Sabía que estaba dormido y soñando, pero no quería despertar, se sentía cómodo donde y como estaba. Galopaba por una pequeña pradera con pastizales casi tan altos como su flanco y de un hermoso color dorado, hasta que sintió una extraña presencia detrás de él.

Lentamente volteó hacia atrás para ver quién era, vio un aura oscura que se acercaba a él, al disiparse salió de allí una alicornio con pelaje oscuro como la noche, un casco por donde salía su melena ondulada de la que destellaban estrellas y unos penetrantes ojos color cerceta.

"Oh, hola Luna…" Dijo Ian.

"Buh… pensé que podría asustarte." Lamentó Luna mientras su cuerpo destellaba volviendo a la normalidad.

"Sabes que no estoy familiarizado con eso de Nightmare Moon..." Replicó Ian. "Además prometiste no volver a entrar a uno de mis sueños."

"Lo siento... de todos modos…" Dijo Acomodando su crin. "¿Cómo es posible que no hayas siquiera enviado una postal?"

"Perdón, he estado algo ocupado."

"Mi hermana está aburrida porque no tiene a quien molestar, ¿sabes?" Comentó Luna.

"Haces que me den menos deseos de regresar…" Bufó Ian. "¿Cómo está todo por Equestria?"

"Lo mejor será que lo veas cuando regreses." Dijo Luna destellando. "Hasta entonces, también tengo deseos de saber sobre tus viajes."

Despertó tras el destello del cuerno de Luna, al abrir sus ojos medio dormido notó que se encontraba frotando su rostro contra una de las patas traseras de Gridwin.


Al día siguiente, finalmente llegaron a un pueblo. Para sorpresa de los tres, habían cruzado la frontera con Dalmasia y se desviaron por muchos kilómetros de su recorrido original. Hacía poco más de un mes que comenzaron su viaje y todo parecía haber mejorado.

Ian salió galopando de una pequeña oficina de correos, Gridwin por su parte había acompañado a Elise a comprarse una bolsa de dormir nueva y ya se encontraban listos para continuar su viaje.

"¿Qué piensas hacer?" Preguntó Gridwin.

"Mejor vamos a Concordia primero, era parte del plan." Respondió Ian.

"¡En ese caso, mejor avancemos!" Exclamó Elise señalando una montaña.

Retomaron su viaje en dirección noroeste, al estar fuera de Griffonia no había motivos para evitar los caminos principales. Aprovecharon esa parada para reabastecerse de provisiones y conseguir información de la zona.

"Es una pena que no haya habido una posada en ese pueblo." Comentó Gridwin.

"Si, mis pobres patitas ya arden…" Lamentó Elise.

La caminata se dirigía por un camino junto a un río, según los habitantes del pueblo debían ir varios kilómetros por allí para llegar a la frontera de Cerbaria. Gridwin volteó viendo a Elise caminando muy por detrás de ellos, se sentó y extendió sus alas a los lados.

"Está bien, tus piernas son cortas y debes estar cansada." Dijo.

"¿De verdad me dejarás montar sobre ti?" Preguntó Elise.

"Solo por hoy." Respondió Gridwin.

Mientras avanzaban un grupo de guardias de Dalmacia venía de frente a ellos, eran unos lobos con armaduras plateadas. Cuando los cruzaron, uno de ellos se detuvo y observó a Gridwin fijamente.

"Oigan… ¿acaso no es…"

"No seas tonto, qué posibilidades hay de que sea él." Interrumpió un lobo con armadura azul. "Caminando como si nada por aquí y hasta tiene una lagartija usándolo de montura."

Siguieron su paso sin prestarles más atención. Tras oír eso, Ian y Gridwin se miraron algo nerviosos.

"¿Crees que mi padre les pidió a los reinos vecinos que busquen por mi?" Consultó Gridwin.

"Estamos cerca de las fronteras, lo más probable sea que si." Contestó Ian.

Continuaron con más cautela, llegaron a un pequeño puesto de guardia en el camino, apenas anochecía y un poco de bruma comenzaba a descender. Cuando pasaban por frente al pequeño edificio Ian vió un cartel pegado con una imagen de Gridwin y debajo escrito Se busca con una descripción donde decía que fue raptado y una recompensa.

"Oh no…" Dijo Ian.

Por la puerta salió bostezando uno de los lobos de Dalmasia viendo directamente al grupo.

"Oye Gridwin, ¿cuando pararemos para comer?" Preguntó Elise.

El guardia lo vio y luego volteó súbitamente al letrero que Ian observaba.

"¡Aquí está el príncipe de Griffonia!" Exclamó "¡Rápido!"

