibrandose en sus patas traseras. "Si intentan hacerle algo a mis amigos, mi ira será incontenible."
Dos alas rojas de pegaso salieron del lomo de Ian, estaban completamente extendidas a los lados. Los dragones se asustaron al verlas pero Ian hacía su mayor esfuerzo para mantenerlas sin que se desplumen por su falta de fuerzas.
"Sueltenla ahora mismo." Dijo con el ceño fruncido. "Y esta vez los dejaré ir ilesos."
Intentaba aparentar lo más posible, su poder era muy escaso y mantener la forma y color de sus alas le estaba costando demasiado. Las puntas empezaban a desteñirse de blanco y algunas de las plumas se desprendían.
Con todas sus fuerzas se mantenía parado en sus patas traseras mientras que apuntaba a los dragones con una de las delanteras. El dragón rojo que era aparentemente el líder no le desprendía sus ojos llenos de temor.
"¡E-es imposible!" Exclamó. "T-tú... tú eres un simple poni."
Ian bajó sus patas delanteras dando un fuerte golpe contra el suelo, una capa de hielo congeló el césped alrededor de él formando púas.
"Es mi última advertencia, ¡sueltenla!" Ordenó.
Uno de los dragones color blanco liberó a Zeeba que corrió ubicándose detrás de Ian para protegerse.
"Ahora váyanse, y no quiero que nos busquen de nuevo."
Los cuatro dragones emprendieron vuelo inmediatamente, cuando Ian notó que ya estaban lejos disipó su magia quedando exhausto. Unos instantes antes de caer al suelo fue retenido por magia suspendiendo su cuerpo en el aire.
"Tú tampoco tienes ni la décima parte de tu poder." Dijo Chrysalis acercándose.
