¡Hooolaaa! Me encanta saber que les está emocionando esta historia tanto como a mi. 3 Les prometo más amor y dramita de por medio. (? ¡Besos! Sus opiniones me inspiran a toh. uwu
Sesshomaru.
Él era el único que lo había presenciado: El Báculo se agitaba levemente durante el breve encuentro con aquella humana de forma constante, imperceptible para cualquier oído común. Al principio pensó que se debía al poder milenario que se escondía dentro de los grandes robles que formaban el bosque; ese cuyo poder trascendía con el tiempo... Pero estaba equivocado: Se debía a ella. ¿Qué podría saber esa mujer sobre la muerte? Nunca, ni siquiera desde que era una pequeña, se había atrevido a subestimarla del todo debido al inmenso poder que escondía dentro de sí; sin embargo, seguía siendo una humana... ¿Qué era lo que había aprendido su padre sobre ellos que él no? Aquello hería su orgullo de manera superficial, pues detestaba sentirse un paso por detrás de él.
Hacía un día nublado mientras Sesshomaru y Jaken se abrían paso hacia el punto del encuentro; el cual tendría lugar en el corazón del bosque. Miles de bestias se congregaban a su alrededor antes de cambiar de rumbo pero su aroma nunca se desvanecía del todo, y a menudo se mezclaba con el hedor de los demás Youkais que pululaban la zona. Ninguno, sin embargo, fue lo suficientemente idiota como para atacarle, y preferían pasarle de largo en dirección a...
— Esa mujer ya debe de haber muerto, son demasiados Youkais. —
Sesshomaru decidió seguir el rumbo de la manada, y solo entonces comprendió que verdaderamente se trataba de una horda. Miles de bestias de todos los tipos aparecían desde diferentes direcciones, atraídos por una fuerza cegadora que provenía desde el centro del Bosque. Murmuraban frases inconclusas y a menudo ilógicas, pero había una palabra común en las fauces de todos: "La Perla". Y podía sentirla. Una fuerza colosal y casi bendita rodeaba el corazón del bosque con cada paso que daba, de modo que podía divisar las diferentes flechas que erradicaban al monstruo más osado. Sin embargo, no podía sentirla a ella. Se apresuró una vez más, y tan solo se detuvo en cuanto estuvo ante el campo de batalla, sobre la rama del árbol más próximo, ante lo cual Jaken ahogó un grito.
La sacerdotisa estaba de pie frente a un pozo de huesos, y disparaba flechas sagradas una y otra vez en diferentes direcciones. La fuerza que emanaba de su cuerpo eclipsaba su presencia humana, de forma que se había convertido en una fuerza excesivamente atractiva para cualquier demonio, casi deseada incluso por él. Sesshomaru no aguardó por mucho tiempo, pues pronto se convirtió en un vórtice de destrucción que acabó con todos los demonios que rodeaban la entrada del lugar, llenando sus garras y parte de sus ropas de sangre.
— Amo, la humana! —
Un demonio serpiente correteaba en su dirección en tanto ella disparaba hacia el siguiente monstruo. De no haber sido por él, la maldición de la serpiente habría acabado con su corta vida. Sesshomaru se detuvo a su lado luego de rebanar a la bestia, desde donde ella le dedicaba una mirada serena, casi como si hubiese estado esperando su intervención.
— Nunca bajes tu guardia, Sacerdotisa. —
— Llegas tarde. — Otra flecha sagrada cruz el cielo.
— Pésima forma de agradecerme por salvar tu vida. —
— Esta es mi vida, Lord Sesshomaru. ¿Y crees que necesité que me salvaras antes? — Sonrió, pero aquel gesto no se repitió en su interlocutor. — Es el poder de la Perla de Shikon, todos ansían su poder. —
— Lo imaginé. Sólo los cobardes recurrían a tal método para adquirir poder. —
Sesshomaru saltó una vez más en dirección a las bestias, despedazándolas con sus garras. Aquella batalla se mantuvo durante los próximos veinte minutos, de modo que cuando finalizó el cielo era ahora oscuro. La Sacerdotisa se dejó caer sobre la hierba, y entonces apoyó su espalda sobre el Pozo que se alzaba tras ella sin apartar su mirada de él, casi como si estuviera aguardando su ataque.
— No voy a matarte, mujer, deja de verme de esa forma tan repulsiva. —
— Lo siento, pero no acostumbro a en confiar en tu especie. —
— ¿Y cómo pretendes ayudar a alguien en quien no confías? —
— Decidí que puedo aprender a hacerlo. —
Un silencio se extendió entre ambos, de modo que solo era audible la brisa constante que traía el anochecer. Sesshomaru permaneció de pie ante ella en tanto Jaken se acercaba a ambos, jadeando del esfuerzo que suponía correr con el Báculo de Dos Cabezas.
