Una semana de viaje ya se había cumplido, lograr que Gridiwn se acostumbre a dormir al aire libre fué complicado puesto que según comentarios de él, nunca había dormido en el suelo, siempre en cómodas camas con almohadas de plumas.

Las fogatas se realizaban frotando trozos especiales de roca que Ian había conseguido gracias a la ayuda de Pinkie Pie, pese a que en el camino solían cruzarse algunos árboles con bayas o frutas, los alimentos recolectados comenzaban a escasear.

"¡Ey, mira eso!" Exclamó Gridwin.

"¿Qué cosa?"

"Es un pueblo en aquel valle." Comentó.

"Es cierto, será mejor que nos apresuremos porque está atardeciendo." Recomendó Ian acelerando el paso.

El sol ya se ocultaba y en esa zona de montañas lo haría más pronto haciendo el camino oscuro y tenebroso.

Las nubes empezaban a agruparse en el cielo y los relámpagos danzaban entre ellas iluminandolas por unos segundos, una fuerte tormenta se avecinaba esa noche. En medio del trote algo oscuro salió de entre los arbustos cayendo sobre Gridwin, en la sorpresa extendió sus alas y se retorció para intentar quitarselo de encima.

Tras unos segundos de forcejeo saltó sobre Ian pero lo repelió con una ligera descarga eléctrica, sin que Gridwin lo notara, haciendo que vuelva a los arbustos y árboles.

"¿¡Qué rayos fue eso!?" Exclamó Gridwin.

"N-no lo sé pero parecía peligroso." Contestó observando hacia dónde se fue.

La oscuridad se hizo presente rápido y la tormenta inició antes de llegar al pueblo, corrieron hasta que encontraron refugio debajo de un pequeño toldo de una casa. Estaban allí sin poder ver a nadie, solo las tenues luces de las ventanas tapadas por cortinas.

"¿Quienes son ustedes?" Preguntó una grifo asomándose por la puerta.

"So-sólo unos viajeros que se refugian de la lluvia." Replicó Ian. "¿Sabe si hay una posada en este pueblo?"

"Cruzando la fuente en aquella dirección encontrarán una casa de tres plantas, pregunten allí." Señaló cerrando la puerta.

A medio trote cruzaron el pueblo hacia el centro, allí se notaba que era la casa más grande del lugar, tras abrir la puerta se encontraron con un vívido restorán donde muchos grifos disfrutaban de una cena, en un escenario había unos músicos con trompetas, guitarras, un contrabajo y una especie de batería.

No esperaban algo así dado que no vieron movimiento en las calles al llegar, se acercaron a una mesa dejando sus cosas a un lado y una mesera se acercó.

"Buenas noches." Dijo la Grifo. "¿Van a tomar algo?"

"Buscamos una posada para pasar la noche y reabastecernos de provisiones." Dijo Ian.

"Así que son viajeros, por ello no me eran familiares." Comentó. "Pueden pasar la noche aquí por cinco bits cada uno."

Gridwin comenzó a hurgar entre sus cosas pero se lo notaba algo nervioso, comenzó a revolver la mochila hasta que levantó la vista a Ian.

"N-no están... las joyas..." Dijo muy lentamente. "Ni la fotografía..."

"¿¡Q-qué!?"

"D-desaparecieron... no puede ser..." Agregó con mucho nerviosismo.

"¿Algo no está bien?" Preguntó la mesera.

"Esta tarde una cosa nos atacó en el camino." Comentó Ian. "Creo que era algo pequeño y negro."

"¡No lo puedo creer!" Exclamó la grifo. "Por culpa de esa tonta nadie querrá venir a este pueblo."

"Y-yo pagaré." Dijo Ian sacando diez bits de su bolsa.

"Tengan cuidado cuando anden por aquí, es muy rápida con sus garras." Comentó la grifo. "Por cierto, mi nombre es Diana, la dueña del lugar." Agregó retirándose.

La noche se la notaba muy animada allí en la posada, parte del servicio pagado era la cena y el desayuno a la mañana siguiente. Gridwin aún estaba nervioso por haber perdido sus cosas.

"¿Qué estarán celebrando?" Preguntó Ian para cambiar de tema.

"Hoy logramos ingresar al volcán." Dijo un grifo viejo de la mesa de junto.

"Allí hay unas ruinas con innumerables tesoros." Agregó otro.

"¿De verdad?" Preguntó Ian mientras bebía jugo. "¿Qué clase de tesoros?"

"Logramos abrir el acceso al anochecer por lo que no era prudente aventurarse." Respondió. "Pero cuenta la leyenda que son riquezas comparables a las de un rey."

"Seremos más ricos que el rey Winsail." Comentó uno a medio desplumar.

"¡Eso es imposible!" Acotó Gridwin.

Aquellos que estaban alrededor de ambos se quedaron algo serios observándolos fijo, Ian comenzó a pensar tán rápido como podía algo que decir para cambiar de tema.

