La pequeña dragona se encontraba parada en la salida de la cueva, Ian y Gridwin se miraron algo sorprendidos y confundidos ante tal aparición.
"Pero si es solo una bebé dragón." Dijo Agrisk.
"¡No me llames bebé!" Exclamó exhalando un poco de vapor a los lados de su boca.
"Aunque sea joven no te recomiendo hacer enfadar a un dragón." Dijo Ian. "Ahora, devuélveme las joyas por favor." Pidió extendiendo su pezuña.
"No sé de qué hablas." Contestó.
"Tú ingresaste anoche a la habitación, te vi." Comentó Ian. "Ahora por favor..."
De un bolsito sacó las joyas y las arrojó al suelo, estas hicieron mucho ruido al deslizarse cerca de ellos. Gridwin las tomó y quedó observándolas fijo, parecía que estaban dañadas.
"¡Le faltan las gemas!" Remarcó.
"Tenía hambre y se veían deliciosas." Contestó.
Una sombra apareció detrás de ella lentamente, elevó una de sus patas frontales con algo alargado en la punta y abanicó hacia abajo rápidamente. Un gran cucharón de madera golpeó en la cabeza de la dragona haciéndola inclinarse de lado.
"¡Tonta! hace dos días que no apareces." Regañó Diana. "Ya me estaba preocupando."
Quedaron observando cómo Diana regañaba a la dragoncita sin decir palabra alguna, tras terminar su sermón la tomó de una de las escamas de su cabeza, la subió a su lomo y comenzó a retirarse.
"E-eso fue muy raro..." Comentó Gridwin.
"Ustedes dos también vengan, antes de que llegue el grupo de exploración." Aconsejó Diana.
Ambos no vieron otra opción más que seguir a Diana puesto que su mirada inspiraba algo de temor. Lentamente se alejaron del lugar y regresaron al pueblo justo para cuando los grupos de investigación partían hacia el volcán.
Ya en la posada, sin nadie que moleste, se sentaron en una mesa para desayunar y tener una charla de lo sucedido con la pequeña dragona.
"Ella no es mala, solo es algo osada en sus acciones." Decía Diana mientras les servía un poco de té.
Ian y Gridwin observaban a la dragoncita en la mesa de junto bebiendo de un gran jarro y comiendo de una bandeja llena de galletas.
"Su nombre es Elise y vive en este pueblo." Comentó Diana. "Hace años una pareja de grifos ancianos encontró su huevo en ese volcán."
"Eso no explica el por qué es una ladrona." Sentenció Gridwin.
"¡Bno me fames ufna lafrona!" Contestó Elise con la boca llena.
Instantáneamente se atragantó y comenzó a toser sin poder respirar, Diana le dió un golpe en la espalda haciendo que tome una gran bocanada de aire y luego lanzó una pequeña llamarada azul quemando las galletas.
"El abuelo siempre me decía que el interior del volcán era peligroso, algo muy peligroso vive allí adentro y se encuentra sellado para que no destruya el valle." Dijo al instante.
"En ese caso, si sabe algo quisiera poder hablar con él al respecto." Dijo Ian.
Elise cambió su expresión al instante y de un salto bajó de su silla caminando hacia la entrada.
"No creo que puedas hablar con mi abuelo." Dijo y luego cerró la puerta saliendo del lugar.
"Ah..." Suspiró Diana. "Hace casi un año y medio que cuido de ella..."
"Oh..." Se limitó a decir Ian. "L-lo siento... yo no..."
"No te preocupes, ella los quería mucho a ambos pero ya eran muy ancianos y los dragones viven mucho tiempo." Comentó Diana. "Se supone que ambas tenemos la misma edad."
Un momento de incómodo silencio inundó el lugar pero fue interrumpido por un poni y un grifo que ingresaron por la puerta cargando aquel engranaje que Ian había visto antes.
"Todo indica que esto es una llave pero no podemos ver la relación con esos extraños dibujos que poseen la puerta y el techo." Decía el grifo.
"Tal vez debamos revisar en los antiguos registros para buscar una traducción de ellos, sería lo ideal." Contestó el poni.
"¿¡Estás loco!?" Exaltó el grifo. "Hacerlos verificar en la academia de Griffonia tardaría semanas... meses si hace falta revisarlos en Canterlot o Concordia. No quiero que esto quede detenido estando tan cerca de descubrir algo importante."
