¡Hoola! Les traigo un nuevo capi de esta linda historia. :3 Me encanta como todo está tomando forma y la relación de estos dos se va forjando. ^^ Desde ya muchísimas gracias por permanecer conmigo, significa mucho para mi saber que no estoy solita. uwu También les agradezco por sus Reviews, siempre son un pequeño motorcito de inspiración. xd ¡Besos!
Sesshomaru.
Aguardó mientras observaba hacia ambos lados. El cielo oscurecía paulatinamente, y las aves y demás animales huían despavoridos de la esencia maligna que rodeaba todo el perímetro. Incluso Jaken parecía consternado, pues compartía la misma expresión de desconcierto que la Sacerdotisa.
— A-amo… — Fue lo único que fue capaz de decir, pues pronto se acercó a él para aferrarse a la piel de Inu que adornaba su cuello.
Sesshomaru tampoco esperó demasiado. En un movimiento ágil se agazapó para finalmente saltar hacia adelante en dirección a la mujer, a quien tomó en sus brazos antes de marcharse con velocidad de la zona. Ella ahogó un grito en tanto él se abría paso por la copa de los árboles. Saltó uno, dos, tres más hasta finalmente detenerse en la cumbre rocosa de la montaña más cercana. Desde allí, era completamente visible la increíble cantidad de miasma que cubría todo el bosque. ¿Y todo eso había venido de un simple humano? Frunció el ceño, y permaneció inmerso en sus pensamientos hasta que ella apretó su pecho suavemente. Para cuando la observó, se percató de que su mirada estaba fija sobre la cueva vagamente visible.
— Es la primera vez que veo algo como eso. — Murmuró, aquella era la primera vez que veía un gesto de preocupación en su rostro. — De no ser por ustedes… —
Sesshomaru la colocó nuevamente en el suelo sin agregar nada más. Por breves segundos había olvidado que Inuyasha había estado allí.
— La entrada que buscabas ahora no existe, Onigumo se esfumó como si… como si se tratara de… — La mujer se acercó al borde de la montaña con rostro firme, de modo que permaneció detrás de ella.
— ¿Qué es lo que sucedió exactamente? — Cuestionó Sesshomaru al mismo tiempo que Jaken se desprendía de sus ropas. A juzgar por la forma en que se movía era claro que aún estaba siendo afectado por la energía maligna.
— Estaba atendiendo sus heridas. — Comenzó con un tono de voz suave, sin apartar su mirada de su aldea. — Algo estaba mal, por alguna razón sus quemaduras estaban al rojo vivo, como si estuviera experimentando el accidente una vez más… El pobre hombre sufrió hasta que sucumbió ante el dolor, pero cuando cerró sus ojos su cuerpo pareció rechazar la muerte, y entonces reaccionó cuando algo hizo temblar la cueva. — Hizo una pausa para girarse hacia él. Su rostro habitualmente sereno estaba pincelado por el dolor y la tristeza. — Una neblina rodeó su cuerpo y desapareció en cuestión de segundos. Yo… No pude hacer nada… — Se sujetó sus brazos mientras apretaba sus labios. Por breves instantes se asemejó a una mujer común y corriente, repleta de debilidades.
— Desde un principio atenderlo era un caso perdido. — Sesshomaru desvió su mirada hacia el bosque. Su olfato detectaba a millones de Youkais congregándose en la cueva de Onigumo. — No es un humano ordinario. —
— ¿Cómo dices? Ha muerto… —
— Alguien capaz de atraer energías como esas no puede morir fácilmente. — Hizo una pausa corta. — De haber permanecido más tiempo a su lado habrías muerto en cuestión de segundos. —
— Lo sé, esta es la segunda vez que salvas mi vida. — Alzó una vez su mirada hacia ella, únicamente para toparse con una sonrisa tan leve como sincera mientras el viento ondeaba su cabellera azabache. Por el contrario, Sesshomaru mantuvo su gesto indiferente. — Ese chico mitad-bestia, Inuyasha, también intervino para ayudarme, fue él quien me sacó de la cueva. — Kikyou dejó escapar un bufido mientras negaba con el rostro. — Y pensar que todo este tiempo ha estado intentando matarme. —
— Es un híbrido, no hay forma de que pueda matarte. —
— Pareces conocerlo muy bien. —
— ¿Y cómo no va a conocerlo? — Intervino por primera vez Jaken, quien avanzó hasta colocarse al lado de su amo. — ¡Es su hermano menor! Creímos que había muerto hace mucho tiempo, pero bueno, hierba mala nunca mue—
Pero Jaken no pudo terminar dicha oración, pues pronto recibió un golpe en su cabeza por parte de Sesshomaru que lo dejó tumbado sobre el suelo, inconsciente. El Youkai se limitó a observar su cuerpo con desprecio en silencio, el hecho de recordar su parentesco con ese insignificante híbrido le irritaba con creces, además de asquearlo.
