Primero que nada. ¡Hola! Gracias por entrar, espero que esta historia te agrade tanto como a mi. :3 Había estado en mi cabeza desde hace mucho, pero apenas ahora tengo tiempo para darle forma. 3 Espero que te agrade lo suficiente como para quedarte conmigo hasta terminarla, prometo no defraudar. uwu
Sesshomaru.
Tres veces.
La primera sucedió cuando solo era una pequeña y acompañaba a una mujer a un templo humano, arriba en las montañas, mientras él buscaba el camino hacia la tumba de su Oyahi-Dono. Tan solo fueron unos segundos, pero su mirada se desvió hacia él mientras se abría paso entre los árboles que rodeaban el perímetro. Era una mirada que, el Gran Lord Sesshomaru, jamás había recibido de aquella especie inferior, por lo cual permaneció grabada en su memoria por el resto del trayecto. ¿Qué era? ¿Odio? ¿Precaución? Lo que fuera, no era miedo en lo absoluto. Y había percibido su presencia con una rapidez asombrosa, casi sobrenatural. Ella. Una chiquilla humana. Frunció el ceño.
— A-amo! ¡Espere, el Báculo ha detectado algo! —
Se detuvo de inmediato, de modo que Jaken salió despedido por los aires hasta estrellarse contra el tronco de un sauce amplio. Jaken es un Youkai pequeño y sin poder alguno, pero le había entregado su lealtad hacía unos miles de años sin siquiera rechistar, a pesar de no haberla solicitado.
— Ay, ay, ay! Perdone, Amo, si tan solo esta cosa me avisara mucho antes — Se levantó, se sacudió sus ropas y entonces tomó el Báculo de Dos Cabezas. El único artefacto capaz de encontrar la Tumba del General Inu-Taisho. — Sí Definitivamente ha sentido algo. Lo ve? Las cabezas se mueven. Es por aquí, amo —
— Más te vale no estar perdiendo mi tiempo si sabes lo que es bueno para ti. —
— No, amo! ¡Es aquí, sígame! Es justo aquí, en esta tierra... — El pequeño se adelantó hacia un amplio prado verdoso hasta colocarse de pie sobre una superficie plana, la única donde ninguna planta parecía crecer en lo absoluto. Luego, enterró la punta del Báculo con tal ímpetu que ambas cabezas se mecieron de un lado a otro, pero no ocurrió nada durante los próximos diez segundos. Exasperado, Sesshomaru dirigió una fugaz mirada a Jaken, cuyo cuerpo había comenzado a tiritar de los nervios. — E-espere... E-es aquí, estoy seguro, e— La cabeza de la mujer cobró vida y emitió un grito amplio y sonoro, para luego dejarse caer sobre el báculo sin más, inerte, inmóvil, muerta.
— La cabeza incorrecta de nuevo, Jaken. — Levantó su diestra, cerrada en forma de puño.
— ¡P-pero...! Debe ser un error amo, esta vez ha sido...! —
De forma súbita, Jaken fue expulsado hacia atrás con una fuerza extraordinaria. El Báculo seguía enterrado en aquella tierra, pero se había sumergido hasta la mitad mientras ambas cabezas gritaban al unísono, rodeado por una luz tenue y poderosa. Arqueó una ceja sin moverse de su lugar por puro instinto. Aquella era una fuerza que ni siquiera él podía someter. ¿Había encontrado, por fin, lo que por milenios había creído perdido para siempre? Las cabezas enmudecieron y se cayeron nuevamente, pero cuando se alzaron una vez más, eran ambas quienes transmitían el mensaje:
— ¡HALLARÁS LA PERLA NEGRA DE LA DERECHA EN LA MÁS GRANDE OSCURIDAD, PROTEGIDA Y ASEGURADA PARA QUE NO SEA PROFANADA POR ALMAS INCORRECTAS! LA PERLA ES EL ÚNICO CAMINO... ¡SI ES TU CORAZÓN QUIEN LA BUSCA, HALLARÁS LA PERLA NEGRA DE LA DERECHA EN LA OSCURIDAD DEL DOLOR! — La Fuerza cedió, y entonces enmudeció para no volver a activarse en lo absoluto. Sesshomaru aguardó solo un par de segundos, para finalmente darse la vuelta: Había conseguido un rumbo.