"Solo espero que esa dragona enana no fastidie como lo hizo antes." Acotó el poni.
Escuchando cada palabra Ian solo bebía un poco de té mientras que Gridwin, alias Peco Peco, charlaba alegremente con Diana. De a poco se acercó a ellos y se sentó en la misma mesa.
"¿Creen que pueda ver ese extraño engranaje?"
"No sé qué quieres intentar, nosotros no pudimos." Dijo el poni apoyandolo sobre la mesa. "Si mal no recuerdo tú estuviste anoche en la fiesta..."
Ian lo sujetó entre sus pezuñas y cinco runas aparecieron brillando en la parte más ancha del mismo. Los presentes se sorprendieron al ver eso pero Ian lo observó con más detenimiento, esas runas las había visto antes, lentamente usó sus dos pezuñas aplicando una leve cantidad de magia sobre ellos para que no lo notaran.
Las diferentes partes que componen el engranaje se desprendían según el tipo de magia que aplicaba. Conformando un total de cinco piezas de diferentes tamaños y los dientes de ellos con formas imposibles de encastrar entre sí.
"Es una llave tal como lo decían pero, es un conjunto." Dijo observándolas con detenimiento. "Tiene que haber varias ubicaciones ya sea dentro de la cueva o alrededor de la montaña para que la puerta principal de acceso se abra."
"D-disculpa joven... ¿pero quién eres en realidad?" Preguntó el grifo.
"Ehm... yo..." Balbuceaba Ian sin saber qué responder.
"¿Eres un estudiante que viene de Canterlot?" Preguntó el potro.
"E... e-estamos de viaje de estudios aquí con mi compañero..." Ideó rápidamente. "S-sabemos que hay varias de estas ruinas dispersas por el continente y queremos investigar sus ubicaciones."
"¿De verdad?" Preguntó Gridwin acercándose por detrás.
Le dió una rápida y fuerte patada con una de sus patas traseras para que no diga nada que desbarate el momento, los dos investigadores se mostraron más abiertos a su información tras la respuesta de Ian.
Por el momento no disponía más que los dibujos de las runas y el engranaje que sorpresivamente se desarmaba en cinco piezas más pequeñas, esa tarde Ian subió a la habitación que disponían para revisar sus cosas.
"No tenías que golpearme de esa manera." Reprochó Gridwin.
"Toma..." Dijo Ian alcanzándole un papel
"¿Qué... ¡Ah!" Exclamó al tomar el papel que Ian le dió. "¿D-dónde encontraste la fotografía?"
"Me olvidé de dartela en la mañana." Dijo Ian acomodando sus cosas. "Elise entró anoche y la dejó junto con una nota pidiendo disculpas."
"Oh, bueno... de todos modos sigue sin agradarme..." Replicó.
"Más que eso, me preocupa la combinación de cosas que hay aquí." Comentó Ian.
"¿De qué hablas?" Preguntó Gridwin. "Ya tenemos todo, mañana podemos marcharnos."
"No es bueno..." Dijo Ian acercándose la ventana. "Las runas se iluminaron al instante que ingresé a la cueva, el engranaje presentó cuatro de los cinco elementos entre las piezas que tenía y por último está la historia de esa peligrosa criatura que Elise nos dijo..."
"U-un segundo..." Interrumpió Gridwin agitando sus garras. "¿Acaso sabes qué son esos garabatos de la cueva?"
"Si llegan a ingresar a esas ruinas puede que el peligro sea real." Comentó Ian. "Lo mejor sería adelantarse para evitar cualquier sorpresa que ponga en peligro al valle."
"¿Acaso quieres ser un ladrón como esa dragona y quitarles los engranajes?"
"N-no... pero lo mejor es investigar el lugar."
El resto del día ambos se dedicaron a descansar para continuar su viaje, Gridwin finalmente pudo tomar su baño de burbujas mientras que Ian preparaba su mochila y compró provisiones en el pueblo.
Cerca de la medianoche, Ian salió completamente solo de la posada en dirección al volcán, esperó a que Gridwin quede completamente dormido para evitar que se vea envuelto en alguna trampa o mecanismo del lugar. De a poco fue escalando pero unos extraños movimientos se sentían cerca de él.
"¡Elise!" Exclamó. "Sal de tu escondite, sé que estás por aquí."