— Ya veo. — La Sacerdotisa le observó por breves segundos antes de girarse nuevamente. — Gracias por salvar mi vida de nuevo, Sesshomaru; pero necesito volver a mi aldea. — El hecho de que no hiciera preguntas le agradó. Sabía de la curiosidad incesante e irritante de los humanos como para sentirse ligeramente sorprendido hacia ella.
— Bien, andando. —
— Que quede claro que ya no puedo ayudarte. La puerta… —
— Cierra la boca, qué irritante eres. —
El Youkai se acercó una vez más para tomarla entre sus brazos, desde donde ella le dedicó una mirada que él no pudo descifrar antes de girarse una vez más hacia la aldea. Desde la distancia era completamente visible, y parecía estar siendo protegida por un campo de energía lo suficientemente grande como poderoso capaz de repeler todas las fuerzas siniestras que intentaban penetrarla… Pero era demasiado, el campo cedería tarde o temprano.
— ¡La Perla…! — La Sacerdotisa se agitó en sus brazos con un respingo, como si hubiera sido capaz de presentir algo más que él.
De modo que se apresuró una vez más hacia el lugar, utilizando la copa de los árboles como soporte para impulsarse y avanzar hacia la aldea. Debajo de ellos provenían los distintos alaridos y jadeos de los monstruos que habían sido atraídos por el poder de Onigumo, por lo que todo el lugar apestaba a demonios y carne podrida. Era insoportable.
— ¿Está bien? — Cuestionó ella en cuanto sus saltos se volvieron notoriamente más lentos. Pero incluso antes de que pudiera contestar, la mujer juntó sus manos en forma de plegaria para invocar energía espiritual pura, la cual envolvió a ambos por completo. Sesshomaru se permitió detenerse en la copa del roble más alto, desde donde inspiró una gran cantidad de aire purificado.
— No podrás mantener el youki alejado por mucho tiempo, será mejor que guardes tus energías. —
— Estoy bien. — Contestó con un susurro. La energía a su alrededor repelía con eficacia al miasma. — Démonos prisa. —
Sesshomaru reanudó su recorrido con velocidad, de modo que únicamente se detuvo cuando estuvo finalmente en la entrada de la aldea. El muro espiritual se alzaba ante ambos para evitar el acceso de cualquier ser vivo, sin embargo, aquello era una excepción para la Sacerdotisa. Tan solo le bastó alzar su palma ante el campo para entreabrir una pequeña ranura en su superficie lo suficientemente grande para un cuerpo humano, y una vez dentro se hizo a un lado, sin apartar su mirada de él.
— ¡HERMANA! — Una pequeña humana se acercaba corriendo en dirección a la Sacerdotisa. A juzgar por sus ojos, daba la impresión de que había estado llorando.
— ¿Te encuentras bien, pequeña Kaede? — La mujer se acuclilló para recibir a la pequeña en sus brazos, quien repentinamente se había percatado de su presencia.
— Es ese Youkai… — Murmuró la pequeña. —
La Sacerdotisa se colocó de pie, y entonces se giró una vez más hacia él en cuanto la ranura se cerró nuevamente. Sesshomaru tan solo dio media vuelta: Todavía tenía una misión que cumplir.
— ¿A dónde vas? Es muy peli—
— Hay algo que debo hacer. — Respondió en tanto iniciaba su marcha. La entrada al otro mundo todavía parecía algo extremadamente lejano. — Procura no seguir cometiendo imprudencias, Kikyou, no te sienta bien. —
Aquella era la primera vez que mencionaba su nombre, el cual, por alguna razón, le dejaba un extraño sabor de boca. ¿Qué era lo que estaba mal? ¿Por qué sentía que alejarse sería de allí en esas circunstancias era un error? Era un sentimiento inquietante, una especie de premonición que constantemente le repetía que todo era una equivocación, que su destino real no era el Colmillo de Acero que resguardaba la Tumba de su Padre.
Pero lo era, porque sabía su propósito. Su meta había sido establecida hacía miles de años, cuando había decidido convertirse en un Soberano, un General a la altura de su padre.
De modo que no se dio la vuelta, ni siquiera cuando ella susurró su nombre por lo bajo. Por el contrario, el Youkai se sumergió una vez más en la penumbra del bosque en dirección a Jaken. El Youki de la zona no podía afectarlo nuevamente; y eso se lo debía a la energía espiritual de la Sacerdotisa que aún permanecía con él.
(*) Youki: Energía maligna proveniente de los Youkais.
(*) Inu: Perro.
