Aquí sho de nuevo. uwu Les cuento que tengo varios capítulos preparados; por lo que les prometo que no les haré esperar por mucho tiempo. :3 Tan sólo cuéntenme qué les parece la historia de momento que me emociona mucho mucho MUCHO leer sus opiniones. 3 ¡Gracias por leer y apoyarme!


Kikyou.

— Hermana! — Kaede corrió hacia ella con los brazos extendidos y sus ojos llorosos.

— ¡Señorita Kikyou! Era un Youkai. ¿No es así? Sentimos su presencia. ¿Se encuentra bien? — La Sacerdotisa Minoka era una mujer de avanzada edad, pero con un poder espiritual extraordinario. Fue ella la encargada de entrenarla cuando era solo una pequeña inexperta, y ahora era la encargada de mantener la paz en la aldea, lejos de la Guerra del exterior. — Estoy bien, Sacerdotisa Minoka. — Recibió a su pequeña hermana en sus brazos, donde la rodeo firmemente antes de proseguir. — No hay nada que temer, no podrá hacerme daño siempre y cuando no baje la guardia. —

— ¿Qué quieres decir, hermana? Quién es?

— Era un Youkai con forma humana, Kaede. Cuando están en esa forma carecen de su poder completo — Se acercó a la pequeña fogata que adornaba el centro de la cabaña hasta sentarse ante ella, pensativa. — Asumo que está detrás de la Perla. —

— ¿De verdad? ¿Entonces te ha atacado? — Minoka se acercó a paso lento, tan pensativa como su interlocutora.

— No — Hizo una pausa. — Es el mismo demonio que arrasó con el Campamento de los Bandidos, el mismo que enfrenté esa noche... Pero prefirió marcharse, y no lo comprendo. Pudo haberme arrebatado la Perla cuando quiso, pudo matarme. ¿Qué es lo que trama? —

— Si es quien creo, entonces no hay forma que esté tras la Perla de Shikon. — Kikyou giró su rostro hacia su mentora. Había algo que no estaba compartiéndole. Kaede apretó con suavidad la tela que cubría su brazo, como si temiera lo que se avecinaba. — ¿Puedes describírmelo, querida? —

— Su cabello es largo y plateado, con una mirada fría e inexpresiva, y posee un sello de Media Luna en su frente. Lleva consigo una espada atada en su cintura, y le acompaña un pequeño demonio con un báculo maldito. — El rostro de la anciana se endurecía con cada descripción que Kikyou le ofrecía, como si se tratara de un amargo recuerdo. Sin embargo, más allá de eso, comprendía que ese rostro tan solo significaba que era un terrible presagio, una noticia indeseada. — Conozco ese rostro. ¿De quién se trata, Minoka Oba-chan? — La anciana suspiró, y entonces tomó asiento con cuidado al otro extremo de la fogata.

— Es solo una suposición, pero ha de tratarse del hijo mayor del General Perro. — Kikyou aguardó, ante lo cual la anciana prosiguió. — Hace miles de años, este mundo estaba enteramente gobernado por las Bestias. Constantemente se libraban guerras por los dominios de diferentes tierras y poder, resultando todo en un caos extremo que causó centenares de muertes tanto de humanos como de ellos. Los Demonios destruían todo a su paso en su deseo por demostrar su poder y adquirir súbditos. Luchaban por ser los dueños de todas las tierras, y no hubo fin hasta que apareció el General Inu-Taisho. — El fuego ante ellas crispaba lentamente mientras Kaede se aferraba a su hermana. Kikyou, en su lugar, mantuvo una expresión serena mientras escuchaba el relato; necesitaba saber quién era su enemigo. — El General poseía una fuerza sin igual. Comandaba a sus tropas con tal ingenio que no había demonio que pudiese hacerle frente en ninguna guerra. Conquistó la mayor parte de las tierras reclamadas e incluso formó un ejército tan colosal que se convirtió en una leyenda para sus fieles vasallos, sin embargo, murió en circunstancias desconocidas. Se sabe que dejó dos hijos, un Youkai y un Hanyou, quienes no siguieron los pasos de su padre. El mayor es la viva imagen de su padre e incluso comparte sus poderes, por lo que es una bestia poderosa que no necesita la Perla de Shikon en lo absoluto. —

— ¿Qué hay del menor? —

— Es un Hanyou, un híbrido entre humano y bestia. Es mucho más probable que sea él quien está tras la Perla, pero te topaste con el Youkai. ¿No es así? — Kikyou asintió, ante lo cual la anciana suspiró. — En ese caso estamos en grave peligro, éste no es un demonio cualquiera. —

— Muy bien, entonces estar preparada. — La sacerdotisa colocó a su hermana cuidadosamente a su lado antes de colocarse de pie. La anciana hizo lo mismo. — ¿Qué harás ahora? —

— Es evidente. ¿No es así? — Kikyou formó una sonrisa débil en tanto caminaba hacia la salida, desde donde le dedicó una última mirada a su mentora. — Está esperándome, así que atenderé su llamado. ¿Puede cuidar de la pequeña Kaede, por favor? —

La Sacerdotisa Minoka ahogó un pequeño grito, claramente alterada por no haber presenciado la amenaza con anterioridad. Mantuvieron un silencio prolongado antes de que ésta asintiera lentamente, y entonces Kikyou abandonó el recinto sin más. Quien sea que fuera, era notorio que estaba buscando algo. ¿Y no era la Perla de Shikon? La joya brillaba de forma tenue sobre su pecho mientras avanzaba una vez más hacia los límites de la aldea, bajo un atardecer particularmente oscuro. Curiosamente, era la primera vez en mucho tiempo que no necesitó luchar contra ningún demonio, y quizás se debiera a la poderosa presencia que emitía ese sujeto. Aquella que nunca, de ninguna forma, podía pasar desapercibido.