Ian galopó hacia Gridwin empujándolo para que corra y los tres emprendieron la huída del lugar, otro guardia salió lanzándoles unas boleadoras pero Ian volteó extendiendo una de sus pezuñas. Chocó contra una pared luminosa y luego abanicó con su pezuña provocando una cortina de fuego para evitar que los sigan.

Debieron salir de su camino adentrándose en las montañas para escapar, varias horas habían pasado y no había señales de que sean perseguidos.

"No lo puedo creer…" Bufó Gridwin. "¿En qué estará pensando mi padre?"

"Creo que tendremos que evitar los caminos principales por un tiempo." Dijo Ian. "Acampemos aquí."

Se encontraban junto a la ladera de una empinada montaña, la roca se perdía de la vista en la oscuridad por la gran altura que poseía. Elise encendió la fogata mientras que Gridwin e Ian revisaban las provisiones.

"Ay no…" Dijo Ian. "Se destapó mi cantimplora en la huida…"

"Podemos compartir el agua." Dijo Elise.

"Pero de todos modos necesito recargarla." Replicó Ian. "Había un lago por aquí cerca, ya vengo."

Se alejó en la oscuridad hacia el pequeño lago, recordaba haberlo visto por allí. Tras galopar un poco y alejarse de sus amigos activó su hechizo de localización, nadie se acercaba a ellos.

Al parecer los guardias de Dalmasia habían desistido su búsqueda, galopó un poco más y encontró el lago. Era muy grande y la luz de la luna se reflejaba sobre él, apoyó lentamente su cantimplora para rellenarla y vio de reojo dos objetos redondos que brillaban.

Cuando intentó verlos mejor desaparecieron como si nunca hubieran estado allí, así que continuó con sus asuntos, al terminar volvió a presionar la tapa y en el lago frente a él aparecieron esos objetos nuevamente. Parecían unos ojos que lo observaban fijo, se acercó un poco para examinarlo.

Sintió que lo sujetaban de sus pezuñas delanteras y fue bruscamente empujado hacia el interior del lago, intentó forcejear pero había sido sumergido varios metros bajo el agua. Siquiera había tenido la oportunidad de tomar aire y no podía pensar bien para poder realizar un hechizo.

Algo sujetó su boca con fuerza y la abrió por completo, luego una segunda criatura introdujo un objeto hasta su garganta, no podia respirar y la sensación era horrible, forcejeó tanto como pudo hasta que repentinamente lo soltaron y empezó a toser con fuerza.

"Cof… ¡Demonios!". Exclamó Ian. "¡Lightning Plasma!"

Un fuerte destello eléctrico salió de su pezuña electrocutando todo lo que estaba cerca e inclusive a él mismo. Cuando detuvo el hechizo sacudió su cabeza, la sentía pesada pero lo más extraño era que se encontraba respirando normalmente debajo del agua.

"¿Ya terminaste con tu berrinche?" Dijo una extraña criatura frente a él.

Tenía su cola retraída como una espiral y su rostro se veía similar al de un poni, dos largas aletas a sus lados que iban de adelante hacia atrás y en vez de crin tenía dos crestas a los lados.

"¿Qué son ustedes?" Preguntó al notar que habían otros.

Mientras los observaba esperando una respuesta notó que algo estaba mal, puso su pezuña en su garganta dándose cuenta que también podía hablar con total normalidad.

"Nosotros somos ponis marinos." Contestó. "Mi nombre es Shelly Craft, un gusto."

"Pe-pero leí que ustedes son un mito… que no existen."

"Si, como no…" Ironizó uno detrás de Ian. "Si fuéramos un mito no estarías frente a nosotros."

"Todos saben que las únicas criaturas que no existen son los humanos." Contestó un tercero.

Ian flotaba frente a ellos, los observó fijo y sonrió ante tales palabras. Aquellos cinco ponis marinos se encontraban nadando alrededor de él y pese a que era de noche podía oírlos y ver claramente debajo de las aguas del lago.

"Tienen mi atención… ¿por qué me arrastraron debajo del agua?" Preguntó Ian.

"Sabes, estamos perdidos…" Dijo Shelly. "Y necesitamos tu ayuda."

"Oigan, creo que habría sido más sencillo si tan solo se acercaban a la orilla y pedían ayuda." Replicó Ian.

"Es que... hay una extraña criatura que bloquea la salida al mar por la que entramos." Agregó Shelly. "Y no queríamos llamar su atención chapoteando en la superficie del lago."

"Esto no habría pasado si el mapa no hubiera sido succionado por aquel remolino." Dijo un poni que estaba detrás de él.

Ian comenzó a reírse ante los relatos de los ponis marinos, recordó instantáneamente la situación que él y sus amigos pasaron días atrás.

"De acuerdo, ¿pero por qué me eligieron a mi?"