— Amo Sesshomaru, el Báculo ha... —
— ¿Cuántas veces se ha activado desde que llegaste aquí? — Cuestionó Kikyou con una voz un tanto débil.
— Más de las que pueda contar. —
— Eso no significa nada, se activa al sentir la muerte de algún ser cercano, y como ves, la muerte es algo común en esta aldea. —
— Y sin embargo, ayer no dejó de vibrar mientras me prometías tu ayuda. Sin ningún muerto cerca. — El rostro de Kikyou se endureció, pero no transmitía emoción alguna. Jaken intercambiaba su mirada entre ambos sin emitir palabra alguna, pues había aprendido de mala gana a no interponerse.
— ¿Qué es lo que sabes al respecto? —
— Es como me temía. — Murmuró para sí mientras Sesshomaru aguardaba. — Tengo bajo mi cuidado a un bandido moribundo en una cueva cercana. No le queda mucho tiempo de vida, y me temo que nunca volver a caminar o a utilizar su cuerpo en lo absoluto. — La Sacerdotisa entrecerró sus orbes, de modo que decidió acercarse un poco más a ella. Parecía exhausta. — Si el Báculo Maldito se ha activado, es porque presiente que la puerta del Inframundo puede abrirse muy pronto con su muerte. Sus acciones en vida le convirtieron en un alma lo suficientemente destructiva como para hacerlo. Esa puede ser la oportunidad que estás buscando para acceder a ese mundo, la "Perla" que tanto ansías encontrar. —
— ¿Dónde está? —
— Si lo matas entonces interrumpirás el proceso natural de la muerte; y la puerta no se abrirá. —
— Sé muy bien que no debo matarlo, mujer, no sirvió de nada cuando arrasé ese Campamento años atrás. —
— ¿Por qué no me llamas por mi nombre? — Cuestionó la Sacerdotisa. Sesshomaru se colocó en cuclillas frente a ella, examinando aquel rostro tan joven y curioso con un deje de apatía. —
— No confundas las cosas, no tengo intenciones de formar una amistad con un ser tan efímero como tú. ¿Por qué debería llamarte de otra forma a lo que eres? — Fue entonces cuando el rostro de la Sacerdotisa se suavizó para dar paso a un semblante de genuina tristeza. Tan solo fueron unos breves segundos, pues entonces le dedicó una sonrisa suave, carente de felicidad, pero genuina. Una sonrisa que era solo para él.
— Ya veo... Eso es lo que soy. — Su sonrisa se desvaneció paulatinamente, pero se mantuvo grabada en su memoria durante los próximos segundos. ¿Qué era eso que comenzaba a carcomer su pecho? ¿Culpa?
— Te llevaré con él, no estamos muy lejos. —
— La presencia que emanas es aún muy poderosa, atraerás a otra horda antes de llegar a la guarida. Y morirás. —
— Estaré bien, esta es la vida que conozco. — Se apoyó con la punta de su arco sobre el suelo, desde donde intentó colocarse de pie. Sesshomaru hizo lo propio mientras la observaba. Sin embargo, la Sacerdotisa tambaleó hasta caer de rodillas, y entonces comprendió que presionarla más sería un error, y era precisamente eso lo que odiaba de los humanos: Eran increíblemente débiles y desechables. Podía simplemente abandonarla allí y encontrar al humano moribundo por sí solo con ayuda de su olfato. Entonces. ¿Por qué no lo hacía? ¿Qué era lo que constantemente le atraía a su lado? Pronto se encontró a sí mismo ante ella, tomándola en sus brazos con facilidad, para finalmente colocarse de pie. Su aroma era suave, y la calidez que emitía su cuerpo era... Era agradable. ¿Por qué estaba decidiendo ayudar a una humana?
— No eres más que una carga, así que voy a llevarte de regreso. —
— ¿Por qué? Podrías deshacerte de mí y hacerte con tu destino de una vez por todas. —
— Guarda silencio, no me sirves muerta. —
— ...Gracias. — Murmuró antes de recostarse sobre su pecho, y entonces emprendió rumbo hacia la Aldea que yacía a unos cuantos metros.
Agradeció su silencio, pues Sesshomaru se hallaba librando una lucha interna dentro de sí. Desconocía todos y cada uno de los sentimientos que se evocaban en su pecho, pues sabía que no auguraban nada bueno. Su Oyahi-dono había muerto poco después de entregar su confianza a aquella humana... Por lo que no podía simplemente seguir sus pasos.
Todo acabar a una vez que tuviese a Tetssaiga bajo su poder; cuando no hubiese nada más que le atara a aquella Sacerdotisa. Se convertiría en un General mucho más poderoso que su padre, y entonces erradicaría todo rastro de debilidad sobre la tierra. Aquel era su mundo idóneo. Un mundo donde no existía la Perla de Shikon.
Y donde no existía ella.
