Cerca del mediodía el barco arribó al puerto de Griffonia, La ciudad era muy bulliciosa, los grifos, ponis y otras criaturas caminaban por doquier en las cercanías del puerto. Intentando olvidar el penoso acontecimiento del ron, Ian se despidió de Vainilla y Peach Rose para emprender su viaje.
En medio de la zona comercial observaba cómo muchos grifos hacían las compras, vendían toda clase de cosas e inclusive vio pescaderías y carnicerías. Se veían varios ponis comprando verduras y otros con sus negocios también, después de varios minutos de deambular por la zona, se encontró con un grifo que volteó de repente cargando unas bolsas.
"¿Fitz?" Preguntó Ian al verla.
Lo observó con muy poca sorpresa, analizandolo con su fría mirada, pero luego cambió su expresión a total indiferencia pasando a su lado acompañada por una poni que también cargaba mercaderías. En ese momento recordó que debía pasar a visitar a Amanda pero decidió hacer un poco de tiempo extra para que Fitz no crea que la siguen, era algo peligrosa como para hacerla enfadar.
Un poco más tarde se acercó a la casa ubicada a las afueras de la ciudad, varios metros antes de llegar pudo observar cómo un grifo abría la puerta y salía volando cargando un pequeño bolso.
"¡Hija, vuelve!" Exclamaba Amanda saliendo por la puerta.
Bufó tras notar que su hija se iba volando aunque se detuvo unos instantes cuando notó que Ian se acercaba a la entrada.
"Jovencito, ¿qué te trae por aquí?" Preguntó observándolo mientras forzaba una cordial sonrisa.
Ian quedó unos segundos en silencio pensando en cómo se presentaría ante ella, abrió su boca pero no pronunció nada. Una criada salió y le susurró algo a Amanda que asentó con la cabeza y comenzó a dar la vuelta.
"Si no vas decir nada significa que no tienes ningún asunto aquí." Dijo Amanda dando la vuelta. "Que tengas un buen día."
"Eh... espera..." Dijo Ian al instante.
La grifo volteó hacia él y acomodó su velo alrededor del cuello, su mirada era algo seria y analítica, intentado identificarlo. Ian solo tragó un poco de saliva un poco nervioso, acomodando sus ideas por un segundo.
"Ve-vengo a darle las gracias por la ayuda que brindó en la carrera junto con Fitz y su hija Gilda." Dijo.
"¿Eres miembro de la familia Apple?"
"S-si, estoy de viaje y decidí pasar por aquí." Contestó Ian.
Amanda solo elevó una de sus cejas aún clavándole su mirada y sin responder nada, por unos instantes Ian pensó que fue mala idea no haberse anunciado con una carta en lugar de llegar sorpresivamente.
"Pasa y toma algo de té." Ofreció.
Notó que cuando abrió la puerta principal hizo unas señas con su garra a la criada que inmediatamente ingresó a la casa. Dentro accedió al gran salón donde se habían reunido la última vez que estuvo allí, se sentaron a la mesa y tras unos minutos de un inconido silencio, trajeron una tetera con galletas y dos tazas que ya tenían té en ellas.
"Bebe un poco." Dijo amanda tomando una de las tazas.
Ian sujetó la taza con ambas pezuñas y la observó fijo, luego levantó su vista hacia la anfitriona y luego bebió con total confianza.
"Sabes, tuve una pequeña charla con toda la familia Apple de Ponyville después de la carrera." Dijo Amanda apoyando su taza en el pequeño plato. "Y no recuerdo haberte visto en aquel entonces, ¿Dónde te encontrabas?"
"En la biblioteca." Respondió.
"Que curioso, solo las princesas y ciertos ponis selectos tenían acceso a ella en ese momento." Replicó amanda. "Y eran todas yeguas si mal no recuerdo... ¿Cómo te llamas?"
"Mi nombre es Ian Newyd."
Los ojos de Amanda se abrieron bien grandes al oír eso, aparentemente no era la respuesta que esperaba por lo que tomó un sorbo de su té para pensar en otra pregunta.
"¿Aún quieres continuar con el cuestionario?" Preguntó Ian. "Se perfectamente que me hiciste tomar esa hierba que inhibe la mentira."
Amanda se sorprendió aún más ante tales palabras, observó a la criada que estaba junto a ella que solo levantó uno de sus hombros en notoria señal de que no tenía idea de lo que pasaba.