"Te vimos a la orilla del río, usaste magia contra esos guardias." Contestó Shelly. "Y la hierba que pusimos en tu garganta… es la última que tenemos."

"Eso te permitirá respirar bajo el agua por cierto tiempo."

"¿Y cuanto tiempo es eso?" Consultó Ian.

"No lo sé… tal vez sean minutos u horas." Respondió uno de los ponis marinos.

"Pero si sales a la superficie antes de que termine el efecto no podrás respirar." Comentó Shelly.

"En otras palabras, estoy obligado a ayudarles." Suspiró Ian.

Comenzaron a sumergirse cada vez más en las aguas del lago, llegaron hasta la entrada de una caverna. Desde allí se sentía una suave corriente de agua.

"Estos son canales submarinos, hay muchos de ellos dispersos por debajo del continente y algunos se conectan con el mar." Explicó Shelly. "¡Ahí viene!"

dos ojos azules brillaron desde dentro del túnel y salió una criatura de gran tamaño, parecía un cocodrilo con su boca alargada llena de dientes pero lo más extraño era que poseía cuatro aletas en lugar de patas.

"¡¿U-un dinosaurio!?" Exclamó Ian al verlo. "¡Dispersence!"

El monstruo abrió su boca e intentó morderlos pero al dispersarse el grupo quedó Ian al medio, él solo estiró su para listo para realizar un hechizo.

Fire Ball!" Recitó.

No pasó nada, tan solo un destello de magia apareció frente a su pezuña. Tras quedarse en la intriga de qué había pasado parpadeó dos veces y tuvo que comenzar a mover sus cuatro patas para salir del frente de la bestia y no ser devorado.

"¿Qué fue eso?" Exclamó Shelly Craft.

"Intenté hacer un hechizo… pero no pasó nada." Contestó Ian.

"Estamos debajo del agua… solo a un tonto se le ocurriría usar fuego aquí." Replicó Shelly.

No había pensado en ello, al poder respirar allí se le había olvidado por completo, el dinosaurio giró y a gran velocidad intentó atacarlos de nuevo. Tan solo se dispersaron esquivándolo y uno de los ponis marinos fue golpeado por su cola.

Intentando pensar en sus opciones veía cómo los otros eran perseguidos, nunca tuvo la necesidad de estar en una situación siquiera parecida. No podía usar hechizos de fuego, viento o electricidad. Al estar debajo del agua ese elemental podía ser un arma de doble filo también porque no podía controlarlo bien.

"Gravity Hole." Recitó pero no pudo detener a la criatura.

Al parecer al estar en el agua la inercia que alcanzó con sus aletas le permitía moverse aunque había anulado la gravedad alrededor de él. Al intentar morderlo de nuevo estiró su pezuña y chocó contra una barrera de luz, varios dientes se desprendieron.

"¡Huyan!" Ordenó Ian. "Aprovechen para escapar por el túnel."

Sintió un espasmo e intentó tomar aire nuevamente pero le fue difícil, al parecer el efecto de la hierba que tenía en su garganta estaba terminando.

"Hu-huyan… yo… lo dentendré…" Dijo casi sin aire.

Shelly se acercó a Ian con preocupación pero uno de sus compañeros le puso la aleta en el pecho

"Si no escapamos ahora no habrá otra oportunidad." Dijo.

El grupo de ponis marinos escapó mientras que Ian mantenía la barrera de luz para que el monstruo no los siguiera. Al notar que se había ido Ian recitó "Frost Wave" y todo alrededor de él se congeló incluyendo al monstruo.

Retrajo su pezuña rompiendo el hielo, él también estaba un poco congelado pero había inmovilizado a la criatura, ya podía huir de allí. Al intentar nadar tomó un poco de aire pero entró agua directamente, la hierba se había ido y estaba empezando a ahogarse.

Pataleó con sus cuatro patas dos veces pero no disponía de aire, lentamente empezó a perder la conciencia hasta que sintió cómo algo lo tomaba del crin y lo sacaba del agua arrastrándolo en la orilla.

"¡Ian!" Exclamó Gridwin. "Nosotros preocupados por ti y tú estás aquí ahogándote…"

"Idiota, si no veníamos a buscarte estarías muerto." Regaño Elise.

"Cof… Pe… Cof… Perdón, tuve que hacer algo… cof."

"Si, rellenar tu cantimplora." Replicó Gridwin. "No ahogarte."

"Digamos que fue una involuntaria buena acción a las que nunca voy a acostumbrarme."

Gridwin y Elise lo observaban sin entender nada pero a Ian se lo notaba satisfecho, en medio del lago apareció algo flotando que parecía un iceberg pero con aletas y unos dientes.