No importaba cuanto rezongara al respecto, Gridwin no estaba del todo feliz de que Elise los acompañe en el viaje. Ella había sido expulsada de su hogar intentando proteger el valle pero Ian sabía que sería algo agradable que el grupo sea mayor. Seguía su paso firme siguiendo un mapa que el profesor Silver Quill les había dado.

Tenía trazado los caminos alternativos para evitar que encuentren a Gridwin aunque en varias ocasiones debían pasar por laderas de cerros o a través de cuevas poco transitadas.

"Oye, Ian…" Dijo Gridwin mientras comía un trozo de carne seca. "Aún no nos has dicho cómo es que pudiste usar esas extrañas alas."

"Es cierto, se supone que un poni terrestre como tu no puede hacer esas cosas." Agregó Elise.

Ian tan solo acababa de meterse a la boca una rosa blanca e intentó masticar lo más lento posible mientras pensaba qué les respondería. No tenía muchas opciones pero debía inventar algo cuanto antes.

"Tampoco tienes cutie mark." Agregó Gridwin. "Esto es cada vez más extraño."

"N-nací con esta habilidad… no hay mucho que decir…" Improvisó Ian.

"Oh… Aunque sigues siendo raro…" Acotó Gridwin.

Ya habían pasado un par de días de viaje y esa noche acampaban al aire libre, la fogata les proveía algo de luz y calor, cada uno disponía de una frazada para taparse y provisiones especiales. Elise llevaba una bolsa con gemas, Gridwin algo de carne seca e Ian heno y otras plantas que puedan comerse secas.

A la mañana siguiente una densa niebla cubría el bosque pero debían seguir de todos modos, el siguiente pueblo se encontraba a casi tres días de viaje y se encontraba cerca de la frontera.

"¿Tienes idea si vamos por buen camino?" Preguntó Elise.

"No puedo saber la ubicación del sol." Contestó Ian. "Así que no puedo confirmarlo."

Los tres caminaban casi sin rumbo por un camino cubierto de niebla en la ladera de una montaña. El encargado de llevar el mapa era Gridwin al conocer mejor Griffonia pero nunca había salido de esa manera.

Elise avanzaba observando hacia arriba como la ladera de una montaña se perdía de la vista sin prestar atención alguna al frente, tras pisar una piedra redonda, resbaló y cayó al suelo. En la caída espontáneamente se sujetó de la cola de Gridwin apretando con fuerza.

"¡Auch!" Exclamó. "Oye lagartija… ten más cuidado."

"No me llames así." Bufó Elise poniéndose de pie.

Tras varias horas de caminata llegaron a una pequeña bifurcación del camino, Gridwin tomó el mapa desplegándolo para ver qué rumbo tomar.

"Wow, esa grifo es hermosa." Dijo Elise.

En una de las esquinas el mapa estaba enganchado por un alfiler la fotografía de la madre de Gridwin. Él había decidido colocarla allí para no perderla.

"Si no te molesta…" Dijo Gridwin cerrando el mapa. "Estoy ocupado viendo qué camino tomaremos…"

Elise realizó una mueca al recibir esa negativa de parte de Gridwin, Ian tan solo suspiró viendo que no se llevaban para nada bien. Debía encontrar una forma de que limen asperezas.

"Este camino no está en el mapa." Dijo Gridwin.

"En ese caso lo decidiremos a la suerte." Dijo Elise.

Pasó caminando junto a Ian y entre sus dedos apareció un bit, él solo la observó sorprendido y volteó hacia su bolso que tenía un bolsillo abierto. Puso la moneda lista para lanzarla pero cuando hizo fuerza hacia arriba esta salió disparada dando contra la frente de Gridwin.

"¡Ladrona estúpida!" Bufó.

"L-lo siento… no era mi…"

"Iremos por la derecha…" Bufó nuevamente Gridwin tomando ese rumbo.

"Se que no fue tu intención hacer eso." Dijo Ian levantando el bit del suelo.

Guardó el bit en su bolso y comenzó a seguir a Gridwin que daba pisotones en una clara señal de enfado. Esa tarde acamparon en una pequeña cueva, el clima había cambiado nuevamente y esa noche empezaba a hacer frío.

"Gridwin…" Dijo Ian acercándose a él. "¿Crees que podemos hablar un poco?"

El grifo volteó a Elise que estaba intentando encender la fogata con las dos piedras haciendo chispas pero por más que lo intentara no iniciaba ningún fuego. Puso las rocas a los lados tomando aire y sopló su aliento de fuego encendiendo las llamas, observó a sus compañeros y sonrió.

"De acuerdo… hablemos…" Dijo Gridwin regresando la mirada a Ian.

"Eres demasiado duro con Elise." Dijo. "Tu elegiste venir conmigo pero ella no tenía opción."

"Por ella nos metimos en muchos problemas, casi morimos y descubrieron mi identidad." Dijo Gridwin.

"Uno aprende de sus errores." Comentó Ian. "Tú eres el príncipe que escapó y por tu culpa debemos tomar estos caminos, para que no te regresen al palacio."

"Bueno… yo…"

"Cuando empezamos este viaje pensé que eras un grifo idiota, que no estaba preparado para esto." Interrumpió Ian.

"¡Ey!" Bufó Gridwin. "¿Y ahora que piensas?"

"Que eres un idiota dispuesto a superarse."

"Si algún día necesito consuelo recuerdame no pedírtelo a ti…" Comentó Gridwin.


El viaje aún continuó y la distancia de tres días se había extendido a seis sin llegar a ningún destino, el mapa no les servía de mucha ayuda aún y pese a que en ocasiones tomaban caminos que parecían transitados no llegaban a ninguna parte.

"Estamos bien perdidos." Dijo Elise lanzando sus llamas a la fogata.