"... y Fitz está detrás mío en este momento." Agregó Ian. "Estoy seguro que tiene uno o dos cuchillos bajo sus alas en caso de que yo intente algo raro."
Lentamente ingresó caminando por detrás de él cerrando sus alas, se posicionó a su lado sin quitarle su típica mirada fría, Ian se sintió algo nervioso por unos instantes.
"Señora Amanda, su voz coincide con la de Ian Newyd." Dijo Fitz. "Me pareció algo raro esta mañana cuando te vi en la zona comercial."
"N-no lo puedo creer." Comentó Amanda. "¿Co-cómo pasó esto?"
"No pudimos descubrirlo aún pero dos grandes concentraciones de magia cayeron sobre mí hace un tiempo." Contestó bebiendo más del té. "Puede haber sido algo en ese momento."
"Mi hija Gilda se enteró en uno de sus últimos viajes a Equestria que tú... habías... ehm."
"Muchos pensaron lo mismo." Interrumpió Ian.
"Es un gusto y un honor volver a tenerte entre nosotros." Dijo Amanda. "Insisto en que seas nuestro invitado a cenar y pasar la noche aquí."
"De hecho mis cosas están en la posada..."
"En ese caso enviaré a que las busquen." Interrumpió inponiendo su deseo.
Era una grifo con mucho carácter por lo que fue imposible para Ian negarse. Tras traer sus cosas, fue ayudado por dos de las criadas a acomodarse en una de las habitaciones para invitados, observó por la ventana el mar y cómo se podían ver dos o tres estrellas en el firmamento.
"Esto es algo inesperado, pero gracias por haber venido justo ahora." Dijo Fitz a Ian.
"¿Eh?" Preguntó algo confundido.
"Pese a que estamos las cuatro criadas, ella se siente sola." Respondió. "Su hija casi nunca está en casa y el comandante Wirlog logró escapar con ayuda de alguien del palacio."
"¿¡Que logró escapar!?" Exaltó Ian.
"No hace falta alterarse." Replicó Fitz. "Lo importante aquí es que ayude a que la señora Amanda esté de buen humor."
Lentamente descendió las escaleras junto a Fitz hasta el comedor, Amanda estaba sentada allí en la cabecera y el lugar preparado para Ian estaba a un lado de la mesa cerca de ella.
"Toma asiento, pedí que preparen algo que un poni pueda comer." Mencionó. "No sé si aún eres capaz de comer carne."
"De hecho esta mañana, entre los negocios, el olor a carne me dio algo de nauseas." Respondió.
"Lo suponía." Comentó Amanda.
"Antes de que pregunte o me ponga alguna hierba para averiguarlo, vea esto."
Se sentó en medio del salón juntando ambas patas delanteras las que separó ligeramente pronunciando "Trueno", una pequeña esfera que emitía rayos apareció entre ellas y las juntó rápidamente haciendo que desaparezca.
"Pese a ser un poni terrestre, aún conservo mi magia pero en un muy bajo nivel." Dijo Ian sentándose a la mesa. "Le pido que esto sea un total secreto."
"Tienes mi palabra, aunque es sorprendente."
La comida llegó rápido, le habían preparado una sopa de verduras como entrada, luego una ensalada y varias tartas. Se oyó la puerta abrirse y por el corredor ingresó un grifo mientras se quitaba una capa y dándosela a una criada.
"L-lo siento tía Amanda, me retrasé." Dijo.
"Gridwin, por favor, toma asiento." Ofreció Amanda.
Al acomodarse frente a Ian lo observó algo extrañado al no saber de quién se trataba. Las criadas pusieron frente a él el plato y comenzaron a servirle la comida.
"Bu-buenas noches." Saludó Ian sonriendo.
"No recuerdo haberte visto antes, ¿cómo te llamas?" Preguntó Gridwin.
"Me llamo Ian Newyd."
"Un nombre poco común para un poni he de decir." Comentó Gridwin. "Conocí a alguien con un nombre parecido hace un tiempo."
Ian golpeó su frente con una pezuña, él sabía que el príncipe sólo lo conocía por Ian cuando era un humano pero al girar un poco la mirada a un lado vio como Amanda contenía el reírse. En ese preciso momento recordó algo que Twilight le había contado lo de él con Gilda.
"Por cierto Ian, ¿ya le echaste el ojo a alguna yegua?" Preguntó Amanda.
"A tres." Respondió al instante y sin pensar.