No hubo respuesta alguna y esos sonidos de pisadas cesaron, lentamente empezó a acercarse a unas rocas que tenían un pequeño arbusto seco. Las escaló despacio y vio a la dragoncita acurrucada allí, abrazando un pequeño bolso.
"Es imposible esconderse de mí." Dijo Ian.
La pequeña dió un salto e intentó escapar pero quedó atorada en el arbusto, con sus pezuñas la sujetó de la cola y estiró sacándola de allí, su pequeño bolso se abrió dejando caer los cinco engranajes y el bastón de punta circular que tenían los exploradores.
"¿De... de dónde sacaste esto?" Preguntó Ian.
"V-voy a tirarlos a la lava para que nadie pueda entrar..." Respondió juntandolos del piso.
Al tomar uno de estos la runa se iluminó de nuevo saliendo disparado hacia la montaña, Ian lo siguió notando como se aferraba a una gran roca en la entrada como si fuera un imán. Unas runas aparecieron alrededor y comenzaron a girar en sentido opuesto al reloj, se formó un círculo más grande en la roca tras esos movimientos y varios sonidos metálicos de un mecanismo en movimiento se oían desde adentro.
"¿Q-qué está pasando aquí?" Preguntó Gridwin aterrizando.
"¿Qué haces tú aquí?" Preguntó Ian.
"El pueblo está completamente revolucionado buscando a esta... ladrona..." Contestó señalándola con la garra. "Tú te fuiste dejándome atrás, pensé que eramos compañeros."
"L-lo siento Gridwin... esto es peligroso y no quería que te arriesgues."
"¿¡G... Gri... Gridwin!?" Chilló Elise. "¿E-el príncipe Gridwin?"
"Sí, y tú estás en problemas." Contestó. "Todos están buscando las llaves de las ruinas y saben que tú las robaste."
"Espera, no creo que..."
Las puertas de las ruinas se abrieron al instante en que los sonidos metálicos se detuvieron, una fuerte corriente de aire caliente salió de allí pero luego el aire comenzó a ser aspirado hacia adentro cada vez con mayor fuerza.
Gridwin y Elise se sujetaron con sus garras pero Ian no tenía forma de aferrarse de nada con sus pezuñas siendo succionado, la presión era cada vez mayor hasta que ninguno pudo sujetarse.
Cuando cruzaron el umbral y tras atravesar el túnel de viento, fueron despedidos en una zona con riscos dónde ríos de lava corrían por debajo, Ian colgaba del borde de las rocas intentando subir.
"¡A-aguanta!" Exclamó Gridwin subiéndolo.
"Y-ya estamos dentro... creo que no hay vuelta atrás." Dijo Ian.
Elise observaba al borde de la roca como los ríos de lava corrían por debajo, el lugar era iluminado por unas pequeñas luces flotantes pero todo tenía un tono rojizo por la lava, algunas pequeñas cascadas hacían girar unos gigantescos engranajes que no se derretían, el vapor y los gases subían por unas cañerías que se distribuían por el suelo en diferentes lugares alimentando de energía el lugar.
"N-nunca pensé ver algo como esto." Dijo Gridwin.
"Parece una planta de energía pero..." Comentó Ian. "Si la presión de esto se sale de control, causaría una explosión lo suficientemente grande como para destruir la montaña incluyendo el valle."
Habían pasillos con barandillas y algunos puentes de roca sólida que pasaban entre los riscos, volver por la entrada ya era imposible puesto que la fuerte corriente de aire exterior no permitía acercarse a él sin ser despedido hacia una letal caía a la lava.
"Tenemos que buscar una salida." Comentó Ian.
"¡Alto!" Exclamó Elise.
Ambos se detuvieron al oirla y voltearon hacia ella, estaba firme intentando verse seria pero tenía lágrimas en sus ojos y temblaba sacudiendo sus alas.
"M-mi... mi abuelo dijo que algo terrible habitaba este lugar... él... él perdió una de sus alas por esa... cosa..."
"No hay nada que temer, nosotros te protegeremos." Dijo Ian.
"¿De verdad?" Preguntó Gridwin.
"Dime que siendo el príncipe de los grifos recibiste un adecuado entrenamiento de combate." Consultó Ian.
"Ehm.. no..."
Solo suspiró y comenzó a caminar, no sabía qué clase de amenaza había allí dentro pero tenía que pensar en evitar despertarla y en caso de que esta se encuentre activa, proteger a una bebé dragón y un príncipe miedoso.