— Andando, Jaken. —
— ¡E-enseguida voy! — El demonio se apresuró en desenterrar el Báculo para finalmente aferrarse una vez más a la piel de Bestia que adornaba su parafernalia, y una vez hecho, se internó una vez más en la espesura del Bosque. Lo había encontrado. El camino hacia la Tumba le llevaría a un tesoro preciado, lo único que había estado buscando por milenios. Durante el largo viaje, recorría en sus pensamientos los distintos posibles lugares de su ubicación, pero constantemente se veía asechado por aquella mirada. Aquellos ojos. ¿Cómo una simple humana había sido capaz de percibirle con tal rapidez? El Gran Lord Sesshomaru veía a los humanos como seres simples e infinitamente débiles, pero si se trataba de una amenaza, se aseguraría de matarla en cuanto antes.
Nada, no había nada que pudiera meterse en su camino hacia Tetssaiga.
La segunda vez había sido tan solo unos siete años después, luego de haber arrasado un campamento de humanos bandidos en busca de la Perla Negra. Ella era ahora una joven sacerdotisa, y a pesar del hedor a muerte, caminaba entre los muertos con un semblante de genuino dolor. No lo entendía. Se trataban de cobardes que mataban a los suyos por puro placer, pero aquella chica estaba penando sus muertes y a menudo se arrodillaba para presentar sus respetos con verdadera devoción, como si... como si fueran sus iguales. La observaba con indiferencia, sentado en una rama sobresaliente del roble de una alta colina. De sus garras aún goteaba la sangre de aquellos humanos, pues habían osado a oponer resistencia a su búsqueda... La cual fue en vano, pues lo que buscaba no se hallaba en sus cuerpos o en sus pertenencias, ni en su dolor.
— No deber amos continuar, Amo? La Cabeza del Hombre se sacudió, lo que significa que debemos estar cerca de la Tumba. — Jaken se acercó hasta detenerse junto al roble. — ¿Qué estamos haciendo aquí? —
— Guarda silencio, hay algo que quiero saber. — Jaken enmudeció y retrocedió tan solo unos pasos.
Y entonces ocurrió de nuevo. Aquella chiquilla se dio la vuelta y recorrió la colina hasta encontrar su ubicación, para finalmente posar sus orbes sobre él. Le estaba dedicando la misma mirada de hace siete años. ¿Qué era? ¿Y cómo se atrevía? Su rostro no irradiaba miedo en lo absoluto, y en lugar de apartar la vista, la sostuvo mientras preparaba su arco y flecha. Sesshomaru aguardó sin siquiera moverse de su lugar, pero Jaken se apresuró hacia el borde de la colina, claramente indignado ante el encuentro silencioso que había presenciado.
— ¿¡Qué crees que estás haciendo, humana!? Es que quieres sufrir el mismo destino que...!?
— Retrocede, Jaken. —
— ¡Amo, pero si es solo una humana! —
— Obedéceme. — Sesshomaru se colocó de pie, y entonces Jaken retrocedió al mismo tiempo que una flecha purificadora atravesaba el espacio que hacía unos segundos su súbdito había ocupado. La misma perforó el centro del árbol donde se encontraba, y emitía una luz cegadora que no se disipó en lo absoluto. Atónito, Jaken intercambiaba su mirada entre ambos, para finalmente posarla sobre la flecha.