La observó fijo un poco confundido y luego puso su mirada en el plato por unos instantes algo sonrojado, volteó hacia Fitz quien parpadeó lentamente sin cambiar su seria expresión y regresó su mirada aún confundida a Amanda.
"No me digas que..."
"¿Y viajaste todo el camino a Griffonia solo para saludarme o tienes pensado algo más?" Interrumpió Amanda.
"Tras el cambio que tuvo mi cuerpo he tenido que recuperar mis fuerzas y habilidades desde cero." Contestó. "Hago este viaje para fortalecerme y explorar un poco de este mundo."
"Sorprendente, eso sí que es osado." Remarcó Amanda. "¿No lo crees Gridwin?"
El príncipe no prestaba mucha atención a lo que hablaban, solo estaba ocupado en su propio plato de comida, ante la pregunta volvió en sí y observó a ambos sobre la mesa.
"Ha-hay que ser intrépido y valiente para hacer algo como eso, muchos fanáticos de Daring Do quisieron hacer lo mismo y fracasaron." Comentó.
"Yo no he leído ninguno de esos libros." Replicó Ian.
Unos instantes de silencio inundaron el lugar donde Gridwin intentaba descifrar esas palabras, Amanda seguía bebiendo lentamente de su vaso mientras que el príncipe observaba fijo a Ian quien rogaba que no hagan ninguna pregunta embarazosa.
"¿Y por qué lo haces?" Preguntó.
"Por amor."
"¿Qué?" Preguntó el príncipe. "¿A qué te refieres?"
"Tres yeguas siempre estaban a mi lado y yo no lo veía, cuando asimilé esto que me pasó... pude ver sus sentimientos." Dijo señalando su pecho. "Me sentía algo inseguro de mi mismo por lo que quiero volver a tener la misma confianza que tenía en aquel entonces. Es para ser el mismo de hace un año atrás y tomar una decisión."
"Estoy segura que elegirás a la mejor de entre ellas." Acotó Amanda.
"Wow... eso sí que es sorprendente..." Se limitaba a decir Gridwin.
El resto de la cena Gridwin la pasó en silencio algo perdido en sus pensamientos mientras que Amanda aprovechaba haberle dado a Ian la hierba para no mentir y así divertirse un poco.
La noche pasó en total tranquilidad, Gridwin regresó al palacio escoltado por su típoca guardia e Ian, pese a los regaños de Fitz, ayudó a cargar unas pesadas bolsas a las otras criadas antes de ir a dormir. Temprano en la mañana se preparaba para partir hacia Concordia mientras Amanda se despedía en la entrada.
"Cuidate mucho y no seas imprudente." Decía.
"¡Alto!" Se oyó en la altura.
Rápidamente un grifo aterrizó detrás de ellos cargando una gran mochila, sus plumas eran marrón y algunas color gris hacia la punta, pelaje marrón claro y sus ojos violeta oscuro.
"Yo voy contigo." Dijo Gridwin caminando hacia Ian.
"Lo siento pero esto no es simple paseo." Replicó. "Amanda dile algo."
"Será algo enriquecedor para tí querido Gridwin." Dijo. "Me llena de orgullo saber que estás dispuesto a crecer como grifo."
"Tía Amanda..."
"Desde que tu madre no está yo te crié como si fuera una segunda madre." Agregó Amanda con una lágrima corriendo por su rostro. "Es hora de que estires esas alas y vueles lejos del nido para crecer."
Ian solo caminó dando un suspiro de resignación junto a Gridwin que estaba algo emocionado por las palabras de Amanda, al estar a varios pasos de distancia volteó hacia ellos que lo observaban fijo. Puso su pezuña en la tierra y trazó una línea en ella dando unos pasos hacia atrás, Gridwin caminó y se puso frente a la línea algo confundido.
"Esta es la regla." Dijo Ian fuerte y claro. "Al momento que cruces esa línea dejarás de ser hijo de Winsail, príncipe del Reino de los Grifos y serás simplemente Gridwin." Impuso. "Cualquier capricho de tu vida actual será negado y está estrictamente prohibido que exhibas tu identidad como príncipe a menos que sea muy necesario."
Gridwin volteó hacia Amanda con algo de temor en sus ojos, ella solo asentó con su cabeza teniendo los ojos llenos de lágrimas. Poniendo una mirada seria levantó una de sus garras y la apoyó del otro lado de la línea.
