"¿Podrías enseñámelas?" Preguntó Gridwin.
"No, solo lo reservo para casos extremos." Respondió Ian aumentando la velocidad en su trote.
"Por favor, solo quiero verlas." Dijo Gridwin volando a su lado.
"Yo también." Agregó Elise.
"Ustedes dos tienen las suyas." Comentó Ian sin voltear hacia ellos. "¿Por qué tanto interés en las mías?"
"No es justo, tú sabes más de nosotros que nosotros de ti." Bufó Elise parando de golpe.
Ian se detuvo al oír eso y volteó hacia ellos, Elise tenía una expresión de enfado mientras que Gridwin aleteaba al lado de ella. Los observó fijo y luego dio un profundo suspiro.
"Sky wings."
Dos alas brillantes del color de su pelaje salieron a sus lados, poseían un brillo mágico alrededor y las movían como si fueran reales. Ambos se sorprendieron al verlas, Gridwin se acercó para intentar tocar las plumas pero su garra tan solo las atravesó sin sentir absolutamente nada.
"E-esto es increíble." Dijo.
Elise también intentó tocarlas pero con el mismo resultado, subió sobre su lomo y tocó el lugar de donde salían haciéndole algo de cosquillas.
"Y-ya dejen de examinarme…" Dijo Ian retorciéndose. "Es incómodo." Agregó disipándolas.
"¿Puedes hacerlo cuando quieras?" Consultó Elise intentando atrapar las plumas en el aire.
"Al igual que a cualquiera de ustedes, esto me genera cansancio." Contestó.
Tras mostrarles sus alas mágicas dio media vuelta y continuó su paso, Gridwin y Elise se quedaron allí parados esperando algo más. Tras unos pasos y notar que sus compañeros no se movían, volteó a ellos.
"El sol salió hace unas horas, ¿y ya están cansados?" Preguntó Ian.
"El otro día te vi hacer fuego para detener a esos guardias." Dijo Elise.
"Y aquella vez en el volcán vi algo brillando debajo de tu pezuña cuando entramos al cuarto que estaba más fresco." Agregó Gridwin. "Casualmente fue el mismo brillo que me permitió verte la otra noche en el lago."
Abrió bien grandes sus ojos ante tal declaración, Gridwin se acercó a él extendiendo su garra a su rostro y le levantó el crin examinándolo con la vista.
"No tienes cuerno y no hay alguna cicatriz de que hayas tenido uno." Dijo seriamente Gridwin.
"V-verás… hay cierto tipo de poni... que…"
"Si vas a mentir hazlo rápido y no divagues." Interrumpió Gridwin. "Tal vez sea un tonto pero no un ignorante, soy un príncipe, he tenido que estudiar mucho sobre los demás reinos, historia, cultura y mitología de este mundo."
"Tan solo prometanme que esto será un secreto." Dijo Ian. "Si, puedo hacer algo de magia pese a no ser un unicornio. Es algo con lo que nací y Celestia me ha estado ayudando."
Su bolsa de dormir se desprendió de su espalda y pasó levitando frente a ellos, se desenrolló y volvió a enrollarse delante de sus ojos.
"Puedo hacer algunas cosas de la misma forma que los unicornios." Agregó. "Puedo hacer fuego como Elise o volar como lo haces tú entre otras habilidades."
Mientras les contaba eso la pezuña derecha delantera de Ian se encendió en llamas, destelló rayos y al apoyarla en la tierra una pequeña capa de hielo se formó. Sus compañeros no decían palabra alguna, tan solo lo observaban con sus bocas abiertas.
"P-pudiendo hacer tanto… ¿Cómo es que no tienes cutie mark?" Preguntó Gridwin.
"No lo sé pero creo que es esa la razón de este viaje." Contestó Ian.
A medida que charlaban sobre la magia se fueron acercando a un pantano, hacía un par de días que fueron avanzando sin acercarse a los caminos. Llegaron a las vías de un ferrocarril, decidieron seguirlas para llegar a algún pueblo para saber dónde se encontraban.
Varias horas caminaron hasta llegar a un puente que se encontraba muy alto, por debajo corría un rìo y se veían árboles en la ladera.
"Esto es clásico, cuando estemos a mitad de camino el tren aparecerá." Ironizó Gridwin.
"Si, pero hay que cruzarlo." Replicó Ian.
"¿Qué tal si simplemente pasamos volando?" Propuso Elise.
"Oh, ustedes quieren verme hacer magia." Dijo Ian. "Pues lo siento, Elise… sube a mi espalda, no quiero que caigas entre los durmientes."
Tras obedecer las ordenes de Ian comenzó a caminar apoyando sus patas en los durmientes. Gridwin tan solo revoloteaba alrededor de ellos mientras cruzaban el puente.
"Ya estamos a mitad de camino y no hay señales de ningún tren." Dijo Ian. ·"No hay necesidad de…"
Al pasar sin prestar atención de dónde apoyaba la siguiente pezuña, puso su pata donde no había nada tropezando y provocando que su mentón golpee en el durmiente que tenía delante, Elise se deslizó cayendo sobre su cabeza al mismo tiempo.
"L-lo siento Ian." Dijo. "¿Ian?"
Había perdido el conocimiento por los dos golpes recibidos en su cabeza de abajo y arriba, Elise lo sacudía intentando que despierte mientras que Gridwin aterrizó frente a ellos. Elevó su vista por detrás de Elise viendo una columna de humo que se aproximaba hacia ellos, quedó allí observándola hasta que notó lo que realmente era, un tren se aproximaba tal y como lo había dicho.