— ¡Pero cómo es posible...! —
— Esa no es una humana ordinaria, y tu error pudo costarte la vida. —
— En ese caso, retirémonos cuanto antes, Amo... La Perla... —
— ¿Crees que le tengo miedo a una humana? —
— ¡En lo absoluto, Amo! Pero tenemos que... —
Otra flecha surcó el aire hasta clavarse en la rama que le sostenía, entre sus pies. Sesshomaru entonces fijó su vista en la peque a, cuya mirada irradiaba determinación.
— ENFRENTAME, YOUKAI! —
Había algo en ella, algo en su mirada que resultaba altamente curioso. No la embargaba el miedo, el mismo que recorría el cuerpo de cada humano que le presenciaba Si tiritaba, era a causa de la ira y el dolor que recorría cada fibra de su cuerpo, como si hubiera estado esperando ese momento durante su corta vida. Sesshomaru se percató de las lágrimas que surcaban sus mejillas mientras apretaba sus dientes, en una perfecta imagen de valentía que jamás había detectado en ningún humano. ¿Quién era? ¿Y qué era lo que le impedía matarla de una vez por todas? Descendió del árbol mientras Jaken guardaba su posición, de la misma forma que hacía antes de sus asesinatos Pero en lugar de eso, se dio media vuelta para marcharse una vez más hacia la espesura del Bosque. Jaken se precipitó a seguirlo, una vez más atónito.
— ¿No va a matarla, Amo? —
— No vine aquí a matar humanos por diversión, deberías saberlo. —
— ¡Pero se ha atrevido a atacarle! —
— Si tanto te desagrada ve y mátala tú mismo, no tengo tiempo para tonterías. —
— T-tiene razón... Tenemos que encontrar la Tumba cuanto antes. —
Nunca nadie se había atrevido a enfrentarse a él de la misma forma que lo había hecho esa joven. Irradiaba dolor, pero al mismo tiempo era capaz de verle con un odio genuino. ¿Y cómo era capaz de percibir su presencia? Eventualmente tendría que acabar con ella. Quizás fuese la primera persona que asesinar a una vez que se hiciera con el Colmillo de Acero de su padre, y entonces no existiría nadie capaz de irrespetarle. Nadie que se atreviera a mirarle con nada más que miedo... Sí, por supuesto: Tenía que matarla. ¿Era eso lo que sentía? ¿Curiosidad por saber cómo se ver a su rostro agonizante? El Báculo se activó una vez más, vibrando con más intensidad con cada paso que daban.
— ¡Lo sabía, estamos cerca! — Exclamó Jaken con algarabía mientras lideraba el camino. Él se limitó a seguirle sin añadir nada más durante las próximas horas hasta detenerse en el extremo final del Bosque, cuya pendiente desembocaba hacia una pequeña aldea humana. La Cabeza del Hombre se sacudió un par de veces más hasta finalmente detenerse de forma repentina, ante lo cual apretó la mandíbula.
— Es la última falsa alarma que voy a tolerarte. Hazme perder el tiempo una vez y te mataré. — Jaken ahogó un grito mientras asentía repetidas veces, y entonces le siguió una vez más. Su Oyahi-dono había escondido su Tumba de manera extraordinaria, pero no había nada que el Gran Sesshomaru no pudiera conseguir.
La tercera vez sucedió cuatro años después; cuando la Cabeza del Hombre se activó en las afueras de la misma aldea humana que había descubierto con anterioridad. Su Ohayi-Dono sentía afecto por dicha especie, de modo que no era completamente descabellado que su mayor tesoro se hallase entre ellos. Sin embargo, había aprendido que no tenía que matarles, pues ningún alma agonizante era capaz de revelar el secreto de su Padre. ¿Qué era lo que debía hacer, pues? ¿Cuál era el secreto que le impedía llegar a su destino? Aquel era el quinto día que caminaba en las afueras, en una zona verdosa adornada por una amplia y cristalina cascada, la cual emitía un aroma un tanto familiar. Luego de dar unos cuatro pasos hacia la misma, Sesshomaru se detuvo al divisar la silueta que se ocultaba bajo el torrente. Sin embargo, quien le devolvía aquella mirada no era una niña, sino una mujer. Yacía sentada sobre una piedra, vestida por nada más que un conjunto tan blanco como su piel. No parecía asustada de verle, lo cual, por supuesto, era normal viniendo de ella.