"Es la primera vez que los veo." Comentó el grifo anciano. "¿Cómo se llaman?"

"Mi nombre es Ian Newyd."

"Yo soy..."

"Peco Peco... es mi compañero Peco Peco..." Interrumpió Ian casi subiéndose a la mesa.

Gridwin frunció el ceño ante tal reacción pero Ian al instante lo observó fijo moviendo ligeramente la cabeza para que no diga nada. La fiesta continuó sin problema alguno, los grifos, algunos ponis, burros y una llama presentes sólo celebraban, tuvieron que compartir la habitación que disponía de dos camas separadas puesto que el resto del lugar estaba ocupado por aquellos que ingresaron a las ruinas.

"¿Por qué me cambiaste el nombre?" Preguntó Gridwin ofendido.

"Creo que mientras estemos por aquí tendrás que llamarte Peco Peco." Contestó Ian.

"¿Por qué?"

"Responde a esta pregunta." Replicó. "¿Qué tan común es el nombre Gridwin?"

"N-no lo sé..."

"Esto es simple, aún estamos en Griffonia por lo que si te presentas con tu verdadero nombre puede que descubran quién eres." Dijo Ian acomodando su almohada.

"Su-supongo que tienes razón... no sería bueno considerando que me escapé del palacio..."

A medianoche Gridwin dormía plácidamente moviendo lentamente una de sus alas pero Ian comenzó a oír unos extraños ruidos, decidió no abrir sus ojos y activó su hechizo para detectar el aura del visitante nocturno.

Se fué dando un salto por la ventana esperó unos instantes mientras percibía con su magia qué dirección tomaba, se levantó de la cama y revisó su bolso, extrañamente no faltaba nada pero al acercarse a la mesa vió dos papeles que no estaban allí antes. Era la fotografía de la madre de Gridwin y una nota que solo decía "Perdón".


"No fue la mejor cama del mundo pero necesitaba dormir así." Decía Gridwin desperezándose en la mañana.

Ian ya se encontraba en la planta baja charlando con los exploradores que ingresaron a las ruinas, al parecer tenían en un cofre un extraño mecanismo que usaron para ingresar.

"... y entonces una vez que accedimos encontramos este extraño artefacto." Dijo un Potro con sombrero. "Luego, más adelante nos topamos con una puerta de acceso que tenía varias inscripciones."

"¿Tienen anotaciones de ellas?" Preguntó Ian.

El potro sacó de bajo su sombrero un papel que extendió sobre la mesa, estaba allí transcritas las imágenes. Eran runas ante los ojos de Ian, aparentemente había encontrado más ruinas como las de Equestria pero evitó exaltarse para no llamar la atención.

Tenían runas y dos llaves de acceso, la primera era un bastón con una punta redonda y el segundo, fue el que localizaron encastrado a la puerta, era un círculo con dos juegos de engranajes que no encastraban, en la parte posterior tenía tres grietas rectangulares. y un círculo.

"¿No había nada más en la puerta?" Preguntó Ian examinando los objetos. "¿Como una ranura o algo qué hacer?"

"No vimos nada más, solo nos topamos con esta cosa."

Salieron a recorrer el pueblo, esa mañana había algunas nubes pero parecía que volvería a llover en la tarde. Cerca había un volcán activo pero que no hacía erupción en varias décadas según lo contado por los grifos del pueblo.

Comenzaron a subir una pequeña montaña mientras que Gridwin miraba en todas direcciones.

"No trajimos nuestras cosas, ¿acaso quieres quedarte un día más?" Preguntó.

"Si, es una suerte que me hayas dejado el dinero a mi o esa cosa te lo habría robado ayer." Respondió. "Además quiero investigar esas escrituras dentro del volcán."

"¿No sería mejor esperar al resto del grupo de exploración?" Consultó Gridwin algo temeroso.

Sin contestar siguió su marcha, se empezaba a sentir olor a azufre y un poco de vapor se escapaba de entre algunas rocas, Lentamente llegaron hacia la entrada de una cueva. Cuando Ian apoyó su pezuña dentro de ella una serie de runas comenzaron a iluminarse en el suelo hacia la puerta de acceso que mencionaban los exploradores.

"¿Q-qué es esto? n-n-nunca había visto algo así."

Sin responder o voltear hacia Gridwin Ian ingresó en línea recta al umbral, las runas inscritas en la roca que conformaban la puerta se iluminaron cuando apoyó su pezuña derecha en ellas.

"¡Dejen eso ahí!" Se oyó por detrás.

Cuando voltearon se encontraron con una pequeña criatura negra, su pecho y barriga color púrpura y dos diminutas alas extendidas a los lados que los observaba fijo con sus brillantes ojos dorados.

"Pero si es una dragoncita." Dijo Gridwin.

"Este lugar es peligroso, no tienen que ingresar." Dijo a ambos. "O una gran catástrofe caerá sobre el pueblo."