"Heh, clásico…" Ironizó. "Ian, despierta que viene el tren." Decía mientras intentaba levantarlo.
"Eh… ¿ah?" Decía Ian.
Lentamente volteó viendo el tren cada vez más cerca, se paró repentinamente y sus alas luminosas se desplegaron. Elise había subido sobre el lomo de Gridwin así que los dos saltaron al vacío emprendiendo vuelo.
"Auch… ¿qué pasó?" Decía Ian sacudiendo su cabeza.
Desde la altura los tres vieron cómo el tren pasó haciendo sonar su chicharra, lentamente comenzaron a seguirlo notando que a la distancia había un pueblo.
"Sabes, creo que esta habría sido una mejor forma de llegar a la frontera." Comentó Gridwin.
Aterrizaron a las afueras del mismo, Ian decidió que lo esperen allí mientras que él vería si era seguro, tras varios minutos regresó galopando tranquilamente.
"No he visto ninguno de los carteles sobre tu búsqueda." Dijo. "Pero tenemos un pequeño problema."
"¿Cual es?" Preguntó Elise.
"Estamos camino a la capital de Dalmasia… nos desviamos… de nuevo." Dijo dando un pequeño suspiro.
"En ese caso tendremos que dejar Concordia para la próxima." Comentó Gridwin.
Mientras ingresaban al pueblo Gridwin observaba cómo los lobos, algunos ponis y grifos realizaban sus quehaceres diarios, era algo raro para él mientras caminaba.
Chocó de frente con un minotauro al no prestar atención por donde andaba, este lo observó directo a los ojos de forma amenazante.
"Tú no te pondrás frente a Iron Will." Dijo.
"L-lo siento, no prestaba atención al frente."
Lo tomó del cuello y lo observó nuevamente a los ojos, Gridwin tan solo aleteaba y movía sus patas intentando librarse. Lo soltó repentinamente haciendo que caiga sentado y poniendo su mano debajo del pico de Gridwin lo obligó a mirarlo de nuevo.
"Tú no eres nadie como para interponerse en el camino de Iron Will." Dijo.
"¡Oye!, ¿¡qué se supone que estás haciendo!?" Exclamó Ian. "Deja a mi amigo en paz, él te pidió disculpas."
"¿Así que un potrillo también intenta hacerse el valiente?"
"Imponer tu voluntad solo porque eres más grande y fuerte… he, que barato…" Dijo Ian. "A fin de cuentas los de tu clase terminan siendo los más cobardes."
"¿¡Cómo te atreves!?" Exclamó.
"¿Acaso quieres arruinar tu reputación?" Dijo Ian poniéndose en guardia. "Ya había oído de ti en Ponyville… y no creo que Iron Will desee que la gente de este pueblo lo vea comportarse como una bestia descerebrada."
El gran minotauro se detuvo de golpe y observó cómo los habitantes del pueblo los miraban fijo, algunos se susurraban cosas entre ellos y otros tan sólo señalaban unos carteles. Estos carteles eran del show que había dado el día anterior en aquél pueblo.
"¡Ey! ¿¡qué crees que le haces a mi amigo!?" Exclamó Elise poniéndose frente a Gridwin.
Iron Will la observó de forma cómica, menospreciando el cómo una pequeña criatura intentó hacerle frente pero Elise tomó mucho aire hinchando su pecho. Ian dio un salto para salir de allí al notarlo y Elise lanzó una gran bocanada de fuego a Iron Will.
Cuando cerró su boca el minotauro estaba allí quemado, su corbata se encontraba negra y uno de sus cuernos aún tenía una pequeña llama.
"Vamos, ya no te molestará este grandote." Dijo Elise tomando a Gridwin de la pata.
Los tres tomaron rumbo a la estación del tren para dirigirse a Valniar, la capital de Dalmasia. Mientras se encontraban sentados en el andén esperando a la llegada del próximo tren, Gridwin observaba a sus compañeros muy seriamente, se lo notaba algo nervioso.
"¿Qué pasa Peco Peco?" Preguntó Ian.
"¿Que?"
"Recuerda que en los pueblos a los que lleguemos necesitarás un nombre falso." Susurró Ian.
"Tú pudiste frenar al minotauro solo con las palabras… y Elise fue capaz de usar sus llamas para derrotarlo." Dijo observando sus garras delanteras. "Y-yo solo hice el ridículo."
"Claro que no… te tomó desprevenido." Replicó Ian. "Eso es todo, tan solo necesitas ser más fuerte."
"Pero desde que empezamos este viaje no me he hecho fuerte en nada." Bufó Gridwin. "Tú tienes magia y Elise su aliento de fuego por ser un dragón." Agregó. "Pero yo no tengo nada."
El tren se aproximaba sonando su chicharra, todos los que se encontraban en el andén se preparaban para abordarlo. Cuando frenó elise se paró para ingresar pero Ian se quedó en el andén.
"¿No vas a subir?" Preguntó Gridwin.
"Podemos ir caminando." Dijo. "Será el inicio de tu entrenamiento para hacerte fuerte."
Gridwin extendió sus alas en total alegría y descendió del tren, Elise se puso a su lado preparando su pequeña mochila.
"En ese caso está decidido." Dijo Ian.
Tras la partida del tren, el grupo emprendió su caminata en dirección a Valniar, con sus expectativas en alto y nuevos objetivos.
"¿Y qué clase de entrenamiento será?" Preguntó Gridwin.
"Aprenderás a pelear y a como enfrentar criaturas que posean algún tipo de magia." Respondió Ian. "Tanto en tierra como en el cielo."
"Está bien, pero no me llames Peco Peco… es feo."