— Eres el Youkai que destruyó aquel Campamento. ¿No es así? El mismo de hace cuatro años, y el mismo que vi en el bosque cuando inicié mi preparación de pequeña. — La mujer aguardó, pero ante el silencio se colocó de pie para salir del torrente de agua. Tenía un cabello de color negro azabache, el cual le caía por su espalda en una emulación perfecta de la cascada tras ella. Había perdido todo rastro de su niñez, pero mantenía aquella mirada firme y calculadora. Sin miedo, sin dudas. — ¿Por qué no me enfrentaste esa noche? Claramente desprecias la vida humana, pudiste matarme. — Sesshomaru estudió su mirada una vez más, en silencio, mientras Jaken se apresuraba hacia ambos, jadeando ante el esfuerzo. Una vez a su lado, ahogó un grito en tanto se alaba con uno de sus pequeños dedos acusadores hacia ella.
— ¡AH! ES ESA MUJER! ¡Apártese, amo! ¡Me haré cargo de ella! — Jaken se interpuso entre ambos y enderezó el Báculo ante él para dar paso a una llamarada de fuego, la cual salía por la boca de la cabeza femenina en dirección a la sacerdotisa. Sin embargo, una especie de campo se formó a su alrededor para resguardar, repeler y devolver el ataque, de modo que Jaken necesitó retroceder y esconderse detrás de su amo para no perder la vida ante su imprudencia, una vez más.
— Tu vida no me concierne en lo absoluto, pequeño demonio, pero no dudaré en tomarla si es necesario. — La mujer descendió de la roca, y se acercaba con paso ligero, rompiendo el pequeño oleaje con cada paso que daba. Le miraba de forma continua, acusadora, fría. — Te he hecho una pregunta. No pareces del tipo benevolente. ¿Por qué no me mataste como lo hiciste con el resto? —
— ¿Crees que mi interés está en ir y cazar humanos a mi antojo? A menudo se creen demasiado importantes; tu vida no me concierne. —
— ¿Y la de esas personas sí? — Arqueó una ceja, y ella hizo lo mismo. — ¿Quién eres, Youkai? ¿Por qué has venido a esta aldea? —
— Hablas y cuestionas demasiado, mujer. Si no te apartas... —
— ¿Vas a matarme? — Una sonrisa repleta de ironía apareció en sus labios. — No es la primera vez que recibo esa amenaza de tu especie, Youkai, y sin embargo continúo con vida. ¿Has venido a robar la Perla? — Parpadeó en silencio, un tanto sorprendido. ¿Qué podía saber esa mujer de sus planes? ¿Y cómo era posible que conociera sobre la Perla Negra, el único camino hacia el Inframundo? No podía ser. —
— Así que sabes de la Perla... — Hizo una pausa. Si estaba sorprendido, en su rostro no lo notaba. — Mujer. ¿Qué es lo que sabes de ella?
— La Perla de Shikon me fue entregada para protegerla hace un par de años. Mi misión es purificarla y asegurarme de que jamás pueda caer en manos de seres como tú, Youkai. Almas incorrectas. — Un aura blanquecina rodeó su cuerpo en tanto salía del agua, atacarla en dichos instantes sería un error garrafal. La molestia emergía en su ser, pues le estaba desafiando por segunda vez. Pero. ¿Había dicho la Perla de Shikon? — Y mi nombre es Kikyou. De esa forma sabrás cómo encontrarme. — Y entonces se alejó , dejándole con nada más que sus pensamientos y una molestia tan notoria como ardiente.
Tres veces le había demostrado no ser una humana ordinaria.