[...]

Le encontró dentro de la densa arboleda que yacía a varios metros de la aldea, rodeado por nada más que las distintas sombras que ofrecían los árboles. Estaba dándole la espalda, de pie frente al roble más alto de todos y con su palma apoyada sobre su tronco, como si le estudiara. En cambio, su pequeño acompañante le observaba con cuidado mientras aferraba su báculo como si su vida dependiera de ello, lo cual resultaba curioso. ¿La estaban esperando? Kikyou avanzó hasta detenerse a una distancia prudente, preguntándose qué podría atraer con tanto fervor la atención de una bestia completa y poderosa como él.

— Es una imprudencia acudir sin ningún arma, mujer, podrías morir en cualquier segundo. —

— ¿Quieres matarme? De acuerdo, entonces hazlo. — El Youkai se giró hacia ella, observándola una vez más con aquel semblante frío y distante. —

— ¡Cómo te atreves...! —

— Silencio, Jaken. —

— ¡Pero es la segunda vez que lo desafía, amo! Acabemos con e- — El pequeño demonio enmudeció de inmediato cuando su superior le dedicó una mirada de completo odio, ante lo cual se encogió en silencio, no sin antes dedicarle a la Sacerdotisa una mirada cargada de desprecio. —

— Jaken no está del todo equivocado, mujer. Constantemente me desafías. ¿Tal es tu deseo de morir en mis garras? — A una velocidad abrumadora, el Demonio se acercó hasta detenerse a escasos centímetros de ella con su mano diestra levantada, desde donde eran perfectamente visibles sus afiladas garras arqueadas. Kikyou entrecerró sus ojos sin dedicarle una respuesta en lo absoluto. Tan solo le observó con cuidado sin siquiera moverse, aguardando, esperando. ¿Por qué no simplemente acababa con ella? Para su asombro, el hombre retrocedió poco a poco hasta darse la vuelta una vez más hacia el roble. Tal y como lo había hecho hace cuatro años... Alejándose una vez más de ella.

— ¡A-amo...!

— Espera, Youkai. — Kikyou avanzó mientras se arrancaba el pequeño collar del cuello, y entonces extendió la Perla de Shikon sobre su palma, expuesta. — ¿Es eso lo que buscas. No es así? La Perla de- —

— Te equivocas, no necesito nada de los humanos. — Se alejaba con cada paso, de modo que Kikyou necesitó seguirle dentro de la oscuridad del bosque, pensativa. ¿La Sacerdotisa Minoka tendría razón? ¿Sería el hijo mayor del General Inu-Taisho?

— Muy bien. ¿Qué es? Sea lo que sea puedo ayudarte a encontrarlo. — El hombre se detuvo, desde donde le dedicó una mirada que ella no pudo identificar por encima de su hombro. —

— ¡JA! ¿Y por qué habríamos de aceptar tu ayuda, mujer insolente? — Espetó Jaken, jocoso. Kikyou, sin embargo, tan solo observaba de forma fija al hombre demonio. —

— Eso que lleva tu súbdito es el Báculo del Inframundo; el único capaz de detectar la muerte e incluso seguirla. — El hombre se giró una vez más: Había captado su atención. — Lo que buscas no se encuentra en este mundo. —

— Vaya, que astuta. — Él hizo una mueca, lo más parecido a una sonrisa leve. Kikyou prosiguió. —

— Te ayudaré, y a cambio no volverás a acercarte a esta aldea. —

— ¡Idiota! ¿Y crees que mi amo va a aceptar...?

— De acuerdo, te esperar mañana en este lugar. Vámonos, Jaken. —

— ¿¡QUÉ!? —

— ¿Cuál es tu nombre, Youkai? — El hombre avanzaba entre dos pequeños abetos, de modo que la luz tenue de la luna golpeaba su cuerpo de forma leve, haciendo resaltar su cabello con cada paso que daba hacia la oscuridad. —

— Soy Sesshomaru. — El pequeño Youkai dedicó una mirada a ambos, atónito, antes de finalmente seguir a su superior.

Kikyou apretó la Perla ligeramente antes de darse media vuelta. ¿Estaba haciendo lo correcto al ayudarle? Su nombre era Sesshomaru, y por tercera vez había decidido no acabar con su vida por motivos que desconocía. Frunció el ceño, pues no había forma de que pudiese confiar en sus intenciones.