"Creo que habrá que pedir indicaciones cuando encontremos a alguien." Dijo Ian.

"No estaríamos perdidos si hubieramos ido por la izq…"

"¿Quieres callarte?" Bufó Gridwin. "S-solo tengo que ubicarme en el mapa y luego llegaremos."

"Lo llamativo es que empieza a hacer frío." Dijo Ian tapándose con la frazada. "Y estamos en Verano."

"Tal vez nos encontramos cerca de la triple frontera." Comentó Gridwin.

"¿Triple frontera?" Preguntó Ian.

"Hay una zona de Griffonia en donde se unen las fronteras de Cerbaria y Dalmasia." Contestó Gridwin. "El emperador Darnius, de Dalmasia, es un lobo blanco muy respetado. En Cerbaria el rey Asturian posee una magia casi tan poderosa como la de las princesas de Equestria."

Ian acomodó su frazada dispuesto a oír lo que Gridwin le contaba, era una valiosa oportunidad de aprender un poco de la región. Los tres reinos disponían de diferentes tipos de gobierno pero se mantenían unidos, Ian pensó que sería buena idea visitar la capital de Dalmasia también.

Al norte de los tres reinos existía una tierra desolada donde nadie se atrevía a ir, según se dice era un reino próspero hasta que un unicornio tomó el poder, se lo conocía como el rey Antares pero hacía muchos años que no se disponía información de esas tierras.

Tras la charla poco a poco comenzaron a quedarse dormidos, la noche estaba despejada y se veían brillar las estrellas en el firmamento.

Lentamente, un extraño olor a quemado comenzó a sentirse, Ian abrió uno de sus ojos solo para ver a Elise durmiendo demasiado cerca de la fogata y su frazada en llamas.

"¡E-Elise!" Exclamó al verla.

"Eh, ¿ah?" Balbuceaba sin entender nada.

"¡Tu frazada se quema con la fogata!" Señaló Ian con la pezuña.

De un salto salió de entre las llamas y comenzó a sacudirla para apagar el fuego, la arrojó al suelo y con sus garras le tiró tierra encima. Ya estaba completamente chamuscada y llena de tierra, completamente inutilizable.

"¿Y ahora que voy a hacer?" Preguntó Elise.

"Te sumergiste a un río de lava, creo que puedes dormir junto o sobre la fogata." Dijo Gridwin sin abrir sus ojos.

Sin decir nada Elise se sentó junto a las llamas y se acurrucó allí para dormir, Ian observó a Gridwin con el ceño fruncido pero él seguía acostado con los ojos cerrados.

La mañana siguiente presentaba un día nublado, amenazando una tormenta. Por un camino de montaña se apresuraron para intentar llegar a algún refugio.

"¿Crees que falte mucho para llegar a algún pueblo?" Preguntó Ian.

"Déjame ver." Dijo Elise pasando junto a Gridwin.

Delante de él desplegó el mapa para intentar ver si aparecía ese camino, Gridwin extendió una de sus alas viendo el bolsillo de su mochila abierto.

"Ey, devuelveme…"

Antes de que termine de regañar a Elise, ella tomó una bocanada de aire y estornudó una gran llamarada quemando por completo el mapa y la fotografía de la madre de Gridwin.

"Pe… ¿¡PERO QUÉ ACABAS DE HACER!?" Gritó Gridwin.

"Ah… l-lo siento… achú…" Estornudo haciendo una pequeña llamarada.

"¡Alto!" Ordenó Ian poniéndose entre los dos. "Basta… ella parece que está enferma por haber dormido mal anoche y a ti solo te importa una fotografía."

"Era el único recuerdo de mi madre…" Dijo Gridwin.

"¿L-la reina?" Preguntó Elise algo nerviosa.

"Yo perdí a toda mi familia frente a mis ojos." Replicó Ian. "Y no tengo nada con qué recordarlos… eso no evita que siga mi vida."

Gridwin abrió bien grandes sus ojos ante las palabras de Ian, retrocedió unos pasos y luego continuó avanzando por el camino. Ian comenzó a caminar junto a Elise que de vez en cuando estornudaba o lanzaba fuego, lentamente unas gotas comenzaron a caer convirtiéndose en lluvia.

Los tres corrían para buscar refugio pero esa lluvia vino acompañada de granizo. Tras un par de minutos encontraron una pequeña cueva donde ingresaron para refugiarse, no tenían leña o algo para iniciar una fogata.

"Creo que hoy nos dedicaremos a descansar." Propuso Ian preparando sus cosas para acostarse.

Las horas fueron pasando y la tarde dentro de la cueva pasó lentamente. El granizo había cesado pero la lluvia aún arremetía con fuerza.

"Ian, lo siento…" Dijo Gridwin.

"¿Por qué?"

"No sabía lo de tu familia." Contestó Gridwin.

"Tarde o temprano habríamos hablado del tema… no te preocupes." Replicó Ian.

"¡Achú!" Estornudó Elise.

Al caer la noche aún caía una pequeña llovizna, no tenían fogata y Elise intentaba calentar su cuerpo lanzando pequeñas llamaradas a sus garras. Ian comenzó a sentir que caminaba de un lado a otro frotando sus brazos y realizando alguno que otro pequeño estornudo.

Gridwin, que dormía bajo su frazada, despertó súbitamente al sentir algo extraño, observó a Ian que estaba dormido pero luego inclinó su vista hacia su ala derecha. Allí se encontraba acurrucada Elise tiritando de frío.

Tan solo suspiró al verla, recostó su cabeza y arropó a Elise con su ala para que no sienta frío.

"Los tres tenemos algo en común…" Dijo en voz baja.

Ian abrió su ojo derecho observándolos, sonrió y luego lo cerró para poder dormir tranquilamente.